Círculo de Lectura # 182 - Junio de 2024
Trabajo final de la Cátedra José Martí Participante:
Máximo Schneebeli, integrante del Grupo Bariloche de
Solidaridad con Cuba Bariloche, Prov. de Río Negro, ARGENTINA Marzo de 2024
“Nuestra América” y “Madre
América”
Visión político-cultural de
una región
En su discurso conocido como “Madre América” pronunciado por José Martí
el 19 de diciembre de 1889 ante los delegados latinoamericanos a la Conferencia
Panamericana en la ciudad de Nueva York, aborda de manera paralela las
diferencias de orígenes y desarrollo histórico entre la América del Norte con
una colonización Anglosajona y la América del Sur con una colonización Hispana.
Allí deja en claro que hay dos Américas, la América de Lincoln y la América de
Juárez, que es la nuestra, la que va desde el Río Bravo a la Patagonia. La
colonización de ésta última ha tenido su origen en un entorno más humilde,
frente a la del norte con un desarrollo económico superior. También hubo, por
parte de los organizadores a la Conferencia Panamericana, una especie de
estrategia de deslumbramiento y seducción hacia los delegados, cuando los
llevaron a conocer todas las maravillas de los Estados Unidos en un tren
palacio para que se sintieran inferiores, y por ello sujetos al presunto neo
colonizador del norte. Martí con este discurso “Made América” les levanta la autoestima a
los delegados presentes y que provienen del sur, para que no se dejen llevar
por ese deslumbramiento que les puedan causar las maravillas del desarrollo, y
menospreciar de esa manera lo propio.
“Madre América” es un análisis profundo de las diferencias de
origen, donde hay una frase que lo sintetiza: “Del arado nació la América del norte, y la
española del perro de presa”. En otros de sus escritos el Maestro
menciona: “Cuanto tenemos que hacer para
mejorar nuestras repúblicas”. “Mi gran Madre América, para ella trabajo! De
ella espero mi aplauso o mi censura”. El propósito esencial del discurso
fue crear los mecanismos de acercamiento económico entre EE UU y sus vecinos
del Sur, ya que el propio Martí denunciaba ya el inicio de la expansión
estadounidense por el Continente. “Pero por
grande que esta tierra sea, y por ungida que esté para los hombres libres la
América en que nació Lincoln, para nosotros, en el secreto de nuestro pecho,
sin que nadie ose tachárnoslo ni nos lo pueda tener a mal, es más grande,
porque es la nuestra y porque ha sido más infeliz, la América en que nació
Juárez” (...) “nuestras repúblicas dolorosas de América”.
Por otro lado, “Nuestra
América” es un ensayo escrito por José Martí y publicado en La Revista
Ilustrada de Nueva York el 10 de enero de 1891 y en El partido liberal en
México el 30 de enero de 1891 que nos permite entender nuestra identidad, la
diversidad de cada uno de nuestros países y regiones, y los denominadores
comunes que tenemos. Es un llamado a la unidad frente a los peligros foráneos,
un programa de acción política para la búsqueda de soluciones propias para los
problemas autóctonos. Es considerado el manifiesto político más relevante de
José Martí, un proyecto filosófico, pedagógico y de emancipación continental.
Es un llamado a la unión y a la solidaridad para
resistir el inminente embate desde el Norte, despojándose de todo el pasado
colonial que había continuado viviendo en las repúblicas. Era necesario crear
una América Nueva, unida, sostenida en el conocimiento de sí misma y otorgando
el espacio demandado y necesitado por todas sus clases populares y por el
hombre natural. Dice que debemos hacernos dueños de Nuestra América y nos
invita a crear un sentido de pertenencia hacia ella.
“Todo nuestro anhelo está en poner alma a alma y
mano a mano los pueblos de nuestra América Latina”.
José Martí
Con el carácter eminentemente narrativo de “Madre América” coloca al ensayo “Nuestra América” en el terreno del
testamento para la posteridad. Hay un proceso de reescritura que va de “Madre América” a “Nuestra América”, donde
el primero es el antecedente directo del segundo, desde el portavoz al
revolucionario. “Madre América” tiende
a colocarse como pre-texto inmediato de “Nuestra
América”.
El “Discurso pronunciado en la velada
artístico-literaria de la Sociedad Literaria Hispanoamericana”, bautizado luego
“Madre América”- es reconocido por la
crítica como el antecedente directo del ensayo “Nuestra América”, que circula un año
después en México y Nueva York.
En el pasaje del discurso de 1889 “Madre América” al ensayo de 1891 “Nuestra América” se han modificado algunas
variables que afectan en forma decisiva —y aquí la hipótesis general del
trabajo— el modo en que los enunciados se (re)formulan. En principio, los
moldes genéricos y el destinatario: mientras que el “discurso” es leído por
Martí a un auditorio muy restringido de pares —el cuerpo de delegados que
asisten a la Conferencia Internacional Americana, del cual el cubano forma
parte—, el ensayo lleva inscriptas las huellas de un espacio de circulación
mucho más amplio. Al mismo tiempo, si “Madre
América” se enuncia recién comenzado el Congreso, en la inmediatez de
una coyuntura todavía no resuelta, “Nuestra
América” es un texto bisagra, de tránsito entre un Martí periodista,
portavoz y diplomático, y el revolucionario que entrega el ejercicio de las
letras a la organización del Partido.
Así como Francisco Morazán (1792 - 1842), fue el
político y militar hondureño que representó como pocos la idea de la unidad
centroamericana ya que intentó transformar a Centroamérica en una nación grande
y progresista, Simón Bolívar (1783 - 1830) hizo lo propio con la América del
Sur, que soñando con la Patria Grande liberó las capitanías de Venezuela, Perú,
Bolivia, Ecuador y Colombia de la metrópoli española. Destacaba José Martí: "La sombra de Bolívar, que soñó para la
América del Sur una sola nación... y la sombra de Morazán, incrustando en su
espada triunfante las cinco repúblicas de la América del Centro".
En su célebre ensayo titulado “Nuestra
América”, que es su mayor y más significativo manifiesto político, nos
plantea la integración de toda la región comprendida desde el sur del Río Bravo
al Estrecho de Magallanes, incluyendo también a las Islas del Caribe como una
propuesta verdaderamente superadora, de carácter abarcativo e incluyente.
“Nuestra América” es considerado un ensayo por ser un texto argumentativo
con el propósito es persuadir al lector de adoptar una postura frente al tema
mediante argumentos lógicos y racionales. Tiene un lenguaje figurativo y
simbólico, con muchos recursos literarios como son las metáforas, las
analogías, las asociaciones, los paralelismos, y las figuras retóricas. Con
este texto se culminaban, en la síntesis de la madurez, antiguas inquietudes
martianas, y a la vez se marcaba un hito significativo en la historia del
género en lengua española.
La idea es ir
seleccionando las frases más relevantes del ensayo “Nuestra América”, para ir
analizando su contenido:
Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su
aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó
la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden
universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le
pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van
por el aire dormidos engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de
despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino
con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas
del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras
de piedra.
Ésta primera frase disparadora es muy potente,
estrepitosa, conmovedora y movilizadora de conciencias, ya que está dirigido al
pueblo de la América nuestra como una crítica al aldeanismo, al latinoamericano
que vive en su burbuja, pensando en su propio beneficio, que solo quiere ser el
alcalde y ver crecer sus ahorros, sin dase cuenta que en realidad hay problemas
mucho mayores que enfrentar, como los gigantes de siete leguas (metáfora)
refiriéndose a los Estados Unidos. Cuando menciona los cometas en el cielo se
refiere a los imperios que acechan permanentemente. Finalmente nos advierte que
debemos estar atentos para defendernos con las armas que son las ideas,
haciendo alusión a la batalla cultural: “Trincheras
de ideas valen más que trincheras de piedra”.
Los pueblos que no se conocen han de darse prisa
para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Los que se enseñan los puños,
como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de casa chica,
que le tiene envidia al de casa mejor, han de encajar, de modo que sean una,
las dos manos.
Está invitando a los pueblos latinoamericanos, a
todos, para que nos conozcamos para así poder enfrentar al enemigo común y no a
pelearnos entre nosotros. Conocer las causas ayuda a resolver los problemas de
una manera más simple que cuando no se conocen. Debemos aprender a ayudarnos
mutuamente, dejando de lado las envidias y los egoísmos.
...los árboles se han de poner en fila, para que no
pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha
unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los
Andes.
Aquí vuelve a recomendar la unión invitando también
a los árboles a ponerse en fila como la plata en los yacimientos andinos para
luchar juntos contra ese gigante de las siete leguas, refiriéndose a los
Estados Unidos.
A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los
que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el
valor a ellos, se lo niegan a los demás. No les alcanza al árbol difícil el
brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de
París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar los barcos de
esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si son
parisienses o madrileños, vayan al Prado, de faroles, o vayan a Tortoni, de
sorbetes. Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea
carpintero! Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan
delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan, bribones!, de la madre
enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades!
Acá critica a quienes no estén dispuestos a luchar,
diciendo que son como los sietemesinos con las uñas pintadas y que usan
pulseras como los que vienen de Francia o de España, y si esos latinoamericanos
quieren ser como los europeos, pues que se vayan para allá ya que les da
vergüenza su identidad con raíces indígenas o si son pobres por ser hijos de un
obrero (carpintero). Debemos ser orgullosos de lo que somos.
Pues, ¿quién es el hombre? ¿el que se queda con la
madre, a curarle la enfermedad, o el que la pone a trabajar donde no la vean, y
vive de su sustento en las tierras podridas, con el gusano de corbata,
maldiciendo del seno que lo cargó, paseando el letrero de traidor en la espalda
de la casaca de papel? Estos hijos de nuestra América, que ha de salvarse con
sus indios, y va de menos a más; estos desertores que piden fusil en los
ejércitos de la América del Norte, que ahoga en sangre a sus indios, y va de
más a menos! Estos delicados, que son hombres y no quieren hacer el trabajo de
hombres!
No es un hombre verdadero el que no cuida de su
madre patria para protegerla y mejorarla, o el que vive de su riqueza
maldiciéndola. Nuestra América debe luchar junto a sus indios para ir de menos
a más, y no irse a Norteamérica donde matan a sus indios y así van de más a
menos.
¿en qué patria puede tener un hombre más orgullo
que en nuestras repúblicas dolorosas de América, levantadas entre las masas
mudas de indios, al ruido de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos
sangrientos de un centenar de apóstoles?
Debemos
asumir nuestra propia identidad reconociendo una configuración múltiple y
compleja junto al indio, al hombre natural.
La incapacidad no
está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil,
sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y
violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados
Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia. (...) Con un decreto de
Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyés
no se desestanca la sangre cuajada de la raza india.
No se puede tener éxito si se pretende gobernar con
leyes traídas de Europa o de los Estados Unidos. Debemos crear nuestras propias
leyes de acuerdo a nuestras propias realidades y necesidades. Es indispensable
conocer las necesidades reales de nuestros pueblos, como así también de la
región y los territorios donde vivimos para saber prever situaciones de riesgo:
“Gobernar es prever"; “En política, hay
que prever. El genio está en prever". El Maestro lo manifiesta como
una crítica a la vieja Europa y la naciente Estados Unidos, que ya había sido
denunciado por Simón Rodríguez y Simón Bolívar, décadas atrás. Alexander
Hamilton fue un estadista norteamericano, uno de los principales colaboradores
de Washington, el primer presidente de los Estados Unidos. Sieyés, un político
francés, fundador del Club de los Jacobinos, el movimiento político
revolucionario más famoso durante la Revolución Francesa.
El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del
gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la
constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los
elementos naturales del país. Por eso el libro importado ha sido vencido en
América por el hombre natural. Los hombres naturales han vencido a los letrados
artificiales. El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay
batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la
naturaleza.
Se debe luchar con conocimientos propios y
respetando nuestras identidades, no hace falta que nos digan cómo debemos hacer
las cosas sin conocer nuestras realidades. Cuando menciona la civilización, se
refiere a lo europeo y la barbarie a lo indígena o lo propio del hombre
natural. Entonces querer imponer una cultura exótica, extraña o “falsa
erudición” no sirve, pues siempre vencerá la autóctona, vinculada a la
naturaleza. “Pensar con cabeza propia”,
lograr la soberanía cognitiva y gobernar en equilibrio con lo natural.
Sarmiento, el político argentino admirador del modelo norteamericano, escribió
en el año 1845 su obra más famosa: “Facundo, o Civilización contra Barbarie”,
que es la historia del caudillo riojano y alegato contra el tirano Rosas. No
obstante el mutuo respeto y admiración que se profesaron, las concepciones que
tuvieron Sarmiento y Martí acerca de la “civilización”, la “barbarie”, las
razas indígenas y el papel de los Estados Unidos en el desarrollo futuro de
nuestra América, resultan inconciliables.
El hombre natural es bueno, y acata y premia la
inteligencia superior, mientras esta no se vale de su sumisión para dañarle, o
le ofende prescindiendo de él, que es cosa que no perdona el hombre natural,
dispuesto a recobrar por la fuerza el respeto de quien le hiere la
susceptibilidad o le perjudica el interés.
Cuando se resuelve políticamente con superioridad
de conocimientos a favor de los pueblos, éstos lo aceptan siempre y cuando se
los respete, y por el contrario actuarán con fuerza para revertirlo. Nos decía
el Apóstol: “Cuando hay muchos hombres sin
decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres”.
En pueblos compuestos de elementos cultos e incultos,
los incultos gobernarán, por su hábito de agredir y resolver las dudas con su
mano, allí donde los cultos no aprendan el arte del gobierno. La masa inculta
es perezosa, y tímida en las cosas de la inteligencia, y quiere que la
gobiernen bien; pero si el gobierno le lastima, se lo sacude y gobierna ella.
Los malos gobiernos son los que se imponen por la
fuerza, con agresiones y amenazas, ante la escasa o ineficiente formación de
organizaciones políticas con propuestas de igualdad y justicia social con una
adecuada distribución de las riquezas. Aunque tristes fueron las experiencias
de las diferentes dictaduras militares en la América nuestra, éstas surgieron
de golpes de Estado, pero que luego fueron revertidas por los pueblos mediante
elecciones democráticas.
... ¿Cómo han de salir de las universidades los
gobernantes, si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario
del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los
pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras
yanquis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen.
Es preciso que en nuestras universidades se puedan
aprender nuestra historia, nuestra geografía con todas sus riquezas naturales,
las características de nuestros pueblos, es decir nuestras propias realidades y
nuestras necesidades para así poder resolverlas, pero no aplicando un modelo
importado.
Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo
conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías. La
universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de
América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la
de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es
nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar a los
políticos exóticos. Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco
ha de ser el de nuestras repúblicas. Y calle el pedante vencido; que no hay
patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas
repúblicas americanas.
Es necesario conocernos a nosotros mismos desde
nuestra realidad continental, ya que sólo con saber no alcanza: “Conocer es resolver”. Debemos aprender
nuestra propia historia para poder dirigirnos a nosotros mismos. Es bueno
conocer la historia de otros lados, pero la principal ha de ser la nuestra, de
la cual debemos sentirnos orgullosos. Los “arcontes” son los magistrados a los
que se les confirió el gobierno de Atenas y otras ciudades en la antigua
Grecia.
(...) entró a padecer América, y padece, de la
fatiga de acomodación entre los elementos discordantes y hostiles que heredó de
un colonizador despótico y avieso, y las ideas y formas importadas que han
venido retardando, por su falta de realidad local, el gobierno lógico.
Ante la falta de claridad en el manejo político de
carácter colonial, que por un lado promueve maliciosamente la imposición de
culturas foráneas y las ansias de quitarnos nuestras riquezas naturales,
aparece la confusión cuando queremos establecer una forma de gobierno propio.
... El problema de la independencia no era el cambio de
formas, sino el cambio de espíritu.
En la medida en que el espíritu colonial continúe
vigente dentro de las nuevas Repúblicas no habrá independencia ni soberanía. Es
preciso ser creativo para así poder resolver por nosotros mismos. No debemos
confundir las formas con los contenidos.
Con los oprimidos había que hacer causa común, para
afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores.
Nos decía Martí: “Con los pobres de mi tierra quiero yo mi suerte
echar”. Es decir que en primer lugar se debe procurar que todos tengamos
cubiertas nuestras necesidades básicas. Se debe comenzar a resolver, con
justicia social, partiendo desde los sectores más desprotegidos.
El tigre, espantado del fogonazo, vuelve de noche
al lugar de la presa. Muere echando llamas por los ojos y con las zarpas al
aire. No se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo. Cuando la
presa despierta, tiene al tigre encima. La colonia continuó viviendo en la
república; y nuestra América se está salvando de sus grandes yerros de la
soberbia de las ciudades capitales, del triunfo ciego de los campesinos
desdeñados, de la importación excesiva de las ideas y fórmulas ajenas, del
desdén inicuo e impolítico de la raza aborigen, por la virtud superior, abonada
con sangre necesaria, de la república que lucha contra la colonia. El tigre
espera, detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina. Morirá, con las
zarpas al aire, echando llamas por los ojos.
Cuando menciona al tigre, se refiere a las fuerzas
imperialistas que siempre vuelven sigilosamente, sin que nos demos cuenta, para
volver a atacarnos. Es por eso que a pesar de habernos independizado, el
sistema colonial aún continúa vigente dentro de nuestras repúblicas. Debemos ir
superando las equivocaciones impuestas, como el desprecio al hombre natural, y
luchar desde la República heroicamente contra la colonia, tanto europea como
yanqui, y habrá derramamiento de sangre hasta vencer. El tigre habrá de morir
dando zarpazos al aire y echando llamas por los ojos.
Éramos una visión, con el pecho de atleta, las
manos de petimetre y la frente de niño. Éramos una máscara, con los calzones de
Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de
España.
El hombre real en la América nuestra, queriendo sentirse con un falso
orgullo, como un europeo o un norteamericano, de a poco o más abruptamente en
algunos casos, se fue sacando las máscaras que lo extranjerizaban.
(...) le está
naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre real.
Nos recuerda al pensamiento del Ché, cuando nos
decía acerca de la necesidad de crear al “hombre nuevo”.
El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se
iba al monte, a la cumbre del monte, a bautizar sus hijos. El negro, oteado,
cantaba en la noche la música de su corazón, solo y desconocido, entre las olas
y las fieras. El campesino, el creador, se revolvía, ciego de indignación,
contra la ciudad desdeñosa, contra su criatura.
Se refiere a que el indio, el negro y el campesino
que conforman los diferentes sectores de la población, lamentablemente estaban
desunidos, separados y aislados en sus penas y en sus luchas.
Éramos charreteras y togas, en países que venían al
mundo con la alpargata en los pies y la vincha en la cabeza. El genio hubiera
estado en hermanar, con la caridad del corazón y con el atrevimiento de los
fundadores, la vincha y la toga, en desestancar al indio; en ir haciendo lado
al negro suficiente; en ajustar la libertad al cuerpo de los que se alzaron y
vencieron por ella.
Acá el Maestro plantea que hubiera sido mejor combinar y compartir
conocimientos desde la inclusión de los diferentes sectores sociales de la
América hispana, buscando siempre la unidad en lo diverso.
Ni el libro europeo,
ni el libro yanqui, daban la clave del enigma americano.
Se debe contar con recetas propias y elaboradas de
acuerdo a nuestras propias realidades, en lugar de buscar soluciones propuestas
por experiencias de otros lugres, con diferentes idiosincrasias.
Se ponen en pie los pueblos, y se saludan.
"¿Cómo somos?”se preguntan; y unos a otros se van diciendo cómo son.
Cuando aparece en Cojímar un problema, no van a buscar la solución a Dantzig.
Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de
América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en
la masa, y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita
demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de
esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, es nuestro vino! Se
entiende que las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus
elementos naturales;
Con éste párrafo ya más optimista en el proceso de unificación y creación
con un pensamiento que comienza a ser más propio para resolver con nuestro
propio sudor aunque el vino salga agrio, no importa pero es nuestro. Y son los
jóvenes de América los que se pongan en la tarea de crear lo nuevo: “La unidad de pensamiento, que de ningún modo
quiere decir la servidumbre de la opinión, es sin duda condición indispensable
del éxito de todo programa político”.
... Sobre
algunas repúblicas está durmiendo el pulpo ...
El pulpo con múltiples brazos es la amenaza
imperialista, desde lo militar, lo político, comercial y cultural.
El desdén del vecino formidable, que no la conoce,
es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está
próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe.
Por ignorancia llegaría, tal vez, a poner en ella la codicia. Por el respeto,
luego que la conociese, sacaría de ella las manos. Se ha de tener fe en lo
mejor del hombre, y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor
para que se revele y prevalezca sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece. Los
pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra
para quien no les dice a tiempo la verdad.
Al desconocer nuestras propias fortalezas, eso genera una indiferencia
por parte del imperio y así aumentan sus apetencias de colonización y saqueo,
que son muy peligrosas. Es necesario que nos respeten para que no nos agredan.
Debemos actuar con lo mejor de nuestros hombres para que no prevalezcan las
debilidades. Decía el Maestro: “Cuando hay
muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de
muchos hombres”. Debemos contar con sólidas herramientas (picota o
patíbulo) para exhibir a quienes nos inducen al odio o nos mienten.
No hay odio de razas,
porque no hay razas...
Nos han dividido en razas para estigmatizarnos y
para que nos odiemos entre nosotros. No existen las razas, somos parte de
diferentes etnias pero todos iguales, todos seres humanos. Así quedó demostrado
al estudiar los genomas humanos.
... El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos
diversos en forma y en color. Peca contra la Humanidad el que fomente y
propague la oposición y el odio de las razas.
El concepto de alma que tienen todos nuestros
cuerpos, nos asocia y nos integra como seres humanos, como seres similares.
Fomentar el odio entre nosotros resulta ser un crimen de lesa humanidad.
Debemos unirnos superando todas nuestras diversidades.
Porque ya suena el himno unánime; la generación
actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la
América trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor,
regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas
dolorosas del mar, la semilla de la América nueva!
Ésta última frase muestra un carácter conciliador, optimista y
fraternal, donde las naciones de Nuestra América, que van desde el Río Bravo
hasta el Estrecho de Magallanes incluyendo a las islas del Caribe, cantan todas
juntas por el éxito del resultado de las luchas generacionales, mencionando al
Gran Semí, que es el Dios creador de los indios Taínos de Cuba y el Caribe, en
unidad con el Cóndor, el ave que representa los pueblos a lo largo de toda la
cordillera de Los Andes, sembrando la semilla de una América Nueva, en un final
magistral para éste hermoso ensayo. ♦
Conclusión
José Martí es una de las mentes más brillantes de
América y un destacado prócer de origen cubano, que le tocó vivir un período
muy especial en el transcurrir de la historia de América del siglo XIX (1853 -
1895), en plena decadencia del imperio español y al mismo tiempo del nacimiento
de un nuevo imperio, que es el los Estados Unidos. Desde muy joven, siendo aún
adolescente, ingresó a las páginas de nuestra historia por su adhesión a la
corriente independentista de Cuba, frente al régimen colonial español, que lo
condenó primero a prisión y luego al destierro cuando fuera deportado a España.
Desde su regreso a América luchó con toda su capacidad, su valentía y su
destacada inteligencia por la libertad de Cuba y la emancipación de todas las
repúblicas y las colonias que aún seguían viviendo dentro de ellas de
Nuestramérica, desde el Río Bravo al Magallanes.
A medida en que se iba
incrementando la influencia política, económica y militar de los Estados Unidos
en América, se fue generando en José Martí una verdadera preocupación. El
imperialismo norteamericano se estaba evidenciando cada vez con mayor rigor, en
la búsqueda de su propio beneficio. El Maestro entendió que los pueblos
latinoamericanos debíamos defendernos de esa amenaza, organizándonos
conscientemente y en unidad para encontrar nuestros propios caminos de
emancipación. Los pueblos debían aprender a crear soluciones en base a sus
propias necesidades contando con todas sus diversidades étnicas, sus
características y su cultura, sin tener en cuenta las soluciones que les
quieran imponer desde Europa o de los Estados Unidos. Para ello era necesaria
la unidad de los pueblos nuestroamericanos para así poder
encontrar con mayor facilidad la solución a los
problemas como región. Para el Apóstol de América, la respuesta a todas las
dificultades debía realizarse conjuntamente y en solidaridad, dejando de lado
las supuestas razas y sus diferencias, pues para él no existen las razas. Todos
somos iguales, los negros, los blancos, los indígenas, y que la estigmatización
provocada por estas diferencias solo generan odios innecesarios, excluyéndonos
los unos de los otros. Decía que todos tenemos en común el alma que emana de
nuestros cuerpos. José Martí convoca a todos los pueblos para trabajar en
conjunto y unidos para así poder construir una Nueva América, que no permita
ser el patio trasero de los Estados Unidos, logrando así su definitiva
independencia con libertad y soberanía. Sólo de éste modo se romperán para
siempre las odiosas cadenas de la dependencia y la pobreza.
Como reflexión final, quisiera aportar que resulta
muy difícil medir el esfuerzo de pensar. En cambio, cuando debemos realizar un
trabajo físico, como mover una cantidad de cosas pesadas o abordar una cuesta,
sabemos aproximadamente si estamos en condiciones de hacerlo y cuánto tiempo
nos puede llevar. Y al finalizar la tarea notamos cansancio o alguna molestia
muscular, que es la medida del trabajo realizado, del esfuerzo físico
realizado. Pero también sabemos que podemos disponer de cierta pereza física,
no tener ganas de hacerlo. O por el contrario podemos contar con la voluntad y
la conciencia para afrontar el desafío y llevar a cabo el trabajo. Volviendo al
esfuerzo del pensamiento, para poder entender cosas difíciles o para resolver
algún problema complicado, también vemos que puede haber una cierta pereza
intelectual. En cambio cuando nos lo proponemos con responsabilidad y
conciencia, y realizamos el esfuerzo intelectual, podemos alcanzar el objetivo.
En ese sentido nuestro Apóstol y nuestro Maestro nos decía:
“Ocuparse de lo
fácil, cuando es posible y se tienen los bríos para intentar lo difícil, es
despojar de dignidad al propio talento”.
José Martí
♦
CO GRUPO
BARILOCHE
DE SOLIDARIDAD
CON CUBA
Círculo de Lectura
25 de Mayo 245
Cel: 294 4 622 747 - Bariloche