Éste viernes 30 de agosto a las 20 hs en el espacio cultural de Incluyendo Bariloche, en Brown 1444, a media cuadra de 9 de Julio: “Charla sobre un recorrido por la vida del Ché, y su pensamiento político”. Con entrada libre y gratuita.

25 de Mayo 245 - S. C. de Bariloche (RN) Argentina Tel.: 54 294 4422 569 maxischnee@gmail.com Actividades Videos debate en varios sitios (ver las entradas). Círculo de lectura: todos los primeros sábados del mes.. Radios: “Cuba y Nosotros” FM 90.3 “Gente de Radio” www.fmgentederadio.caster.fm Martes de 19 a 20 hs (repite jueves 12 a 13 hs.) En Internet: http://baricuba.blogspot.com - Facebook: Brigadas-A-CUBA-desde-Patagonia
agosto 28, 2024
agosto 22, 2024
Invitación sobre cooperativismo
Éste viernes 23 de agosto a las 20 hs en el espacio cultural de Incluyendo Bariloche, en Brown 1444, a una cuadra de 9 de Julio. Charla sobre Cooperativismo, qué es y cómo funciona una cooperativa. Cooperativismo en Cuba.
Están todas y todos invitados

agosto 08, 2024
Cine Cubano en el Sindicato de Trabajadores Judiciales - Comunicado de prensa
Cine Cubano en el Sindicato de Trabajadores Judiciales
COMUNICADO
DE PRENSA
En
el marco del ciclo de Cine Cubano y Videos Debate, el Grupo Bariloche de Solidaridad
con Cuba invita a la proyección del documental:
“Tamara
Bunke, Tania, espía y guerrillera a las órdenes del Che Guevara”
Nacida
en Argentina era hija de alemanes comunistas, y ella adoptó como propios estos
ideales y trabajó como agente revolucionaria para acabar con la dictadura boliviana
de Rene Barrientos.
Primero
actuó como espía en la Ciudad de La Paz, introduciéndose en las esferas del
poder, y luego se incorporó a la lucha armada del ELN.
Murió,
junto a varios de sus compañeros, en una emboscada que les tendió el ejército
boliviano.
Duración:
55 min. Director: Carlos Koster
Las y
los esperamos este viernes 9 de agosto a las 20 hs. en el Sindicato de Trabajadores
Judiciales, en calle Albarracín 1135 (casi esquina Ruiz Moreno).
Con
entrada libre y gratuita.
Invita
el Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba.
25 de
Mayo 245
Cel:
294 4 62 2747
San Carlos
de Bariloche
agosto 05, 2024
Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 184
Síntesis
y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 184
“En el 65 aniversario de la Casa de
las Américas”
Un
texto escrito en base a las palabras pronunciadas por Jorge Fornet con motivo del 65
aniversario de la Casa de las Américas en la Sala Che Guevara, el 27 de abril
de 2024 tomado
de la revista digital de cultura cubana La Jiribilla.
Se
trata de una institución cultural de integración sociocultural con América Latina,
el Caribe y el resto del mundo, donde se difunde material artístico y literario
de América y el Caribe por medio de actividades de promoción, conciertos,
concursos, exhibiciones, festivales, seminarios.
Fundada
en 1959 por Haydee Santamaría, y presidida por Roberto Fernández Retamar, la
Casa de las Américas divulga, investiga, auspicia, premia y publica la labor de
escritores, artistas plásticos, músicos, teatristas y estudiosos de la
literatura, las artes y las ciencias sociales del continente, cuya integración
cultural alienta, al tiempo que fomenta el intercambio con instituciones y
personas de todo el mundo. Al entrar, se lee un letrero a relieve que dicta:
«Esta es la Casa de Haydee Santamaría», sin embargo, una vez más queda claro,
como diría la propia fundadora, que esta es la Casa de todos los intelectuales
y amigos que, desde cualquier punto del planeta, han tomado parte en el
quehacer diario por el desarrollo cultural de América Latina. Está concebida
como un espacio de encuentro y diálogo de distintas perspectivas en un clima de
ideas renovadoras. Fue esta una de las primeras medidas tomadas por el Gobierno revolucionario
donde la cultura comenzaba a levantarse sobre nuevas bases, considerada como la
Casa de todos los intelectuales y amigos del mundo.
La
simboliza el Árbol de la Vida en un espacio integrador y potenciador de
estímulos vitales colectivos para la generación de nuevos saberes y proyectos
como fueron los aportes políticos solidarios con Vietnam, la descolonización de
África, como fueron ayer y también hoy el apoyo al pueblo palestino. Numerosos
son los intelectuales, escritores y poetas que han frecuentado la Casa, como
Rodolfo Walsh, Rubén Darío, Armando Tejada Gómez, Julio Cortázar, García
Márquez o Alejo Carpentier, entre muchos otros.
Se
han llevado a cabo coloquios, exposiciones, conciertos, lecturas, debates,
ediciones y espectáculos teatrales que continúan con su perseverancia habitual.
Escritores, artistas, pensadores y activistas de todos los sitios siguen
viniendo a ella, habitándola y reconociéndola como propia. Está conformada por
diferentes departamentos como el Centro de investigaciones literarias, de
Teatro y Artes Plásticas, Música y Biblioteca, entre otras. Como le gustaba
repetir a la propia Haydee Santamaría, la Casa de las Américas es la Casa de
todos los intelectuales y amigos que, desde cualquier punto del planeta, han
tomado parte de un modo u otro en este empeño, así como la de quienes durante
décadas han recibido los mensajes de la institución o se mantienen al tanto de
su quehacer. Se trata de una construcción colectiva cuyos cimientos son el
arte, la cultura y la solidaridad basada en la amistad de los pueblos.
Es
la Casa de los estudiantes que han crecido entre las revistas y libros de su
biblioteca y no deja de ser, incluso, la Casa de los turistas que cada día se
toman fotos a la entrada, ante el nombre fundido en letras de bronce, simplemente
para dar fe de que pasaron por este lugar legendario.
A
decir de Mario Benedetti quien reconocía que: “Gracias a la Casa, los
productores de las artes y las letras de América Latina no sólo pudimos llegar
al pueblo cubano y tomar contacto con la evidencia incanjeable de la
Revolución; también logramos conocernos y reconocernos entre nosotros”.
Durante
el posterior debate, se comentó acerca de la importancia que reviste la
iniciativa revolucionaria de la creación de la Casa de las Américas, una institución
Cubana al servicio de la cultura y su vinculación entre los países de Nuestramérica.
En múltiples reuniones, seminarios y exposiciones permite el permanente
encuentro y reencuentro de personalidades de todas las corrientes artísticas,
de escritores, poetas y políticos que se descubren, se redescubren y se
complementan en un continuo proceso de construcción de saberes y de
pensamientos colectivos. Se comentó también que en el año 1964, año de la
economía, en una carta escrita por el Ché a la Casa de las Américas, éste le
dona un importe que le hiciera la Unión Nacional de Escritores y Artistas a él
por su libro “Pasajes de la Guerra Revolucionaria Cubana”.
Se
destacó la creatividad del pintor chileno Roberto Matta, que ante la escasez de
materiales provocado por el bloqueo, tuvo la iniciativa de utilizar una mezcla
de cal y la propia tierra tomada del jardín de la Casa para plasmar allí su
obra de arte. Se comentó también como muy positivo el recambio generacional de
las autoridades de la Casa de las Américas en el año 1994, con la inclusión las
jóvenes generaciones, lo que después dio fruto la celebración del Encuentro de
Jóvenes Artistas Latinoamericanos y del Caribe.
Es
la Casa de las Américas también un espacio de concentración y atesoramiento de
múltiples obras literarias conteniendo escritos históricos acerca de la
evolución de las luchas de los pueblos de Nuestramérica, contada con la
realidad objetiva de sus propios protagonistas, arrojando luz sobre la historia
“oficial” escrita generalmente por los vencedores y opresores de estos pueblos.
Por
último se decidió abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 07 de
septiembre un texto tomado del Instituto de Meteorología de la República de
Cuba, titulado: “Generalidades de los Ciclones
Tropicales”.
Grupo
Bariloche de Solidaridad con Cuba, 03 de agosto de 2024.
agosto 01, 2024
Círculo de Lectura # 185 - Septiembre de 2024
Círculo de Lectura # 185 - Septiembre de 2024
“Generalidades
de los Ciclones Tropicales"
Tomado del Instituto de Meteorología de la
República de Cuba
http://www.insmet.cu/asp/qenes¡s.asp?TB0=PLANTILLAS&TB1=OPTION&TB2=/c
onten¡dos/ciclones%20trop¡cales/general¡dades/general¡dades.htm
Los ciclones
tropicales, su clasificación y las zonas del mundo donde se originan
Un ciclón
tropical es un término genérico que se emplea para designar a los sistemas de
baja presión que se forman en los océanos, en un ambiente homogéneo y
generalmente en la zona tropical. El ciclón tropical está acompañado de una
amplia área de nublados, con lluvias, chubascos y tormentas eléctricas y tiene
asociada una circulación superficial de los vientos en sentido contrario al de
las manecillas del reloj en el hemisferio norte, siendo en el mismo sentido que
éste en el hemisferio sur.
Los ciclones
tropicales se forman sobre las aguas cálidas de la zona tropical o subtropical
a partir de perturbaciones pre-existentes, las que consisten en áreas de
inestabilidad, como son las ondas tropicales. Pueden también formarse en la
zona de inestabilidad del extremo sur de un frente frío y, a veces, a partir de
zonas de baja presión de núcleo frío (« bajas frías ») en la atmósfera
superior.
Hay varias
condiciones que posibilitan que un ciclón tropical se forme y se desarrolle
hasta convertirse en huracán. Hay al menos tres condiciones que son
completamente necesarias:
1.
Una perturbación pre-existente:
área extensa de nubosidad con lluvias, chubascos y tormentas eléctricas.
2.
Temperatura cálida de las aguas
del océano: 26,6 °C o superior, hasta una profundidad de al menos 45 metros.
3.
Vientos en la atmósfera superior:
que sean débiles y no cambien mucho de dirección y velocidad a través de la
altura de la atmósfera (bajo cizallamiento)
Mediante el
contacto con las aguas cálidas del océano, la perturbación preexistente recibe
el calor y la energía. Comienza a formarse una zona donde la presión
atmosférica es algo inferior a la de los alrededores. Cerca de la superficie
del océano, los vientos empiezan a girar como un torbellino con centro en la
zona de baja presión de la perturbación. Durante estas primeras etapas, el
sistema meteorológico se compone de un agrupamiento relativamente poco
organizado de chubascos y tormentas eléctricas. Las aguas cálidas del océano
agregan más humedad y calor al aire que sube, y a medida que la humedad se
condensa formando los chubascos y lluvias, se genera más calor, lo cual
suministra energía adicional al sistema. La configuración de la atmósfera
superior debe garantizar que el aire que penetra por los niveles superficiales
salga al exterior del sistema por los niveles superiores. Así que si los
vientos en altura son débiles y varían poco en dirección, la energía puede
seguir concentrándose, el sistema puede fortalecerse y transformarse en una
depresión tropical. Llegado este punto, el sistema comienza a adquirir el
familiar aspecto en espiral, debido al flujo de los vientos y a la rotación
terrestre.
Si las
condiciones oceánicas y de la atmósfera superior continúan siendo favorables,
el ciclón sigue fortaleciéndose hasta convertirse en una tormenta tropical, las
bandas de chubascos y tormentas añaden más calor y humedad y el ciclón pasa
relativamente en poco tiempo al estadío de huracán. Es en este momento cuando
suele formarse el llamado ojo del huracán, debido a que el aire baja rápidamente
por el centro, secando y calentando esa zona, en la cual no hay nubes y el
viento está en calma.
El ciclo de vida
de un huracán puede durar más de dos semanas sobre las aguas del océano y en
ese período puede recorrer una larga trayectoria.
De la misma
manera en que varios factores contribuyen a la formación de un huracán, existen
otros que promueven su debilitamiento y disipación. El huracán puede
debilitarse o disiparse sobre el mar debido a la existencia de fuertes vientos
superiores o gran diferencia en dirección y velocidad entre los vientos a
diferentes niveles, desde la superficie hasta 10 a 12 kilómetros de altura.
Entonces se dice que hay una fuerte cizalladura vertical del viento. También
puede debilitarse si se desplaza sobre aguas más frías o sobre una zona más
seca. Típicamente, una vez que un huracán alcanza tierra firme, pierde la
fuente principal de humedad y la circulación superficial puede verse reducida
por la fricción con la topografía del terreno. Por lo general, un huracán o un
ciclón tropical que está debilitándose puede volver a cobrar mayor intensidad
si se desplaza hacia una región más favorable o interactúa con un sistema
frontal de las latitudes medias.
Las condiciones
generales de formación y desarrollo de los ciclones tropicales ocurren durante
los meses de verano en los océanos tropicales del mundo, con la excepción del
Atlántico Sur y de la porción Sudeste del Pacífico, debido a que en estas
zonas, a pesar de ser tropicales, las capas superficiales del océano son relativamente
frías, con temperaturas por debajo de los 26.5 °C.
La temporada ciclónica. Zonas de formación de
ciclones tropicales en el Atlántico Norte, el Mar Caribe y el Golfo de México
durantelos diferentes meses de la temporada ciclónica.
Oficialmente, la
temporada de ciclónica o de huracanes comienza el 1° de junio y termina el 30
de noviembre en la cuenca del Atlántico (que comprende el Océano Atlántico, el
Mar Caribe y el Golfo de México). Como la parte más activa de la temporada
ocurre entre mediados de agosto y finales de octubre. Sin embargo, pueden
producirse huracanes en cualquier momento durante la temporada.
Por lo general, las zonas donde se forman los huracanes y
las trayectorias que éstos siguen están relacionadas con el mes en que se
forman.
Como regla
general, a comienzo y fin de la temporada (junio, octubre y noviembre) los
ciclones tropicales se forman en el Mar Caribe occidental y en el Golfo de
México, mientras que en los meses centrales de la temporada (julio, agosto y
septiembre) se forman en el Atlántico, usualmente entre Africa y las Antillas
Menores. Estas son las condiciones promedio; sin embargo, los huracanes pueden
formarse en distintos lugares. No obstante, si se hace una idea del patrón
general, podrá llegar a comprender mejor que en Cuba los meses más peligrosos
son los del inicio y fin de la temporada por su formación en el Mar Caribe
occidental.
Cada año, se
forman como promedio diez tormentas tropicales sobre el Océano Atlántico, el
Caribe y el Golfo de México, muchas de las cuales nunca salen de las aguas del
océano.
La distribución de los promedios de formación por meses es la
siguiente:
Período |
Junio |
Julio |
Agosto |
Septiembre |
Octubre |
Noviembre |
1886 - 2000 |
0.5 |
0.7 |
2.1 |
2.9 |
1.8 |
0.4 |
|
El
movimiento de los ciclones tropicales. Trayectorias más comunes en el
Atlántico.
Aparte del
movimiento de rotación espiralada de los vientos alrededor del centro de baja
presión, los ciclones tropicales se desplazan como un todo hacia regiones
geográficas, a veces muy distantes de la zona donde surgió. La dirección del
movimiento es gobernada por los sistemas que rodean al ciclón tropical, sean
estos anticiclones u ondas superiores. Como para cierta época del año hay
coincidencia de similar situación de los sistemas meteorológicos, se dan regularidades
en el movimiento de los ciclones tropicales, aunque a veces se producen grandes
excepciones.
El movimiento de los ciclones tropicales se
produce de manera general en dos ramas de una parábola, la primera rama con
rumbo general al Oeste u Oestenoroeste, para llegar a un punto de recurva en el
que disminuye su velocidad o se estaciona, para cambiar drásticamente la
dirección de su movimiento, tomando entonces una segunda rama hacia el Norte,
Nortenordeste y después al Nordeste.
En los meses de
junio, octubre y noviembre, el movimiento general es próximo al norte, mientras
que julio, agosto y septiembre, las trayectorias son alargadas, extendiéndose
desde la costa de Africa con orientación general hacia el Oeste.
Clasificación de los
Ciclones Tropicales.
Los ciclones
tropicales se clasifican de acuerdo a la velocidad que alcanzan los vientos
máximos sostenidos (promediados en un minuto),de la siguiente manera:
Depresión
tropical: vientos máximos sostenidos inferiores a
63 kilómetros por hora.
Tormenta tropical: vientos
máximos sostenidos entre 63 y 117 kilómetros por hora.
Huracán: vientos máximos sostenidos superiores a 117 kilómetros por hora.
La escala
Saffir/Simpson de clasificación de huracanes.
Se llama Huracán al ciclón tropical totalmente
desarrollado. Como los mismos se clasifican a partir de los vientos máximos
sostenidos (1 minuto) y el poder destructivo de los huracanes aumenta
rápidamente, ya que depende no de la velocidad del viento, sino del cuadrado de
esta variable, se ha puesto en uso la clasificación de los huracanes en una
escala de cinco categorías, llamada escala Saffir-Simpson. Esta escala es la
siguiente:
Categoría |
Viento máximo sostenido (km/h) |
Daños |
1 |
118 - 153 |
Mínimos |
2 |
154 - 177 |
Moderados |
3 |
178 - 209 |
Extensos |
4 |
210 - 250 |
Extremos |
5 |
>250 |
Catastróficos |
|
Los huracanes de categoría 3 o superiores
se denominan huracanes de gran intensidad.
Elementos peligrosos en
un ciclón tropical.
Los principales
fenómenos peligrosos que acompañan a un ciclón tropical son la surgencia, los
vientos fuertes, las precipitaciones intensas, el oleaje y los tornados.
La surgencia es
el fenómeno natural más dañino provocado por un ciclón tropical, tanto para la
vida humana como para los bienes materiales de la sociedad. Definiéndola en una
forma sencilla, consiste en una impresionante y repentina ola que llega junto
con el organismo a tierra, está constituida por una onda de longitud larga, que
como promedio puede afectar de 150 a 200 km. de costas, durabilidad de algunas
horas, alcanza su mayor altura a la derecha de la trayectoria del organismo, en
la región de los vientos máximos y es provocada por la tensión de los vientos
fuertes y la caída de la presión atmosférica al encontrarse este organismo
tropical sobre una región de plataforma insular o continental de poca
profundidad, pudiendo alcanzar alturas superiores a los 6 m.
Esta consiste en
la combinación de la surgencia con la marea astronómica presente en el lugar
donde está ocurriendo el fenómeno, produciéndose la mayor sobre elevación del
nivel medio del mar ante la presencia de una pleamar.
A los efectos
devastadores de este dañino fenómeno natural debe de añadírsele la altura que
alcanzan las olas provocadas por el ciclón tropical, las cuales se desplazan
por encima de ella.
El ciclón
tropical es un sistema productor de lluvia. Cuando un ciclón tropical toca
tierra, es común que deje entre 100 y 300 mm o más de lluvia en una amplia
zona. Sin embargo, la lluvia no depende de la intensidad del ciclón tropical.
Sin embargo, un desplazamiento lento o errático sobre una misma área, una zona
de topografía accidentada y la interacción con otros sistemas meteorológicos,
ocasiona lluvias torrenciales que a su vez producen grandes y devastadoras
inundaciones. El grado de peligro que representan las inundaciones depende,
además del nivel de saturación del suelo, por lo que si después de varios días
con lluvias ocurre la afectación de un ciclón tropical, las inundaciones son
mucho más extensas y mortíferas. Los deslizamientos de tierra en zonas
montañosas es otro factor muy peligroso que se produce a consecuencia de las
lluvias intensas.
En los estadíos
de Depresión Tropical y Tormenta Tropical, las lluvias generalmente están
alejadas del centro y ocurren hacia la derecha entre 100 y 300 kilómetros de
distancia del centro
Los ciclones
tropicales se clasifican, como ya se vio, de acuerdo a la velocidad de los
vientos máximos sostenidos promediados en un minuto. El poder destructor del
viento aumenta rápidamente con su velocidad, ya que depende no de la velocidad
en sí del viento, sino del cuadrado de esa velocidad.
Los vientos de
una Depresión Tropical son usualmente débiles y sólo son capaces de ocasionar
daños en estructuras débiles o en cultivos de poca raíz y amplio follaje como
el plátano. En una tormenta tropical son lo suficientemente fuertes como para
representar ya una cierta amenaza.
Los vientos de
intensidad de huracán pueden fácilmente destruir una casa o un edificio cuya
estructura es de mala calidad. Durante un huracán, los escombros, los carteles,
las tejas y materiales que se desprenden de los techos y cualquier objeto
pequeño que se haya dejado afuera, se transforman en proyectiles. Los vientos
más intensos soplan generalmente en el lado derecho de la pared del ojo del
huracán.
Las rachas son
intensidades grandes del viento, en sólo 2 a 3 segundos de duración, que
superan al viento máximo sostenido de 1.2 a 1.5 veces su valor. Son las que más
daños ocasionan.
Los vientos de
intensidad de huracán también pueden dañar los edificios altos ya que la fuerza
del viento suele aumentar con la altura hasta en una categoría de la escala
Saffir-Simpson.
Descripción del paso
de un huracán por una localidad. Características encontradas en el “ojo”.
Cuando un huracán
se acerca a una localidad, el observador ve que de hora en hora se incrementa
la frecuencia y la intensidad de los chubascos y tormentas eléctricas, los
vientos van aumentando y el tiempo en general va deteriorándose rápidamente.
Después vendrá el huracán en toda su intensidad, y si el ojo pasa por la
localidad, entonces abruptamente vendrá la calma, saldrá el sol si es de día o
se vean las estrellas y la luna si es de noche, pues el cielo estará despejado o
con nubes altas, un cierto tiempo después, volverá el huracán en toda su furia,
y a veces lo peor ocurre después de pasar el ojo. Esta descripción será mejor
comprendida después que a continuación se analicen las distintas partes de la
estructura del huracán.
Las partes
principales de la estructura horizontal de un huracán son el centro u ojo, la
pared del ojo y las bandas espirales de lluvia que conforman el cuerpo del
huracán. El aire se mueve hacia el centro en espiral, en dirección generalmente
contraria a la de las manecillas del reloj y sale por arriba, a alturas entre 5
y 10 kilómetros, en la dirección opuesta.
El ojo no existe en los estadíos de Depresión Tropical y
Tormenta Tropical. Aparece en el primer estadío del huracán, a veces cercano a
la Categoría 2. Esto ocurre porque es necesaria una velocidad apreciable del
viento que genere en el centro de rotación una zona donde las fuerzas se
equilibren, y el aire desciende seco y más cálido, formando la zona sin nubes del
ojo. El ojo puede medir entre 30 y 60 km de diámetro.
La densa pared de
tormentas eléctricas y chubascos que rodea al ojo, es la zona de mayor
convergencia del aire superficial, por tanto es donde se encuentran los vientos
más intensos del huracán. Un cambio en la estructura del ojo y la pared del ojo
durante cualquier momento de la vida de un huracán, puede alterar la velocidad
del viento, que es una indicación de la intensidad del sistema. El diámetro del
ojo puede aumentar o disminuir en tamaño y es posible que se formen dos paredes
concéntricas alrededor del ojo. En los sistemas débiles pueden aparecer hasta
dos y tres ojos o centros de circulación, pero por poco tiempo.
Las bandas de lluvia
en espiral.
Las bandas de
lluvia externas del huracán (cuyos vientos a menudo alcanzan intensidad de
huracán o de tormenta tropical) pueden extenderse a varios cientos de
kilómetros del centro. A veces, estas bandas y el ojo quedan ocultos por las
nubes altas; en estos casos, puede resultar difícil para el pronosticador usar
las imágenes de satélite para seguir el movimiento del ciclón, sobre todo de
noche
Algunos Huracanes
importantes en la historia de Cuba. Sus efectos.
En Cuba, la mayor
catástrofe natural de nuestra historia está relacionada con la marea de
tormenta o surgencia. Una marea de tormenta de 6 metros de altura asociada a un
huracán de gran intensidad el 9 de noviembre de 1932 en Santa Cruz del Sur,
Camagüey, arrasó la población, que resultó literalmente barrida del mapa, con
el triste saldo de más de 3000 muertos.
Las lluvias
torrenciales asociadas con el huracán Flora del 4 al 7 de octubre de 1963
ocasionó en la región oriental del País la segunda catástrofe natural de
nuestra historia. El lento y errático movimiento del huracán sobre zonas
montañosas produjo acumulados de hasta 1800 mm en 72 horas, prácticamente la
lluvia de un año en tres días. Hubo que lamentar más de 1000 muertes.
Los vientos
alcanzaron rachas de 262 km/h en la Capital del País durante el huracán del 18
de octubre de 1944. Los vientos huracanados soplaron durante 14 horas, estando
por 7 horas por encima de los 200km/h. Se reportaron 300 muertos.
Catástrofes como las anteriormente mencionadas son
afortunadamente algo del pasado que nunca volverá. Cuba tiene ahora un moderno
sistema de pronósticos y avisos, una Defensa Civil con planes concretos de
protección en los que participan todos, y una voluntad política que prioriza la
protección de la vida humana.
Gracias a los
adelantos que se han logrado en los últimos 20 años en materia de tecnología,
modelos de huracanes por computadora, conocimiento y la experiencia de los
pronosticadores, ha aumentado enormemente la precisión de los pronósticos. Pese
a estos adelantos, aún no comprendemos plenamente las complejas interacciones
que se producen en la atmósfera y no se pueden producir modelos adecuados de
ellas, lo cual limita la exactitud de los pronósticos. Pronosticar huracanes
sigue siendo una tarea muy difícil, quiere decir que ningún pronóstico puede
ser perfecto, por tanto tienen un grado de incertidumbre con el que hemos
aprendido a vivir, lo que ha contribuido a reducir considerablemente la cantidad
de muertes que se pueden atribuir a los ciclones tropicales y a los peligros
con ellos relacionados.
Para pronosticar
huracanes, como otros sistemas meteorológicos se emplean diferentes técnicas,
modelos de pronóstico y seguimiento por satélite y radar. Los modelos de
pronóstico son esquemas matemáticos que a partir de
condiciones atmosféricas dadas, prevén las futuras. En el caso de los ciclones
tropicales hay técnicas climatológico-persistentes,
sinóptico-estadísticas y dinámicas.
Las climatológico-persistentes
están relacionadas con el archivo histórico de
ciclones tropicales del pasado, cómo se comportaron según la época del año y el
movimiento que ha tenido en las 12 o 24 horas anteriores. Son esquemas que sólo
se usan en la actualidad cuando el ciclón tropical está en áreas muy distantes
y se tienen pocos datos. Los esquemas sinóptico-estadísticos parten de
ecuaciones estadísticas que toman en cuenta la configuración y valor de los
sistemas atmosféricos y su interacción con el ciclón tropical.
Los modelos
dinámicos son los de mejor funcionamiento en la
actualidad y permiten vislumbrar el estado futuro de la atmósfera con bastante
certidumbre en plazos de 72 horas, en especial los sistemas de altas presiones
y ondas superiores que están próximos e influyen el ciclón tropical.
Pero el
meteorólogo no confía ciegamente en los modelos. Los analiza todos, conoce sus
virtudes y defectos, y emplea su experiencia y habilidad a la hora de tomar la
decisión y pronosticar la futura trayectoria y evolución del ciclón tropical.
Es entonces, que se hacen los Avisos de Ciclón Tropical, los cuales son
rápidamente transmitidos por la radio y la televisión.
Pronósticos
de la trayectoria de un huracán: Los
pronosticadores deben analizar una enorme cantidad de datos, incluidos los
resultados de los distintos modelos numéricos, que pueden estar en conflicto
entre sí, y luego realizar el mejor cálculo posible para brindar un pronóstico
de trayectoria e intensidad para 72 horas. Al igual que nos resulta más fácil
predecir dónde estaremos en 12 horas que en 72, es más fácil predecir dónde
estará un huracán justo antes de que toque tierra (aunque su trayectoria puede
cambiar inesperadamente). Cuando el período de pronóstico es breve, el error en
la trayectoria pronosticada es relativamente menor, mientras que cuando el
pronóstico es para un período más prolongado, el margen de error aumenta
considerablemente. Si está consciente de la existencia de estos errores en las
previsiones, podrá evaluar mejor el potencial de peligro.
Aunque la intensidad de un huracán ofrece una indicación de su
capacidad de destrucción, el impacto de un huracán depende de dónde y cuándo
azota.
Cono de trayectorias
pronosticadas
Los pronósticos
de trayectoria de un ciclón tropical, como todo otro pronóstico, están sujetos
a errores. Estos errores son pequeños en las primeras horas, pero van creciendo
con cada hora subsiguiente. Para ilustrar estas incertidumbres se emplea un
cono representativo del haz de trayectorias.
Puede decirse que este cono representa de un 60 % a 70 %
de probabilidad de que el centro del ciclón tropical está contenido por él en
el plazo total del pronóstico. Para construir el cono se toma la trayectoria
consenso de los modelos junto a una concesión subjetiva por la experiencia del
pronosticador y se extiende hacia ambos lados de acuerdo con los errores
promedios de cada plazo durante un período de muchos años. Esto es, en 12 horas
75 kilómetros; en 24 horas, 140 kilómetros; en 36 horas 200 kilómetros; en 48
horas, 265 kilómetros y en 72 horas, 400 kilómetros.
Pronóstico Estacional
en Ciclones Tropicales.
Muchos
científicos han tratado de descubrir maneras de predecir la actividad ciclónica
a largo plazo. No se ha detectado ninguna relación entre la actividad ciclónica
al comienzo de la temporada de huracanes y dicha actividad durante el resto de
la temporada. Sin embargo, sí sabemos que, a lo largo de muchos años, los
huracanes presentan ciclos de mayor y menor actividad. Los estudios actualmente
en curso son prometedores en lo que se refiere a pronosticar la actividad anual
de las tormentas tropicales y los huracanes con un año o más de anticipación.
No existen (y es probable que nunca lleguen a existir) técnicas que permitan
pronosticar a largo plazo los lugares específicos en los que azotará un
huracán.
El Sistema de Avisos y
Alertas de Ciclones Tropicales.
La Alerta
Temprana representa un elemento de gran utilidad al informar con suficiente
antelación (superior a 48 horas e inferior a 120 horas) a las autoridades que deben
tomar decisiones, de concretarse el peligro, de la posibilidad de que algún
Fenómeno Meteorológico Peligroso afecte a zonas del territorio nacional.
Representa una alerta de que algo puede suceder y promueve la preocupación, por
la percepción creciente de un posible peligro.
Ya a períodos de tiempo inferiores a 48 horas,
las alertas vienen contenidas en los Avisos de Ciclón Tropical. Estos avisos se
emiten con una mayor frecuencia a medida que está más próximo el ciclón. Cuando
éstos se encuentran situados al este del meridiano 55 °W o al norte del
paralelo 30 °N, se emiten cada 24 horas a las seis de la tarde; si el ciclón
tropical ha penetrado, o se ha generado, dentro de los límites señalados
anteriormente, los avisos se emiten cada 12 horas, a las 6 pm y 6 am, por otra
parte, si el ciclón tropical representara algún peligro para Cuba en las
próximas 72 horas, los Avisos de Ciclón Tropical se emiten cada 6 horas, a las
6 pm, 12 pm, 6 am y 12m..
La Interacción con los
Medios y la Defensa Civil.
Es muy importante
la interacción de los pronosticadores con los medios de difusión y la Defensa
Civil. A través de los medios de difusión, principalmente la radio y la
televisión, los meteorólogos dan conocer sus pronósticos a la población, la que
está habituada a verlo diariamente en la emisión estelar del NTV y en la
revista « Buenos Días » y a través de otros programas de las emisoras
nacionales y provinciales de radio y televisión. Sin embargo, ante la amenaza
de un Ciclón Tropical o cualquier otro fenómeno meteorológico peligroso de gran
envergadura, las cámaras de la TV y los micrófonos de las cadenas nacionales de
radio se trasladan a la sede del Centro de Pronósticos y desde allí se dan a
conocer los avisos y cualquier otra información actualizada. Los pronosticadores
interactúan con los periodistas, y de esa manera se brinda una información
oficial y única, en la cual nuestro pueblo tiene una gran confianza.
La prensa
escrita, debido a su mayor lentitud de difusión, no puede dar estos avisos
actualizados. Sin embargo, la información complementaria que aparece en los
artículos que publica es de gran utilidad para que se conozcan más detalles de
la situación meteorológica general y de la amenaza del ciclón tropical en
particular. Los medios de difusión divulgan, además, el esfuerzo que hace el
País para proteger a la población y la economía a través de las orientaciones
emitidas por el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil y los Consejos de
Defensa Provinciales.
El Sistema de Defensa
Civil en casos de Ciclón Tropical.
Es de suma
importancia la interacción de los pronosticadores con el Sistema Nacional de la
Defensa Civil, porque las orientaciones de éste órgano son las que permiten
disminuir las pérdidas humanas y materiales. La Defensa Civil tiene establecida
cuatro fases ciclónicas. Las orientaciones se toman teniendo en cuenta que debe
terminarse la evacuación antes de que comiencen a manifestarse las lluvias
intensas, que pueden dejar incomunicados los caminos, y antes de que comiencen
a soplar los vientos de intensidad de tormenta tropical, no los de intensidad
de huracán. Se toman en consideración además otros factores para garantizar en
todo momento la seguridad de la población, tales como el no realizar la
evacuación de noche a menos que sea imprescindible hacerlo.
Las cuatro fases ciclónicas son:
La Fase
Informativa por ciclón tropical: Se establece por
el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil (EMN-DC) cuando el Centro de
Pronósticos del INSMET (CP) ha informado del surgimiento o la existencia de un
ciclón tropical y de su posible aproximación a cualquier punto del País en un
período de tiempo próximo a las 72 horas, tomando además en consideración las
características del organismo ciclónico.
La Fase de
Alerta Ciclónica: Se establece por el EMN-DC cuando
el CP ha informado que un ciclón tropical puede comenzar a afectar a alguna
parte del territorio nacional en las próximas 48 horas.
La Fase de Alarma Ciclónica: Se establece por el EMN-DC
cuando el CP ha informado que es inminente la afectación al País de un ciclón
tropical en las próximas 24 horas.
La Fase
Recuperativa: Se establece una vez que el fenómeno
meteorológico haya dejado de afectar a un territorio dado y si es necesario la
realización de trabajos de liquidación de las consecuencias.
Para el
establecimiento de las fases ciclónicas la Defensa Civil tiene en cuenta
además:
a)
Las características propias del
sistema meteorológico (Depresión Tropical, Tormenta Tropical o Huracán).
b)
Intensidad de los vientos máximos
y áreas de lluvia que acompañan al ciclón tropical.
c)
Características específicas del
territorio amenazado (costa, llano, montañas, ríos, etc.)
c) Estado de las presas y del manto freático.
Círculo de Lectura # 184 - Agosto de 2024
Círculo de Lectura # 184 - Agosto de 2024
“En el 65 aniversario de la Casa de las
Américas"
Por: Jorge Fornet
28/4/2024 -Tomadas
de La Jiribilla
https://www.laiiribilla.cu/en-el-65-aniversario-de-la-casa-de-las-americas/
Se cumplen mañana
65 años de la fundación de la Casa de las Américas, cifra inimaginable para
quienes llegaron aquí en 1959 y a la que hoy aludimos como si se tratara de lo
más normal del mundo. Y aunque también nos parezca natural, no deja de resultar
sorprendente que entre las primeras medidas tomadas por el Gobierno
revolucionario, o mejor dicho, que entre las primeras medidas revolucionarias
tomadas por el nuevo Gobierno, estuviera la creación de la Casa, precedida por
la del ICAlC y la Imprenta Nacional. Todavía la Revolución no era plenamente la
Revolución, todavía Urrutia era presidente de la República y no se había
promulgado la Primera Ley de Reforma Agraria, y ya la cultura comenzaba a
levantarse sobre nuevas bases. En lo que respecta a la Casa, además, hay una
particularidad adicional. La fundación del ICAlC y de la Imprenta Nacional
eran, por decirlo así, previsibles; de hecho, suponía la consumación de viejos
anhelos, y ambos nacían como instrumentos para fomentar producciones concretas,
ya fuera de películas o de libros destinados al nuevo público que apenas
comenzaba a gestarse. La creación de la Casa, más abstracta en sus objetivos,
implicaba un acto de imaginación mayor, remitía a nociones como integración,
independencia, intercambio, comunidad, etcétera. Pronto se demostraría que
tales abstracciones arrojarían resultados tangibles.
A la entrada de
este edificio, al pie de la majestuosa escalera que nos conduce hasta aquí, se
lee: “Esta es la Casa de Haydee Santamaría”. No estaba escrito en ninguna parte
que el destino de aquella mujer excepcional, de escasos estudios formales y
vinculada desde la primera hora a la lucha revolucionaria (hermanada con Fidel
antes, incluso, de que fuera Fidel), pudiera estar asociado a cualquier idea de
lo que sería este lugar. Eso que, en gran medida gracias a ella, estaba a punto
de ocurrir en este sitio de misión incierta, nadie podía haberlo imaginado. Sin
embargo, muy pronto se fue dibujando el perfil de la institución, al que la
historia —o, más precisamente, la casi inmediata hostilidad de los gobiernos de
la región— obligó a pasar a la ofensiva.
Lo cierto es que
aunque el protagonismo de Haydee no ha sido disputado por nadie y que ella
sigue ocupando el lugar preeminente que le corresponde, es justo reconocer que
esta es también la Casa de Mariano, de Roberto, así como de los centenares y
centenares de trabajadores que —en un arco que va de figuras como Ezequiel
Martínez Estrada y Manuel Galich a los compañeros y compañeras de más modesta
responsabilidad— han contribuido a hacer de ella lo que es.
Esta es además,
como le gustaba repetir a la propia Haydee, la Casa de todos los intelectuales
y amigos que, desde cualquier punto del planeta, han tomado parte de un modo u
otro en este empeño, así como la de quienes durante décadas han recibido los
mensajes de la institución o se mantienen al tanto de su quehacer. Muchísimo
antes de que el universo digital nos permitiera multiplicar el número de
destinatarios, ya las publicaciones y la voz de Cuba llegaban, gracias al
trabajo de divulgación de la Casa, a miles de personas en noventa países de los
cinco continentes, las cuales no conocían de nuestra Isla más que una dirección
postal: Tercera y G, El Vedado.
Y desde luego, es
también la Casa de quienes asisten a las actividades que aquí se realizan, así
como de los estudiantes que han crecido entre las revistas y libros de nuestra
biblioteca. (Por cierto, ahora mismo se exhibe en la Galería Latinoamericana,
como parte de una peculiar exposición, el carnet de usuario de Roque Dalton).
No deja de ser, incluso, la Casa de los turistas que cada día se toman fotos a
la entrada, ante el nombre fundido en letras de bronce, simplemente para dar fe
de que pasaron por este lugar legendario.
Haber consolidado
un proyecto y un equipo capaz de llevarlo adelante, mucho más allá de su propia
desaparición física, es uno de los tantos méritos de Haydee. Las vidas de
quienes hoy hemos sido galardonados están atravesadas en mayor o menor medida
por su presencia y su pasión. Entre nosotros hay quienes tuvieron el privilegio
de trabajar durante años a su lado; otros pudieron conocerla y llevar adelante
encargos que la involucraban. Sin embargo, la mayoría de los presentes, incluso
entre los condecorados, nunca la vieron en persona. No importa: a unos y otras
los une la fidelidad a eso que Mariano solía llamar el espíritu de la Casa, esa
vocación propia de quienes trabajan aquí, debida no a un feliz azar, sino a un compromiso
heredado de generación en generación.
Me permito la
libertad y la osadía de hablar como parte de quienes reciben hoy las medallas
Haydee Santamaría y Alejo Carpentier, y la Distinción por la Cultura Nacional,
simplemente para expresar el agradecimiento de todas y todos, porque sé que
estar hoy ante este Árbol de la vida que nos acompaña y simboliza desde hace
medio siglo, es un orgullo compartido. Cuando la medalla que lleva el nombre de
nuestra fundadora fue entregada por primera vez en 1989 (mañana se cumplirán
exactamente 35 años), Mario Benedetti tuvo a su cargo las palabras de
agradecimiento en representación de aquel grupo extraordinario. Años después
evocaría a Haydee, al decir que ella “enriqueció mi vida cuando trabajábamos
juntos”, y que “[e]n las conversaciones con que matizábamos el trabajo [...]
habrían de madurar (al amparo de Martí, a quien ambos admirábamos) mis
opiniones sobre el papel del escritor y el artista latinoamericanos ante su
pueblo y ante sí mismos. Ella lo tenía bien claro, e irradiaba esa claridad”.
Al influjo de esa misma claridad hemos crecido.
Aunque la Casa
nació oficialmente el 28 de abril, su primera actividad pública — como es
sabido— tuvo lugar poco más de dos meses después, el 4 de julio, con un
concierto de dos músicos estadunidenses. Ese gesto parecería coherente con el
espíritu panamericanista de las instituciones que habían coexistido hasta poco
antes en este edificio y con el propio nombre de la recién nacida. Pero para
entender el proceso que estaba teniendo lugar tanto en el país como dentro de
estas paredes, ese hecho debe ser contrastado con lo ocurrido apenas veinte
días después, cuando la Casa fue inundada por un nuevo y protagónico sujeto.
Un mes antes de
que ello ocurriera, desde Caracas, Alejo Carpentier había publicado en su
sección Letra y solfa, de El Nacional, un artículo en el que adelantaba:
“pronto, 50 000 guajiros a caballo, con sus sombreros de guano, sus guayaberas,
zapatos de vaqueta, mochilas y machetes, desfilarán —¡oh, manes del Cucalambé!—
por las calles de esta jubilosa Habana de 1959, ciudad que no asistió a
parecido espectáculo desde la entrada del chino Máximo Gómez, en los albores de
la República”. Centenares de aquellos guajiros descritos por Carpentier pasaron
por aquí. Una fotografía mucho menos célebre que El Quijote de la farola, de
Korda, pero no menos evocadora, los muestra comiendo en esta misma sala; en
otra, mezclada con ellos, aparece Haydee. No se entiende la tarea que la Casa
estaba comenzando a asumir, si se pasa por alto que parte de su sentido fue
integrarse de manera orgánica a la convulsión revolucionaria, y expandir el
alcance de sus destinatarios.
Coincidiendo, por
cierto, con la llegada de los guajiros a La Habana anunciada en sus palabras,
Carpentier regresó definitivamente a Cuba justo a tiempo para ser testigo de la
primera celebración popular del 26 de julio. De inmediato se involucró en la
vida cultural del país y entre las primeras tareas que asumió estuvo su
decisivo aporte en la concepción y organización de nuestro Premio Literario. Y
fue tal la eficacia del concurso, que apenas un año después de iniciado, en el
discurso que pronunciara en la Conferencia de Punta del Este en 1961, el Che lo
mencionaría como prueba y ejemplo del modo en que Cuba propiciaba la “exaltación
del patrimonio cultural de nuestra América Latina”. Desde entonces y hasta su
muerte, Carpentier permanecería vinculado a la Casa. De manera que, para
algunos de nosotros, recibir aquí la medalla que lleva su nombre entraña un
inmenso honor.
Si bien la Casa de las Américas adquirió muy pronto vida y
personalidad propias, ella expresó, en el plano de la cultura, preocupaciones y
miradas afines al proyecto político de la Revolución cubana. Roberto Fernández
Retamar resumió en cierta ocasión su logro mayor:
Si alguna cualidad positiva tiene la Casa que Haydee hizo,
la Casa de las Américas, es la de ofrecerse como sitio de encuentro de dos
líneas poderosas que atraviesan la gran nación aún despedazada que somos: la
línea que reclama nuestra plena independencia y nuestra integración (es la
línea de Bolívar, Sandino, Fidel o el Che), y la que, con pareja energía, anda
en busca de nuestra expresión, para usar términos clásicos de Pedro Henríquez
Ureña: una expresión que ya empezó a ser nuestra en viejas piezas y músicas, en
el Inca Garcilaso, en Sor Juana, en el Aleijadinho. Allí donde ambas líneas se
fusionan, arden obras mayores, a la cabeza de las cuales se encuentra la de
José Martí.
Años antes, un
crítico como Emir Rodríguez Monegal —a quien no es fácil acusar de simpatizante
de la Revolución ni de la Casa—, reconocía el papel de ambas en el desarrollo
del llamado boom de la narrativa latinoamericana: “A veces se olvida [...] que
el triunfo de la Revolución Cubana es uno de los factores determinantes del
boom”, expresaba, para añadir luego que las circunstancias políticas
proyectaron al centro del ruedo internacional a la Isla y, con ella, a todo el
continente. Además de afirmar que el gobierno cubano “asume una posición
cultural decisiva y que tendrá incalculables beneficios para toda América
Latina”, Monegal reconocía que la Casa de las Américas, “por algunos años se
convertirá en el centro revolucionario de la cultura latinoamericana”, gracias
a su revista, su Premio y sus libros.
Abro un pequeño
paréntesis para recordar que desde sus inicios la Casa desbordó su misión
cultural y nuestra área geográfica para volcarse, además, en compromisos
políticos como el apoyo a Vietnam y a la descolonización de África en los años
sesenta y setenta, o a Palestina ahora mismo. También ha sido notable su
respaldo a causas humanitarias. Tenemos un temprano y curioso testimonio de
esta solidaridad (cierto que un testimonio algo irritado), gracias a una carta
del crítico Manuel Pedro González dirigida a Portuondo, entonces embajador en
México. Escrita desde el Hotel Presidente, según presumo, está fechada el 26 de
mayo de 1960, cuatro días después de que un devastador terremoto asolara Chile.
Aunque la carta se extiende por varios párrafos, comienza así: “Querido José Antonio:
// Dudo que pueda terminar estas líneas. A dos cuadras, en la Casa de las
Américas, frente a mi ventana, han instalado un alto —altísimo— parlante
demandando ayuda para las víctimas de Chile y es difícil concentrarse. Trataré
de hacerlo”. Si bien no solemos asociar a la Casa con el bullicio urbano, del
que más bien es víctima, la anécdota da fe de cierta temprana ruptura del orden
cuando la ocasión lo ameritaba.
Pero volviendo a
nuestro tema esencial, para que esta institución llegara a ser lo que es, contó
desde sus inicios con la participación entusiasta y la colaboración generosa de
escritores, artistas y, más adelante, de instituciones de esta y de otras
regiones. Unos y otras contribuyeron de manera decisiva al alto grado de
excelencia y la repercusión internacional de este dinámico centro, tanto como a
cimentar un patrimonio artístico, documental, sonoro, bibliográfico y editorial
de enorme valor. A tal punto la Casa ha desarrollado una intensa labor en el
campo de la literatura, la música, el teatro y las artes plásticas, por la que
es reconocida internacionalmente, que a veces se olvida que ha sido también un
punto de referencia para el pensamiento latinoamericano y caribeño; e incluso
el producido en sitios lejanos y en otras lenguas, como el que durante décadas
encontró un centro irradiador, desde la Casa, en la revista Criterios,
realizada por Desiderio Navarro. Y ha sido, al mismo tiempo, un puente y lugar
de encuentro en el que se han tejido, a lo largo de estas décadas, importantes
redes intelectuales y profundos afectos. El propio Benedetti, al volver de Cuba
después de su primer viaje a la Isla en 1966, le escribió a Retamar una primera
carta en la que confesaba: “ustedes tienen un modo muy particular de invadirle
a uno el corazón y hacer que uno sienta, a los pocos días de haber llegado, la
confianza y la alegría de una amistad sólidamente cimentada”; y añadía: “desde
ahora todo ese mundo es también un poco el mío”.
Intentaré evitar,
sin embargo, sucumbir a la embriaguez de la nostalgia, dado que es fácil en un
caso como este echar mano a una historia y unos colaboradores excepcionales que
justificarían por sí mismos la labor de la institución, cuando lo importante es
ver un proceso, entender sus claves y evaluar su pertinencia en el mundo de
hoy. Aun así, no puedo desentenderme del hecho de que por estas salas y
pasillos han andado millares de los hombres y mujeres más notables de la
literatura, las artes y la reflexión en la América Latina y el Caribe, y
también de otros continentes, incluidos premios Nobel que todavía no lo eran
como Asturias, Neruda, García Márquez, Soyinka, Cela, Darío Fo, Saramago y
Vargas Llosa. De la relación con esos miles queda un aluvión de cartas que
rebasan su enorme valor como manuscritos para dar fe de una época llena de
pasión y de contradicciones. Por eso nos pareció involuntariamente gracioso que
el año pasado, con motivo del centenario del escritor italiano Italo Calvino,
alguien sugiriera colocar en algún lugar visible de este singular edificio una
de esas placas en las que se lee: “Aquí estuvo...” o “Por aquí pasó.”, para
señalar que la Casa fue uno de esos sitios importantes vinculados con el
escritor. Aquella era una petición irrealizable porque antes hubiéramos tenido
que tapizar las paredes del edificio, de arriba a abajo, con miles de placas
similares.
Junto a ellos, por
supuesto, también han recorrido estos espacios Martín Fierro y Blas Cubas, Doña
Bárbara y Pedro Páramo, Ti Noel y Caliban, José Cemí y el Macho Camacho,
Juanito Laguna y Ramona Montiel, Santa Juana de América y el Pagador de
promesas, la Maga y Aureliano Buendía, Amanda y Manuel, Mafalda y Anansi,
Beatriz Viterbo y Arturo Belano, así como tantísimos personajes más que nos
siguen acompañando.
Otros visitantes
han encontrado en la Casa un lugar de referencia a la hora de generar proyectos
similares. En 1988 el antropólogo brasileño Darcy Ribeiro llegó a Cuba como
parte del propósito que lo llevó a otros países latinoamericanos: establecer o
afianzar contactos y conseguir colecciones de arte popular, libros, discos y
películas para el acervo del naciente Memorial de América Latina, que pronto se
fundaría en Sao Paulo. En esa ocasión, acompañado de Eliseo Diego, visitó la
Casa para formalizar la relación entre ella y el Memorial. La carta que le
escribió a Retamar a su regreso a Río de Janeiro, no tiene desperdicio.
Comienza con una humorada no muy adecuada a la sensibilidad de hoy, que alude a
las muchas y eficientes mujeres que trabajaban en la Casa (a las que el pintor
chileno Roberto Matta llamaba «las Casadas de las Américas»); no obstante la
repetiré, porque está escrita desde el cariño, y porque varias de las aludidas
se encuentran entre las galardonadas: “Fueron lindos mis días en Cuba. Les
agradezco mucho a ti y a tu extraordinario equipo. ¿No quieres prestarme a tus
muchachas? Con ellas aquí, el Memorial de América Latina podría incluso
funcionar”.
El propio Matta
había llegado a La Habana un cuarto de siglo antes, en febrero de 1963,
invitado por la Casa. En aquel productivo viaje de varias semanas, realizó Cuba
es la capital, el mural que desde entonces se encuentra a la entrada de este
edificio. Al reseñar la visita, Edmundo Desnoes recordaría que cuando Matta
llegó apenas habían transcurrido “cinco meses del bloqueo naval con el que Estados
Unidos pretendió asfixiarnos”, lo que provocó escasez de materiales para los
artistas, de modo que el pintor decidió emplear cal y “la propia tierra cubana”
extraída del jardín. Contaría entonces Matta que Eusebio, el trabajador de la
Casa que le llevaba los cubos llenos de tierra, le dijo que eso nunca se había
visto en Cuba: “Sentí que yo [añadiría Matta] estaba abriendo una visión a otro
hombre, quitándole prejuicios, mostrándole posibilidades”.
Por esas mismas
fechas se encontraba entre nosotros, como jurado del Premio Literario, Julio
Cortázar. Aquel viaje, confesaría después, cambió su vida y le permitió cobrar
conciencia de su condición latinoamericana. En la única carta escrita desde La
Habana esa vez, dirigida a su amigo Eduardo Jonquiéres y fechada el 22 de
enero, le cuenta: “No te escribo largo porque la Casa de las Américas no me
deja” por los compromisos y las “montañas de libros y revistas” que le
entregaba. Promete hablarle más adelante sobre la Revolución, pero comenta el
frenesí de los intelectuales cubanos “trabajando como locos, alfabetizando y
dirigiendo teatro y saliendo al campo a conocer los problemas... Huelga decirte
que me siento viejo, reseco, francés al lado de ellos”. Cortázar, que no tiene
un pelo de ingenuo, añade: “no cierro los ojos a las contrapartidas, pero no
son nada frente a la hermosura de este son entero de verdad”. Y da fe,
entonces, del difícil momento que le correspondió ver: “Qué tipos, che, qué
pueblo increíble. El bloqueo es mostruoso. No hay remedios, ni siquiera unas
pastillas para la garganta. Se hacen prodigios para combinar el arroz con los
boniatos y los boniatos con el arroz”.
Al recordar esos
otros momentos escarpados, no puedo pasar por alto que vivimos tiempos
particularmente difíciles, en los que no solo nos asedian carencias materiales
de todo tipo y que el bloqueo (aquel mismo bloqueo) sigue en pie, sino también
la fatiga propia de la batalla que se alarga. Por si fuera poco, el horizonte
latinoamericano, para no hablar del mundial, vive días turbulentos. Es grato y
es cómodo el trabajo de la Casa con el viento a favor, cuando —por ejemplo— la
mayor parte de los gobiernos de la región sintonizan con la aspiración de la
unidad, y se facilita el intercambio de ideas. En tiempos de crisis y de gobiernos
que explícitamente intentan dinamitar la noción misma de unidad latinoamericana
y caribeña, ese trabajo es más difícil pero también más necesario.
El ya citado
Carpentier comentó que todo escritor y todo artista se ha preguntado alguna vez
qué sentido tiene su trabajo creativo. En un mundo en el que existe tal
cantidad de obras extraordinarias que no alcanza la vida de una persona para
abarcarlas, ¿qué razón tiene perseverar en la tarea? Seguramente a buena parte
de nosotros —en tanto representantes de una institución— nos ha asaltado una
pregunta similar. Pero entonces se hace inevitable pensar que aún somos
necesarios porque el arte y la literatura llevan en sí la curiosa paradoja de
que nos sustraen del mundo para permitirnos entenderlo y entendernos mejor;
porque el pensamiento puede angustiarnos a la vez que nos hace más libres, y
porque la Casa debe seguir siendo una alternativa a lo que parece ser el
sentido común de nuestro tiempo. Hay, a la vez, llamados de los que no podemos
apartarnos, como el hecho —pongamos por caso— de que se cumplirá en diciembre
el bicentenario de la batalla de Ayacucho, que selló la independencia
hispanoamericana en territorio continental, y nos corresponde conmemorarlo,
puesto que se trata de un hito (también cultural) en la larga historia que nos
ha traído hasta aquí. Y en medio de la incertidumbre uno recuerda las ocasiones
en que, por falta de recursos, en lugar de detener el trabajo, otros han echado
mano a la tierra que nos rodea, tanto en el sentido concreto que supieron
otorgarle Matta y Eusebio, como en el metafórico que le daban nuestros mambises
al decir que también la tierra pelea.
Más de una vez he
pensado que el principal defecto de la Casa de las Américas es quizá su mayor
virtud: la ambición permanente, su irrefrenable vocación de ir siempre más allá
y desbordar fronteras. No me refiero a esa recurrente inclinación a enlazar
opuestos, como transitar sin tropiezos —para atenernos a un ilustrativo ejemplo
de 1967— entre dos momentos excepcionales y diversos de la creación poética: de
la celebración del Encuentro con Rubén Darío, homenaje a uno de los mayores
poetas de la lengua, a la realización del Encuentro de la Canción Protesta, al
cual debemos, por un lado, la imagen de la rosa y de la espina diseñada por Rotsgaard
(quizás el más reproducido de los carteles culturales cubanos), y, por otro, el
nacimiento pocos años más tarde del Movimiento de la Nueva Trova. Pero no me
refiero a eso, repito, sino a algo más programático.
Ayer mismo
clausuramos un Premio concebido originalmente para escritores hispanoamericanos
en los géneros literarios tradicionales. Era fácil acomodarse a ello y sostener
el interés de los concursantes sin arriesgar nada. Pero pronto la Casa quiso
más: incluir a los autores de Brasil, adoptar el género testimonio (decisión
que provocó estas palabras de Rodolfo Walsh: “creo un gran acierto de la Casa
de las Américas haber incorporado el género testimonio al concurso anual. Es la
primera legitimación de un medio de gran eficacia para la comunicación
popular”), convocar la literatura para niños y jóvenes, asimilar a los autores
caribeños no solo en las lenguas de las metrópolis sino también en los creoles
de la región, aceptar como propios a los latinos residentes en los Estados
Unidos, poner el foco en mujeres, negros, pueblos originarios. Y así
sucesivamente, en una lógica que se repite en cada área de la Casa, en sus
eventos y publicaciones. ¿Qué sentido tiene tanta locura? Pues esa locura forma
parte de la capacidad de la Casa para fundar y reinventarse sin dejar de ser
fiel a sí misma, y de su afán de redefinir y extender el concepto mismo de
nuestra América, y de quienes hacen su cultura y su historia, más allá de los
excluyentes límites que han pretendido imponérsele.
Hace exactamente
treinta años, es decir, en 1994, se produjo en la Casa un inusitado recambio
generacional. Por acuerdo colectivo, cuatro compañeras y un compañero que
ocupaban cargos de dirección tuvieron la visión y la generosidad de dar un paso
al lado y emprender nuevas tareas dentro de la Casa; cuatro de ellos, por
cierto, están siendo distinguidos esta mañana. En su lugar, cinco jóvenes
nacidos, y sobre todo nacidas, en los años sesenta, y que por lo tanto son más
jóvenes que la Casa misma, pasaron a ocupar las direcciones de Artes Plásticas,
Biblioteca, Administración, Prensa y el Centro de Investigaciones Literarias.
Esa apelación a
los jóvenes no era nueva. Protagonista del entusiasmo generado por la
Revolución, era lógico que la Casa lograra nuclear a la mayor parte de las figuras
que, en los años sesenta, estaban realizando lo mejor de la cultura del
momento. Un desafío mayor significaba mantener el contacto y la capacidad de
convocatoria entre quienes entonces apenas comenzaban a dar sus primeros pasos
en el ámbito cultural. Consecuencia de tal desafío fue la celebración del
Encuentro de Jóvenes Artistas Latinoamericanos y del Caribe celebrado en 1983,
que convocó a escritores, artistas y científicos sociales, y que, visto en
perspectiva, fue el antecedente más obvio del espacio Casa Tomada.
Cinco años después
de aquella renovación generacional, al pronunciar las palabras inaugurales del
Premio Literario de 1999, Retamar formulaba preguntas que, naturalmente, iban
mucho más allá de preocupaciones sobre el concurso mismo:
¿qué van a hacer los jóvenes con el Premio Casa de las
Américas? ¿Quedará como está? ¿Desaparecerá, entendiéndose que su misión ha
sido cumplida? ¿Encontrará maneras creadoras de seguir prestando servicios?
[...] Hago estas preguntas en un momento de madurez de nuestro Premio y de
nuestra Casa. Y, como he dicho, no anticipo contestaciones. Es más: quiero
dejar las preguntas en el aire, con la certidumbre de que serán bien
respondidas. Si hemos sabido ser los mismos y otros, si hemos vivido y
sobrevivido a través de pruebas a menudo bien complejas, tropezando y volviendo
a encontrar el paso, tenemos derecho a la confianza. Tenemos más: el derecho, y
probablemente el deber, de volver a empezar.
Ha transcurrido un
cuarto de siglo desde entonces. El hecho de que estemos hoy aquí significa que
aquellas preguntas fueron bien respondidas y las preocupaciones encontraron
adecuado cauce. Pero unas y otras se renuevan permanentemente, de manera que
siguen en pie y toca a los jóvenes de hoy no olvidarlas. Como no debe olvidarse
que la historia de la Casa puede ser contada como un relato de sucesos felices
(más aún porque la ocasión celebratoria lo propicia), pero que también ha sido
un campo de batalla erizado de pasiones y tensiones de todo tipo, donde
estallaban polémicas y colisionaban puntos de vista, como inevitable corolario
de su permanente toma de posición.
Premios,
coloquios, exposiciones, conciertos, lecturas, debates, ediciones y
espectáculos teatrales continúan con su perseverancia habitual. Escritores,
artistas, pensadores y activistas de todos los sitios siguen viniendo a ella,
habitándola y reconociéndola como propia. Son los hechos cotidianos que hacen
de la Casa de las Américas lo que es. Mucho menos cotidiano y sí más
excepcional es lo que está ocurriendo esta mañana. Deseo reiterar el
agradecimiento de quienes hemos sido condecorados hoy. A todas y todos nos une
el profundo vínculo con este sitio; el motivo que nos convoca permite
reconocernos como miembros de la enorme familia de quienes, a partir de 1959,
han sido tocados de un modo u otro por la Casa de las Américas, desde su
inolvidable fundadora, hasta los hijos y nietos de aquellos guajiros que una
vez, hace casi 65 años, inundaron esta sala.
Quiero concluir
recordando que fue aquí mismo, en este sitio de la ciudad en que se erige el
edificio que desde 1959 ocupa nuestra institución, donde se levantó la antena
de 57 metros de altura que, a principios de 1905 y por primera vez en la
historia de la humanidad, permitió realizar una conexión inalámbrica entre dos
países, al enlazar a La Habana con Cayo Hueso, como preámbulo de sucesivas
conexiones con estaciones de México, Puerto Rico y Panamá. Es difícil no
sentirse tentado a leer el azaroso acontecimiento como una señal del destino
porque la Casa de las Américas ha sido precisamente eso, una enorme antena para
comunicarse con el mundo. Es un fortuito acto de justicia, entonces, que aquí
donde nació una nueva forma universal de conectarse, creciera también una
institución que hizo de ese propósito parte del sentido de su existencia.
*Palabras
pronunciadas por Jorge Fornet con motivo del 65 aniversario de la Casa de las
Américas. Sala Che Guevara, 27 de abril de 2024.