A
raíz de la cuarentena ordenada por nuestro gobierno ante la pandemia causada
por el nuevo coronavirus, por lo que no podremos juntarnos para realizar
nuestro acostumbrado Taller de Lectura, hemos decidido hacerlo en forma virtual
cada uno y cada una en nuestras casas junto a nuestra familia para luego enviar
por mail o por whatsapp nuestro comentario a modo de debate colectivo y una
evaluación final acerca de la interpretación del texto leído. Para ello hemos
elegido una publicación corta, de solo dos páginas, para facilitar su lectura
tanto en el celular como en la computadora.
“La cultura del odio”

25 de Mayo 245 - S. C. de Bariloche (RN) Argentina Tel.: 54 294 4422 569 maxischnee@gmail.com Actividades Videos debate en varios sitios (ver las entradas). Círculo de lectura: todos los primeros sábados del mes.. Radios: “Cuba y Nosotros” FM 90.3 “Gente de Radio” www.fmgentederadio.caster.fm Martes de 19 a 20 hs (repite jueves 12 a 13 hs.) En Internet: http://baricuba.blogspot.com - Facebook: Brigadas-A-CUBA-desde-Patagonia
marzo 29, 2020
marzo 10, 2020
Taller de Lectura n° 132 - Abril de 2020 - Fue cambiado por la pandemia
Fidel Castro: “Maestro, la Cuba que soñaste
está siendo convertida en realidad”
Por:
Fidel Castro Ruz
27
enero 2020 – Tomado de Cubadebate
Discurso
pronunciado en la Cena Martiana ofrecida por el Instituto Nacional de Ahorro y
Vivienda, 27 de enero de 1960.
Señoras
madres y familiares de los caídos por la libertad;
Señoras
y señores:
Quiso
la compañera Pastorita Núñez asignarme este honroso cuanto difícil honor de
hablar esta noche tan martiana y tan cubana, para conmemorar el primer
aniversario de Cuba revolucionaria, porque el anterior fue el primer
aniversario en Cuba libre y este es el primer aniversario en una Cuba
revolucionaria, porque el día 1ro de enero alcanzamos la libertad para comenzar
la Revolución.
Nuestro
pensamiento se remonta a aquel día, afortunado para nuestra patria, del año
1853 en que nació el apóstol Martí. Ciento siete años han transcurrido.
Toda la
vida de aquel hombre extraordinario que cayó en Dos Ríos después de dedicar su
pensamiento y su energía, casi desde niño, a la causa de la libertad de su
patria; toda una vida, no solo de aquella generación, sino de varias
generaciones; 107 años de sacrificio de nuestro pueblo, porque la importancia
de aquella fecha es que de nuestro pueblo surgió aquel hombre que habría algún
día de señalar con claridad meridiana el camino a seguir.
Junto
con él lucharon los cubanos de su generación y las generaciones que vinieron
después; 107 años de lucha se dice muy fácilmente, pero 107 años son largos años
y lo que se inició a mediados del pasado siglo empieza, recién ahora, a
culminar y aún puede decirse que estamos empezando.
Estamos
empezando a cosechar los frutos y a defender los frutos, porque no quiere decir
esta alegría —esta alegría tan sana y tan cubana—, no quiere decir que vivamos
en la ilusión de que los años de esfuerzo y de sacrificio han terminado.
La
alegría de hoy es la alegría de un pueblo que después de un siglo se siente por
primera vez absolutamente dueño de su voluntad y de su destino, de su destino
para comenzar a hacer la obra que soñaron nuestros fundadores, para comenzar a
hacer realidad lo que en la mente de aquellos hombres fue un ideal, fue un
hermoso sueño, porque lucharon para un fin, lucharon para conquistar la
autodeterminación del pueblo, a fin de que ese pueblo libre pudiera realizar
una obra.
Y
así, desde los primeros que cayeron a mediados de siglo, y los primeros que
cayeron en 1868 o en 1895 o en cualquiera de las tantas batallas y escaramuzas
que se libraron en la colonia y en el presente siglo, fueron batallas que se
libraron por un gran objetivo, el cual aquellas generaciones que se
sacrificaron no tuvieron la oportunidad de ver realizado.
Cayeron
muchos en la lucha, otros tuvieron que afrontar, más de una vez, el amargo
sabor de la adversidad. ¡Qué lejos estuvieron los que tal vez se alzaron en
armas con la idea de que transcurrida la guerra, siempre dura y siempre amarga,
algún día podrían ver realizados, en la patria libre, los postulados que dieron
fuerza a los brazos de nuestros primeros mambises! ¡Cuántas ilusiones, nos
preguntamos, bajaron a la tumba con aquellos que la albergaron, cuántos sueños,
desde Céspedes, Agramonte, hasta los últimos que cayeron en las horas postreras
de esta guerra, que fue la última guerra de independencia plena de la nación
cubana!
¡Cuántos
bajaron a las tumbas y cuántos vieron transcurrir los años en impaciente
espera, y cuántos incluso tal vez perdieron sus ilusiones en el camino! ¡Cuántos perdieron sus esperanzas, porque hay
que pensar y meditar que un pueblo que luchó con tesón inigualado, tuvo que
vivir en cada uno de sus hijos buenos la amargura de no ver convertidos en
realidad aquellos sueños y sumando el dolor de cada uno de ellos, ha sido el
dolor de millones de seres humanos durante un siglo!
Ese
terrible dolor y esa dura experiencia y esa dura tristeza en que se vive cuando
tenemos que compartir la frustración de un ideal, como vivieron nuestros
antepasados y como vivieron generaciones enteras, para que fuese esta generación
actual, la generación que tuviese el privilegio de empezar a hacer lo que ellos
ni siquiera tuvieron la oportunidad de empezar, porque empezaron varias guerras
por alcanzar esa oportunidad y no la lograron.
Ha sido
esta generación, la generación que alcanzó la oportunidad, no por su esfuerzo,
sino porque fue el esfuerzo que se sumó al esfuerzo de todas las anteriores,
porque ningún sacrificio fue inútil, ya que desde el primer cubano que cayó,
hasta el último, pusieron su “grano de arena” para que esta generación tuviera
la oportunidad.
Y esta
generación, que es la Generación del Centenario del Apóstol, porque fue en el
Año del Centenario donde se inició la lucha, que después de varios años habría
de concluir en esta oportunidad que tiene hoy, esta Generación del Centenario
puede decir al fin, que tiene en sus manos los destinos de la patria que no
tuvieron las generaciones anteriores, porque fuerzas más poderosas que la suma
de todos los heroísmos y sacrificios de nuestro pueblo impidieron a las pasadas
generaciones esa oportunidad.
Por
primera vez es el pueblo dueño de sus destinos, y lo que hagamos ahora de
nosotros depende; el triunfo definitivo de nosotros depende, porque en nosotros
está la fuerza para llevarla adelante o la debilidad que la haga fracasar.
En
nosotros ha de estar la virtud que permita llevar felizmente adelante el
propósito que nos hemos impuesto o estarían los vicios que nos hicieran
fracasar; en nosotros ha de estar el valor que permita el triunfo definitivo o
la cobardía que haga posible el fracaso definitivo.
En
nosotros pues, en esta generación que ha sido afortunada en la oportunidad,
está también la tremenda responsabilidad, porque de las filas del pueblo salen
los conductores, de las filas del pueblo salen los héroes, de las filas del
pueblo salen los valientes, de las filas del pueblo surgen las fuerzas que
puedan permitir el triunfo de un pueblo, como de las filas surgen también
—infortunadamente— los traidores o los desertores, y surgen los de poca fe, y
surgen los cobardes. Que nosotros hoy sí
podemos decir de una vez que en nuestras manos está nuestro destino; y de
nuestro pueblo, solo de nuestro pueblo, dependerá que la oportunidad sea una
oportunidad para el triunfo definitivo.
Con
esto señalo la realidad, y la realidad de que, a la larga, sea mucho mayor la
suma de valor, la suma de fe, la suma de sacrificio y de heroísmo, sobre la
suma de cobardía, de deslealtad o de debilidad de otros, para que pensemos en
esta tarea honrosa, pero difícil, porque a los débiles de adentro, a los
traidores de adentro, a los cobardes de adentro, a los corrompidos de adentro,
hay que sumar los corrompidos de afuera, hay que sumar el poderío de los de
afuera, hay que sumar el esfuerzo que contra la Revolución hacen los de afuera.
A los buenos de adentro los acompaña la solidaridad y la simpatía de todos los
buenos de afuera.
¿Por
qué tenemos fe? ¿Por qué tenemos confianza? Tenemos confianza porque los
cubanos buenos son abrumadora mayoría sobre los cubanos malos; porque los
valientes, los cubanos valientes, y los cubanos virtuosos, los cubanos
generosos, los cubanos entusiastas, son, constituyen, abrumadora mayoría sobre
los cubanos egoístas o cobardes, o sietemesinos, como llamaba Martí a los
hombres que no tenían fe en su pueblo.
Por
eso, porque contamos con un pueblo semejante, en que hay una proporción de
virtud tan extraordinariamente mayoritaria, es por lo que creo que esta
generación aprovechará la oportunidad que le brinda el destino de la nación
para culminar en la victoria definitiva.
Y
es que la virtud ha crecido en nuestro pueblo, porque si estudiáramos el
pasado, nos encontraríamos que los hombres que encendieron la chispa de la
libertad, los hombres que encendieron la llama del patriotismo, eran entonces
una exigua minoría; los pioneros de nuestra patria fueron minoría y durante un
tiempo considerable los hombres verdaderamente patriotas fueron minoría.
Y
gracias al ejemplo bueno, y a pesar del ejemplo malo; gracias a que el
pensamiento y la luz a la larga se imponen; gracias a que la verdad siempre,
más tarde o más temprano, la verdad que se escribe con sangre de pueblo,
triunfa.
Gracias
al ejemplo de los buenos, gracias a la prédica de los fundadores, entre los
cuales el primero fue aquel hombre cuyo nacimiento, hace 107 años, conmemoramos
hoy.
Gracias
a esa prédica que era ignorada en un principio, porque los versos, como los
pensamientos, como los escritos, como las proclamas, como los discursos de
Martí, que hoy son familiares para todos nosotros, fueron al principio del
conocimiento reducido de un círculo de amigos o de compatriotas que tuvieron el
privilegio de leerlos o escucharlos, porque en medio de la censura y de la
opresión, aquellas ideas no podían divulgarse, e incluso, en los inicios de la
república, el pensamiento y la prédica de Martí no se conocía sino por una
minoría, y fue en el transcurso del presente siglo cuando nuestro pueblo pudo
ir, paso a paso, conociendo aquella filosofía política, aquel pensamiento
profundamente humano de nuestro Apóstol, y para que se vea el valor de las
ideas y la verdad de aquel pensamiento que decía que “trincheras de ideas
valían más que trincheras de piedra”; esas ideas, influyendo sobre nuestro
pueblo en la medida en que se iban divulgando, y a pesar de la frustración de
nuestra república, a pesar de lo mucho que aquel pensamiento había sido
prostituido en labios de hipócritas, en labios de malos cubanos, que miles, tal
vez millones de veces evocaron en medio de la ignominia, y hasta del crimen, el
pensamiento y el nombre del Apóstol; a pesar de esas adversas circunstancias,
el conocimiento que en la historia falseada de nuestra patria pudieron ir
sacando las generaciones presentes, del conocimiento que de los libros escasos
fue extrayendo nuestro pueblo, de aquella fe que alimentó siempre a nuestra
juventud y que surgió de la lectura de los libros de Martí, de los versos de
Martí, algunos de los cuales nos hacían ya recitar desde niños, a los que
tuvimos el privilegio de ir a las escuelas; la influencia de ese pensamiento
fue tan definitiva que de otra manera no podría explicarse esta realidad que a
pesar de la mentira de una historia falseada, de una política falseada y
corrompida, de una prédica diaria, que era una prédica mercantilista, de
aquellos escritos donde parecía que el propósito no era decir la verdad, sino
ocultar la verdad, a pesar de todo el tóxico que se sembró en nuestra nación,
porque la gran realidad es que había un sistema por entero dedicado a dirigir
la mente de nuestros conciudadanos en el sentido que más convenía a
determinados intereses y que la influencia cultural que recibíamos era tan
evidentemente antinacional y anticubana, que los cubanos hemos vivido bajo
influencias extrañas que por todos los medios; desde los libros de texto
falseados por los farsantes, por los entreguistas y por los cobardes, hasta la
mayor parte de la literatura y de los medios de divulgación que llegaban a
nosotros, eran de procedencia extraña, e iban contra lo nacional, contra lo
cubano; porque era todo un sistema influyendo sobre la mentalidad y hay
mentiras, hay mentiras que nos hicieron creer de muchachos, que de mayores nos
avergüenzan y nos indignan; hay verdades que hoy nuestro pueblo ve con tal
claridad, que pensar en aquel pasado fraudulento, hipócrita y mentiroso, nos
avergüenza.
Y
a pesar de esa influencia, sin embargo, nos encontramos que las virtudes de
nuestro pueblo fueron creciendo, y nos encontramos que en nuestro pueblo había
fuerzas suficientes para librarnos de las ataduras poderosas que realmente
mantenían a nuestro pueblo sumido a una política y a unos procedimientos que
eran los más opuestos a sus intereses.
Y
así, ¿por qué se pudo llevar adelante la última guerra libertadora? ¿Por qué se
pudo alcanzar la victoria? ¿Por qué avanza la Revolución? Se logró todo porque
había virtudes en nuestro pueblo, y esas virtudes fueron el fruto de las
semillas que sembraron los fundadores de nuestra república; de la semilla, de
la abundante semilla que sembró nuestro apóstol José Martí.
Porque
ese amor acendrado a la libertad, esa prédica constante de dignidad, ese
sentido humano del pensamiento martiano; ese odio a la tiranía, ese odio al
vicio, ese odio a la esclavitud que le hizo decir: “Sin Patria, pero sin amo”,
sin patria, pero sin amo, es decir, preferir la muerte a tener un amo…
Esa
prédica fue la que nutrió el espíritu rebelde y heroico de nuestro pueblo, que
allá en Santiago de Cuba, junto a la tumba de Martí, en el Año del Centenario,
ofrendó la vida de casi un centenar de jóvenes.
Ese
espíritu, que es la característica de nuestro pueblo, de un pueblo digno, de un
pueblo heroico, de un pueblo esforzado, de un pueblo entusiasta, es lo que
tenemos que agradecer al ejemplo de nuestros fundadores, y a la prédica de
nuestro Apóstol; porque aunque invocaran falsamente su nombre muchas veces,
aunque se le rindieron millares de hipócritas tributos, el pueblo, por encima
de toda aquella falsedad, le rindió siempre un profundo y sincero tributo a su
memoria; porque el respeto y el recuerdo para los hombres que se dieron por
entero a la causa de su pueblo no es un respeto o un recuerdo meramente formal.
No
se dice que los caídos siguen siendo útiles por mero consuelo; se recuerda a
los caídos y se recuerda a los hombres que se dieron por entero a su patria
porque es útil a todo pueblo, y porque es cierto aquello que los mártires, aun
después de muertos, siguen siendo útiles; es cierto aquello de que aun después
de muertos físicamente, siguen vivos en el fervor y en el cariño y en la fe del
pueblo; es cierto aquello de que morir por la patria es vivir, y que con
nosotros vivieron y pelearon todos los que habían caído por los ideales que
nosotros estábamos defendiendo; con nosotros vivieron —y sin riesgo de volver a
morir nunca más— los compañeros que habían caído en las primeras batallas de
nuestra guerra, y los que habían caído en las batallas de todas las guerras
libertadoras; con nosotros vivieron y pelearon, y yo recuerdo que junto a la
amargura de la pérdida de cualquier compañero en la lucha, siempre nos animaba la
idea de que aquellos compañeros que habían caído en los combates o habían caído
asesinados en las calles de nuestras ciudades, muertes que hubo de presenciar
impotente nuestro pueblo y tenía que presenciar impotente nuestro pequeño
ejército desde las montañas, pero que nos llenaba de una indignación tan grande
y que nos excitaban de tal manera a aplicar contra aquellos criminales el
castigo merecido, que cada hombre que caía era un soldado más que peleaba en
las filas de los que no habían muerto, de cada uno de los soldados aquellos que
llevaban al combate el cariño y el recuerdo de sus compañeros muertos.
Por
eso fue posible la victoria, porque no fue el número tal o más cual de hombres
combatientes, era sobre todo el número de hombres que se habían sacrificado.
Por
eso, en esta noche han estado presentes aquí no solo los 2 000 comensales, han
estado presentes, representados, sobre todo en esa larga lista de madres y
esposas, que no era sino una representación de todas las madres que en cada uno
de los episodios de esa cruenta lucha tuvieron que vestirse de negro; no solo
estaban presentes los 2 000 comensales, sino que estaban presentes, sobre todo,
los 20 000 muertos que cayeron por hacer posible esta noche de hoy.
Porque
para que hayamos tenido la satisfacción de venir aquí esta noche; para que
hayamos podido tener la satisfacción de esta fiesta tan cubana; para que
hayamos podido escuchar esas canciones que reflejan toda la alegría y toda la
esperanza de nuestro pueblo; para que hayamos podido presenciar ese Drama de la
Sierra, para que hayamos podido ver soldados con fusiles cantando junto a
campesinos, para que hayamos podido ver esta identificación total, esta alegría
incomparable, este orgullo de un pueblo que se siente dueño de sus destinos; para
que hayamos podido entonar con orgullo nuestro himno; para que hayamos podido
rendirle este tributo al Apóstol; para que se hayan podido lanzar hojas como
estas, que dicen:
“Un
pueblo libre y justo es el único homenaje propio de los que mueren por él”, ha
sido necesario el sacrificio de 20 000 hermanos, a los que hay que sumar las
decenas y decenas de miles de cubanos que cayeron en las luchas anteriores,
porque contrasta esta alegría patriótica, esta fiesta patriótica, con la
presencia de madres vestidas de negro, en cuyos ojos asoman lágrimas ante cada
palabra, ante cada recuerdo, que llevan consigo su dolor, que llevan consigo su
pena y su martirio y que no tienen ni pueden tener otro consuelo que la
satisfacción de que el sacrificio no fue en balde; la satisfacción de que, si
ellas están vestidas de negro, por ellas y por el sacrificio de ellas, hay
millones de mujeres en nuestra patria que no visten de negro; de que si ellas
están vestidas de negro, por su sacrificio, el pueblo se viste de alegría y de
esperanza.
Y
estos contrastes son, los que en momentos como este, nos hacen meditar y pensar
en todo lo que ha costado ese anhelo de que fuese algún día nuestro pueblo
dueño absoluto de nuestro destino y tuviese en sus manos la gran oportunidad; y
como esa oportunidad hay que saberla utilizar, como esa oportunidad hay que
defenderla, es por eso que tenemos que sembrar dignidad en nuestro pueblo, es
por eso que tenemos que hacer realidad aquel apotegma martiano que él quería
que fuese “la ley primera de la república: el culto a la dignidad plena del
hombre”.
Hay que
sembrar dignidad, porque los pueblos pequeños, los pueblos pequeños como el
nuestro, solo pueden sobrevivir y marchar adelante con mucha dignidad; los
pueblos pequeños solo se salvan de la sumisión cuando tienen mucha
dignidad. Porque solo la dignidad, que
quiere decir también valor, que quiere decir espíritu de sacrificio, que quiere
decir heroísmo, salva a los pueblos e inspira respeto.
Y
nosotros, que somos un pueblo pequeño, económicamente empezando el camino del
desarrollo de nuestros recursos, nosotros lo que tenemos, sobre todo para
defender esta oportunidad, es dignidad; y el arma más poderosa que pueda poseer
nuestro pueblo es la dignidad, que quiere decir virtud, que quiere decir fe,
que quiere decir seguridad en sí mismo.
Y
ese debe ser el propósito fundamental en un acto como este: fomentar lo que más
necesita un pueblo pequeño, lo único que salva a los pueblos pequeños: la
dignidad.
Y
por eso, lo que nosotros tenemos que prometerle a nuestro Apóstol, lo que
nosotros tenemos que jurar ante el recuerdo y ante la estatua de Martí, es ser
un pueblo digno; lo que nosotros tenemos que jurar, ante la tumba de todos los
caídos, es ser un pueblo digno; porque los pueblos luchan, no por razones
baladíes; los pueblos luchan por grandes aspiraciones; los pueblos luchan por
grandes objetivos que les permitan el pleno desenvolvimiento y desarrollo como
pueblo libre; los pueblos luchan por grandes afanes; y cuando se habla de
soberanía, cuando se habla de autodeterminación, se habla del derecho a
labrarse su propio porvenir, se habla del derecho a disfrutar sus recursos, se
habla del derecho a disfrutar los frutos de su trabajo, se habla del derecho a
progresar en el orden moral, en el orden espiritual y también en el orden
material; se defienden grandes intereses nacionales cuando se habla de
autodeterminación y de soberanía, y cuando se habla además de justicia, de
justicia social, quiere decir que los pueblos, no solo no deben resignarse a
vivir bajo el dominio de otros pueblos, sino que dentro del pueblo, sino que
dentro de las naciones, los pueblos no deben resignarse a vivir bajo el dominio
de los privilegios.
Porque
los pueblos deben aspirar a ser libres fuera y libres dentro. A veces hay independencia
nacional, pero no hay libertad dentro de una nación porque no hay justicia;
luego, hay que luchar por esos dos principios, ya que de nada vale que los
pueblos sean considerados teóricamente soberanos, teóricamente libres, si la
esclavitud más espantosa, la explotación más despiadada, se está padeciendo dentro de los límites de ese
pueblo llamado teóricamente libre, porque cuando no son intereses extranjeros,
son intereses de exiguas minorías nacionales.
Y
la autodeterminación o la independencia no la necesitamos para vivir
esclavizados dentro, la necesitamos sobre todo para vivir libres dentro: libres
de privilegios o intereses de dentro o de fuera.
De
ahí que la lucha revolucionaria por la justicia social tenga que ser
necesariamente una lucha por la reafirmación de la soberanía nacional, puesto
que no puede considerarse un pueblo libre, un pueblo que no tenga derecho a
conquistar la libertad dentro de su propio territorio, no puede considerarse un
pueblo libre un pueblo que no tenga libertad para implantar la justicia social,
y los problemas que ha tenido que afrontar nuestra Revolución no han sido
problemas gratuitos, no han sido problemas suscitados por afición de sus
gobernantes, han sido problemas suscitados por nuestro propósito de hacer justicia
social, y para ello tener que reafirmar nuestra soberanía, ya que nosotros no
hemos pretendido legislar en otros territorios y los problemas se han suscitado
por legislar dentro de nuestro propio territorio, no por hacer leyes para otros
pueblos…, no por hacer leyes para otros pueblos, sino por hacer leyes para
nuestro pueblo.
Y
es curioso, como lección de política, es curioso, como enseñanza esclarecedora,
el que un pueblo por hacer leyes dentro de su propio territorio, por hacer
leyes para su propio pueblo, tenga que buscarse dificultades de carácter
internacional.
Eso
quiere decir que la palabra independencia, la palabra soberanía, la palabra
república, ha sido muchas veces una ficción… La lucha revolucionaria es por eso
una lucha por la afirmación plena de nuestra soberanía; y por eso, para llevar
adelante nuestra obra, que no persigue otro propósito que el hacer feliz a
nuestro pueblo, que librar a nuestro pueblo de todas las miserias y los males
que lo agobiaban, lo cual hace que nuestra causa sea la más justa de las
causas, porque es la lucha de un pueblo que aspira a vivir de sus recursos y de
su trabajo, que aspira a vivir y a desarrollarse con lo suyo, por lo suyo y
para los suyos, sin quitarles nada a otros pueblos, porque es aquí donde se
está desarrollando nuestra Revolución y por eso los dos factores: dignidad y
justicia de la causa que se defiende, son los factores suficientes para lograr
que un pueblo pequeño logre un propósito, un ideal grande. Y esos dos factores
son los dos factores con que nosotros contamos.
Razón
es decir justicia y dignidad. Y cuando se habla de razón no es una simple
palabra; razón quiere decir los abusos que se cometían en nuestra patria, razón
quiere decir los innumerables crímenes que se cometieron con nuestro pueblo,
razón quiere decir los cientos de miles de cubanos que no sabían leer ni
escribir, razón quiere decir los cientos de miles de cubanos que no tenían
trabajo, razón quiere decir los cientos de miles de familias campesinas que no
tenían ni un pedazo de tierra, razón quiere decir los enfermos sin hospitales,
los niños sin escuelas.
Razón
quiere decir todo lo que se le robaba a nuestro pueblo, que cuando no le
robaban los políticos, le robaban los especuladores, le robaban los
explotadores.
Razón
quiere decir una larga cadena de injusticias y de abusos que hicieron necesaria
esta Revolución, razón quiere decir que para ponerles fin a esos abusos es que
se dictan leyes revolucionarias, razón quiere decir que el único motivo de la
Revolución y el único objetivo de los gobernantes revolucionarios es ponerles
fin, de una vez y para siempre, a todas esas injusticias contra las cuales ha
luchado más de un siglo nuestro pueblo.
Razón
que tenemos y dignidad que tenemos para alcanzar la victoria definitiva. Y eso, que lo comprendemos todos
perfectamente bien, digo todos los que se sientan cubanos, que cubanos no son
los que por unos miserables pesos son capaces de renegar de su patria, y que
son por fortuna exigua y precaria minoría.
Eso,
que lo comprendemos todos y debemos comprenderlo cada día mejor, es esencial en
esta hora en que se agrupa el pueblo, se junta el pueblo como nunca antes, con
entusiasmo nunca antes visto, para realizar un gran ideal.
Fomentemos,
pues, la virtud, fomentemos la dignidad, reverenciemos cada vez más a nuestros
fundadores, recordemos cada vez más a nuestro Apóstol, más cada año y no por un
motivo solo de gratitud, sino por ser necesidad, porque los necesitamos, porque
necesitamos que con nosotros libren las batallas que estamos librando;
recordémoslo y venerémoslo cada vez más y con más fervor, hoy, en esta cena tan
cubana y tan hermosa; mañana, es decir hoy por el día, desfilando las milicias
frente a la estatua del Apóstol en el Parque Central y allá en Oriente,
mientras en todos los demás lugares de la isla las instituciones patrióticas,
de un modo o de otro, rinden tributo al Apóstol, allá el Gobierno
Revolucionario entregando a los niños de Santiago de Cuba, convertido ya en
hermoso centro escolar, el cuartel Moncada... , donde cayeron aquellos
compañeros nuestros el 26 de julio de 1953, Año del Centenario del Apóstol,
centenario que tuvo que conmemorar nuestro pueblo bajo feroz y sanguinaria
tiranía; centenario que estamos conmemorando hoy, que vamos a conmemorar allí,
en uno de los actos más emotivos, porque son como la definición de esta
Revolución, que convierte fortalezas en escuelas...; que derriba muros llenos
de aspilleras y convierte en aulas, barracas de soldados, en la seguridad de la
certeza de aquel pensamiento, de que “trincheras de ideas valen más que
trincheras de piedra”.
Y
la historia demostrará que si al fin y al cabo, las fortalezas llenas de
aspilleras y de soldados sucumbieron ante el empuje de nuestro pueblo que
luchaba por una causa justa; en cambio, nuestras escuelas, representación del
pensamiento y la cultura, jamás caerán bajo las fuerzas, jamás caerán bajo la
fuerza de los que nos la quieran quitar para convertirlas en cuarteles
defensores de privilegios, porque esas escuelas las sabrá defender nuestro
pueblo; porque esas escuelas las defenderá nuestro pueblo con trincheras de
ideas y trincheras de piedras.
Y
así, marcharemos adelante, reafirmando nuestra soberanía, haciendo leyes
justas, dándoles tierra a los campesinos, escuelas a los niños, hospitales a
los enfermos, trabajo a los desempleados, horizontes prometedores a nuestra
juventud y a nuestro pueblo todo.
Así
continuaremos derribando fortalezas, y haciendo escuelas, con optimismo y con
seguridad, porque creo en nuestro pueblo, porque estoy seguro de que tiene
temple y tiene virtudes suficientes para marchar por este camino, porque tiene
sobrados ejemplos que lo alienten, suficiente prédica martiana que lo anime y
lo inspire.
Por eso
hoy, al conmemorar este 107 aniversario del nacimiento de quien fue un símbolo
en sacrificio y en pensamiento para la patria, la satisfacción de poder mirar
con orgullo la estatua del Apóstol y decirle: “¡Al fin, Maestro, tu Cuba que
soñaste, está siendo convertida en realidad!”
marzo 09, 2020
Síntesis y conclusiones del Taller de Lectura Nº 131 - marzo 2020
Síntesis y
conclusiones del Taller de Lectura Nº 131
“Declaración final del Primer Encuentro Mundial contra el
Imperialismo”
Este texto contiene las conclusiones
de las delegaciones de los Partidos Políticos y Movimientos Sociales, que se
reunieron el día 27 de enero de 2020 en la ciudad de Caracas, capital
de la República Bolivariana de Venezuela, con
motivo del “Encuentro Mundial Contra el Imperialismo”. En él se analizan las
consecuencias de las agresiones militares de los Estados Unidos en el mundo, siendo
precisamente la guerra el mecanismo predilecto para su expansión imperial. La
lógica del capitalismo ha puesto en grave peligro la sobrevivencia de la
especie humana por la destrucción de la naturaleza, y una economía mundial con
un alto grado de fragilidad. Las desigualdades en la distribución de las
riquezas, las injusticias y la exclusión social afectan a sectores cada vez más
amplios de la población mundial, generando fenómenos ya insostenibles desde lo
social, lo político y lo ético. El imperialismo está en crisis y esto lo hace
mucho más agresivo, peligroso y destructivo. Busca apropiarse de los recursos
naturales de terceros países controlando los mercados para dominar
políticamente a las naciones. Violenta el derecho internacional imponiendo leyes
de carácter extraterritorial, y atacando el multilateralismo vulnera la
soberanía de los pueblos. Todo esto lo hace con el dominio de las grandes transnacionales
de la comunicación y las redes sociales. El uso de la “Big Data” se ha
constituido en una formidable arma para modificar el comportamiento de la
población e incidir en sus decisiones políticas, imponiendo la dictadura del
capital. Sin embargo, el fortalecimiento político y económico de potencias como
Rusia y China ejercen un contrapeso cada vez más serio al poder del
imperialismo estadounidense, y los gobiernos progresistas en el mundo ya se
perfilan como una alternativa frente al neoliberalismo como por ejemplo
Nicaragua y la lucha de la Revolución Bolivariana de Venezuela, con su poderosa
unidad cívico-militar. Otro gran ejemplo es la resistencia por la continuidad
del socialismo en Cuba. Los recientes avances en México y Argentina llevarán a
fortalecer nuevamente mecanismos de integración regional, como lo son la CELAC,
el ALBA-TCP, etc. A continuación enumera una serie de declaraciones, como exhortar
a los pueblos del mundo a luchar por la vida y por la preservación de la
naturaleza. Defender la paz y construir un orden internacional más justo,
proponiendo una lucha conjunta contra el enemigo común que es el imperialismo
estadounidense. Por otro lado este Encuentro Mundial acuerda construir una
plataforma Unitaria Mundial, organizada por regiones, para enfrentar al
imperialismo. Convocar a un segundo Encuentro Mundial, y realizar actividades como
una jornada internacional de movilización en apoyo a la Revolución Bolivariana
y contra el neoliberalismo para el 27 de febrero próximo, y desarrollar una
jornada internacional de repudio a la Doctrina Monroe, contra el Bloqueo y
demás Medidas Coercitivas Unilaterales para el día 28 de junio de 2020.
En el transcurso del
posterior debate se entendió el porqué de la necesidad de la realización de una
nueva convocatoria para un Encuentro Mundial contra el Imperialismo, y con
carácter mundial, organizado desde todas las regiones a fin de lograr la
fortaleza que nos brinda la unidad. Nos queda claro de que el imperialismo recurre
a cualquier método que esté a su alcance para lograr la dominación de las
naciones a favor de sus intereses, que son de carácter económico y material.
Cuando ya parecía agotado el método de los pasados golpes militares, lo han
vuelto a editar recientemente en Bolivia. Está claro que confiaban en ganar las
elecciones, pero con el triunfo de Evo Morales y el MAS en la contienda electoral,
decidieron no reconocer su derrota y perpetuar el golpe de estado en acuerdo
con amplios sectores de la policía y del ejército. Previamente han logrado
implementar golpes de estado legislativas tanto en Honduras, en Paraguay como
en Brasil. Reconocimos el noble ejemplo de la resistencia de la Revolución
socialista cubana, que a lo largo de más de sesenta años ha demostrado que sí
se puede vivir en libertad y con soberanía. El ejemplo de la lucha del pueblo y
el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, que en base a su sólida
unidad cívico-militar, le está ofreciendo una real resistencia a los embates
del imperialismo yanqui.
Por último se acordó abordar
para el próximo Taller de Lectura el discurso pronunciado por Fidel Castro en
la Cena Martiana, ofrecida por el Instituto Nacional de Ahorro y vivienda el 27
de enero de 1960 titulado: “Maestro, la Cuba que soñaste está siendo
convertida en realidad”.
Grupo Bariloche de
Solidaridad con Cuba, 07 de marzo de 2020
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