abril 02, 2026

Círculo de Lectura # 204 - Abril de 2026

 Círculo de Lectura # 204 - Abril de 2026

«Ninguno de los que hizo concesiones para sobrevivir, sobrevivió»

Editorial de La Tizza - 06 de marzo de 2026

Esta idea brotó de Fidel Castro, quien entendió como nadie que el imperialismo no negocia, conquista.

Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada

José Martí

Una reedición de las incursiones militares en pequeñas lanchas provenientes de los Estados Unidos -práctica nunca abandonada desde su estreno en los años sesenta- con el propósito de provocar un conato de rebelión en el país, volvió a fracasar estrepitosamente la mañana del 25 de febrero, cuando diez mercenarios armados hasta los dientes fueron derrotados por cinco guardafronteras cubanos, uno de ellos herido. El intento de medir la disposición combativa fracasó y solo queda la alharaca mediática en Miami. Nada nuevo bajo el sol.

Como habíamos advertido en anteriores momentos, el régimen de Washington, envalentonado por los resultados de su agresión contra Venezuela el pasado 3 de enero y el consiguiente cambio de régimen en Caracas, dirigiría sus acciones contra Cuba, cuya Revolución no ha sido nunca «la siguiente» en ninguna lista, sino la primera.

Los 32 cubanos caídos en desigual combate la madrugada del 3 de enero en Venezuela, sus compañeros que los sobrevivieron y los cinco guardafronteras del 25 de febrero demostraron lo que puede hacer un combatiente, aun aislado, frente a un enemigo superior en número y medios, cuando tiene fe en la justeza de su causa.

La palabra rendición no forma parte del lenguaje de nuestros soldados y, en última instancia, solo estaría asociada a la solución que los mambises propusieron para ella en el siglo XIX: guásima, cabuya y sebo. La valentía de los cubanos tiene una lectura por parte de los personeros de la junta militar- empresarial de Estados Unidos: con el pueblo cubano y su brazo armado no habrá un combate fácil que se decida en la víspera con el chantaje de una potencia atómica amenazando con borrarnos de la faz de la tierra.

En adición, herida e indignada, la fibra patriótica de nuestro pueblo se ha levantado en medio de las escaseces y privaciones materiales más inimaginables para protagonizar jornadas de homenaje a los mártires y al coraje de nuestros soldados, bajo aquella consigna que no pierde vigencia: «¡Aquí no se rinde nadie!».

Ante las amenazas de Donald Trump, así como de sus empleados de menor rango como Marco Rubio, se han movilizado el pueblo uniformado, las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior. Sucesivos Días Nacionales de la Defensa, con amplio despliegue de tropas y medios, dejaron poco margen a las dudas de lo que significaría para el imperialismo una aventura guerrerista en Cuba.

La nuestra es una revolución armada y, como tal, procurará alcanzar por medios pacíficos el respeto del enemigo, pero no dudará un segundo en defenderse con las armas en la mano ante cualquier amenaza: «son tiempos para acostarse con las armas de almohada», como diría José Martí.

Es en esas circunstancias y en medio de la cortina de humo que intentan levantar con presuntas conversaciones entre ambas partes, que ha aparecido la opción de la «toma amistosa de Cuba» por parte de EE. UU., de acuerdo con algunas declaraciones del jefe del régimen, Donald Trump, y otros funcionarios.

El timing de las declaraciones del encargado de la junta, unidas a las divagaciones de otros personeros menores, no es de poca importancia: se producen en medio de las amenazas, finalmente hechas realidad este 28 de febrero, de una agresión a Irán. En medio de esto, los extremistas de la emigración cubana huelen sangre y aprovechan la coyuntura para reactivar su viejo sueño de invasión.

Bajo el disfraz de una «intervención amistosa», buscan legitimar lo que no es más que la reedición de la violencia imperial. El ruido de la guerra les sirve de coartada para empujar sus obsesiones contra la Isla. Así, pretenden convertir la distracción internacional en plataforma para su cruzada reaccionaria. Es útil recordar, en esta coyuntura de guerra, un pasaje descrito por Bob Woodward en su libro Negar la evidencia, cuando uno de los anteriores jefes de la junta militar- empresarial de Washington, George W. Bush, también envalentonado por los resultados de un reciente cambio de régimen (el del Irak de Sadam Hussein), preguntó con entusiasmo al general de tres estrellas y procónsul yanqui en Irak, Jay Garner, si quería también «ocuparse» de Irán.

La respuesta de Garner fue que «los muchachos» y él mismo «se ofrecían» para Cuba, donde «las mujeres son más bonitas». Bush espetó: «Es tuyo, cuenta con Cuba». La historia, sin embargo, es bien conocida: Irak se volvió ingobernable, Garnier no tuvo a Irán, Bush pasó al basurero de la historia y Cuba resiste hasta hoy. Ni Garnier, ni Bush, ni Rumsfeld, ni Condoleezza Rice, ni Cheney, ni Colin Powel, ni la jauría miamense tuvieron a Cuba.

Más de veinte años después, pareciera que vuelven a rodarse las mismas imágenes. La historia no se repite, pero rima: envalentonado con los resultados de la invasión a Venezuela, el régimen de Trump-Vance-Rubio apuesta por una guerra contra Irán, cuyo desenlace no ha de ser ni el de Irak de 2003 ni el de Venezuela de 2026, y acentúa el bloqueo contra Cuba, como arma de aniquilación física.

Disminuida la adrenalina de enero pasado tras la agresión a Venezuela y rotos los augurios de una rápida e inminente caída de la Revolución cubana mediante alguna acción armada combinada con una explosión popular, Trump y sus secuaces han comenzado a hablar de una «toma amistosa» de Cuba.

El imperialismo y sus cipayos externos e internos no entienden otro lenguaje que no sea el de la fuerza y el de demostrarles que ni comemos miedo, ni defecamos susto. Cualquier muestra de debilidad es combustible para que avancen sobre nosotros sin piedad alguna. El imperialismo no quiere concesiones nuestras, quiere nuestra rendición en pleno y no tiene sentido presentarnos como conciliadores y «reformadores» en abstracto, como nueva forma de un deshonor que evite una guerra. La historia demuestra con demasiada elocuencia que, puestos a elegir ante un enemigo poderoso y cruel, entre el deshonor y la guerra, quien elija lo primero para evitar el conflicto, tendrá, en definitiva, deshonor y guerra.

Los más recientes casos de agresión imperialista (Venezuela e Irán) se han producido en medio de negociaciones en las cuales tanto Caracas como Teherán habían ofrecido concesiones. Su voluntad de negociar y de conceder no logró evitar la agresión, en definitiva. El rugido de los cañones con los cuales Irán responde ahora a la intervención norteamericana es su mejor carta de negociación: la otra opción es ceder la soberanía. El corolario es claro y ha estado siempre en el centro de nuestra doctrina militar: disuadir al enemigo de una guerra, haciéndole ver lo caro de una aventura militar. Como dijo el Che, «no se puede confiar en el imperialismo ni tantito así, nada».

Cuba no tiene nada que negociar con el régimen de Washington que no sea el levantamiento total e incondicional del bloqueo y la guerra económica, el cese de la hostilidad política y la renuncia a la política de cambio de régimen, la salida del ejército estadounidense del territorio ocupado ilegalmente en Guantánamo y el reconocimiento de que los destinos de Cuba se deciden en Cuba y no en Miami.

Quienes creen hablar por y en nombre del pueblo de Cuba — y aun estando en Cuba hay quienes piensan y actúan como en Miami y en nombre de los intereses del capitalismo miamense — y proponen la rendición a plazos, una especie de Zanjón a crédito que salve el pellejo de sus intereses de clase, deberían tomar nota de lo sucedido en Venezuela e Irán.

También debería servir de advertencia para quienes creen, desde una parte de la burocracia cubana — más atenta a veces a cuidar sus status quo que la soberanía nacional — que las élites imperialistas no preferirán antes administradores más eficientes y leales de lo que ellas han resultado ser.

Entretanto, el pueblo cubano ha sido forzado, por el bloqueo, por el subdesarrollo, por los incontables errores internos, a una lucha por la supervivencia. Quizás muchos, cansados de esa agotadora batalla diaria, crean que ya no vale la pena resistir, que el gobierno debería conceder a una coexistencia pacífica con el imperialismo yanqui. Pero quien lo haga no debe olvidar que dicha coexistencia estaría condicionada al abandono de la soberanía. Como ha dicho Marco Rubio, se conformarían con un cambio del modelo socioeconómico, es decir, con una transición al capitalismo a la antillana: con sistemas políticos corruptos y entreguistas, una sociedad altamente desigual, sin políticas sociales, con una economía deforme y con las mafias del narco como un Estado paralelo. No hay ganancias para el pueblo en esa transición, solo empeoramiento.

En las actuales y previsibles circunstancias conviene recordar el daño extraordinario que ha significado la agresión sostenida de EE. UU. contra nuestro pueblo. Nuevamente solos frente al imperialismo, el régimen de Washington cree que ha llegado «la hora final de la Revolución» y han desplegado su enorme diapasón de medidas de bloqueo selectivo y cada vez más clasista, que buscan alejar cada vez más al pueblo del Estado — heredero simbólico de la Revolución de 1959 — y con ello preparar una «toma amistosa» de Cuba. Juegan a la vieja estrategia de combinar el garrote y la zanahoria. Hay quienes se asustan con el garrote y hay quienes aspiran a comer de la zanahoria en un pastel que, por definición, deja fuera a buena parte del pueblo cubano: todos son, por igual, traidores y cómplices.

Un hombre o una mujer pueden ser comprados, vencidos por la superioridad del enemigo y derrotados por la falta de fe en su gente, pero nunca un pueblo entero. ¡No somos los primeros revolucionarios en pensar así! Y, como demostraron nuestros compañeros del 3 de enero, ¡no seremos los últimos!

 

marzo 12, 2026

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 203

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 203

“¡Levántense con Cuba, pueblos del mundo!”

Este texto fue tomado del periódico digital cubano La Tizza, con fecha 03 de febrero 2026. Se trata de un análisis por parte del equipo editorial del periódico, acerca del agresivo avance imperial hacia Cuba después de la invasión militar a Venezuela con el secuestro de su presidente democráticamente electo Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. El bloqueo naval para evitar la entrada de petróleo y combustible a la isla, es un tremendo golpe dentro de la guerra económica que castiga al pueblo cubano desde hace ya más de seis décadas, en su afán de hacer colapsar al país. Es un llamado de atención a aquellos gobiernos que se hacen los distraídos, manifestándose con tibias retóricas de protesta por lo que está ocurriendo. De un lado se sitúan quienes con un verdadero sentido patriótico deciden cerrar filas con el pueblo cubano, y por el otro están y se visibilizan con cada vez más claridad los oportunistas que buscan mendigar algunas migajas al imperio, y la derecha fascista cubanoamericana que sin escrúpulos le piden al emperador Trump alguna cuota de poder que no han logrado conquistar por sí mismos. El odio visceral del imperio hacia Cuba se debe a que no toleran que su pueblo haya conquistado su independencia, libertad y soberanía mediante su propia lucha y autodeterminación. Ante las solicitudes de negociación por parte del gobierno de los Estados Unidos, que solo significa regresar a su tutela colonial, no sería más que un suicidio como nación en una lucha que surgió hacen ya más de ciento cincuenta años. Dice el artículo que de las potencias externas nada pueden esperar, y que en momentos de extrema crisis como éste, Cuba solo cuenta con su propio pueblo. Hace un llamado a todos quienes tengan en su recuerdo los resultados de las diferentes agresiones imperiales en cualquier parte del mundo, donde sus guerras solo sirvieron para enriquecer aún más a los que ya eran ricos, incrementando la pobreza de la mayoría de la gente. Un llamado a las diferentes formas de movilización tanto a personalidades de la cultura, del arte y demás áreas de influencia, como a los congresistas norteamericanos que repetidamente han pedido una modificación de las relaciones con Cuba. Ante la certeza que la guerra imperialista nunca trae democracia ni libertad, te decimos: ¡Levántate con Cuba!

Después, en el transcurso del posterior debate se puso en valor la necesidad de ser solidarios con el pueblo y el gobierno cubanos, para lo cual se debe lograr una mayor concientización política de los pueblos. Recordamos la reflexión de Andrés Manuel López Obrador cuando, ante la negativa de los Estados Unidos de levantar el bloqueo a Cuba, manifestó que no solo se debía votar en la Asamblea anual de las Naciones Unidas en contra del bloqueo, sino que se debía actuar en consecuencia. México históricamente ha mantenido relaciones diplomáticas amistosas con Cuba, enviando además buques petroleros y también con ayuda humanitaria. Se comentó que fueron dos los buques petroleros rusos que han sido interceptados por los Estados Unidos en altamar para evitar la llegada del necesario combustible a la isla. Hoy ante los prolongados apagones de hasta veinte horas diarias, Cuba no puede contar con el ingreso de divisas provenientes del turismo, que también se ve reducido. Es de valorar el enorme sentido de resiliencia y de lucha del pueblo cubano que con un profundo sentido solidario afronta la difícil situación creada por el bloqueo petrolero que se suma al bloqueo que ya viene azotando a la isla por más de seis décadas. Por último, se manifestó que la real y verdadera ayuda al pueblo cubano sería poder lograr vencer al imperialismo yanqui, y en esa lucha debemos alinearnos todos los pueblos del mundo.

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 04 de abril, un texto tomado del boletín electrónico La Tizza, titulado: “Ninguno de los que hizo concesiones para sobrevivir, sobrevivió”.

https://medium.com/la-tiza/ninguno-de-los-que-hizo-concesiones-para-sobrevivir-sobrevivi%C3%B3-ed49e1a30976

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 07 de marzo de 2026

marzo 06, 2026

Círculo de Lectura # 203 – Marzo de 2026

 Círculo de Lectura # 203 – Marzo de 2026

“¡Levántense con Cuba, pueblos del mundo!”

La Tizza Boletín electrónico – 03 de febrero 2026

«Me hirieron. ¡Viva Cuba!»

Primer Coronel Lázaro Evangelio Rodríguez (Últimas palabras del Primer Coronel Lázaro Evangelio Rodríguez, caído en combate protegiendo al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros).

«El aire toma forma de tornado y en él van amarrados la muerte y el amor…»

Silvio Rodríguez Domínguez, «Preludio de Girón»

Después de que la invasión imperialista a Venezuela, el pasado 3 de enero, arrancara del seno de su pueblo al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, la jauría fascista de la política cubanoamericana ha vuelto a salivar por Cuba.

El fin de la Revolución se descorcha, otra vez, con la esperanza de que el brindis no quede solo en la resaca.

La caída de 32 héroes cubanos, en feroz y desigual combate contra los carniceros del despojo yanqui, no anticipa — como algunos piensan — la derrota de Cuba. Su sacrificio anuncia otra cosa: la activación de la fibra mambisa, que es la fibra madre de la patria: «quien intente apropiarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha». (Carta de Antonio Maceo al patriota cubano José Dolores Poyo, director del periódico independentista El Yara, de Cayo Hueso, dirigida el 13 de junio de 1884 desde San Pedro Sula, Honduras).

Llegado este punto en que los portaviones yanquis acechan las costas de Cuba, en que los rumores de incursiones aéreas del enemigo sobrevuelan el carácter y las conciencias, ¿qué falta por explicar?

Con el bloqueo naval a la entrada de combustible, coronando el meticuloso sistema de guerra económica orientado a hacer colapsar nuestro país, ¿qué dudas quedan por responder?

Ahora que el derecho internacional exhibe como nunca antes de quién es ese derecho y entre quiénes se disputa… Cuando casi todos los gobiernos «no alineados», o de retórica «progre» miran a otro lado; cuando los bloques de la supuesta integración, las alianzas, los foros, las comisiones mixtas y congresos eluden el compromiso práctico y material con Cuba y ofrecen, a lo sumo, declaraciones de su consternación e impotencia; ¿a quiénes acudir en primer lugar sino a los pueblos para enfrentar este cerco imperialista que más se arrecia cuanto más sola y abandonada a su suerte descubre a Cuba?

Los campos se deslindan. De una parte, simpatizando o no con el gobierno cubano, siendo o no comunistas, viviendo en Cuba o donde sea, creyendo en cualquier Dios o en ninguno, se han agrupado quienes entienden que está amenazada la Patria, y que con ella hay que cerrar filas. Nada valen en estos días las diferencias entre patriotas. Insistir hoy en ellas, con la bestia delante, es un crimen de lesa patria.

De otra parte, se han situado los oportunistas, sin posibilidad ni deseo de ocultarse o de disimular sus intenciones, respaldados como se sienten por el imperio que los organiza. Es preferible que así sea: nos ahorra desenmascararlos y nos permite pasar directo a la confrontación.

En las horas decisivas, donde toda bruma se disipa y la luz permite ver mejor, ha quedado más claro para quiénes la perspectiva de agresión contra Cuba no es motivo de angustia, indignación o rebeldía, sino una oportunidad para mendigar.

Los personeros de la derecha fascista cubanoamericana — con sus patéticas sucursales en Latinoamérica y Europa — mendigan al emperador Trump que les gane el poder que no han tenido la audacia ni el valor de conquistar por sí mismos, y que complete luego la revancha sobre el pueblo que hizo la Revolución, y que nunca los ha respetado.

No consiguen siquiera sentir vergüenza de que los vean celebrando una posible agresión militar o pidiendo que Cuba sea gobernada por un virrey gringo, por un renegado de sus orígenes filiales que se disfraza de cubano cuando el cabildeo del sur de la Florida se lo exige.

Ya nadie podrá escandalizarse cuando les llamemos «anticubanos» o «apátridas».

Pero en la acera del oportunismo no se pasean solo los MAGA-cubanos. El arco del oportunismo se mueve de los herederos de Batista a los albaceas morales de Carlos Prío. Esos que aprovechan este momento de peligro extremo para, lejos de cerrar filas con el frente de la patria, andar mendigándole — ellos creen que le exigen, pero en realidad le mendigan — al Estado cubano alguna prebendilla, algún favor económico, alguna concesioncilla, alguna cuotica de poder, como si el poder se pudiera mendigar — ¡o regalar! — . ¿Qué son esos? ¡También oportunistas! Porque hoy ninguna agendita particular o de grupo debería estar por encima de la supervivencia de la nación.

El problema de los imperialistas yanquis no es con el gobierno cubano; no es con tal o cual característica de la administración pública; no es con la desigualdad o la pobreza existentes. Su problema no es con «la situación del pueblo cubano», sino con que ni el país ni esa situación — a pesar de los costos de su tenaz y fracasado bloqueo — les pertenezcan. El problema de los imperialistas yanquis no es de nombres, es de contenidos. Por eso hubo en Cuba “República”: de ellos; “Libertad”: para obedecerles a ellos; “Democracia”: para que se turnaran en el festín del alquiler nacional los servidores de ellos. No les preocupa si hacemos el capitalismo o el socialismo — como lo demuestra su ofensiva en el momento de mayor entronización de la propiedad privada en Cuba — . Les preocupa que seamos nosotros quienes hagamos aquí las cosas y no ellos. Les irrita que nos atrevamos a ser y que hayamos descubierto los arcanos de nuestra identidad: para ser, tenemos que ser contra ellos, los imperialistas yanquis. No hay otra forma. Por eso nación y antimperialismo se presuponen. Por eso justicia social y libertad están cosidas juntas en la misma bandera.

Los activistas de redes sociales, díscolos e iconoclastas ante el agredido, pero siempre cautos y bien portados ante el agresor; ¿por qué le demandan voluntad negociadora a Cuba? ¿Qué debe y cómo puede negociar con un asesino quien vive siendo emboscado por su séquito de perseguidores?

Con la mira en la sien, «entiéndanse», «dialoguen», «negocien», son recomendaciones que en realidad se parecen mucho a un «ríndanse». En medio de la aguda lucha ideológica que acompaña esta batalla por la sobrevivencia de todo un pueblo, debemos impedir que el miedo se vista de sensatez. Esta última cabría aconsejarla, en todo caso, a los jefes espirituales de la cobardía para quienes la vida y la muerte son créditos de un videojuego que programan desde la seguridad y el confort de su cuarto de máquinas.

Los que se han apurado a pedirle reformas al gobierno cubano, con la ilusión vana de que nos perdonen la revolución que hicimos — aunque la dignidad no sobreviva al «favor» de dicho «perdón» — , sepan que la revolución tuvo que ser socialista para ser de liberación nacional. Fue esa la única forma histórica en que pudo realizarse la idea que obsedió durante más de cien años a los patriotas cubanos y que Diego, el personaje de «Fresa y chocolate» resumió de modo inmejorable: «tampoco quiero que vengan los americanos, ¡ni nadie!, a decirnos lo que tenemos que hacer».

La voluntad de alcanzar la soberanía para la persona esclavizada y la nación en ristre ha jalonado la historia de Cuba desde hace dos siglos. Una identidad que se ha abierto paso contra todo pronóstico, que ha pugnado por existir a contrapelo de poderosas fuerzas disolventes de ayer y hoy. Los gendarmes del «norte revuelto y brutal que nos desprecia» se afirman en tanto poseen, en tanto someten, en tanto destruyen, en tanto compran y venden, en tanto saquean. Los cubanos y cubanas, en cambio, nos afirmamos en tanto somos, no lo que han querido hacer de nosotros, sino lo que hemos querido ser por nosotros mismos.

La saña contra Cuba esconde el terror que les provoca nuestra promesa, tan asediada e incompleta como irrenunciable.

La derrota de esa promesa, la aceptación definitiva de la posición colonial y subordinada no sería otra cosa que el suicidio de la nación: la muerte de lo que Cuba ha sido, no desde 1959, sino desde hace más de ciento cincuenta años.

Con el imperialismo no hay arreglo posible. Su existencia y la nuestra son antagónicas y seguirán colisionando. La agresividad del imperialismo yanqui hacia Cuba — sus bloqueos, sus formas institucionales oscilantes entre el garrote y la zanahoria, sus chantajes al resto del mundo — solo tiene dos vías para desaparecer: la derrota en toda la línea de ese imperialismo o la rendición en toda la línea de Cuba. La relación bilateral entre los dos Estados no agota tamaña disyuntiva: está inserta en ella.

Frente a este escenario, los dirigentes del Estado cubano, para liderar la nación y cumplir sus deberes sagrados con ella, no pueden ser presa de vacilaciones ni debilidades. Conceder iniciativa al enemigo — externo o interno — no traería paz ni estabilidad, sino derrota.

La defensa de la soberanía exige decisión política, claridad estratégica y conducción firme: o dicho en otros términos que conocemos bien: «desafiar poderosas fuerzas dominantes… luchar con audacia, inteligencia y realismo».

El bloqueo naval vigente y los chantajes arancelarios a terceros, que impiden la llegada a Cuba de suministros de petróleo indispensables para sostener la vida cotidiana, profundizan un escenario de crisis impuesto y planificado, frente al cual nuestra capacidad para gestionar el estrecho margen de maniobra se convierte en un factor de seguridad nacional. De manera simultánea, se despliega una secuencia ininterrumpida de operaciones psicológicas encaminadas a producir miedo, angustia, desesperación e ilusión con un futuro nacional halagüeño bajo la tutela yanqui. Lo anterior combina rumores y amenazas difusas con prefiguraciones de la inteligencia artificial sobre cuán prósperas y hermosas lucirían nuestras ciudades si se acaba este «martirio» de 67 años.

Cuba no es «la siguiente» en la lista, siempre ha sido la primera. Desde Honduras en 2009 hasta Venezuela en 2026, pasando por Paraguay, Ecuador, Chile, Brasil, Argentina y Bolivia, se golpearon los eslabones más débiles de la cadena con un objetivo final, harto conocido, aislar y asfixiar a la Revolución cubana. La intervención imperialista en Venezuela no fue solo contra ese pueblo, sino contra toda América Latina y el Caribe, y muy especialmente contra Cuba. No se trató de un exceso ni de un desvío, sino del punto de condensación de una estrategia regional.

El contexto actual de la solidaridad efectiva de otros gobiernos con Cuba es vergonzoso, en contraste con la solidaridad que se manifiesta persona a persona y pueblo a pueblo. Queda México como único proveedor de petróleo y ya se ejercen fuertes presiones para que esa ayuda expire. No es un escenario descartable si se tiene en cuenta el estilo de Donald Trump, que entrelaza agresiones brutales, chantajes directos y presiones abiertas de distinta índole.

China y Rusia expresan acompañamiento y denuncia discursiva, pero ninguno de ellos ha mostrado disposición a correr la misma suerte del pueblo cubano ante una agresión directa. Apoyo simbólico, cálculo estratégico, y una isla empujada a enfrentar casi sola la escalada bélica cuidadosamente provocada. De potencias externas nada esperamos. Como expresó Antonio Maceo: «mejor subir o caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con vecinos tan poderosos». Ya habíamos aprendido desde hacía tiempo que en las horas decisivas, Cuba solo cuenta con su propio pueblo.

A la soledad se suma el silencio de los grandes dispositivos diplomáticos en la región y el mundo. Estructuras que existen en el papel, pero de las que no se reciben gestos de apoyo concretos, capaces de alterar el curso de los acontecimientos.

Todos aquellos que abandonan a Cuba a su suerte — por cálculo geopolítico, por pragmatismo diplomático o por simple y llano temor — deben saber que no son neutrales y que, por tanto, se convierten en colaboradores de facto. Su silencio o inacción no evitan la guerra, sino que despejan su camino a la distancia. Cada gesto que no llega y cada apoyo que se dilata contribuyen con el montaje del escenario de una invasión contra Cuba o de una conmoción social, resultado de la desesperación popular, que se lo lleve todo por delante.

A quienes hoy, por acción u omisión, se colocan al servicio de una agresión contra su propio país, debe quedarles claro que no habrá impunidad histórica ni política. Los pueblos tienen memoria, y las responsabilidades asumidas en horas cruciales no se borran ni con el tiempo ni con el exilio.

Abocados al enfrentamiento del plan para convertir a Cuba en la Gaza del Caribe, te hablamos primero a ti, pueblo de los Estados Unidos, en tu infinita diversidad. A cada ciudadana y ciudadano que no soporta ya el desvarío dictatorial que gobierna la Casa Blanca. A ti, que vives asediado, asediada por los incontables problemas de una sociedad que dista mucho de ser «grande de nuevo».

Te hablamos a ti, que recuerdas cada una de las guerras en las que los ricos se volvieron más ricos y los pobres, más pobres, y en las que lo único que regresó a tu casa — cuando algo regresó — fueron los cuerpos inermes de tus hijos. Guerras ajenas, decididas en despachos, hechas por jóvenes que, para ganarse la vida, se vieron obligados a segar otras.

Le hablamos, además, a la numerosa comunidad de cubanos y cubanas que reside en los Estados Unidos y que no es presa del odio del «exilio histórico». Muchos fueron educados en el humanismo y la fraternidad de nuestras escuelas y calles, y no están dispuestos a consentir en silencio una agresión contra su propio pueblo.

No dejes que tus hijos vayan a otra guerra. No los dejes despedirse para ir a morir enfrentados en Cuba a otro pueblo que no es tu enemigo.

Son muchas las formas de movilizarte. Convocamos a los múltiples grupos académicos que mantienen relaciones con Cuba, a los Pastores por la Paz, al Consejo Mundial de Iglesias, a personalidades de la cultura, actores y actrices que se han manifestado con fuerza contra el atropello a los derechos y la deriva fascista que Trump representa. A congresistas y senadores que durante mucho tiempo han exigido una modificación de las relaciones con Cuba, sin pretensiones de sometimiento ni afanes guerreristas.

A todos quienes se sientan interpelados por este llamado para evitar la muerte segura e inevitable en el asalto que se prepara a sus espaldas. Ayuden a detener la barbarie. Solidarícense con Cuba.

A los pueblos hermanos de Cuba, a las organizaciones solidarias, a quienes saben que la guerra imperialista nunca trae democracia ni libertad: es el momento de la movilización eficaz, sostenida y visible, por todas las vías posibles, contra la guerra y en defensa de la vida. Cada país y representación diplomática deben convertirse en escenarios de hermanamiento y compromiso. Cada embajada de los Estados Unidos debe sentir el peso de la solidaridad de masas.

Si alguna vez fuiste atendido en las misiones médicas cubanas; si alguna vez aprendiste a leer con el método «Yo sí puedo», o si estudiaste en esta tierra, te decimos: ¡Levántate con Cuba!

Pueblos del África que a su llamado contaron con nuestros soldados, combatientes, médicos y maestros: ¡llegó la hora crucial de la solidaridad con Cuba!

Pueblos de América con quienes quedó sellado nuestro destino en aquella mirada postrera del Che: ¡movilícense ahora!

Pueblos del mundo, Cuba les ofrece un lugar para pelear. 

febrero 17, 2026

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 202

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 202

 “Impedir a tiempo, con esa fuerza más”

 Este texto fue tomado del periódico digital de Cuba, La Tizza con fecha 22 de diciembre de 2025, doce días antes del brutal ataque militar perpetuado por fuerzas especiales del ejército de los Estados Unidos a la capital venezolana para consumar el secuestro de su presidente democráticamente electo, Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores. Se trata de un análisis por parte del equipo editorial del periódico con respecto a las amenazas a la cual está sometido el pueblo y el gobierno de Venezuela. El declive de la hegemonía imperial de los Estados Unidos, los lleva a este tipo de acciones con la finalidad, no solo de apoderarse del petróleo, sino también de presionar a otros gobiernos de la región que defienden su soberanía a someterlos bajo su dominio. Pretenden además, con estas agresiones militares, generar un ambiente de confusión en la opinión publica en general para tratar de ocultar la enorme crisis generada por sus propios problemas internos. Más allá de la circunstancial consolidación de algunos gobiernos de derecha, es un llamado a los demás países y pueblos a organizarse en un gran frente antimperialista en defensa de Venezuela y la soberanía de toda Nuestramérica. 

 

Después, en el transcurso del posterior debate se planteó que el contenido del texto abordado tiene un carácter de premonición política, comparable con una profecía, ya que en solo dos hojas plantea una posible situación que finalmente se viera consumada pocos días después. Nos llamó la atención que los Estados Unidos puedan contar con una ley, la Ley de Poderes de Guerra, mediante la cual se pueda ordenar una acción militar «limitada» por hasta sesenta días, sin autorización del Congreso. Nos preguntamos entonces de qué democracia estamos hablando, si permite semejante atrocidad. Esto es comparable a su poder a veto ante las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas, como es recurrente año a año con el pedido manifiesto de la enorme mayoría de las naciones del mundo frente al levantamiento del bloqueo a Cuba. Luego el debate giró hacia la actual situación de Cuba con el implacable y férreo bloqueo al suministro de combustibles a la isla. Se trata de la reimposición de la vieja Doctrina Monroe en su versión calificada como “Corolario Trump”. Entendimos y acordamos como válido el llamado a todos los pueblos de América Latina y el Caribe, es decir Nuestramérica, a crear un verdadero frente antimperialista militante y activo, para la defensa de la soberanía de Venezuela.  

 

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 07 de marzo un texto tomado del boletín electrónico La Tizza, titulado: “¡Levántense con Cuba, pueblos del mundo!”.

 

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 14 de febrero de 2026.

febrero 05, 2026

Círculo de lectura # 202 – Febrero de 2026

 Círculo de lectura # 202 – Febrero de 2026

 

“Impedir a tiempo, con esa fuerza más”

 

Por: Editorial de La Tizza – 22 de diciembre de 2025

 

Las recientes acciones del gobierno de Donald Trump — el anuncio de un bloqueo naval y la consolidación de una zona de exclusión aérea sobre Venezuela — no son movimientos aislados ni meras expresiones intempestivas; tampoco son los actos de un loco ni las improvisaciones de un outsider en la política estadounidense. Constituyen una escalada calculada dentro de un escenario regional e internacional que, peligrosamente, se ha ido alineando para hacer de la intervención militar una opción factible en los planes del poder imperial.

En el centro de la tormenta se encuentra la necesidad estratégica que tienen los Estados Unidos de reconfigurar su hegemonía en declive. El llamado «Corolario Trump» es la actualización impúdica de la vieja Doctrina Monroe: América Latina y el Caribe sigue considerándose espacio vital y campo de experimentación. Para un imperio que percibe el fin de su ciclo de dominio global incontestado, la Venezuela bolivariana — con todas sus contradicciones y a pesar de su asedio — representa el obstáculo simbólico y material más robusto. Su control significaría no solo apoderarse de las mayores reservas petroleras del planeta, sino también enviar un mensaje de disciplinamiento a cualquier proyecto de soberanía en Nuestra América.

Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América, noviembre de 2025

 

Toda política exterior es, en esencia, una proyección de la política interna.

 

Donald Trump se encuentra asediado: una base electoral fracturada, procesos judiciales que no terminan y revelaciones escandalosas, como los Expedientes Epstein, erosionan su gestión. En ese contexto, la creación de un enemigo externo espectacular se convierte en una tentación poderosa. El «efecto bandera» — esa oleada de apoyo patriótico que suele recibir un presidente en crisis durante un conflicto bélico — es un salvavidas histórico. La Ley de Poderes de Guerra le ofrece, además, la herramienta perfecta: la posibilidad de ordenar una acción militar «limitada» por hasta sesenta días sin autorización del Congreso. Una guerra corta, de alto impacto mediático y un «bajo» costo político podría ser el distractor perfecto para sus graves problemas internos.

 

El panorama geopolítico de América Latina parece favorecer a los Estados Unidos. La proclamación de José Antonio Kast en Chile, heredero político de la dictadura de Pinochet, y la presidencia de Javier Milei en Argentina, son ejemplos claves. A ellos se suma el suicidio político del MAS en Bolivia, el autoritarismo lacayo de Noboa en Ecuador y de Bukele en El Salvador, y la inestabilidad plutocrática en Perú. Ese eje reaccionario y oligárquico configura el flanco político favorable a una intervención en Venezuela.

 

Frente a eso, las fuerzas progresistas y de izquierda aparecen desarticuladas, sin una coordinación continental efectiva, con una vocación de poder debilitada, demasiado «bien portadas» y respetuosas del orden capitalista y, en muchos casos, más enfocadas en aprender a ceder que en construir y disputar hegemonía. Brasil, Colombia, México y Uruguay están llamados a tener un papel mucho más activo y beligerante, con independencia de sus opiniones sobre el gobierno venezolano.

 

Durante años, mediante un cerco mediático global y cierta complicidad interna, se ha construido a Venezuela como la víctima propiciatoria, el «Estado fallido» cuya desestabilización justifica cualquier medida.

 

Se ha alimentado la ilusión de que «entregando» a Venezuela se calmará la voracidad del imperialismo. Es una trampa mortal.

 

El imperialismo no se sacia; es la bestia antropofágica por excelencia, cuya hambre solo crece con cada nuevo bocado. Creer que las concesiones aplacarán su apetito es un suicidio histórico.

 

Ante tal escenario, ¿qué forma concreta adoptaría la agresión? La historia reciente de intervenciones norteamericanas sugiere que han aprendido la lección del empantanamiento que sufrieron en Irak y Afganistán. Una invasión terrestre masiva y una ocupación prolongada de Venezuela pueden tener un alto costo humano, económico y político. Por ello, el bloqueo y la zona de exclusión funcionan como instrumentos multidimensionales. Más allá del aislamiento logístico, son una gigantesca operación psicológica y de inteligencia.

 

El objetivo último podría no ser el desembarco de marines, sino forzar la defección de las Fuerzas Armadas venezolanas mediante sobornos, amenazas y promesas de inmunidad, o la aceptación de salidas negociadas, onerosas y subyugantes. Apuestan a un quiebre interno.

 

Si esa vía falla, la opción alternativa es el «modelo israelí», ensayado en Gaza, utilizado contra Hezbollah y aplicado a Irán: un ataque quirúrgico con drones o misiles de precisión contra el liderazgo político y militar en Miraflores o instalaciones claves. Sería una acción rápida, de alto impacto visual y bajo costo aparente — en vidas estadounidenses — , destinada a decapitar a la conducción política de las fuerzas bolivarianas y generar un caos controlado que facilite un cambio de gobierno. Buscan el máximo efecto desestabilizador con el menor despliegue convencional.

Frente esa amenaza existencial, los pueblos de América Latina y el Caribe no pueden refugiarse en la complacencia ni el análisis estéril. El imperialismo solo comprende el lenguaje de la fuerza y la resistencia organizada.

 

La única filosofía posible es la de la solidaridad militante y activa.

 

Si Rusia y China son — como le atribuyen muchos movimientos del campo popular — los poderes globales emergentes, contrapeso de la decadente hegemonía noratlántica; si son, como pregonan en cada foro internacional ante el babeante aplauso de algunos compañeros, los parteros de un orden multipolar, ¿por qué contemplan impasibles el desenvolvimiento del asqueroso tablero de la geopolítica? ¿Es esa la promesa en la que no pocos cifran sus esperanzas de un nuevo orden mundial? ¿El «mundo basado en reglas» de Gaza? ¿La multipolaridad de los «patios traseros»? Nunca como hoy estuvo tan claro que la responsabilidad principal es nuestra, de los pueblos. Venezuela somos todos. El primer proyectil que estalle sobre su cielo será la declaración de guerra contra la soberanía de toda la Patria Grande.

 

Ninguna nación estará a salvo en un continente recolonizado, salvo la transnación burguesa sometida.

 

Debemos preparar una movilización continental capaz de converger en la defensa de la soberanía venezolana por todas las vías posibles. Un verdadero frente antimperialista. Lo que se decide en Venezuela no es la posibilidad o la existencia del camino socialista, el gobierno de «fulano» o la política económica: se decide el derecho que tiene un pueblo soberano a ser, a existir, a disponer de sus recursos y a la rebeldía contra el conquistador. Y eso atañe a todos los pueblos y a todas las personas sin alma de esclavo.

 

También, el destino de la izquierda hemisférica se decide allí. No puede calificarse sino de servil y autofágica la actitud de esas izquierdas timoratas y desdentadas que, para mendigarle una migaja de respeto a los «que nunca han respetado a los pueblos ni a las personas dóciles», han dado su espalda a Venezuela desde hace años, o dudan de ella pidiéndole fe de bautismo y pruebas de pureza doctrinal, o se suman a lo que contra ella se esgrime para doblegar su soberanía y su resistencia, o abiertamente conspiran con los enemigos de los pueblos para devolver a Venezuela al redil yanqui. Traidores. Nada han aprendido aún del tsunami de la ultraderecha continental, que pretende coronarse con la «solución final venezolana». Nada han entendido de lo que sería una Venezuela en manos del imperialismo norteamericano otra vez y de la derecha fascista venezolana: un nuevo cuartel general para la ultraderecha en el hemisferio, un fascismo alimentado con petrodólares, dispuesto a destruir todo lo que parezca izquierda más allá de sus fronteras. Ese apetito y disposición no lo han disimulado jamás los venezolanos de ultraderecha.

 

En cuanto a nosotros, un pueblo que ha conseguido y resuelto las cuestiones más importantes de su historia con la prédica de los fusiles, sabemos desde nuestros primeros años de vida el espíritu y el carácter del imperialismo. Muchos cubanos y cubanas dentro y fuera de Cuba, que dominamos los fundamentos mínimos para la guerra de todo el pueblo, estaremos dispuestos en el instante decisivo a defender a Venezuela por todas las vías posibles. Legarle a las futuras generaciones un hemisferio occidental libre de imperialismo es un compromiso irrenunciable.

 

Nos asiste una certeza fundamental: solo si los Estados Unidos entienden, en sus fríos cálculos, que el costo de invadir será insoportablemente alto por la respuesta unida de los pueblos, se podrá torcer este rumbo belicista. El verdadero peligro no es solo que Trump se atreva, sino que nosotros, los pueblos, no estemos a la altura de la historia si lo hace. Que nuestro compromiso sea, como convocara el Che, el de «correr la misma suerte», lejos de toda salida timorata.

 

En la defensa de Venezuela se juegan la dignidad y la libertad de todo un continente.

enero 04, 2026

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 201

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 201

“1958: El derrumbe”

Este texto fue tomado de Cubadebate y escrito por Ciro Bianchi Ross, un destacado intelectual cubano. Consagrado periodista que ha publicado entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual. Relata los últimos momentos del dictador Fulgencio Batista antes de su huida de Cuba, acobardado por el avance indetenible de los combatientes revolucionarios al mando de Fidel Castro. Una huida que ya fuera programada con tres aviones por el propio dictador Fulgencio Batista desde hacen varios días, partiendo al exterior desde el aeropuerto de la Ciudad Militar de Columbia. Para ello se confabuló un supuesto golpe militar contra Batista perpetuado por el general Eulogio Cantillo Porras, quien se quedaría al cargo del poder. La decisión se tomaba argumentando que, a esa altura de los acontecimientos, la guerra ya estaba irremisiblemente perdida y que, a pesar de contar con suficiente armamento para contrarrestar el triunfo del Ejército Rebelde, se encontraban moralmente deprimidos y habían perdido la motivación necesaria para enfrentarse a las fuerzas guerrilleras en combate. Altos mandos del ejército golpista partieron el primero de enero de 1959 en una caravana con treinta automóviles hacia la Ciudad Militar donde una escuadrilla de tanques ordenada por el general Cantillo protegía al aeropuerto, quien una vez concluida la fuga del dictador Fulgencio Batista y sus secuaces, se comunicó con el embajador de Estados Unidos en Cuba.

 

Después, en el transcurso del posterior debate se comentó que este texto es de valor informativo, comentando los pormenores del fin de la era batistiana la cual se desarrolló en un claro esquema de desesperación ante el inminente triunfo de la Revolución.

A continuación, se debatió acerca de la actual situación de Venezuela ante el ataque militar a ese país perpetuado ésta misma madrugada por parte de fuerzas militares de los Estados Unidos, con el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores. Se aprobó un comunicado de prensa manifestando nuestro más enérgico repudio y rechazo a éste abominable suceso, con el único objetivo de desestabilizar la gobernabilidad de Venezuela para apoderarse de su petróleo y derrumbar a la Revolución Bolivariana.

Se analizaron además las posibles consecuencias que pueda acarrear esta intervención, no solo para Venezuela, sino también para el resto de Nuestramérica, provocando además un sismo político a nivel internacional. Es notable el poder y la impunidad con que se maneja la derecha fascista con la debida anuencia del corrupto poder judicial imperante.

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 14 de febrero de 2026 un texto tomado de La Tizza: “Impedir a tiempo, con esa fuerza más” escrito por su equipo editorial.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 03 de enero de 2026.

enero 03, 2026

Memorias del Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba - Año 2025

 Memorias del Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba

Año 2025

Actividades Realizadas

En el transcurso de este año se continuó con el Programa de Radio “Cuba y Nosotros” en la emisora popular y comunitaria Gente de Radio, los martes de 19 a 20 hs. y que se retransmite los jueves por la mañana. Este programa se comenzó a emitir el 6 de julio de 2004, y este año se cumplieron 21 años ininterrumpidos en el aire, con 1.081 programas emitidos.

Se continuó con el Círculo de Lectura, un espacio de formación política que comenzó en el mes de mayo de 2009 y que, en total durante estos 16 años, se han realizado 200 encuentros, los primeros sábados de cada mes.

Entre los meses de abril y octubre continuamos con el Ciclo de videos-debate y películas cubanas, una vez al mes, en el salón del quincho del sindicato SITRAJUR. Este año se proyectaron siete documentales con una asistencia total de 66 personas.

Blog del Grupo. Desde su inauguración, el 30 de mayo de 2005 nuestro compañero Víctor Rocchi mantiene permanentemente actualizada la página web del Grupo, en el blog: http://baricuba.blogspot.com 


El 28 de febrero participamos vía zoom de la Asamblea de la Red Continental de Solidaridad con Cuba con una asistencia total de 157 participantes, donde Noemí Rabazza, vicepresidente primera del ICAP brindó un informe detallado de las actividades del instituto, y se enfatizó puntualmente la necesidad de promover las Brigadas Solidarias a Cuba.

El 24 de marzo y en conmemoración del golpe cívico militar sufrido en nuestro país en 1976, se repintaron los dos pañuelos correspondientes a Jesús Cejas Arias y a Crescencio Galañena Hernández secuestrados y desaparecidos en el marco del Plan Cóndor el 9 de agosto de 1976.

El 15 de abril el Grupo publicó una crónica en las páginas del Club Argentino de Periodistas Amigos de Cuba (CAPAC) con un historial de sus actividades desde su creación en el año 1993.

El 02 de mayo nuestro Grupo presentó el balance económico correspondiente al vigésimo primer Ejercicio, año 2024 - 2025.

El 10 de mayo el Grupo publicó una nota de repudio al cierre del memorial de Ernesto Ché Guevara en el museo La Pastera, en San Martín de los Andes. Ahora, finalizando el año, la situación se encuentra judicializada y a la espera del dictamen correspondiente.

El 13 de junio, y en conmemoración del 96 aniversario del natalicio del Che,

en el habitual video debate en el SITRAJUR, proyectamos: “Che Guevara, ser político y técnico a la vez”.

El 20 de octubre se conmemoró el día de la Cultura Cubana y se recordó el 32 aniversario de la formación de nuestro Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, que fuera creado en el año 1993.

Solidaridad Regional. Con el motivo de viajar en el mes de agosto a la ciudad de Viedma, se tomó contacto con Pedro Gaviño, referente de la Casa de Amistad con Cuba de Viedma, generándose una grata reunión con el grupo local. Y en el mes de septiembre ocurrió un encuentro similar en la ciudad de Roca - Fiske Menuco con la referente Bárbara Palumbo y Víctor, quienes manifestaron su predisposición para incorporarse a la Casa de Amistad con Cuba de la ciudad de Neuquén, estableciéndose el contacto con Mara Ortega.

Con motivo de promover las Brigadas a Cuba, nuestro Grupo brindó información acerca del programa y la convocatoria a la XXXI Brigada Suramericana de Trabajo Voluntario y Solidaridad con Cuba a desarrollarse del 25 de enero al 7 de febrero del 2026 en el CIJAM, a una compañera de Colombia, una de Neuquen, una familia de San Martín de los Andes y dos familias de Bariloche.


Comunicado de prensa

Comunicado de prensa

Desde el Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba queremos manifestar nuestro más enérgico repudio y rechazo a la agresión militar en el día de la fecha, por parte de los Estados Unidos a Venezuela.

Se trata de un cobarde ataque nocturno con bombas provenientes de aviones y drones apoyados por helicópteros de bandera estadounidense, que no solo han provocado víctimas mortales y múltiples heridos, sino que también han consumado el secuestro del presidente democráticamente electo Nicolás Maduro y a su esposa y primera dama Cilia Flores, de quienes exigimos los presenten con vida y los restituyan a su país.

El principal objetivo de este cruel acontecimiento es apoderarse del petróleo venezolano y demás riquezas del país, además de provocar su tan deseado cambio de orientación política que no se alinea con los intereses de los Estados Unidos.

Se trata de un hecho de suma gravedad, fijando un peligroso precedente hacia los demás países progresistas de Nuestramérica, incluyendo a Cuba socialista que ya cumplió más de sesenta años de resistencia frente al imperio.

Nos solidarizamos plenamente con el pueblo y el gobierno de Venezuela.

Bariloche, 03 de enero de 2026

enero 01, 2026

círculo de lectura n° 201 - enero de 2026

1958: El derrumbe

Por: Ciro Bianchi Ross [i] - 28 diciembre 2024

El café con leche ha tenido siempre un papel de importancia en la vida política cubana. Se hace presente en los momentos más insospechados. Lo último que hizo el dictador Fulgencio Batista en la madrugada del 1 de enero de 1959, antes de salir de la casa presidencial de Columbia para un viaje sin regreso, fue ordenar que le sirvieran una taza de café con leche.

Para él, la situación estaba mala, mala de verdad. El oriente de la Isla estaba casi totalmente controlado por los rebeldes. Fidel se proponía el ataque a Santiago de Cuba, sometido ya a un cerco elástico, y en la región central Che Guevara y Camilo Cienfuegos mantenían la iniciativa.

La cosa no iba mejor en las propias filas batistianas. Ya para entonces el mayor general Eulogio Cantillo Porras, jefe de operaciones antiguerrilleras, se había comprometido con Fidel a encabezar el 31 de diciembre un pronunciamiento militar en el cuartel Moncada y exigir desde allí la renuncia del Gobierno y la captura de Batista y los grandes culpables. No cumplió nada de lo pactado. En ese momento había por lo menos tres conjuras dentro del Ejército. En total connivencia con el dictador, Cantillo aceptó la propuesta de un golpe militar contra Batista orquestado por el propio Batista, que lo dejaría como dueño del poder. Debía ocurrir el 6 de enero de 1959… Los acontecimientos se precipitaron.

Llamada desde Kuquine

Batista comenzó a preparar su fuga en la noche del 22 de diciembre, cuando pidió al general Francisco H. Tabernilla Palmero (Silito), jefe de la División de Infantería Alejandro Rodríguez destacada en la Cuidad Militar de Columbia –el pollo del arroz con pollo del Ejército cubano– y su secretario militar, que averiguase con su hermano Carlos, jefe de la Fuerza Aérea, cuantos puestos habría disponibles en los aviones “en caso de que tengamos que irnos”.

“Tres aviones con 108 asientos”, respondió el coronel Carlos Tabernilla y el propio Batista le ordenó entonces que a partir de ese momento tuviera los aviones y sus tripulaciones preparados durante las 24 horas del día. Enseguida dictó a Silito los nombres de los que se irían en cada uno de los aparatos y la cantidad de familiares o allegados que podrían acompañarlos. Pidió a su secretario que no archivara el documento, ya mecanografiado, sino que lo mantuviera en sus bolsillos y no comentara el asunto con nadie. En atención a esa orden, escribió el general Silito en sus memorias, no reveló lo que se tramaba ni siquiera a su padre, el mayor general Francisco Tabernilla, jefe del Estado Mayor Conjunto.

El 31 de diciembre, a las cinco de la tarde, uno de los empleados del Club de Oficiales de Columbia avisó a Silito que lo llamaban por teléfono. Batista en persona, algo inusual, le hablaba desde Kuquine, su finca de recreo en el Guatao. Preguntaba si el general Cantillo había regresado ya de Santiago de Cuba. Encargó a Silito que lo contactara no más volviera y le dijera que quería verlo en la finca a las 8:30 de esa noche. Silito y Cantillo conversaron sobre las seis de la tarde. No, Cantillo no podría encontrarse con el presidente a la hora indicada pues era su aniversario de bodas y lo celebraría con una comida familiar. Avisado, Batista cambió la cita para dos horas más tarde. Silito, en cambio, debía personarse de inmediato en Kuquine.

Ya allí, recibió la orden de informar a los incluidos en la lista del día 22 que, con el propósito de esperar el año, deberían hacerse presentes sobre las 11 de la noche en la casa presidencial de la Ciudad Militar. Los edecanes militares de guardia ayudarían en las llamadas a Silito, quien se comunicaría, además, con su hermano Carlos para decirle que esa noche era la de la partida. Un inconveniente fue solucionado a tiempo: el jefe de la Fuerza Aérea había dado permiso a los pilotos para que esperasen el Año Nuevo con sus familias.

Cantillo llegó tarde a la cita. Conversó en privado con Batista durante quince minutos. Al finalizar la reunión, el dictador pidió a Silito que traspasara a Cantillo la jefatura de la División de Infantería e impusiera el cambio de mando a todas las unidades destacadas en Columbia. Pidió a ambos que lo esperaran en la casa presidencial y advirtió a Cantillo que no liberara al coronel Ramón Barquín y sus compañeros, presos por conspiradores desde 1956.

La mejor actuación

Lo que sigue es confuso y ha sido contado de diferentes maneras según el papel que le tocara jugar al testimoniante. Papo Batista, el hijo mayor del dictador, dijo a quien esto escribe que no cabía hablar de fuga para aludir a los sucesos de la madrugada del 1 de enero, sino de una salida ordenada, garantizada en todo momento por el general Cantillo. De opinión similar era el general Roberto Fernández Miranda, jefe del Departamento Militar de la Cabaña y cuñadísimo de Batista.

El recuerdo discordante lo ofrece Anselmo Alliegro, hasta ese momento presidente del Senado. Llamado por Batista, entró al despacho presidencial y vio al dictador sudado y nervioso. Frente a él, los generales más importantes. Exclamó al verlo: “Qué le parece, Alliegro… estos señores me han dado un golpe de Estado”. No nos llamemos a engaño, sin embargo. Gran simulador, Batista estaba escenificando la que tal vez fuera la mejor actuación de su vida.

El dictador llegó a la Ciudad Militar poco antes de las 12. Ya en la residencia pidió a su hijo Jorge, de 16 años de edad, que despertara a sus hermanos y se prepararan para un viaje al exterior. Enseguida saludó a las señoras que conversaban con la primera dama e hizo apartes con algunos de los invitados. A las 12, con una copa de champán en alto, felicitó a los presentes. El ambiente no estaba para fiestas y muchos, con pretexto o sin él, se retiraron. El teniente coronel Irenaldo García Báez, segundo jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) y fiel de todo a Batista, se acercó a saludarlo. Lo notó un tanto extraño. Le dijo: “Silito tiene órdenes para ti, Cúmplelas al pie de la letra”.

Expedientes X

Irenaldo no daba crédito a lo que estaba sucediendo. Batista se iría esa misma noche y Cantillo asumiría el mando. Tuvo que sentarse para reponerse. Debía destruir todo el archivo que contenía lo referente a los expedientes X, relativos a personas que de manera encubierta trabajaban para la Policía y que se hallaban infiltradas en las organizaciones revolucionarias. Cuando se recuperó de la noticia de la huida volvió al salón de fiestas para conversar otra vez con Batista y convencerlo quizás de que cambiase de propósito. No pudo hablarle. Fue a su casa y se vistió de completo uniforme. Se trasladó a la sede del SIM y quemó los papeles.

Batista, mientras tanto, conversaba de manera individual con los jefes militares. José Luis Padrón y Luis Adrián Betancourt afirmaron en el libro Batista, últimos días en el poder, una de las investigaciones más completas que existen sobre el tema, que, aunque algunos estaban dispuestos a luchar hasta el final, a esas alturas la guerra estaba irremisiblemente perdida.

No obstante, si Batista decidía hacer frente en La Habana a los rebeldes, hubiera contado con un impresionante dispositivo bélico. Unos 5 000 hombres se concentraban en Columbia, más de mil en la Cabaña y más de 1 200 en la base aérea de San Antonio de los Baños, sin contar 10 000 policías, un servicio secreto enorme y un número indeterminado de colabores a sueldo. Tanques de guerra, aviones, barcos… “Solo escaseaba, evidentemente, una motivación para arriesgar la vida”, escribieron los autores citados.

Pasaron los jefes militares al despacho presidencial y el mayor general Eulogio Cantillo asumió el papel que le asignaron de antemano. Expresó:

“Señor presidente: Los jefes y oficiales del Ejército, en aras del restablecimiento de la paz pública que tanto necesita el país, apelamos a su patriotismo y a su amor al pueblo, y solicitamos que usted renuncie a su cargo”.

Habló Batista, pidió papel y pluma y escribió de su puño y letra la renuncia:

“Que en la madrugada de este día se le presentan en su residencia los altos jefes militares que tienen a su mando jefaturas máximas notificándole la imposibilidad de restablecer el orden, considerando grave la situación que confronta el país, y, dijo, que apelando a su patriotismo y su amor al pueblo resignara su mandato. Expresó además que en igual o parecida forma se habían dirigido a él altos representantes de la iglesia, de la industria del azúcar y de los negocios nacionales. Que teniendo en cuenta las pérdidas de vida, los daños materiales a la propiedad y el perjuicio evidente que se viene haciendo a la economía de la República, y rogando a Dios que ilumine a los cubanos para poder vivir en concordia y en paz, resigna sus poderes de presidente de la República, entregándolos a su sustituto constitucional. Ruega al pueblo, dice, que se mantenga dentro del orden y evite que lo lancen a ser víctima de pasiones que podrían traer la desgracia a la familia cubana. En igual forma se dirige a todos los miembros de las Fuerzas Armadas y a los agentes de la autoridad para que obedezcan y cooperen con el nuevo gobierno y con las jefaturas de los cuerpos armados del que se ha hecho cargo el mayor general Eulogio Cantillo y Porras”.

Firmó Batista el documento con sus iniciales, como era habitual. Firmaron los generales y también Anselmo Alliegro como sustituto constitucional, porque el vicepresidente, Rafael Guas Inclán, había renunciado para postularse como alcalde de La Habana en las elecciones del 3 de noviembre.

El último ¡Salud! ¡Salud! ¡Salud!

Quedaron solos Batista y Silito en la oficina presidencial. Pidió Batista a su secretario militar que enviase a su casa de Daytona Beach, en la Florida, todo el archivo y las obras de arte que adornaban el local, lo que saldría el mismo día en el avión de las siete de la mañana. Antes de abandonar la oficina, tomó los 15 000 dólares que días antes regalara a Silito y que este guardaba en una de las gavetas de su escritorio.

Silito y los ayudantes del presidente comunicaron la noticia a ministros, parlamentarios, dirigentes obreros, políticos gubernamentales en general.

El coronel Orlado Piedra, jefe del Buró de Investigaciones, informó a altos oficiales de la Policía Nacional y en una caravana de más de 30 automóviles condujo a muchos de ellos al aeropuerto militar. Una escuadrilla de tanques, mandada por el general Cantillo, protegía el aeródromo y no eran pocos los oficiales que habían acudido a despedir a su líder. Escribió Roberto Fernández Miranda: “A pesar de todo aún tenía mando, y la escolta de ceremonias estaba en posición de presenten armas como si el presidente saliese de gira”.

Al pie de la escalerilla del avión tuvo Batista su último intercambio con Cantillo. Le dijo finalmente: “En fin, Cantillo, no olvides mis instrucciones. De ti depende el éxito de las gestiones que realices a partir de ahora…”.

Subió por la escalerilla, se volvió hacia Cantillo y repitió la frase con la que terminaba invariablemente todos sus discursos y alocuciones: “¡Salud! ¡Salud! ¡Salud!”

Cantillo se comunicó entonces con el embajador norteamericano y le informó de los acontecimientos. Decretó un alto al fuego, nombró nuevos mandos en los institutos armados y procedió a constituir una junta cívico-militar que encabezaría Carlos M. Piedra, el magistrado más antiguo del Tribunal Supremo. Piedra no llegó a ocupar la Presidencia, pues cuando el más alto tribunal de la nación se negó a tomarle juramento, desistió de ese propósito.

La gestión de Cantillo en Columbia, al frente de un ejército desarticulado, resultó efímera. A las nueve de la noche del propio 1 de enero el coronel Ramón Barquín, acabado de salir de la prisión y todavía con el uniforme de preso, le exigió el mando de las fuerzas armadas. El día 3, el primer teniente José Ramón Fernández, que desde 1956 guardaba prisión en Isla de Pinos, detenía a Cantillo en su residencia de la Ciudad Militar.

Mientras tanto, Fidel, desde Palma Soriano y a través de las ondas de Radio Rebelde, no acataba el cese de las hostilidades, negaba reconocimiento a la junta de Columbia –tampoco reconocería a Barquín–, llamaba al pueblo a la huelga general revolucionaria que impediría que la Revolución se viera frustrada en sus propósitos, y advertía: “¡Revolución, sí!; ¡Golpe militar, no!”.

 



[i] Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.