abril 02, 2026

Círculo de Lectura # 204 - Abril de 2026

 Círculo de Lectura # 204 - Abril de 2026

«Ninguno de los que hizo concesiones para sobrevivir, sobrevivió»

Editorial de La Tizza - 06 de marzo de 2026

Esta idea brotó de Fidel Castro, quien entendió como nadie que el imperialismo no negocia, conquista.

Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada

José Martí

Una reedición de las incursiones militares en pequeñas lanchas provenientes de los Estados Unidos -práctica nunca abandonada desde su estreno en los años sesenta- con el propósito de provocar un conato de rebelión en el país, volvió a fracasar estrepitosamente la mañana del 25 de febrero, cuando diez mercenarios armados hasta los dientes fueron derrotados por cinco guardafronteras cubanos, uno de ellos herido. El intento de medir la disposición combativa fracasó y solo queda la alharaca mediática en Miami. Nada nuevo bajo el sol.

Como habíamos advertido en anteriores momentos, el régimen de Washington, envalentonado por los resultados de su agresión contra Venezuela el pasado 3 de enero y el consiguiente cambio de régimen en Caracas, dirigiría sus acciones contra Cuba, cuya Revolución no ha sido nunca «la siguiente» en ninguna lista, sino la primera.

Los 32 cubanos caídos en desigual combate la madrugada del 3 de enero en Venezuela, sus compañeros que los sobrevivieron y los cinco guardafronteras del 25 de febrero demostraron lo que puede hacer un combatiente, aun aislado, frente a un enemigo superior en número y medios, cuando tiene fe en la justeza de su causa.

La palabra rendición no forma parte del lenguaje de nuestros soldados y, en última instancia, solo estaría asociada a la solución que los mambises propusieron para ella en el siglo XIX: guásima, cabuya y sebo. La valentía de los cubanos tiene una lectura por parte de los personeros de la junta militar- empresarial de Estados Unidos: con el pueblo cubano y su brazo armado no habrá un combate fácil que se decida en la víspera con el chantaje de una potencia atómica amenazando con borrarnos de la faz de la tierra.

En adición, herida e indignada, la fibra patriótica de nuestro pueblo se ha levantado en medio de las escaseces y privaciones materiales más inimaginables para protagonizar jornadas de homenaje a los mártires y al coraje de nuestros soldados, bajo aquella consigna que no pierde vigencia: «¡Aquí no se rinde nadie!».

Ante las amenazas de Donald Trump, así como de sus empleados de menor rango como Marco Rubio, se han movilizado el pueblo uniformado, las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior. Sucesivos Días Nacionales de la Defensa, con amplio despliegue de tropas y medios, dejaron poco margen a las dudas de lo que significaría para el imperialismo una aventura guerrerista en Cuba.

La nuestra es una revolución armada y, como tal, procurará alcanzar por medios pacíficos el respeto del enemigo, pero no dudará un segundo en defenderse con las armas en la mano ante cualquier amenaza: «son tiempos para acostarse con las armas de almohada», como diría José Martí.

Es en esas circunstancias y en medio de la cortina de humo que intentan levantar con presuntas conversaciones entre ambas partes, que ha aparecido la opción de la «toma amistosa de Cuba» por parte de EE. UU., de acuerdo con algunas declaraciones del jefe del régimen, Donald Trump, y otros funcionarios.

El timing de las declaraciones del encargado de la junta, unidas a las divagaciones de otros personeros menores, no es de poca importancia: se producen en medio de las amenazas, finalmente hechas realidad este 28 de febrero, de una agresión a Irán. En medio de esto, los extremistas de la emigración cubana huelen sangre y aprovechan la coyuntura para reactivar su viejo sueño de invasión.

Bajo el disfraz de una «intervención amistosa», buscan legitimar lo que no es más que la reedición de la violencia imperial. El ruido de la guerra les sirve de coartada para empujar sus obsesiones contra la Isla. Así, pretenden convertir la distracción internacional en plataforma para su cruzada reaccionaria. Es útil recordar, en esta coyuntura de guerra, un pasaje descrito por Bob Woodward en su libro Negar la evidencia, cuando uno de los anteriores jefes de la junta militar- empresarial de Washington, George W. Bush, también envalentonado por los resultados de un reciente cambio de régimen (el del Irak de Sadam Hussein), preguntó con entusiasmo al general de tres estrellas y procónsul yanqui en Irak, Jay Garner, si quería también «ocuparse» de Irán.

La respuesta de Garner fue que «los muchachos» y él mismo «se ofrecían» para Cuba, donde «las mujeres son más bonitas». Bush espetó: «Es tuyo, cuenta con Cuba». La historia, sin embargo, es bien conocida: Irak se volvió ingobernable, Garnier no tuvo a Irán, Bush pasó al basurero de la historia y Cuba resiste hasta hoy. Ni Garnier, ni Bush, ni Rumsfeld, ni Condoleezza Rice, ni Cheney, ni Colin Powel, ni la jauría miamense tuvieron a Cuba.

Más de veinte años después, pareciera que vuelven a rodarse las mismas imágenes. La historia no se repite, pero rima: envalentonado con los resultados de la invasión a Venezuela, el régimen de Trump-Vance-Rubio apuesta por una guerra contra Irán, cuyo desenlace no ha de ser ni el de Irak de 2003 ni el de Venezuela de 2026, y acentúa el bloqueo contra Cuba, como arma de aniquilación física.

Disminuida la adrenalina de enero pasado tras la agresión a Venezuela y rotos los augurios de una rápida e inminente caída de la Revolución cubana mediante alguna acción armada combinada con una explosión popular, Trump y sus secuaces han comenzado a hablar de una «toma amistosa» de Cuba.

El imperialismo y sus cipayos externos e internos no entienden otro lenguaje que no sea el de la fuerza y el de demostrarles que ni comemos miedo, ni defecamos susto. Cualquier muestra de debilidad es combustible para que avancen sobre nosotros sin piedad alguna. El imperialismo no quiere concesiones nuestras, quiere nuestra rendición en pleno y no tiene sentido presentarnos como conciliadores y «reformadores» en abstracto, como nueva forma de un deshonor que evite una guerra. La historia demuestra con demasiada elocuencia que, puestos a elegir ante un enemigo poderoso y cruel, entre el deshonor y la guerra, quien elija lo primero para evitar el conflicto, tendrá, en definitiva, deshonor y guerra.

Los más recientes casos de agresión imperialista (Venezuela e Irán) se han producido en medio de negociaciones en las cuales tanto Caracas como Teherán habían ofrecido concesiones. Su voluntad de negociar y de conceder no logró evitar la agresión, en definitiva. El rugido de los cañones con los cuales Irán responde ahora a la intervención norteamericana es su mejor carta de negociación: la otra opción es ceder la soberanía. El corolario es claro y ha estado siempre en el centro de nuestra doctrina militar: disuadir al enemigo de una guerra, haciéndole ver lo caro de una aventura militar. Como dijo el Che, «no se puede confiar en el imperialismo ni tantito así, nada».

Cuba no tiene nada que negociar con el régimen de Washington que no sea el levantamiento total e incondicional del bloqueo y la guerra económica, el cese de la hostilidad política y la renuncia a la política de cambio de régimen, la salida del ejército estadounidense del territorio ocupado ilegalmente en Guantánamo y el reconocimiento de que los destinos de Cuba se deciden en Cuba y no en Miami.

Quienes creen hablar por y en nombre del pueblo de Cuba — y aun estando en Cuba hay quienes piensan y actúan como en Miami y en nombre de los intereses del capitalismo miamense — y proponen la rendición a plazos, una especie de Zanjón a crédito que salve el pellejo de sus intereses de clase, deberían tomar nota de lo sucedido en Venezuela e Irán.

También debería servir de advertencia para quienes creen, desde una parte de la burocracia cubana — más atenta a veces a cuidar sus status quo que la soberanía nacional — que las élites imperialistas no preferirán antes administradores más eficientes y leales de lo que ellas han resultado ser.

Entretanto, el pueblo cubano ha sido forzado, por el bloqueo, por el subdesarrollo, por los incontables errores internos, a una lucha por la supervivencia. Quizás muchos, cansados de esa agotadora batalla diaria, crean que ya no vale la pena resistir, que el gobierno debería conceder a una coexistencia pacífica con el imperialismo yanqui. Pero quien lo haga no debe olvidar que dicha coexistencia estaría condicionada al abandono de la soberanía. Como ha dicho Marco Rubio, se conformarían con un cambio del modelo socioeconómico, es decir, con una transición al capitalismo a la antillana: con sistemas políticos corruptos y entreguistas, una sociedad altamente desigual, sin políticas sociales, con una economía deforme y con las mafias del narco como un Estado paralelo. No hay ganancias para el pueblo en esa transición, solo empeoramiento.

En las actuales y previsibles circunstancias conviene recordar el daño extraordinario que ha significado la agresión sostenida de EE. UU. contra nuestro pueblo. Nuevamente solos frente al imperialismo, el régimen de Washington cree que ha llegado «la hora final de la Revolución» y han desplegado su enorme diapasón de medidas de bloqueo selectivo y cada vez más clasista, que buscan alejar cada vez más al pueblo del Estado — heredero simbólico de la Revolución de 1959 — y con ello preparar una «toma amistosa» de Cuba. Juegan a la vieja estrategia de combinar el garrote y la zanahoria. Hay quienes se asustan con el garrote y hay quienes aspiran a comer de la zanahoria en un pastel que, por definición, deja fuera a buena parte del pueblo cubano: todos son, por igual, traidores y cómplices.

Un hombre o una mujer pueden ser comprados, vencidos por la superioridad del enemigo y derrotados por la falta de fe en su gente, pero nunca un pueblo entero. ¡No somos los primeros revolucionarios en pensar así! Y, como demostraron nuestros compañeros del 3 de enero, ¡no seremos los últimos!

 

marzo 12, 2026

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 203

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 203

“¡Levántense con Cuba, pueblos del mundo!”

Este texto fue tomado del periódico digital cubano La Tizza, con fecha 03 de febrero 2026. Se trata de un análisis por parte del equipo editorial del periódico, acerca del agresivo avance imperial hacia Cuba después de la invasión militar a Venezuela con el secuestro de su presidente democráticamente electo Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. El bloqueo naval para evitar la entrada de petróleo y combustible a la isla, es un tremendo golpe dentro de la guerra económica que castiga al pueblo cubano desde hace ya más de seis décadas, en su afán de hacer colapsar al país. Es un llamado de atención a aquellos gobiernos que se hacen los distraídos, manifestándose con tibias retóricas de protesta por lo que está ocurriendo. De un lado se sitúan quienes con un verdadero sentido patriótico deciden cerrar filas con el pueblo cubano, y por el otro están y se visibilizan con cada vez más claridad los oportunistas que buscan mendigar algunas migajas al imperio, y la derecha fascista cubanoamericana que sin escrúpulos le piden al emperador Trump alguna cuota de poder que no han logrado conquistar por sí mismos. El odio visceral del imperio hacia Cuba se debe a que no toleran que su pueblo haya conquistado su independencia, libertad y soberanía mediante su propia lucha y autodeterminación. Ante las solicitudes de negociación por parte del gobierno de los Estados Unidos, que solo significa regresar a su tutela colonial, no sería más que un suicidio como nación en una lucha que surgió hacen ya más de ciento cincuenta años. Dice el artículo que de las potencias externas nada pueden esperar, y que en momentos de extrema crisis como éste, Cuba solo cuenta con su propio pueblo. Hace un llamado a todos quienes tengan en su recuerdo los resultados de las diferentes agresiones imperiales en cualquier parte del mundo, donde sus guerras solo sirvieron para enriquecer aún más a los que ya eran ricos, incrementando la pobreza de la mayoría de la gente. Un llamado a las diferentes formas de movilización tanto a personalidades de la cultura, del arte y demás áreas de influencia, como a los congresistas norteamericanos que repetidamente han pedido una modificación de las relaciones con Cuba. Ante la certeza que la guerra imperialista nunca trae democracia ni libertad, te decimos: ¡Levántate con Cuba!

Después, en el transcurso del posterior debate se puso en valor la necesidad de ser solidarios con el pueblo y el gobierno cubanos, para lo cual se debe lograr una mayor concientización política de los pueblos. Recordamos la reflexión de Andrés Manuel López Obrador cuando, ante la negativa de los Estados Unidos de levantar el bloqueo a Cuba, manifestó que no solo se debía votar en la Asamblea anual de las Naciones Unidas en contra del bloqueo, sino que se debía actuar en consecuencia. México históricamente ha mantenido relaciones diplomáticas amistosas con Cuba, enviando además buques petroleros y también con ayuda humanitaria. Se comentó que fueron dos los buques petroleros rusos que han sido interceptados por los Estados Unidos en altamar para evitar la llegada del necesario combustible a la isla. Hoy ante los prolongados apagones de hasta veinte horas diarias, Cuba no puede contar con el ingreso de divisas provenientes del turismo, que también se ve reducido. Es de valorar el enorme sentido de resiliencia y de lucha del pueblo cubano que con un profundo sentido solidario afronta la difícil situación creada por el bloqueo petrolero que se suma al bloqueo que ya viene azotando a la isla por más de seis décadas. Por último, se manifestó que la real y verdadera ayuda al pueblo cubano sería poder lograr vencer al imperialismo yanqui, y en esa lucha debemos alinearnos todos los pueblos del mundo.

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 04 de abril, un texto tomado del boletín electrónico La Tizza, titulado: “Ninguno de los que hizo concesiones para sobrevivir, sobrevivió”.

https://medium.com/la-tiza/ninguno-de-los-que-hizo-concesiones-para-sobrevivir-sobrevivi%C3%B3-ed49e1a30976

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 07 de marzo de 2026

marzo 06, 2026

Círculo de Lectura # 203 – Marzo de 2026

 Círculo de Lectura # 203 – Marzo de 2026

“¡Levántense con Cuba, pueblos del mundo!”

La Tizza Boletín electrónico – 03 de febrero 2026

«Me hirieron. ¡Viva Cuba!»

Primer Coronel Lázaro Evangelio Rodríguez (Últimas palabras del Primer Coronel Lázaro Evangelio Rodríguez, caído en combate protegiendo al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros).

«El aire toma forma de tornado y en él van amarrados la muerte y el amor…»

Silvio Rodríguez Domínguez, «Preludio de Girón»

Después de que la invasión imperialista a Venezuela, el pasado 3 de enero, arrancara del seno de su pueblo al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, la jauría fascista de la política cubanoamericana ha vuelto a salivar por Cuba.

El fin de la Revolución se descorcha, otra vez, con la esperanza de que el brindis no quede solo en la resaca.

La caída de 32 héroes cubanos, en feroz y desigual combate contra los carniceros del despojo yanqui, no anticipa — como algunos piensan — la derrota de Cuba. Su sacrificio anuncia otra cosa: la activación de la fibra mambisa, que es la fibra madre de la patria: «quien intente apropiarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha». (Carta de Antonio Maceo al patriota cubano José Dolores Poyo, director del periódico independentista El Yara, de Cayo Hueso, dirigida el 13 de junio de 1884 desde San Pedro Sula, Honduras).

Llegado este punto en que los portaviones yanquis acechan las costas de Cuba, en que los rumores de incursiones aéreas del enemigo sobrevuelan el carácter y las conciencias, ¿qué falta por explicar?

Con el bloqueo naval a la entrada de combustible, coronando el meticuloso sistema de guerra económica orientado a hacer colapsar nuestro país, ¿qué dudas quedan por responder?

Ahora que el derecho internacional exhibe como nunca antes de quién es ese derecho y entre quiénes se disputa… Cuando casi todos los gobiernos «no alineados», o de retórica «progre» miran a otro lado; cuando los bloques de la supuesta integración, las alianzas, los foros, las comisiones mixtas y congresos eluden el compromiso práctico y material con Cuba y ofrecen, a lo sumo, declaraciones de su consternación e impotencia; ¿a quiénes acudir en primer lugar sino a los pueblos para enfrentar este cerco imperialista que más se arrecia cuanto más sola y abandonada a su suerte descubre a Cuba?

Los campos se deslindan. De una parte, simpatizando o no con el gobierno cubano, siendo o no comunistas, viviendo en Cuba o donde sea, creyendo en cualquier Dios o en ninguno, se han agrupado quienes entienden que está amenazada la Patria, y que con ella hay que cerrar filas. Nada valen en estos días las diferencias entre patriotas. Insistir hoy en ellas, con la bestia delante, es un crimen de lesa patria.

De otra parte, se han situado los oportunistas, sin posibilidad ni deseo de ocultarse o de disimular sus intenciones, respaldados como se sienten por el imperio que los organiza. Es preferible que así sea: nos ahorra desenmascararlos y nos permite pasar directo a la confrontación.

En las horas decisivas, donde toda bruma se disipa y la luz permite ver mejor, ha quedado más claro para quiénes la perspectiva de agresión contra Cuba no es motivo de angustia, indignación o rebeldía, sino una oportunidad para mendigar.

Los personeros de la derecha fascista cubanoamericana — con sus patéticas sucursales en Latinoamérica y Europa — mendigan al emperador Trump que les gane el poder que no han tenido la audacia ni el valor de conquistar por sí mismos, y que complete luego la revancha sobre el pueblo que hizo la Revolución, y que nunca los ha respetado.

No consiguen siquiera sentir vergüenza de que los vean celebrando una posible agresión militar o pidiendo que Cuba sea gobernada por un virrey gringo, por un renegado de sus orígenes filiales que se disfraza de cubano cuando el cabildeo del sur de la Florida se lo exige.

Ya nadie podrá escandalizarse cuando les llamemos «anticubanos» o «apátridas».

Pero en la acera del oportunismo no se pasean solo los MAGA-cubanos. El arco del oportunismo se mueve de los herederos de Batista a los albaceas morales de Carlos Prío. Esos que aprovechan este momento de peligro extremo para, lejos de cerrar filas con el frente de la patria, andar mendigándole — ellos creen que le exigen, pero en realidad le mendigan — al Estado cubano alguna prebendilla, algún favor económico, alguna concesioncilla, alguna cuotica de poder, como si el poder se pudiera mendigar — ¡o regalar! — . ¿Qué son esos? ¡También oportunistas! Porque hoy ninguna agendita particular o de grupo debería estar por encima de la supervivencia de la nación.

El problema de los imperialistas yanquis no es con el gobierno cubano; no es con tal o cual característica de la administración pública; no es con la desigualdad o la pobreza existentes. Su problema no es con «la situación del pueblo cubano», sino con que ni el país ni esa situación — a pesar de los costos de su tenaz y fracasado bloqueo — les pertenezcan. El problema de los imperialistas yanquis no es de nombres, es de contenidos. Por eso hubo en Cuba “República”: de ellos; “Libertad”: para obedecerles a ellos; “Democracia”: para que se turnaran en el festín del alquiler nacional los servidores de ellos. No les preocupa si hacemos el capitalismo o el socialismo — como lo demuestra su ofensiva en el momento de mayor entronización de la propiedad privada en Cuba — . Les preocupa que seamos nosotros quienes hagamos aquí las cosas y no ellos. Les irrita que nos atrevamos a ser y que hayamos descubierto los arcanos de nuestra identidad: para ser, tenemos que ser contra ellos, los imperialistas yanquis. No hay otra forma. Por eso nación y antimperialismo se presuponen. Por eso justicia social y libertad están cosidas juntas en la misma bandera.

Los activistas de redes sociales, díscolos e iconoclastas ante el agredido, pero siempre cautos y bien portados ante el agresor; ¿por qué le demandan voluntad negociadora a Cuba? ¿Qué debe y cómo puede negociar con un asesino quien vive siendo emboscado por su séquito de perseguidores?

Con la mira en la sien, «entiéndanse», «dialoguen», «negocien», son recomendaciones que en realidad se parecen mucho a un «ríndanse». En medio de la aguda lucha ideológica que acompaña esta batalla por la sobrevivencia de todo un pueblo, debemos impedir que el miedo se vista de sensatez. Esta última cabría aconsejarla, en todo caso, a los jefes espirituales de la cobardía para quienes la vida y la muerte son créditos de un videojuego que programan desde la seguridad y el confort de su cuarto de máquinas.

Los que se han apurado a pedirle reformas al gobierno cubano, con la ilusión vana de que nos perdonen la revolución que hicimos — aunque la dignidad no sobreviva al «favor» de dicho «perdón» — , sepan que la revolución tuvo que ser socialista para ser de liberación nacional. Fue esa la única forma histórica en que pudo realizarse la idea que obsedió durante más de cien años a los patriotas cubanos y que Diego, el personaje de «Fresa y chocolate» resumió de modo inmejorable: «tampoco quiero que vengan los americanos, ¡ni nadie!, a decirnos lo que tenemos que hacer».

La voluntad de alcanzar la soberanía para la persona esclavizada y la nación en ristre ha jalonado la historia de Cuba desde hace dos siglos. Una identidad que se ha abierto paso contra todo pronóstico, que ha pugnado por existir a contrapelo de poderosas fuerzas disolventes de ayer y hoy. Los gendarmes del «norte revuelto y brutal que nos desprecia» se afirman en tanto poseen, en tanto someten, en tanto destruyen, en tanto compran y venden, en tanto saquean. Los cubanos y cubanas, en cambio, nos afirmamos en tanto somos, no lo que han querido hacer de nosotros, sino lo que hemos querido ser por nosotros mismos.

La saña contra Cuba esconde el terror que les provoca nuestra promesa, tan asediada e incompleta como irrenunciable.

La derrota de esa promesa, la aceptación definitiva de la posición colonial y subordinada no sería otra cosa que el suicidio de la nación: la muerte de lo que Cuba ha sido, no desde 1959, sino desde hace más de ciento cincuenta años.

Con el imperialismo no hay arreglo posible. Su existencia y la nuestra son antagónicas y seguirán colisionando. La agresividad del imperialismo yanqui hacia Cuba — sus bloqueos, sus formas institucionales oscilantes entre el garrote y la zanahoria, sus chantajes al resto del mundo — solo tiene dos vías para desaparecer: la derrota en toda la línea de ese imperialismo o la rendición en toda la línea de Cuba. La relación bilateral entre los dos Estados no agota tamaña disyuntiva: está inserta en ella.

Frente a este escenario, los dirigentes del Estado cubano, para liderar la nación y cumplir sus deberes sagrados con ella, no pueden ser presa de vacilaciones ni debilidades. Conceder iniciativa al enemigo — externo o interno — no traería paz ni estabilidad, sino derrota.

La defensa de la soberanía exige decisión política, claridad estratégica y conducción firme: o dicho en otros términos que conocemos bien: «desafiar poderosas fuerzas dominantes… luchar con audacia, inteligencia y realismo».

El bloqueo naval vigente y los chantajes arancelarios a terceros, que impiden la llegada a Cuba de suministros de petróleo indispensables para sostener la vida cotidiana, profundizan un escenario de crisis impuesto y planificado, frente al cual nuestra capacidad para gestionar el estrecho margen de maniobra se convierte en un factor de seguridad nacional. De manera simultánea, se despliega una secuencia ininterrumpida de operaciones psicológicas encaminadas a producir miedo, angustia, desesperación e ilusión con un futuro nacional halagüeño bajo la tutela yanqui. Lo anterior combina rumores y amenazas difusas con prefiguraciones de la inteligencia artificial sobre cuán prósperas y hermosas lucirían nuestras ciudades si se acaba este «martirio» de 67 años.

Cuba no es «la siguiente» en la lista, siempre ha sido la primera. Desde Honduras en 2009 hasta Venezuela en 2026, pasando por Paraguay, Ecuador, Chile, Brasil, Argentina y Bolivia, se golpearon los eslabones más débiles de la cadena con un objetivo final, harto conocido, aislar y asfixiar a la Revolución cubana. La intervención imperialista en Venezuela no fue solo contra ese pueblo, sino contra toda América Latina y el Caribe, y muy especialmente contra Cuba. No se trató de un exceso ni de un desvío, sino del punto de condensación de una estrategia regional.

El contexto actual de la solidaridad efectiva de otros gobiernos con Cuba es vergonzoso, en contraste con la solidaridad que se manifiesta persona a persona y pueblo a pueblo. Queda México como único proveedor de petróleo y ya se ejercen fuertes presiones para que esa ayuda expire. No es un escenario descartable si se tiene en cuenta el estilo de Donald Trump, que entrelaza agresiones brutales, chantajes directos y presiones abiertas de distinta índole.

China y Rusia expresan acompañamiento y denuncia discursiva, pero ninguno de ellos ha mostrado disposición a correr la misma suerte del pueblo cubano ante una agresión directa. Apoyo simbólico, cálculo estratégico, y una isla empujada a enfrentar casi sola la escalada bélica cuidadosamente provocada. De potencias externas nada esperamos. Como expresó Antonio Maceo: «mejor subir o caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con vecinos tan poderosos». Ya habíamos aprendido desde hacía tiempo que en las horas decisivas, Cuba solo cuenta con su propio pueblo.

A la soledad se suma el silencio de los grandes dispositivos diplomáticos en la región y el mundo. Estructuras que existen en el papel, pero de las que no se reciben gestos de apoyo concretos, capaces de alterar el curso de los acontecimientos.

Todos aquellos que abandonan a Cuba a su suerte — por cálculo geopolítico, por pragmatismo diplomático o por simple y llano temor — deben saber que no son neutrales y que, por tanto, se convierten en colaboradores de facto. Su silencio o inacción no evitan la guerra, sino que despejan su camino a la distancia. Cada gesto que no llega y cada apoyo que se dilata contribuyen con el montaje del escenario de una invasión contra Cuba o de una conmoción social, resultado de la desesperación popular, que se lo lleve todo por delante.

A quienes hoy, por acción u omisión, se colocan al servicio de una agresión contra su propio país, debe quedarles claro que no habrá impunidad histórica ni política. Los pueblos tienen memoria, y las responsabilidades asumidas en horas cruciales no se borran ni con el tiempo ni con el exilio.

Abocados al enfrentamiento del plan para convertir a Cuba en la Gaza del Caribe, te hablamos primero a ti, pueblo de los Estados Unidos, en tu infinita diversidad. A cada ciudadana y ciudadano que no soporta ya el desvarío dictatorial que gobierna la Casa Blanca. A ti, que vives asediado, asediada por los incontables problemas de una sociedad que dista mucho de ser «grande de nuevo».

Te hablamos a ti, que recuerdas cada una de las guerras en las que los ricos se volvieron más ricos y los pobres, más pobres, y en las que lo único que regresó a tu casa — cuando algo regresó — fueron los cuerpos inermes de tus hijos. Guerras ajenas, decididas en despachos, hechas por jóvenes que, para ganarse la vida, se vieron obligados a segar otras.

Le hablamos, además, a la numerosa comunidad de cubanos y cubanas que reside en los Estados Unidos y que no es presa del odio del «exilio histórico». Muchos fueron educados en el humanismo y la fraternidad de nuestras escuelas y calles, y no están dispuestos a consentir en silencio una agresión contra su propio pueblo.

No dejes que tus hijos vayan a otra guerra. No los dejes despedirse para ir a morir enfrentados en Cuba a otro pueblo que no es tu enemigo.

Son muchas las formas de movilizarte. Convocamos a los múltiples grupos académicos que mantienen relaciones con Cuba, a los Pastores por la Paz, al Consejo Mundial de Iglesias, a personalidades de la cultura, actores y actrices que se han manifestado con fuerza contra el atropello a los derechos y la deriva fascista que Trump representa. A congresistas y senadores que durante mucho tiempo han exigido una modificación de las relaciones con Cuba, sin pretensiones de sometimiento ni afanes guerreristas.

A todos quienes se sientan interpelados por este llamado para evitar la muerte segura e inevitable en el asalto que se prepara a sus espaldas. Ayuden a detener la barbarie. Solidarícense con Cuba.

A los pueblos hermanos de Cuba, a las organizaciones solidarias, a quienes saben que la guerra imperialista nunca trae democracia ni libertad: es el momento de la movilización eficaz, sostenida y visible, por todas las vías posibles, contra la guerra y en defensa de la vida. Cada país y representación diplomática deben convertirse en escenarios de hermanamiento y compromiso. Cada embajada de los Estados Unidos debe sentir el peso de la solidaridad de masas.

Si alguna vez fuiste atendido en las misiones médicas cubanas; si alguna vez aprendiste a leer con el método «Yo sí puedo», o si estudiaste en esta tierra, te decimos: ¡Levántate con Cuba!

Pueblos del África que a su llamado contaron con nuestros soldados, combatientes, médicos y maestros: ¡llegó la hora crucial de la solidaridad con Cuba!

Pueblos de América con quienes quedó sellado nuestro destino en aquella mirada postrera del Che: ¡movilícense ahora!

Pueblos del mundo, Cuba les ofrece un lugar para pelear.