julio 01, 2018

Nosotros



Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba

1993 - 25 ANIVERSARIO - 2018

Su formación

En agosto de 1993 viajaron a Cuba cuatro docentes de Bariloche, para asistir a un Congreso Pedagógico, que se llevó a cabo en la ciudad de Camagüey.

A su regreso ofrecieron una charla informativa, abierta a la comunidad, acerca del excelente sistema de educación en Cuba, planteando las necesidades y carencias del pueblo cubano, como resultado de la grave situación económica que vivía la Isla, por el inhumano Bloqueo impuesto por el gobierno de los Estados Unidos, agravado por el inicio del Período Especial, debido a  la desintegración del campo socialista y de la propia Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Por iniciativa de algunos asistentes a la charla, surgió la voluntad de ser solidarios con el Pueblo Cubano, y así el 20 de octubre  de  1993  se constituyó el Grupo Bariloche de Solidaridad con   Cuba,   con   la finalidad  de difundir en nuestro país la realidad cubana, favoreciendo el intercambio cultural y científico, considerando que defender la soberanía de Cuba es defender nuestra propia soberanía, basada en el principio de la libre autodeterminación de los pueblos.

También se incorporó como lema del Grupo la frase de José Martí:



“Buscamos la solidaridad no como un fin, sino como un medio encaminado a lograr que nuestra América cumpla su misión universal.”

En sus inicios, el Grupo trabajó intensamente para recaudar elementos, que luego fueron enviados a Cuba,  con  el  fin  de ayudar a cubrir algunas   de  sus   necesidades. A lo largo de toda su trayectoria, el Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba llevó a cabo tareas de difusión de los éxitos alcanzados por la Revolución para su pueblo, fomentando charlas y debates, especialmente con la presencia de gente cubana, que visita nuestra ciudad.

En la actualidad el Grupo, entre otras actividades, organiza reuniones públicas con proyección de películas, o presentación de audios y textos con contenido histórico y actual, relacionados con la evolución de los acontecimientos en la Isla, favoreciendo el posterior debate.

Por una emisora local difundimos noticias de actualidad, política, cultura, salud, con toda la música y la vida cubana:

“Cuba y Nosotros” por “FM Gente de Radio” en el 90.3 de su dial,
los martes de 19 a 20 hs, y que se retransmite los jueves de 10 a 11 hs.

Nuestro compañero Víctor C. Rocchi mantiene actualizado el Blog del Grupo en la página web:

baricuba.blogspot.com

donde se difunden todas nuestras actividades.

El Grupo también promueve y coordina todos los primeros sábados de cada mes, desde las 17 a las 19 hs, un Taller de Lectura como un espacio de formación política y cultural, donde se abordan temas sobre Cuba y su Revolución, con un posterior debate en base al texto abordado. Los textos, la síntesis y las conclusiones de los Talleres se devuelven a cada participante por mail y/o en forma impresa.

Coordina, asesora y organiza dos Brigadas anuales de Solidaridad con Cuba, una en enero y otra en mayo, para delegaciones regionales que quieran viajar a visitar la isla. Para ello se realizan charlas con videos relacionados a las Brigadas y con mucha información acerca de Cuba.

Integra la organización Regional de Solidaridad con Cuba “Camilo Cienfuegos” junto a otras organizaciones hermanas de la zona (El Bolsón, San Martín de los Andes Cutral – Co / Plaza Huincul y Neuquén).

Es integrante del Movimiento Argentino de Solidaridad con Cuba (MASCUBA) y miembro del Club Argentino de Periodistas Amigos de Cuba (CAPAC).

Teniendo en cuenta las fechas importantes de la Revolución, se llevan a cabo actividades especiales en función de mantener vivo el glorioso ejemplo del pueblo cubano a lo largo de toda su trayectoria de lucha revolucionaria, que se inicia el 10 de octubre de 1868 con el Grito de Yara, pasando por aquél glorioso 1 de enero de 1959 con el triunfo de la Revolución, luego declarada Socialista, hasta estos días en que mediante la “Batalla de Ideas” avanza con nuevos logros revolucionarios para su pueblo, y ejemplo mundial.

Desde el Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba queremos invitar a  todos los que quieran sumarse y participar en nuestras actividades, con un solo compromiso: defender la Revolución cubana, ejemplo de lucha y resistencia en Nuestramérica y el mundo.

Contáctenos: maxischnee@gmail.com
Dirección: 25 de Mayo 245 - Bariloche
Teléfono:  54 294 - 44 22 569

Escúchenos en el Programa de Radio:

“Cuba y Nosotros”
FM 90.3 “Gente de Radio” www.fmgentederadio.blogspot.com
Los martes de 19 a 20 hs.
y los jueves de 10 a 11 hs.

Véanos en Internet:


Manifiesto del Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba

El Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, que junto a otros Grupos de Solidaridad y Casas de Amistad de la Patagonia integran la Regional de Solidaridad con Cuba “Camilo Cienfuegos” dentro del Movimiento Argentino de Solidaridad con Cuba MASCUBA, quiere manifestar que es una organización de carácter político no partidaria que agrupa a todos las compañeras y compañeros que compartan y estén de acuerdo en defender la Revolución socialista de Cuba como ejemplo de lucha y resistencia en Nuestramérica y el mundo, considerando que defender la soberanía de Cuba es defender nuestra propia soberanía basada en el principio de la libre autodeterminación de los pueblos, bajo el lema de José Martí: “Buscamos la solidaridad no como un fin, sino como un medio encaminado a lograr que nuestra América cumpla su misión universal.”




junio 03, 2018

Taller de Lectura n° 111- Julio de 2018


Taller de Lectura # 111-  Julio de 2018


“Fidel y la teoría de la revolución social: apuntes para la reflexión”

Por: Olga Fernández Ríos (Licenciada en Historia. Doctora en Ciencias Filosóficas. Profesora Titular, Investigadora Titular. Miembro de la Junta Directiva de la Fundación Fernando Ortíz. Miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP). Especialidad de trabajo: Filosofía y Teoría Política)

6 AGOSTO, 2016 – Tomado de la Pupila Insomne

Muchísimas son las razones para que todo un pueblo rinda homenaje al líder de la Revolución Cubana en su 90 cumpleaños y entre ellas, en esta oportunidad, quiero referirme a algunos de sus importantes aportes a la teoría de la revolución social a través de dos conceptos: revolución y construcción del socialismo.

Su sensibilidad humanista lo llevó a hacer suyo el ideario independentista de José Martí a la vez que condicionó una inteligente receptividad del marxismo desde posiciones anti dogmáticas. Analizar sus concepciones en este terreno requiere tener en cuenta que no estamos ante un hombre de gabinete o un teórico de la revolución en el sentido estricto del término, sino ante un revolucionario devenido en relevante líder político de talla mundial, un luchador y un educador social desde su temprana juventud.

Pero su pensamiento y proyección política no han sido ajenos a la teoría, todo lo contrario. La teoría sociopolítica ha desempeñado un importante rol en el pensamiento de Fidel Castro, y por tanto en la proyección del proceso revolucionario cubano; de la teoría se ha nutrido a la vez que ha  realizado aportes en variados temas, contribuyendo a la profundización del marxismo, que como él mismo ha reconocido, sigue siendo la más avanzada teoría anticapitalista y pro socialista, no superada aún.

A su variada producción intelectual  -nacida del  bregar diario y de los retos del proceso revolucionario durante más de 60 años- une su capacidad como ideólogo comunicador, suerte de labor educativa que ha estado presente en cada momento de un pensamiento y una obra integral en la que sobresalen varias facetas como son su permanente reflexión sobre la importancia de los contextos históricos que marcan los derroteros revolucionarios; entender la sociedad como totalidad;  su concepción de la historia como condicionante del presente y fuente para su análisis; las relaciones entre  teoría y práctica y entre estrategia y táctica, unido al manejo no mecanicista de las regularidades del desarrollo social, contradicciones y oportunidades. A ello se suman su empeño por la integralidad y continuidad de la revolución social,  el reconocimiento del lugar del ser humano en ese proceso y del papel de la individualidad, de la crítica y la autocrítica.

Desde muy temprano Fidel Castro tomó conciencia de que camino al socialismo requería transitar por la aplicación consecuente de un programa de liberación nacional y justicia social que a su vez creaba condiciones para un desarrollo de la cultura política y de consolidación de la base social de la Revolución que favoreciera la ruptura con los esquemas anticomunistas vigentes en la Cuba neocolonial.

Más allá de definiciones que no han faltado en numerosas intervenciones y discursos, el líder revolucionario ha profundizado en la vinculación del subdesarrollo y la dependencia nacional con el capitalismo y el imperialismo, interpretó las condiciones históricas que en Cuba favorecían las transformaciones de carácter socialista para la solución de los problemas derivados del subdesarrollo y la dependencia.  A la vez reivindicó el ideal comunista y desmitificó el esquema que lo consideraba ajeno a las necesidades y condiciones latinoamericanas. Este es también uno de sus grandes méritos, tanto en su manejo táctico como al demostrar que la esencia del socialismo no es contradictoria con las raíces y las tradiciones revolucionarias en nuestro continente, incluyendo las luchas obreras y las expresiones de internacionalismo.

No hay fanatismos reduccionistas en la reivindicación que Fidel hace del socialismo que reconoce las especificidades de cada proceso revolucionario en condiciones de buscar sus propias vías.  Claro ejemplo de esto fue el altísimo respeto que mostró sobre las concepciones de Salvador Allende en su intento por desarrollar la revolución a través de la vía pacífica, mientras que, en las condiciones de los años 60 y 70 solidariamente, Cuba apoyaba la lucha armada o de masas que libraban pueblos hermanos sometidos a condiciones dictatoriales y represivas. Más tarde hemos visto las interesantes y positivas valoraciones de Fidel sobre la Revolución Bolivariana en Venezuela y los procesos de cambio que tienen lugar en otros países.

Revolución y construcción del socialismo

Ambos conceptos tienen especial relevancia en la teoría marxista de la revolución social. Dos ideas de partida para analizarlos en la obra de Fidel son, en primer lugar, entender que para él revolución y construcción del socialismo son conceptos referidos a un mismo proceso anticapitalista y pro socialista; son conceptos que se fusionan, no deben analizarse por separado, pueden considerarse sinónimos. En segundo lugar que la educación de las masas populares y su cultura política son condiciones que garantizan el avance de ese proceso. De ello se desprende que lo referido a la construcción del socialismo debe ser punto de partida para el análisis de las concepciones de Fidel sobre la educación, la cultura, la ciencia y otros muchos temas,  ya que se trata del marco histórico, económico y sociopolítico en el que se proyecta y realiza su obra revolucionaria en pos de una sociedad anticapitalista y antimperialista.

Si bien el concepto que más utiliza es revolución, también utiliza construcción del socialismo lo que es teórica y políticamente válido para referirse al proceso de transición socialista que es uno de los temas más complejos en la teoría marxista porque se trata de un proceso contradictorio, de largo alcance en el tiempo y en sus contenidos cualitativos. Además en Cuba se lleva a cabo en condiciones de predominio capitalista mundial, de control por parte de un sistema institucional transnacional en el que ese predominio se apoya y de injerencia y bloqueo  de Estados Unidos  para evitar el avance de la Revolución Cubana.  Ello requiere que el análisis de la construcción del socialismo y de su proyección teórica y política, se  realice acorde con las disímiles condiciones históricas de su desarrollo pues se trata de un proceso que en gran medida siempre tendrá lugar en condiciones inéditas.

En las concepciones de Fidel revolución y construcción del socialismo se expresan como unidad. La primera marca el sentido de transformación social, como planteó el primero de mayo del año 2000 de “cambiar todo lo que tiene que ser cambiado”, y la segunda tiene que ver con la naturaleza de los contenidos de esos cambios, que no son cualquier cambio, sino los encaminados a sumar condiciones favorables a la sociedad socialista.

Otro elemento sobre este tema es que en su compromiso y empeño por la construcción del socialismo, Fidel usa el arma de la crítica como termómetro que mide el avance revolucionario. Y es crítica como labor educativa y como instrumento de cambio que introduce un concepto devenido en política: la rectificación, entendida como autocrítica y ajuste de la estrategia de orden socialista.

Entre otros, un ejemplo de esa capacidad educativa de la crítica se puso de manifiesto el 17 de noviembre de 2005 en su intervención en el Aula Magna de la Universidad de La Habana en la que a la vez que reconoció la meritoria hazaña del pueblo que impidió que en Cuba se produjera el derrumbe del socialismo como ocurrió en otros países, realizó un profundo análisis sobre problemas endógenos que enfrentaba la Revolución Cubana que podían arriesgar su continuidad como es el caso de manifestaciones de corrupción y burocratismo. En esa ocasión, además de alertar sobre la posible reversibilidad del socialismo, reconoció que uno de los mayores errores cometidos fue pensar que se conocía sobre la construcción del socialismo, reflexión que amerita un análisis mucho más profundo del que estamos en condiciones de realizar en estas reflexiones.

Es sin dudas una deuda que las ciencias sociales cubanas tienen con relación a la teoría de la revolución social necesitada de mayor profundización en las condiciones actuales de nuestro país y de los procesos de cambio que tienen lugar en América Latina.
No es nuestro objetivo adentrarnos en tan complejo tema, lo que ameritaría otro tipo de reflexión, pero puede señalarse que si retomamos las concepciones de Fidel sobre revolución como “sentido del momento histórico” y acerca del pueblo como sujeto revolucionario plural; su crítica al capitalismo y al imperialismo; las coordenadas socioeconómicas que vincula con la toma del poder político, la hegemonía del proletariado concebida en el marco de la necesaria unidad nacional y el socialismo como solución a partir de las condiciones de nuestro país, encontramos las claves para interpretar sus concepciones sobre la construcción del socialismo que devienen en aportes de obligada referencia en el desarrollo de la teoría de la revolución social.  A ello se une su manejo de la táctica, la forma de explotar las contradicciones del enemigo, la capacidad de aglutinar fuerzas y la aguda noción del momento idóneo y de la oportunidad para la acción.

Fidel considera la construcción del socialismo como un proceso dialéctico en el que deben ir concretándose los objetivos socialistas; un proceso de continuidad y rupturas en el que la primera está dada por la proyección estratégica de avanzar hacia el socialismo, como brújula de toda acción socioeconómica y política que se realice, y de rupturas dadas las combinaciones de éxitos, fracasos, insuficiencias y errores cometidos a partir de las tácticas empleadas en cada momento del proceso o derivadas de cambios de coyunturas históricas. Y en ese proceso la educación en todas sus facetas ha constituido una de sus pasiones y ocupaciones de mayor constancia y relevancia, por considerarla condicionante del avance de la Revolución Cubana.

Hoy,  cuando millones de seres humanos se plantean luchar por un mundo y una sociedad más justa y cuando en varios países el movimiento popular de obreros, campesinos, indígenas, activistas sociales, junto con  intelectuales y académicos, retoman la crítica al capitalismo con renovados bríos, las concepciones de Fidel Castro contribuyen al análisis y a la transformación del injusto orden social imperante.

De igual forma ocurre en Cuba cuando se ha ratificado el socialismo como opción de desarrollo con el  empeño y la decisión de no extraviar la ruta  escogida  que  incluye ciclos de rectificaciones y ajustes acordes a los diversos contextos que influyen en la realidad nacional. En ese empeño,  como dice el cantautor,  “puede que algún machete se enrede en la maleza”,  pero lo importante es saberlo desenredar  y para ello los cubanos tenemos una poderosa arma: el legado revolucionario de Fidel Castro. No olvidar que ya hay capacidades creadas para continuar involucrando cada vez más a los cubanos y cubanas en la solución de los desafíos de diversa índole que se enfrentan durante la construcción del socialismo.

En ese empeño no puede faltar el análisis de la obra de Fidel que hoy es más necesaria que nunca cuando en ella se defiende la revolución como movimiento de masas, de ahí el peso que ha concedido a la labor educativa y al diálogo directo con el pueblo, plagado de hombres y mujeres, educados y cultos, capaces de consolidar el  poder político que se despliega desde 1959, y capaces de llevar adelante la revolución como proceso continuo de liberación nacional de carácter antiimperialista y socialista.
 “Fidel Castro y la cultura de lucha y resistencia revolucionaria”

Por: Olga Fernández Ríos
13 agosto 2017 – Tomado de Cubadebate

Desde los años 80 del pasado siglo se ha generalizado el concepto “política de resistencias”, para expresar nuevas formas del accionar popular en el enfrentamiento a la ofensiva neoliberal y a las consecuencias del derrumbe del campo socialista. Al mismo tiempo en muchas ocasiones se ha repetido que la Revolución Cubana es un ejemplo de resistencia frente a las políticas del imperialismo norteamericano que incluyen el bloqueo económico, financiero y comercial, disímiles formas de acciones terroristas, junto con guerra mediática y de pensamiento.

Por supuesto que es válido expresar que somos un pueblo ejemplo de resistencia frente a muchos obstáculos y agresiones. Pero esa es una apreciación incompleta, si no se tiene en cuenta que la forma de resistir no se limita a acciones defensivas, sino que incluye la permanente ofensiva revolucionaria.

El hecho cierto es que en Cuba se ha desarrollado una cultura que integra dialécticamente lucha y resistencia, y su artífice ha sido Fidel Castro.  Su legado socio político demuestra que frente a las agresiones e injerencias del imperialismo norteamericano y sus lacayos no basta el rechazo defensivo, sino que debe involucrar la lucha y acción revolucionaria a partir de los intereses de la nación y la sociedad cubana, sin admitir imposiciones, ni condicionamientos.

Fidel demostró que la transformación revolucionaria a favor del socialismo ha sido el núcleo de la resistencia. Aquí radica uno de sus aportes a la teoría y práctica de la revolución social: enfrentar y desafiar los diversos intentos por subvertir la revolución y hacerlo a través de acciones transformadoras y de una cultura de lucha frente a las adversidades y agresiones.

Es un  concepto que tiene en cuenta las contradicciones externas y el antiimperialismo en los procesos hacia el socialismo. El tema se refuerza si se recuerdan los problemas enfrentados por Ho Chi Minh en Viet Nam y Salvador Allende en Chile, junto con Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro en la República Bolivariana de Venezuela, donde hoy se está librando una heroica batalla por la soberanía y la independencia nacional. Son solo algunos ejemplos de contextos diferentes en los que la dialéctica lucha-resistencia ha tenido, y tiene, expresiones muy dramáticas.

Cultura de lucha y resistencia desde las perspectivas de Fidel se expresa en el despliegue de una praxis plagada de firmeza política, radicalidad, ética y acumulado simbólico y en un pensamiento crítico de la hegemonía imperialista, de los argumentos a favor del capitalismo y en una posición política desde los intereses del pueblo.

También porque Fidel transformó los mecanismos tradicionales del ejercicio de la política al propiciar el involucramiento consciente del pueblo en las acciones defensivas y constructivas que de forma integral deben desplegar los procesos revolucionarios como el cubano. De igual forma porque promovió el aprendizaje en el pueblo, lo que se convierte en una de las fortalezas para desafiar a las fuerzas contrarrevolucionarias internas y externas, superar los miedos a hacerlo y ganar batallas para preservar la soberanía nacional y continuar la construcción del socialismo en nuevos y complejos escenarios internacional e interno.

Fidel tuvo conciencia de que la construcción del socialismo no es un camino recto o lineal, por lo que requiere de permanente renovación y descubrimiento de los nudos que pueden afectar su avance. El análisis de su obra y concepciones sociopolíticas muestra que  tuvo bien claro que se trata de un proceso contradictorio y plagado de desafíos que exige una permanente tensión creativa para evitar que decisiones coyunturales arriesguen los objetivos estratégicos.

Uno de los núcleos de la correlación entre creación revolucionaria y resistencia frente a las amenazas ha sido el reconocimiento de las tendencias del desarrollo social y del rol que tienen la subjetividad y la acción consciente de los seres humanos en la elaboración de la estrategia revolucionaria y en la implementación de las tácticas que cada momento requiere. Fidel lo reconoció utilizando el arma de la crítica para devaluar el sistema capitalista y para rechazar las concepciones dogmáticas sobre la nueva sociedad; y lo hizo desde una posición autocrítica a lo largo de  la Revolución Cubana.

El “sentido del momento histórico” le permitió adentrarse en importantes problemáticas que condicionan el desenvolvimiento de la revolución social: la salida del subdesarrollo; las vías al socialismo; la pluralidad del sujeto revolucionario; la revolución como movimiento de masas en correlación con el tema del poder político y la concepción de la revolución como proceso continuo.

Desde esas perspectivas resulta evidente que para Fidel la acción revolucionaria es la vía para enfrentar disímiles desafíos por lo que tiene que ser  creativa, permanente y progresiva. Debe basarse en los intereses del pueblo y del país; no puede estar condicionada por intereses y presiones foráneas. Para él ha sido el combate la vía fundamental de resistencia a las acciones imperialistas y a las pretensiones de cualquier variante de  reformismo antisocialista encaminado a  abortar el proceso revolucionario.  Pero además debe tener al pueblo como protagonista

Desde la perspectiva del involucramiento del pueblo y de los trabajadores en particular, las medidas y transformaciones revolucionarias han sido decisivas en los escenarios más críticos. Han funcionado como la mejor forma para resistir agresiones o enfrentar desajustes internos. Incluso han influido en la  renovación del consenso político a favor de la revolución y se han convertido en oportunidades aprovechadas para una mayor democratización de las decisiones. Varios ejemplos dan fe de la existencia de una cultura política que combina lucha y resistencia, entre los cuales destacamos los siguientes:

Ante la huida del Dictador Fulgencio Batista, el primero de enero de 1959 se produjo un intento de golpe de Estado para crear una junta de gobierno que evitara el acceso del Ejército Rebelde al poder, y por ende usurpar el triunfo revolucionario. Resistir aquella maniobra golpista contrarrevolucionaria requería evitarla a través de acciones rápidas y coherentes con los objetivos de la naciente revolución, lo que se logró a través de una audaz acción política: el llamado de Fidel ese mismo día a una huelga general obrera. Aquella huelga se realizó exitosamente con un doble significado: evitar la acción golpista y reafirmar el carácter popular de la revolución con el protagonismo de los trabajadores.

El desarrollo de la educación y la cultura como vías para generar una consciente resistencia popular a las amenazas foráneas e internas y a la guerra de pensamiento a que ha sido sometida la Revolución Cubana. Muchas son las acciones desplegadas en este campo con vistas a elevar la cultura política y la formación ideológica del pueblo, principal actor de la resistencia a los intentos imperiales contra la revolución. Hitos en ese camino han sido la campaña de alfabetización en 1961, la preparación organizativa y cultural para el despliegue de la participación popular a través de canales estables y el acercamiento entre Estado y sociedad civil, junto con las políticas fomentadas por Fidel para lograr interacción y diálogo entre dirigentes y pueblo.

El marco sociopolítico del primer lustro de los años 60 en el que se realizó la declaración del carácter socialista de la Revolución en abril de 1961 en medio de la agresión militar de Estados Unidos que culminó con la invasión mercenaria por Playa Girón y ,más tarde, con la Crisis de los misiles en octubre de 1962 cuando Cuba ratificó su soberanía con relación al derecho a defenderse de las agresiones imperiales. Desde entonces Fidel desarrolló una concepción política para promover la democratización de la defensa del país como única vía para enfrentar las agresiones armadas y terroristas fraguadas por el imperialismo norteamericano contra Cuba. La creación de las milicias estudiantiles y de trabajadores a lo largo de todo el país, con hombres y mujeres, se convirtió en un recurso de extraordinaria capacidad defensiva que ha tenido variantes como por ejemplo el concepto de guerra de todo el pueblodesplegado desde los años 80 y 90 ante la intensificación de acciones contrarrevolucionarias.

Las consultas y ensayos para crear el sistema de órganos del poder popular que sucedieron al fracaso de la zafra azucarera de los 10 millones en 1970. Ante la incertidumbre que aquel fracaso produjo y la desestabilización que provocó en los objetivos de desarrollo económico del país, una de las repuestas constructivas fue la apertura a un proceso de institucionalización de la revolución y de nuevas formas de ejercicio democrático.

La reafirmación del socialismo en Cuba en los años 90 ante la crisis económica y los impactos del derrumbe del socialismo en Europa del Este y la URSS. En aquellas condiciones se amplió el involucramiento popular, se conformaron los parlamentos obreros y se modificó el sistema electoral con la clara intención de ampliar las formas de democracia directa, a partir de una reforma a la Constitución en 1992, entre otras medidas.

Entre los mecanismos políticos fomentados por Fidel se destaca la capacidad de crítica y autocrítica que con gran altura ética fue capaz de promover reflexiones y rectificaciones para enfrentar las amenazas externas e internas susceptibles de existir en el complejo proceso de transición socialista. Ejemplos de gran trascendencia e impacto social fueron la apertura de un proceso de rectificación de errores a partir de 1985 y  su intervención el 17 de noviembre de 2005 en la Universidad de La Habana en la que intercambió con estudiantes y profesores acerca de la meritoria hazaña del pueblo que impidió que en Cuba se produjera el derrumbe del socialismo como ocurrió en otros países, a la vez que realizó un profundo análisis de problemas endógenos que podían arriesgar la continuidad de la revolución.

En todos los casos han sido escenarios adversos que debieron ser enfrentados con medidas revolucionarias y con educación política e ideológica. En esa combinación están las bases de la resistencia, junto con las bases para la continuidad de la revolución.
Ese es uno de los legados de Fidel que contribuye al avance de la revolución: el combate como resistencia a las acciones injerencistas, a la imposición de valores y patrones de conducta ajenos a la liberación nacional y al socialismo. Es también el legado de la Revolución Cubana y un arma para enfrentar las acciones contrarrevolucionarias y la guerra de pensamiento que hoy tenemos que librar contra el imperio del norte y sus acólitos de turno, los internos y los externos.


Síntesis y conclusiones del Taller de Lectura Nº 110


Síntesis y conclusiones del Taller de Lectura Nº 110

“El bicentenario de Carlos Marx y los desafíos del presente”

Este texto escrito por Olga Fernández Ríos (Licenciada en Historia, doctora en Ciencias Filosóficas, especializada en Filosofía y Teoría Política), fue tomado el 5 de mayo de 2018 del blog “La pupila insomne” que intenta ser un homenaje desde el periodismo y la literatura, al escritor y revolucionario cubano Rubén Martínez Villena, intelectual, escritor y destacado revolucionario de las décadas de 1920 y 1930. El editor y periodista de éste blog es Iroel Sánchez Espinosa, destacado analista político cubano. En el bicentenario del natalicio de  Carlos Marx, Olga Fernández Ríos nos trae a la reflexión la plena vigencia en la actualidad de su pensamiento filosófico, que tiene la capacidad de relacionar la teoría con la práctica, y la interpretación para la transformación revolucionaria a favor de una sociedad más justa y equitativa. Marx ha desarrollando una profunda teoría anticapitalista, que aún no ha sido superada. La precaria realidad en que  viven más de las dos terceras partes de la humanidad, aporta muchísimas razones para continuar inspirándonos en la  obra de Marx, en el seno de un capitalismo mundializado, cuya creciente degradación apela cada vez más a la violencia para mantener sus intereses transnacionales, atentando además en forma simultánea contra los dos pilares de la vida en este planeta: la naturaleza y el ser humano, ya que el capitalismo no ha logrado racionalidad en el uso de los recursos naturales y energéticos, y no ha logrado erradicar la pobreza extrema, ni las desigualdades sociales. Es por esto que las razones de la vigencia de la obra de Marx están en la propia existencia del capitalismo, ya que sus contradicciones lejos de solucionarse, se han acentuado. Actualmente la dominación capitalista trata de realizarse cada vez más, también desde lo cultural, por lo que debe enfrentarse desde lo cultural, a pesar de que eso entraña  muchos desafíos e interrogantes. Es por esto que la autora de este texto plantea la necesidad de la relectura del pensamiento de Marx sobre la nueva sociedad, teniendo en cuenta de que se trata de una importante arma científica, ideológica y política. Una sociedad, donde deben gestarse nuevas relaciones de producción y transformarse las correlaciones entre intereses individuales y sociales,  entre realizaciones materiales y espirituales, cultura, ética y valores.

El posterior debate nos llevó a la reflexión, con los siguientes conceptos:

·        El socialismo se puede definir como un sistema humano, donde prima el “amor al otro”.
·        El capitalismo ha transformado al ser humano en un objeto.
·        Las políticas capitalistas solo terminan cerrando con la represión a los pueblos.
·        El capitalismo surge a partir del primer desarrollo industrial a comienzos del siglo XIX  hasta la actualidad, en su fase imperial, y abarca desde el ciudadano pequeño burgués hasta las grandes corporaciones multinacionales.
·        El capitalismo como una herramienta de expansión en la acumulación de bienes.
·        La colonización de nuestro continente, apoyada por la iglesia católica, introdujo una transculturización, hasta generar la naturalización de este nefasto proceso.
·        El sistema capitalista utiliza conceptos celestiales y religiosos para imponer sus condiciones, alejándonos de la realidad terrenal. Se mencionó el concepto marxista de “materialismo histórico”.
·        En el sistema capitalista se están perdiendo valores humanos esenciales, en función del “dios dinero, el dios consumo”.
·        Se mencionó que debido a los grandes avances tecnológicos, muchas veces provocados por el propio sistema que nos proveen de elementos de gran utilidad, debemos aprender a aceptar el derecho al consumo, sin ser consumistas compulsivos.
·        Con respecto a las modernas Tecnologías de la Informática y las Comunicaciones (TIC), se debe procurar darles un contenido cultural, evitando su sobreconsumo para no perder el contacto y las relaciones humanas.
·        Debemos aprender a “manejar la tecnología” sin que “la tecnología nos maneje a nosotros”.
·        Que no se puede entender conscientemente  estos procesos de avance del capitalismo sin conocer la teoría política.
·        Es necesario formarse políticamente, conocer nuestra historia, como nos enseña José Martí: “ser cultos para ser libres”.

Por último se acordó abordar para el próximo Taller de lectura dos textos de Olga Fernández Ríos, Licenciada en Historia y Doctora en Ciencias Filosóficas de Cuba: “Fidel y la teoría de la revolución social: apuntes para la reflexión” y  “Fidel Castro y la cultura de lucha y resistencia revolucionaria”.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 02 de junio de 2018

mayo 14, 2018

Taller de Lectura # 110- Junio de 2018


Taller de Lectura # 110-  Junio de 2018

“El bicentenario de Carlos Marx y los desafíos del presente”

Por Olga Fernández Ríos
5 MAYO, 2018 – Tomado de la Pupila Insomne

Hace doscientos años, el 5 de mayo de 1818, nació en Tréveris, Alemania Carlos Marx quien desde mediados del siglo XIX, junto con su amigo y colaborador Federico Engels, generó una tradición de pensamiento filosófico capaz de correlacionar teoría y práctica, interpretación y transformación de la sociedad. Más allá de sus importantes aportes en el campo del conocimiento, con impactos en el posterior devenir de la ciencia y de las ciencias sociales en particular, debe recordarse que Marx no fue solo un teórico de extraordinario calibre, sino un activo revolucionario involucrado en disímiles formas de lucha a favor de los trabajadores y en la organización de la clase obrera desde una perspectiva internacionalista. Con ese enfoque desarrolló una profunda teoría anticapitalista no superada aún y una  prospectiva del cambio social a favor de la sociedad comunista con capacidades para movilizar a obreros y trabajadores, a otros sectores de la sociedad y a intelectuales.

A pesar de esos valores y otros que no hemos reflejado, teniendo en cuenta el tiempo transcurrido, pudiera preguntarse: ¿Tiene sentido y perspectiva la obra de Marx en el siglo XXI a pesar  de ser una concepción que surgió en las condiciones del siglo XIX?

La respuesta es positiva con dos acotaciones: 1) ni en la obra de Marx, ni en la tradición de pensamiento que él generó encontraremos todas las respuestas para enfrentar el análisis del complejo panorama de principios del siglo XXI; 2)  En su concepción del mundo y la sociedad sí encontraremos muchas respuestas, por lo que no es posible realizar ese análisis eludiendo a Marx. Tampoco pueden ignorarse su método de interpretación de la realidad – que se nutre de los datos que la historia brinda-, y las claves que aporta para la  transformación revolucionaria a favor de una sociedad más justa y equitativa.

Entre las razones que ratifican la vigencia del marxismo en las condiciones contemporáneas, de momento mencionemos dos: la reproducción ampliada de las lógicas del capital que han sido determinantes en la dominación imperial hasta nuestros días, confirmando tesis planteadas por Marx, y la validez del paradigma marxista a favor de un nuevo tipo de sociedad que barra con los vicios y contradicciones que el capitalismo ha generado.

Son temas que atraviesan  la obra de Marx y Engels en la que se identifica comunismo como proceso de emancipación y recuperación humana cuyas coordenadas apuntan a lograr transformaciones pensadas por y para las masas populares. Mientras el capitalismo cultiva posiciones  que favorecen el exclusivismo de la política a favor de élites de poder, convertidas hoy en partidos con fines electorales, el marxismo contribuye a la construcción de subjetividades, reivindica el derecho de que todos seamos actores políticos, sujetos de la política y ese es un importante reto de la transición socialista en cualquier lugar.


Una mirada al  capitalismo hoy

En los años 90 del pasado siglo, como consecuencia del derrumbe del socialismo de Europa del Este y la URSS, en muchos lugares apresuradamente se dictó sentencia de “muerte del ideal socialista” y el triunfo definitivo del capitalismo, mientras que el debate sobre el marxismo se centró fundamentalmente en la llamada crisis de esa concepción, ignorando las complejidades y desviaciones que condujeron al retorno al capitalismo en aquellos países. Con más racionalidad y serenidad hoy sabemos que la precaria realidad en que  viven más de dos terceras partes de la humanidad aporta muchísimas razones para continuar inspirándonos en la  obra de Marx y para refutar los cuestionamientos de su vigencia y las dañinas versiones esquemáticas de que fue objeto o que se desarrollaron en su nombre.

El contexto socioeconómico actual muestra por sí mismo la vigencia del marxismo cuando el capitalismo real mantiene la lógica de desarrollo analizada por  Marx y Engels que incluye el expansionismo de los intereses de la burguesía denunciado en el Manifiesto Comunista (1848). En ese texto se denuncian las razones por las cuales la burguesía…“obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a introducir la llamada civilización, es decir a hacerse burguesas. En una palabra se forja un mundo a su imagen y semejanza”.

Como nunca antes el capitalismo se ha mundializado con los negativos efectos que provoca el predominio del mercado y el crecimiento de la exclusión social que perjudica a seres humanos y a países considerados de segunda categoría  impedidos de alcanzar altos niveles de desarrollo. Sin acudir a estadísticas, a simple vista se observa la creciente degradación que sufre el capitalismo que cada vez más apela a la violencia para mantener sus intereses transnacionales, lo que se ha acrecentado desde la segunda mitad del siglo XX.

Nuestra mirada al capitalismo contemporáneo tiene en cuenta dos vertientes. La primera se refiere al mantenimiento de las lógicas del capital analizadas por Marx, lo que también nos lleva a revisitar importantísimas tesis de Lenin sobre la conversión del capitalismo en imperialismo. La segunda se relaciona con el despliegue de mecanismos de dominación con un mantenido y creciente uso de la violencia, sin olvidar que el capitalismo ha atentado simultáneamente contra los dos pilares de la vida en este planeta: la naturaleza y el ser humano,  lo que ha sido visible desde los procesos de colonización cuando se destruyeron territorios, recursos naturales y pueblos originarios.

Hay innumerables evidencias que muestran que el desarrollo del capitalismo a lo largo del siglo XX no ha logrado erradicar la pobreza extrema, ni las desigualdades sociales. Tampoco ha logrado racionalidad en el uso de los recursos naturales y energéticos, graves problemas que no pueden desvincularse del sistema en el que se han desarrollado. El panorama actual muestra cómo el capitalismo, en su forma neoliberal,  fragmenta cada vez más a las sociedades, ahonda las brechas socioeconómicas entre seres humanos y entre países; reproduce las lógicas violentas de la dominación, incluyendo un perverso uso de la ciencia y la tecnología contribuyendo a una situación internacional muy compleja en la que no han faltado el terrorismo de Estado, la ideología del fascismo, y la reafirmación del individualismo más exacerbado, a la vez que los grandes centros del capital son los alimentadores fundamentales del tráfico de drogas internacional.

Teniendo en cuenta ese escenario, las razones de la vigencia de la obra de Marx están, en primer lugar, en la propia existencia del capitalismo cuando, independientemente  de nuevas fórmulas técnico-organizativas y de dirección y otros cambios dentro del propio sistema, sus contradicciones, lejos de solucionarse, se han acentuado. Sus relaciones mercantiles hoy incluyen  el trasiego de órganos vitales del ser humano y recursos naturales, así como los logros de la ciencia y la técnica, los avances de las comunicaciones y de las técnicas de información.

Pero también hay que reconocer que el capitalismo tiene otras formas de actuar. Junto con la violencia y  la barbarie, tiene la capacidad de presentarse con un rostro atractivo que transita a través de la cultura de la imagen y la palabra que le acompaña durante siglos, de forma tal que todo lo que es funcional logra imponerse, de una u otra forma, como práctica cultural que llega a penetrar a millones de seres humanos en todo el planeta. Con gran habilidad se ha promocionado una cara bonita de ese sistema con símbolos en la  cultura del entretenimiento, en los medios masivos de comunicación, en la moda y en la difusión de una ideología a favor del modo de vida capitalista que, para millones de seres humanos en todo el planeta, no deja de ser más que un ideal irrealizable.

No hay que esforzarse mucho para mostrar que la cultura de mercado que tiene su centro en EEUU como negocio e instrumento de dominación y de exclusión social, ha generado espacios de silencio en la sociedad y formas de sumisión sostenidos por el miedo, que lamentablemente puede funcionar como un elixir paralizante: miedo a la represión, a las guerras, al desempleo, a enfrentar las consecuencias del endeudamiento, o a enfrentar los desplazamientos identitarios que el sistema ha generado en forma de las llamadas tribus urbanas, mafias, pandillas juveniles o a través del crecimiento de la violencia  hacia mujeres y niños. Pero lo más atroz de esa anticultura, es que trata de opacar la violencia económica y bélica inherente a la naturaleza del capitalismo, lo que de hecho trae aparejado discriminación y violencia contra los pobres y los sectores considerados marginales, que pasan a ser los grandes culpables a castigar, ocultándose la verdadera causa que los hacen marginales: la desigualdad e inequidad social. Es como un círculo vicioso del que nunca habrá salida si no se escarba en sus causales.

Lo cierto es que la dominación capitalista cada vez más trata de realizarse también desde lo cultural para opacar el lado de la violencia y la barbarie, por lo que también debe enfrentarse desde lo cultural, a pesar de que eso entraña  muchos desafíos e interrogantes. En esa dirección arribamos a una perspectiva que suma a favor de la vigencia del legado de Marx: la contraposición de dos polos opuestos, la cultura de la desesperanza, la violencia y la guerra y la cultura de la esperanza, de dignificación humana, de justicia, solidaridad, internacionalismo, resistencia y autoestima de los pueblos.

La primera trata de doblegar la ira y la esperanza popular para  lograr un mundo más justo; apuesta al desmontaje de los paradigmas y de los símbolos  asociados a cambios emancipatorios, profundiza en las debilidades y no en los logros de los países que han decidido realizar procesos antiimperialistas o socialistas.  El segundo polo cultural a favor de la dignificación humana, es en el que se inserta el legado de Marx, con la peculiaridad de ser capaz de articularse con las más avanzadas corrientes de pensamiento y de tradiciones nacionales progresistas. También porque no entra en contradicción con  valores fundamentales de esas tradiciones y porque expresa lo intercultural frente a las lógicas de la colonialidad propias del capital.

La necesaria relectura del pensamiento de Marx sobre la nueva sociedad

Este es un plano del análisis imposible de soslayar, mucho menos desde Cuba donde desde hace cerca de 60 años se despliega un proceso de transición socialista en condiciones muy adversas, entre otras razones por la multifacética y permanente agresividad e injerencia de sucesivos gobiernos de Estados Unidos. Se trata de un proceso que nos ha obligado a repensar la teoría y la práctica socialista  del siglo XX. Muchos debates se han suscitado en los que se ratifica con fuerza la continuidad del socialismo despojado de interpretaciones esquemáticas.

En la obra de Marx y en la tradición de pensamiento que generó, se revelan las contradicciones que surgen entre teoría y práctica cuando, si bien la primera resulta indispensable para la transformación revolucionaria, mal concebida o mal administrada, puede convertirse en una traba  al desarrollo de la sociedad anti capitalista. Al igual ocurre si las decisiones coyunturales pierden de vista el ideal de sociedad al que se aspira.

Lo cierto es que la transición socialista requiere de fundamentos teóricos, de una teoría abierta y crítica como lo es el marxismo, capaz de  explicar la dialéctica entre interpretación, proyección y transformación de la sociedad, lo que es fundamental en los procesos de ruptura revolucionaria con el capitalismo.

En la obra de Marx hay una concepción de la nueva sociedad, científica y políticamente fundamentada, con claves vigentes que no son “recetas”  sobre una u otra forma de realizar la transición hacia un nuevo tipo de sociedad. Hay una concepción global, pero no encontraremos modelos, sino fundamentos que aportan a la identidad de ese proceso. En ninguna obra  se exponen detalles o fórmulas específicas que debieran adoptarse, no hay indicaciones, ni precisiones que solo pueden trazarse a partir de los contextos históricos específicos.

En otras palabras, el marxismo va a las esencias y no a las formas en que se produce la transición socialista. Precisamente esa acertada combinación de aportar un nuevo proyecto de sociedad sin moldes preconcebidos, hace que la obra de Marx sea una importante arma científica, ideológica y política. No cabe la menor duda que en las condiciones del mundo actual debe emprenderse una tarea gnoseológica con relación a los fundamentos marxistas del proyecto socialista, teniendo en cuenta que siempre, de una u otra forma esa sociedad tendrá cauces inéditos, o al menos muchos de sus componentes y contradicciones, serán inéditos.

En este  aspecto hay aportes de importancia estratégica cuando se concibe la nueva sociedad como cambio civilizatorio y cultural que no se inicia dentro del capitalismo, sino que requiere de un contradictorio período que desde sus inicios debe construir un sistema de emancipación integral que favorezca al ser humano individual y a la sociedad en toda su multiplicidad. Se trata de un proceso en el que deben gestarse las nuevas relaciones de producción y transformarse las correlaciones entre intereses individuales y sociales,  entre realizaciones materiales y espirituales, cultura, ética y valores.

Una idea clara atraviesa la concepción de Marx sobre la nueva sociedad cuando señaló que el comunismo “no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente”. Esta tesis encierra un valor metodológico como corresponde a un concepto científicamente fundamentado. Se trata de la terrenalidad del ideal de sociedad que se levanta a partir de las condiciones históricas, de las contradicciones e intereses que marcan un contexto social determinado.

Dos comentarios finales:

1) En las circunstancias creadas por el capitalismo y exacerbadas en la actualidad, todo apunta a reconocer la imposibilidad de ese sistema para eliminar el deterioro medioambiental, la pobreza extrema, la explotación económica y  las grandes brechas de desigualdad social, por lo que sigue en pie la propuesta de Marx encaminada a la búsqueda de un nuevo paradigma de desarrollo de la sociedad opuesto al capitalismo.

2)  Hoy son millones los que sienten el efectivo poder de las ideas y aportes  de Marx y Engels que significan un acumulado de pensamiento y acción revolucionaria a favor de la búsqueda de un mundo mejor. Es un pensamiento que algunos consideran como punto de no retorno, que Antonio Gramsci  entendió muy bien cuando señaló que Marx inició intelectualmente una era histórica que probablemente durará siglos; Jean Paul Sartre la concibió como irrebasable filosofía de nuestros tiempos y Fidel Castro lo incorporó en sus concepciones reconociendo que … “Mientras más madura mi conciencia política, más admiro a Marx, porque él vio la solución con el corazón, con la inteligencia, con la ciencia y con la conciencia”.

Síntesis y conclusiones del Taller de Lectura Nº 109


Síntesis y conclusiones del Taller de Lectura Nº 109

“En Cuba la sociedad civil sí representa al pueblo”

Este texto fue tomado de Cubadebate el 2 de abril de 2018, escrito por Miguel Angel García Alzugaray, poeta, ensayista y por afición novelista, miembro de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, y del Consejo de Redacción de la Revista Legalidad, Derecho y Sociedad. En éste mes de abril se llevó a cabo en Lima, Perú, la VIII Cumbre de las Américas organizado por la OEA, donde Cuba fue excluida de  participar en el Foro de la Sociedad Civil. A raíz de la citada exclusión, el autor hace un análisis del rol que debe jugar una “Sociedad Civil”. Desde lo conceptual se trata del conjunto de organizaciones sociales formado por las instituciones cívicas de un país, y que de acuerdo al pensamiento marxista, definido ideológicamente, una sociedad civil no se contrapone al Estado, sino que trabaja en una relación orgánica con él. De allí se desprende la concepción burguesa del término, convirtiéndolo en un objeto de ideologización, politizándolo en contra de los principios socialistas. En los países capitalistas y del tercer mundo los movimientos sociales organizados son los que promueven las luchas y las protestas en la calle, como los movimientos por la liberación de la mujer, ecológicos, de solidaridad, en defensa de los derechos humanos, entre otros,  para contrarrestar la falencia del mercado para solucionar las necesidades básicas del conjunto de la población, y no poder garantizarle el bienestar para su propio desarrollo social. En el caso de Cuba la primera organización social de masas que se constituyó después del triunfo de la Revolución en el año 1959, precisamente para garantizar su defensa frente a las agresiones de los Estados Unidos, fueron los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). También fueron creados las milicias nacionales revolucionarias, y el ejército de alfabetizadores en el año 1961. Todas estas integradas por la “Sociedad Civil” de Cuba, por su población en armonía con el Estado y que no se contradicen con el proyecto revolucionario. El Estado socialista cubano reconoce y estimula las organizaciones sociales y de masas. En la actualidad su “Sociedad Civil” está integrada por más de 2200 organizaciones, que recientemente se reunieron en la Central de Trabajadores de Cuba, previo a la VIII Cumbre de las Américas. Allí acordaron declarar el rechazo a la presencia en Lima de ciudadanos mercenarios de origen cubano y de organizaciones al servicio de gobiernos extranjeros; solicitar el levantamiento del criminal bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba; la devolución incondicional del territorio ilegítimamente ocupado por la Base Naval de Guantánamo; repudiar la pretensión imperial de imponer nuevamente la tristemente célebre Doctrina Monroe; apoyar al pueblo y al gobierno de la República Bolivariana de Venezuela; hacer un llamado a respetar los principios de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz aprobados en la II Cumbre de la CELAC, en La Habana en enero de 2014. Todo esto es posible, porque la “Sociedad Civil” en Cuba sí representa al pueblo.

En el transcurso del posterior debate se destaca la participación activa de la sociedad cubana en la política de Estado, una de las características más destacadas del sistema socialista, que promueve precisamente la democracia participativa. Con respecto a la situación de Cuba frente a la Organización de Estados Americanos (OEA), recordamos que desde el triunfo de la Revolución, el 1º de enero de 1959, los cambios que se fueron implementando, como la reforma urbana y la reforma agraria no fueron del agrado del gobierno de los Estados Unidos, provocándose en abril de 1961 la invasión mercenaria por playa Girón y rechazada por el ejército cubano, siendo ésta la primer derrota del imperialismo en tierras de América Latina. A raíz de estos sucesos, los Estados Unidos implementan un mecanismo de ayuda económica denominado “Alianza para el Progreso”, para aquellos países de nuestro continente que no siguieran el ejemplo de la Revolución cubana. Este hecho fue denunciado por el Che el 8 de agosto de 1961 en la reunión de la OEA en punta del Este, Uruguay. Luego, el 31 de enero de 1962, durante la octava Reunión de Consulta de dicha organización regional, también celebrada en Punta del Este, Uruguay, Cuba es expulsada de la Organización de Estados Americanos (OEA) por "incompatibilidad con el Sistema Interamericano". Si bien es necesaria realizar la denuncia que Cuba fuera impedida de poder participar de la VIII Cumbre de las Américas en abril último en Lima, Perú, y organizada precisamente por la propia OEA, se debe tener en cuenta que foros de éste tipo sólo sirven para tratar de desprestigiar a Cuba y a su Revolución.

Por último se acordó abordar para el próximo Taller de lectura el texto: “El bicentenario de Carlos Marx y los desafíos del presente”, escrito por Olga Fernández Ríos (Licenciada en Historia, doctora en Ciencias Filosóficas, especializada en Filosofía y Teoría Política), publicado el 5 de mayo de 2018 en el blog “La pupila insomne”, del editor y periodista Iroel Sánchez Espinosa, destacado analista político cubano.


Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 12 de mayo de 2018

abril 30, 2018

Taller de Lectura 109 - Mayo de 2018


Taller de Lectura # 109-  Mayo de 2018

“En Cuba la sociedad civil sí representa al pueblo”

2 abril 2018 – Tomado de Cubadebate

Por Miguel Angel García Alzugaray (Poeta, ensayista y por aficción novelista, miembro de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, la ANCI y del Consejo de Redacción de la Revista Legalidad, Derecho y Sociedad).

El pasado 22 de marzo, los medios de comunicación nacionales e internacionales difundieron la noticia: la Asociación de Agricultores Pequeños (ANAP), que agrupa a más de 380 mil campesinos cubanos y los Comité de Defensa de la Revolución Cubana (CDR), la mayor organización de masas del país con más de ocho millones de ciudadanos miembros, fueron excluidos del Foro de la Sociedad Civil, convocado en la Cumbre de las Américas, a celebrarse en Perú el próximo mes de abril.

Si la legitimidad le viene dada a las organizaciones que integran la sociedad civil por representar a la mayoría del pueblo cubano, ¿cómo se puede entender esta alevosa medida de los organizadores del mencionado foro?

Al respecto, la activista social María del Carmen Barroso González, funcionaria del departamento de Relaciones Internacionales de la organización dijo ante esta provocadora decisión: “Esta es una exclusión injusta, arbitraria y selectiva de la ANAPP, cuyos asociados tienen la misión de producir alimentos para el pueblo de Cuba”.

Según esta mujer cubana, la exclusión se debe a que la ANAP “tiene la misión de denunciar lo que hoy está pasando en los campos del continente, donde se están apropiando de los recursos naturales que son de los pueblos, de la semilla, de las tierras, que se están asesinando líderes campesinos”.

Por su parte, Alfredo Pérez Alemany, especialista del Departamento de Relaciones Internacionales de los CDR, al denunciar el hecho aseguró que la organización envió las solicitudes con tiempo suficiente, pero no los aprobaron.

“Los CDR y la ANAP no fuimos aceptados por el comité organizador de la Cumbre, que no es más que la propia OEA, pero no nos amilana. Sabemos que no les conviene que los CDR estén allí, porque esa es la voz de más de 8 millones y medio de cubanas y cubanos que vivimos durante años enfrentados al imperialismo, a la OEA que es una organización que no tiene prestigio”, señaló.

Nada de esto debe extrañarnos, pues en 2015 alrededor de la Cumbre de las Américas en Panamá se desató también un intenso debate sobre la llamada “sociedad civil cubana” y la legitimidad de sus representantes. Casualmente sus instigadores eran los mismos: el gobierno norteamericano de turno y sus lacayos de la OEA.

Para profundizar en las motivaciones de lo ocurrido, considero oportuno realizar un breve análisis del alcance y contenido de la sociedad civil.

¿Qué se entiende con el término de Sociedad Civil?

La sociedad civil es un término con historia en el pensamiento político, filosófico y jurídico que se constituye por instituciones cívicas y sociales, así como organizaciones que dan forma a la fundación de una sociedad funcional.  En los círculos académicos se afirma que la presencia de una sociedad civil sólida es esencial para asegurar el desarrollo de un país.

En virtud de lo expuesto, a veces se consideran sinónimos los conceptos de organización no gubernamental y organización civil. En el sistema de Naciones Unidas, el concepto de organización no gubernamental (ONG) se ha definido de forma bastante genérica: toda organización sin ánimo de lucro que no sea gubernamental ni intergubernamental. En cambio, el término de Organización de la Sociedad Civil (OSC) es más amplio y contempla el ámbito en que los ciudadanos y los movimientos sociales se organizan en torno a determinados objetivos, grupos de personas, o temas de interés.

En las organizaciones de la sociedad civil tienen cabida tanto las ONG como las organizaciones populares- formales o informales- y otras categorías, como los medios de comunicación, las autoridades locales, y el mundo del arte, el deporte y las ciencias.

En los últimos tiempos, se aprecia un incremento del debate político filosófico en torno al binomio sociedad civil – Estado. Sin embargo, ocurre que no en todos los casos tiene idéntica significación, pues en dependencia de la corriente política y los puntos de vista que defienda el autor, será la interpretación para este concepto.

Este debate encuentra un espacio cada vez más importante en los medios alternativos de información y avanza en relación directa con la ampliación del acceso a estas tecnologías, las redes sociales e Internet.

Aunque algunos autores han rastreado el origen de esta expresión “sociedad civil” en la teoría política medieval e incluso en la Antigüedad, el término se convirtió en uno de los elementos básicos del pensamiento liberal.

Es necesario destacar que Marx defendió una relación dialéctica con la sociedad civil y la ubicó también en el ámbito de la economía, para resaltar las contradicciones presentes en toda “formación económico social” caracterizada por la lucha de clases, donde el Estado era un “producto” de este balance concebido no solo como el “administrador de los bienes sociales” (el gobierno), sino como el depositario del poder político de la clase dominante.

Las reflexiones de Marx permiten comprender que la categoría sociedad civil no es algo contrapuesto al Estado, sino es resultado de la relación orgánica con él.

Esto permite comprender que a una determinada sociedad civil le corresponde un determinado orden político, que no es más que la expresión oficial de la sociedad civil. La asimilación del concepto de sociedad civil define ideologías y objetivos políticos a veces diametralmente opuestos, con un impacto práctico en el quehacer político concreto.

 Las manipulaciones derechistas de la sociedad civil

Aunque el término fue empleado en el discurso político desde el siglo XVII, cayó en desuso en el pensamiento occidental a mediados del siglo XIX.

A pesar de que Antonio Gramsci, en los años 20 del pasado siglo, desarrolló la teoría marxista de la sociedad civil desde un punto de vista metódico, para ubicarlo dentro de lo que llamó el “bloque histórico” y resaltar el papel de la cultura, la ética y la ideología en las luchas hegemónicas y contra-hegemónicas, que han caracterizado la vida política contemporánea, no es hasta finales de la década del 70 del siglo XX, que vuelve a ser utilizado.

A partir de entonces, el término aparece en el debate actual de manera recurrente y semánticamente imprecisa, aplicándose como slogan político por las fuerzas más reaccionarias de la derecha, que manipulan y distorsionan su alcance y contenido bajo la proclama a viva voz de que hay que “salvar a la sociedad civil”, “recuperar la sociedad civil”, “reconstruir la sociedad civil”. Además, se presenta como la consigna de un supuesto movimiento revolucionario como las mal llamadas “primaveras árabes”, que ya sabemos provocaron nefastas consecuencias de destrucción y muerte en esas naciones.

En particular, en el discurso de los más diversos representantes de la ultraderecha norteamericana, el concepto de sociedad civil nada tiene que ver con la concepción de los inicios. De modo tal que resulta, para el lector común, un poco complejo encontrar la verdad cuando se emplea dicho término.

Los ideólogos burgueses manipulan el concepto y lo convierten en objeto de ideologización. Hoy se utiliza con fines ideopolíticos para socavar el socialismo y el orden legalmente constituido en los países con este sistema social.

Fundamentalmente en Cuba se emplea para fomentar la oposición al Estado y proponer el modo de vida capitalista e imperial como la mejor opción de desarrollo para cualquier pueblo. En ese contexto, la sociedad civil es la suma de mercenarios pagados y de todos aquellos que se oponen al socialismo.

Estados Unidos, a tono con el proyecto ideológico neoliberal, ha intentado equiparar, además, el concepto de sociedad civil con el american way of life y otorgarle “valores universales” vinculados a la “democracia” para justificar así su intervención en los asuntos internos de otros países.

Sociedad Civil y Tercer Mundo.

Los movimientos sociales progresistas reivindicaron la existencia de una sociedad civil organizada, frente al desmantelamiento de las instituciones populares tradicionales que trajo consigo la ofensiva neoliberal y encaminaron sus luchas políticas a partir de esta lógica, hasta transformar en varios casos la propia naturaleza de los gobiernos de sus países, especialmente en América Latina.

Así, se aprecia con nitidez en varios países de la región, el protagonismo de actores vinculados a los sectores más pobres, humillados y explotados de la sociedad, como la propone, desde posiciones de la Teología de la Liberación, el teólogo chileno Pablo Richard.

Tal hecho ha provocado la inserción en las sociedades civiles de estos países de un amplio y variado abanico de nuevos actores sociales: movimientos de liberación de la mujer, juveniles, ecológicos, ambientalistas, de solidaridad, de defensa de los derechos humanos, de educación popular, de cultura y arte popular, movimientos de pobladores y barriales, de indígenas, sindicatos y partidos políticos populares y de izquierda, a los que se suman también los movimientos progresistas, movimientos populares de génesis religiosa, las acciones de la prensa que, como parte de una cultura contestataria han participado en la lucha de clases contra regímenes dictatoriales y militares fascistas, encaminan sus esfuerzos a la creación y el fortalecimiento de poderes alternativos, revolucionarios y democrático-populares, a la educación política e ideológica de las masas, la formación de nuevos valores éticos y humanistas, y su movilización para transformar la realidad ideológica cotidiana en esos países.

Existen diversas razones por las cuales las OSC juegan un rol importante en las sociedades de los países del Tercer Mundo explotados por el capitalismo.

Entre estas razones se pueden identificar tres principales:

1.   Porque muchas veces el mercado no ofrece soluciones para atender todas las necesidades sociales, ni a todos los sectores de la población.
2.   Porque el estado, especialmente en países en vías de desarrollo (conocidos a veces como del Tercer Mundo) tiene limitaciones para garantizar el bienestar social.
3.   La sociedad civil debe ser partícipe de las estrategias para su propio desarrollo social.

Así las OSC dan voz a la sociedad y se convierten en medios para la defensa de derechos que de otra forma serían ignorados.

De este modo, en estos países las Organizaciones de la Sociedad Civil se convierten en un medio de integración social y un potenciador de las capacidades individuales y colectivas.

En el caso cubano, es conveniente recordar no solo los aspectos teóricos metodológicos anteriormente tratados, sino cómo ha ocurrido el proceso de la asociatividad en Cuba. En muchas ocasiones, la sociedad civil cubana se ha visto manipulada por el surgimiento de algunos disidentes organizados y financiados por gobiernos extranjeros opuestos al proyecto socialista cubano, que se consideran exponentes de nuestra sociedad civil hacia lo externo.

A partir de 1959 la sociedad cubana se organizó en función de la defensa de la Revolución frente a las agresiones de Estados Unidos. Tal estructuración de las masas populares fue un aporte cubano al movimiento revolucionario internacional y un factor indispensable para explicar su capacidad de resistencia a lo largo de medio siglo.

Si aceptamos que la sociedad civil explica la relación de los individuos con el poder político, es difícil negar que las milicias nacionales revolucionarias, el ejército de alfabetizadores de 1961 o la organización de los Comités de Defensa de la Revolución, no han sido formas de organización de la sociedad civil cubana, solo para señalar algunos ejemplos.

Está claro que se estructuró en simbiosis con el Estado revolucionario, concebido no como un poder autónomo del resto de la sociedad, sino como el depositario del poder popular.

En el plano jurídico, se puede resumir el desarrollo de la sociedad civil cubana a partir del triunfo de la Revolución de la forma siguiente:

Desde 1959 a 1976. Se promulgó la primera ley pos neocolonial acerca de las asociaciones. Surgieron otras disposiciones que benefician las amplias masas populares y aparecieron nuevas formas de asociatividad con carácter masivo que se identificaron y convirtieron en sujetos determinantes en la ejecución de las medidas de contenido social y económico, lo cual constituyó la base de la hegemonía del embrionario sistema político que se conformó condicionado por el aumento progresivo de la agresividad de Estados Unidos.
Desde 1976 hasta la Reforma Constitucional de 1992. Con la institucionalización del sistema político cubano se promulgó la Ley 1320 de 1976 que regula el derecho de asociación. Luego, con la aprobación de la Constitución Socialista se legalizó la incorporación de algunas organizaciones al ejercicio de actividad estatal, se traspasó el registro de Asociaciones al Ministerio de Justicia, y en 1986 se reinscribieron de oficio, todas las asociaciones registradas en ese momento.
De 1992 hasta 2010. En esta etapa varios hechos marcaron una mayor dinamización del sistema asociativo: la crisis económica y social del país en la década del 90, la reforma constitucional de 1992, el incremento por parte de EE.UU. de las medidas económicas y políticas para destruir el sistema político cubano y el reconocimiento político que le hace el V Pleno del Comité Central del PCC a la sociedad civil.

Así, en ocasión del V congreso del PCC, en 1996, la dirección política del país reconoció oficialmente la existencia de esas organizaciones no gubernamentales, atendiendo a la batalla política que se librara luego del derrumbe del campo socialista con las falsas impugnaciones de enemigos acérrimos a la Revolución que negaban la existencia de una sociedad civil en Cuba.

Al respecto, en el Informe que presentara el miembro del Buró Político y Segundo Secretario del Comité Central al V Pleno el compañero Raúl Castro Ruz, expresó: “Para nosotros, la Sociedad civil no es la que refieren en Estados Unidos, sino la nuestra, la Sociedad civil socialista cubana que componen nuestras potentes organizaciones de masas (CTC, CDR, FMC, ANAP, FEU, FEEM e incluso los pioneros), las sociales, que como es sabido agrupan entre otros a los combatientes de la Revolución, a economistas, juristas, periodistas, artistas y escritores, etc., así como otras ONGs que actúan dentro de la legalidad y no pretenden socavar el sistema económico, político y social libremente escogido por nuestro pueblo, a la vez que aun cuando tienen personalidad propia e incluso su lenguaje específico, junto al Estado revolucionario persiguen el objetivo común de construir el socialismo”

En estas definiciones queda claramente expresado que en el caso cubano para pertenecer a las mismas no se exige una filiación política, sin embargo, tienen la particularidad de que los propósitos no se contradicen con el proyecto revolucionario. Por tal razón el carácter no gubernamental de una organización no implica en modo alguno una actitud antigubernamental como es frecuente encontrar en otros países.

Complementariamente, se modificó el artículo 7 de la Constitución y las asociaciones alcanzan un nivel mayor de autonomía funcional.

Dicha norma establece que: “El Estado socialista cubano reconoce y estimula a las organizaciones de masas y sociales, surgidas en el proceso histórico de las luchas de nuestro pueblo, que agrupan en su seno a distintos sectores de la población, representan sus intereses específicos y los incorporan a las tareas de la edificación, consolidación y defensa de la sociedad socialista”.

Fue necesario este reconocimiento por su amplia membresía, representatividad y capacidad de movilización. El sistema político cubano garantiza a estas organizaciones no gubernamentales amplios poderes y capacidad prepositiva, de consulta, opinión, y decisión en el ejercicio de la Democracia participativa instituida por el orden constitucional vigente.

En la actualidad, la sociedad civil en Cuba está integrada por más de 2200 organizaciones sociales y de masas y las asociaciones científicas o técnicas, culturales y artísticas, deportivas, de amistad y solidaridad y cualesquiera otras que funcionan en virtud de la Ley de Asociaciones (Ley 54)

Entre las organizaciones sociales y de masas aparecen algunas de larga trayectoria, y otras surgieron al calor del triunfo revolucionario por la necesidad de brindar a amplios sectores de la población la posibilidad de convertirse en actores directos del proceso de cambios.

La sociedad civil cubana es parte indisoluble de la nación. Actúa en la conformación y enriquecimiento continuos de la identidad nacional y los valores patrios; participa plenamente en los procesos de desarrollo de la entidad cultural; y defiende los más sólidos principios e intereses de la Revolución y es, en su esencia, reflejo y encarnación de la espiritualidad del pueblo.

Un Foro en Defensa de los Pueblos de América

Como parte de la sociedad civil cubana, en La Habana se reunieron representantes de esas más de dos mil organizaciones y asociaciones y participaron en el II Foro de la Sociedad Civil Cubana Pensando Américas.

El encuentro, realizado en la sede de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) previo a la VIII Cumbre de las Américas, se organizó para conformar las propuestas y recomendaciones que los actores sociales de la Isla llevarán a Lima, Perú.

En el teatro del edificio de la CTC, se debatió sobre “Gobernabilidad Democrática frente a la Corrupción”, tema central de la cita peruana.

Organizaciones internacionales y regionales con representación en el país, estuvieron presentes en el intercambio, donde se reflexionó sobre los tres ejes temáticos que se debatirán el 10 y 11 de abril en Lima, “desde la visión de actores, organizaciones y movimientos sociales de la izquierda de nuestro continente”.

Este II Foro nacional dio continuidad al realizado en 2015, igualmente previo a la Cumbre de las Américas celebrada en Panamá, cita en la que Cuba participó por primera vez en este tipo de encuentros.

Al finalizar sus fructíferos debates, los actores sociales y las organizaciones de la sociedad civil cubana, en representación genuina del pueblo cubano, reunidos en el marco del II Foro “Pensando Américas” adoptaron la siguiente declaración:

“Respaldando plenamente las respectivas intervenciones de la vocera de la Coalición “Por un mundo inclusivo y respetuoso” y el jefe de la delegación cubana en el Diálogo Hemisférico, acordamos:

1- Rechazar inequívocamente la presencia en Lima, en el marco del proceso preparatorio del Foro de la Sociedad Civil de la VIII Cumbre de las Américas, de ciudadanos de origen cubano y organizaciones mercenarias al servicio de gobiernos e instituciones extranjeras, que no cuentan con reconocimiento y legitimidad alguna, que persiguen revertir el orden interno, el bienestar social y el sistema político que hemos elegido los cubanos de manera soberana y democrática.

2- Demandar al Gobierno de los Estados Unidos el levantamiento del criminal bloqueo económico, comercial y financiero impuesto desde hace más de 55 años contra el pueblo de Cuba, el cual constituye una violación de sus derechos humanos e impedimenta para la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible; así como la devolución incondicional del territorio que ilegalmente ocupa la Base Naval de Guantánamo.

3- Repudiar la pretensión imperial y de la oligarquía conservadora regional de imponer nuevamente los postulados de la tristemente célebre Doctrina Monroe y restaurar su hegemonía y el neoliberalismo que ha plagado de miseria a las naciones latinoamericanas y caribeñas.

4- Respaldar los principios y propósitos del Consenso de Nuestra América como guía práctica hacia la consolidación de un programa político en favor de las mayorías.

5- Denunciar todo intento  de agresión económica, política o militar contra cualquier nación latinoamericana y caribeña, así como la injerencia en sus asuntos internos por parte de gobiernos o instituciones, contrario a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y las normas del Derecho Internacional.

6- Apoyar expresamente al pueblo y gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, así como sus derechos a la libre autodeterminación y la independencia de elegir el sistema social para el bienestar de su nación.

7- Hacer un llamado a respetar los principios de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, aprobados en II Cumbre de la CELAC en La Habana, enero de 2014, como herramienta para alcanzar la estabilidad necesaria para hacer frente a la corrupción, erradicar la pobreza y la inequidad económica y social, y a alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible.

La Habana, 21 de marzo de 2018”

Conscientes de la importancia de lo expuesto, la delegación cubana alzará su voz en el Foro de la Sociedad Civil de la VIII Cumbre de las Américas prevista para abril en Lima, para defender una vez más el socialismo y sus conquistas.

Ello es posible, porque en Cuba la Sociedad Civil si representa al pueblo.