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agosto 05, 2026

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 208

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 208

“La hora de la resistencia: del orden muerto a la independencia definitiva”

Este texto fue tomado del periódico digital cubano La Tizza, y escrito por su editorial, donde frente a la escalada de agresión de la política externa de los Estados Unidos bajo la actual presidencia de Donald Trump donde se plantea una invasión militar a Cuba por parte del Imperio, hace un firme llamado al pueblo para su defensa mediante una resistencia de desgaste y una acción armada con carácter de guerra asimétrica integral. La amenaza de enviar un portaaviones para situarlo en frente de La Habana una vez concluido su objetivo en Irán, más que una provocación es una alerta para todos los pueblos de Nuestramérica. Es urgente unir fuerzas formando un eje de resistencia y tomando el ejemplo de los pueblos de Oriente Medio que, mediante las fuerzas movilizadas iraquíes, de los yemenitas y de Hezbolá en El Líbano le generan al imperio una situación de confrontación que nunca supieron descifrar. Por otro lado, hace un llamado a todos los grupos y movimientos de solidaridad con Cuba a sumar sus fuerzas para concretar acciones de resistencia dentro de sus países. Ha llegado la hora de decidir.

Al finalizar la lectura compartida, en el posterior debate se planteó que se trata de un llamado a la insurrección armada contra el imperio, dado que desde el orden mundial ya no se puede contar con condiciones mínimas de seguridad. Irán es el ejemplo a seguir, pero para ello se debe lograr la unidad de los pueblos en lucha de Nuestramérica. Una invasión militar en Cuba sería como generar un nuevo Vietnam, ya que los cubanos cuentan con una cultura de defensa bajo conceptos patrióticos basados en los principios martianos y revolucionarios aprendidos durante su larga historia de luchas anticoloniales y anti imperiales. No van a permitir volver a transformarse en una colonia como Puerto Rico. Todo esto los Estados Unidos lo saben muy bien y es por eso que buscan provocar el colapso interno del gobierno cubano mediante crueles bloqueos y presiones de todo tipo. Se coincidió además que hoy en día las mal llamadas democracias ya no son representativas y no están controladas por los pueblos, habiéndose transformado en plutocracias corporativas al servicio de los intereses de clase de corporaciones como por ejemplo Black Rock. Grandes magnates como Peter Thiel, ya instalado en la Argentina, dueños de los mega data centers como Palantir, proponen gobernar a países enteros por medio de la inteligencia artificial. Así el concepto de democracia migra hacia el de la tecnocracia. Por último se comentó que la IA (inteligencia Artificial) genera pereza intelectual, ya que socializa la ignorancia mientras privatiza la fuente de los conocimientos.

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura, del sábado 05 de septiembre, un texto tomado del libro La Edad de Oro, un cuento titulado “Tres Héroes” en referencia a Simón Bolívar, José de San Martín y Miguel Hidalgo.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 01 de agosto de 2026.

julio 29, 2026

Círculo de Lectura # 208 – Agosto de 2026

 Círculo de Lectura # 208 – Agosto de 2026

“La hora de la resistencia: del orden muerto a la independencia definitiva”

Editorial de La Tizza

14 de mayo de 2026

https://latizzadecuba.org/la-hora-de-la-resistencia-del-orden-muerto-a-la-independencia-definitiva/

I.

Si algo valioso tiene el lenguaje de Donald Trump es que es desnudo. No se esconde en eufemismos ni se demora en circunloquios diplomáticos. Su amenaza de enviar un portaaviones a tomar Cuba una vez terminado el trabajo en Irán no es una hipérbole de campaña, ni una pieza más de su caótico estilo negociador, ni una broma de una improbable sobremesa imperial. Es la confesión textual de una política que nunca fue otra cosa que la preparación del golpe final.

Durante décadas, amplios sectores se debatieron anacrónicamente entre reformas sí y reformas no, entre concesiones tácticas y gestos de buena voluntad, entre la esperanza de una negociación razonable y el cálculo de cuánto ceder para que la bestia calmara su retórica. Trump ha destruido de un plumazo toda fe en ese supuesto escenario, y nos ayuda — hay que reconocerlo — a descorrer el velo de esa absurda hojarasca. Todos los que han creído con ingenuidad extrema en los últimos meses que era posible algún escenario razonable de negociación, salieron trasquilados. A Trump nunca le interesó negociar; solo ganar tiempo. Su lenguaje descarnado nos ha ahorrado el trabajo de la hermenéutica: ya no es necesario leer entre líneas; ahora podemos leer la cubierta de un buque de guerra.

Mientras menos tiempo perdamos tratando de desentrañar la dinámica alocada de sus idas y vueltas, intentando poner paréntesis entre su retórica y nuestra capacidad real de interlocución, o debatiéndonos obsesivamente en qué podemos conceder para modificar la política del enemigo hacia Cuba, menos tiempo estaremos regalándole a quien ya ha decidido. El único escenario posible y realista hoy es prepararse sin demora y con absoluta responsabilidad para una guerra asimétrica integral.

Cuba ha hecho todos los esfuerzos posibles para evitar la guerra, sin que alcanzar el silencio de los cañones implique hundirse en el cieno de la vergüenza.

II.

Pero la desnudez del lenguaje imperial revela algo aún más profundo y definitivo. No es que el presidente de turno desprecie el orden internacional; es que ese orden que supuestamente garantizaba condiciones mínimas de seguridad a países y pueblos ha muerto. Y algunos se empeñan — también dentro de nuestras filas — a seguirle midiendo los signos vitales a un cadáver que hace tiempo se pudre.

Cuba es miembro de los BRICS, signataria de la gran mayoría de los acuerdos que la inscriben dentro de la arquitectura global de Naciones Unidas, y ha desplegado durante décadas una ayuda humanitaria desinteresada al Sur Global que la hace acreedora moral de cualquier orden que pretenda llamarse civilizado. Y sin embargo, un portaaviones anunciado para tomar La Habana no provoca la convocatoria urgente del Consejo de Seguridad, ni sanciones preventivas, ni siquiera la amenaza creíble de un aislamiento diplomático multilateral. Provoca silencios. Provoca cálculos mezquinos de potencias que se creen a salvo. Provoca, en el mejor de los casos, comunicados tibios que nadie teme y que nadie cumplirá.

Habría que ir más lejos: lo que Trump hace no es decretar la defunción del sistema, sino desnudar la impudicia de su funcionamiento real. Lo que ha muerto no es el sistema, sino la precaria armonía entre sus partes fuertes. Junto a las vidas prescindibles de siempre, el hegemón clásico ha sacrificado también a los teloneros del sistema y a ese andamiaje llamado «orden internacional», porque ahora le estorban en su ofensiva geopolítica contra competidores que ya no son externos al capitalismo sino que emergen de su propio marco cultural, racional e ideológico. Cuando la competencia se planteaba contra lo que se percibía como «antisistémico» — aunque tal oposición fuese más imaginada que cierta, como terminó sucediendo en el caso de la URSS— , el sistema necesitó contrapesos, equilibrios, un telón de fondo para su hegemonía. Hoy, cuando el desafío se plantea en términos abiertamente intercapitalistas y proviene de potencias que han minado el pacto de Breton Woods — mediante el cual Washington emergió incuestionado urbi et orbi — , ese orden internacional se ha vuelto un obstáculo. Ocurre con el orden internacional lo mismo que con el liberalismo clásico: cuando la elasticidad del Estado dejó de ser útil para absorber la energía de las luchas y reivindicaciones populares, el capital gestó el Consenso de Washington y la recomposición neoliberal de las dictaduras latinoamericanas. La criatura sacrifica ahora el andamiaje de su autoría, por insuficiente.

Gastemos, entonces, menos tiempo en convocar la reacción de un orden ya muerto y empleemos todas las fuerzas posibles en construir uno nuevo a punta de fusil. Un orden donde la garantía de seguridad no sea un papel depositado en Ginebra, sino la certeza de que cada palmo de tierra será defendido, y de que esa defensa será el hecho fundante de una legalidad internacional insurgente, nacida de los cañones de la dignidad y no de las actas notariales del imperio o los chistes semanales delirantes de un poseso. Pero no es la locura el rasgo fundamental de Trump, sino un orden capitalista que necesitó darse tamaña arquitectura delirante para sostenerse a toda costa y a cualquier costo.

III.

Que nadie espere, sin embargo, un decimoséptimo Estado que venga a rescatarnos. La amarga realidad ha confirmado que la ayuda energética rusa fue una ventana temporal, colegiada y negociada con el propio imperio previamente. No existe hoy un bloque geopolítico con la voluntad real y la capacidad estructural de desobedecer a Washington y modificar la arquitectura de excepción impuesta sobre Cuba. Ese es el dato desnudo de nuestra soledad táctica, y asumirlo no es derrotismo: es el primer acto de la verdadera estrategia.

Pero hay un dato que Estados Unidos, Trump y su selecto grupo de fascistas en el poder intentan ignorar con la arrogancia de quien solo sabe leer kilotones y cabezas nucleares: la enorme lección de Irán y el Eje de la Resistencia, de las fuerzas movilizadas iraquíes, de los yemenitas que doblegaron la logística saudí, de Hezbolá que resiste los persistentes ataques de las tropas israelíes en el sur del Líbano, en medio incluso de — evitemos reírnos ante tal dramatismo de los hechos — un «alto del fuego» que como siempre solo cumplieron las víctimas. Esos pueblos no tenían portaaviones, ni un Consejo de Seguridad que los amparara, ni un bloque geopolítico que los salvase. Tienen una doctrina. Una auténtica y genuina pedagogía de la resistencia que el imperio nunca ha sabido descifrar.

El imperialismo puede capitalizar golpes «quirúrgicos», asesinar generales, destruir infraestructuras y administrar el espectáculo de su poder aéreo. Pero hay una variable que escapa a todos sus algoritmos: la resistencia de desgaste. La guerra asimétrica prolongada desangra presupuestos, quiebra consensos domésticos, devora mayorías parlamentarias y convierte cada victoria táctica en una derrota política. La resistencia es, ciertamente, más costosa en vidas y es infinitamente más eficaz políticamente que someterse para conservar una vida que, sin soberanía, ya no lo es o tiene mínimas garantías de serlo. Elegir la resistencia no es un acto de heroísmo suicida; es el cálculo racional de quien ha entendido que la vida bajo ocupación es una muerte diferida, y que la única moneda que el imperio respeta es el costo inaceptable que un pueblo está dispuesto a infligirle y asumir. No llegamos a este punto de la historia por poetas; una y otra vez, a las malas y a las malas, nos han obligado a escribir con sangre para soñar y tener patria, bandera, pueblo, «la tierra, el agua, el aire… el fuego».

IV.

La reciente orden ejecutiva firmada por Trump es la expresión material de ese nuevo estado de cosas. No se trata de una vuelta de tuerca más al bloqueo: es la formalización escrita de un estado de excepción total sobre Cuba. Cualquier gesto hacia la Isla, incluso el solidario o el humanitario, queda totalmente prohibido bajo su articulado.

Buscan precipitar el colapso interno por asfixia, sin testigos incómodos, sin cooperantes, sin alimentos, sin medicinas. Es la guerra por otros medios, codificada en lenguaje de decreto.

Para justificarla, el imperio mantiene un juego permanente de narrativa doble que merece ser desmontada con urgencia y precisión. Por un lado, «Cuba está a punto de caer», «es la próxima», «es un Estado fallido» que no requiere sino un empujón final. Por otro, Cuba es una «amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de los Estados Unidos», a tal punto que se le destina un portaaviones.

¿En qué quedamos? Si somos una amenaza capaz de infligir daños de semejante magnitud, ¿cómo es que estamos a punto de caer? Si estamos a punto de caer, ¿para qué necesitan un estado de excepción total y el despliegue de su poder naval?

La respuesta es simple: ninguna de las dos afirmaciones es verdadera. Son piezas intercambiables de una maquinaria de propaganda diseñada para justificar lo que no tiene justificación. Y nosotros… ¿Qué haremos? ¿Volvernos especialistas en discursos de fondo y subrepticios, no visibles?

Todo está en la superficie, quien no desee verlo, que no espere curar su presbicia con un portaviones a cien yardas de las costas de Cuba.

Pero tomemos en serio, por un instante, la lógica del adversario. Si Cuba, este primero de mayo, obligó a quinientas mil personas a marchar frente a la embajada de Estados Unidos en La Habana en medio de esta crisis, si forzó a más de seis millones de cubanos a firmar una declaración contra las políticas del imperio, entonces estamos ante un régimen con un poder de coacción sobrehumano, capaz de movilizar voluntades en una escala que el propio imperio no puede igualar. Si ese poder es real, deberían pensarlo dos veces antes de atacar: ¿cómo lidiar con un país que controla de tal modo a su población?

Pero si, por el contrario, esas marchas y esas firmas no fueron producto de coacción alguna, si nacieron de un auténtico deseo de defender a Cuba más allá de cualquier amenaza, si fueron el gesto libre de una nación que no necesita ser obligada para defender lo suyo, entonces deberían pensarlo aún más. Porque lo que tienen enfrente no es un Estado fallido ni una población que los recibirá con flores, sino un pueblo cohesionado, dispuesto a resistir a cualquier costo y por cualquier medio.

En cualquiera de los dos casos, la conclusión es la misma: invadir Cuba sería el error más costoso y prolongado de la historia imperial norteamericana.

Y como dijo antes de morir nuestro Fernando Martínez Heredia: «Que se les ocurra a los americanos, como si es con un energúmeno de presidente; a nosotros nos da igual, lo mismo si es un tipo simpático que si es un energúmeno, los dos nos dan igual».

V.

Pero no hemos llegado hasta aquí por generación espontánea. El ataque a las Torres Gemelas fue el pretexto para la instalación del estado de excepción interno que se instauró con la Ley Patriota dentro de los Estados Unidos, rompiendo aquel pacto de no irrupción en las vidas privadas que supuestamente defiende el capitalismo. Ese orden de excepción fue trasladado luego al mundo con las guerras de Afganistán e Irak: dejó de importar cualquier marco jurídico. Las necesidades internas de un orden mundial definido y delimitado por Washington pasaron a ser lo esencial.

Trump no es una anomalía ni un accidente; es el producto del retorno de aquel proyecto neoconservador que quedó incompleto.

Pero no se engañe nadie, no habríamos llegado hasta aquí sin el episodio de Gaza. Allí, en aquel genocidio transmitido en directo, se inauguró este nuevo orden de excepción global. La comunidad internacional aceptó la comisión de un genocidio sobre vidas prescindibles, vidas matables sin consecuencia jurídica ni política.

No comprendimos en aquel momento que en Gaza no se estaba violando el derecho internacional; se estaba fundando un nuevo orden, uno donde la barbarie es pública, consentida y televisada. Y ese es el orden bajo el cual un portaaviones amenaza hoy a Cuba.

Irán es en esta época lo que fue el Ejército Soviético en la suya: el único poder con voluntad real de no ceder y de modificar contra el imperialismo la actual correlación de fuerzas. Pero la pregunta que arde en Nuestra América es otra: ¿dónde está el Eje de la Resistencia en América Latina? Es urgente constituirlo, y para ello las lógicas de Estado no nos van a servir de mucho. De ellas solo provienen llamados al diálogo, al respeto de un orden internacional muerto y la apelación a un multilateralismo que huele a muerte antes incluso de haber nacido.

La guerra en el Golfo Pérsico ha mostrado que en un escenario asimétrico es decisivo el control sobre vías y recursos estratégicos. Por tanto, es necesario advertir con toda claridad: todas las bases de Estados Unidos en América Latina se convertirán de facto en objetivos legítimos. Cada país del Caribe que preste su territorio para movimientos de tropas contra Cuba, o que deje libres sus vías navegables para el tránsito de portaaviones, o su espacio aéreo para el paso de aeronaves y drones norteamericanos, se colocará a sí mismo en el campo de batalla. Todas las bases en Florida y en el territorio costero norteamericano que puedan servir de abastecimiento serán también objetivos legítimos, así como las zonas de tránsito de mercancías usadas por los Estados Unidos.

Esta no es una amenaza ni una bravata de trinchera. Es la descripción técnica de lo que significaría una guerra asimétrica prolongada contra un imperio logísticamente dependiente de una red hemisférica de bases, rutas marítimas y puntos de apoyo. El enemigo nos obliga a pensar en términos de guerra total. Lo debemos hacer con la frialdad y la calentura del que defiende su existencia, que en realidad no es solo la suya.

Todos los grupos de solidaridad con Cuba, todos los movimientos dispuestos al máximo internacionalismo posible, deben prepararse para desencadenar escenarios de resistencia dentro de sus propios países que incluyan las bases norteamericanas como objetivos legítimos, dentro y fuera de Estados Unidos. Solo una resistencia organizada y regional podrá permitirnos modificar la correlación de fuerzas. No se trata únicamente de derrotar este nuevo escenario de agresión que el imperio impone a Cuba y a toda la región. Se trata de eliminar de una vez al imperialismo norteamericano de Nuestra América.

Trump, sin saberlo, nos da la posibilidad histórica de desatar la verdadera lucha por la independencia de nuestros pueblos y cerrar ese nefasto capítulo de nuestra historia que es el imperio norteamericano. Lo que él ofrece como amenaza de muerte, nosotros lo recibimos como la oportunidad, largamente postergada, de completar la independencia inconclusa.

No pedimos permiso para defendernos. No convocamos a un orden que ya no existe. No solicitamos el amparo de instituciones que validaron el genocidio. Le decimos al imperio, con la calma de quien se juega cosas mucho más sagradas que permisos para recibir una inversión, que cada portaaviones desplegado, cada base utilizada, cada dron lanzado, cada barco de abastecimiento, tendrá una respuesta en tiempos, lugares y formas que nosotros elegiremos.

Y le decimos al pueblo de los Estados Unidos que estamos a tiempo de evitar que sean arrastrados a una confrontación, urdida en los cómodos salones de Washington, por los mismos que dan la espalda a los graves problemas sociales que les aqueja como pueblo. Una confrontación a la que sabrán con precisión el minuto en que entran, pero no podrán afirmar el momento en que saldrán ni a qué costos. A los pueblos de América Latina y el Caribe, les decimos que ha llegado la hora de decidir.

No habrá neutralidad posible en esta hora. Será la resistencia organizada o será la complicidad cobarde. Será la independencia definitiva o será la servidumbre permanente.

Nosotros ya hemos elegido. 

julio 07, 2026

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 207

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 207

“Sobre la toma de medidas”

Este texto fue tomado del periódico digital cubano La Tizza, escrito por Luis Emilio Aybar Toledo.

Hace una fuerte crítica con respecto a la pérdida de motivación por la participación popular en las decisiones políticas, cuando la tarea más importante es la defensa de la institucionalidad y la soberanía nacional.

Se han producido desviaciones ante la demanda de problemas urgentes.

Sin embargo, a pesar de que se han dictado nuevas leyes y se han tomado medidas no se ha logrado una transformación real por la situación que se vive. Se recuerda cuando Fidel constituyó los parlamentos obreros, cuando se discutió el Código de las Familias o el Código de Trabajo, con amplia participación popular.

Es por eso que el autor plantea la necesidad de volver a convocar al pueblo, darle verdadera participación y que de esa manera sea parte del proceso de renovación.

Que los dirigentes pasen a ser líderes y los funcionarios sean revolucionarios.

Que el pueblo sea el sujeto de control e incluso que pueda impedir errores. El avance del poder popular es hoy una cuestión de vida o muerte para la Revolución.

Al finalizar la lectura compartida, en el posterior debate se comentó que el texto es corto pero muy contundente en su contenido, ya que expresa con mucha fortaleza la necesidad de promover la motivación y la movilización de la mayoría del pueblo cubano para que nuevamente tome el protagonismo necesario para ejercer su participación y control en las decisiones políticas.

Se trata de una necesaria autocrítica.

Se analizó el teorema de Pareto que dice que con un 20% de acciones se debe obtener un 80% de resultados y la necesidad de optimizar ese primer 20%.

Se comentó, además, el método de diagnóstico para determinar la salud organizativa de cualquier emprendimiento, que se hace mediante la aplicación de la matriz FODA, donde se evalúan las Fortalezas, las Oportunidades, las Debilidades y las Amenazas que se ciernen sobre ella.

Las fortalezas y las debilidades son de carácter interno, en cambio las oportunidades y las amenazas provienen de afuera.

Luego se consideró que se debe tener en cuenta la eficiencia y la eficacia en la solución de un problema, donde la eficacia se observa cuando una determinada acción lo resuelve, y la eficiencia cuando lo hace en el menor tiempo posible y al menor costo.

La falta de interés en la participación ciudadana se da cuando se pierde la empatía y la solidaridad. También es necesario conocer las razones de una lucha, la necesidad del sentido patriótico y el conocimiento del pasado histórico para no repetir viejos errores, lo que pone en valor la frase de José Martí que dice: ser cultos para ser libres.

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura, del sábado 01 de agosto, un texto tomado de la editorial de la revista cubana «La Tizza» titulado «La hora de la resistencia: del orden muerto a la independencia definitiva”, publicado el 14 de mayo de este año.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 04 de julio de 2026

julio 01, 2026

Círculo de Lectura # 207 – Julio de 2026

 Círculo de Lectura # 207 – Julio de 2026

“Sobre la toma de medidas”

La Tizza Cuba

https://medium.com/la-tiza/sobre-la-toma-de-medidas-7124dbedb399

Por Luis Emilio Aybar Toledo

Redacté estas ideas antes del 3 de enero de 2026, es decir, antes del escenario que vive Cuba de extraordinaria y redoblada hostilidad por parte del gobierno estadounidense. Hoy la tarea de primer orden es la defensa de la soberanía nacional, que incluye la defensa de nuestra institucionalidad. Sin embargo, considero que este texto sigue siendo necesario, en tanto las fallas abordadas continúan vigentes y su superación es más necesaria que nunca. Cualquier práctica que hoy ponga en riesgo la transformación de los problemas vitales, debe ser sometida a la crítica.

La política en Cuba aparece hoy como un conjunto de nuevas medidas, paquetes de medidas, legislaciones, programas y normativas: 63 medidas para dinamizar la producción agropecuaria y 43 para reactivar la empresa estatal socialista, Programa para corregir distorsiones y reimpulsar la economía, Proceso de Bancarización, Política para la Transformación Digital, Ley de Comunicación Social, Ley de atención a las quejas y peticiones de las personas, Ley de Soberanía alimentaria y Educación Nutricional, Política de Atención integral a la Niñez, Adolescencias y las Juventudes, Programa para el Adelanto de la Mujer, etcétera.

El país ha vivido, desde 2019 hasta la fecha, una intensa actividad legislativa y de producción de disposiciones gubernamentales. Su elevado volumen contrasta con el debilitamiento de las estructuras del Estado llamadas a implementarlas — pues la crisis también las impacta—, con la presencia de numerosas desviaciones institucionales y con la atención cotidiana que demanda un sinnúmero de graves problemas. Son realidades que pueden diluir el potencial transformador de las mejores políticas.

Un detalle a no olvidar es que cada disposición gubernamental requiere de un sistema de implementación y seguimiento, desde el nivel municipal hasta el nacional. Al considerarlas de conjunto, vemos que tienen el efecto de intensificar la dinámica de funcionamiento propia de las instituciones, es decir, aumentan la cantidad de reuniones a realizar, de acciones a desarrollar y de informes a elaborar. Dados nuestros problemas de funcionamiento, en muchas ocasiones sucede que las reuniones se hacen y los informes se elaboran, pero las acciones tienen menos efectividad que la declarada. Puede ser, incluso, que algunas nunca se lleguen a realizar…

Si se desea incrementar la capacidad transformadora de las medidas, leyes y programas, las cosas debieran hacerse de otra manera. Considero que, en el contexto actual, es necesario racionalizar la emisión de disposiciones gubernamentales, establecer un sistema efectivo de control y verificación, y sobre todo concentrarse en superar los problemas urgentes. Eso último sería lo más importante, porque permitiría recuperar la participación popular y el capital humano del aparato estatal, dos factores imprescindibles para plantearse metas mayores.

La intensidad normativa que ha seguido el Estado cubano en tiempos de crisis parece responder no solo a cierta audacia política, sino también a un estilo de dirección que deposita demasiado la solución en el diseño de indicaciones y normas. Es como si se sintiera que se está dando respuesta a los problemas porque se adoptó una ley, se diseñó tal política o se tomaron medidas, cuando la verdadera respuesta es la transformación real de la situación que se vive. Cada nueva disposición gubernamental cumple la función de aliviar la tensión del momento, o generar una sensación de avance y de justeza, mientras los resultados fallidos o la insuficiente implementación mantienen el criterio de que todo sigue igual.

Sucede que las decisiones que se adoptan no son equivalentes entre sí. Algunas de ellas son más estratégicas y condicionan la eficacia de las demás. Eso se asemeja al famoso teorema de Pareto, que enseña que el 20% de las acciones determina el 80% de los resultados. Ese «mínimo vital», ese 20% es en el que no se puede fallar. El bloqueo es un fuerte destructor de resultados, pero nunca debiera ser una excusa.

La realidad es que se ha fallado en el «mínimo vital», es decir, en incrementar la producción y la exportación, en reactivar la empresa estatal, en recuperar la producción de alimentos, en tomar el control del mercado de divisas, en disminuir la inflación y en frenar la desigualdad y la pobreza. La mayor parte de las empresas estatales han estado operando con una tasa de cambio (1 x 24) que no guarda relación con las condiciones de la economía, lo que ha acentuado su debilidad. Llama la atención que eso no se haya transformado durante cuatro años.

Al mismo tiempo, la decisión de ampliar el sector privado fue adoptada y diseñada de una manera que ha saboteado sus objetivos iniciales, es decir, ha tenido pobres efectos sobre el incremento de la producción, la exportación y el encadenamiento productivo, ha reforzado la inflación y la presión sobre el mercado de divisas, y ha profundizado la desigualdad a niveles nunca vistos en la historia de la Revolución.

La medida más importante de todas era consultar las medidas con el pueblo antes de tomarlas. Que fuera el pueblo quien tomara las medidas, las pensara, las enriqueciera y las hiciera suyas, por muy duras que fueran. Así hizo Fidel en los noventa, cuando desató los «parlamentos obreros». Sin embargo, con excepción del Código de las Familias y del Código del Trabajo, esa no ha sido la regla. En meses recientes se decidió, de manera tardía, llevar a consulta el Programa de Gobierno.

Un dato no menor es que se han dado indicaciones para impulsar la participación y el control popular. Era de esperarse que esa voluntad chocara con poderosas inercias en la sociedad y el Estado, inercias que solo podrían superarse combatiendo el burocratismo, el autoritarismo y la corrupción; es decir, llevando esa tarea hasta el final…

La participación y el control popular son el mejor antídoto contra los problemas de funcionamiento que limitan la efectividad de las políticas, leyes, programas y paquetes de medidas. Forman parte de aquel «mínimo vital», lo que contrasta con las pocas normas dedicadas a su ampliación y a la creación de mecanismos vinculantes.

Tenemos aquí una cuestión estratégica a resolver: necesitamos que el pueblo pueda «tomar medidas» contra las actuaciones que limitan su bienestar y sus posibilidades de desarrollo.

Las soluciones que pudieran provenir de la participación enfrentan un grave desafío: la mayor parte del pueblo ha perdido la fe en las posibilidades de su propia movilización. Ese lugar no se transforma con llamados o convocatorias. Cuando tanta gente ha asumido la postura del espectador, es necesario que una parte de la sociedad tome la iniciativa, logre resultados, irradie con su ejemplo y contagie al resto.

En el proceso revolucionario vivido durante varias décadas, en el que el Estado ha desempeñado una función central, existe la tendencia a esperar y exigir que la señal de cambio provenga de arriba. ¿Es esto lo que está sucediendo? ¿Nuestra institucionalidad logra ser el motor de una nueva esperanza? Para que eso fuese posible, habría que modificar una serie de patrones de funcionamiento que obstaculizan transformaciones más amplias.

Si miramos a lo que sucede en la práctica, vemos que se exige mucho control y poca iniciativa, se desea mucha concordia y poco cuestionamiento, se escucha mucho lo que viene de arriba y poco lo que viene de abajo, se confía mucho en los cuadros y poco en el pueblo, se cree mucho en las órdenes y poco en las motivaciones, se adoptan muchas medidas, se cumplen muchos procedimientos, sin perder el sueño por las insuficientes transformaciones. Y 4 por todo eso tenemos muchos dirigentes y pocos líderes, muchos funcionarios y pocos revolucionarios.

¿Qué hacemos? ¿Dejamos que la catarsis sea el síntoma de que nos hemos rendido? Sin la fuerza popular ni las mejores políticas se cumplirán a cabalidad y tampoco llegarán las que faltan. El Estado necesita hoy más que nunca de ese apoyo adicional y también de un sujeto que le pise los talones, que le ponga presión y que tome la iniciativa, incluso para impedir sus errores.

Cada persona y cada colectividad deben convertirse en un motor de cambio. Solo así lograremos modificar la correlación de fuerzas en el tejido institucional, para más justicia, más honestidad, más eficiencia y más control popular. El dirigente al que eso no le guste, por algo será. Y el que no debe nada, pero tampoco comprende, habrá que echarlo a un lado también, porque el avance del poder popular es hoy una cuestión de vida o muerte para la Revolución.

junio 04, 2026

Círculo de Lectura # 206 – Junio de 2026

 Círculo de Lectura # 206 – Junio de 2026

«Nuestra responsabilidad es construir un parlamento en una trinchera»

Entrevista al historiador cubano Frank Josué Solar Cabrales

Por Jon Hidalgo Gereñu

https://medium.com/la-tiza/nuestra-responsabilidad-es-construir-un-parlamento-en-una-trinchera-271327666d4d

La Tizza agradece a Jon Hidalgo por habernos facilitado y traducido la versión ampliada y en español de la entrevista que originalmente publicó Argia en euskera el 27 de diciembre del 2025.

Cuba se encuentra en una situación compleja. Bloqueo endurecido, economía muy débil y altas tasas migratorias. Sin embargo, muchos siguen buscando soluciones colectivas, porque Cuba tendría un destino peor en el capitalismo. Uno de ellos es Frank Josué Solar Cabrales, historiador y profesor universitario.

En la Universidad de Oriente, Frank imparte Historia de Cuba e Historia de la Revolución cubana. Además, es presidente de la Cátedra Fidel Castro. Ha hecho varias investigaciones sobre la revolución; en especial sobre la época insurreccional. Este verano de 2025 hemos estado charlando en su casa de Santiago de Cuba para intentar entender la actualidad de la revolución.

…

¿Cómo describirías la situación actual? Mucha gente habla de la Covid como punto de inflexión para lo malo.

Han sido muchas las razones que han llevado a ese punto de inflexión en los últimos años. Podría ser la Covid, pero tiene mucha importancia el primer mandato de Donald Trump; ahí se dio un cambio de táctica con respecto a Cuba. Obama tenía el mismo objetivo, destruir la Revolución cubana, pero cambió la forma, a través del comercio, con las relaciones comerciales. Trump vino y cortó; retomó la política de máxima presión y la llevó más allá. Activó los puntos más duros de la legislación del bloqueo, no aplicados hasta entonces. Las empresas internacionales que hacen negocios con Cuba comenzaron a ser juzgadas e incluso se endurecieron otras 245 medidas contra Cuba. Medidas quirúrgicas, además, específicamente generadas para afectar a los principales ingresos, el turismo, el suministro de petróleo y la colaboración médica. Joe Biden mantuvo la misma política que Trump, y eso se unió a la Covid. Mira, en medio de la pandemia se nos rompió la fábrica de producción de oxígeno para la medicina, que era cuestión de vida o muerte. Entonces le pedimos a los Estados Unidos que flexibilizaran ese ámbito del bloqueo para poder acceder a oxígeno y repuestos. Nos dijeron que no. El objetivo es ahogar por completo a Cuba.

¿Y qué consecuencias ha tenido eso en Cuba?

Tiene una gran influencia en la vida de los cubanos. Obstaculiza los servicios básicos, el agua, la electricidad, incluso la alimentación. Ha afectado a muchas de las principales conquistas de la revolución, la salud, la educación, la cultura, el deporte… todo está dañado. Sin embargo, en medio de la Covid-19 fuimos capaces de hacer cinco vacunas, demostramos que cuando hay voluntad política se pueden hacer las cosas, con pocos recursos, en beneficio de la mayoría. Pero sí, las carencias materiales influyen mucho en el día a día. Hemos tenido grandes apagones, en algunos días sólo hemos tenido luz durante tres horas; a veces han durado más de un día, eso sólo en casos extremos. Con los apagones, además de su impacto en las vidas de la gente, se detiene la economía del país.

Mucha gente se compara con Miami en lugar de con República Dominicana o Haití. ¿Por qué?

Ha habido mucha migración en los últimos años, sobre todo desde la Covid-19, y sobre todo de gente joven. Eso influye mucho, en la economía, claro, pero también en lo ideológico. Muchos jóvenes no ven posibilidades de mejorar su situación material a medio plazo y ven la migración como la única opción. Además, normalmente son de alto nivel de estudios. La mayoría se va a los Estados Unidos, pero no sólo por cercanía o porque tienen familia allí. La emigración a los Estados Unidos ha sido manipulada políticamente desde allí como medida de presión contra Cuba. Los migrantes cubanos reciben un tratamiento especial en los Estados Unidos, llegan y te dan directamente un permiso de residencia, un permiso de trabajo… solo a los cubanos. Siempre lo decimos, si tuvieran políticas similares con México o Centroamérica, esos países quedarían vacíos, mucha gente se iría. Pero la estrategia es esa, ahogar a Cuba, hacer la vida imposible, y después decir que es un desastre, que el comunismo no vale, que solo trae pobreza. Echan toda la culpa a las autoridades cubanas diciendo que el bloqueo no existe y que el capitalismo resolvería todos los problemas.

Desde la Revolución cubana ha habido muchos logros sociales, sobre todo si se compara con los países del Tercer Mundo. ¿Cómo están ahora?

Los hay, pero han empeorado materialmente. Se mantienen, pero con heridas. La gente todavía los ve como una conquista, como un logro a defender, pero la crisis los ha afectado mucho. Claro que el destino de Cuba en el capitalismo es ese, el de Haití, en permanente crisis de violencia y pobreza; o el de Puerto Rico, que aún no se ha recuperado de los daños causados por los huracanes, aunque forman parte de los Estados Unidos, sin bloqueo ni nada. Creo que la mayoría de la gente comprende aún la importancia de las conquistas de la revolución y cuáles son las verdaderas razones para estar en la situación en que nos encontramos.

Ante la falta de suministros y divisas, el Estado autorizó en 2021 la creación de micros, pequeñas y medianas empresas privadas, a las que se denomina Mipymes. Pasados los primeros años, ¿qué consecuencias ha tenido, tanto a nivel económico como ideológico?

Consecuencias duras. Para entender eso hay que retroceder al Periodo Especial, a los años tras la caída de la URSS. Decía entonces Fidel, en medio de la crisis, que para poder afrontarla tendríamos que tomar una serie de medidas económicas; no las que nos gustarían, pero que eran medidas de emergencia, inevitables. No obstante, advirtió de que acarrearían «desequilibrios sociales». Anunció que con la expansión del turismo, con la despenalización del dólar volverían algunas cosas erradicadas durante años, como la corrupción. Ahora, con estas últimas medidas se ha profundizado aún más en esas reformas, pero sin hacer pedagogía para tener cuidado. Seguimos aislados y bajo bloqueo, y se ha pensado que una mayor apertura de la economía de mercado permitirá recuperar la economía del país sin perder los logros sociales que hemos tenido hasta ahora. Se han permitido pequeñas empresas, ha aumentado la inversión extranjera, y claro, como en anteriores ocasiones, eso ha aumentado las brechas sociales, ha supuesto más desequilibrios.

¿Qué consecuencias esperaban tener?

Cuando entraban las Mipymes se pensaba que iban a hacer trabajos de producción, que iban a sustituir en parte a las importaciones, pero se ha visto que lo único que hacen la mayoría de las Mipymes es la compraventa, comprar fuera y vender allí. El bloqueo pone límites a las empresas del Estado, pero es flexible con el sector privado. Ellos pueden importar lo que sea. Y ha supuesto un desequilibrio, claro; vemos que hay un grupo de gente que está acumulando mucho dinero, comprando casas de lujo y carros. Y por el otro lado, ha reaparecido la gente que vive en la calle. En Cuba no lo ha habido durante décadas, pero ahora se ven mendigos en la calle. Además, los precios en las Mipymes no se corresponden con los salarios de aquí. Con el salario mínimo no se puede comprar allí, y en la práctica son ellos los que hoy están alimentando a la población.

En las tiendas del Estado no hay muchas cosas.

No, no están equipadas para nada. En la moneda local no hay oferta del Estado y el sector privado la está ofreciendo, ¡pero a qué precio! Ningún trabajador del Estado puede sobrevivir a los precios de las Mipymes. Un huevo cuesta 150 pesos, más caro que en el País Vasco seguro. Por otra parte, hay una gran necesidad de divisas internacionales en el país, que no están entrando para nada, y se han endurecido las vías de envío de dinero a Cuba. Por primera vez la mafia contrarrevolucionaria estadounidense tiene presencia directa en el gobierno de los Estados Unidos. Marcos Rubio, que actualmente es secretario de Estado, es el representante de la mafia anticubana y para él es una cuestión personal endurecer las políticas contra Cuba. Quiere destruir la revolución y le da igual que en el camino se dañen las vidas de los ciudadanos. Es de esperar que en este segundo mandato de Trump repitan las políticas contra nosotros.

Los miembros de La Tizza habéis sido críticos con el gobierno desde una perspectiva revolucionaria. ¿Cuál es vuestra lectura?

Yo creo que a la revolución la perjudica más la obediencia acrítica, la pasividad, el aceptar las cosas por inercia. Sería mucho mejor, y más útil para la revolución, tener una militancia activa, crítica, que conlleva propuestas. A partir de ese punto nos reunimos nosotros. En Cuba estamos muchos jóvenes comprometidos con el socialismo como ideal y alternativa, pero somos críticos con algunas direcciones adoptadas por el gobierno, con algunas políticas. Nuestra misión, la nuestra y la de todos, es concienciar de los riesgos que puede haber en ese camino para construir entre todos la obra colectiva del socialismo. No hay recetas escritas.

¿Cómo se puede ser crítico con el gobierno cubano sin ayudar a las posiciones contrarrevolucionarias?

Es preciso saber cuál es nuestra trinchera, y cuál es el enemigo principal: los Estados Unidos, el imperialismo. Decía un importante intelectual cubano que nuestra responsabilidad es construir un parlamento en una trinchera, lo que conlleva riesgos de uno u otro tipo: tener demasiados parlamentos o tener demasiadas trincheras. El reto es buscar ese equilibrio porque de lo contrario nos sucederá como en la Unión Soviética, que de arriba vendrá la restauración del capitalismo sin resistencia desde la base.

Desde esa perspectiva, ¿cuáles son los principales retos a los que se enfrenta Cuba? No será fácil estar en el lugar de Díaz-Canel.

En primer lugar, darse cuenta de que la labor del gobierno en este momento no es nada sencilla y que es muy fácil criticarla desde fuera. En esta situación tienen que llevar la economía día a día, cuánto dinero ha entrado hoy, cuánto puedo gastar, porque hay barcos en el puerto y no hay dinero para pagar. Esdifícil pensar en cuestiones estratégicas cuando sobrevives en condiciones difíciles, cuando casi la mitad del país está apagado. Pero, dicho esto, creo que el principal riesgo proviene de medidas que abren más posibilidades al mercado si no se afrontan las consecuencias que pueden tener. Esas políticas pueden ser necesarias a veces, quizá incluso inevitables, pero deben hacerse desde la movilización consciente. Es difícil pedir a la gente movilización en épocas de escasez, pero ese es el único antídoto. No pensar que la economía se va a resolver con soluciones individuales, sino buscar soluciones colectivas, con la participación de los trabajadores. Los riesgos están ahí, la profundización en las políticas de mercado conduce a la corrupción, a la falta de igualdad, y van degradando los valores del socialismo que hemos construido durante tantos años. Eso es lo que nosotros hemos criticado, como en su día criticó el Che a la Unión Soviética, haber pensado que se podían utilizar las reformas capitalistas de mercado y mantenerlas bajo control sin dañar los valores. Si produces de forma capitalista eso influye en la ideología, en las relaciones sociales y el dinero condiciona cada vez más la vida, en lugar de guiarse por méritos o valores sociales.

Cuba ha sido aceptada este año como socia de los BRICS. ¿Genera esperanza el mundo multipolar? ¿Qué lugar tendría Cuba ahí?

Sin duda, la mayor esperanza de Cuba son hoy los BRICS. También otras asociaciones económicas, como la Unión Económica de Eurasia. Sin embargo, los BRICS no son un grupo homogéneo ni son aliados ideológicos como en los tiempos de la URSS. Otra cosa es esto. Pero la hegemonía yanqui de un solo polo está en decadencia cada vez más y el mundo multipolar nos ofrece nuevas oportunidades económicas. El gobierno cubano ha comenzado, por ejemplo, a convertir la zona de Mariel en un centro de comercio internacional, un puente entre las economías de Eurasia y América Latina. Ha dado algunos avances en ello. Yo creo que la solución de Cuba viene de ahí, a ver qué relaciones económicas podemos desarrollar, sobre todo con Rusia y China, y aquí en la zona con Brasil. Sin embargo, eso sólo es una medida inmediata; realmente la mejor opción sería emprender procesos revolucionarios radicales en los otros países. No es tan inverosímil, en este mundo cambiante, teniendo en cuenta que la crisis del capitalismo se profundiza. Al fin y al cabo, tener relaciones económicas con los BRICS es puro comercio y con las economías capitalistas. Lo mejor sería romper el aislamiento de Cuba como país socialista.

¿Qué es para usted la Revolución cubana?

Nuestra generación es quizá la última que ha vivido la bonanza económica de la revolución, en los años ochenta. Y esa prosperidad era para todos, esa es la diferencia del socialismo. Cualquier empleado tenía a su disposición muchas cosas, podía irse de vacaciones a los hoteles más importantes de Cuba o viajar por toda la isla, y por poco dinero. Había grandes niveles de vida y garantías materiales muy importantes. A nosotros nos cogió a los diez años el inicio del Periodo Especial. Las generaciones que han venido después, nuestros niños y niñas, han vivido desde el nacimiento el periodo de crisis, las carencias materiales, y eso afecta mucho. Para nosotros fue diferente, Fidel vivo, además, y en generaciones anteriores aún más.

¿Cómo ha cambiado la revolución a la sociedad cubana?

En el caso de mis padres, por ejemplo, los dos eran de familias rurales, muy pobres. Había mucha miseria, especialmente en el campo. De familia numerosa, sin educación, sin sanidad, tenían que trabajar desde pequeños… Muchos familiares morían de niños porque no había atención médica. Esos muertos pertenecen al capitalismo, pero no aparecen en las listas como víctimas. Ellos vivieron de cerca lo que trajo la Revolución cubana, trajo justicia, mejoró vidas. Trajo la dignidad de las personas, después de todo. Y poder estudiar, mi madre pudo ir a la universidad porque la revolución se impuso. [«Mi madre se convirtió en médico gracias a la revolución», dice la abuela de 94 años que escucha la entrevista]. Todos esos logros han influido en nuestra generación y en las anteriores. La Revolución cubana forma parte de mi vida, no puedo separarla y estoy muy agradecido por todo lo que se ha hecho. No es sólo la historia del pasado, todavía la necesitamos para garantizar un futuro mejor, para nuestros hijos, para nuestros nietos. Esa es la revolución, mantener esa posibilidad, la posibilidad de tener un mundo mejor y más justo.

mayo 05, 2026

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 205

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 205

“Fidel Castro: el asedio de la gloria”

En este texto escrito por el poeta, escritor, ensayista cubano y Doctor en Ciencias Filológicas Luis Toledo Sande, hace una descripción de Fidel Castro mencionando a su mentor y guía, el maestro José Martí. Sin que fuese su voluntad, fue asediado por la gloria, aunque él mismo expresara que «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», en alusión a una frase de José Martí quien la dijera a Antonio Maceo, el héroe de Baraguá: Yo no trabajo por mi fama, puesto que toda la del mundo cabe en un grano de maíz. La trascendencia histórica de Fidel es reconocida en todo el mundo por admiradores y por adversarios. Sus convicciones se plasman en frases como: «un pueblo como este merece un lugar en la historia, un lugar en la gloria. ¡Que un pueblo como este merece la victoria!» y «No luchamos por gloria ni honores; luchamos por ideas que consideramos justas». Y sin embargo terminó asediado por la gloria. Luis Toledo Sande concluye el texto diciendo: “Dar continuidad a su obra, como a la de Martí, requiere actuar con pureza, sin liga de pasiones menores, ejercitando a la vez el desprendimiento y la eficacia”.

Al finalizar la lectura compartida, en el posterior debate se comentó que Fidel tomó las enseñanzas del Apóstol José Martí como guía y ejemplo para llevar y conducir al proceso revolucionario cubano entre tantas dificultades históricas. Este año Cuba ha proclamado oficialmente al año como el "Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz" al conmemorarse el próximo 13 de agosto los cien años de su natalicio. Con cuanta convicción se tuvo en cuenta la necesidad de otorgar al pueblo cubano de una amplia cultura universal y en particular la historia nuestro americana. El método cubano de alfabetización “Yo sí puedo” ha sido empleado en múltiples naciones del mundo para declarar a sus pueblos libre de analfabetismo. El Maestro dejó muy en claro que el hombre debe actuar con absoluta responsabilidad mirando siempre de qué lado está el deber para lograr un porvenir superador. Llamó la atención la frase: «cuando en el mundo asoma la oreja peluda del pragmatismo, si es que no también sus garras feroces y su frío raciocinio», que se debe actuar siempre con suficiente raciocino frente a las amenazas ante decisiones livianas. Luego se analizaron las consecuencias de lo que actualmente trae la inteligencia artificial, quitando contenido al razonamiento humano. Debemos entender a la inteligencia artificial solo como una herramienta para ayudarnos a comprender las cosas, pero no debemos permitir que nos induzca a un proceso de alienación, reemplazando a nuestro propio pensamiento. No debemos permitir la deshumanización de nuestros actos y decisiones. Se comentó la reciente presencia en nuestro país de Peter Thiel, fundador de la empresa estadounidense de análisis de datos Palantir, que ha sido cuestionada por su uso en la agencia de inteligencia CIA. Se planteó también como se somete a la gente al consumismo, recordando que el capitalismo hace un objeto para cada sujeto y crea un sujeto para cada objeto, haciendo alusión a la producción de cosas innecesarias e inducir a la gente a su consumo. 

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 06 de junio, un texto tomado de La Tizza: «Nuestra responsabilidad es construir un parlamento en una trinchera» escrito por Jon Hidalgo Gereñu.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 02 de mayo de 2026.

abril 30, 2026

Círculo de Lectura # 205 – Mayo de 2026

 Círculo de Lectura # 205 – Mayo de 2026

“Fidel Castro: el asedio de la gloria”

Por Luis Toledo Sande

https://luistoledosande.wordpress.com/2013/08/12/fidel-castro-el-asedio-de-la-gloria/

Decir que alguien es asediado por la gloria no constituye exactamente un elogio, sino más bien el reconocimiento de que esa persona tiene un peso enorme sobre sus hombros. Si la carga es la misión de encaminar los destinos de un pueblo, implica una responsabilidad de signo mayor. Eso, de la segunda mitad del siglo XX para acá, a pocos seres humanos cabría aplicarlo con tanta propiedad como a Fidel Castro, quien desde sus años juveniles en la Universidad de La Habana emprendió cada vez más resueltamente un camino sin retorno en su voluntad de transformar a Cuba.

Para apreciar esa trayectoria bastaría mencionar fechas y acontecimientos como los del 26 de julio de 1953, la travesía y el desembarco del yate Granma, la lucha en la Sierra Maestra y las décadas de actividad como líder de la Revolución que revirtió una larga historia de frustraciones sufridas por quienes se habían esforzado heroicamente para alcanzar la independencia y abrirle el camino a la justicia social en suelo cubano. Tener una idea de lo que esa Revolución ha representado no exige, ni sería sensato hacerlo, suponerla perfecta: es suficiente contrastar, por un lado, su tenaz permanencia y el apoyo solidario que ha encontrado en los pueblos del mundo y, por otro, la sañuda, cruenta hostilidad que ha mantenido y mantiene contra ella la más poderosa y voraz nación imperialista, ante la cual tantos lacayos, poderosos incluso, doblan la cerviz como cómplices en sus crímenes. En esa hostilidad figuran numerosos intentos de asesinar al indomeñable guía revolucionario.

La trascendencia de ese guía es reconocida —de modos diferentes, pero rotundos— por amigos y adversarios. Una marcha como la suya no podría mantenerse sin la autoconciencia de quien sabe que realiza una misión extraordinaria pero no se complace con lo hecho. No es casual la forma como él mismo ha condensado, para hacerlo citable con la agilidad de lo aforístico y la eficacia de las máximas de índole moral, un concepto de José Martí, en quien reconoció al autor intelectual de la lucha iniciada en 1953. Se trata de una idea que Martí, quien la refrendó como norma de su vida, le expresó al general Antonio Maceo.

El 15 de diciembre de 1893, desde Cayo Hueso, el fundador del Partido Revolucionario Cubano, para entonces en la etapa decisiva, y por ello más compleja, de preparación de la guerra necesaria, le escribió al héroe de Baraguá y de tantos otros hechos grandiosos: “Yo no trabajo por mi fama, puesto que toda la del mundo cabe en un grano de maíz”. Cuesta resistirse a la tentación de extenderse en la cita del texto original, pero lo reproducido basta para conocer el origen de una convicción —profundamente martiana por su procedencia, y más aún por el espíritu y los valores concentrados en ella— que ha recorrido el planeta en palabras de Fidel: “Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.

Sería absurdo suponer menosprecio de la gloria digna por parte del dirigente político que, al valorar la heroica resistencia de sus compatriotas ante las dificultades y frente al enemigo que se ha encargado de agravarlas, sostuvo en su discurso del 1 de mayo de 1980 en la Plaza de la Revolución José Martí: “Sin demagogia, sin propósito de halagar, sino como expresión del más profundo, sincero y emocionado espíritu de justicia, me atrevo a decir que un pueblo como este merece un lugar en la historia, un lugar en la gloria. ¡Que un pueblo como este merece la victoria!”

En su condensación del juicio martiano citado, el concepto de gloria debe verse en la equivalencia que a veces se le atribuye con fama, vocablo utilizado por el Maestro para definir lo que cabe en un grano de maíz. Desde una perspectiva similar se debe apreciar también lo que el propio Fidel ha sostenido en distintas ocasiones, como el 24 de febrero del presente año, 2013, al intervenir en la sesión constitutiva de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular: “No luchamos por gloria ni honores; luchamos por ideas que consideramos justas”.

Esas ideas han sido medulares en la voluntad de trabajar por el bienestar colectivo. Tal ha sido su obra, y el líder no la ha hecho desde un gabinete o en una sala de laboratorio, sino al calor de su intensa actividad, asumida como el máximo dirigente de la acción: como un misionero, pudiera decirse. Ha sido el estadista afanado en asegurar el bienestar del pueblo, no precisamente un científico afanado en comprobar datos de la agricultura, de la ganadería, de la genética en una y en otra, digamos, sin menospreciar —sería torpe hacerlo— la vital importancia de las ciencias y el quehacer investigativo.

Con la misma actitud asumió lo expresado por Martí a Maceo, y no lo hizo con puntillismo textual o desde la memoria del erudito, aunque también lo es él: dio salida a una doctrina abrazada en lo más hondo, lo cual mueve a recordar que de corazón expresa en otros idiomas lo que en español significa de memoria. En esto viene al caso un pasaje de La historia me absolverá, su alegato dicho y escrito sin que se le permitiera el acceso a las obras de Martí: “traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos».

Las circunstancias en que se originó ese texto autorizan a recordar especialmente uno de los juicios sustentados por Martí en su discurso del 10 de octubre de 1890, enalteciendo, por contraste con los descreídos, a los cubanos que, a pesar de los reveses cargados hasta entonces, estaban prestos a levantarse resueltamente como soldados de la patria cuando llegara el momento de la insurrección: “Lo que ha de asombrar a los descreídos, si saben algo de las flaquezas humanas, y lo que han de tomar como anuncio y lección, es que, en esta época sin gloria y sin triunfo, nos queden tantos como nos quedan”.

La razón —dijo Martí cimentando la fértil utopía revolucionaria— estaba en que “el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber; y ese es el verdadero hombre, el único hombre práctico cuyo sueño de hoy será la ley de mañana, porque el que haya puesto los ojos en las entrañas universales, y visto hervir los pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos, sabe que el porvenir, sin una sola excepción, está del lado del deber. Y si falla, es que el deber no se entendió con toda pureza, sino con la liga de las pasiones menores, o no se ejercitó con desinterés y eficacia”.

Para abrazar como brújula esa convicción de Martí no hay que ignorar la importancia del sentido práctico, que en la vida, y especialmente en la política, es tan necesario como la capacidad de soñar. Tampoco es cuestión de avalar voluntarismos tozudos, aunque ¿habrá revolución verdadera que pueda acometerse sin un grado extraordinario de voluntad? Martí alecciona siempre, y más aún cuando en el mundo asoma la oreja peluda del pragmatismo, si es que no también sus garras feroces y su frío raciocinio. La herencia viva del autor intelectual de la Revolución ha latido en el centro de los actos y las ideas del líder llamado a darle continuidad al empeño de aquel a quien él mismo llamó “el más genial y el más universal de los políticos cubanos” y “guía eterno de nuestro pueblo”.

Erguido en la vocación de lealtad a las enseñanzas de Martí, Fidel hizo de su vida un acto de entrega a las realizaciones revolucionarias y, como parte de ellas, a sueños que son o merecen ser ley. En 2006, cuando sufrió un golpe de salud que pudo ser mortal, y que suscitó el dolor de millones de personas honradas en el mundo, y la euforia frustrada de una mafia innombrable, recibí de Cubarte la invitación a escribir un artículo acerca del líder. Ese fue el origen de “Fidel Castro, el escuchador”, que se publicó en este Portal el 1 de diciembre de dicho año y está basado en un recuerdo personal. Ahora, cuando se me hace con motivo del cumpleaños 87 del Comandante en Jefe una invitación similar, de nuevo acudo a la memoria para tratar sobre el indetenible forjador y defensor de ideales.

El domingo 17 de agosto de 2003 numerosos escritores y artistas fuimos convocados a recibir en la pista del Aeropuerto José Martí el avión a bordo del cual, tras haber participado en la toma de posesión presidencial de Nicanor Duarte Frutos, regresó de Asunción, Paraguay, el dirigente de Cuba, con un invitado de lujo: el más grande narrador de aquel país sudamericano, Augusto Roa Bastos. Desde la escalerilla, Fidel llamó al entonces presidente del Instituto Cubano del Libro, Iroel Sánchez, y puso en sus manos sendos ejemplares de dos libros del escritor visitante, tras lo cual indicó que ambos debían reimprimirse para presentarse, en edición cubana, el jueves siguiente. Así se hizo lo que en cualquier contexto, no solo en las condiciones del país, podía tomarse como una utopía.

En el salón de protocolo del Aeropuerto el estadista conversó con Roa Bastos y dio al editor acompañante de este ideas sobre cómo publicar su obra, y otros libros. Pensaba en la campaña de alfabetización que, con la experiencia cubana, se libraba en varios países, no solo de nuestra América, y para cuyos beneficiados sería necesario tener en cuenta incluso el puntaje de la tipografía empleada. Más que apasionarlo, el tema hacía soñar a Fidel, y era propicio para recordar las videoclases que a la sazón se estaban editando en Cuba como apoyo a la docencia, y en cuya circulación internacional se llegó a pensar. Según noticias, el líder habló sobre la alfabetización con el escritor paraguayo cada noche del ingreso de este en el Centro de Investigaciones Médico-Quirúrgicas, donde se le atendió integralmente, no solo el esguince de tobillo que sufrió en el vuelo a La Habana.

No recuerdo que hubiera alguien grabando el encuentro del salón de protocolo del Aeropuerto, pero su grabación sería todo un material de estudio sobre la tenacidad humana. Al final de la charla, el jefe de la Revolución no salió por el pasillo previsible: cruzó por donde estábamos varios colegas, con quienes se detuvo a conversar, hecho del cual recibí poco después una foto, como supongo que también los demás participantes. No olvido la convicción con que, iluminados sus ojos y con voz en la cual vibraba toda la convicción del mundo, habló sobre el valor de las videoclases.

Tengo impresas sus palabras, de principio a fin, en mi memoria, pero no intento citarlas textualmente: las parafraseo, porque no fueron dichas para ser divulgadas. El líder habló con cálida soltura confidencial, como en una charla entre amigos, premio para quienes lo escuchábamos. Dijo que nuestros enemigos se tendrían que resignar, porque no podrían detenernos. Ellos fabricaban (fabrican) automóviles suntuarios, añadió, y Cuba producía videoclases, útiles para la formación de quién sabe cuántas personas en el mundo.

Al tiempo que le interesaba la alfabetización, y en general el desarrollo cultural de Cuba y de la humanidad toda, se desvivía en la búsqueda de caminos para resolver los problemas económicos del país. Los pragmáticos hallarán razones y dirán que para 2003 el sistema de videocasetes que entonces usábamos estaba llamado a ceder su paso a los modos actuales, y que sería muy difícil colocar masivamente videoclases cubanas en otros países, que tienen sus propios planes docentes, a menudo en manos de instituciones privadas.

Voceros de la modernomanía dirán que lo necesario era estar a la caza de nuevos recursos tecnológicos, y, en efecto, la tecnología es una gran conquista de la humanidad. Pero no sabemos que pragmáticos y modernómanos hayan hecho, en alguna comarca de la tierra, una revolución como la que triunfó en Cuba en 1959 y hoy se empeña en perfeccionar su economía y construir un socialismo sustentable. Para ello se ha planteado alcanzar una eficiencia productiva que será plenamente válida, y eficiencia de veras, si sirve para salvar los logros y los principios justicieros puestos en práctica por la Revolución.

Fidel sigue activo, y acertará quien afirme que en el laboratorio donde hace poco el presidente uruguayo José Mujica testimonió haberse encontrado con él, tiene en mente no solo graves problemas de la humanidad, la patria mayor, sino el deber de asegurar para Cuba la permanencia de los valores revolucionarios, y también —buscando con ahínco el difícil logro de alimentar a los animales necesarios para ello— la comida del pueblo. Más allá de los datos concretos que, aparte de ser útiles, necesarios, embriagan a los pragmáticos, y que él ha empleado en función de grandes ideas, el líder sobresale entre quienes han “puesto los ojos en las entrañas universales, y visto hervir los pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos”, y “sabe que el porvenir, sin una sola excepción, está del lado del deber”.

Aunque él no lo quisiera, o no lo quiera, le ocurre lo que a pocos: es un ser humano asediado por la gloria. Dar continuidad a su obra, como a la de Martí, requiere actuar con pureza, sin liga de pasiones menores, ejercitando a la vez el desprendimiento y la eficacia.

enero 04, 2026

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 201

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 201

“1958: El derrumbe”

Este texto fue tomado de Cubadebate y escrito por Ciro Bianchi Ross, un destacado intelectual cubano. Consagrado periodista que ha publicado entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual. Relata los últimos momentos del dictador Fulgencio Batista antes de su huida de Cuba, acobardado por el avance indetenible de los combatientes revolucionarios al mando de Fidel Castro. Una huida que ya fuera programada con tres aviones por el propio dictador Fulgencio Batista desde hacen varios días, partiendo al exterior desde el aeropuerto de la Ciudad Militar de Columbia. Para ello se confabuló un supuesto golpe militar contra Batista perpetuado por el general Eulogio Cantillo Porras, quien se quedaría al cargo del poder. La decisión se tomaba argumentando que, a esa altura de los acontecimientos, la guerra ya estaba irremisiblemente perdida y que, a pesar de contar con suficiente armamento para contrarrestar el triunfo del Ejército Rebelde, se encontraban moralmente deprimidos y habían perdido la motivación necesaria para enfrentarse a las fuerzas guerrilleras en combate. Altos mandos del ejército golpista partieron el primero de enero de 1959 en una caravana con treinta automóviles hacia la Ciudad Militar donde una escuadrilla de tanques ordenada por el general Cantillo protegía al aeropuerto, quien una vez concluida la fuga del dictador Fulgencio Batista y sus secuaces, se comunicó con el embajador de Estados Unidos en Cuba.

 

Después, en el transcurso del posterior debate se comentó que este texto es de valor informativo, comentando los pormenores del fin de la era batistiana la cual se desarrolló en un claro esquema de desesperación ante el inminente triunfo de la Revolución.

A continuación, se debatió acerca de la actual situación de Venezuela ante el ataque militar a ese país perpetuado ésta misma madrugada por parte de fuerzas militares de los Estados Unidos, con el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores. Se aprobó un comunicado de prensa manifestando nuestro más enérgico repudio y rechazo a éste abominable suceso, con el único objetivo de desestabilizar la gobernabilidad de Venezuela para apoderarse de su petróleo y derrumbar a la Revolución Bolivariana.

Se analizaron además las posibles consecuencias que pueda acarrear esta intervención, no solo para Venezuela, sino también para el resto de Nuestramérica, provocando además un sismo político a nivel internacional. Es notable el poder y la impunidad con que se maneja la derecha fascista con la debida anuencia del corrupto poder judicial imperante.

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 14 de febrero de 2026 un texto tomado de La Tizza: “Impedir a tiempo, con esa fuerza más” escrito por su equipo editorial.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 03 de enero de 2026.

enero 01, 2026

círculo de lectura n° 201 - enero de 2026

1958: El derrumbe

Por: Ciro Bianchi Ross [i] - 28 diciembre 2024

El café con leche ha tenido siempre un papel de importancia en la vida política cubana. Se hace presente en los momentos más insospechados. Lo último que hizo el dictador Fulgencio Batista en la madrugada del 1 de enero de 1959, antes de salir de la casa presidencial de Columbia para un viaje sin regreso, fue ordenar que le sirvieran una taza de café con leche.

Para él, la situación estaba mala, mala de verdad. El oriente de la Isla estaba casi totalmente controlado por los rebeldes. Fidel se proponía el ataque a Santiago de Cuba, sometido ya a un cerco elástico, y en la región central Che Guevara y Camilo Cienfuegos mantenían la iniciativa.

La cosa no iba mejor en las propias filas batistianas. Ya para entonces el mayor general Eulogio Cantillo Porras, jefe de operaciones antiguerrilleras, se había comprometido con Fidel a encabezar el 31 de diciembre un pronunciamiento militar en el cuartel Moncada y exigir desde allí la renuncia del Gobierno y la captura de Batista y los grandes culpables. No cumplió nada de lo pactado. En ese momento había por lo menos tres conjuras dentro del Ejército. En total connivencia con el dictador, Cantillo aceptó la propuesta de un golpe militar contra Batista orquestado por el propio Batista, que lo dejaría como dueño del poder. Debía ocurrir el 6 de enero de 1959… Los acontecimientos se precipitaron.

Llamada desde Kuquine

Batista comenzó a preparar su fuga en la noche del 22 de diciembre, cuando pidió al general Francisco H. Tabernilla Palmero (Silito), jefe de la División de Infantería Alejandro Rodríguez destacada en la Cuidad Militar de Columbia –el pollo del arroz con pollo del Ejército cubano– y su secretario militar, que averiguase con su hermano Carlos, jefe de la Fuerza Aérea, cuantos puestos habría disponibles en los aviones “en caso de que tengamos que irnos”.

“Tres aviones con 108 asientos”, respondió el coronel Carlos Tabernilla y el propio Batista le ordenó entonces que a partir de ese momento tuviera los aviones y sus tripulaciones preparados durante las 24 horas del día. Enseguida dictó a Silito los nombres de los que se irían en cada uno de los aparatos y la cantidad de familiares o allegados que podrían acompañarlos. Pidió a su secretario que no archivara el documento, ya mecanografiado, sino que lo mantuviera en sus bolsillos y no comentara el asunto con nadie. En atención a esa orden, escribió el general Silito en sus memorias, no reveló lo que se tramaba ni siquiera a su padre, el mayor general Francisco Tabernilla, jefe del Estado Mayor Conjunto.

El 31 de diciembre, a las cinco de la tarde, uno de los empleados del Club de Oficiales de Columbia avisó a Silito que lo llamaban por teléfono. Batista en persona, algo inusual, le hablaba desde Kuquine, su finca de recreo en el Guatao. Preguntaba si el general Cantillo había regresado ya de Santiago de Cuba. Encargó a Silito que lo contactara no más volviera y le dijera que quería verlo en la finca a las 8:30 de esa noche. Silito y Cantillo conversaron sobre las seis de la tarde. No, Cantillo no podría encontrarse con el presidente a la hora indicada pues era su aniversario de bodas y lo celebraría con una comida familiar. Avisado, Batista cambió la cita para dos horas más tarde. Silito, en cambio, debía personarse de inmediato en Kuquine.

Ya allí, recibió la orden de informar a los incluidos en la lista del día 22 que, con el propósito de esperar el año, deberían hacerse presentes sobre las 11 de la noche en la casa presidencial de la Ciudad Militar. Los edecanes militares de guardia ayudarían en las llamadas a Silito, quien se comunicaría, además, con su hermano Carlos para decirle que esa noche era la de la partida. Un inconveniente fue solucionado a tiempo: el jefe de la Fuerza Aérea había dado permiso a los pilotos para que esperasen el Año Nuevo con sus familias.

Cantillo llegó tarde a la cita. Conversó en privado con Batista durante quince minutos. Al finalizar la reunión, el dictador pidió a Silito que traspasara a Cantillo la jefatura de la División de Infantería e impusiera el cambio de mando a todas las unidades destacadas en Columbia. Pidió a ambos que lo esperaran en la casa presidencial y advirtió a Cantillo que no liberara al coronel Ramón Barquín y sus compañeros, presos por conspiradores desde 1956.

La mejor actuación

Lo que sigue es confuso y ha sido contado de diferentes maneras según el papel que le tocara jugar al testimoniante. Papo Batista, el hijo mayor del dictador, dijo a quien esto escribe que no cabía hablar de fuga para aludir a los sucesos de la madrugada del 1 de enero, sino de una salida ordenada, garantizada en todo momento por el general Cantillo. De opinión similar era el general Roberto Fernández Miranda, jefe del Departamento Militar de la Cabaña y cuñadísimo de Batista.

El recuerdo discordante lo ofrece Anselmo Alliegro, hasta ese momento presidente del Senado. Llamado por Batista, entró al despacho presidencial y vio al dictador sudado y nervioso. Frente a él, los generales más importantes. Exclamó al verlo: “Qué le parece, Alliegro… estos señores me han dado un golpe de Estado”. No nos llamemos a engaño, sin embargo. Gran simulador, Batista estaba escenificando la que tal vez fuera la mejor actuación de su vida.

El dictador llegó a la Ciudad Militar poco antes de las 12. Ya en la residencia pidió a su hijo Jorge, de 16 años de edad, que despertara a sus hermanos y se prepararan para un viaje al exterior. Enseguida saludó a las señoras que conversaban con la primera dama e hizo apartes con algunos de los invitados. A las 12, con una copa de champán en alto, felicitó a los presentes. El ambiente no estaba para fiestas y muchos, con pretexto o sin él, se retiraron. El teniente coronel Irenaldo García Báez, segundo jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) y fiel de todo a Batista, se acercó a saludarlo. Lo notó un tanto extraño. Le dijo: “Silito tiene órdenes para ti, Cúmplelas al pie de la letra”.

Expedientes X

Irenaldo no daba crédito a lo que estaba sucediendo. Batista se iría esa misma noche y Cantillo asumiría el mando. Tuvo que sentarse para reponerse. Debía destruir todo el archivo que contenía lo referente a los expedientes X, relativos a personas que de manera encubierta trabajaban para la Policía y que se hallaban infiltradas en las organizaciones revolucionarias. Cuando se recuperó de la noticia de la huida volvió al salón de fiestas para conversar otra vez con Batista y convencerlo quizás de que cambiase de propósito. No pudo hablarle. Fue a su casa y se vistió de completo uniforme. Se trasladó a la sede del SIM y quemó los papeles.

Batista, mientras tanto, conversaba de manera individual con los jefes militares. José Luis Padrón y Luis Adrián Betancourt afirmaron en el libro Batista, últimos días en el poder, una de las investigaciones más completas que existen sobre el tema, que, aunque algunos estaban dispuestos a luchar hasta el final, a esas alturas la guerra estaba irremisiblemente perdida.

No obstante, si Batista decidía hacer frente en La Habana a los rebeldes, hubiera contado con un impresionante dispositivo bélico. Unos 5 000 hombres se concentraban en Columbia, más de mil en la Cabaña y más de 1 200 en la base aérea de San Antonio de los Baños, sin contar 10 000 policías, un servicio secreto enorme y un número indeterminado de colabores a sueldo. Tanques de guerra, aviones, barcos… “Solo escaseaba, evidentemente, una motivación para arriesgar la vida”, escribieron los autores citados.

Pasaron los jefes militares al despacho presidencial y el mayor general Eulogio Cantillo asumió el papel que le asignaron de antemano. Expresó:

“Señor presidente: Los jefes y oficiales del Ejército, en aras del restablecimiento de la paz pública que tanto necesita el país, apelamos a su patriotismo y a su amor al pueblo, y solicitamos que usted renuncie a su cargo”.

Habló Batista, pidió papel y pluma y escribió de su puño y letra la renuncia:

“Que en la madrugada de este día se le presentan en su residencia los altos jefes militares que tienen a su mando jefaturas máximas notificándole la imposibilidad de restablecer el orden, considerando grave la situación que confronta el país, y, dijo, que apelando a su patriotismo y su amor al pueblo resignara su mandato. Expresó además que en igual o parecida forma se habían dirigido a él altos representantes de la iglesia, de la industria del azúcar y de los negocios nacionales. Que teniendo en cuenta las pérdidas de vida, los daños materiales a la propiedad y el perjuicio evidente que se viene haciendo a la economía de la República, y rogando a Dios que ilumine a los cubanos para poder vivir en concordia y en paz, resigna sus poderes de presidente de la República, entregándolos a su sustituto constitucional. Ruega al pueblo, dice, que se mantenga dentro del orden y evite que lo lancen a ser víctima de pasiones que podrían traer la desgracia a la familia cubana. En igual forma se dirige a todos los miembros de las Fuerzas Armadas y a los agentes de la autoridad para que obedezcan y cooperen con el nuevo gobierno y con las jefaturas de los cuerpos armados del que se ha hecho cargo el mayor general Eulogio Cantillo y Porras”.

Firmó Batista el documento con sus iniciales, como era habitual. Firmaron los generales y también Anselmo Alliegro como sustituto constitucional, porque el vicepresidente, Rafael Guas Inclán, había renunciado para postularse como alcalde de La Habana en las elecciones del 3 de noviembre.

El último ¡Salud! ¡Salud! ¡Salud!

Quedaron solos Batista y Silito en la oficina presidencial. Pidió Batista a su secretario militar que enviase a su casa de Daytona Beach, en la Florida, todo el archivo y las obras de arte que adornaban el local, lo que saldría el mismo día en el avión de las siete de la mañana. Antes de abandonar la oficina, tomó los 15 000 dólares que días antes regalara a Silito y que este guardaba en una de las gavetas de su escritorio.

Silito y los ayudantes del presidente comunicaron la noticia a ministros, parlamentarios, dirigentes obreros, políticos gubernamentales en general.

El coronel Orlado Piedra, jefe del Buró de Investigaciones, informó a altos oficiales de la Policía Nacional y en una caravana de más de 30 automóviles condujo a muchos de ellos al aeropuerto militar. Una escuadrilla de tanques, mandada por el general Cantillo, protegía el aeródromo y no eran pocos los oficiales que habían acudido a despedir a su líder. Escribió Roberto Fernández Miranda: “A pesar de todo aún tenía mando, y la escolta de ceremonias estaba en posición de presenten armas como si el presidente saliese de gira”.

Al pie de la escalerilla del avión tuvo Batista su último intercambio con Cantillo. Le dijo finalmente: “En fin, Cantillo, no olvides mis instrucciones. De ti depende el éxito de las gestiones que realices a partir de ahora…”.

Subió por la escalerilla, se volvió hacia Cantillo y repitió la frase con la que terminaba invariablemente todos sus discursos y alocuciones: “¡Salud! ¡Salud! ¡Salud!”

Cantillo se comunicó entonces con el embajador norteamericano y le informó de los acontecimientos. Decretó un alto al fuego, nombró nuevos mandos en los institutos armados y procedió a constituir una junta cívico-militar que encabezaría Carlos M. Piedra, el magistrado más antiguo del Tribunal Supremo. Piedra no llegó a ocupar la Presidencia, pues cuando el más alto tribunal de la nación se negó a tomarle juramento, desistió de ese propósito.

La gestión de Cantillo en Columbia, al frente de un ejército desarticulado, resultó efímera. A las nueve de la noche del propio 1 de enero el coronel Ramón Barquín, acabado de salir de la prisión y todavía con el uniforme de preso, le exigió el mando de las fuerzas armadas. El día 3, el primer teniente José Ramón Fernández, que desde 1956 guardaba prisión en Isla de Pinos, detenía a Cantillo en su residencia de la Ciudad Militar.

Mientras tanto, Fidel, desde Palma Soriano y a través de las ondas de Radio Rebelde, no acataba el cese de las hostilidades, negaba reconocimiento a la junta de Columbia –tampoco reconocería a Barquín–, llamaba al pueblo a la huelga general revolucionaria que impediría que la Revolución se viera frustrada en sus propósitos, y advertía: “¡Revolución, sí!; ¡Golpe militar, no!”.

 



[i] Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.