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abril 07, 2026

Cine Cubano en el Sindicato de Trabajadores Judiciales

Cine Cubano en el Sindicato de Trabajadores Judiciales

En el marco del ciclo de Cine Cubano y Videos Debate, el Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba invita a la proyección del film: 

“José Martí: el ojo del canario”

José Martí, entre los 9 y los 17: los únicos años en que conoció de cerca a su patria y en los que aprendió a amarla y entenderla, para hacer la magna obra que le tomó el resto de su vida. No es una biografía: es un itinerario espiritual inspirado en la infancia y adolescencia del héroe nacional cubano José Martí.

Dirección:  Fernando Pérez   Duración:  120 min.

Las y los esperamos este jueves 09 de abril a las 20 hs. en el Sindicato de Trabajadores Judiciales, en calle Albarracín 1135 (casi esquina Ruiz Moreno).

Con entrada libre y gratuita . 

Invita el Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba.

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 204

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 204 

«Ninguno de los que hizo concesiones para sobrevivir, sobrevivió»

Este texto fue tomado del periódico digital cubano La Tizza, con fecha 06 de marzo de 2026. Se trata de un análisis por parte del equipo editorial del periódico, acerca de los recientes actos de injerencia e intervenciones militares por parte de los Estados Unidos. El 3 de enero durante una intervención militar directa en la hermana república de Venezuela con el secuestro de su presidente constitucionalmente electo Nicolás Maduro y su esposa, donde perdieron la vida 32 cubanos que custodiaban al Presidente. El 25 de febrero se produce una incursión mediante una lancha rápida proveniente de las costas de los Estados Unidos con una tripulación de diez mercenarios, que fuera reducida por un grupo de cinco guardafronteras cubanos. A finales del mes de febrero, también de este año, se producen por parte de los Estados Unidos los primeros bombardeos sobre territorio iraní. Estos tres hechos se vinculan entre sí tan solo por el apetito imperial de apoderarse del petróleo tanto de Venezuela como en Irán, como tratar una vez más de derrocar el gobierno socialista de Cuba. El emperador Trump ha manifestado que en Cuba se trata de una «toma, una intervención amistosa», pero no entiende que desde los tiempos de Martí los cubanos saben que no son momentos de acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada bajo la consigna de que acá no se rinde nadie. Quedó claramente demostrado, tanto en Venezuela como en Irán cuando precisamente durante las negociaciones en que tanto Caracas como Teherán habían ofrecido concesiones, se produce la intervención armada por parte de los Estados Unidos precisamente porque el imperio no negocia, sino que conquista.

Después, en el transcurso del posterior debate se comentó que como el gobierno cubano surgió de una revolución armada, su pueblo es consciente que lo debe defender con las mismas armas, visualizando al imperio yanqui como su enemigo al cual se lo debe derrotar sin otorgarle concesiones. La cultura política genera conciencia política que actúa como una coraza frente a las provocaciones y los intentos de manipulación por parte del gobierno de los Estados Unidos que plantea una «transición o una toma amistosa» de Cuba. Se entiende que la falta de petróleo y el bloqueo en general producen el desabastecimiento de algunos productos, generando descontento en su población. Si bien las intervenciones en Venezuela y en Irán tienen por objetivo apoderarse de su petróleo, en el caso de Cuba se trata de evitar que su gobierno socialista sea un ejemplo de lucha y resistencia para otros pueblos que buscan su autodeterminación y soberanía. Se trata de una batalla ideológica. Como menciona Fidel que el imperialismo no negocia, sino que conquista, y lo hace desde su principio de poseer el destino manifiesto de apoderarse por la fuerza de los bienes de otros países en un acto de colonización permanente que incluye la colonización también de nuestras mentes. 

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 02 de mayo, un texto tomado de Luis Toledo Sande, titulado: “Fidel Castro: el asedio de la gloria”. 

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 04 de abril de 2026.

abril 02, 2026

Círculo de Lectura # 204 - Abril de 2026

 Círculo de Lectura # 204 - Abril de 2026

«Ninguno de los que hizo concesiones para sobrevivir, sobrevivió»

Editorial de La Tizza - 06 de marzo de 2026

Esta idea brotó de Fidel Castro, quien entendió como nadie que el imperialismo no negocia, conquista.

Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada

José Martí

Una reedición de las incursiones militares en pequeñas lanchas provenientes de los Estados Unidos -práctica nunca abandonada desde su estreno en los años sesenta- con el propósito de provocar un conato de rebelión en el país, volvió a fracasar estrepitosamente la mañana del 25 de febrero, cuando diez mercenarios armados hasta los dientes fueron derrotados por cinco guardafronteras cubanos, uno de ellos herido. El intento de medir la disposición combativa fracasó y solo queda la alharaca mediática en Miami. Nada nuevo bajo el sol.

Como habíamos advertido en anteriores momentos, el régimen de Washington, envalentonado por los resultados de su agresión contra Venezuela el pasado 3 de enero y el consiguiente cambio de régimen en Caracas, dirigiría sus acciones contra Cuba, cuya Revolución no ha sido nunca «la siguiente» en ninguna lista, sino la primera.

Los 32 cubanos caídos en desigual combate la madrugada del 3 de enero en Venezuela, sus compañeros que los sobrevivieron y los cinco guardafronteras del 25 de febrero demostraron lo que puede hacer un combatiente, aun aislado, frente a un enemigo superior en número y medios, cuando tiene fe en la justeza de su causa.

La palabra rendición no forma parte del lenguaje de nuestros soldados y, en última instancia, solo estaría asociada a la solución que los mambises propusieron para ella en el siglo XIX: guásima, cabuya y sebo. La valentía de los cubanos tiene una lectura por parte de los personeros de la junta militar- empresarial de Estados Unidos: con el pueblo cubano y su brazo armado no habrá un combate fácil que se decida en la víspera con el chantaje de una potencia atómica amenazando con borrarnos de la faz de la tierra.

En adición, herida e indignada, la fibra patriótica de nuestro pueblo se ha levantado en medio de las escaseces y privaciones materiales más inimaginables para protagonizar jornadas de homenaje a los mártires y al coraje de nuestros soldados, bajo aquella consigna que no pierde vigencia: «¡Aquí no se rinde nadie!».

Ante las amenazas de Donald Trump, así como de sus empleados de menor rango como Marco Rubio, se han movilizado el pueblo uniformado, las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior. Sucesivos Días Nacionales de la Defensa, con amplio despliegue de tropas y medios, dejaron poco margen a las dudas de lo que significaría para el imperialismo una aventura guerrerista en Cuba.

La nuestra es una revolución armada y, como tal, procurará alcanzar por medios pacíficos el respeto del enemigo, pero no dudará un segundo en defenderse con las armas en la mano ante cualquier amenaza: «son tiempos para acostarse con las armas de almohada», como diría José Martí.

Es en esas circunstancias y en medio de la cortina de humo que intentan levantar con presuntas conversaciones entre ambas partes, que ha aparecido la opción de la «toma amistosa de Cuba» por parte de EE. UU., de acuerdo con algunas declaraciones del jefe del régimen, Donald Trump, y otros funcionarios.

El timing de las declaraciones del encargado de la junta, unidas a las divagaciones de otros personeros menores, no es de poca importancia: se producen en medio de las amenazas, finalmente hechas realidad este 28 de febrero, de una agresión a Irán. En medio de esto, los extremistas de la emigración cubana huelen sangre y aprovechan la coyuntura para reactivar su viejo sueño de invasión.

Bajo el disfraz de una «intervención amistosa», buscan legitimar lo que no es más que la reedición de la violencia imperial. El ruido de la guerra les sirve de coartada para empujar sus obsesiones contra la Isla. Así, pretenden convertir la distracción internacional en plataforma para su cruzada reaccionaria. Es útil recordar, en esta coyuntura de guerra, un pasaje descrito por Bob Woodward en su libro Negar la evidencia, cuando uno de los anteriores jefes de la junta militar- empresarial de Washington, George W. Bush, también envalentonado por los resultados de un reciente cambio de régimen (el del Irak de Sadam Hussein), preguntó con entusiasmo al general de tres estrellas y procónsul yanqui en Irak, Jay Garner, si quería también «ocuparse» de Irán.

La respuesta de Garner fue que «los muchachos» y él mismo «se ofrecían» para Cuba, donde «las mujeres son más bonitas». Bush espetó: «Es tuyo, cuenta con Cuba». La historia, sin embargo, es bien conocida: Irak se volvió ingobernable, Garnier no tuvo a Irán, Bush pasó al basurero de la historia y Cuba resiste hasta hoy. Ni Garnier, ni Bush, ni Rumsfeld, ni Condoleezza Rice, ni Cheney, ni Colin Powel, ni la jauría miamense tuvieron a Cuba.

Más de veinte años después, pareciera que vuelven a rodarse las mismas imágenes. La historia no se repite, pero rima: envalentonado con los resultados de la invasión a Venezuela, el régimen de Trump-Vance-Rubio apuesta por una guerra contra Irán, cuyo desenlace no ha de ser ni el de Irak de 2003 ni el de Venezuela de 2026, y acentúa el bloqueo contra Cuba, como arma de aniquilación física.

Disminuida la adrenalina de enero pasado tras la agresión a Venezuela y rotos los augurios de una rápida e inminente caída de la Revolución cubana mediante alguna acción armada combinada con una explosión popular, Trump y sus secuaces han comenzado a hablar de una «toma amistosa» de Cuba.

El imperialismo y sus cipayos externos e internos no entienden otro lenguaje que no sea el de la fuerza y el de demostrarles que ni comemos miedo, ni defecamos susto. Cualquier muestra de debilidad es combustible para que avancen sobre nosotros sin piedad alguna. El imperialismo no quiere concesiones nuestras, quiere nuestra rendición en pleno y no tiene sentido presentarnos como conciliadores y «reformadores» en abstracto, como nueva forma de un deshonor que evite una guerra. La historia demuestra con demasiada elocuencia que, puestos a elegir ante un enemigo poderoso y cruel, entre el deshonor y la guerra, quien elija lo primero para evitar el conflicto, tendrá, en definitiva, deshonor y guerra.

Los más recientes casos de agresión imperialista (Venezuela e Irán) se han producido en medio de negociaciones en las cuales tanto Caracas como Teherán habían ofrecido concesiones. Su voluntad de negociar y de conceder no logró evitar la agresión, en definitiva. El rugido de los cañones con los cuales Irán responde ahora a la intervención norteamericana es su mejor carta de negociación: la otra opción es ceder la soberanía. El corolario es claro y ha estado siempre en el centro de nuestra doctrina militar: disuadir al enemigo de una guerra, haciéndole ver lo caro de una aventura militar. Como dijo el Che, «no se puede confiar en el imperialismo ni tantito así, nada».

Cuba no tiene nada que negociar con el régimen de Washington que no sea el levantamiento total e incondicional del bloqueo y la guerra económica, el cese de la hostilidad política y la renuncia a la política de cambio de régimen, la salida del ejército estadounidense del territorio ocupado ilegalmente en Guantánamo y el reconocimiento de que los destinos de Cuba se deciden en Cuba y no en Miami.

Quienes creen hablar por y en nombre del pueblo de Cuba — y aun estando en Cuba hay quienes piensan y actúan como en Miami y en nombre de los intereses del capitalismo miamense — y proponen la rendición a plazos, una especie de Zanjón a crédito que salve el pellejo de sus intereses de clase, deberían tomar nota de lo sucedido en Venezuela e Irán.

También debería servir de advertencia para quienes creen, desde una parte de la burocracia cubana — más atenta a veces a cuidar sus status quo que la soberanía nacional — que las élites imperialistas no preferirán antes administradores más eficientes y leales de lo que ellas han resultado ser.

Entretanto, el pueblo cubano ha sido forzado, por el bloqueo, por el subdesarrollo, por los incontables errores internos, a una lucha por la supervivencia. Quizás muchos, cansados de esa agotadora batalla diaria, crean que ya no vale la pena resistir, que el gobierno debería conceder a una coexistencia pacífica con el imperialismo yanqui. Pero quien lo haga no debe olvidar que dicha coexistencia estaría condicionada al abandono de la soberanía. Como ha dicho Marco Rubio, se conformarían con un cambio del modelo socioeconómico, es decir, con una transición al capitalismo a la antillana: con sistemas políticos corruptos y entreguistas, una sociedad altamente desigual, sin políticas sociales, con una economía deforme y con las mafias del narco como un Estado paralelo. No hay ganancias para el pueblo en esa transición, solo empeoramiento.

En las actuales y previsibles circunstancias conviene recordar el daño extraordinario que ha significado la agresión sostenida de EE. UU. contra nuestro pueblo. Nuevamente solos frente al imperialismo, el régimen de Washington cree que ha llegado «la hora final de la Revolución» y han desplegado su enorme diapasón de medidas de bloqueo selectivo y cada vez más clasista, que buscan alejar cada vez más al pueblo del Estado — heredero simbólico de la Revolución de 1959 — y con ello preparar una «toma amistosa» de Cuba. Juegan a la vieja estrategia de combinar el garrote y la zanahoria. Hay quienes se asustan con el garrote y hay quienes aspiran a comer de la zanahoria en un pastel que, por definición, deja fuera a buena parte del pueblo cubano: todos son, por igual, traidores y cómplices.

Un hombre o una mujer pueden ser comprados, vencidos por la superioridad del enemigo y derrotados por la falta de fe en su gente, pero nunca un pueblo entero. ¡No somos los primeros revolucionarios en pensar así! Y, como demostraron nuestros compañeros del 3 de enero, ¡no seremos los últimos!

 

diciembre 07, 2025

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 200

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 200

“¿Quién tiene la culpa?”

Este texto fue tomado del boletín electrónico La Tizza escrito por Luis Emilio Aybar Toledo, Licenciado en Sociología por la Universidad de La Habana, militante comunista y delegado del Poder Popular en el municipio Cerro en La Habana. En los dos últimos años se ha evidenciado cada vez más en la conciencia popular cubana el hecho de que ante la situación actual que vive Cuba, en lugar de tratar de determinar las causas que lo originan, se prefiere buscar supuestos culpables y en tercera persona. Es decir que los culpables son “ellos”, concepto que ha desplazado al “nosotros”. Esto genera por parte de la población su alejamiento en la lucha que debería ser colectiva, resumiéndose en una catarsis generalizada para canalizar la rabia. Por otro lado, el discurso oficial va perdiendo credibilidad dentro de la población ya que de todo mal que se vive en Cuba se lo vincula solo al bloqueo, cuando también se deberían tener en cuenta otros factores que lo generan. Lo cierto es que, si no se trasciende esta situación de solo buscar a los culpables, no se podrá salir de la desmovilización y la toma de conciencia necesaria para involucrarse y participar en búsqueda de las soluciones. 

 

Después, en el transcurso del posterior debate se valoró el texto en el sentido de que se trata de la necesaria autocrítica que viene planteada por Luis Emilio, un militante comunista y delegado del poder popular en Cuba. Sin el reconocimiento de errores no es posible rectificar el rumbo para corregir las tendencias negativas. No se puede seguir en el mismo camino buscando resultados diferentes. Claramente el Bloqueo hacia Cuba no deja de ser un factor importante de la actual situación que vive el país, pero hay otros elementos que deben ser tenidos en cuenta, donde la participación popular juega un rol muy importante. Hay que recuperar el sentido colectivo de la lucha, donde el pueblo debe encontrar su espacio de discusión en el seno de la democracia socialista participativa y revolucionaria. A partir de allí se puede lograr la mística necesaria para que la lucha sea de todos y para el bien de todos. Por otro lado, se planteó el lamentable avance de la derecha latinoamericana teniendo en cuenta los recientes casos de Bolivia, Honduras, el muy probable triunfo neoliberal en Chile, y las pasadas elecciones legislativas en la Argentina. También de analizó la compra por parte de nuestro país de los 24 aviones caza F-16, comprados a Dinamarca por 300 millones de dólares. Se trata de aviones viejos que perdieron su status de homologación para seguir perteneciendo a un país que integra la OTAN como Dinamarca, que se vio obligada a renovar su flota aérea comprando nuevas unidades al complejo industrial militar de los Estados unidos.

 

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 03 de enero de 2026 un texto de Ciro Bianchi Ross tomado de Cubadebate, “1958; El derrumbe”.

 

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 06 de diciembre de 2025.

diciembre 02, 2025

Círculo de lectura 200 - ¿Quién tiene la culpa?

 Círculo de lectura 200

¿Quién tiene la culpa?

Luis Emilio Aybar Toledo - Oct 6, 2025

La Tizza Boletín electrónico

https://medium.com/la-tiza/qui%C3%A9n-tiene-la-culpa-f13af75121b3

 

Con el paso del tiempo, y en particular en los últimos dos años de labor como delegado del Poder Popular, me he dado cuenta de un elemento característico de la conciencia popular cubana: el sujeto que sufre la situación actual no habla mucho de las causas, prefiere señalar quién tiene la culpa.

En este señalamiento cada vez aparecen menos los factores externos y se extiende más una única respuesta: la culpa la tienen ellos. «Ellos», o cualquier expresión similar, remite al cuerpo de dirigentes del Estado cubano y viene acompañado de un matiz peculiar: mientras más alto es el cargo, más grande es la culpa.

Es sintomático que el «ellos» haya desplazado al «nosotros» y a otras expresiones afectivas y englobadoras, como la de «nuestro gobierno». «Ellos» está en tercera persona: fuera de mí, lejano a mí. Agrupa en una sola palabra a todos los dirigentes, dotándolos de una imagen negativa. No importa si en ese universo existen dirigentes sensibles, honestos y eficaces. Los matices no son relevantes, lo importante es la posibilidad de canalizar la rabia. En ese sentido, referirse a «ellos» resulta más efectivo que el concepto abstracto de Estado: la culpa puede ser personificada…

La tendencia a culpabilizar a los dirigentes nace de experiencias concretas acumuladas en los sujetos, aunque muchos cuadros eluden ese dato y terminan respondiendo con actitud similar aunque invertida, es decir, culpando al individuo: «son ingratos».

Por otro lado, la limitada presencia de los factores externos en la imaginación de la culpa también tiene su origen en determinados patrones políticos y sociales, y no puede ser reducida al impacto de la propaganda enemiga. Esta logra ser más efectiva porque las experiencias acumuladas en los sujetos le ofrecen un terreno fértil, y porque el discurso oficial cubano ha perdido credibilidad.

La credibilidad se gana con lo que se dice, pero también con lo que no se deja de decir. El discurso oficial tiene la tendencia a ocupar, con la explicación del bloqueo, el espacio que debía destinar a otras verdades. Mientras esto continué así, el bloqueo aparecerá como un discurso justificatorio — es decir, no es un problema de técnica periodística—. La tendencia a omitir las distorsiones internas no impide que la gente las viva, que la gente las sufra, de modo que lo único que se logra es un alejamiento del discurso oficial con respecto a su vida cotidiana. El silencio ante lo mal hecho tiene otro efecto terrible: los niveles superiores de dirección aparecen como cómplices de todos los problemas que se dan en las estructuras del Estado.

La dirección de la Revolución y sus órganos de expresión debieran distanciarse de manera más explícita de las tendencias negativas y, sobre todo, combatirlas con más fuerza. Esto no ha sido posible porque se sostiene un alineamiento mecánico entre el Estado y la Revolución, entre el Estado y el socialismo, entre el Estado y la patria, y entre el Estado y el bienestar del pueblo. Pero el Estado tiene un carácter contradictorio con respecto a todos esos elementos. La política del bloque monolítico no permite distinguir los elementos virtuosos de los viciosos, y facilita el gesto de meter a todos los dirigentes y a todas las instituciones «en el mismo saco». El insuficiente distanciamiento con respecto a las tendencias negativas, combinado con la verticalidad del Estado, produce en la conciencia popular una simplificación ilusoria, pero efectiva: toda la responsabilidad es de Díaz-Canel.

Estamos así en presencia de un modelo nefasto de gestión de la culpa, que ni siguiera es conveniente para el mero propósito de mantener el poder.

Paradójicamente, el propio pacto social revolucionario alimenta esta situación. La Revolución nació de un proceso de unificación en el que el pueblo depositó en una vanguardia política la conducción de la sociedad para el logro de la justicia social y el bienestar colectivo. Luego del triunfo revolucionario, las mismas metas, valores y funciones depositadas en la vanguardia fueron adjudicadas al nuevo Estado. Surgió así un rasgo característico del pacto social cubano: el Estado debe responder por todo. Es esto lo que motiva la rabia cuando el Gobierno se equivoca demasiado: el sujeto que culpa se siente defraudado, se siente desamparado y, lo que es peor, traicionado.

Cuando se compara la realidad que hoy se vive con las conquistas previas y las promesas realizadas, se dibuja una brecha. La creciente distancia entre el ser y el deber ser produce un sujeto carente, un sujeto que se siente en falta, y esa falta la personifica: siente que alguien le ha fallado. Así, la conformación estatalista y paternalista del pacto social revolucionario se vuelve un boomerang.

La culpa la tienen «ellos», incluso de lo que no hacen. Lo que produce de manera directa el deterioro de las condiciones de vida en los circuitos económicos y sociales de donde el Estado se ha retirado — una parte de los cuales son formalmente estatales, aunque en la práctica funcionen con otras lógicas— es el capitalismo y el predominio del mercado. Sin embargo, la conciencia crítica que pudiera surgir con respecto a estos factores de dominación es muy débil, porque el Estado sigue apareciendo como único responsable.

Esto no nos puede llevar a olvidar que el sujeto carente hace su catarsis desde un punto de partida que no es neoliberal, porque es el fruto de los acumulados de la Revolución y el socialismo, y su sistema de valores y expectativas. Por eso no puede pretenderse borrar o desconocer el pacto social revolucionario. De hecho, cada vez que se incurre en ese error se profundiza el descrédito y la rabia.

Nuestro pacto social debe ser transformado en un sentido liberador, de modo tal que su carácter estatalista y paternalista sea debilitado ante el avance del empoderamiento popular. Esto será imposible si no trascendemos el lugar de la culpa, que es expresión de una profunda desmovilización. Hay un conflicto velado entre una parte del pueblo — que le echa la culpa de todo al Estado— y el propio Estado — que le echa la culpa de todo al bloqueo—. Ambas posturas disminuyen la atención sobre aquellas cosas que está en nuestras manos cambiar. Dado que la culpa siempre está afuera, el sujeto no se siente parte ni del problema ni de la solución. En realidad, los problemas internos de Cuba — y el Estado mismo— son el resultado de un conjunto de relaciones sociales que todos reproducimos de una manera o de otra. No sería descabellado decir que transformar la institucionalidad cubana implica transformarnos a nosotros mismos, empezando por sacudirnos la desesperanza, que cada día se parece más a una rendición.

El sujeto carente debe ser comprendido, pero, al mismo tiempo, interpelado e incentivado a la acción. Debe dejar de ser un vociferante espectador.

En un contexto en el que convive una amplia desmovilización con un ambiente propicio para la protesta sin conducción, sería favorable que el elemento disparador proviniera del grupo dirigente, que un nuevo gesto edifique la señal poderosa de un cambio, que la acción institucional logre concretar resultados en un sentido material y justiciero, pues ya ningún discurso separado de los hechos logra movilizar al pueblo.

Todo parece indicar que esto no va a suceder. Un cambio profundo requiere un grado de conflictividad transformadora dentro del Estado que no se aviene al enfoque de unidad predominante, el cual se juzga necesario para la reproducción del poder establecido, para la «defensa de la Revolución». Tampoco se considera imprescindible ese camino. El grupo dirigente está en una zona de confort que nace de la sobreestimación del respaldo existente y de la precaria continuidad del funcionamiento institucional. Los acumulados de la Revolución fueron tan potentes que producen una inercia peligrosa.

Si el grupo dirigente desea dar el ejemplo, debe comenzar por reconocer que sus prácticas y enfoques forman parte del problema, debe comenzar por transformarse a sí mismo.

Los cambios revolucionarios que Cuba necesita deben ser impulsados por formas de presión popular, que disputen el sentido de la acción estatal y modifiquen la correlación de fuerzas a lo largo de la estructura. Las bases sociales deben reactivarse, sostener el pulso y mantener la confrontación en un marco patriótico, diferenciado de la contrarrevolución. El accionar estudiantil durante la crisis provocada por las medidas de Etecsa es un ejemplo incipiente.

El lugar de la culpa tiene un lado positivo: activa la rabia, y la rabia mueve a la acción. Los indignados de Cuba tenemos que comenzar a organizar nuestra rabia. La participación y el control popular; la lucha por la transparencia y la rendición de cuentas; la construcción y utilización de las mejores iniciativas, políticas y leyes; el cuidado cotidiano en función de los más desfavorecidos; la defensa del producto del trabajo de los cubanos, su desarrollo y su uso social; la lucha contra la explotación, la desigualdad y el privilegio — vengan de donde vengan—; el uso responsable de métodos confrontativos cuando no queda más remedio; la rebeldía contra lo mal hecho; la creación de caminos; la voluntad de no rendirse: estas son las armas con las que el pueblo de Cuba puede obtener sus nuevas victorias. Hay que empuñarlas.

 

noviembre 03, 2025

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 199

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 199

“FEU-MATCOM: Los estudiantes tienen la palabra”

Este texto fue tomado del boletín electrónico La Tizza, escrito por Dailene Susel Dovale de la Cruz que es periodista y profesora, especializada en temas culturales y de enfoque de género/feminista. Imparte clases en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana e integra su Grupo de comunicación institucional. A raíz de que a fines de mayo de 2025, la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) establecía limitaciones de conectividad a internet y un alza sustantiva en los paquetes de precios, los estudiantes universitarios levantaron la voz dentro de Cuba, entre ellos, los de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana, y la periodista y profesora Dailene Dovale, realizó un trabajo paciente de conversar y recolectar testimonios de ocho muchachos y muchachas en medio de la convocatoria a la no asistencia a clases o paro estudiantil de entre el 3 y el 9 de junio. El debate generado cuestionaba el hecho de hacer o no un comunicado en conjunto, manifestando la inconformidad ante las medidas tomadas por Etecsa. Si canalizarlo a través de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y si su representatividad abarca también plenamente a la Facultad de Matemáticas y Computación (Matcom) y cómo se llegó a la opción del paro o la no asistencia a las actividades docentes. También incluye un análisis por parte de los estudiantes con respecto al resultado de las medidas tomadas y al favorable incremento de las relaciones entre ellos y la organización estudiantil.

 

Después, en el transcurso del posterior debate se comentó acerca de la voluntad del estudiantado cubano de la universidad de La Habana para buscar los mecanismos de avanzar en un proceso de democratización en su participación y representatividad dentro de la organización estudiantil que es la FEU. Se planteó también que ante la limitación de conectividad a internet por parte de ETECSA, los estudiantes de la facultad de Matemática y de Computación (MATCOM), seguramente serían los más afectados por la mayor dependencia por la característica de sus carreras en la necesidad de uso del servicio de la informática, lo que los hace más combativos en su lucha. También se destacó, ante la falta de respuestas claras por parte de ETECSA, que los estudiantes plantearan como medida de lucha la no asistencia a las actividades docentes, de manera colectiva. Finalmente, todo este proceso fue reconocido como una experiencia positiva bajo la consigna de que su participación contribuyó en la búsqueda conjunta de mejorar el rumbo del país.

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 06 de diciembre un texto tomado del boletín electrónico La Tizza, de Luis Emilio Aybar Toledo: “¿Quién tiene la culpa?”.

 

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 01 de noviembre de 2025.

septiembre 29, 2025

Círculo de Lectura # 198 - Octubre de 2025

 Círculo de Lectura # 198 - Octubre de 2025

Socialismo: en busca del «eslabón perdido» entre utopía y realidad. Una visión desde Cuba.

Por Roberto Regalado Álvarez  La Tizza  Boletín electrónico 

Causas y consecuencias de la crisis actual

El VIII Congreso del PCC, efectuado del 17 al 19 de abril de 2021, era el evento donde se podía y se debía hacer un balance de los logros y malogros del proceso ideológico, político, económico y social iniciado en Cuba el 1ro. de enero de 1959, con énfasis en los resultados de las reformas emprendidas en 2010 y 2011. Cuatro días antes de la inauguración del VIII Congreso, escribí el primero de una serie de nueve artículos titulada «El “Triángulo de las Bermudas” por el que navega Cuba: acumulación de problemas propios, doble filo del bloqueo y reflujo de la izquierda latinoamericana». Aquel primer texto, «Planteamiento de la hipótesis», decía:

El socialismo cubano no ha encontrado el camino hacia «la tierra prometida». Esa metáfora apunta a que, a partir de la proclamación de su carácter socialista, la Revolución Cubana asumió el compromiso y la tarea estratégica de motivar, educar, formar, organizar, movilizar y conducir al pueblo en la transición hacia una sociedad de productores libres, en la que se aboliría el Estado y cada cual recibiría los bienes materiales y espirituales acordes con sus necesidades. La edificación de la nueva sociedad sería un proceso largo, complejo y arduo. Habría que resistir y vencer brutales agresiones, y hacer enormes sacrificios, pero el socialismo no sería una eterna batalla cuesta arriba: vencer agresiones y hacer sacrificios no sería un fin en sí mismo. Al final del camino, el pueblo cubano arribaría a la sociedad comunista: el comunismo era la tierra prometida. Sin embargo, el proceso revolucionario llega al cierre de su primer gran período histórico con un lacerante déficit en el desarrollo económico y social originalmente concebido, y sin que los ejercicios de prueba y error realizados en estos terrenos hayan dado, ni estén dando, resultados positivos. Este es un problema mayúsculo. Con esa vara, tirios y troyanos medirán lo que haga la dirección de relevo, en especial, su capacidad de:

1.   garantizar la continuidad de las grandes obras heredadas, y sobre todo, resolver los grandes problemas que también hereda, en un plazo y con una efectividad razonables;

2.   hacer más llevadera la cotidianidad del largo peregrinaje de la sociedad cubana en pos de la tierra prometida, que no se acerca, sino se aleja, en el horizonte; y,

3.   convocar y facilitar el debate de las peregrinas y los peregrinos en busca de respuestas que revivan, reaviven, renueven y fortalezcan sus motivaciones para seguir adelante: ¿Qué es la tierra prometida? ¿Cómo se llega a ella? ¿Cuánto más tendrán que seguir peregrinando? ¿Qué recompensa les espera allí? Dicho en otros términos, convocar y facilitar un proceso mediante el cual nuestras peregrinas y nuestros peregrinos conciban y construyan una nueva utopía socialista que, con palabras de Galeano, les sirva para caminar.

La frase «su primer gran período histórico» se refería a los más de 62 años que, en el momento de la celebración del VIII Congreso del PCC, la generación fundadora de la Revolución había ejercido el poder, referencia hecha a partir de la suposición de que en ese evento el poder sería transferido a una generación de relevo. Sin embargo, lo que se produjo fue una transferencia de los máximos cargos partidistas — dado que ya se habían transferido los estatales — y no una transferencia del poder. En esencia, la generación que recibió esos cargos no fue empoderada como relevo, sino designada como continuidad.

La máxima gramsciana que el sistema conceptual e institucional cubano ignoró

Transcurridos cuatro años del VIII Congreso, y con nueve plenos de su Comité Central mediante, las y los «peregrinos», en vez de estar más cerca, están mucho más lejos de «la tierra prometida», porque el sistema conceptual e institucional cubano ignoró la advertencia realizada por Antonio Gramsci sobre «la máxima crisis a que se puede ver sometida una organización estatal y social».

Debería ser una máxima de gobierno — escribió Gramsci— el tratar de elevar el nivel de vida material del pueblo por encima de cierto nivel. En este sentido no hay que buscar un motivo especial «humanitario» y ni siquiera una tendencia «democrática»: incluso el gobierno más oligárquico y reaccionario debería reconocer la validez «objetiva» de esta máxima, o sea su valor esencialmente político (universal en la esfera de la política, en el arte de conservar y aumentar el poder del Estado). Ningún gobierno puede prescindir de la hipótesis de una crisis económica y especialmente no puede prescindir de la hipótesis de verse obligado a hacer una guerra, o sea tener que superar la máxima crisis a que se puede ver sometida una organización estatal y social. Y, como cada crisis provoca un descenso del nivel de vida popular, es evidente que se precisa la preexistencia de una zona de descenso suficiente para que la resistencia «biológica» y por tanto, sicológica, del pueblo no se quebrante al primer choque contra la nueva realidad. El grado de fuerza real de un Estado debe por lo tanto medirse también considerando este elemento, que además se coordina con los otros elementos de juicio sobre la solidez estructural de un país. Si las clases dominantes de una nación no han conseguido superar la fase económica corporativa que las lleva a explotar a las masas populares hasta el extremo permitido por las condiciones de fuerza, o sea reducidas a la sola vida biológica vegetativa, es evidente que no se puede hablar de fuerza del Estado, sino solo de apariencia de fuerza (Sic!).

En su intervención en la sesión final del VI Período Ordinario de la VII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el 18 de diciembre de 2010, el general de ejército Raúl Castro Ruz dijo:

Si queremos salvar la Revolución hay que cumplir lo que acordemos, y no permitir después del Congreso — como ha sido hasta ahora en muchos casos muy elocuentes— que los documentos vayan a dormir el sueño eterno de las gavetas, como se estuvo explicando en estos días de discusiones, fructíferas, democráticas y verdaderamente profundas. Así es como queremos que el pueblo continúe discutiendo esos lineamientos, cerca de 100 días hay para eso. O rectificamos o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos, y hundiremos, como dijimos con anterioridad, el esfuerzo de generaciones enteras, desde el indio Hatuey, que vino de lo que hoy es la República Dominicana y Haití — el primer internacionalista en nuestro país—, hasta Fidel, que nos ha conducido genialmente por estas situaciones tan complicadas desde el triunfo de la Revolución.

Es notoria la similitud entre la situación prevista por Gramsci y la situación que Raúl llamó a evitar en el citado discurso de diciembre de 2010. Notorio es también el «borrón y cuenta nueva» ocurrido en la narrativa y la política actual del partido y del gobierno con respecto a la de 2010. A quince años de la apremiante alerta y de la convocatoria a rectificar realizada por Raúl, hoy solo se habla de una «situación compleja», de una «situación tensa», de una «situación difícil» que se rebasará con «creatividad» y «fe inquebrantable en el futuro».

¿Cómo es posible semejante desconexión y contradicción entre los discursos oficiales, públicos, conocidos, de un pasado reciente y los discursos actuales? Unos y otros son accesibles en fuentes cubanas, no en turbios medios de enemigos u odiadores. ¿Cómo explicar que una situación actual de extrema gravedad, posiblemente terminal, sea menos preocupante y más sencilla de resolver que cuando esa gravedad extrema se podía evitar, pero no se evitó?

El «sueño eterno de las gavetas» no solo es cuestión de irresponsabilidad, desidia, o falta de control y de constancia de los órganos partidistas y estatales que deberían ser competentes, ni de incontables e interminables «perfeccionamientos» y «redoblamientos» de esfuerzos, sino el resultado de un conjunto de elementos, algunos ajenos y otros propios, abordados en el presente texto.

Un antecedente para analizar las causas de la crisis actual es aquel «ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio», de 2010, debido a que proyectó hacia la sociedad una esperanza, una certeza, de que: esta vez sí — ¡sin duda alguna sí!— se va a cumplir todo lo acordado y prometido. Esa certeza la avalaban: 1) la lucidez de este y de otros planteamientos hechos entonces por

Raúl; 2) la eliminación y/o flexibilización excelentemente recibida por la sociedad de políticas y prácticas restrictivas hasta ese momento vigentes; y, 3) sobre todo, lo bien concebidos que daban la impresión de estar los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución aprobados en 2011.

En términos gramscianos, la explicación, fundamentación o reconocimiento de lo ocurrido es que, debido a su total incompatibilidad con el sistema conceptual e institucional imperante en Cuba, los Lineamientos, la Conceptualización y el Plan Nacional de Desarrollo hasta 2030: 1) no cumplieron con la «máxima de gobierno [de] elevar el nivel de vida material del pueblo por encima de cierto nivel»; 2) desestimaron la alerta hecha por Raúl en diciembre de 2010 — ¡la alerta hecha nada menos que por el subsistema que opera por encima del sistema político!—, equivalente al llamado de Gramsci a crear la condiciones para «superar la máxima crisis a que se puede ver sometida una organización estatal y social»; 3) no establecieron «una zona de descenso suficiente para que la resistencia “biológica” y por tanto, psicológica, del pueblo no se [quebrantase] al primer choque contra la nueva realidad»; y, 4) permitieron que las condiciones de vida de la mayoría de la sociedad hayan sido «reducidas a la sola vida biológica vegetativa».

La segunda gran crisis ideológica, política, económica y social cubana posterior al derrumbe del llamado bloque socialista europeo es más grave que la primera porque:

1.   Se produce a tres décadas de la anterior, cuando se suponía que ya el país debería marchar por la senda del desarrollo económico y social conducente a la «tierra prometida».

2.   En el enfrentamiento a la gran crisis anterior se tuvo en cuenta que, por escasos que fueran los recursos del país, era imprescindible establecer un balance entre la inversión económica y la inversión social, balance que fue el puntal de la Batalla de Ideas, mientras una de las causas de la gran crisis actual fue el sacrificio de la inversión social en función de la inversión económica, con el criterio de que «la desigualdad es positiva».

3.   En esta ocasión no existen condiciones políticas, económicas, ni sociales que permitan compensar los efectos de la crisis con movilizaciones como las realizadas a favor del regreso del niño Elián o de la liberación de los Cinco Héroes.

4.   Los sistemas conceptual e institucional imperantes son los causantes de la crisis y, por consiguiente, resultan incompetentes para resolverla.

5.   El sacrificio de la sociedad está por debajo de la zona de «resistencia “biológica” y, por tanto, “psicológica”, del pueblo».

6.   No es que no se vea, sino que no hay «una luz al final del túnel», a menos que se produzca una refundación revolucionaria del socialismo cubano.

Aunque muchas veces se aseguró que esto jamás sucedería en Cuba, la Tarea ordenamiento, fallida unificación monetaria, iniciada el 1ro. de enero de 2021, con la cual se pretendía fortalecer el peso cubano, fue el núcleo de una terapia de shock que pulverizó el ya de por sí bajo poder adquisitivo de los salarios y, más aún, de las jubilaciones de las cubanas y los cubanos que dedicamos nuestras vidas a trabajar dentro de la Revolución, por la Revolución y para la Revolución, durante treinta, cuarenta, cincuenta, y hasta más años.

Al menos una parte de los ideólogos, los decisores y/o los ejecutores de la Tarea ordenamiento tenía, necesariamente, que saber cuáles serían sus devastadoras consecuencias para la inmensa mayoría de la sociedad, pero, en última instancia, ninguna otra causa posible los exime de la responsabilidad por el daño infligido al pueblo. Esa responsabilidad no solo se refiere a la Tarea ordenamiento, sino a la acumulación de causas de la crisis económica que llevó a recurrir a esa terapia de shock.

A pesar de la extrema gravedad de las condiciones materiales y espirituales de vida existentes, las autoridades afirman que no hay comparación entre la política cubana actual y los ajustes estructurales de signo neoliberal realizados en otros países a partir de los años ochenta y noventa del siglo pasado; debido a que en Cuba hay «líneas rojas» que no se han traspasado. Pero, en realidad, las «líneas rojas» sí se han traspasado. No hay duda de que la esencia y la fundamentación de la doctrina neoliberal es diferente a la esencia y la fundamentación del sistema conceptual e institucional cubano, aunque la noción de «la desigualdad es positiva», invocada como una de las premisas de la actualización del modelo económico y social, me recuerda a Hayek.

Al utilizar el argumento de las «líneas rojas» se debe considerar que el neoliberalismo sí dispone de un recurso, la focalización del gasto, para no golpear en demasía a sectores o grupos de la sociedad cuya organización, movilización, y lucha social y política, pudieran afectar la estabilidad del sistema capitalista. Focalizar el gasto es lo que el Estado cubano trató de hacer al estallar la crisis actual, pero la pulverización de los salarios y las jubilaciones causada por la Tarea ordenamiento, a la que se sumó la escalonada desaparición de facto de la llamada canasta básica normada, que era lo único accesible con esos salarios y con esas jubilaciones, no dejaron margen para focalización alguna.

La apuesta del «todo por el todo» al levantamiento del bloqueo: la normalización de relaciones con Obama

La dirección del partido y el gobierno cubanos cotidianamente repite que el bloqueo de los Estados Unidos es la causa única o la causa principal de la crisis económica que azota al país. En el presente texto se argumenta que Cuba no solo sufre una crisis económica, sino una crisis ideológica, política, económica y social. Sin duda alguna, el bloqueo es el principal factor externo de la dimensión económica de la crisis multifactorial que flagela a Cuba; además de ser «un pequeño país archipiélago con escasos recursos naturales, que arrastraba las secuelas del subdesarrollo resultante de su pasado colonial y neocolonial, azotado por huracanes y ciclones». No obstante, tanto la dimensión económica como la dimensión social de la crisis son también el resultado de factores internos, en primer término, de la crisis ideológica y de la crisis política que impiden el desarrollo de las fuerzas sociales.

En lo que respecta el bloqueo hay que partir de su esencia criminal, cínicamente plasmada por escrito por Lester Mallory, y de que, excepto durante los dos fugaces procesos de normalización de relaciones entre ambos países, ha sido sistemática y crecientemente ampliado y endurecido. Dicho esto, si el bloqueo hoy llega a ser aún más lesivo que en épocas anteriores, en gran parte esto se debe a la apuesta del «todo por el todo» a su levantamiento, que fue una de las premisas fundamentales de la reforma de la política económica y la política exterior iniciada entre 2010 y 2011. Si el bloqueo es hoy aún más dañino que antes, en ello hay una gran cuota de responsabilidad propia.

La única explicación plausible a la desproporcionada transferencia de recursos de otros renglones económicos y sociales hacia el turismo, sobre la base de que «no podemos esperar a que levanten el bloqueo para construir los hoteles», es que la dirección del partido y el Estado decidió hacer una apuesta del «todo por el todo»: 1) a que se normalizarían las relaciones con los Estados Unidos; 2) a que Estados Unidos levantaría el bloqueo a Cuba; y 3) a que la gran potencia agresora contra Cuba durante seis décadas se convertiría en su principal socio económico y comercial, en especial, como emisor de turismo, cuyo flujo compensaría la pérdida de las privilegiadas relaciones mantenidas con la Unión Soviética, entre 1972 y 1985, y con Venezuela, entre 2004 y 2015.

Si no era de los Estados Unidos: ¿De dónde se suponía que viniese la mayor parte de los ocho, nueve o más millones de turistas anuales, para los que se construyeron y se han seguido construyendo hoteles? ¿De dónde se suponía que viniese la mayor parte de los cientos de empresarios para los que construyeron y se han seguido construyendo inmobiliarias?.

septiembre 08, 2025

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 197

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 197

 “Un mundo llamado Alejo”

 Se trata de un texto tomado en diciembre de 2024 de Cubadebate, escrito por Roberto Méndez Martínez. Poeta, ensayista, crítico de arte, investigador literario y narrador. Licenciado en Sociología en la Universidad de La Habana, Cuba (1980). Miembro del Consejo Nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y del Ejecutivo de la Asociación de Escritores de ésta. Pertenece además a la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC). Posee la Distinción “Por la Cultura Nacional”. Roberto Méndez comenta cómo, desde que él era muy joven, comenzó a deleitarse con los libros escritos por Alejo Carpentier. Así fue conociendo por ejemplo la cultura haitiana, y diferentes géneros como el ensayo hasta la poesía y la de la música, la cultura de la Cuba colonial y la nobleza criolla en el siglo XIX. También dedicado al periodismo, Alejo fue crítico de teatro y comentarista de las temporadas de ópera. En los últimos años de su existencia, fue también consejero cultural de la embajada de Cuba en Francia, en general un trabajador infatigable por la cultura, y siempre será preciso releer sus libros mayores con ojos nuevos.

 Después, en el transcurso del posterior debate se comentó acerca de la importancia de la lectura crítica y del aprendizaje. Más allá de la necesidad de promover la lectura, fundamentalmente entre los más jóvenes para que adquieran el hábito, está el placer que provoca su práctica. Nos enseña a corregir faltas ortográficas, a interpretar los textos, a incentivarnos para que nosotros también podamos escribir textos de manera más fluida con la riqueza literaria que vayamos adquiriendo con su práctica. Es notable cómo el ensayista Roberto Méndez Martínez pudo describir a Alejo Carpentier, quien naciera en Lausana, ciudad de la suiza francesa junto al lago de Ginebra, y luego viajara a Cuba junto a sus padres, cuando sólo contaba con cuatro años de edad y que finalmente eligió a la isla mayor del Caribe como su patria dejándole como legado una obra sin la cual no se entendería a cabalidad la cultura de nuestro siglo XX.

 Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 04 de octubre un texto tomado de la revista digital cubana La Tizza, de Roberto Regalado Álvarez, Socialismo: en busca del «eslabón perdido» entre utopía y realidad. Una visión desde Cuba.

 Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 06 de septiembre de 2025.

septiembre 03, 2025

Circulo de lectura n° 197 - Un mundo llamado Alejo

 Un mundo llamado Alejo

Roberto Méndez Martínez – Cubadebate - 25 diciembre 2024.

Todavía recuerdo el momento en que retiré aquel ejemplar de cubierta azul intenso de la biblioteca de mi padre. Era adolescente y estaba descubriendo el mundo de la literatura. Aquella modesta edición de El reino de este mundo que leí de asombro en asombro me descubrió un nuevo modo de narrar, muy diferente al de los autores románticos, costumbristas o realistas que ya conocía. Iba adentrándome en la historia de Haití, pero no con el didactismo o el fárrago de datos de otros autores, sino a través de una fabulación alucinante: las metamorfosis de Mackandal; la construcción de la ciudadela La Ferriere, cuya argamasa llevaba sangre de toros para hacerla invencible; la corte de Christophe con su estilo operático y hasta el delirio de Solimán cuando descubre en Roma que su antigua ama Paulina Bonaparte se ha convertido en la fría Venus de Cánova. De una vez, sin necesidad de teorías, había descubierto “lo real maravilloso”.

Así entró en mi vida Alejo Carpentier, alguien a quien nunca vi, pero con quien compartía y comparto más de una pasión: la de la novela totalizadora, en la que caben todos los demás géneros, desde el ensayo hasta la poesía y la de la música, arte que él supo cultivar como pocos, no solo porque pudiera leer partituras y ejecutar obras al piano sino porque conocía su historia y sus obras fundamentales al dedillo.

Nunca lo leí de manera ordenada. Me iba llegando en oleadas, con piezas que hallaba aquí y allá. Viaje a la semilla me fascinó, no solo por su inversión del tiempo que hacia viajar al protagonista desde el olvido a la muerte y desde allí hasta la disolución en el seno materno, otro olvido, sino por su homenaje a la cultura de la Cuba colonial, su minuciosa reconstrucción de la vida y costumbres de una familia de la nobleza criolla en el siglo XIX. Después, según pude irlos hallando en librerías fui sumergiéndome en El acoso, ese relato donde la Sinfonía heroica de Beethoven ejecutada en un concierto del Auditorium es el pretexto para mostrar los azarosos días de un antihéroe, un delator de conspiradores contra la dictadura de Gerardo Machado.

Si bien, desde la primera lectura consideré El siglo de las luces una novela perfecta, confieso que mi verdadera pasión, desde los años de preuniversitario, vino a concentrarse en dos obras muy distintas pero llenas de secretos vínculos: Los pasos perdidos, con su contrapunto entre el tiempo europeo, fatigado por guerras mundiales y movimientos artísticos que se agotaban, y el de América, marcado a la vez por el pasado remoto de sus culturas autóctonas y por el promisorio deber de imponer su sello diverso al mundo; y por otro lado Concierto barroco, ese divertimento sobre el que he vuelto muchas veces, con sus conciertos de Vivaldi, su ópera Montezuma y hasta el desayuno en el cementerio de Venecia donde él junto a Handel y Scarlatti juzgan desde su siglo a personajes muy posteriores como Stravinski. En Alejo, felizmente las teorías se convertían en novelas fabulosas y no al revés.

Recuerdo que hará un poco más de cuarenta años el público lector cubano estaba dividido entre los que disfrutaban como yo de la escritura del creador de El recurso del método y aseguraban aprender muchísimo con su redescubrimiento del mundo americano siempre en contrapunto con el resto del universo y los que de manera discreta o escandalosa aseguraban que era “un pedante”, “un autor que solo se puede leer con el diccionario al lado” o sencillamente alguien extraño a la literatura de nuestra tierra, “un afrancesado”. El tiempo ha puesto las cosas en su sitio. Carpentier, nacido en Lausana y que llegó a la Isla tras un periplo que incluyó Bakú y París, aunque viviera parte de su vida en la Ciudad Luz y otra en Caracas, eligió a Cuba como su patria y le dejó como legado una obra sin la que no se entendería a cabalidad la cultura de nuestro siglo XX. A mi juicio es una de las dos figuras máximas de la primera generación de vanguardia, junto a Nicolás Guillén.

Hay una zona de su creación que solo en años recientes ha comenzado a conocerse y aquilatarse como es debido: su periodismo. Sabemos que llegó a ese adictivo oficio en la adolescencia, por urgencias económicas. Comenzó por escribir reseñas de libros y luego fue crítico de teatro, comentarista de las temporadas de ópera que organizaba el empresario Adolfo Bracale en el Teatro Nacional y divulgador de la obra de autores musicales como Wgner y Debussy.
Lo admirable en el periodismo de Carpentier es que, aunque casi siempre haya tenido que escribirlo con urgencia y desprenderse del texto tras una somera revisión, no hay página suya donde la información novedosa esté acompañada por un personal juicio crítico y un estilo elegante que demuestra desde temprano un singular dominio del idioma. Era un periodismo que informaba y a la vez educaba y lo hacía desde la belleza.

En los años que estuvo en París, exiliado tras su prisión por la dictadura machadista, colaboró de manera continua con varias publicaciones cubanas. Son relevantes los artículos que envió a Social, la revista del miembro del Grupo Minorista, caricaturista, animador cultural y hombre mundano Conrado Massaguer. Se suponía que la revista se financiaba no solo por sus anuncios, sino porque muchos de sus lectores eran miembros de la alta sociedad habanera y quería verse retratados en sus páginas, como asistentes a bailes de máscaras, regatas y eventos benéficos. El escritor lo sabía y empleaba estrategias y por ejemplo, si se estrenaba una partitura importante en la Ópera de París, como excelente camarógrafo, hacía primero un paneo del público que ascendía por la gran escalera y se detenía después en el “grand foyer”, detallaba el modo en que algunas mujeres vestían, señalaba algunas de las firmas de alta costura que diseñaron aquellos atuendos y no olvidaba referirse a ciertos adornos, joyas y perfumes, antes de entrar en la sala y contemplar desde un palco la ópera, el ballet, la cantata, que era capaz de hacer revivir al lector, sin tecnicismos pero con una plasticidad superior a la de los críticos habituales.

Gracias a él los cubanos más cercanos al mundo cultural pudieron saber por primera vez de los Ballets de Diaguilev, de las escandalosas composiciones de Stravinski, Enesco, Varése, así como de la pintura de Picasso, sin olvidar los triunfos parisinos de los cubanos Wifredo Lam y Eduardo Abela. Estaba en todas partes, lo sabía todo, escribía no como gacetillero sino como artista. Años más tarde, sostuvo por muchos años la columna Letra y solfa en El Nacional de Caracas. La mayoría de esos textos han sido recogidos en libros y sorprende al leerlos su frescura, su madurez, la pertinencia de sus juicios cuando lo mismo juzga una novela de Herman Broch, una obra tardía Stravinski, los cuadros de madurez de Picasso o una temporada del Ballet Alicia Alonso en Venezuela. Era un comunicador por excelencia, sabía elogiar pero también señalar con habilidad las limitaciones, las fallas de una obra o artista e iba siempre hacia las creaciones sustanciales.

Cuando revisamos su copiosa obra no solo nos sorprende su labor de edificador en la narrativa, en la que no solo hay novelas monumentales sino cuentos de excelente factura como los del volumen Guerra del tiempo. Junto a eso su periodismo ocupa varios tomos que siguen siendo un desafío educativo para los que hoy se forman en ese quehacer y aun habría que hacer espacio para el ensayista. Un libro como Tientos y diferencias, es grande aunque no sea voluminoso: allí está esa página tan especial sobre el escultor Alexander Calder y el texto que escribiera para el reportaje fotográfico La ciudad de las columnas, uno de sus grandes homenajes a La Habana, que puede leerse como un ensayo independiente si se separa de las fotos de Paolo Gasparini que lo motivaron.

En un principio, en casas de sólida traza, un tanto toscas en su aspecto exterior, como la que se encuentra frente a la Catedral de La Habana, pareció la columna cosa de refinamiento íntimo, destinada a sostener las arcadas de soportales interiores. Y era lógico que así fuera -salvo en lo que se refería a la misma Plaza de la Catedral, a la Plaza Vieja, a la plaza donde se alzaban los edificios destinados a la administración de la isla- en ciudad cuyas calles eran tenidas en voluntaria angostura, propiciadora de sombras, donde ni los crepúsculos ni los amaneceres enceguecían a los transeúntes, arrojándoles demasiado sol en la cara. Así, en muchos viejos palacios habaneros, en algunas ricas mansiones que aún han conservado su traza original, la columna es elemento de decoración interior, lujo y adorno, antes de los días del siglo XIX, en que la columna se arrojara a la calle y creara -aun en días de decadencia arquitectónica evidente- una de las más singulares constantes del estilo habanero: la increíble profusión de columnas, en una ciudad que es emporio de columnas, selva de columnas, columnata infinita, última urbe en tener columnas en tal demasía.

Y junto a tal riqueza barroca están sus reflexiones sobre la novela americana, su “teoría de los contextos”, su mirada a Cuba unida a los detalles recogidos en diversos puntos del mundo como viajero infatigable.

Y todavía, después de tantas páginas notables quedaría a un lector acucioso acercarse a un libro como La música en Cuba, que primero fue un encargo de la editorial Fondo de Cultura Económica pero fue el punto de arrancada del musicólogo para investigar a fondo las raíces de ese arte en la Isla lo que le permitió descubrir en los archivos de la catedral de Santiago de Cuba las partituras de Esteban Salas y hallar en ellas la ejecutoria del primer compositor cubano de relieve. Allí están las sustanciosas valoraciones sobre sus contemporáneos y amigos, Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla, voces musicales de la vanguardia por excelencia y juicios sobre autores aun no consagrados como Gisela Hernández y Harold Gramatges. Más allá de cualquier limitación que pueda señalarse hoy a esta obra, es un libro de referencia imprescindible.

El Alejo de los últimos años de su existencia, Consejero cultural de la embajada de Cuba en Francia, conferencista privilegiado por el mundo académico de Europa y América, novelista multipremiado, articulista de lujo en grandes órganos de prensa, era además un hombre memorioso. En esa clave me gusta leer La consagración de la primavera, que tal vez no sea su novela más perfecta pero en ella se mezclan el protagonista y el narrador en las andanzas por La Habana, Madrid, París, la música del son oriental con los compases salvajes del ballet de Stravinski que le da título, la Guerra Civil española y el desarrollo del ballet y la danza moderna en Cuba, marcados por la tradición europea pero con savia propia. Es uno de esos casos donde la ficción se alza sobre la memoria viva y no parece haber fronteras entre ambas.

Hace ya 120 años de que viera la luz un escritor que ninguna moda podrá apartar, un trabajador infatigable por una cultura que hizo suya y contribuyó a edificar. Su obra inédita sigue ofreciendo sorpresa tras sorpresa, mientras que es preciso releer sus libros mayores con ojos nuevos. Sigue en pie ese desafío que nos dejó en sus palabras de agradecimiento al recibir el Premio Cervantes en 1977:

No hay ni habrá crisis de la novela, mientras la novela sea novela abierta, novela de muchos, novela de buenas y fuertes variaciones —valga el término musical— sobre los grandes temas de la época, como lo fue en su tiempo la ejemplar novela, a la vez local y universal, de Miguel de Cervantes Saavedra.
Es precisamente a uno de esos grandes herederos de Cervantes al que honramos hoy.

agosto 05, 2025

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 196

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 196

“Certezas y encrucijadas del socialismo en Cuba”

Este texto cuyo autor es Frank Josué Solar Cabrales, Profesor Titular y jefe del Departamento de Historia y Patrimonio Universitario de la Universidad de Oriente, Miembro de la Cátedra de Estudios Históricos del Estado y el Derecho Leonardo Griñán Peralta, y presidente de la Cátedra Honorífica para el estudio del pensamiento y la obra de Fidel Castro en la Universidad de Oriente, fue tomado de la revista digital cubana La Tizza con fecha del 24 de marzo de 2024. Se refiere al éxito logrado por la Revolución al construir el socialismo en Cuba, resistiendo durante 65 años a la permanente agresión del imperialismo estadounidense con el bloqueo, principal causante del malestar que vive hoy la población cubana. Ante la permanente necesidad de adecuar el sistema socialista a las nuevas exigencias, a partir de un amplio debate popular se implementaron en el año 2011 los “Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución” y que luego fueron nuevamente actualizados bajo los términos de “Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista” y el “Plan de Desarrollo Económico y Social hasta 2030”, implementados a partir del VII Congreso del Partido en el año 2016. Todo este nuevo rumbo se institucionalizó con la aprobación popular de la nueva Constitución en el año 2019. Sin embargo, aún subsisten desigualdades difíciles de superar, y un crecimiento no deseado de la inflación. Esto requiere un permanente seguimiento por parte de la conducción política con un amplio apoyo y colaboración por parte del pueblo en su conjunto. Aquí el autor de este texto inicia todo un análisis político e ideológico acerca de lo que significa la construcción del socialismo en el contexto internacional actual, los elementos a tener en cuenta para contrarrestar los efectos nocivos que se van generando, mantener bien en alto los principios, sin permitir que por errores conceptuales se pueda perder el rumbo y regresar nuevamente al capitalismo.

Durante el posterior debate se acordó que éste profundo análisis conceptual ideológico está concebido dentro de la madurez política alcanzada por el pueblo cubano después de haber transitado por más de sesenta años en el ignoto camino de la construcción del socialismo, tomando como ejemplo las experiencias históricas de otros países que han avanzado por los mismos derroteros, además del aprendizaje dado por sus propios errores, siempre afrontados bajo la concepción del análisis de los hechos con la necesaria autocrítica por parte de su gobierno respaldado por el pueblo. La dificultad de construir el socialismo en un país pequeño, tan cerca del imperio yanqui, con su enorme poder de influencia mediática, además insertado en un mundo mayoritariamente dominado por el capitalismo salvaje, en su última etapa neoliberal, hace que sea invadido precisamente por algunas prácticas propias del capitalismo, lo que pone seriamente en riesgo su propósito. Para ello el autor hace un profundo llamado a la reflexión, mediante la intensificación del debate interno en la sociedad cubana, con el objetivo de no perder de vista los principios fundamentales que rigen la construcción del socialismo para poder garantizar su continuidad y no perder el rumbo hacia el comunismo, su siguiente objetivo.  Se recordó una valiosa frase del Ché en su texto “El socialismo y el hombre en Cuba” donde menciona que: «…persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida». Precisamente pensamientos como éste han provocado, pocos años después, su persecución y el posterior asesinato en su campo de lucha de la selva boliviana. Y después, unos pocos años más se produjo el asesinato del presidente marxista Salvador Allende, democráticamente electo por el pueblo chileno. También recordamos las enseñanzas de Fidel al decirnos que hoy tenemos que librar una poderosa “Batalla de Ideas”, bajo el concepto que: «…debemos movilizar nuestras conciencias como principal instrumento de lucha frente al poder devastador de las armas modernas que posee el imperio». Finalmente, el debate giró hacia un análisis acerca de la hoy tan mencionda concepción neoliberal del individualismo y la meritocracia. Se planteó que todo lo que nos rodea es producto del esfuerzo colectivo, que nada pudo ser creado por un individuo solo, sino siempre en colaboración con los demás. Nosotros mismos somos un ejemplo de ello, ya que fuimos concebidos por una mamá y un papá, además de llevar incorporados los genes de muchos familiares antepasados. Es decir que una cosa es el individuo y otra cosa es el mal concebido individualismo, que sólo le sirve al “sistema” para culparnos a nosotros mismos del mal que sufrimos colectivamente como producto del sistema en que vivimos, y por supuesto también nos inculcan que la solución debe ser individual y no de manera colectica y en comunidad. Como ejemplo del comportamiento, desde nuestro instinto humano en el trabajo colectivo, se mencionaron las experiencias de nuestros pueblos originarios que siempre han practicado la solidaridad en el trabajo colectivo por ejemplo, en las conocidas “mingas” de los pueblos mapuche también practicado en Bolivia y la llamada Faena” practicada en el Perú.

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 06 de septiembre un texto tomado de Cubadebate y escrito por Roberto Méndez Martínez, “Un mundo llamado Alejo”.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 02 de agosto de 2025