septiembre 08, 2026

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 209.

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 209.

“Tres Héroes”

 

Este texto escrito por José Martí, fue tomado de su revista “La edad de oro”, que es un libro de cuentos dedicado a los niños de América publicado en julio de 1889, y considerada la mejor literatura para niños escrita en español: “Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo”. En él se refleja un proyecto con un fuerte basamento cultural de carácter emancipador, con el fin de preparar a los jóvenes para el ejercicio ciudadano cuando ellos sean mayores, considerando a la educación y la formación cultural como una inversión social a futuro. El cuento “Tres Héroes” se refiere a Simón Bolívar de Venezuela,   a José de San Martín del Río de la Plata y a Miguel Hidalgo de México, donde pone de manifiesto sus espíritus patrióticos, libertadores e independentistas de la colonia española. Lo aborda desde principios y valores éticos que todo niño debe incorporar, como el derecho a la libertad de ser honrado sin ocultar lo que piensa. Debe aprender a ver todo lo que sucede a su alrededor y luchar para poder vivir en un país justo y trabajar para que todos puedan ser honrados. Dice que a pesar de que haya muchos hombres sin decoro, siempre habrá otros que tienen el decoro de los demás y serán los que luchen para el bien de todos. Es el caso precisamente de estos tres hombres sagrados.

Al finalizar la lectura compartida, en el posterior debate nos llaman la atención unas frases de José Martí, por ejemplo, cuando dice: Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado, nos recuerda que se decía del Ché, que decía todo lo que pensaba y hacía todo lo que decía, lo que significa que tenía honestidad intelectual, era coherente consigo mismo. Una persona honesta que no oculta lo que piensa será confiable y con características de liderazgo. Otra frase de Martí: Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres, lo asociamos al ejemplo de Simón Bolívar cuando dice que hay hombres que no se cansan, cuando su pueblo se cansa, y que se deciden a la guerra antes que los pueblos. Otra frase: El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz, nos recuerda aquellos que critican las iniciativas ajenas sin considerar los resultados positivos. Los tres Héroes del cuento fueron verdaderos patriotas e independentistas, que no buscaban beneficios personales. Bolívar murió pobre, Hidalgo fue asesinado y San Martín murió triste en brazos de su hija Mercedes, pero sus pueblos fueron libres. Valoramos la importancia de conocer nuestra historia para defender como pueblo las conquistas alcanzadas, recordando a José Martí cuando decía que para ser libres debíamos ser cultos.

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura, del sábado 03 de octubre, un texto tomado de Granma, *“Fidel, hacedor de sueños y proezas”.*

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 05 de septiembre de 2026.

septiembre 03, 2026

Círculo de Lectura # 209 – Septiembre de 2026

 Círculo de Lectura #  209  –  Septiembre de 2026

“Tres Héroes”

Tomado del libro de José Martí: “La Edad de Oro”.

•        Bolívar, de Venezuela

•        San Martín, del Río de la Plata

•        Hidalgo, de México

José Martí fue uno de los más grandes poetas americanos, y el gran héroe de la independencia cubana, donde se lo conoce y venera como el Apóstol. Nació en La Habana en 1853 y vivió en España entre 1871 y 1874, deportado a raíz de sus ideas políticas. Se dedicó a la poesía desde muy joven. A la vez, estudió en Zaragoza Derecho y Filosofía y Letras. Residió posteriormente en México desde 1874 a 1877. Vivió en Guatemala poco tiempo y regresó a México donde contrajo matrimonio y tuvo un hijo, a quien plasmó en sus poesías que llevan su nombre, Ismaelillo. En su prolongado destierro vivió en Caracas y luego residió en Nueva York, donde trabajó como traductor de una editorial y colaboró con varios diarios y revistas, entre ellos La Nación de Buenos Aires.

En 1889 publicó La Edad de Oro, su revista para niños. En 1892 fundó el Partido Revolucionario Cubano y se dedicó a esta causa en México, Santo Domingo y otros países. En 1895 estalló la Revolución, y se entablaron luchas en la Isla, adonde habían desembarcado las fuerzas; en un enfrentamiento, en el Combate de Dos Ríos, José Martí perdió la vida, en 1895, a los 42 años de edad. Su literatura es de una gran sencillez y ternura, con un excelente manejo del vocabulario castellano. Fue un escritor que representó la transición americana entre el romanticismo y el modernismo literarios. Pero el modernismo de José Martí se opone a la literatura cargada de artificios de su época.

Cuentan que un viajero llegó un día a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba a donde estaba la estatua de Bolívar. Y cuentan que el viajero, solo con los árboles altos y olorosos de la plaza, lloraba frente a la estatua, que parecía que se movía, como un padre cuando se le acerca un hijo. El viajero hizo bien, porque todos los americanos deben querer a Bolívar como a un padre. A Bolívar, y a todos los que pelearon como él porque la América fuese del hombre americano. A todos: al héroe famoso, y al último soldado, que es un héroe desconocido. Hasta hermosos de cuerpo se vuelven los hombres que pelean por ver libre a su patria.

Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía. En América no se podía ser honrado, ni pensar ni hablar. Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado. Un hombre que obedece a un mal gobierno, sin trabajar para que el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado. Un hombre que se conforma con obedecer a leyes injustas, y permite que pisen el país en que nació, los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado. El niño, desde que puede pensar, debe pensar en todo lo que ve, debe padecer por todos los que no pueden vivir con honradez, debe trabajar porque puedan ser honrados todos los hombres, y debe ser un hombre honrado. El niño que no piensa en lo que sucede a su alrededor, y se contenta con vivir, sin saber si vive honradamente, es como un hombre que vive del trabajo de un bribón, y está en camino de ser bribón. Hay hombres que son peores que las bestias, porque las bestias necesitan ser libres para vivir dichosas: el elefante no quiere tener hijos cuando vive preso: la llama del Perú se echa en la tierra y se muere, cuando el indio le habla con rudeza, o le pone más carga de la que puede soportar. El hombre debe ser, por lo menos, tan decoroso como el elefante y como la llama. En América se vivía antes de la libertad como la llama que tiene mucha carga encima. Era necesario quitarse la carga, o morir.

Hay hombres que viven contentos, aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor. En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados. Estos tres hombres son sagrados: Bolívar, de Venezuela; San Martín, del Río de la Plata; Hidalgo, de México. Se les deben perdonar sus errores, porque el bien que hicieron fue más que sus faltas. Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz.

 

Simón Bolívar, libertador suramericano nacido en Caracas, Venezuela

Bolívar era pequeño de cuerpo. Los ojos le relampagueaban, y las palabras se le salían de los labios. Parecía como si estuviera esperando siempre la hora de montar a caballo. Era su país, su país oprimido que le pesaba en el corazón, y no le dejaba vivir en paz. La América entera estaba como despertando. Un hombre solo no vale nunca más que un pueblo entero; pero hay hombres que no se cansan, cuando su pueblo se cansa, y que se deciden a la guerra antes que los pueblos, porque no tienen que consultar a nadie más que a sí mismos, y los pueblos tienen muchos hombres, y no pueden consultarse tan pronto. Ese fue el mérito de Bolívar, que no se cansó de pelear por la libertad de Venezuela, cuando parecía que Venezuela se cansaba. Lo habían derrotado los españoles: lo habían echado del país. Él se fue a una isla, a ver su tierra de cerca, a pensar en su tierra.

Un negro generoso lo ayudó cuando ya no lo quería ayudar nadie. Volvió un día a pelear, con trescientos héroes, con los trescientos libertadores. Libertó a Venezuela. Liberto a la Nueva Granada (Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela). Libertó al Ecuador. Libertó al Perú. Fundó una nación nueva, la nación de Bolivia. Ganó batallas sublimes con soldados descalzos y medios desnudos. Todo se estremecía y se llenaba de luz a su alrededor. Los generales peleaban a su lado con valor sobrenatural. Era un ejército de jóvenes. Jamás se peleó tanto, ni se peleó mejor, en el mundo por la libertad. Bolívar no defendió con tanto fuego el derecho de los hombres a gobernarse por sí mismos, como el derecho de América a ser libre. Los envidiosos exageraron sus defectos. Bolívar murió de pesar del corazón, más que de mal del cuerpo, en la casa de un español en Santa Marta. Murió pobre, y dejo una familia de pueblos.

 

El Padre Hidalgo de México

México tenía mujeres y hombres valerosos, que no eran muchos, pero valían por muchos: media docena de hombres y una mujer preparaban el modo de hacer libre a su país. Eran unos cuantos jóvenes valientes, el esposo de una mujer liberal, y un cura de pueblo que quería mucho a los indios, un cura de sesenta años. Desde niño fue el cura Hidalgo de la raza buena, de los que quieren saber. Los que no quieren saber son de la raza mala. Hidalgo sabía francés, que entonces era cosa de mérito, porque lo sabían pocos. Leyó los libros de los filósofos del siglo XVIII, que explicaron el derecho del hombre a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía. Vio a los negros esclavos, y se llenó de horror. Vio maltratar a los indios, que son tan mansos y generosos, y se sentó entre ellos como un hermano viejo, a enseñarles las artes finas que el indio aprende bien: la música, que consuela; la cría del gusano, que da la seda; la cría de la abeja, que da miel. Tenía fuego en sí, y le gustaba fabricar: creó hornos para cocer los ladrillos. Le veían lucir mucho de cuando en cuando los ojos verdes. Todos decían que hablaba muy bien, que sabía mucho nuevo, que daba muchas limosnas el señor cura del pueblo de Dolores. Decían que iba a la ciudad de Querétaro una que otra vez, a hablar con unos cuantos valientes y con el marido de una buena señora. Un traidor le dijo a un comandante español que los amigos de Querétaro trataban de hacer a México libre. El cura montó a caballo, con todo su pueblo, que lo quería como a su corazón; se le fueron juntando los caporales y los sirvientes de las haciendas, que eran la caballería; los indios iban a pie, con palos y flechas, o con hondas y lanzas. Se le unió un regimiento y tomó un convoy de pólvora que iba para los españoles. Entró triunfante en Celaya, con músicas y vivas. Al otro día juntó el Ayuntamiento, lo hicieron general, y empezó un pueblo a nacer. El fabricó lanzas y granadas de mano. Él dijo discursos que dan calor y echan chispas, como decía un caporal de las haciendas. El declaró libres a los negros. Él les devolvió sus tierras a los indios. Él publicó un periódico que llamó El Despertador Americano. Ganó y perdió batallas. Un día se le juntaban siete mil indios con flechas, y al otro día lo dejaban solo. La mala gente quería ir con él para robar en los pueblos y para vengarse de los españoles. Él les avisaba a los jefes españoles que, si los vencía en la batalla que iba a darle, los recibiría en su casa como amigos. ¡Eso es ser grande! Se atrevió a ser magnánimo, sin miedo a que lo abandonase la soldadesca, que quería que fuese cruel. Su compañero Allende tuvo celos de él; y él le cedió el mando a Allende. Iban juntos buscando amparo en su derrota cuando los españoles les cayeron encima. A Hidalgo le quitaron uno a uno, como para ofenderlo, los vestidos de sacerdote. Lo sacaron detrás de una tapia, y le dispararon los tiros de muerte a la cabeza. Cayó vivo, revuelto en la sangre, y en el suelo lo acabaron de matar. Le cortaron la cabeza y la colgaron en una jaula, en la Alhóndiga misma de Granaditas, donde tuvo su gobierno. Enterraron los cadáveres descabezados. Pero México es libre.

José de San Martín, Libertador de Argentina y Chile

San Martín fue el libertador del sur, el padre de la República Argentina, el padre de Chile. Sus padres eran españoles, y a él lo mandaron a España para que fuese militar del rey. Cuando Napoleón entró en España con su ejército, para quitarles a los españoles la libertad, los españoles todos pelearon contra Napoleón: pelearon los viejos, las mujeres, los niños; un niño valiente, un catalancito, hizo huir una noche a una compañía, disparándole tiros y más tiros desde un rincón del monte: al niño lo encontraron muerto, muerto de hambre y de frío; pero tenía en la cara como una luz, y sonreía, como si estuviese contento. San Martín peleó muy bien en la batalla de Bailen, y lo hicieron teniente coronel. Hablaba poco: parecía de acero: miraba como un águila: nadie lo desobedecía: su caballo iba y venía por el campo de pelea, como el rayo por el aire. En cuanto supo que América peleaba para hacerse libre, vino a América: ¿qué le importaba perder su carrera, si iba a cumplir con su deber?: llegó a Buenos Aires; no dijo discursos: levantó un escuadrón de caballería: en San Lorenzo fue su primera batalla: sable en mano se fue San Martín detrás de los españoles, que venían muy seguros, tocando el tambor, y se quedaron sin tambor, sin cañones y sin bandera. En los otros pueblos de América los españoles iban venciendo: a Bolívar lo había echado Morillo el cruel de Venezuela: Hidalgo estaba muerto: O'Higgins salió huyendo de Chile; pero donde estaba San Martín siguió siendo libre la América. Hay hombres así, que no pueden ver esclavitud. San Martín no podía; y se fue a libertar a Chile y al Perú. En diez y ocho días cruzo con su ejército los Andes altísimos y fríos: iban los hombres como por el cielo, hambrientos, sedientos; abajo, muy abajo, los árboles parecían yerba, los torrentes rugían como leones. San Martín se encuentra al ejército español y lo deshace en la batalla de Maipo, lo derrota para siempre en la batalla de Chacabuco. Liberta a Chile. Se embarca con su tropa, y va a libertar el Perú. Pero en el Perú estaba Bolívar, y San Martín le cede la gloria. Se fue a Europa triste, y murió en brazos de su hija Mercedes. Escribió su testamento en una cuartilla de papel, como si fuera el parte de una batalla. Le habían regalado el estandarte que el conquistador Pizarro trajo hace cuatro siglos, y él le regaló el estandarte en el testamento al Perú. Un escultor es admirable, porque saca una figura de la piedra bruta: pero esos hombres que hacen pueblos son como más que hombres. Quisieron algunas veces lo que no debían querer; pero ¿que no le perdonará un hijo su padre? El corazón se llena de ternura al pensar en esos gigantescos fundadores. Esos son héroes; los que pelean para hacer a los pueblos libres, o los que padecen en pobreza y desgracia por defender una gran verdad. Los que pelean por la ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mando, por quitarle a otro pueblo sus tierras, no son héroes, sino criminales.