diciembre 31, 2024

Memorias del Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba - año 2024

 Memorias del Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba

 Año 2024

Actividades Realizadas

En el transcurso de este año se continuó con el Programa de Radio “Cuba y Nosotros” en la emisora popular y comunitaria Gente de Radio, los martes de 19 a 20 hs. y que se retransmite los jueves por la mañana. Este programa se comenzó a emitir el 6 de julio de 2004, y este año se cumplieron 20 años ininterrumpidos en el aire, emitiéndose además el 11 de junio el Programa N° 1.000. (un mil).

Se continuó con el Círculo de Lectura, un espacio de formación política que comenzó en el mes de mayo de 2009 y que en total, durante estos quince años, se han realizado 188 encuentros, los primeros sábados de cada mes.

Entre los meses de abril y octubre continuamos con el Ciclo de videos-debate y películas cubanas, una vez al mes, en el salón del quincho del sindicato SITRAJUR. Al finalizar el ciclo de éste año y como agradecimiento por facilitarnos el uso del Salón Cultural, ya desde el año 2018, desde el Grupo les hemos regalado cuatro Sillas Plásticas (Línea Verona Grande).

Blog del Grupo. Desde su inauguración, el 30 de mayo de 2005 nuestro compañero Víctor Rocchi mantiene permanentemente actualizada la página web del Grupo, en el blog:

http://baricuba.blogspot.com

El 08 de febrero fuimos con Alejandra Arminio a la casa de Lali Huerta, que nos ofreció una serie de programas radiales en formato ya digitalizado de un programa que ella hizo en Gente de Radio en la década de los noventa.

El 24 de marzo y en conmemoración del golpe cívico militar sufrido en nuestro país en 1976, se colaboró con la repintada de los pañuelos en la plaza del Centro Cívico. Un par de ellos representan a dos diplomáticos cubanos desaparecidos en Buenos Aires durante la dictadura: Crescencio Galañega Hernández y Jesús Cejas Arias.

El 05 de julio en el Salón del Concejo Deliberante de nuestro municipio dimos una charla sobre el Ché y su pensamiento político.

El 08 de junio, y en conmemoración del 95 aniversario del natalicio del Che, en el habitual video debate en el SITRAJUR, proyectamos: “Ché, un hombre de este mundo”.

Desde el Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, lamentamos mucho el fallecimiento de nuestro compañero de militancia y amigo Pancho De Haro, acaecido el 20 de junio.

En conmemoración del 98 aniversario del natalicio de Fidel Castro el 13 de agosto, en el programa de radio “Cuba y nosotros” le dedicamos todo el espacio a Fidel con audios de su propia interpretación, canciones dedicadas a él y textos publicados en los periódicos cubanos.

Entre los meses de agosto y septiembre desde el Grupo de Solidaridad con Cuba se dieron cuatro charlas en el Salón Cultural de “Incluyendo Bariloche”:

1.      “Cooperativismo, qué es y cómo funciona una cooperativa. Cooperativismo en Cuba”.

2.      “Un recorrido por la vida del Ché, y su pensamiento político”.

3.      “La Historia de la Revolución Cubana”.

4.      “José Martí y Nuestramérica”.

El 20 de octubre se conmemoró el día de la Cultura Cubana y se recordó el 31 aniversario de la formación de nuestro Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, que fuera creado en el año 1993.

En el programa “Latinoamérica Habla” del miércoles 23 de octubre de una y media hora de duración, que conduce nuestra compañera Alejandra Arminio en Gente de Radio, ella lo dedicó íntegro a José Martí haciendo un entretenido y agradable relato acerca de su vida y obra, acompañado de temas musicales de Sara González.

diciembre 09, 2024

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 188

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 188

Cuba: Uno de los peores escenarios en medio de la crisis electroenergética

Éste texto fue tomado el 25 de octubre de 2024 de “La Tizza”, una revista digital de Cuba que aspira a convertirse en plataforma de pensamiento para debatir el devenir del proyecto de la revolución cubana, su relación con las prácticas políticas del día, y sus futuros posibles.

Se refiere al colapso del Sistema Eléctrico Nacional ocurrido el pasado 18 de octubre, que se lo ha caracterizado como uno de los peores desenlaces en medio de la actual crisis electroenergética que vive la Isla, fue causado fundamentalmente por la falta suministro de combustible para mantener funcionando a las plantas generadoras de electricidad.

Es preciso entender las causas de la crisis energética, que debido a las políticas del bloqueo impuesto a Cuba por parte del gobierno de los Estados Unidos, han impedido en los últimos años contar con los financiamientos necesarios y la disponibilidad en tiempo y forma para conseguir el combustible.

Por otro lado las operaciones de persecución financiera de los barcos que transportan el combustible, así como la posibilidad de pagar ese combustible, han impedido un normal funcionamiento de la economía cubana.

A éstas políticas de asfixia debemos agregar otros factores que también inciden en la problemática que son un natural desgaste de sucesivas generaciones políticas, una tendencia a minimizar sus incidencias, un factor de desesperanza y desmovilización por parte de la población cubana, la ausencia de Fidel como líder de la Revolución lo cual también afecta al apoyo al gobierno actual.

Pero ante la necesidad de poder ver el cuadro completo, se debe tener en cuenta que no solo se trata del reciente “apagón total” sino que debido al acumulado sistemático de condiciones adversas para el pueblo desde el comienzo del bloqueo a partir del año 1960, se ha ido generando un gradual y progresivo descontento en la población, que si bien aún no ha alcanzado la masa crítica necesaria para desatar un estallido social colectivo, hay que estar muy atentos ya que de continuar ésta situación sí se podría dar.

Por otro lado hay que considerar que hoy una importante proporción de la población cubana están convencidos que existen posibilidades por parte de su gobierno revolucionario de que pueda ir sorteando las dificultades y de esta manera lograr la necesaria estabilidad.

Por parte del imperio hubo una especulación con respecto al natural deterioro de la gobernabilidad en Cuba debido a los enormes daños provocados a su economía, primero provocado por la pandemia del Covid19 en el verano del 2021 que privó a la isla de la necesaria afluencia de turismo, luego en el año 2022 por los daños causados debido al tremendo incendio que azotó a los principales depósitos de combustible ubicados en la ciudad de Matanzas donde dicho sea de paso el gobierno de los Estados Unidos tampoco aportó con ninguna ayuda, y luego en los años más recientes con los huracanes en el oriente de Cuba.

Hay que estar muy alerta ante todas estas controversias, ya que los sectores de derecha y ultraderecha contrarrevolucionaria dentro y fuera de Cuba están tratando de aprovechar la situación para provocar la desestabilización política en Cuba.

Hay fundamentalmente una complejidad histórica del momento actual que viene acumulando un creciente malestar en la población agravado por la agresión constante desde las redes sociales, proponiendo soluciones violentas ante ésta situación.

Finalmente, el texto concluye en una frase con un llamado a la solidaridad internacional, diciendo que: si cualquier persona de esos países siente como propio el dolor, la angustia y el sufrimiento de estos días en Cuba, si entiende que su deber es luchar y colocar esas demandas donde pueda hacerlo, es una contribución extraordinaria a la causa del pueblo cubano que, en este minuto, como hace mucho tiempo, es también la causa de los pueblos de la América Latina y el Caribe.

Durante el posterior debate se acordó que ésta nota es de carácter aclaratorio con un análisis objetivo y una crítica constructiva a la actual situación electroenergética en Cuba, con aportes positivos para encontrar los caminos de la remediación, teniendo en cuenta lo delicado del caso lo que claramente puede ser aprovechado por grupos de derecha y ultraderecha contrarrevolucionaria con la intención de provocar un caos y el desequilibrio en el gobierno mediante un estallido social.

Por ahora toda ésta problemática está controlada, defendida y respaldada por el gobierno cubano y la gran mayoría del pueblo que lo acompaña en la búsqueda de soluciones adecuadas, lo que garantiza la lealtad a la actual conducción del gobierno y al propio Partido Comunista de Cuba.

Sin desmerecer a los actuales dirigentes y líderes de la Revolución cubana, la enorme confianza que generó Fidel a lo largo de cinco décadas al frente de la conducción del país, hoy ha dejado una especie de vacío. Se comentó que el hecho de que Cuba sea una isla, representa condiciones especiales para su desenvolvimiento.

Por un  lado está situada al lado del imperio fascista y militar más poderoso del mundo a solo algo más de cien kilómetros de distancia en el mar, no se puede invadir por medios terrestres pero sí con diferentes tipos de embarcaciones, y por otro lado la dificultad para el envío de ayuda, lo cual también está fuertemente condicionado por el bloqueo como se explica en éste texto ante el envío de fueloil y diésel para el correcto funcionamiento de las centrales termoeléctricas.

Finalmente se puso a consideración el reciente hecho de que el gobierno de Cuba haya solicitado su ingreso a los BRICS, lo cual significa que ya puede ir contando con la ayuda de sus países miembros, como es el caso de la Federación Rusa.

Por último se decidió abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 04 de enero un texto tomado de Cubadebate de Rafael Acosta de Arriba, Una canción para la guerra y para la vida.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 07 de diciembre de 2024.

diciembre 05, 2024

Círculo de Lectura n° 188 – Diciembre de 2024

 Círculo de Lectura # 188  –  Diciembre de 2024

“Cuba: Uno de los peores escenarios en medio de la crisis electroenergética”

 25 de octubre de 2024 - La Tizza Cuba

https://medium.com/la-tiza/cuba-uno-de-los-peores-escenarios-en-medio-de-la-crisis-electroenerg%C3%A9tica-da21c027f752

 

Pasadas las 11 de la mañana del viernes 18 de octubre de 2024 se produjo el colapso del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) en Cuba. En pocas palabras, se traduce en un «apagón» que abarcó todo el país. Puede afirmarse que este constituye uno de los peores desenlaces en medio de la actual crisis electroenergética que vive la Isla.

 

Un día antes, en el horario de la tarde, circuló un mensaje del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en el cual anunciaba: «He orientado al primer ministro, Manuel Marrero Cruz, junto a directivos del Ministerio de Energía y Minas, informar al pueblo en comparecencia especial hoy, a las 8:30 p.m., sobre la situación de emergencia energética que atraviesa el país».

 

Dicha comparecencia se retrasó varias horas por «problemas técnicos». En ella se señaló a la falta de combustible como el factor que más incide en el déficit energético. Asimismo, se mencionaron otros dos: el estado de la infraestructura y el incremento de la demanda. Además, se abordaron las perspectivas de trabajo a corto, mediano y largo plazos en este rubro. A pesar de ejemplificarse la complejidad del escenario existente, el mensaje final –emitido por el primer ministro apenas unas horas antes del colapso del CEN– fue: «Ya están los pasos próximos que nos permitirán ir a una recuperación, y lo más rápido es el combustible (fuel oil y diésel) [con] que ya cuenta el país para estabilizar la compleja situación actual».

 

Si nos ponemos rigurosos, ninguna de las informaciones transmitidas en el espacio «justificaron» la emisión de este programa especial; así como la connotación mediática que se le dio.

 

Para ejemplificar el alcance de la crisis, ya existente en la noche del 17 de octubre, puede mencionarse que desde hace varios meses el sistema electroenergético cubano no logra satisfacer la demanda. El día 10 de octubre la máxima afectación por déficit en la capacidad de generación alcanzó los 1153 Megawatts (MW), el viernes 11 se amplió a 1467 MW, el sábado 12 llegó a los 1278 MW, el domingo 13 de octubre –sin coincidir con el denominado «horario pico»– se afectaron 1346 MW, el lunes 14 el déficit máximo alcanza los 1358 MW y para el martes 15 se eleva hasta los 1641 MW (Gráfico 1).

En los últimos meses, la demanda máxima en Cuba oscila entre los 3000 y los 3500 MW. Contrario a lo que pudiera considerarse, es equiparable con la de otros países del área que presentan índices poblacionales similares al de la Isla. Para ejemplificar: la República Dominicana, con una población que ya en este 2024 supera a la cubana, registró el pasado 26 de junio un récord de demanda (hasta ese momento) de 3662,27 MW; en Bolivia, con 11,3 millones de habitantes según los datos oficiales de población obtenidos en el Censo de marzo, se reflejó una demanda máxima de potencia en el Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) durante el mes de septiembre (día 25) de 1752,02 MW (aproximadamente, la mitad en comparación con Cuba); en el caso de Ecuador, país que supera a Cuba en unos siete millones de habitantes y hacia donde se ha producido un movimiento migratorio de cubanos y cubanas, la demanda ronda los 4000 MW y se ve impactado por un significativo déficit; y Haití, con cerca de once millones y medio de habitantes –país al cual muchos cubanos y cubanas se han dirigido a comprar productos y comercializarlos en la Isla luego–, demandaba en 2020 unos 500 MW [ello en un país en el cual el acceso a la electricidad (porcentaje de la población) se informó en 49, 3 % en 2022].

 

Causas: explicaciones y comprensiones

 

Como se mencionó, las principales causas de la crisis energética son:

 

la falta de combustible, el estado de la infraestructura y el incremento de la demanda. Las dos primeras, de manera particular, inciden en las salidas del sistema de las principales plantas generadoras.

 

Desde la perspectiva gubernamental, ambas reciben el impacto de la política de bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos a Cuba; la cual ha impedido en los últimos años contar con los financiamientos necesarios y la disponibilidad en tiempo y forma para conseguir el combustible.

 

No es solo cuestión de tener el dinero, sino de tenerlo a tiempo para pagarle a los proveedores y que llegue el combustible a las plantas generadoras de electricidad. Se debe considerar que cada barco que traslada combustibles a Cuba proporciona el suficiente para aproximadamente 10 días. Eso significa que hay que mantener y hacer los enlaces necesarios para que no se vea interrumpido el suministro a las centrales productoras de electricidad.

 

Los envíos han estado afectados en los últimos años, particularmente desde el segundo semestre de 2019. En el preámbulo de la pandemia de la Covid-19 se dificultaron más por la agudización de la política hostil norteamericana, que pudimos ver durante el mandato de Trump, política que se ha mantenido durante la administración de Biden.

 

En esas circunstancias, las operaciones de persecución financiera de los barcos de combustible y la posibilidad de pagar ese combustible, han impedido un normal funcionamiento de la economía cubana.

 

La política de asfixia y genocidio y su incremento se entiende no solo por la persecución financiera a esas transacciones para pagar a tiempo, sino porque la acción norteamericana también busca torpedear las principales fuentes de ingresos de la economía cubana. Un ejemplo: si se visualiza la composición de la economía cubana hace seis años, podemos observar que la venta de servicios profesionales –médicos, sobre todo– constituía una de las principales fuentes de ingresos. En este periodo ha caído significativamente la venta de servicios médicos (proveedores de recursos necesarios sobre todo orientados a la salud pública), así como el turismo, el cual ha sido desactivado o mermado por políticas públicas de migración como la Electronic System for Travel Authorization (ESTA). Se trata, en efecto, de un país que es objeto de un ataque planificado, quirúrgico y sistemático que no permite su funcionamiento en condiciones normales.

 

Por lo tanto, este pico de la crisis energética tiene que ver, durante los últimos meses, con la insuficiente capacidad financiera para contar con combustibles fósiles y con las piezas de repuesto y otros insumos básicos para poner en funcionamiento el Sistema Eléctrico Nacional, que hace apenas diez años tenía el doble de la capacidad actual (producto de la campaña dirigida por Fidel y conocida como «Revolución Energética»).

 

Es así que, a las 11:00 de la mañana del 18 de octubre, ese sistema fue a cero total. «Cero total» significa, en términos del suministro eléctrico, según los especialistas, una condición que es muy rara y es muy grave. Esto pone en evidencia la precariedad material en áreas claves que enfrenta el pueblo cubano.

 

Digamos que compartimos la perspectiva gubernamental, así como el diagnóstico sobre la responsabilidad que tiene en la actual crisis la política de asfixia estadounidense. No obstante, preguntémonos:

 

¿Se resuelve –y comprende por nuestra población– la crisis actual con la simple mención a la responsabilidad de dicha política de asfixia? No. Al menos cinco factores se conjugan:

 

El primero, un natural desgaste temporal. No es lo mismo enarbolar una consigna de resistencia, o de condena al imperialismo estadounidense, durante una década que por más de 65 años. Dicho desgaste se va acumulando con la irrupción de sucesivas generaciones políticas.

 

En segundo lugar, la complicidad entre varios actores –que se articulan por razones y desde enunciados diferentes– en disminuir el peso real y efectivo que continúa teniendo la política hostil de los Estados Unidos contra Cuba.

 

El tercero, la desesperanza y la desmovilización que son hijas de las crisis de larga duración. Ya son más de treinta años desde los inicios de los noventa.

 

Cuarto, el reto político que constituye dirigir un país con una práctica de liderazgo –el de Fidel Castro– que se dilató, cuando menos, casi medio siglo.

 

Y, finalmente, la afectación del prestigio, la legitimidad, el apoyo y la confianza que –por diversas causas– marca a la actual dirección nacional cubana en sus diferentes estructuras.

 

Necesidad de ver el cuadro completo

 

El asunto no se trata solo del apagón «total» y se debe ver el «cuadro completo»: las condiciones de hostilidad económica que han llevado a este momento. Esto es corolario de una política histórica puesta en práctica desde el 6 de marzo de 1960, cuando se plantea que la única manera previsible de lograr el derrocamiento de Fidel Castro y de la Revolución, es generar y mantener un curso de acción con medidas que provoquen la desafección al gobierno a partir de la desesperación en las personas. Es decir, la política de los Estados Unidos, enfocada en esta dirección, ha buscado y materializado medidas cuyas consecuencias lleven a un escenario como el actual, en el cual sea la desesperación de las personas la que solvente la protesta social contra un régimen legítimamente establecido.

 

En este plano, una cuestión evidente es que, al producir la destrucción progresiva y sistemática de las condiciones materiales de vida se pueden crear las circunstancias de posibilidad para que un tipo de convulsión social se manifieste.

 

Lo cierto es que hasta hoy eso no ha sucedido. Sí se han producido legítimas y puntuales expresiones de protestas en algunos lugares, que han trascendido y sido amplificadas utilitariamente por medio de las redes sociales reaccionarias.

 

Sin embargo, esto no ha logrado articularse en un tipo de convulsión social generalizada por un conjunto grande de factores: el primero de ellos es que, aun en esta difícil coyuntura, hay una importante proporción del pueblo cubano que tiene confianza en las posibilidades y en lo que pueda hacer el gobierno y el Estado cubanos.

 

Eso es importante y sigue siendo una fortaleza, pero no constituye un «cheque en blanco»: dicha confianza se fundamenta en que gobierno y Estado actúen, cada vez más, en representación de la Revolución.

 

De hecho, lo que se ha visto, pero que ha trascendido menos debido a los contextos de circulación de noticias falsas, son expresiones de organización popular en los barrios con el objetivo de ayudar a quienes se encuentran en condiciones más complejas, materializadas en caldosas y ollas colectivas y en la solidaridad de personas que, contando con generadores eléctricos o equipos de refrigeración, los han puesto a disposición de los demás.

 

No se está, por tanto, en un punto en que pueda ser inminente un tipo de convulsión social. No obstante, la agudización de las circunstancias, unidas a que no se aprecia en el horizonte la posibilidad de un cambio en la política norteamericana que permita hacer respirar a la economía cubana, hace muy difícil pensar en una mejoría rápida y real de las circunstancias vividas. Es un momento muy complejo y difícil, pero que no está en el punto de convulsión social. Para que esto se dé tienen que coincidir, al menos, «dos campos de posibilidad»:

 

Uno, las condiciones de orden material, es decir, la pauperización de la vida, que es lo que se ha intentado generar y que ahora evidencia un pico.

 

Dos, las condiciones de posibilidad desde el punto de vista subjetivo y cultural, es decir, la tensión psicológica que lleve a ese punto de desesperación. Este segundo campo de posibilidades no tiene masa crítica aún, sin embargo, hay que estar atentos pues el enemigo cuenta con más posibilidades y recursos para crear campañas en ese ámbito.

 

La gravedad de lo experimentado durante el pasado fin de semana consiste, no solo en el problema de las «personas que llevan muchas horas sin electricidad», sino en que es el escenario aspirado por los anticubanos para provocar algún tipo de ensayo de convulsión social, que termine o que le dé un golpe definitivo a la Revolución. El asunto, por tanto, es parte de las medidas que en los últimos años el imperialismo ha tomado contra la economía cubana, en la dirección de prefigurar escenarios como el que se está viviendo, configurando un virtual colapso del sistema. Política que, además, ha dado muestras de que el curso de acción es la no intervención (con el objetivo de dejar que la situación explote).

 

Esto fue lo que se experimentó, por ejemplo, en el verano de 2021 durante la pandemia de la Covid-19, cuando las principales plantas de producción de oxígeno medicinal del país se vieron interrumpidas por fallas, y que llevaron a la muerte de personas por falta de oxígeno, debido a que los Estados Unidos impidió la llegada a tiempo de las piezas y equipamiento necesario para echar a andar las plantas; lo que ocurrió en el verano del año 2022, mientras se quemaban los principales depósitos de combustible ubicados en la ciudad de Matanzas y en que el gobierno norteamericano no actuó teniendo las posibilidades de hacerlo; o en los últimos años, en el oriente de Cuba, con los huracanes y tormentas tropicales en que también se ha impedido acceder a financiamiento que contribuyan a mitigar las situaciones.

 

El contexto actual, entonces, da cuenta de un entramado de leyes y posiciones que hacen imposible el normal funcionamiento de la economía de cualquier país del mundo (ninguno ha estado tanto tiempo sometido a las condiciones de asfixia que posee Cuba).

 

A lo anterior se suma que este bloqueo se ha vuelto cada vez más clasista en su aplicación: mientras que por una parte impide al Estado cubano desempeñar su rol de distribución lo más justa posible y satisfacer las necesidades básicas de la población, por otro privilegia un incipiente sector privado que por su condición no tiene ni el propósito ni la vocación de satisfacer esas necesidades básicas, al menos, de la mayoría de la población.

 

Llamado a acciones y atenciones

 

En ese sentido, el llamado a las organizaciones sociales y políticas, y al movimiento popular de la América Latina y el Caribe, es a mantenerse atentos y a dimensionar la complejidad de la situación, comprendiendo las expresiones de descontento legítimo en algunos lugares del país. A su vez, es necesario entender de qué se trata y de dónde provienen estas situaciones, e identificar la responsabilidad histórica que tienen los gobernantes norteamericanos en estos eventos.

 

Además, se alerta de estar no solo atentos a la situación particular y nacional, sino a dilucidar cómo están jugando la derecha y la ultraderecha contrarrevolucionarias más allá de Cuba, las cuales intentan utilizar este momento para provocar condiciones de posibilidad y generar noticias que solventen y legitimen algún tipo de convulsión social, proyectada como el caldo de cultivo para cualquier otro tipo de acción más grave en el país. Esto no es una exageración retórica, sino que se fundamenta en las campañas de desinformación de prensa de Miami o Madrid, por ejemplo, en las cuales un pequeño grupo de la migración cubana se ha dedicado, durante estos días y de manera particular, a estimular a la población buscando este tipo de salida. Esta salida, desde una perspectiva histórica, encuentra sus orígenes en la política amparada en la aplicación de la Ley Helms-Burton –cuyo nombre original era Ley Bacardí–, una legislación norteamericana que desde el año 1996 contempla los pasos para una hipotética caída de la Revolución cubana y la cual fue promovida por una familia de emigrados cubanos cuyas propiedades les fueron expropiadas legítimamente.

 

Debemos tener en cuenta, entonces, el carácter histórico de la complejidad del momento actual, toda vez que los enemigos históricos y actuales así la reconocen, saben que han trabajado para ello y se preparan en función de eso, hacen sus llamados y copan las redes sociales y los medios informativos. Es decir, percatarse de los objetivos del imperialismo: por una parte, distorsionar la realidad, las causas y las responsabilidades; por la otra, buscar una salida violenta a la actual situación.

 

En ese plano, se necesita saber y socializar que hay en curso un intento de hacer desaparecer materialmente las condiciones de vida de una población y que se conozcan y se entiendan las causas de otros fenómenos asociados a este asunto primordial. También se necesita acompañamiento, pero un acompañamiento de verdad, solidario, que se expresa tanto en las declaraciones –porque hace falta que la gente sepa que Cuba no está sola– y también en la agencia de aquellos espacios que sí tienen condiciones de posibilidad real de hacer cosas: demandar, en instancias internacionales, la eliminación definitiva del bloqueo.

 

Este llamado a la solidaridad internacional se acompaña de un certeza: está claro que nadie puede luchar por nosotros mismos, que nadie puede hacer lo que nos corresponde a nosotros. Se trata de una lucha que data de varias generaciones. Lo aprendimos en carne propia, y también admirando la resistencia del pueblo palestino. Ahora el mundo habla de Palestina, pero los cubanos llevamos a Palestina en la sangre hace muchos años.

 

De ellos aprendimos a no pedir que se ocupe nuestro lugar en la lucha, pero que la solidaridad entre los pueblos sustituye cualquier relación entre Gobiernos. Nuestra América es una sola, y si una argentina, un chileno, una mexicana, un ecuatoriano (por no mencionar cualquiera de los otros 33 países de la región, comenzando por los países del Caribe que mantienen una actitud muy valiente, porque son islas pequeñísimas, tienen mucho que perder y han sido muy firmes y solidarias en relación con Cuba), si cualquier persona de esos países siente como propio el dolor, la angustia y el sufrimiento de estos días en Cuba, si entiende que su deber es luchar y colocar esas demandas donde pueda hacerlo, es una contribución extraordinaria a la causa del pueblo cubano que, en este minuto, como hace mucho tiempo, es también la causa de los pueblos de la América Latina y el Caribe.