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mayo 05, 2026

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 205

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 205

“Fidel Castro: el asedio de la gloria”

En este texto escrito por el poeta, escritor, ensayista cubano y Doctor en Ciencias Filológicas Luis Toledo Sande, hace una descripción de Fidel Castro mencionando a su mentor y guía, el maestro José Martí. Sin que fuese su voluntad, fue asediado por la gloria, aunque él mismo expresara que «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», en alusión a una frase de José Martí quien la dijera a Antonio Maceo, el héroe de Baraguá: Yo no trabajo por mi fama, puesto que toda la del mundo cabe en un grano de maíz. La trascendencia histórica de Fidel es reconocida en todo el mundo por admiradores y por adversarios. Sus convicciones se plasman en frases como: «un pueblo como este merece un lugar en la historia, un lugar en la gloria. ¡Que un pueblo como este merece la victoria!» y «No luchamos por gloria ni honores; luchamos por ideas que consideramos justas». Y sin embargo terminó asediado por la gloria. Luis Toledo Sande concluye el texto diciendo: “Dar continuidad a su obra, como a la de Martí, requiere actuar con pureza, sin liga de pasiones menores, ejercitando a la vez el desprendimiento y la eficacia”.

Al finalizar la lectura compartida, en el posterior debate se comentó que Fidel tomó las enseñanzas del Apóstol José Martí como guía y ejemplo para llevar y conducir al proceso revolucionario cubano entre tantas dificultades históricas. Este año Cuba ha proclamado oficialmente al año como el "Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz" al conmemorarse el próximo 13 de agosto los cien años de su natalicio. Con cuanta convicción se tuvo en cuenta la necesidad de otorgar al pueblo cubano de una amplia cultura universal y en particular la historia nuestro americana. El método cubano de alfabetización “Yo sí puedo” ha sido empleado en múltiples naciones del mundo para declarar a sus pueblos libre de analfabetismo. El Maestro dejó muy en claro que el hombre debe actuar con absoluta responsabilidad mirando siempre de qué lado está el deber para lograr un porvenir superador. Llamó la atención la frase: «cuando en el mundo asoma la oreja peluda del pragmatismo, si es que no también sus garras feroces y su frío raciocinio», que se debe actuar siempre con suficiente raciocino frente a las amenazas ante decisiones livianas. Luego se analizaron las consecuencias de lo que actualmente trae la inteligencia artificial, quitando contenido al razonamiento humano. Debemos entender a la inteligencia artificial solo como una herramienta para ayudarnos a comprender las cosas, pero no debemos permitir que nos induzca a un proceso de alienación, reemplazando a nuestro propio pensamiento. No debemos permitir la deshumanización de nuestros actos y decisiones. Se comentó la reciente presencia en nuestro país de Peter Thiel, fundador de la empresa estadounidense de análisis de datos Palantir, que ha sido cuestionada por su uso en la agencia de inteligencia CIA. Se planteó también como se somete a la gente al consumismo, recordando que el capitalismo hace un objeto para cada sujeto y crea un sujeto para cada objeto, haciendo alusión a la producción de cosas innecesarias e inducir a la gente a su consumo. 

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 06 de junio, un texto tomado de La Tizza: «Nuestra responsabilidad es construir un parlamento en una trinchera» escrito por Jon Hidalgo Gereñu.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 02 de mayo de 2026.

abril 30, 2026

Círculo de Lectura # 205 – Mayo de 2026

 Círculo de Lectura # 205 – Mayo de 2026

“Fidel Castro: el asedio de la gloria”

Por Luis Toledo Sande

https://luistoledosande.wordpress.com/2013/08/12/fidel-castro-el-asedio-de-la-gloria/

Decir que alguien es asediado por la gloria no constituye exactamente un elogio, sino más bien el reconocimiento de que esa persona tiene un peso enorme sobre sus hombros. Si la carga es la misión de encaminar los destinos de un pueblo, implica una responsabilidad de signo mayor. Eso, de la segunda mitad del siglo XX para acá, a pocos seres humanos cabría aplicarlo con tanta propiedad como a Fidel Castro, quien desde sus años juveniles en la Universidad de La Habana emprendió cada vez más resueltamente un camino sin retorno en su voluntad de transformar a Cuba.

Para apreciar esa trayectoria bastaría mencionar fechas y acontecimientos como los del 26 de julio de 1953, la travesía y el desembarco del yate Granma, la lucha en la Sierra Maestra y las décadas de actividad como líder de la Revolución que revirtió una larga historia de frustraciones sufridas por quienes se habían esforzado heroicamente para alcanzar la independencia y abrirle el camino a la justicia social en suelo cubano. Tener una idea de lo que esa Revolución ha representado no exige, ni sería sensato hacerlo, suponerla perfecta: es suficiente contrastar, por un lado, su tenaz permanencia y el apoyo solidario que ha encontrado en los pueblos del mundo y, por otro, la sañuda, cruenta hostilidad que ha mantenido y mantiene contra ella la más poderosa y voraz nación imperialista, ante la cual tantos lacayos, poderosos incluso, doblan la cerviz como cómplices en sus crímenes. En esa hostilidad figuran numerosos intentos de asesinar al indomeñable guía revolucionario.

La trascendencia de ese guía es reconocida —de modos diferentes, pero rotundos— por amigos y adversarios. Una marcha como la suya no podría mantenerse sin la autoconciencia de quien sabe que realiza una misión extraordinaria pero no se complace con lo hecho. No es casual la forma como él mismo ha condensado, para hacerlo citable con la agilidad de lo aforístico y la eficacia de las máximas de índole moral, un concepto de José Martí, en quien reconoció al autor intelectual de la lucha iniciada en 1953. Se trata de una idea que Martí, quien la refrendó como norma de su vida, le expresó al general Antonio Maceo.

El 15 de diciembre de 1893, desde Cayo Hueso, el fundador del Partido Revolucionario Cubano, para entonces en la etapa decisiva, y por ello más compleja, de preparación de la guerra necesaria, le escribió al héroe de Baraguá y de tantos otros hechos grandiosos: “Yo no trabajo por mi fama, puesto que toda la del mundo cabe en un grano de maíz”. Cuesta resistirse a la tentación de extenderse en la cita del texto original, pero lo reproducido basta para conocer el origen de una convicción —profundamente martiana por su procedencia, y más aún por el espíritu y los valores concentrados en ella— que ha recorrido el planeta en palabras de Fidel: “Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.

Sería absurdo suponer menosprecio de la gloria digna por parte del dirigente político que, al valorar la heroica resistencia de sus compatriotas ante las dificultades y frente al enemigo que se ha encargado de agravarlas, sostuvo en su discurso del 1 de mayo de 1980 en la Plaza de la Revolución José Martí: “Sin demagogia, sin propósito de halagar, sino como expresión del más profundo, sincero y emocionado espíritu de justicia, me atrevo a decir que un pueblo como este merece un lugar en la historia, un lugar en la gloria. ¡Que un pueblo como este merece la victoria!”

En su condensación del juicio martiano citado, el concepto de gloria debe verse en la equivalencia que a veces se le atribuye con fama, vocablo utilizado por el Maestro para definir lo que cabe en un grano de maíz. Desde una perspectiva similar se debe apreciar también lo que el propio Fidel ha sostenido en distintas ocasiones, como el 24 de febrero del presente año, 2013, al intervenir en la sesión constitutiva de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular: “No luchamos por gloria ni honores; luchamos por ideas que consideramos justas”.

Esas ideas han sido medulares en la voluntad de trabajar por el bienestar colectivo. Tal ha sido su obra, y el líder no la ha hecho desde un gabinete o en una sala de laboratorio, sino al calor de su intensa actividad, asumida como el máximo dirigente de la acción: como un misionero, pudiera decirse. Ha sido el estadista afanado en asegurar el bienestar del pueblo, no precisamente un científico afanado en comprobar datos de la agricultura, de la ganadería, de la genética en una y en otra, digamos, sin menospreciar —sería torpe hacerlo— la vital importancia de las ciencias y el quehacer investigativo.

Con la misma actitud asumió lo expresado por Martí a Maceo, y no lo hizo con puntillismo textual o desde la memoria del erudito, aunque también lo es él: dio salida a una doctrina abrazada en lo más hondo, lo cual mueve a recordar que de corazón expresa en otros idiomas lo que en español significa de memoria. En esto viene al caso un pasaje de La historia me absolverá, su alegato dicho y escrito sin que se le permitiera el acceso a las obras de Martí: “traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos».

Las circunstancias en que se originó ese texto autorizan a recordar especialmente uno de los juicios sustentados por Martí en su discurso del 10 de octubre de 1890, enalteciendo, por contraste con los descreídos, a los cubanos que, a pesar de los reveses cargados hasta entonces, estaban prestos a levantarse resueltamente como soldados de la patria cuando llegara el momento de la insurrección: “Lo que ha de asombrar a los descreídos, si saben algo de las flaquezas humanas, y lo que han de tomar como anuncio y lección, es que, en esta época sin gloria y sin triunfo, nos queden tantos como nos quedan”.

La razón —dijo Martí cimentando la fértil utopía revolucionaria— estaba en que “el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber; y ese es el verdadero hombre, el único hombre práctico cuyo sueño de hoy será la ley de mañana, porque el que haya puesto los ojos en las entrañas universales, y visto hervir los pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos, sabe que el porvenir, sin una sola excepción, está del lado del deber. Y si falla, es que el deber no se entendió con toda pureza, sino con la liga de las pasiones menores, o no se ejercitó con desinterés y eficacia”.

Para abrazar como brújula esa convicción de Martí no hay que ignorar la importancia del sentido práctico, que en la vida, y especialmente en la política, es tan necesario como la capacidad de soñar. Tampoco es cuestión de avalar voluntarismos tozudos, aunque ¿habrá revolución verdadera que pueda acometerse sin un grado extraordinario de voluntad? Martí alecciona siempre, y más aún cuando en el mundo asoma la oreja peluda del pragmatismo, si es que no también sus garras feroces y su frío raciocinio. La herencia viva del autor intelectual de la Revolución ha latido en el centro de los actos y las ideas del líder llamado a darle continuidad al empeño de aquel a quien él mismo llamó “el más genial y el más universal de los políticos cubanos” y “guía eterno de nuestro pueblo”.

Erguido en la vocación de lealtad a las enseñanzas de Martí, Fidel hizo de su vida un acto de entrega a las realizaciones revolucionarias y, como parte de ellas, a sueños que son o merecen ser ley. En 2006, cuando sufrió un golpe de salud que pudo ser mortal, y que suscitó el dolor de millones de personas honradas en el mundo, y la euforia frustrada de una mafia innombrable, recibí de Cubarte la invitación a escribir un artículo acerca del líder. Ese fue el origen de “Fidel Castro, el escuchador”, que se publicó en este Portal el 1 de diciembre de dicho año y está basado en un recuerdo personal. Ahora, cuando se me hace con motivo del cumpleaños 87 del Comandante en Jefe una invitación similar, de nuevo acudo a la memoria para tratar sobre el indetenible forjador y defensor de ideales.

El domingo 17 de agosto de 2003 numerosos escritores y artistas fuimos convocados a recibir en la pista del Aeropuerto José Martí el avión a bordo del cual, tras haber participado en la toma de posesión presidencial de Nicanor Duarte Frutos, regresó de Asunción, Paraguay, el dirigente de Cuba, con un invitado de lujo: el más grande narrador de aquel país sudamericano, Augusto Roa Bastos. Desde la escalerilla, Fidel llamó al entonces presidente del Instituto Cubano del Libro, Iroel Sánchez, y puso en sus manos sendos ejemplares de dos libros del escritor visitante, tras lo cual indicó que ambos debían reimprimirse para presentarse, en edición cubana, el jueves siguiente. Así se hizo lo que en cualquier contexto, no solo en las condiciones del país, podía tomarse como una utopía.

En el salón de protocolo del Aeropuerto el estadista conversó con Roa Bastos y dio al editor acompañante de este ideas sobre cómo publicar su obra, y otros libros. Pensaba en la campaña de alfabetización que, con la experiencia cubana, se libraba en varios países, no solo de nuestra América, y para cuyos beneficiados sería necesario tener en cuenta incluso el puntaje de la tipografía empleada. Más que apasionarlo, el tema hacía soñar a Fidel, y era propicio para recordar las videoclases que a la sazón se estaban editando en Cuba como apoyo a la docencia, y en cuya circulación internacional se llegó a pensar. Según noticias, el líder habló sobre la alfabetización con el escritor paraguayo cada noche del ingreso de este en el Centro de Investigaciones Médico-Quirúrgicas, donde se le atendió integralmente, no solo el esguince de tobillo que sufrió en el vuelo a La Habana.

No recuerdo que hubiera alguien grabando el encuentro del salón de protocolo del Aeropuerto, pero su grabación sería todo un material de estudio sobre la tenacidad humana. Al final de la charla, el jefe de la Revolución no salió por el pasillo previsible: cruzó por donde estábamos varios colegas, con quienes se detuvo a conversar, hecho del cual recibí poco después una foto, como supongo que también los demás participantes. No olvido la convicción con que, iluminados sus ojos y con voz en la cual vibraba toda la convicción del mundo, habló sobre el valor de las videoclases.

Tengo impresas sus palabras, de principio a fin, en mi memoria, pero no intento citarlas textualmente: las parafraseo, porque no fueron dichas para ser divulgadas. El líder habló con cálida soltura confidencial, como en una charla entre amigos, premio para quienes lo escuchábamos. Dijo que nuestros enemigos se tendrían que resignar, porque no podrían detenernos. Ellos fabricaban (fabrican) automóviles suntuarios, añadió, y Cuba producía videoclases, útiles para la formación de quién sabe cuántas personas en el mundo.

Al tiempo que le interesaba la alfabetización, y en general el desarrollo cultural de Cuba y de la humanidad toda, se desvivía en la búsqueda de caminos para resolver los problemas económicos del país. Los pragmáticos hallarán razones y dirán que para 2003 el sistema de videocasetes que entonces usábamos estaba llamado a ceder su paso a los modos actuales, y que sería muy difícil colocar masivamente videoclases cubanas en otros países, que tienen sus propios planes docentes, a menudo en manos de instituciones privadas.

Voceros de la modernomanía dirán que lo necesario era estar a la caza de nuevos recursos tecnológicos, y, en efecto, la tecnología es una gran conquista de la humanidad. Pero no sabemos que pragmáticos y modernómanos hayan hecho, en alguna comarca de la tierra, una revolución como la que triunfó en Cuba en 1959 y hoy se empeña en perfeccionar su economía y construir un socialismo sustentable. Para ello se ha planteado alcanzar una eficiencia productiva que será plenamente válida, y eficiencia de veras, si sirve para salvar los logros y los principios justicieros puestos en práctica por la Revolución.

Fidel sigue activo, y acertará quien afirme que en el laboratorio donde hace poco el presidente uruguayo José Mujica testimonió haberse encontrado con él, tiene en mente no solo graves problemas de la humanidad, la patria mayor, sino el deber de asegurar para Cuba la permanencia de los valores revolucionarios, y también —buscando con ahínco el difícil logro de alimentar a los animales necesarios para ello— la comida del pueblo. Más allá de los datos concretos que, aparte de ser útiles, necesarios, embriagan a los pragmáticos, y que él ha empleado en función de grandes ideas, el líder sobresale entre quienes han “puesto los ojos en las entrañas universales, y visto hervir los pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos”, y “sabe que el porvenir, sin una sola excepción, está del lado del deber”.

Aunque él no lo quisiera, o no lo quiera, le ocurre lo que a pocos: es un ser humano asediado por la gloria. Dar continuidad a su obra, como a la de Martí, requiere actuar con pureza, sin liga de pasiones menores, ejercitando a la vez el desprendimiento y la eficacia.

enero 04, 2026

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 201

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 201

“1958: El derrumbe”

Este texto fue tomado de Cubadebate y escrito por Ciro Bianchi Ross, un destacado intelectual cubano. Consagrado periodista que ha publicado entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual. Relata los últimos momentos del dictador Fulgencio Batista antes de su huida de Cuba, acobardado por el avance indetenible de los combatientes revolucionarios al mando de Fidel Castro. Una huida que ya fuera programada con tres aviones por el propio dictador Fulgencio Batista desde hacen varios días, partiendo al exterior desde el aeropuerto de la Ciudad Militar de Columbia. Para ello se confabuló un supuesto golpe militar contra Batista perpetuado por el general Eulogio Cantillo Porras, quien se quedaría al cargo del poder. La decisión se tomaba argumentando que, a esa altura de los acontecimientos, la guerra ya estaba irremisiblemente perdida y que, a pesar de contar con suficiente armamento para contrarrestar el triunfo del Ejército Rebelde, se encontraban moralmente deprimidos y habían perdido la motivación necesaria para enfrentarse a las fuerzas guerrilleras en combate. Altos mandos del ejército golpista partieron el primero de enero de 1959 en una caravana con treinta automóviles hacia la Ciudad Militar donde una escuadrilla de tanques ordenada por el general Cantillo protegía al aeropuerto, quien una vez concluida la fuga del dictador Fulgencio Batista y sus secuaces, se comunicó con el embajador de Estados Unidos en Cuba.

 

Después, en el transcurso del posterior debate se comentó que este texto es de valor informativo, comentando los pormenores del fin de la era batistiana la cual se desarrolló en un claro esquema de desesperación ante el inminente triunfo de la Revolución.

A continuación, se debatió acerca de la actual situación de Venezuela ante el ataque militar a ese país perpetuado ésta misma madrugada por parte de fuerzas militares de los Estados Unidos, con el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores. Se aprobó un comunicado de prensa manifestando nuestro más enérgico repudio y rechazo a éste abominable suceso, con el único objetivo de desestabilizar la gobernabilidad de Venezuela para apoderarse de su petróleo y derrumbar a la Revolución Bolivariana.

Se analizaron además las posibles consecuencias que pueda acarrear esta intervención, no solo para Venezuela, sino también para el resto de Nuestramérica, provocando además un sismo político a nivel internacional. Es notable el poder y la impunidad con que se maneja la derecha fascista con la debida anuencia del corrupto poder judicial imperante.

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 14 de febrero de 2026 un texto tomado de La Tizza: “Impedir a tiempo, con esa fuerza más” escrito por su equipo editorial.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 03 de enero de 2026.

enero 01, 2026

círculo de lectura n° 201 - enero de 2026

1958: El derrumbe

Por: Ciro Bianchi Ross [i] - 28 diciembre 2024

El café con leche ha tenido siempre un papel de importancia en la vida política cubana. Se hace presente en los momentos más insospechados. Lo último que hizo el dictador Fulgencio Batista en la madrugada del 1 de enero de 1959, antes de salir de la casa presidencial de Columbia para un viaje sin regreso, fue ordenar que le sirvieran una taza de café con leche.

Para él, la situación estaba mala, mala de verdad. El oriente de la Isla estaba casi totalmente controlado por los rebeldes. Fidel se proponía el ataque a Santiago de Cuba, sometido ya a un cerco elástico, y en la región central Che Guevara y Camilo Cienfuegos mantenían la iniciativa.

La cosa no iba mejor en las propias filas batistianas. Ya para entonces el mayor general Eulogio Cantillo Porras, jefe de operaciones antiguerrilleras, se había comprometido con Fidel a encabezar el 31 de diciembre un pronunciamiento militar en el cuartel Moncada y exigir desde allí la renuncia del Gobierno y la captura de Batista y los grandes culpables. No cumplió nada de lo pactado. En ese momento había por lo menos tres conjuras dentro del Ejército. En total connivencia con el dictador, Cantillo aceptó la propuesta de un golpe militar contra Batista orquestado por el propio Batista, que lo dejaría como dueño del poder. Debía ocurrir el 6 de enero de 1959… Los acontecimientos se precipitaron.

Llamada desde Kuquine

Batista comenzó a preparar su fuga en la noche del 22 de diciembre, cuando pidió al general Francisco H. Tabernilla Palmero (Silito), jefe de la División de Infantería Alejandro Rodríguez destacada en la Cuidad Militar de Columbia –el pollo del arroz con pollo del Ejército cubano– y su secretario militar, que averiguase con su hermano Carlos, jefe de la Fuerza Aérea, cuantos puestos habría disponibles en los aviones “en caso de que tengamos que irnos”.

“Tres aviones con 108 asientos”, respondió el coronel Carlos Tabernilla y el propio Batista le ordenó entonces que a partir de ese momento tuviera los aviones y sus tripulaciones preparados durante las 24 horas del día. Enseguida dictó a Silito los nombres de los que se irían en cada uno de los aparatos y la cantidad de familiares o allegados que podrían acompañarlos. Pidió a su secretario que no archivara el documento, ya mecanografiado, sino que lo mantuviera en sus bolsillos y no comentara el asunto con nadie. En atención a esa orden, escribió el general Silito en sus memorias, no reveló lo que se tramaba ni siquiera a su padre, el mayor general Francisco Tabernilla, jefe del Estado Mayor Conjunto.

El 31 de diciembre, a las cinco de la tarde, uno de los empleados del Club de Oficiales de Columbia avisó a Silito que lo llamaban por teléfono. Batista en persona, algo inusual, le hablaba desde Kuquine, su finca de recreo en el Guatao. Preguntaba si el general Cantillo había regresado ya de Santiago de Cuba. Encargó a Silito que lo contactara no más volviera y le dijera que quería verlo en la finca a las 8:30 de esa noche. Silito y Cantillo conversaron sobre las seis de la tarde. No, Cantillo no podría encontrarse con el presidente a la hora indicada pues era su aniversario de bodas y lo celebraría con una comida familiar. Avisado, Batista cambió la cita para dos horas más tarde. Silito, en cambio, debía personarse de inmediato en Kuquine.

Ya allí, recibió la orden de informar a los incluidos en la lista del día 22 que, con el propósito de esperar el año, deberían hacerse presentes sobre las 11 de la noche en la casa presidencial de la Ciudad Militar. Los edecanes militares de guardia ayudarían en las llamadas a Silito, quien se comunicaría, además, con su hermano Carlos para decirle que esa noche era la de la partida. Un inconveniente fue solucionado a tiempo: el jefe de la Fuerza Aérea había dado permiso a los pilotos para que esperasen el Año Nuevo con sus familias.

Cantillo llegó tarde a la cita. Conversó en privado con Batista durante quince minutos. Al finalizar la reunión, el dictador pidió a Silito que traspasara a Cantillo la jefatura de la División de Infantería e impusiera el cambio de mando a todas las unidades destacadas en Columbia. Pidió a ambos que lo esperaran en la casa presidencial y advirtió a Cantillo que no liberara al coronel Ramón Barquín y sus compañeros, presos por conspiradores desde 1956.

La mejor actuación

Lo que sigue es confuso y ha sido contado de diferentes maneras según el papel que le tocara jugar al testimoniante. Papo Batista, el hijo mayor del dictador, dijo a quien esto escribe que no cabía hablar de fuga para aludir a los sucesos de la madrugada del 1 de enero, sino de una salida ordenada, garantizada en todo momento por el general Cantillo. De opinión similar era el general Roberto Fernández Miranda, jefe del Departamento Militar de la Cabaña y cuñadísimo de Batista.

El recuerdo discordante lo ofrece Anselmo Alliegro, hasta ese momento presidente del Senado. Llamado por Batista, entró al despacho presidencial y vio al dictador sudado y nervioso. Frente a él, los generales más importantes. Exclamó al verlo: “Qué le parece, Alliegro… estos señores me han dado un golpe de Estado”. No nos llamemos a engaño, sin embargo. Gran simulador, Batista estaba escenificando la que tal vez fuera la mejor actuación de su vida.

El dictador llegó a la Ciudad Militar poco antes de las 12. Ya en la residencia pidió a su hijo Jorge, de 16 años de edad, que despertara a sus hermanos y se prepararan para un viaje al exterior. Enseguida saludó a las señoras que conversaban con la primera dama e hizo apartes con algunos de los invitados. A las 12, con una copa de champán en alto, felicitó a los presentes. El ambiente no estaba para fiestas y muchos, con pretexto o sin él, se retiraron. El teniente coronel Irenaldo García Báez, segundo jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) y fiel de todo a Batista, se acercó a saludarlo. Lo notó un tanto extraño. Le dijo: “Silito tiene órdenes para ti, Cúmplelas al pie de la letra”.

Expedientes X

Irenaldo no daba crédito a lo que estaba sucediendo. Batista se iría esa misma noche y Cantillo asumiría el mando. Tuvo que sentarse para reponerse. Debía destruir todo el archivo que contenía lo referente a los expedientes X, relativos a personas que de manera encubierta trabajaban para la Policía y que se hallaban infiltradas en las organizaciones revolucionarias. Cuando se recuperó de la noticia de la huida volvió al salón de fiestas para conversar otra vez con Batista y convencerlo quizás de que cambiase de propósito. No pudo hablarle. Fue a su casa y se vistió de completo uniforme. Se trasladó a la sede del SIM y quemó los papeles.

Batista, mientras tanto, conversaba de manera individual con los jefes militares. José Luis Padrón y Luis Adrián Betancourt afirmaron en el libro Batista, últimos días en el poder, una de las investigaciones más completas que existen sobre el tema, que, aunque algunos estaban dispuestos a luchar hasta el final, a esas alturas la guerra estaba irremisiblemente perdida.

No obstante, si Batista decidía hacer frente en La Habana a los rebeldes, hubiera contado con un impresionante dispositivo bélico. Unos 5 000 hombres se concentraban en Columbia, más de mil en la Cabaña y más de 1 200 en la base aérea de San Antonio de los Baños, sin contar 10 000 policías, un servicio secreto enorme y un número indeterminado de colabores a sueldo. Tanques de guerra, aviones, barcos… “Solo escaseaba, evidentemente, una motivación para arriesgar la vida”, escribieron los autores citados.

Pasaron los jefes militares al despacho presidencial y el mayor general Eulogio Cantillo asumió el papel que le asignaron de antemano. Expresó:

“Señor presidente: Los jefes y oficiales del Ejército, en aras del restablecimiento de la paz pública que tanto necesita el país, apelamos a su patriotismo y a su amor al pueblo, y solicitamos que usted renuncie a su cargo”.

Habló Batista, pidió papel y pluma y escribió de su puño y letra la renuncia:

“Que en la madrugada de este día se le presentan en su residencia los altos jefes militares que tienen a su mando jefaturas máximas notificándole la imposibilidad de restablecer el orden, considerando grave la situación que confronta el país, y, dijo, que apelando a su patriotismo y su amor al pueblo resignara su mandato. Expresó además que en igual o parecida forma se habían dirigido a él altos representantes de la iglesia, de la industria del azúcar y de los negocios nacionales. Que teniendo en cuenta las pérdidas de vida, los daños materiales a la propiedad y el perjuicio evidente que se viene haciendo a la economía de la República, y rogando a Dios que ilumine a los cubanos para poder vivir en concordia y en paz, resigna sus poderes de presidente de la República, entregándolos a su sustituto constitucional. Ruega al pueblo, dice, que se mantenga dentro del orden y evite que lo lancen a ser víctima de pasiones que podrían traer la desgracia a la familia cubana. En igual forma se dirige a todos los miembros de las Fuerzas Armadas y a los agentes de la autoridad para que obedezcan y cooperen con el nuevo gobierno y con las jefaturas de los cuerpos armados del que se ha hecho cargo el mayor general Eulogio Cantillo y Porras”.

Firmó Batista el documento con sus iniciales, como era habitual. Firmaron los generales y también Anselmo Alliegro como sustituto constitucional, porque el vicepresidente, Rafael Guas Inclán, había renunciado para postularse como alcalde de La Habana en las elecciones del 3 de noviembre.

El último ¡Salud! ¡Salud! ¡Salud!

Quedaron solos Batista y Silito en la oficina presidencial. Pidió Batista a su secretario militar que enviase a su casa de Daytona Beach, en la Florida, todo el archivo y las obras de arte que adornaban el local, lo que saldría el mismo día en el avión de las siete de la mañana. Antes de abandonar la oficina, tomó los 15 000 dólares que días antes regalara a Silito y que este guardaba en una de las gavetas de su escritorio.

Silito y los ayudantes del presidente comunicaron la noticia a ministros, parlamentarios, dirigentes obreros, políticos gubernamentales en general.

El coronel Orlado Piedra, jefe del Buró de Investigaciones, informó a altos oficiales de la Policía Nacional y en una caravana de más de 30 automóviles condujo a muchos de ellos al aeropuerto militar. Una escuadrilla de tanques, mandada por el general Cantillo, protegía el aeródromo y no eran pocos los oficiales que habían acudido a despedir a su líder. Escribió Roberto Fernández Miranda: “A pesar de todo aún tenía mando, y la escolta de ceremonias estaba en posición de presenten armas como si el presidente saliese de gira”.

Al pie de la escalerilla del avión tuvo Batista su último intercambio con Cantillo. Le dijo finalmente: “En fin, Cantillo, no olvides mis instrucciones. De ti depende el éxito de las gestiones que realices a partir de ahora…”.

Subió por la escalerilla, se volvió hacia Cantillo y repitió la frase con la que terminaba invariablemente todos sus discursos y alocuciones: “¡Salud! ¡Salud! ¡Salud!”

Cantillo se comunicó entonces con el embajador norteamericano y le informó de los acontecimientos. Decretó un alto al fuego, nombró nuevos mandos en los institutos armados y procedió a constituir una junta cívico-militar que encabezaría Carlos M. Piedra, el magistrado más antiguo del Tribunal Supremo. Piedra no llegó a ocupar la Presidencia, pues cuando el más alto tribunal de la nación se negó a tomarle juramento, desistió de ese propósito.

La gestión de Cantillo en Columbia, al frente de un ejército desarticulado, resultó efímera. A las nueve de la noche del propio 1 de enero el coronel Ramón Barquín, acabado de salir de la prisión y todavía con el uniforme de preso, le exigió el mando de las fuerzas armadas. El día 3, el primer teniente José Ramón Fernández, que desde 1956 guardaba prisión en Isla de Pinos, detenía a Cantillo en su residencia de la Ciudad Militar.

Mientras tanto, Fidel, desde Palma Soriano y a través de las ondas de Radio Rebelde, no acataba el cese de las hostilidades, negaba reconocimiento a la junta de Columbia –tampoco reconocería a Barquín–, llamaba al pueblo a la huelga general revolucionaria que impediría que la Revolución se viera frustrada en sus propósitos, y advertía: “¡Revolución, sí!; ¡Golpe militar, no!”.

 



[i] Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.

abril 08, 2025

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 192

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 192

“La Revolución cubana, 66 años después”

 El texto escrito por Dayron Roque Lazo fue tomado el 02 de enero de 2025 de “La Tizza”, una revista digital de cuba que aspira a convertirse en plataforma de pensamiento para debatir el devenir del proyecto de la revolución cubana, su relación con las prácticas políticas del día, y sus futuros posibles. En él, el autor hace un análisis sobre la actualidad política que está viviendo Cuba, producto de una prolongada guerra de múltiples aristas que, por su intensidad y permanencia en el tiempo, también ha provocado errores que son propios a la Revolución misma. Sin embargo, esta crisis debe y puede ser superada si se comprenden bien las causas que la provocan, teniendo en cuenta que es una Revolución en curso y está en pleno desarrollo, teniendo aún muchos obstáculos que vencer y objetivos por alcanzar para poder lograr toda la justicia social, y la igualdad y la libertad plena. La fortaleza del proceso revolucionario está basada en su devenir histórico de un pueblo que viene luchando desde el siglo XIX. Para ello es necesario volver a las bases aportadas por el Programa del Moncada y el documento político que representa La historia me absolverá, basados en La Batalla de Ideas propuesta por comandante en jefe Fidel Castro. Se deben mantener firmes los objetivos estratégicos de la Revolución ante los intentos en curso de restauración capitalista, teniendo en cuenta que de la suerte de la Revolución cubana también depende la suerte de las luchas de los pueblos de América Latina y el Caribe, recordando que el triunfo sobre la invasión mercenaria de Playa Girón hizo que esos pueblos fueran un poco más libres. De los conceptos básicos de Revolución que nos legara Fidel cabe destacar que, si hay que cambiar todo lo que deba ser cambiado, es necesario tener en cuenta con mucha claridad qué es lo que debe ser cambiado sin caer en el error gatopardista de querer cambiarlo todo para que finalmente nada cambie. Por último, Dayron Roque propone volver siempre al pensamiento de José Martí, quien fuera el forjador de la mística del pueblo cubano y de su cubanía: “Con todos y para el bien de todos”.

 

Durante el posterior debate se comentó de que se trata de un texto valioso por su contenido en conceptos históricos y políticos, expuestos con claridad y de forma sintética. De esta manera la Revolución cubana es una permanente forjadora de conciencias, lo que no ocurre precisamente en nuestra Argentina. Se precisó que el triunfo y la victoria revolucionaria de Cuba en el año 1959, dio lugar a futuros procesos de emancipación social en Nuestramérica inclusive de carácter plenamente socialista como por ejemplo el caso del triunfo por parte de Salvador Allende en Chile en el año 1970 convirtiéndose así en el primer presidente marxista del mundo en acceder al poder a través de elecciones generales, el triunfo de la Revolución sandinista en Nicaragua y la granadina con la asunción de Maurice Bishop como primer ministro de Granada, ambas en el año 1979, como así también el triunfo de la Revolución Bolivariana 1998 con la elección de Hugo Chávez en Venezuela, sin dejar de mencionar los casos de Ecuador, Bolivia, Brasil y Argentina. Sin embargo, como los procesos emancipatorios progresistas o revolucionarios no siempre son lineales, hubo avances y retrocesos con el posterior surgimiento de nuevos gobiernos progresistas como son los casos, por ejemplo, en Honduras y México. Se comentó también que hay en marcha mecanismos muy bien orquestados que generan un vaciamiento ideológico de la población en general, mediante el poder comunicacional de los grandes medios que ocultan los procesos favorables, provocando al mismo tiempo una colonización mental. Hay un dominio generalizado de los poderes corporativos en el mundo llamado “occidental” que son quienes imponen las políticas que solo los beneficia a ellos. Es importante poder separar a las oligarquías de las políticas como lo han hecho la Federación Rusa y recientemente también México. Se comentó acerca de la importancia de buscar una mayor justicia social al mismo tiempo en que se brindan bienes y servicios a la población, mencionando por ejemplo los nobles esfuerzos que se invierten en los programas de alfabetización. Se entendió que si bien Fidel, el comandante eterno, es irreemplazable por una sola persona, entre todas y todos se logra mantener invencible a la Revolución cubana en base a su legado y a la fortaleza dada por todo su proceso histórico. Por último, se comentó que la reciente incorporación de Cuba a los BRICS brindará una paulatina mejora en la calidad de vida de su pueblo contrarrestando lentamente los terribles efectos causados por el bloqueo de los Estados Unidos.

 

Finalmente se decidió abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 03 de mayo un texto basado en una conferencia brindada en octubre de 2024 por Ramón Grosfogel titulado “Universidad occidentalizada y civilización capitalista: necesidad de la descolonización”.

 

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 05 de abril de 2025.

abril 04, 2025

Círculo de Lectura # 192 - Abril de 2025

 Círculo de Lectura # 192 - Abril de 2025

“La Revolución cubana, 66 años después"

Tesis sobre la actualidad y el futuro de la Revolución cubana Publicado en La Tizza, Cuba el 02 de enero de 2025

Por Dayron Roque Lazo, (La Habana, 1987). Licenciado en Periodismo. Máster en Desarrollo Social. Profesor asistente de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Actualmente coordina la publicación Contexto Latinoamericano. Es periodista de la revista Alma Mater.

1.           Cuba aguanta (no es poco, y es mucho)

La Revolución arriba al 66 aniversario de su triunfo cuando el país atraviesa la peor crisis que haya vivido en los últimos 100 años. Eso es un dato. Ha sido necesario desplegar contra el pueblo cubano el más inimaginable y abarcador cerco económico, financiero, mediático, comercial, político y (algunas veces) militar para intentar liquidar la Revolución y el apoyo popular a la misma.

Los errores propios, inducidos en no poca medida por las condiciones de un país que vive en medio de una virtual guerra, sostenida durante mucho tiempo, con todas las consecuencias que ello entraña, tienen, por supuesto, responsabilidad en el actual escenario. No obstante, (hasta ahora) los planes de rendir por hambre, desesperación y miseria al pueblo cubano han fracasado. Eso, también, es un dato.

Después de aguantar medio siglo, en 2005, Fidel Castro fue el primero en darse cuenta de que lo único que habíamos hecho era eso: aguantar. No es poco; y es mucho. Las razones de esa resistencia radican, en lo esencial, en la rica historia del pueblo cubano como reservorio ético de la nación y la persistencia de una (aunque desgastada) hegemonía (aun) favorable al imaginario y realizaciones de la Revolución.

2.           La crisis de la Revolución cubana no significa su muerte (ni necesariamente su antesala)

El momento crítico que vive el país no significa, de manera ineluctable, que la Revolución cubana se haya perdido o que esté cerca de hacerlo. De manera simétrica, ello tampoco significa que esté asegurada para siempre su propia existencia y éxito.

Este es un momento de agudización extrema de las contradicciones como no se había visto desde la época de la virtual guerra civil que vivió el país entre 1959 y 1965, el cual se saldó entonces — en condiciones geopolíticas y nacionales muy distintas a las actuales — con un triunfo revolucionario.

Sin embargo, la muerte de la Revolución cubana — en los múltiples significados de la misma: el derrocamiento del mundo anterior y el proyecto y la práctica de un tipo específico de transición socialista en el Tercer Mundo latinoamericano y caribeño; la fuerza social que le es inherente y la articulación de sus consensos internos; la institucionalidad y sus desviaciones; los hechos y realizaciones concretas; los imaginarios y los símbolos; entre otras acepciones — puede ocurrir no como un hecho súbito, sino como resultado del continuo vaciamiento de esos significados, de los cuales, la reinstauración del Ancien Régime sería solo su último cuadro: se desdibuja la transición socialista como horizonte y como práctica; se pierde la fuerza social que la sostiene materialmente cuando no se reproducen los consensos y pactos esenciales que la arman; se desarticula la institucionalidad estatal y la institucionalidad revolucionaria y las desviaciones ya no sirven para profundizar en la Revolución, sino para enterrarla; pierden significado los símbolos e imaginarios mientras son sustituidos por otros, de carácter reaccionario; desaparecen los hechos y realizaciones concretas que han sido la base del bienestar material del pueblo cubano...

3.           La Revolución cubana tiene (todavía) un horizonte estratégico (para avanzar hacia él)

La resistencia es un acto revolucionario, pero no basta por sí mismo para llenar de contenido al hecho revolucionario, también es necesario un horizonte hacia el cual caminar — aunque este se aleje con cada nuevo paso—.

Antes, Liberté, Egalité, Fraternité encarnaron una perspectiva — y unas condiciones de posibilidad — que fueron abandonadas con el triunfo de sucesivas contrarrevoluciones burguesas: la fraternidad fue, quizás, su principal víctima. A pesar de — o incluso por— su propia crisis, la Revolución cubana conserva un horizonte estratégico, fruto no solo de la utopía histórica de la transformación (revolucionaria) del mundo, sino también de la comprobación de la insostenibilidad del (des)orden mundial del capitalismo y el imperialismo. Ese horizonte es estratégico, en primer lugar, porque es un impulso ético — «ese sol del mundo moral»—, y no una moralina (falsamente) revolucionaria: la libertad de «vivir sin tener (que ponernos) precio»; la igualdad en dignidad y derechos; la fraternidad (y sororidad) como necesidad para «preparar el terreno para la bondad» y llegar a ser «bondadosos con nosotros mismos». Frente a la crisis de certezas de la (pos) modernidad capitalista, la Revolución provee una manera de imaginar la sociedad y sus relaciones del cual no se puede desprender la izquierda y que ya ha ensayado sus potencialidades y desafíos en la accidentada transición socialista cubana. Ese horizonte estratégico de «alcanzar toda la justicia» continúa siendo una línea roja en los intentos en curso de restauración capitalista.

4.           Hay que terminar (de hacer) la Revolución cubana

La Revolución cubana es un hecho inconcluso: no solo por la propia etimología del concepto, sino por su condición misma de existencia. Como hecho inconcluso, hay que terminarlo. Viviendo, como vive, la más intensa crisis de su existencia, si no se supera por la izquierda, se hará por la derecha.

Hay planes en curso con ese propósito. Ello implica, en términos prácticos, revitalizar algo tan (aparentemente) lejano como el programa del Moncada hasta las sucesivas actualizaciones cuyo último impulso fue la Batalla de Ideas dirigida por el comandante en jefe, Fidel Castro. Todo lo que vaya en un sentido distinto a esa línea debe ser rechazado por contrarrevolucionario y antisocialista.

La promesa fundacional de la Revolución de «la dignidad plena del hombre» está por completarse. Hay un sector del pueblo cubano que, aun en medio de las actuales y durísimas circunstancias, a lo que aspira es a más Revolución si es que ello significa «igualdad y libertad plenas», «ser tratado y tratar a los demás como seres humanos» y hacer realidad «nuestros sueños de justicia». Por más descontento (legítimo) que acumulen, sus demandas no son menos revolucionarias que las contenidas en «La Historia me absolverá».

5.           La suerte de la Revolución cubana es (también) la suerte de las luchas de los pueblos de la América Latina y el Caribe

No hay manera de entender la historia de las luchas, las victorias y las derrotas populares en la América Latina y el Caribe de los siglos XX y XXI, desligada del hecho histórico de la Revolución cubana. No se trata solo de la profunda vocación latinoamericana y caribeña — y, por extensión, tercermundista — de la Revolución. En 1961, el triunfo sobre la invasión mercenaria en Playa Girón significó que los «pueblos de América Latina [y el Caribe] fueran un poco más libres». La permanencia de la Revolución creó las condiciones de posibilidad para el triunfo de otras experiencias (de distintos grados de profundidad revolucionaria) en el continente, tanto en tierra firme como en los archipiélagos caribeños: del triunfo del presidente Salvador Allende Gossens al de Hugo Chávez, de la victoria de la Revolución Sandinista a la de la Revolución Granadina. Una derrota de la Revolución cubana implicaría también la derrota de los pueblos en lucha y resistencia de nuestro continente. La Revolución cubana ha sido como ha podido ser, y renunciar a defenderla por cuidar intereses nacionales no solo resultará en el abandono al pueblo cubano sino en el abandono, en diferido, a los pueblos que dicen proteger con el aparente alejamiento de la Revolución cubana.

6.           Fidel es Fidel (y nadie podrá sustituirlo cuando ya no está)

El comandante en jefe de la Revolución cubana es uno solo: Fidel Castro. Eso lo sabemos bien. Fidel tuvo el privilegio — y como él mismo reconoció en su día, también la suerte — de conducir el camino en medio del fuego intenso del asedio estadounidense, la traición de los dirigentes de un socialismo realmente (in)existente y las múltiples crisis del mundo globalizado y neoliberal, hostil a cualquier proyecto alternativo.

El siglo XX de la descolonización, de la dignidad recuperada del Tercer Mundo, de las luchas antimperialistas, no puede entenderse sin él.

Como dijo José Martí sobre Simón Bolívar, «los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz». No podemos ser Fidel; no habría nada más antifidelista que decir eso: necesitaríamos dormir y comer tan poco como él; hablar (y pensar, y hacer y mantener la coherencia entre lo que se piensa, se habla y se dice) tanto y durante tanto tiempo como él; dominar tantas y tantas cosas como él; correr tan deprisa y tan angustiosamente como él y soportar, como él, todos los sacrificios personales. Pero podemos hacer otras cosas:

Así como un día Fidel se rebeló contra las oligarquías y los dogmas revolucionarios; las revolucionarias de este siglo debemos rebelarnos contra cualquier intento que nos invite, en nombre de Fidel, a ser cómplices del imperialismo o de la restauración del capitalismo o que nos llame a petrificar el concepto de Revolución (solo porque está inscrito en el monolito que guarda sus restos). Queda aún la enorme tarea de construir una Cuba revolucionaria sin (su) tutela fundacional.

7.           (Sí), hay que cambiar todo lo que debe ser cambiado (pero solo eso no hace la Revolución)

Será porque es el segundo elemento de la definición o porque es el más fácilmente manipulable, pero «cambiar todo lo que debe ser cambiado» se ha convertido en la excusa perfecta tanto para los oportunistas de siempre — por aquello de «cambiar todo»—, para los gatopardistas de turno — «cambiar[lo] todo» para que nada cambie— , como para los inmovilistas de toda la vida — no hagamos nada mientras respondemos a la pregunta de ¿qué es lo «que debe ser cambiado»?—. La Revolución es «cambiar todo lo que debe ser cambiado», pero no hacia la nada, cual salto al vacío o sin consciencia alguna de las finalidades y los contenidos de lo que se cambia.

Cambiar no significa, por sí mismo, hacer la Revolución y, llegados a un punto, hacer la Revolución significará «echar el freno de mano de la historia». Lo que distingue el cambio revolucionario del cambio reaccionario es que el primero se provoca, se induce como condición de la existencia misma de la Revolución (no de su reverso). Cambiar, en Revolución, significa «correr el límite de lo posible».

8.           «Aspiramos (pero con nuestra acción, no con nuestras narices)» al poder (todo el poder)

Reivindicamos, desde la experiencia de la Revolución cubana, el derecho legítimo a cambiar el mundo y tomar — y, en el caso cubano, mantener y defender— el poder. La mejor condición de posibilidad de hacer cambios revolucionarios es tener y mantener un (fuerte) poder revolucionario que sea garante de esos cambios. La historia de la Revolución cubana demuestra que el poder es más revolucionario en la medida en que es más popular: que socializa más la deliberación, la toma de decisiones, el control popular y fortalece el vínculo entre el liderazgo y el pueblo. También entiende que no debe confundirse autoritarismo con la autoridad necesaria para el ejercicio del poder, ni ser este concebido como «un pedazo de salchichón». Una revolución vale lo que sabe defenderse.

9.           «Es hora de volver a hacer el viaje a la semilla de José Martí»

El triunfo de la Revolución cubana, en enero de 1959, no fue el espectáculo de un rayo que tocó tierra en medio de una tarde soleada y despejada. Fue el resultado de la incubación de fuerzas extraordinarias arrastradas por el magma de la historia de la nación y la nacionalidad cubanas. Puede no ser rigurosamente histórico determinar la existencia de «una sola Revolución», pero sí es un hecho de evidencias políticas la línea que une las primeras ansias cubanas de patria y libertad con la resistencia épica de los tiempos actuales.

La Revolución cubana vive momentos de peligro como nunca antes y la clave, como hace más de 130 años, es «colocar al centro de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: ¡Con todos y para el bien de todos!».

marzo 02, 2025

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 191

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 191

“Fidel, la alfabetización y la lluvia”

Un texto tomado de Cubadebate el 22 de diciembre de 2024 escrito por Katiuska Blanco, periodista cubana, autora del libro "Fidel Castro Ruz Guerrillero del Tiempo" y “Todo el tiempo de los cedros”, entre otros, se ha dedicado a investigar y profundizar sobre la vida del líder histórico de la Revolución Cubana. Katiuska vincula en su relato la íntima conexión entre Fidel y su pensamiento ante la necesidad de la educación de los pueblos. Una educación transformadora comprometida con la comprensión de las condiciones en que se vive para poder emprender la lucha necesaria para lograr la justicia social. Decía Fidel que “sin cultura no hay libertad posible”. Hasta el triunfo de la Revolución antes del año 1959, en las escuelas se enseñaba la geografía solo desde el aspecto material referido a la naturaleza y sus características, sin tener en cuenta en lo más mínimo el aspecto de la sociedad humana. La campaña de alfabetización emprendida en Cuba a comienzos de la Revolución, y como parte de ella, representa un ejemplo del carácter altruista de los alfabetizadores que con todo el entusiasmo se internaron en la vasta geografía de la isla para lograr el objetivo de declararla como territorio libre de analfabetismo. Simultáneamente se inició también la lucha para lograr la necesaria justicia social, sin la cual no se puede aplicar adecuadamente los frutos de la educación. Fidel decía que el futuro de la patria debía ser un futuro de hombres de ciencia y de pensamiento.  En su última Reflexión, escrita el 12 de agosto de 2016, Fidel decía que: “mañana cumpliré 90 años” y hace una breve descripción del transcurrir de su vida desde su inicio en la finca de sus padres en Birán, donde él pudo percibir las necesidades de su pueblo ante la falta de una adecuada educación y sus condiciones de vida impuesta por el régimen colonial sometida a los intereses capitalistas de los Estados Unidos. Manifiesta un profundo agradecimiento a todos quienes le brindaron sus primeros conocimientos y la posibilidad de emprender sus estudios, primero con su maestra en Birán y luego en el Colegio La Salle de orientación cristiana en Santiago de Cuba, para luego iniciar sus estudios universitarios en La Habana. Fidel fue un maestro. Decía que al pueblo no le vamos a decir: cree; le vamos a decir: lee. De Martí tomó los valores de la educación como una herramienta de emancipación social y la formación del pensamiento propio, del pensamiento crítico. 

Durante el posterior debate se entendió que la lucha por la educación debe ser acompañada al mismo tiempo con la lucha por la justicia social. En Cuba ese proceso se inició el 26 de julio de 1953 con el asalto al Cuartel Moncada considerado como el motor chico que ayudó a poner en marcha al motor grande que concluyó con el triunfo de la Revolución Victoriosa del 1° de enero de 1959, para recién luego dar inicio a la campaña de alfabetización a lo largo de todo el año 1961 declarando el 22 de diciembre a Cuba como Territorio Libre de Analfabetismo. Solo con justicia social se pueden aplicar los frutos de la educación. Una educación, que además tenga un carácter transformador con el objetivo de lograr la emancipación social. Para ello se debe enseñar a pensar de manera crítica para que la educación no sea un proceso de acumulación de conocimientos, sino al mismo tiempo una herramienta de pensamiento propio para el desarrollo social.

Finalmente se decidió abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 5 de abril un texto de Dayron Roque Lazo, “La Revolución cubana, 66 años después”.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 01 de marzo de 2025.

octubre 08, 2024

Cine Cubano en el Sindicato de Trabajadores Judiciales

Cine Cubano en el Sindicato de Trabajadores Judiciales

En el marco del ciclo de Cine Cubano y Videos Debate, el Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba invita a la proyección del documental:

“Cubanas. Mujeres en revolución”

El documental rescata el rol jugado por las mujeres tanto en la lucha guerrillera como en el devenir de la Revolución, hasta llegar a la actualidad. Un recorrido que llega hasta el presente rescatando a mujeres de diversos ámbitos y edades, para recoger sus testimonios de vida y exponer nuevamente cuánto ha significado para ellas alimentarse de los valores puestos en marcha a fines de la década del 50. Así surgen voz e imagen de trabajadoras, médicas, científicas, artistas y militantes sociales y políticas.

Duración: 94 min. Director: María Torrellas

Las y los esperamos este viernes 11 de octubre a las 20 hs. en el Sindicato de Trabajadores Judiciales, en calle Albarracín 1135 (casi esquina Ruiz Moreno).

Con entrada libre y gratuita.

Invita el Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba.

septiembre 10, 2024

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 185

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 185

“Generalidades de los Ciclones Tropicales”

Este texto fue tomado del Instituto de Meteorología de la República de Cuba, y trata sobre los ciclones tropicales, su clasificación de acuerdo a escala Saffir/Simpson, las zonas del mundo donde se originan, las condiciones necesarias para su formación, y su ciclo de vida.

También aborda el movimiento de los ciclones tropicales y las trayectorias más comunes en el Atlántico.

Los elementos más peligrosos en un ciclón tropical como la Marea de Tormenta, lluvias torrenciales, vientos intensos.

La descripción del paso de un huracán por una localidad y las características encontradas en el Centro u “ojo” del huracán.

Bandas de lluvia en espiral que pueden extenderse a varios cientos de kilómetros del centro del mismo.

También menciona algunos huracanes importantes en la historia de Cuba y sus efectos.

Cómo se pronostican los huracanes en base a su estacionalidad, su trayectoria y su impacto en la sociedad.  

Los sistemas de aviso y mitigación en caso de producirse los ciclones tropicales.

Con qué sistema de avisos y alertas de ciclones tropicales cuenta el Estado para dar a conocer a su población, siendo de suma importancia la interacción de los pronosticadores con los medios de difusión y la Defensa Civil, la cual tiene establecida cuatro fases ciclónicas: la Fase Informativa por ciclón tropical informando del surgimiento o la existencia de un ciclón tropical y de su posible aproximación a cualquier punto del país; la Fase de Alerta Ciclónica cuando un ciclón tropical puede comenzar a afectar a alguna parte del territorio nacional en las próximas 48 horas; la Fase de Alarma Ciclónica cuando ya es inminente la afectación al país de un ciclón tropical en las próximas 24 horas; la Fase Recuperativa cuando el fenómeno meteorológico haya dejado de afectar a un territorio dado y si es necesario la realización de trabajos de liquidación de las consecuencias.

Durante el posterior debate, se comentó acerca de la responsabilidad del estado socialista cubano con respecto al cuidado de su población, antes, durante y después de un fenómeno meteorológico como son los huracanes en Cuba. Éstas medidas van en beneficio de minimizar daños materiales y fundamentalmente en su población. Se comentó que no solo se evacúa temporalmente a la gente que pueda ser afectada por el paso de un huracán, sino que también se trata de evacuar a los animales de granja que puedan ser alcanzados por estos eventos, y que también se protegen los ventanales de las casas anteponiendo paneles de madera aglomerada, y se desmonta lo que pueda ser desmontado como por ejemplo los aerogeneradores de energía eléctrica. Después del paso del huracán inmediatamente se procede a reparar todos los daños ocasionados.

El gobierno le facilita a la población los materiales necesarios para reconstruir las viviendas afectadas.

Se comentó que para reparar las líneas eléctricas se convocan a todos los técnicos de la isla, sin tener en cuenta que pertenezcan o no a la provincia afectada.

También se comentó que dado que los ciclones tropicales generalmente se originan a causa de la elevación de las temperaturas de los océanos, queda claro que el efecto invernadero producto y consecuencia de la combustión de gases fósiles expulsados por la industria, ganadería, vehículos y demás elementos terrestres incrementando la temperatura global, es un factor que favorece la generación de estos fenómenos.

Una sociedad de sobreconsumo como una nueva cultura provocada por el capitalismo ya en su fase neoliberal. Se recordó los enormes daños que ocasionó en el año 2005 el huracán Katrina en Nueva Orleans, Estados Unidos causando daños materiales por valor de miles de millones de dólares, lo que la convierte en la tormenta más costosa de la historia y cuyas secuelas aún son visibles casi dos décadas después del paso del huracán.

A consecuencia del fenómeno la población de Nueva Orleans se redujo a más de la mitad en el año posterior al Katrina. Antes de que el huracán tocara tierra, se decretó la evacuación obligatoria de la ciudad, que en aquel momento contaba con más de 480 000 habitantes. Decenas de miles de residentes huyeron.

Pero unos 100.000 quedaron atrapados en la ciudad en el momento en que golpeó el huracán, afectando particularmente a los residentes más pobres de Nueva Orleans, a los ancianos y a los que carecían de acceso al transporte y no pudieron autoevaluarse. La solidaridad del pueblo y el gobierno de Cuba no se hizo esperar cuando el propio Fidel preparó y alistó un contingente de 10.000 médicos, con el propósito inicial de asistir de manera inmediata y gratuita al pueblo de Nueva Orleans, afectado por la catástrofe. Sin embargo, la ayuda fue rechazada por el Gobierno norteamericano de George Bush manifestando que: “los cubanos mostraron demasiada humanidad con su oferta”.

Pero a consecuencia de esta triste tragedia quedó constituido para siempre El Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias "Henry Reeve", que tan solo entre 2005 y 2019, 25 brigadas Henry Reeve, con un total de 9 428 colaboradores, trabajaron en 21 países y atendieron a más de 3.6 millones de enfermos y afectados por fenómenos catastróficos naturales como por ejemplo huracanes, terremotos o brotes epidemiológicos.

Por último se decidió abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 05 de octubre un texto escrito por Ángel García tomado de la revista digital cubana La Tizza, “La Revolución Bolivariana y su progresismo claudicante”.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 07 de septiembre de 2024.

mayo 08, 2024

COMUNICADO DE PRENSA - Cine Cubano

En el marco del ciclo de Cine Cubano y Videos Debate, el Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba invita a la proyección del documental:

 

“Celia Sánchez” por Estudios Mundo Latino

 

Celia será siempre para todos sus compañeros la fibra más íntima y querida de la Revolución Cubana, la más entrañable de nuestras hermanas, la más autóctona flor de la Revolución, grande en su abnegación heroica y en su lealtad incondicional, grande en su identificación con el pueblo, en su amor a la obra de la Revolución.

 

Documental de Ariel Prieto-Solís                                Duración: 57 min.

 

Las y los esperamos este viernes 10 de mayo a las 20 hs. en el Sindicato de Trabajadores Judiciales, en calle Albarracín 1135 (casi esquina Ruiz Moreno).

 

Con entrada libre y gratuita.

 

Invita el Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba.


abril 09, 2024

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 180

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 180

“Asumir el desgarramiento: una conversación con Raúl Escalona”

Significado del legado martiano a la luz de los actuales desafíos que atraviesa la Revolución cubana

 

Un texto de Gabriel Vera Lopes tomado de “La Tizza”, una revista digital que aspira a convertirse en plataforma de pensamiento para debatir el devenir del proyecto de la revolución cubana, su relación con las prácticas políticas del día, y sus futuros posibles. Se trata de una conversación con Raúl Escalona, militante y miembro del colectivo La Tizza y especialista de la Sociedad Cultural José Martí, sobre el significado del legado martiano a la luz de los actuales desafíos que atraviesa la Revolución cubana. A 170 años del nacimiento de José Martí, ¿qué nos dicen su pluma, su verbo incendiado y su ejemplar heroísmo sobre nuestro presente? ¿Qué significa tener una mirada martiana sobre los desafíos de nuestro presente?. Cada día 27 de enero en vísperas de la celebración del natalicio de José Martí, se realiza en La Habana desde las escalinatas de la Universidad hasta la Fragua Martiana, una marcha de antorchas en homenaje al Apóstol. Ésta marcha significa para los cubanos la defensa de la Revolución por la línea histórica, con el objetivo de alcanzar toda la justicia social y la emancipación plena del ser humano bajo el ideario del Apóstol y de sus enseñanzas basada en sólidos principios y valores. Entre un proyecto y el poder alcanzarlo, se debe recorrer el mejor camino posible que representa la táctica, cuando el proyecto en sí representa la estrategia a alcanzar. Quien supo recorrer ese camino con la mayor eficiencia fue el comandante Fidel Castro. Un Estado al servicio de la sociedad debe diseñar el mejor método en función a las realidades actuales. En el legado de José Martí podemos encontrar las herramientas básicas para resolver adecuadamente las dificultades que se presentan en cada momento y que van evolucionando de acuerdo a las circunstancias y de los nuevos mecanismos de defensa del principal enemigo que es el imperialismo de los Estados Unidos. “La revolución no es el cumplimiento de un programa o de una acción concreta. La revolución es un movimiento de actualización constante, de ampliación constante de un programa político que logra detectar nuevas causas y combatir por ellas”. Hoy en día Cuba y la sociedad cubana están viviendo momentos de profunda crisis provocada fundamentalmente por el cruel e inhumano bloqueo económico, comercial y financiero por parte del gobierno de los Estados Unidos. A eso también deben sumarse los propios errores que requieren una superación permanente. Para ello se requiere una comunicación fluida con el pueblo a fin de informarlo y no permitir que se culpe al gobierno de indiferente o ineficiente frente a los problemas. Y es aquí donde nuevamente se debe recurrir al Maestro José Martí en lo que se refiere a su capacidad pedagógica y de comunicación, y además dando el ejemplo como primer militante de su propia prédica. En ese sentido, la pedagogía política martiana puede contribuir mucho. Es necesario encontrar conscientemente los caminos para poder salir de la alienación y el malestar que genera el capitalismo, asumiendo el desgarramiento de las injusticias provocadas por el mundo viejo, para poder encaminarnos definitivamente por los senderos de la emancipación.

 

Durante el posterior debate, se puso de manifiesto una vez más el enorme daño que genera el inhumano bloqueo económico, comercial y financiero impuesto al pueblo cubano por parte del gobierno de los Estados Unidos. Cabe destacar que en el año 1960, el  Vice Secretario de estado Lester Mallory en un memorándum secreto del Departamento de Estado, dejó claramente establecido que la finalidad del bloqueo es provocar el hambre y la desesperación del pueblo cubano para así lograr el derrocamiento del Gobierno. Y ya van sesenta y cuatro años. En la actualidad con los modernos medios de comunicación y su gran capacidad de penetración en las masas sociales se  está provocando una especie de zozobra en algunos sectores del pueblo cubano, y que el enemigo lo utiliza para inducir la culpabilidad al gobierno cubano y a su sistema político socialista. Esos son los nuevos retos a enfrentar en una constante lucha para contrarrestar estas acciones. A una sociedad que debe luchar día a día para resolver sus necesidades reales, le queda poco tiempo para analizar las causas que generan esta situación. Se comentó que resulta muy claro en el análisis de Raúl Escalona cuando dice que hay una relación entre el proyecto revolucionario y el poder. En cuales deben ser los caminos a recorrer para alcanzar ese proyecto, en el ignoto camino de la construcción del socialismo. Es la vieja dicotomía entre la estrategia y la táctica. Los cubanos en sus permanentes autocríticas manifiestan que a lo largo de la historia revolucionaria se han cometido errores tácticos pero no estratégicos, que es el verdadero objetivo de la Revolución en el firme propósito de construir una sociedad más justa, igualitaria y socialista. Fidel decía que Revolución es sentido del momento histórico y cambiar todo lo que deba ser cambiado. Y es aquí donde se debe volver siempre al pensamiento del Apóstol José Martí para ayudarnos a esclarecer nuestros análisis políticos. Por otro lado queda claro también que resulta muy complicado y difícil poder construir un Estado socialista en una pequeña isla frente al enemigo mayor que es el Imperialismo norteamericano y en un mundo globalizado y capitalista. Es la lucha entre David y Goliat. 

 

Por último acordamos abordar para los dos próximos espacios de Lectura, de los siguientes sábados 04 de mayo y 1° de junio, un trabajo final de la Cátedra Martiana: “Nuestra América” y “Madre América”, Visión no político-cultural de una región, en dos partes.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 06 de abril de 2024.