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octubre 29, 2024

Círculo de Lectura N° 187 – Noviembre de 2024

Círculo de Lectura N° 187  –  Noviembre de 2024

 

“Auge y ocaso de la Doctrina Monroe”

Por Claudio Katz, economista argentino, investigador del CONICET, y  profesor de la UBA.

Tomado de Medium – La Tizza    

https://medium.com/la-tiza/qui%C3%A9nes-somos-175a7e267f5a

La Doctrina Monroe ha organizado la primacía de Estados Unidos en todo el continente desde hace 200 años. Sintetiza la estrategia que concibieron los fundadores de la mayor potencia contemporánea para controlar la región. Ese principio exige el manejo del territorio por el Norte y el desplazamiento de cualquier competidor del mandante yanqui. Todos los gestores de la Casa Blanca aplicaron y perfeccionaron esa guía.

 La Doctrina fue inicialmente concebida como un instrumento defensivo de la naciente potencia, para contrarrestar las ambiciones del colonialismo europeo. Surgió cuando Monroe rechazó la propuesta de una acción conjunta de Estados Unidos con Inglaterra y Francia, para bloquear los intentos de reconquista española en 1823.

 Esa negativa ya incluyó un principio de supremacía de la emergente nación sobre el resto del continente, que fue codificada con la curiosa denominación de «América para los americanos». Esa frase no implicaba la soberanía de la población autóctona sobre su territorio, sino la sustitución de la dominación europea por el manejo estadounidense.

 El planteo que hace dos siglos fue expuesto como proyecto de un país en surgimiento, orientó la conversión de esa nación en la potencia dominante de la región. Monroe postuló la legitimidad de ese derecho por el papel inaugural que tuvo Estados Unidos en la independencia del continente. Consideró que esa anticipación le confería a su país la responsabilidad de comandar todo el desenvolvimiento zonal.

 Durante la primera mitad del siglo XIX, Inglaterra, Francia y España desafiaron esa pretensión. Intentaron frenar la ampliación del territorio estadounidense o forzar su partición, pero perdieron una batalla que se desenvolvió en todos los rincones de América Latina.

 El debut imperial

La Doctrina Monroe inspiró la propia definición de las fronteras estadounidenses, a través de la absorción de territorios que pertenecían al ámbito hispanoamericano. Esa expropiación signó, desde su origen, el gran impulso del nuevo país a extenderse hacia al sur y a considerar a todo el continente como un área de pertenencia propia.

 El primer motor de esa ampliación fue la captura de tierras por parte de los plantadores esclavistas. Necesitaban esparcir sus campos en forma permanente, para acrecentar una modalidad de cultivo intrínsecamente extensiva. Como esa forma de explotación precapitalista sustituía las mejoras de la productividad agraria por la mera multiplicación de las zonas sembradas, la absorción de nuevas tierras era indispensable para la supervivencia de los Confederados del Sur.

 Ese expansionismo precipitó el despojo de México, que terminó perdiendo la mitad de su configuración original. Esa amputación comenzó con la revuelta separatista y la anexión de Texas en 1845 y derivó en una guerra que fue zanjada con dinero. La emergente potencia del Norte se apropió por muy pocos dólares de las enormes porciones del suroeste, que conformaron el perfil definitivo de Estados Unidos.

 Esa captura determinó los contornos limítrofes, pero no diluyó las ambiciones del nuevo coloso sobre su debilitado vecino. Las tropas yanquis ingresaron a México en incontables oportunidades durante la segunda mitad del siglo XIX para neutralizar las expediciones de los rivales europeos. Con esas incursiones frustraron la pretensión de reconquista española y una aventura de apoderamiento francés.

 Los marines irrumpieron también en las primeras décadas de la centuria pasada, para lidiar con los efectos de la Revolución mexicana de 1910. La pretensión expansionista ya no fue tan gravitante en esas intervenciones, como la intención de sofocar la acción de los rebeldes en la frontera del nuevo imperio. Las tropas yanquis anticiparon con esa acción el rol de gendarme internacional que desplegó el Pentágono durante todo el siglo XX.

 Un proceso semejante se desenvolvió en la misma época en el Mar Caribe. Con la captura de Puerto Rico en 1898 y las sucesivas ocupaciones de Cuba (1899–1902 y 1906–1909), Haití (1915–1934) y República Dominicana (1916–1924), el gigante del Norte tanteó el sueño imperial de un Mediterráneo estadounidense. Ese objetivo sólo fue consumado a medias, mediate la absorción de algunas islas y la dominación efectiva de una enorme configuración marítima.

 Washington ocupó las aduanas de varios países para garantizar el cobro de dudosos pasivos, se apropió de plantaciones de azúcar e impuso su manejo de los puertos. También garantizó una presencia militar permanente y se asoció con distintas elites para incentivar enfrentamientos locales y sofocar los levantamientos populares en las islas invadidas.

 

En estas intervenciones se verificó el carácter temprano y fulminante del proyecto expansivo estadounidense. El nuevo imperio mixturó las viejas formas de dominación colonial con los novedosos mecanismos de la sujeción semicolonial. La Doctrina Monroe sintetizó ambas dimensiones.

 Otra variedad del mismo expansionismo fue implementada en Centroamérica, luego del intento de apropiación consumado por el filibustero Walker (1855–56). La incursión a Nicaragua de este aventurero texano que se autoproclamó presidente fracasó, pero pavimentó la sucesión posterior de ocupaciones que perpetraron los marines hasta 1925.

 Esa combinación de emprendimientos militares privados con intervenciones formales del Ejército perfiló otra modalidad, que reapareció en numerosas oportunidades ulteriores. Basta recordar la labor autónoma de los mercenarios contratados por el Pentágono en Afganistán o Irak, para notar la continuidad de esa mixtura de uniformados con pistoleros en las incursiones de Estados Unidos.

 Al igual que en México y el Caribe, la activa presencia de los marines en las primeras décadas del siglo XX reforzó el desplazamiento de los rivales que resistían la primacía estadounidense. Los británicos no pudieron afianzar sus frágiles bases en Honduras y comenzó a dirimirse la disputa con varias potencias europeas por la construcción del Canal de Panamá. En esa batalla por el control del tránsito interoceánico quedó transparentada la fuerza del nuevo imperialismo frente a sus pares del Viejo Continente. El principio Monroe se afianzó con ese desenlace.

 Estados Unidos hizo valer también en Sudamérica su amenaza militar frente a los competidores europeos. Exhibió ese poder en varios conflictos por el usufructo de los recursos naturales de Chile, Perú, Bolivia y Paraguay. Ese protagonismo yanqui fue especialmente relevante frente al bloqueo de las costas de Venezuela por parte de Inglaterra, Alemania e Italia para exigir el cobro de una deuda en 1902.

 En ese caso, Estados Unidos impuso su arbitraje advirtiendo que no toleraría la incursión de las naves europeas. Esa contundente intervención demostró quién tenía la última palabra en el Nuevo Mundo.

 Theodore Roosevelt explicitó ese predominio con su política de las cañoneras e introdujo la conversión de los embajadores yanqui en funcionarios dominantes de la política local latinoamericana. Esa primacía ratificó en cada ámbito nacional la preeminencia del principio Monroe.

 Despegue económico en la región

La consolidación económica de Estados Unidos como un imperialismo ascendente se consumó en las primeras décadas del siglo pasado en el espacio latinoamericano. En este territorio se expandieron inicialmente sus empresas, que usufructuaron todas las ventajas de la inversión externa.

 La nueva potencia disputó exitosamente con los rivales europeos el control de los mares y el botín de los recursos naturales. América Latina fue el gran mercado de arranque para una economía que se expandió a un ritmo vertiginoso. Entre 1870 y 1900 la población de Estados Unidos se duplicó, el PIB se triplicó y la producción industrial se multiplicó por siete.

 Al sur del Río Grande se forjaron las rutas marítimas requeridas para descargar los excedentes y capturar las apreciadas materias primas. El 44 % de todas las inversiones yanquis fue localizada en esta zona, con gran centralidad en el transporte (rutas, canales, ferrocarriles) y las actividades más rentables de la época (minería, azúcar, caucho, bananas).

 

El modelo de los enclaves exportadores tuvo preeminencia junto a un proceso de recolonización. Estados Unidos combinó la ocupación de territorios (Puerto Rico, Nicaragua, Haití, Panamá) con la apropiación de aduanas (Santo Domingo), el manejo del petróleo (México), el dominio de las minas (Perú, Bolivia, Chile), el control de los frigoríficos (Argentina) y la gestión de las finanzas (Brasil).

 

La nueva potencia tomó la delantera en un lapso muy reducido, transformando las convocatorias iniciales de Monroe en realidades palpables. La soberanía de los países latinoamericanos quedó abruptamente reducida por ese avasallamiento económico foráneo.

 

La emancipación política temprana — que Latinoamérica había logrado en sintonía temporal con Estados Unidos — fue drásticamente revertida. Centroamérica fue balcanizada, extranjerizada e invadida a gusto por el hermano mayor, mientras Sudamérica iniciaba una asociación subordinada con el gigante del Norte.

 

El proyecto Panamericano sintetizó la ambición yanqui de predominio irrestricto. La idea inicial de una gran Unión Aduanera bajo el comando de Washington (1881) fue propiciada en tres conferencias sucesivas. Incluía la construcción de un ferrocarril transcontinental y distintos contratos para asegurar la primacía estadounidense, mediante un tribunal de arbitraje controlado por el Norte.

 

Ese plan falló por la resistencia convergente que interpusieron los tres objetores de la iniciativa. Los cuestionamientos del sector más proteccionista del capitalismo yanqui empalmaron con los reparos de las economías más autónomas (como Argentina) y de las presiones de Inglaterra, en retirada de la región.

 

Ese temprano fracaso del Panamericanismo ilustró el gran peso del sector industrial americanista hostil al comercio irrestricto, en un escenario altamente favorable para los exportadores estadounidenses. Cien años después la misma oposición ha bloqueado varios intentos norteamericanos de competir con China en la arena del libre comercio. Lo que a principios del siglo XX pasó desapercibido como un episodio menor del ascenso estadounidense, constituye en la actualidad una manifestación de la crisis que afronta la primera potencia.

 

Desplazamiento de España e Inglaterra

El perfil explícitamente ofensivo de la Doctrina Monroe comenzó a plasmarse en la guerra contra España (1898–99). Ese conflicto consagró el viraje hacia operaciones agresivas de Estados Unidos sobre toda la región. Adelantando una argucia que repitió en incontables episodios posteriores, el Departamento de Estado fraguó una agresión externa para apoderarse de las viejas colonias hispanas del Caribe y logró transformar a todas las islas de ese entramado en protectorados yanquis.

 

El paso ulterior fue el desplazamiento de los rivales británicos de Centroamérica, mediante una combinación de intervenciones militares, capturas geopolíticas y ventajosos negocios. La apropiación de Panamá ilustró quién era el vencedor de la disputa.

 

Luego de frustrar los intentos ingleses (y franco-alemanes) de construir el canal a través de Nicaragua, Estados Unidos compró la concesión para construir el paso interoceánico en 1903. Para efectivizar esa obra convirtió a Panamá en una colonia bajo su estricto dominio. De esa forma conectó las dos costas de su territorio y aseguró el comercio del Pacífico, que abrió previamente con la adquisición de Filipinas.

 

La Doctrina Monroe fue utilizada con la misma intensidad para motorizar el desplazamiento menos vertiginoso del competidor inglés de sus bastiones sudamericanos. Estados Unidos apuntaló a su aliado peruano en las disputas con los anglófilos gobiernos chilenos e hizo valer su autoridad arbitral en los conflictos de Venezuela con Gran Bretaña por la Guayana.

 

Inglaterra perdió la preeminencia que había mantenido desde principio del siglo pasado a través de mayores inversiones que el desafiante estadounidense. Ese balance fue revertido con la gran expansión manufacturera de Estados Unidos, que igualó primero (1880) y duplicó después (1894) la producción industrial británica. En ese cimiento económico se asentó el predominio yanqui en Centroamérica antes de la Primera Guerra Mundial y en Sudamérica luego de esa conflagración.

 

La victoria estadounidense sobre Inglaterra quedó totalmente consumada al concluir la Segunda Guerra. El dominador del Norte irrumpió como ganador por la inconmensurable ventaja que le aportó su retaguardia territorial propia. No emergió como sus competidores del Viejo Mundo desde una localización pequeña (Holanda, Portugal), o mediana (Gran Bretaña), sino apoyado en el gigantesco asentamiento que poblaron torrentes de inmigrantes.

 

Ese territorio maleable y diversificado alimentó un modelo económico autocéntrico (nutrido del mercado interno), muy superior al esquema extrovertido (dependiente del mercado mundial) de sus rivales. Con ese cimiento la nueva potencia contó con un margen temporal suficiente para ampliar primero su frontera agrícola, desenvolver posteriormente una industria protegida y forjar finalmente la poderosa banca que facilitó su conquista del mundo.

 

Mientras que Gran Bretaña debió salir rápidamente al exterior (para colocar sus sobrantes industriales elaborados con materias primas importadas), Estados Unidos emergió como el gran exportador de ambos recursos. En lugar de expulsar mano de obra excedentaria, absorbió masas de pobladores ajenos a las rémoras no mercantiles y atraídos por la alta movilidad social.

 

Estados Unidos también logró una superioridad militar que Gran Bretaña no alcanzó ni siquiera durante su esplendor victoriano. Obtuvo un control del espacio más significativo que el manejo inglés de los mares y, con esa ventaja, hizo valer la Doctrina Monroe en todo el continente americano.

 

Consolidación político militar

La Primera Guerra Mundial fue un punto de giro para la primacía estadounidense en América Latina, no sólo por el avance económico sobre el rival británico. Washington conquistó su dominio con instrumentos geopolíticos, al comprometer al grueso del hemisferio en el ingreso a la contienda bélica.

 

Impuso esa adhesión a ocho gobiernos que declararon la guerra y a otros cinco que rompieron relaciones diplomáticas con el adversario. Los pocos países que mantuvieron su neutralidad, exhibieron una autonomía que Estados Unidos se empeñó en recortar por distintas vías.

 

Las conflagraciones mundiales irrumpieron como un novedoso terreno para erradicar díscolos y consumar la subordinación a la supremacía del Norte.

 

En los años de entre guerras, la Casa Blanca comenzó a practicar la política de Estado hacia América Latina, que comparten Republicanos y Demócratas. Perfeccionó el uso del garrote y la zanahoria y mixturó las amenazas con la cooptación. La virulencia agresiva de Theodore Roosevelt quedó articulada con los mensajes de buena vecindad de Franklin Delano Roosevelt. Ese juego de agresividad y consideración siempre siguió un libreto definido por el establishment de Washington para garantizar su control del hemisferio.

 

La primacía yanqui alcanzó una contundencia mayor en la segunda mitad del siglo XX. Su dominación se tornó indisputada, tanto por el desplazamiento económico de Europa como por la conversión de América Latina en un área de confrontación con la Unión Soviética. Estados Unidos hizo valer su comando del sistema imperial para reafirmar la pertenencia de toda la región a sus dictados.

 

Washington dejó nítidamente establecida esa dominación sobre los opresores locales, como prenda de pago a su protección contra el peligro del socialismo. América Latina quedó delineada como un Patio Trasero del gendarme, que batallaba contra la insurgencia popular en todos los rincones del planeta. El Pentágono aseguró esa cruzada mundial imponiendo una opresión política ilimitada en el continente.

 

Esa dominación asumió formas de control militar directo luego de la imposición del pacto bélico TIAR en 1947 y la creación de la OEA un año después, para alinear a toda la región con una fanática campaña contra el comunismo.

 

América Latina fue convertida en una gran retaguardia de la Guerra fría, con intervenciones descaradas del Departamento de Estado para contener el peligro rojo. Esa escalada de agresiones desestabilizó estructuralmente a toda la región.

 

Para garantizar la preeminencia de gobiernos serviles, Estados Unidos recurrió al auxilio de feroces dictaduras. Sólo entre 1962 y 1968 digitó 14 golpes de Estado, con la presencia enmascarada de la CIA en algunos casos (Guatemala 1954) o con incursiones de los marines en otros (República Dominicana 1965). La Guerra fría fue una era de sangrientas tiranías intercaladas con pausas de fachada constitucional. La cruzada anticomunista fue la cobertura que utilizó el imperialismo norteamericano para consolidar su reinado absoluto en la región.

 

El uso del garrote (Truman, Eisenhower) fue nuevamente combinado con mensajes de cooperación (Roosevelt, Kennedy), anticipando la mixtura posterior de la prepotencia (Reagan, Bush, Trump) con la contemplación (Carter, Clinton, Obama). La dominación imperial estadounidense de América Latina quedó naturalizada en ese período, como un dato corriente del escenario regional.

 

Una doctrina perdurable, pero inefectiva

El principio Monroe fue durante la segunda mitad del siglo XX la brújula del Departamento de Estado para América Latina. Ningún rival europeo desafió a Washington y en todos los conflictos primó la subordinación a la Casa Blanca. En la guerra de Malvinas, por ejemplo, Thatcher actuó en permanente consulta con su par estadounidense. Esa misma orientación prevaleció en todas las administraciones.

 

En el contexto de mayor adversidad del nuevo milenio, Obama hizo un amago de jubilar a la Doctrina Monroe en 2009. Anunció el inicio de una nueva «relación entre iguales» con los países de la región. Su vicepresidente declaró incluso, en forma explícita, el fin del principio vigente desde 1823.

 

Pero ese viraje fue sepultado en la década siguiente por Trump, que revitalizó la Doctrina para confrontar con Rusia y China en 2018. Esa norma fue recreada con la misma intensidad que todo el léxico de la Guerra fría.

 

En realidad, el magnate se limitó a enunciar la continuidad de un principio que nunca fue abandonado. El sometimiento de América Latina a los dictados de Washington no fue reconsiderado seriamente por ningún administrador de la Casa Blanca.

 

El sistemático acoso padecido por Venezuela ha sido la evidencia más reciente de esa continuidad. Todos los mandatarios estadounidenses apuntalaron complots para aplastar a los gobiernos bolivarianos. Se confirmó que la Doctrina Monroe bloquea la presencia de cualquier otra potencia en la región, porque previamente sofoca cualquier atisbo de soberanía latinoamericana.

 

También Biden confirmó la actualidad de la Doctrina en la Cumbre de las Américas. Dispuso la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela del encuentro, haciendo valer ese principio de supremacía imperial. Esa discriminación ilustró hasta qué punto la norma de Monroe continúa orientando la política de Washington.

 

Pero esa Cumbre también demostró que el Departamento de Estado ya no puede manejar a Latinoamérica como una marioneta. En el encuentro, Biden no logró implementar ninguna de sus iniciativas. Quedó aislado, desprestigiado y debilitado porque la Doctrina Monroe ya no permite someter a los países de la región con la naturalidad del pasado. Ese principio tampoco es efectivo para frenar al nuevo desafiante asiático.

 

Impotencia frente al nuevo rival

La vertiente trumpista reaviva el estandarte de Monroe frente a la presencia económica de China en América Latina. Sus exponentes, como Matt Gaetz, exigen la urgente actualización de ese principio para expulsar a Beijing, en sintonía con declaraciones previas de otros funcionarios, como Tillerson. Impulsan una geoestrategia neomonroísta para el siglo XXI, con la mirada puesta en expulsar al gigante asiático del Patio Trasero.

 

Esa agresividad es complementada en los casos más extremos con un lenguaje extraído del universo gansteril. Pero nadie ha podido transformar esas brutales convocatorias en acciones efectivas. Los funcionarios de Biden han repetido con más elegancia los mismos llamamientos con idénticos resultados.

 

Esa impotencia de las dos vertientes del establishment norteamericano es muy ilustrativa del retroceso que afecta a la primera potencia. Por primera vez en dos siglos, el principio Monroe es simplemente ignorado por un rival. La causa de ese fracaso está a la vista. Washington hacía valer sobre América Latina una supremacía económica que está perdiendo frente a la pujanza inversora, comercial y financiera de China.

 

La región nunca tuvo para el gigante oriental la misma gravitación que para su competidor. No es el territorio vecino que sostiene el despegue de la nueva potencia. Los mercados asiáticos jugaron ese papel en el debut de la expansión de Beijing. Por ese lugar, secundario para China y decisivo para Estados Unidos, la disputa por Latinoamérica es doblemente ilustrativa del avance oriental y el retroceso occidental.

 

La Doctrina Monroe sirvió para atrincherar primero a la naciente economía estadounidense frente a Europa y para desplazar posteriormente al Viejo Continente. En esa era de elevada competitividad, Estados Unidos impuso convenios de comercio e inversión amoldados a sus ventajas. Para asegurar la protección de su inmenso mercado interno evitó aplicar a pleno el libre comercio, pero utilizó todos los mecanismos del liberalismo para afianzar su manejo de América Latina.

 

Esa misma carta juega ahora China en la región con los tratados que suscribe en desmedro del mandante yanqui. Concreta una gran variedad de TLCs con más celeridad y efectividad que los precedentes Panamericanos. Una comparación entre ambos procesos, confirma que el vertiginoso cambio en curso se asienta en la pérdida de competitividad estadounidense.

 

La pertenencia de «América» (Latina) a los «americanos» (del Norte) que postuló la Doctrina Monroe siempre sostuvo los negocios de Estados Unidos con la amenaza militar. Ese pilar bélico se mantiene inalterable, pero ahora debe apuntalar a una economía en repliegue frente a un desafiante que desconcierta a Washington.

 

En el pasado, los marines hacían valer la preeminencia de Estados Unidos en la región con guerras fulminantes (España), desembolsos expeditivos (Francia) o maniobras de liderazgo (Inglaterra). Otros contendientes de menor influencia (Japón, Alemania) nunca se atrevieron a pisar el terreno del dominador yanqui.

 

Pero en el siglo XXI, China desembarca en América Latina con atractivos negocios que despiertan la codicia de los socios locales, mientras elude cualquier conflicto con el Pentágono. La Doctrina Monroe carece de respuestas frente a un desafío de ese tipo. Basta observar lo ocurrido con Panamá para corroborar esa dificultad.

 

El bastión que el imperialismo norteamericano erigió en torno al Canal ha quedado erosionado por la privilegiada relación financiero-comercial que Beijing ha concertado con los gobernantes del istmo. Sin enviar un solo gendarme, amenazan el histórico control de Washington sobre un cruce esencial para el dominio de los océanos.

 

En el pasado la Casa Blanca habría resuelto esa adversidad con una advertencia militar de envergadura. El Pentágono contempla esa opción en la actualidad, pero sus márgenes de intervención han quedado significativamente reducidos.

 

Este sustancial cambio en curso se verifica también en el comportamiento de las clases dominantes latinoamericanas. Todas las presiones del Departamento de Estado para anular los convenios que ese sector suscribe con el gobierno chino han sido infructuosas. Ningún país ha renunciado al incremento de sus exportaciones o al arribo de las inversiones que provee Beijing. A diferencia del pasado, Washington exige una subordinación geopolítica sin ofrecer contrapartidas económicas.

 

Esta orfandad explica la resistencia que exhiben los grandes capitalistas latinoamericanos al alineamiento pasivo con las peticiones del Departamento de Estado. Ante la guerra de Ucrania el grueso de los gobernantes de la región optó por la declamación o el aval diplomático, soslayando las penalidades contra Moscú.

 

Esa respuesta dista mucho de la ruptura de relaciones o el envío de tropas que primó durante la Primera o la Segunda Guerra Mundial. Tampoco sintoniza con la total subordinación de las elites latinoamericanas a la posterior cruzada anticomunista. También en este plano, la Doctrina Monroe ya no disuade los negocios de las clases dominantes con su rival asiático.

 Repliegue ideológico

La Doctrina Monroe también flaquea en el plano ideológico. Ese principio nutrió los conceptos propagados por los teóricos del imperialismo para postular la superioridad de los anglosajones del Norte sobre los latinos del Sur.

Ese supuesto comenzó con la idea de un hemisferio occidental separado de la matriz europea, corporizado en la denominación «América» que los políticos estadounidenses adoptaron como sinónimo de su propio país. Esa apropiación presupuso de entrada la inexistencia (o descalificación) del resto del continente.

 Esa identificación lingüística afianzó el sentido del principio de Monroe («América para los americanos») como una pertenencia de todo el continente al dominador del Norte. Esa asociación se consolidó aún más con otra generalización idiomática para el resto del continente.

 La vieja denominación de Hispanoamérica o Iberoamérica (previa a la Independencia) fue sustituida por América Latina, adoptando un apelativo de cuño francés que contraponía el universo latino-romano con su equivalente anglosajón. Esa designación, inspirada en un distanciamiento crítico hacia el coloso del Norte, derivó posteriormente en la captura estadounidense del término América (a secas) para su propio y excluyente uso.

 

Esas peripecias de la Lengua tuvieron serias connotaciones ideológicas para el sentido que asumió cada término. En la mirada imperial, América quedó definitivamente identificada con la prosperidad, el bienestar y el padrinazgo del Norte. Por el contrario, Latinoamérica fue asemejada al subdesarrollo, la corrupción y la incapacidad para el autogobierno.

 Durante las dos centurias de surgimiento y apogeo del expansionismo yanqui, esa contraposición fue motorizada por los ideólogos del imperio y aceptada por las elites del continente. El declive actual de la primera potencia ha erosionado ese legado. América continúa como sinónimo corriente de Estados Unidos, pero sin la carga de elogio, admiración o reverencia del pasado.

 El mismo declive se extiende a otros conceptos, como el «destino manifiesto» que justificaba la expansión territorial de Estados Unidos. Ese término fue introducido a mitad del siglo XIX para convalidar con mandatos divinos la violenta ampliación de la frontera mediante el genocidio de los indios, la esclavización de los negros y el sometimiento de los latinos.

 La captura de territorios era presentada como una misión encomendada por Dios, para hacer valer la superioridad de la blancura anglosajona y las creencias protestantes. La misma mitología fue utilizada en la segunda mitad de esa centuria para enaltecer las masacres de los marines en el exterior.

 Esa ideología imperial combinó la exhibición de superioridad con mensajes paternalistas de domesticación del vecindario latinoamericano, que era frecuentemente encasillado en algún estereotipo de salvaje o incivilizado. El Panamericanismo debía corregir esas rémoras precoloniales con el liberalismo cultural que aportaban los inversores, funcionarios e intelectuales que Estados Unidos ofrecía a sus vecinos.

Ninguna de estas oprobiosas caracterizaciones persiste en la actualidad con la crudeza del pasado. Sus propagadores suelen endulzarlas o encubrirlas para disimular su obsolescencia. El retroceso económico quita credibilidad al autoelogio estadounidense.

Por las mismas razones ya no es tan sencillo estigmatizar a los latinos con los descalificativos que previamente se utilizaron para despreciar a los pueblos originarios. El contraste entre el próspero emprendedor anglosajón con el inepto asalariado del Sur, choca con el manifiesto fracaso del capitalismo estadounidense para hacer frente a un competidor asiático significativamente alejado del prototipo occidental.

Sin fórmulas para dominar

Hasta hace poco tiempo los chinos ocupaban un lugar semejante a otras etnias menospreciadas por el dominador occidental. La derrota económica que sufre Estados Unidos en el territorio latinoamericano frente al rival asiático, socava todos los vestigios de identificación del capitalista anglosajón con el éxito mercantil.

 

Como ese retroceso económico ha impactado sobre el sistema político estadounidense, tampoco la plutocracia bipartidista (que comparten los Demócratas con los Republicanos) puede repetir las falacias del pasado. Después del asalto que perpetraron los seguidores de Trump al Capitolio han perdido sentido las burlas imperiales a las «Repúblicas Bananeras» de América Latina. En Washington anida el mismo golpismo y las mismas disputas entre mafias que en los despreciados territorios de la región.

También los contrapuntos entre americanistas del interior y globalistas de las costas acentúan la erosión de la mitología estadounidense. Esas tensiones siempre afectaron al gigante del Norte, como correlato de los intereses que contraponen a la enorme economía doméstica con los negocios en el exterior.

Esa fractura quedó atemperada en la posguerra, a través de la síntesis que generó un programa común de dominación económica global. Esa convergencia reconcilió el aislacionismo rural e industrial del Medio Oeste, con el internacionalismo financiero de las Costas. Las fortunas generadas en otros países incrementaban los beneficios de todos los sectores internos.

Pero la vieja división ha reaparecido en las últimas décadas al compás de los fracasos económicos y esa fractura se proyecta al exterior. Los discursos y actitudes de personajes como Trump, demuelen la vieja veneración de las elites latinoamericanas por el hermano mayor.

 

La ideología imperial estadounidense ha sido más perdurable que su par europea porque sustituyó el viejo discurso colonialista por la simple exaltación del capitalismo, enalteció como su antecesor la superioridad del hombre blanco, potenció los prejuicios eurocentristas y exaltó las virtudes de Occidente. Pero reemplazó el mensaje de primacía colonial por una vacua veneración de la libertad, buscando suscitar identificaciones emblemáticas con los ideales del desarrollo y la democracia. Sustituyó la obsoleta veneración del colonizador por una ilusión de bienestar asociada con la expansión del capitalismo estadounidense.

Ese mito logró un gran arraigo en incontables lugares del planeta, pero en América Latina siempre chocó con las modalidades descarnadas de la opresión estadounidense. Incluso la singularidad no colonial del imperialismo yanqui estuvo muy acotada en el Patio Trasero, que padeció un récord de ocupaciones, intervenciones y golpes de Estado. 

La idea de un imperio estadounidense meramente informal — con presencias militares breves y restringidas — y sustento estructural en la dominación económica, no se aplica a pleno en la región. América Latina fue siempre un escenario de la Doctrina Monroe contra los rivales foráneos y las rebeliones antiimperialistas.

La singularidad del Patio Trasero como un coto privilegiado de la supremacía estadounidense afronta actualmente un cuestionamiento inédito. La presencia de China hace tambalear ese presupuesto bicentenario y empuja a los gestores de la Casa Blanca a buscar alguna forma de conservación de la vieja hegemonía. Ningún mandatario encontró hasta ahora la fórmula de esa preservación, en la gran disputa con China que analizaremos en un próximo artículo

octubre 08, 2024

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 186 - “La Revolución Bolivariana y el progresismo claudicante”

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 186

“La Revolución Bolivariana y el progresismo claudicante”

Este texto escrito por Ángel García fue tomado con fecha 30 de agosto de 2024 de La Tizza, una revista digital que aspira a convertirse en plataforma de pensamiento para debatir el devenir del proyecto de la revolución cubana, su relación con las prácticas políticas del día, y sus futuros posibles.

Se refiere a la permanente agresión que sufre la Venezuela bolivariana no solo por su ejemplo de lucha en el camino de su propia emancipación y su autodeterminación, sino también por ser un territorio extremadamente rico en recursos estratégicos, especialmente petróleo y minerales.

Por otro lado los Estados Unidos no quieren admitir el surgimiento del mundo multipolar, donde Venezuela está solicitando su ingreso a los BRICS y si se concretara, controlarían el 70% de la producción de petróleo del mundo.

Es por esto que le aplican todo tipo de actos desestabilizadores desde los llamados golpes duros, blandos, lawfare, guerra psicológica y mediática, desestabilización, intervención militar directa, etc., con el fin de lograr desestabilizar su política de gobierno.

Y ahora, ante el resultado favorable al oficialismo en las recientes elecciones generales, no han encontrado mejor argumento de desestabilización que declarar fraude cuestionando de esta manera su legitimidad.

Lamentablemente a esto se suma Brasil y Colombia cuyos gobiernos se han unido al reclamo del Departamento de Estado y la OEA, quienes no son autoridades electorales en Venezuela, a que se presenten las actas electorales para reconocer los resultados como legítimos, y a Nicolás Maduro como presidente electo.

Por otro lado, para las estrategias de Washington y en función a los dictámenes de la Doctrina Monroe, Nuestramérica ha de ser el espacio vital de recomposición de la decadente hegemonía del imperialismo estadounidense, y es por esto que busca aliados estratégicos en la región como lo son Lula de Brasil y Petro de Colombia, para así poder consolidar el control sobre su “patio trasero”.

Ocurre que los progresismos de las burguesías locales se van tornando cada vez más conservadores, débiles y fáciles de manipular.

Sin embargo, ante el inevitable reordenamiento geopolítico global y la pérdida de la hegemonía imperialista, se irán creando nuevas oportunidades para la construcción de alternativas revolucionarias y socialistas, para lo cual no hacen falta nuevos ciclos progresistas, sino nuevos ciclos revolucionarios.

Durante el posterior debate, se comentó que la lectura de éste texto ha sido muy esclarecedora, ya que en general se observa que frente a los procesos emancipadores de los pueblos siempre hay mucha información oculta.

Como se menciona en el escrito, el proceso eleccionario venezolano se ajustó totalmente a su legislación vigente, ya que se contaba con un tiempo establecido constitucionalmente de 30 días para dar a conocer el resultado definitivo de la votación llevada a cabo el 28 de julio de este año.

Esa misma noche y con el 80 % de los votos escrutados, el Consejo Nacional Electoral de Venezuela anunció una tendencia irreversible que le otorgaba la victoria a Nicolás Maduro con el 51,2 % de los votos quedando en segundo lugar la oposición, representada por Edmundo González, con el 44,2 % de los votos.

Y el miércoles siguiente, 31 de julio, el presidente Nicolás Maduro presentó un recurso de amparo ante la Sala Electoral del Tribunal Superior de Justicia de Venezuela con el fin de dirimir el ataque contra el proceso electoral, y que el día 22 agosto certificó definitivamente el triunfo del presidente Nicolás Maduro y con el cien por ciento de las actas presentadas.

Todo esto dentro de los 30 días establecidos legal y constitucionalmente. Queda claro que tanto el Departamento de Estado como la OEA han promovido un clima de desestabilización política con el fin de no reconocer el nuevo triunfo del chavismo, y para ello buscó aliados políticos dentro del campo progresista de Nuestramérica, como fue el caso de Lula en Brasil y Petro de Colombia.

Se planteó también la duda acerca de la solidez del liderazgo de Maduro en Venezuela.

Se comentó la preparación política del pueblo y la permanente formación de cuadros dentro del proyecto del Socialismo Bolivariano, base fundamental para dar continuidad al proceso.

Se mencionó también el triunfo de Claudia Sheinbaum, sucesora de Andrés Manuel Obrador en las recientes  elecciones en México, dando de esta manera continuidad también al proyecto del Partido Morena que ellos representan.

De esta manera se destacó la importancia de poder contar con un programa y un proyecto político claro, y finalmente se trata de votar al proyecto y no a una persona.

Coincidimos de acuerdo a una frase del texto, «En el largo camino hacia un nuevo ordenamiento mundial se pueden crear mejores condiciones para la construcción de alternativas revolucionarias y socialistas y así lograr posicionarnos estratégicamente frente al emergente orden geopolítico mundial.

Para ello no hacen falta nuevos ciclos progresistas, sino nuevos ciclos revolucionarios».

Por último se decidió abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 02 de noviembre un texto, también tomado de la Revista Digital cubana “La Tizza”, escrito por el economista argentino, investigador del CONICET y profesor de la UBA Claudio Katz: “Auge y ocaso de la Doctrina Monroe”.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 05 de octubre de 2024.

octubre 02, 2024

Círculo de Lectura # 186 – Octubre de 2024

La Revolución Bolivariana y el progresismo claudicante

Por Ángel García

La Tizza Cuba – 30 de Agosto de 2024

Progresismo con mentalidad de colonia

Un viejo refrán reza que la cobardía siempre será causa de las injusticias.

Ante la ofensiva imperialista contra la Revolución Bolivariana, algunos gobiernos de la región ―como los de Cuba, Bolivia y Nicaragua― han resistido a las seducciones, chantajes y amenazas del imperialismo y han reconocido el triunfo chavista. Mientras otros, en cambio ―como Brasil y Colombia― se apresuran a claudicar y rendirse a los designios del imperialismo, sumándose al coro que cuestiona la legitimidad de las elecciones del pasado 28 de julio. Estos últimos han asumido posiciones funcionales a los planes estratégicos de un imperio en crisis, desesperado por recuperar su erosionada hegemonía.

Que el imperialismo norteamericano, sus aliados europeos, sus instituciones, sus think tanks y sus medios de comunicación griten «¡Fraude!» ante las elecciones venezolanas del pasado 28 de julio, no es sorpresa para alguien. Que estén en marcha conspiraciones golpistas desde la extrema derecha y con el total respaldo de los Estados Unidos ―y hasta con el apoyo de despreciables personajes como Elon Musk―, también era de esperarse. Es el guion que el imperio siempre ha aplicado y aplicará a países que no se subordinan a sus designios, especialmente si tienen petróleo, litio u oro. Golpes duros, golpes blandos, lawfare, guerra psicológica y mediática, desestabilización, intervención militar directa, etc., son los componentes de un largo menú de tácticas para lograr los tan anhelados cambios de régimen en naciones que desafían la hegemonía imperialista de Occidente.

Ahora bien, que algunos gobiernos latinoamericanos -supuestamente progresistas- se hayan sumado al coro de quienes, durante décadas, han conspirado contra la Revolución Bolivariana, más allá de ser un acto vergonzoso, raya con la traición. Brasil y Colombia se han unido, en sintonía con el Departamento de Estado y la OEA, al reclamo de que se presenten las actas electorales para reconocer los resultados como legítimos y a Nicolás Maduro como presidente de Venezuela.

México, que inicialmente se sumó al pedido de Colombia y Brasil de la presentación pública de las actas electorales, rápidamente se fue deslindando de las posturas injerencistas tanto de Petro y Lula como de la OEA, declarando que no se «dejará acarrear» por quienes cuestionan los resultados oficiales.

Este progresismo miope ignoró que señalar las elecciones como fraudulentas era el primer e imprescindible paso en la maniobra de golpe de Estado que estaban fraguando la contrarrevolución local junto con Washington. Eso es algo especialmente lamentable para Brasil, que ha sufrido dos golpes de Estado (1964 y 2016), ambos con la mano sucia del imperialismo. Lula en particular ha sufrido este tipo de maniobras cuando fue encarcelado por medio de una judicialización sustentada en mentiras como parte una operación clásica de lawfare.

Pero Lula y Petro han llegado a proponer «un gobierno de transición y nuevas elecciones», una oferta que ha sido avalada por Joe Biden. La sugerencia de Lula a Maduro en pos de que convoque a nuevas elecciones para «resolver la crisis del país» ignora por completo que dicha crisis es promovida, incentivada y financiada por agentes externos, principalmente los Estados Unidos.

Lula ha dicho que Nicolás Maduro le debe «una explicación a todo el mundo». En cambio, cuando en las elecciones de Brasil de 2022 Bolsonaro cuestionó los resultados electorales y lo acusó de fraude, el gobierno chavista no le dijo a Lula que «le debía una explicación al mundo». Nadie le exigió a Lula mostrar actas en 2022. Eso es porque en el sistema electoral brasileño, muy inferior al venezolano, tales actas no existen y las máquinas de votación solo muestran un comprobante del resultado, un sistema que muy fácilmente podría sufrir de un hackeo.

Por su parte, Gustavo Petro ha invocado la experiencia del Frente Nacional (1958-1974), el pacto de cogobierno entre las oligarquías de los partidos conservador y liberal, que devino una especie de dictadura de facto y dio origen a la lucha armada en Colombia. Dijo: «un acuerdo político interno en Venezuela es el mejor camino de paz».

Ahí está Petro, dando lecciones de paz en una Colombia donde el paramilitarismo se ha repotenciado en todo el país en los últimos dos años, donde las disidencias de las FARC no paran de asesinar a líderes y lideresas sociales, donde las negociaciones de paz con el ELN están congeladas hace meses, y donde los Estados Unidos, su ejército y sus agencias de inteligencia hacen lo que les da la gana.

En marcado contraste con las posturas y propuestas de Petro y Lula, el presidente de México, López Obrador, ha reprochado la idea de nuevas elecciones o de «gobierno de transición». Ha reiterado la postura de «no meter las narices» en la situación de Venezuela, e insistido en que ni la OEA ni los Estados Unidos son autoridades electorales de Venezuela.

¿Dónde está la indignación de Petro y Lula ante un Volodomir Zelensky cuyo gobierno formalmente terminó el 20 de mayo 2024, suspendió elecciones y se mantiene como presidente? Eso, sin mencionar que Zelensky ilegalizó a 11 partidos políticos en 2022. ¿O la indignación ante el gobierno de Dina Boluarte en Perú, que llegó al poder por medio de un golpe de Estado en contra de Pedro Castillo, quien lleva ya más tiempo en prisión que el ejercido como presidente?

Washington quiere evitar una resolución doméstica a la crisis política interna de Venezuela, crisis que ellos mismos ayudaron a generar. Brasil y Colombia le hacen la segunda, actuando en congruencia con los intereses imperiales.

Las posiciones de Brasil y Colombia frente a Venezuela son sintomáticas de la política ambivalente de los actuales gobiernos progresistas, los cuales han caído en un complejo dilema. Por un lado, tienden a aliarse con el emergente eje geopolítico euroasiático -China-Rusia-, al tiempo que mantienen relaciones de subordinación con el imperialismo estadounidense. Quieren estar bien con Dios y con el Diablo, algo que nunca sale bien.

Petro y Lula ilustran mejor esta tendencia ambivalente. Ambos son partidarios de la idea de que el ejército norteamericano brinde apoyo militar para «ayudar a cuidar la Amazonía». En el caso de Colombia, Petro no ha cuestionado la presencia de bases militares yanquis en su territorio nacional. Todo lo contrario, él plantea permitir que los Estados Unidos utilicen la isla Gorgona -un santuario ecológico- como una base para operaciones navales y, recientemente, aceptó que la Policía de Nueva York (NYPD, por sus siglas en inglés) instalase una oficina en Bogotá.

Los designios estratégicos de Washington

Nuestra América es el espacio vital de recomposición de la hegemonía del imperialismo estadounidense. Es su «retaguardia estratégica» desde que, en 1809, Thomas Jefferson declaró que su país «necesitaba un hemisferio» para estabilizarse, prosperar y asegurar su grandeza.

Ahora que el imperio siente los efectos de la pérdida de influencia y poder en otras partes del mundo -como Eurasia, Asia Occidental y África- y ve menguar su poderío mundial, busca consolidar su control y dominio sobre su «patio trasero», reforzando su Doctrina Monroe, en versión 5G. Por eso hay una «concentración de fuego» imperialista en contra de Nuestra América, que se experimenta con desestabilizaciones de espectro completo, como los golpes duros y blandos, lawfare, guerra mediática e intentos de cambio de régimen, como se está ensayando con la Revolución Bolivariana.

El caso de la actual ofensiva imperialista contra Venezuela, poco tiene que ver con un veredicto electoral y mucho más con el deseo del imperio de apropiarse de sus recursos estratégicos, principalmente petróleo y minerales.

Estratégicamente, los Estados Unidos hacen todo lo posible para resistir a la emergencia del nuevo mundo multipolar; y eso pasa por sabotear y frenar la consolidación de bloques y alianzas del Sur Global, como los BRICS, la CELAC, el ALBA y UNASUR, que desafían las imposiciones de Washington. El asedio de Venezuela debe ser entendido como un intento del imperio de fragmentar y fracturar las integraciones regionales del emergente ordenamiento geopolítico global. Venezuela está en la fila de países que quieren formar parte de los BRICS y, si su membrecía es aprobada, los BRICS controlarían el 77 % de la producción petrolera del mundo.

El imperio en decadencia padece de un modelo económico que no le permite una reactivación para poder competir con China o Rusia, ambas, economías en ascenso. Esto es porque desde finales de los años 1970 la pirámide económica de los Estados Unidos se ha invertido. Antes tenía una sólida base productiva-manufacturera y en la cima de esa pirámide se posicionaban las ganancias financieras derivadas de las inversiones en la base productiva. En la actualidad, la cima de productos financieros ―como bonos, acciones, derivados y títulos de deuda― es mucho mayor que la base, ya casi inexistente gracias a décadas de desindustrialización. Una reactivación económica en esas condiciones es muy difícil, por no decir imposible.

Por tanto, el imperialismo está en la búsqueda permanente de una base real de commodities para su economía, como las tierras negras de Ucrania, el uranio de Níger, el litio de Bolivia, el cobalto de la República Democrática del Congo y los 300 mil millones de barriles de petróleo de Venezuela. Y también vendrán por los 14 mil millones de barriles de petróleo del Presal, de Brasil.

Retomar derroteros estratégicos

La función histórica del progresismo ha sido la de contener la crisis del capitalismo y su democracia liberal, no de transformarla. Por ello se dedica a administrar el sistema existente, negociando y conciliando con todos: burguesía y pobres, imperialistas y neocolonias. No profundiza las reformas o desafía las injustas estructuras socioeconómicas de nuestros países, porque esa nunca ha sido su función.

Al ceder constantemente ante las exigencias y demandas de las burguesías locales y el imperialismo, los progresismos se han tornado cada vez más conservadores, débiles y pusilánimes, fáciles de manipular y chantajear, como ha hecho Washington con Colombia y Brasil.

Creen, ingenuamente, que si se portan bien con el imperialismo, el imperialismo se portará bien con ellos.

El progresismo sufre de una orfandad estratégica. Solo se dedica a sobrevivir la coyuntura, sin mirar más allá del siguiente período electoral. Pero también padece de ausencia de proyecto. No es capaz de percibir que la Revolución Bolivariana intenta crear una democracia popular y participativa, un socialismo comunal y comunitario, con aciertos y errores, pero ha tenido la audacia y la valentía de intentarlo. Todo lo contrario,

el progresismo se ha degenerado hasta el punto de llegar a ser un defensor casi fanático de la institucionalidad liberal burguesa.

El reordenamiento geopolítico global, donde se erosiona la hegemonía imperialista en la transición hacia la multipolaridad, crea nuevas oportunidades para romper con la subordinación neocolonial de nuestros países. Se abren ventanas de oportunidad para que las naciones del Sur Global se liberen de su condición histórica de subyugación al imperialismo. En el largo camino hacia un nuevo ordenamiento mundial se pueden crear mejores condiciones para la construcción de alternativas revolucionarias y socialistas y así lograr posicionarnos estratégicamente frente al emergente orden geopolítico mundial. Para ello no hacen falta nuevos ciclos progresistas, sino nuevos ciclos revolucionarios.

Esto solo se logrará de manera unida, en bloque, como naciones hermanas nuestroamericanas. Debemos retomar los derroteros estratégicos, superar el coyunturalismo y asimilar, de una vez por todas, que el imperialismo es el enemigo principal de todos los pueblos oprimidos del mundo, que contra él debemos cerrar filas como pueblos hermanos y hermanas.

Aliarse con Washington contra el hermano pueblo bolivariano, y en esta coyuntura global tan singular, es un desacierto estratégico que solo servirá para retrasar la emancipación de nuestros pueblos.

No son tiempos de grises o medias tintas.

¡Con Venezuela todo! ¡Sin Venezuela, nada!

 

agosto 05, 2024

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 184

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 184

“En el 65 aniversario de la Casa de las Américas”

Un texto escrito en base a las palabras pronunciadas por Jorge Fornet con motivo del 65 aniversario de la Casa de las Américas en la Sala Che Guevara, el 27 de abril de 2024 tomado de la revista digital de cultura cubana La Jiribilla.

Se trata de una institución cultural de integración sociocultural con América Latina, el Caribe y el resto del mundo, donde se difunde material artístico y literario de América y el Caribe por medio de actividades de promoción, conciertos, concursos, exhibiciones, festivales, seminarios.

Fundada en 1959 por Haydee Santamaría, y presidida por Roberto Fernández Retamar, la Casa de las Américas divulga, investiga, auspicia, premia y publica la labor de escritores, artistas plásticos, músicos, teatristas y estudiosos de la literatura, las artes y las ciencias sociales del continente, cuya integración cultural alienta, al tiempo que fomenta el intercambio con instituciones y personas de todo el mundo. Al entrar, se lee un letrero a relieve que dicta: «Esta es la Casa de Haydee Santamaría», sin embargo, una vez más queda claro, como diría la propia fundadora, que esta es la Casa de todos los intelectuales y amigos que, desde cualquier punto del planeta, han tomado parte en el quehacer diario por el desarrollo cultural de América Latina. Está concebida como un espacio de encuentro y diálogo de distintas perspectivas en un clima de ideas renovadoras. Fue esta una de las primeras medidas tomadas por el Gobierno revolucionario donde la cultura comenzaba a levantarse sobre nuevas bases, considerada como la Casa de todos los intelectuales y amigos del mundo.

La simboliza el Árbol de la Vida en un espacio integrador y potenciador de estímulos vitales colectivos para la generación de nuevos saberes y proyectos como fueron los aportes políticos solidarios con Vietnam, la descolonización de África, como fueron ayer y también hoy el apoyo al pueblo palestino. Numerosos son los intelectuales, escritores y poetas que han frecuentado la Casa, como Rodolfo Walsh, Rubén Darío, Armando Tejada Gómez, Julio Cortázar, García Márquez o Alejo Carpentier, entre muchos otros.

Se han llevado a cabo coloquios, exposiciones, conciertos, lecturas, debates, ediciones y espectáculos teatrales que continúan con su perseverancia habitual. Escritores, artistas, pensadores y activistas de todos los sitios siguen viniendo a ella, habitándola y reconociéndola como propia. Está conformada por diferentes departamentos como el Centro de investigaciones literarias, de Teatro y Artes Plásticas, Música y Biblioteca, entre otras. Como le gustaba repetir a la propia Haydee Santamaría, la Casa de las Américas es la Casa de todos los intelectuales y amigos que, desde cualquier punto del planeta, han tomado parte de un modo u otro en este empeño, así como la de quienes durante décadas han recibido los mensajes de la institución o se mantienen al tanto de su quehacer. Se trata de una construcción colectiva cuyos cimientos son el arte, la cultura y la solidaridad basada en la amistad de los pueblos.

Es la Casa de los estudiantes que han crecido entre las revistas y libros de su biblioteca y no deja de ser, incluso, la Casa de los turistas que cada día se toman fotos a la entrada, ante el nombre fundido en letras de bronce, simplemente para dar fe de que pasaron por este lugar legendario.

A decir de Mario Benedetti quien reconocía que: “Gracias a la Casa, los productores de las artes y las letras de América Latina no sólo pudimos llegar al pueblo cubano y tomar contacto con la evidencia incanjeable de la Revolución; también logramos conocernos y reconocernos entre nosotros”.

Durante el posterior debate, se comentó acerca de la importancia que reviste la iniciativa revolucionaria de la creación de la Casa de las Américas, una institución Cubana al servicio de la cultura y su vinculación entre los países de Nuestramérica. En múltiples reuniones, seminarios y exposiciones permite el permanente encuentro y reencuentro de personalidades de todas las corrientes artísticas, de escritores, poetas y políticos que se descubren, se redescubren y se complementan en un continuo proceso de construcción de saberes y de pensamientos colectivos. Se comentó también que en el año 1964, año de la economía, en una carta escrita por el Ché a la Casa de las Américas, éste le dona un importe que le hiciera la Unión Nacional de Escritores y Artistas a él por su libro “Pasajes de la Guerra Revolucionaria Cubana”.

Se destacó la creatividad del pintor chileno Roberto Matta, que ante la escasez de materiales provocado por el bloqueo, tuvo la iniciativa de utilizar una mezcla de cal y la propia tierra tomada del jardín de la Casa para plasmar allí su obra de arte. Se comentó también como muy positivo el recambio generacional de las autoridades de la Casa de las Américas en el año 1994, con la inclusión las jóvenes generaciones, lo que después dio fruto la celebración del Encuentro de Jóvenes Artistas Latinoamericanos y del Caribe.

Es la Casa de las Américas también un espacio de concentración y atesoramiento de múltiples obras literarias conteniendo escritos históricos acerca de la evolución de las luchas de los pueblos de Nuestramérica, contada con la realidad objetiva de sus propios protagonistas, arrojando luz sobre la historia “oficial” escrita generalmente por los vencedores y opresores de estos pueblos.

Por último se decidió abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 07 de septiembre un texto tomado del Instituto de Meteorología de la República de Cuba, titulado: “Generalidades de los Ciclones Tropicales”.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 03 de agosto de 2024.


agosto 01, 2024

Círculo de Lectura # 185 - Septiembre de 2024

 Círculo de Lectura # 185 - Septiembre de 2024

“Generalidades de los Ciclones Tropicales"

Tomado del Instituto de Meteorología de la República de Cuba

http://www.insmet.cu/asp/qenes¡s.asp?TB0=PLANTILLAS&TB1=OPTION&TB2=/c

onten¡dos/ciclones%20trop¡cales/general¡dades/general¡dades.htm

Los ciclones tropicales, su clasificación y las zonas del mundo donde se originan

Un ciclón tropical es un término genérico que se emplea para designar a los sistemas de baja presión que se forman en los océanos, en un ambiente homogéneo y generalmente en la zona tropical. El ciclón tropical está acompañado de una amplia área de nublados, con lluvias, chubascos y tormentas eléctricas y tiene asociada una circulación superficial de los vientos en sentido contrario al de las manecillas del reloj en el hemisferio norte, siendo en el mismo sentido que éste en el hemisferio sur.

Condiciones necesarias para la formación de los ciclones tropicales. Ciclo de vida. Zonas del Mundo donde se originan.

Los ciclones tropicales se forman sobre las aguas cálidas de la zona tropical o subtropical a partir de perturbaciones pre-existentes, las que consisten en áreas de inestabilidad, como son las ondas tropicales. Pueden también formarse en la zona de inestabilidad del extremo sur de un frente frío y, a veces, a partir de zonas de baja presión de núcleo frío (« bajas frías ») en la atmósfera superior.

Hay varias condiciones que posibilitan que un ciclón tropical se forme y se desarrolle hasta convertirse en huracán. Hay al menos tres condiciones que son completamente necesarias:

1.   Una perturbación pre-existente: área extensa de nubosidad con lluvias, chubascos y tormentas eléctricas.

2.   Temperatura cálida de las aguas del océano: 26,6 °C o superior, hasta una profundidad de al menos 45 metros.

3.   Vientos en la atmósfera superior: que sean débiles y no cambien mucho de dirección y velocidad a través de la altura de la atmósfera (bajo cizallamiento)

Mediante el contacto con las aguas cálidas del océano, la perturbación pre­existente recibe el calor y la energía. Comienza a formarse una zona donde la presión atmosférica es algo inferior a la de los alrededores. Cerca de la superficie del océano, los vientos empiezan a girar como un torbellino con centro en la zona de baja presión de la perturbación. Durante estas primeras etapas, el sistema meteorológico se compone de un agrupamiento relativamente poco organizado de chubascos y tormentas eléctricas. Las aguas cálidas del océano agregan más humedad y calor al aire que sube, y a medida que la humedad se condensa formando los chubascos y lluvias, se genera más calor, lo cual suministra energía adicional al sistema. La configuración de la atmósfera superior debe garantizar que el aire que penetra por los niveles superficiales salga al exterior del sistema por los niveles superiores. Así que si los vientos en altura son débiles y varían poco en dirección, la energía puede seguir concentrándose, el sistema puede fortalecerse y transformarse en una depresión tropical. Llegado este punto, el sistema comienza a adquirir el familiar aspecto en espiral, debido al flujo de los vientos y a la rotación terrestre.

Si las condiciones oceánicas y de la atmósfera superior continúan siendo favorables, el ciclón sigue fortaleciéndose hasta convertirse en una tormenta tropical, las bandas de chubascos y tormentas añaden más calor y humedad y el ciclón pasa relativamente en poco tiempo al estadío de huracán. Es en este momento cuando suele formarse el llamado ojo del huracán, debido a que el aire baja rápidamente por el centro, secando y calentando esa zona, en la cual no hay nubes y el viento está en calma.

El ciclo de vida de un huracán puede durar más de dos semanas sobre las aguas del océano y en ese período puede recorrer una larga trayectoria.

De la misma manera en que varios factores contribuyen a la formación de un huracán, existen otros que promueven su debilitamiento y disipación. El huracán puede debilitarse o disiparse sobre el mar debido a la existencia de fuertes vientos superiores o gran diferencia en dirección y velocidad entre los vientos a diferentes niveles, desde la superficie hasta 10 a 12 kilómetros de altura. Entonces se dice que hay una fuerte cizalladura vertical del viento. También puede debilitarse si se desplaza sobre aguas más frías o sobre una zona más seca. Típicamente, una vez que un huracán alcanza tierra firme, pierde la fuente principal de humedad y la circulación superficial puede verse reducida por la fricción con la topografía del terreno. Por lo general, un huracán o un ciclón tropical que está debilitándose puede volver a cobrar mayor intensidad si se desplaza hacia una región más favorable o interactúa con un sistema frontal de las latitudes medias.

Las condiciones generales de formación y desarrollo de los ciclones tropicales ocurren durante los meses de verano en los océanos tropicales del mundo, con la excepción del Atlántico Sur y de la porción Sudeste del Pacífico, debido a que en estas zonas, a pesar de ser tropicales, las capas superficiales del océano son relativamente frías, con temperaturas por debajo de los 26.5 °C.

La temporada ciclónica. Zonas de formación de ciclones tropicales en el Atlántico Norte, el Mar Caribe y el Golfo de México durantelos diferentes meses de la temporada ciclónica.

Oficialmente, la temporada de ciclónica o de huracanes comienza el 1° de junio y termina el 30 de noviembre en la cuenca del Atlántico (que comprende el Océano Atlántico, el Mar Caribe y el Golfo de México). Como la parte más activa de la temporada ocurre entre mediados de agosto y finales de octubre. Sin embargo, pueden producirse huracanes en cualquier momento durante la temporada.

Por lo general, las zonas donde se forman los huracanes y las trayectorias que éstos siguen están relacionadas con el mes en que se forman.

Como regla general, a comienzo y fin de la temporada (junio, octubre y noviembre) los ciclones tropicales se forman en el Mar Caribe occidental y en el Golfo de México, mientras que en los meses centrales de la temporada (julio, agosto y septiembre) se forman en el Atlántico, usualmente entre Africa y las Antillas Menores. Estas son las condiciones promedio; sin embargo, los huracanes pueden formarse en distintos lugares. No obstante, si se hace una idea del patrón general, podrá llegar a comprender mejor que en Cuba los meses más peligrosos son los del inicio y fin de la temporada por su formación en el Mar Caribe occidental.

Cada año, se forman como promedio diez tormentas tropicales sobre el Océano Atlántico, el Caribe y el Golfo de México, muchas de las cuales nunca salen de las aguas del océano.

La distribución de los promedios de formación por meses es la siguiente:

Período

Junio

Julio

Agosto

Septiembre

Octubre

Noviembre

1886 - 2000

0.5

0.7

2.1

2.9

1.8

0.4

 


 

El movimiento de los ciclones tropicales. Trayectorias más comunes en el Atlántico.

Aparte del movimiento de rotación espiralada de los vientos alrededor del centro de baja presión, los ciclones tropicales se desplazan como un todo hacia regiones geográficas, a veces muy distantes de la zona donde surgió. La dirección del movimiento es gobernada por los sistemas que rodean al ciclón tropical, sean estos anticiclones u ondas superiores. Como para cierta época del año hay coincidencia de similar situación de los sistemas meteorológicos, se dan regularidades en el movimiento de los ciclones tropicales, aunque a veces se producen grandes excepciones.

El movimiento de los ciclones tropicales se produce de manera general en dos ramas de una parábola, la primera rama con rumbo general al Oeste u Oestenoroeste, para llegar a un punto de recurva en el que disminuye su velocidad o se estaciona, para cambiar drásticamente la dirección de su movimiento, tomando entonces una segunda rama hacia el Norte, Nortenordeste y después al Nordeste.

En los meses de junio, octubre y noviembre, el movimiento general es próximo al norte, mientras que julio, agosto y septiembre, las trayectorias son alargadas, extendiéndose desde la costa de Africa con orientación general hacia el Oeste.

Clasificación de los Ciclones Tropicales.

Los ciclones tropicales se clasifican de acuerdo a la velocidad que alcanzan los vientos máximos sostenidos (promediados en un minuto),de la siguiente manera:

Depresión tropical: vientos máximos sostenidos inferiores a 63 kilómetros por hora.

Tormenta tropical: vientos máximos sostenidos entre 63 y 117 kilómetros por hora.

Huracán: vientos máximos sostenidos superiores a 117 kilómetros por hora.

La escala Saffir/Simpson de clasificación de huracanes.

Se llama Huracán al ciclón tropical totalmente desarrollado. Como los mismos se clasifican a partir de los vientos máximos sostenidos (1 minuto) y el poder destructivo de los huracanes aumenta rápidamente, ya que depende no de la velocidad del viento, sino del cuadrado de esta variable, se ha puesto en uso la clasificación de los huracanes en una escala de cinco categorías, llamada escala Saffir-Simpson. Esta escala es la siguiente:

Categoría

Viento máximo sostenido (km/h)

Daños

1

118 - 153

Mínimos

2

154 - 177

Moderados

3

178 - 209

Extensos

4

210 - 250

Extremos

5

>250

Catastróficos

 


 

Los huracanes de categoría 3 o superiores se denominan huracanes de gran intensidad.

Elementos peligrosos en un ciclón tropical.

Los principales fenómenos peligrosos que acompañan a un ciclón tropical son la surgencia, los vientos fuertes, las precipitaciones intensas, el oleaje y los tornados.

Surgencia.

La surgencia es el fenómeno natural más dañino provocado por un ciclón tropical, tanto para la vida humana como para los bienes materiales de la sociedad. Definiéndola en una forma sencilla, consiste en una impresionante y repentina ola que llega junto con el organismo a tierra, está constituida por una onda de longitud larga, que como promedio puede afectar de 150 a 200 km. de costas, durabilidad de algunas horas, alcanza su mayor altura a la derecha de la trayectoria del organismo, en la región de los vientos máximos y es provocada por la tensión de los vientos fuertes y la caída de la presión atmosférica al encontrarse este organismo tropical sobre una región de plataforma insular o continental de poca profundidad, pudiendo alcanzar alturas superiores a los 6 m.

Marea de Tormenta.

Esta consiste en la combinación de la surgencia con la marea astronómica presente en el lugar donde está ocurriendo el fenómeno, produciéndose la mayor sobre elevación del nivel medio del mar ante la presencia de una pleamar.

A los efectos devastadores de este dañino fenómeno natural debe de añadírsele la altura que alcanzan las olas provocadas por el ciclón tropical, las cuales se desplazan por encima de ella.

Las lluvias torrenciales.

El ciclón tropical es un sistema productor de lluvia. Cuando un ciclón tropical toca tierra, es común que deje entre 100 y 300 mm o más de lluvia en una amplia zona. Sin embargo, la lluvia no depende de la intensidad del ciclón tropical. Sin embargo, un desplazamiento lento o errático sobre una misma área, una zona de topografía accidentada y la interacción con otros sistemas meteorológicos, ocasiona lluvias torrenciales que a su vez producen grandes y devastadoras inundaciones. El grado de peligro que representan las inundaciones depende, además del nivel de saturación del suelo, por lo que si después de varios días con lluvias ocurre la afectación de un ciclón tropical, las inundaciones son mucho más extensas y mortíferas. Los deslizamientos de tierra en zonas montañosas es otro factor muy peligroso que se produce a consecuencia de las lluvias intensas.

En los estadíos de Depresión Tropical y Tormenta Tropical, las lluvias generalmente están alejadas del centro y ocurren hacia la derecha entre 100 y 300 kilómetros de distancia del centro

Los vientos intensos.

Los ciclones tropicales se clasifican, como ya se vio, de acuerdo a la velocidad de los vientos máximos sostenidos promediados en un minuto. El poder destructor del viento aumenta rápidamente con su velocidad, ya que depende no de la velocidad en sí del viento, sino del cuadrado de esa velocidad.

Los vientos de una Depresión Tropical son usualmente débiles y sólo son capaces de ocasionar daños en estructuras débiles o en cultivos de poca raíz y amplio follaje como el plátano. En una tormenta tropical son lo suficientemente fuertes como para representar ya una cierta amenaza.

Los vientos de intensidad de huracán pueden fácilmente destruir una casa o un edificio cuya estructura es de mala calidad. Durante un huracán, los escombros, los carteles, las tejas y materiales que se desprenden de los techos y cualquier objeto pequeño que se haya dejado afuera, se transforman en proyectiles. Los vientos más intensos soplan generalmente en el lado derecho de la pared del ojo del huracán.

Las rachas son intensidades grandes del viento, en sólo 2 a 3 segundos de duración, que superan al viento máximo sostenido de 1.2 a 1.5 veces su valor. Son las que más daños ocasionan.

Los vientos de intensidad de huracán también pueden dañar los edificios altos ya que la fuerza del viento suele aumentar con la altura hasta en una categoría de la escala Saffir-Simpson.

Descripción del paso de un huracán por una localidad. Características encontradas en el “ojo”.

Cuando un huracán se acerca a una localidad, el observador ve que de hora en hora se incrementa la frecuencia y la intensidad de los chubascos y tormentas eléctricas, los vientos van aumentando y el tiempo en general va deteriorándose rápidamente. Después vendrá el huracán en toda su intensidad, y si el ojo pasa por la localidad, entonces abruptamente vendrá la calma, saldrá el sol si es de día o se vean las estrellas y la luna si es de noche, pues el cielo estará despejado o con nubes altas, un cierto tiempo después, volverá el huracán en toda su furia, y a veces lo peor ocurre después de pasar el ojo. Esta descripción será mejor comprendida después que a continuación se analicen las distintas partes de la estructura del huracán.

Las partes principales de la estructura horizontal de un huracán son el centro u ojo, la pared del ojo y las bandas espirales de lluvia que conforman el cuerpo del huracán. El aire se mueve hacia el centro en espiral, en dirección generalmente contraria a la de las manecillas del reloj y sale por arriba, a alturas entre 5 y 10 kilómetros, en la dirección opuesta.

El Centro u ojo del huracán.

El ojo no existe en los estadíos de Depresión Tropical y Tormenta Tropical. Aparece en el primer estadío del huracán, a veces cercano a la Categoría 2. Esto ocurre porque es necesaria una velocidad apreciable del viento que genere en el centro de rotación una zona donde las fuerzas se equilibren, y el aire desciende seco y más cálido, formando la zona sin nubes del ojo. El ojo puede medir entre 30 y 60 km de diámetro.

La pared del ojo.

La densa pared de tormentas eléctricas y chubascos que rodea al ojo, es la zona de mayor convergencia del aire superficial, por tanto es donde se encuentran los vientos más intensos del huracán. Un cambio en la estructura del ojo y la pared del ojo durante cualquier momento de la vida de un huracán, puede alterar la velocidad del viento, que es una indicación de la intensidad del sistema. El diámetro del ojo puede aumentar o disminuir en tamaño y es posible que se formen dos paredes concéntricas alrededor del ojo. En los sistemas débiles pueden aparecer hasta dos y tres ojos o centros de circulación, pero por poco tiempo.

Las bandas de lluvia en espiral.

Las bandas de lluvia externas del huracán (cuyos vientos a menudo alcanzan intensidad de huracán o de tormenta tropical) pueden extenderse a varios cientos de kilómetros del centro. A veces, estas bandas y el ojo quedan ocultos por las nubes altas; en estos casos, puede resultar difícil para el pronosticador usar las imágenes de satélite para seguir el movimiento del ciclón, sobre todo de noche

Algunos Huracanes importantes en la historia de Cuba. Sus efectos.

En Cuba, la mayor catástrofe natural de nuestra historia está relacionada con la marea de tormenta o surgencia. Una marea de tormenta de 6 metros de altura asociada a un huracán de gran intensidad el 9 de noviembre de 1932 en Santa Cruz del Sur, Camagüey, arrasó la población, que resultó literalmente barrida del mapa, con el triste saldo de más de 3000 muertos.

Las lluvias torrenciales asociadas con el huracán Flora del 4 al 7 de octubre de 1963 ocasionó en la región oriental del País la segunda catástrofe natural de nuestra historia. El lento y errático movimiento del huracán sobre zonas montañosas produjo acumulados de hasta 1800 mm en 72 horas, prácticamente la lluvia de un año en tres días. Hubo que lamentar más de 1000 muertes.

Los vientos alcanzaron rachas de 262 km/h en la Capital del País durante el huracán del 18 de octubre de 1944. Los vientos huracanados soplaron durante 14 horas, estando por 7 horas por encima de los 200km/h. Se reportaron 300 muertos.

El pronóstico de los huracanes y su impacto en la Sociedad. Los sistemas de aviso y mitigación en caso de ciclones tropicales.

Catástrofes como las anteriormente mencionadas son afortunadamente algo del pasado que nunca volverá. Cuba tiene ahora un moderno sistema de pronósticos y avisos, una Defensa Civil con planes concretos de protección en los que participan todos, y una voluntad política que prioriza la protección de la vida humana.

Gracias a los adelantos que se han logrado en los últimos 20 años en materia de tecnología, modelos de huracanes por computadora, conocimiento y la experiencia de los pronosticadores, ha aumentado enormemente la precisión de los pronósticos. Pese a estos adelantos, aún no comprendemos plenamente las complejas interacciones que se producen en la atmósfera y no se pueden producir modelos adecuados de ellas, lo cual limita la exactitud de los pronósticos. Pronosticar huracanes sigue siendo una tarea muy difícil, quiere decir que ningún pronóstico puede ser perfecto, por tanto tienen un grado de incertidumbre con el que hemos aprendido a vivir, lo que ha contribuido a reducir considerablemente la cantidad de muertes que se pueden atribuir a los ciclones tropicales y a los peligros con ellos relacionados.

Para pronosticar huracanes, como otros sistemas meteorológicos se emplean diferentes técnicas, modelos de pronóstico y seguimiento por satélite y radar. Los modelos de pronóstico son esquemas matemáticos que a partir de condiciones atmosféricas dadas, prevén las futuras. En el caso de los ciclones tropicales hay técnicas climatológico-persistentes, sinóptico-estadísticas y dinámicas.

Las climatológico-persistentes están relacionadas con el archivo histórico de ciclones tropicales del pasado, cómo se comportaron según la época del año y el movimiento que ha tenido en las 12 o 24 horas anteriores. Son esquemas que sólo se usan en la actualidad cuando el ciclón tropical está en áreas muy distantes y se tienen pocos datos. Los esquemas sinóptico-estadísticos parten de ecuaciones estadísticas que toman en cuenta la configuración y valor de los sistemas atmosféricos y su interacción con el ciclón tropical.

Los modelos dinámicos son los de mejor funcionamiento en la actualidad y permiten vislumbrar el estado futuro de la atmósfera con bastante certidumbre en plazos de 72 horas, en especial los sistemas de altas presiones y ondas superiores que están próximos e influyen el ciclón tropical.

Pero el meteorólogo no confía ciegamente en los modelos. Los analiza todos, conoce sus virtudes y defectos, y emplea su experiencia y habilidad a la hora de tomar la decisión y pronosticar la futura trayectoria y evolución del ciclón tropical. Es entonces, que se hacen los Avisos de Ciclón Tropical, los cuales son rápidamente transmitidos por la radio y la televisión.

Pronósticos de la trayectoria de un huracán: Los pronosticadores deben analizar una enorme cantidad de datos, incluidos los resultados de los distintos modelos numéricos, que pueden estar en conflicto entre sí, y luego realizar el mejor cálculo posible para brindar un pronóstico de trayectoria e intensidad para 72 horas. Al igual que nos resulta más fácil predecir dónde estaremos en 12 horas que en 72, es más fácil predecir dónde estará un huracán justo antes de que toque tierra (aunque su trayectoria puede cambiar inesperadamente). Cuando el período de pronóstico es breve, el error en la trayectoria pronosticada es relativamente menor, mientras que cuando el pronóstico es para un período más prolongado, el margen de error aumenta considerablemente. Si está consciente de la existencia de estos errores en las previsiones, podrá evaluar mejor el potencial de peligro.

Aunque la intensidad de un huracán ofrece una indicación de su capacidad de destrucción, el impacto de un huracán depende de dónde y cuándo azota.

Cono de trayectorias pronosticadas

Los pronósticos de trayectoria de un ciclón tropical, como todo otro pronóstico, están sujetos a errores. Estos errores son pequeños en las primeras horas, pero van creciendo con cada hora subsiguiente. Para ilustrar estas incertidumbres se emplea un cono representativo del haz de trayectorias.

Puede decirse que este cono representa de un 60 % a 70 % de probabilidad de que el centro del ciclón tropical está contenido por él en el plazo total del pronóstico. Para construir el cono se toma la trayectoria consenso de los modelos junto a una concesión subjetiva por la experiencia del pronosticador y se extiende hacia ambos lados de acuerdo con los errores promedios de cada plazo durante un período de muchos años. Esto es, en 12 horas 75 kilómetros; en 24 horas, 140 kilómetros; en 36 horas 200 kilómetros; en 48 horas, 265 kilómetros y en 72 horas, 400 kilómetros.

Pronóstico Estacional en Ciclones Tropicales.

Muchos científicos han tratado de descubrir maneras de predecir la actividad ciclónica a largo plazo. No se ha detectado ninguna relación entre la actividad ciclónica al comienzo de la temporada de huracanes y dicha actividad durante el resto de la temporada. Sin embargo, sí sabemos que, a lo largo de muchos años, los huracanes presentan ciclos de mayor y menor actividad. Los estudios actualmente en curso son prometedores en lo que se refiere a pronosticar la actividad anual de las tormentas tropicales y los huracanes con un año o más de anticipación. No existen (y es probable que nunca lleguen a existir) técnicas que permitan pronosticar a largo plazo los lugares específicos en los que azotará un huracán.

El Sistema de Avisos y Alertas de Ciclones Tropicales.

La Alerta Temprana representa un elemento de gran utilidad al informar con suficiente antelación (superior a 48 horas e inferior a 120 horas) a las autoridades que deben tomar decisiones, de concretarse el peligro, de la posibilidad de que algún Fenómeno Meteorológico Peligroso afecte a zonas del territorio nacional. Representa una alerta de que algo puede suceder y promueve la preocupación, por la percepción creciente de un posible peligro.

Ya a períodos de tiempo inferiores a 48 horas, las alertas vienen contenidas en los Avisos de Ciclón Tropical. Estos avisos se emiten con una mayor frecuencia a medida que está más próximo el ciclón. Cuando éstos se encuentran situados al este del meridiano 55 °W o al norte del paralelo 30 °N, se emiten cada 24 horas a las seis de la tarde; si el ciclón tropical ha penetrado, o se ha generado, dentro de los límites señalados anteriormente, los avisos se emiten cada 12 horas, a las 6 pm y 6 am, por otra parte, si el ciclón tropical representara algún peligro para Cuba en las próximas 72 horas, los Avisos de Ciclón Tropical se emiten cada 6 horas, a las 6 pm, 12 pm, 6 am y 12m..

La Interacción con los Medios y la Defensa Civil.

Es muy importante la interacción de los pronosticadores con los medios de difusión y la Defensa Civil. A través de los medios de difusión, principalmente la radio y la televisión, los meteorólogos dan conocer sus pronósticos a la población, la que está habituada a verlo diariamente en la emisión estelar del NTV y en la revista « Buenos Días » y a través de otros programas de las emisoras nacionales y provinciales de radio y televisión. Sin embargo, ante la amenaza de un Ciclón Tropical o cualquier otro fenómeno meteorológico peligroso de gran envergadura, las cámaras de la TV y los micrófonos de las cadenas nacionales de radio se trasladan a la sede del Centro de Pronósticos y desde allí se dan a conocer los avisos y cualquier otra información actualizada. Los pronosticadores interactúan con los periodistas, y de esa manera se brinda una información oficial y única, en la cual nuestro pueblo tiene una gran confianza.

La prensa escrita, debido a su mayor lentitud de difusión, no puede dar estos avisos actualizados. Sin embargo, la información complementaria que aparece en los artículos que publica es de gran utilidad para que se conozcan más detalles de la situación meteorológica general y de la amenaza del ciclón tropical en particular. Los medios de difusión divulgan, además, el esfuerzo que hace el País para proteger a la población y la economía a través de las orientaciones emitidas por el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil y los Consejos de Defensa Provinciales.

El Sistema de Defensa Civil en casos de Ciclón Tropical.

Es de suma importancia la interacción de los pronosticadores con el Sistema Nacional de la Defensa Civil, porque las orientaciones de éste órgano son las que permiten disminuir las pérdidas humanas y materiales. La Defensa Civil tiene establecida cuatro fases ciclónicas. Las orientaciones se toman teniendo en cuenta que debe terminarse la evacuación antes de que comiencen a manifestarse las lluvias intensas, que pueden dejar incomunicados los caminos, y antes de que comiencen a soplar los vientos de intensidad de tormenta tropical, no los de intensidad de huracán. Se toman en consideración además otros factores para garantizar en todo momento la seguridad de la población, tales como el no realizar la evacuación de noche a menos que sea imprescindible hacerlo.

Las cuatro fases ciclónicas son:

La Fase Informativa por ciclón tropical: Se establece por el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil (EMN-DC) cuando el Centro de Pronósticos del INSMET (CP) ha informado del surgimiento o la existencia de un ciclón tropical y de su posible aproximación a cualquier punto del País en un período de tiempo próximo a las 72 horas, tomando además en consideración las características del organismo ciclónico.

La Fase de Alerta Ciclónica: Se establece por el EMN-DC cuando el CP ha informado que un ciclón tropical puede comenzar a afectar a alguna parte del territorio nacional en las próximas 48 horas.

La Fase de Alarma Ciclónica: Se establece por el EMN-DC cuando el CP ha informado que es inminente la afectación al País de un ciclón tropical en las próximas 24 horas.

La Fase Recuperativa: Se establece una vez que el fenómeno meteorológico haya dejado de afectar a un territorio dado y si es necesario la realización de trabajos de liquidación de las consecuencias.

Para el establecimiento de las fases ciclónicas la Defensa Civil tiene en cuenta además:

a)    Las características propias del sistema meteorológico (Depresión Tropical, Tormenta Tropical o Huracán).

b)    Intensidad de los vientos máximos y áreas de lluvia que acompañan al ciclón tropical.

c)    Características específicas del territorio amenazado (costa, llano, montañas, ríos, etc.)

c) Estado de las presas y del manto freático.