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abril 07, 2026

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 204

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 204 

«Ninguno de los que hizo concesiones para sobrevivir, sobrevivió»

Este texto fue tomado del periódico digital cubano La Tizza, con fecha 06 de marzo de 2026. Se trata de un análisis por parte del equipo editorial del periódico, acerca de los recientes actos de injerencia e intervenciones militares por parte de los Estados Unidos. El 3 de enero durante una intervención militar directa en la hermana república de Venezuela con el secuestro de su presidente constitucionalmente electo Nicolás Maduro y su esposa, donde perdieron la vida 32 cubanos que custodiaban al Presidente. El 25 de febrero se produce una incursión mediante una lancha rápida proveniente de las costas de los Estados Unidos con una tripulación de diez mercenarios, que fuera reducida por un grupo de cinco guardafronteras cubanos. A finales del mes de febrero, también de este año, se producen por parte de los Estados Unidos los primeros bombardeos sobre territorio iraní. Estos tres hechos se vinculan entre sí tan solo por el apetito imperial de apoderarse del petróleo tanto de Venezuela como en Irán, como tratar una vez más de derrocar el gobierno socialista de Cuba. El emperador Trump ha manifestado que en Cuba se trata de una «toma, una intervención amistosa», pero no entiende que desde los tiempos de Martí los cubanos saben que no son momentos de acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada bajo la consigna de que acá no se rinde nadie. Quedó claramente demostrado, tanto en Venezuela como en Irán cuando precisamente durante las negociaciones en que tanto Caracas como Teherán habían ofrecido concesiones, se produce la intervención armada por parte de los Estados Unidos precisamente porque el imperio no negocia, sino que conquista.

Después, en el transcurso del posterior debate se comentó que como el gobierno cubano surgió de una revolución armada, su pueblo es consciente que lo debe defender con las mismas armas, visualizando al imperio yanqui como su enemigo al cual se lo debe derrotar sin otorgarle concesiones. La cultura política genera conciencia política que actúa como una coraza frente a las provocaciones y los intentos de manipulación por parte del gobierno de los Estados Unidos que plantea una «transición o una toma amistosa» de Cuba. Se entiende que la falta de petróleo y el bloqueo en general producen el desabastecimiento de algunos productos, generando descontento en su población. Si bien las intervenciones en Venezuela y en Irán tienen por objetivo apoderarse de su petróleo, en el caso de Cuba se trata de evitar que su gobierno socialista sea un ejemplo de lucha y resistencia para otros pueblos que buscan su autodeterminación y soberanía. Se trata de una batalla ideológica. Como menciona Fidel que el imperialismo no negocia, sino que conquista, y lo hace desde su principio de poseer el destino manifiesto de apoderarse por la fuerza de los bienes de otros países en un acto de colonización permanente que incluye la colonización también de nuestras mentes. 

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 02 de mayo, un texto tomado de Luis Toledo Sande, titulado: “Fidel Castro: el asedio de la gloria”. 

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 04 de abril de 2026.

marzo 06, 2026

Círculo de Lectura # 203 – Marzo de 2026

 Círculo de Lectura # 203 – Marzo de 2026

“¡Levántense con Cuba, pueblos del mundo!”

La Tizza Boletín electrónico – 03 de febrero 2026

«Me hirieron. ¡Viva Cuba!»

Primer Coronel Lázaro Evangelio Rodríguez (Últimas palabras del Primer Coronel Lázaro Evangelio Rodríguez, caído en combate protegiendo al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros).

«El aire toma forma de tornado y en él van amarrados la muerte y el amor…»

Silvio Rodríguez Domínguez, «Preludio de Girón»

Después de que la invasión imperialista a Venezuela, el pasado 3 de enero, arrancara del seno de su pueblo al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, la jauría fascista de la política cubanoamericana ha vuelto a salivar por Cuba.

El fin de la Revolución se descorcha, otra vez, con la esperanza de que el brindis no quede solo en la resaca.

La caída de 32 héroes cubanos, en feroz y desigual combate contra los carniceros del despojo yanqui, no anticipa — como algunos piensan — la derrota de Cuba. Su sacrificio anuncia otra cosa: la activación de la fibra mambisa, que es la fibra madre de la patria: «quien intente apropiarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha». (Carta de Antonio Maceo al patriota cubano José Dolores Poyo, director del periódico independentista El Yara, de Cayo Hueso, dirigida el 13 de junio de 1884 desde San Pedro Sula, Honduras).

Llegado este punto en que los portaviones yanquis acechan las costas de Cuba, en que los rumores de incursiones aéreas del enemigo sobrevuelan el carácter y las conciencias, ¿qué falta por explicar?

Con el bloqueo naval a la entrada de combustible, coronando el meticuloso sistema de guerra económica orientado a hacer colapsar nuestro país, ¿qué dudas quedan por responder?

Ahora que el derecho internacional exhibe como nunca antes de quién es ese derecho y entre quiénes se disputa… Cuando casi todos los gobiernos «no alineados», o de retórica «progre» miran a otro lado; cuando los bloques de la supuesta integración, las alianzas, los foros, las comisiones mixtas y congresos eluden el compromiso práctico y material con Cuba y ofrecen, a lo sumo, declaraciones de su consternación e impotencia; ¿a quiénes acudir en primer lugar sino a los pueblos para enfrentar este cerco imperialista que más se arrecia cuanto más sola y abandonada a su suerte descubre a Cuba?

Los campos se deslindan. De una parte, simpatizando o no con el gobierno cubano, siendo o no comunistas, viviendo en Cuba o donde sea, creyendo en cualquier Dios o en ninguno, se han agrupado quienes entienden que está amenazada la Patria, y que con ella hay que cerrar filas. Nada valen en estos días las diferencias entre patriotas. Insistir hoy en ellas, con la bestia delante, es un crimen de lesa patria.

De otra parte, se han situado los oportunistas, sin posibilidad ni deseo de ocultarse o de disimular sus intenciones, respaldados como se sienten por el imperio que los organiza. Es preferible que así sea: nos ahorra desenmascararlos y nos permite pasar directo a la confrontación.

En las horas decisivas, donde toda bruma se disipa y la luz permite ver mejor, ha quedado más claro para quiénes la perspectiva de agresión contra Cuba no es motivo de angustia, indignación o rebeldía, sino una oportunidad para mendigar.

Los personeros de la derecha fascista cubanoamericana — con sus patéticas sucursales en Latinoamérica y Europa — mendigan al emperador Trump que les gane el poder que no han tenido la audacia ni el valor de conquistar por sí mismos, y que complete luego la revancha sobre el pueblo que hizo la Revolución, y que nunca los ha respetado.

No consiguen siquiera sentir vergüenza de que los vean celebrando una posible agresión militar o pidiendo que Cuba sea gobernada por un virrey gringo, por un renegado de sus orígenes filiales que se disfraza de cubano cuando el cabildeo del sur de la Florida se lo exige.

Ya nadie podrá escandalizarse cuando les llamemos «anticubanos» o «apátridas».

Pero en la acera del oportunismo no se pasean solo los MAGA-cubanos. El arco del oportunismo se mueve de los herederos de Batista a los albaceas morales de Carlos Prío. Esos que aprovechan este momento de peligro extremo para, lejos de cerrar filas con el frente de la patria, andar mendigándole — ellos creen que le exigen, pero en realidad le mendigan — al Estado cubano alguna prebendilla, algún favor económico, alguna concesioncilla, alguna cuotica de poder, como si el poder se pudiera mendigar — ¡o regalar! — . ¿Qué son esos? ¡También oportunistas! Porque hoy ninguna agendita particular o de grupo debería estar por encima de la supervivencia de la nación.

El problema de los imperialistas yanquis no es con el gobierno cubano; no es con tal o cual característica de la administración pública; no es con la desigualdad o la pobreza existentes. Su problema no es con «la situación del pueblo cubano», sino con que ni el país ni esa situación — a pesar de los costos de su tenaz y fracasado bloqueo — les pertenezcan. El problema de los imperialistas yanquis no es de nombres, es de contenidos. Por eso hubo en Cuba “República”: de ellos; “Libertad”: para obedecerles a ellos; “Democracia”: para que se turnaran en el festín del alquiler nacional los servidores de ellos. No les preocupa si hacemos el capitalismo o el socialismo — como lo demuestra su ofensiva en el momento de mayor entronización de la propiedad privada en Cuba — . Les preocupa que seamos nosotros quienes hagamos aquí las cosas y no ellos. Les irrita que nos atrevamos a ser y que hayamos descubierto los arcanos de nuestra identidad: para ser, tenemos que ser contra ellos, los imperialistas yanquis. No hay otra forma. Por eso nación y antimperialismo se presuponen. Por eso justicia social y libertad están cosidas juntas en la misma bandera.

Los activistas de redes sociales, díscolos e iconoclastas ante el agredido, pero siempre cautos y bien portados ante el agresor; ¿por qué le demandan voluntad negociadora a Cuba? ¿Qué debe y cómo puede negociar con un asesino quien vive siendo emboscado por su séquito de perseguidores?

Con la mira en la sien, «entiéndanse», «dialoguen», «negocien», son recomendaciones que en realidad se parecen mucho a un «ríndanse». En medio de la aguda lucha ideológica que acompaña esta batalla por la sobrevivencia de todo un pueblo, debemos impedir que el miedo se vista de sensatez. Esta última cabría aconsejarla, en todo caso, a los jefes espirituales de la cobardía para quienes la vida y la muerte son créditos de un videojuego que programan desde la seguridad y el confort de su cuarto de máquinas.

Los que se han apurado a pedirle reformas al gobierno cubano, con la ilusión vana de que nos perdonen la revolución que hicimos — aunque la dignidad no sobreviva al «favor» de dicho «perdón» — , sepan que la revolución tuvo que ser socialista para ser de liberación nacional. Fue esa la única forma histórica en que pudo realizarse la idea que obsedió durante más de cien años a los patriotas cubanos y que Diego, el personaje de «Fresa y chocolate» resumió de modo inmejorable: «tampoco quiero que vengan los americanos, ¡ni nadie!, a decirnos lo que tenemos que hacer».

La voluntad de alcanzar la soberanía para la persona esclavizada y la nación en ristre ha jalonado la historia de Cuba desde hace dos siglos. Una identidad que se ha abierto paso contra todo pronóstico, que ha pugnado por existir a contrapelo de poderosas fuerzas disolventes de ayer y hoy. Los gendarmes del «norte revuelto y brutal que nos desprecia» se afirman en tanto poseen, en tanto someten, en tanto destruyen, en tanto compran y venden, en tanto saquean. Los cubanos y cubanas, en cambio, nos afirmamos en tanto somos, no lo que han querido hacer de nosotros, sino lo que hemos querido ser por nosotros mismos.

La saña contra Cuba esconde el terror que les provoca nuestra promesa, tan asediada e incompleta como irrenunciable.

La derrota de esa promesa, la aceptación definitiva de la posición colonial y subordinada no sería otra cosa que el suicidio de la nación: la muerte de lo que Cuba ha sido, no desde 1959, sino desde hace más de ciento cincuenta años.

Con el imperialismo no hay arreglo posible. Su existencia y la nuestra son antagónicas y seguirán colisionando. La agresividad del imperialismo yanqui hacia Cuba — sus bloqueos, sus formas institucionales oscilantes entre el garrote y la zanahoria, sus chantajes al resto del mundo — solo tiene dos vías para desaparecer: la derrota en toda la línea de ese imperialismo o la rendición en toda la línea de Cuba. La relación bilateral entre los dos Estados no agota tamaña disyuntiva: está inserta en ella.

Frente a este escenario, los dirigentes del Estado cubano, para liderar la nación y cumplir sus deberes sagrados con ella, no pueden ser presa de vacilaciones ni debilidades. Conceder iniciativa al enemigo — externo o interno — no traería paz ni estabilidad, sino derrota.

La defensa de la soberanía exige decisión política, claridad estratégica y conducción firme: o dicho en otros términos que conocemos bien: «desafiar poderosas fuerzas dominantes… luchar con audacia, inteligencia y realismo».

El bloqueo naval vigente y los chantajes arancelarios a terceros, que impiden la llegada a Cuba de suministros de petróleo indispensables para sostener la vida cotidiana, profundizan un escenario de crisis impuesto y planificado, frente al cual nuestra capacidad para gestionar el estrecho margen de maniobra se convierte en un factor de seguridad nacional. De manera simultánea, se despliega una secuencia ininterrumpida de operaciones psicológicas encaminadas a producir miedo, angustia, desesperación e ilusión con un futuro nacional halagüeño bajo la tutela yanqui. Lo anterior combina rumores y amenazas difusas con prefiguraciones de la inteligencia artificial sobre cuán prósperas y hermosas lucirían nuestras ciudades si se acaba este «martirio» de 67 años.

Cuba no es «la siguiente» en la lista, siempre ha sido la primera. Desde Honduras en 2009 hasta Venezuela en 2026, pasando por Paraguay, Ecuador, Chile, Brasil, Argentina y Bolivia, se golpearon los eslabones más débiles de la cadena con un objetivo final, harto conocido, aislar y asfixiar a la Revolución cubana. La intervención imperialista en Venezuela no fue solo contra ese pueblo, sino contra toda América Latina y el Caribe, y muy especialmente contra Cuba. No se trató de un exceso ni de un desvío, sino del punto de condensación de una estrategia regional.

El contexto actual de la solidaridad efectiva de otros gobiernos con Cuba es vergonzoso, en contraste con la solidaridad que se manifiesta persona a persona y pueblo a pueblo. Queda México como único proveedor de petróleo y ya se ejercen fuertes presiones para que esa ayuda expire. No es un escenario descartable si se tiene en cuenta el estilo de Donald Trump, que entrelaza agresiones brutales, chantajes directos y presiones abiertas de distinta índole.

China y Rusia expresan acompañamiento y denuncia discursiva, pero ninguno de ellos ha mostrado disposición a correr la misma suerte del pueblo cubano ante una agresión directa. Apoyo simbólico, cálculo estratégico, y una isla empujada a enfrentar casi sola la escalada bélica cuidadosamente provocada. De potencias externas nada esperamos. Como expresó Antonio Maceo: «mejor subir o caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con vecinos tan poderosos». Ya habíamos aprendido desde hacía tiempo que en las horas decisivas, Cuba solo cuenta con su propio pueblo.

A la soledad se suma el silencio de los grandes dispositivos diplomáticos en la región y el mundo. Estructuras que existen en el papel, pero de las que no se reciben gestos de apoyo concretos, capaces de alterar el curso de los acontecimientos.

Todos aquellos que abandonan a Cuba a su suerte — por cálculo geopolítico, por pragmatismo diplomático o por simple y llano temor — deben saber que no son neutrales y que, por tanto, se convierten en colaboradores de facto. Su silencio o inacción no evitan la guerra, sino que despejan su camino a la distancia. Cada gesto que no llega y cada apoyo que se dilata contribuyen con el montaje del escenario de una invasión contra Cuba o de una conmoción social, resultado de la desesperación popular, que se lo lleve todo por delante.

A quienes hoy, por acción u omisión, se colocan al servicio de una agresión contra su propio país, debe quedarles claro que no habrá impunidad histórica ni política. Los pueblos tienen memoria, y las responsabilidades asumidas en horas cruciales no se borran ni con el tiempo ni con el exilio.

Abocados al enfrentamiento del plan para convertir a Cuba en la Gaza del Caribe, te hablamos primero a ti, pueblo de los Estados Unidos, en tu infinita diversidad. A cada ciudadana y ciudadano que no soporta ya el desvarío dictatorial que gobierna la Casa Blanca. A ti, que vives asediado, asediada por los incontables problemas de una sociedad que dista mucho de ser «grande de nuevo».

Te hablamos a ti, que recuerdas cada una de las guerras en las que los ricos se volvieron más ricos y los pobres, más pobres, y en las que lo único que regresó a tu casa — cuando algo regresó — fueron los cuerpos inermes de tus hijos. Guerras ajenas, decididas en despachos, hechas por jóvenes que, para ganarse la vida, se vieron obligados a segar otras.

Le hablamos, además, a la numerosa comunidad de cubanos y cubanas que reside en los Estados Unidos y que no es presa del odio del «exilio histórico». Muchos fueron educados en el humanismo y la fraternidad de nuestras escuelas y calles, y no están dispuestos a consentir en silencio una agresión contra su propio pueblo.

No dejes que tus hijos vayan a otra guerra. No los dejes despedirse para ir a morir enfrentados en Cuba a otro pueblo que no es tu enemigo.

Son muchas las formas de movilizarte. Convocamos a los múltiples grupos académicos que mantienen relaciones con Cuba, a los Pastores por la Paz, al Consejo Mundial de Iglesias, a personalidades de la cultura, actores y actrices que se han manifestado con fuerza contra el atropello a los derechos y la deriva fascista que Trump representa. A congresistas y senadores que durante mucho tiempo han exigido una modificación de las relaciones con Cuba, sin pretensiones de sometimiento ni afanes guerreristas.

A todos quienes se sientan interpelados por este llamado para evitar la muerte segura e inevitable en el asalto que se prepara a sus espaldas. Ayuden a detener la barbarie. Solidarícense con Cuba.

A los pueblos hermanos de Cuba, a las organizaciones solidarias, a quienes saben que la guerra imperialista nunca trae democracia ni libertad: es el momento de la movilización eficaz, sostenida y visible, por todas las vías posibles, contra la guerra y en defensa de la vida. Cada país y representación diplomática deben convertirse en escenarios de hermanamiento y compromiso. Cada embajada de los Estados Unidos debe sentir el peso de la solidaridad de masas.

Si alguna vez fuiste atendido en las misiones médicas cubanas; si alguna vez aprendiste a leer con el método «Yo sí puedo», o si estudiaste en esta tierra, te decimos: ¡Levántate con Cuba!

Pueblos del África que a su llamado contaron con nuestros soldados, combatientes, médicos y maestros: ¡llegó la hora crucial de la solidaridad con Cuba!

Pueblos de América con quienes quedó sellado nuestro destino en aquella mirada postrera del Che: ¡movilícense ahora!

Pueblos del mundo, Cuba les ofrece un lugar para pelear. 

febrero 05, 2026

Círculo de lectura # 202 – Febrero de 2026

 Círculo de lectura # 202 – Febrero de 2026

 

“Impedir a tiempo, con esa fuerza más”

 

Por: Editorial de La Tizza – 22 de diciembre de 2025

 

Las recientes acciones del gobierno de Donald Trump — el anuncio de un bloqueo naval y la consolidación de una zona de exclusión aérea sobre Venezuela — no son movimientos aislados ni meras expresiones intempestivas; tampoco son los actos de un loco ni las improvisaciones de un outsider en la política estadounidense. Constituyen una escalada calculada dentro de un escenario regional e internacional que, peligrosamente, se ha ido alineando para hacer de la intervención militar una opción factible en los planes del poder imperial.

En el centro de la tormenta se encuentra la necesidad estratégica que tienen los Estados Unidos de reconfigurar su hegemonía en declive. El llamado «Corolario Trump» es la actualización impúdica de la vieja Doctrina Monroe: América Latina y el Caribe sigue considerándose espacio vital y campo de experimentación. Para un imperio que percibe el fin de su ciclo de dominio global incontestado, la Venezuela bolivariana — con todas sus contradicciones y a pesar de su asedio — representa el obstáculo simbólico y material más robusto. Su control significaría no solo apoderarse de las mayores reservas petroleras del planeta, sino también enviar un mensaje de disciplinamiento a cualquier proyecto de soberanía en Nuestra América.

Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América, noviembre de 2025

 

Toda política exterior es, en esencia, una proyección de la política interna.

 

Donald Trump se encuentra asediado: una base electoral fracturada, procesos judiciales que no terminan y revelaciones escandalosas, como los Expedientes Epstein, erosionan su gestión. En ese contexto, la creación de un enemigo externo espectacular se convierte en una tentación poderosa. El «efecto bandera» — esa oleada de apoyo patriótico que suele recibir un presidente en crisis durante un conflicto bélico — es un salvavidas histórico. La Ley de Poderes de Guerra le ofrece, además, la herramienta perfecta: la posibilidad de ordenar una acción militar «limitada» por hasta sesenta días sin autorización del Congreso. Una guerra corta, de alto impacto mediático y un «bajo» costo político podría ser el distractor perfecto para sus graves problemas internos.

 

El panorama geopolítico de América Latina parece favorecer a los Estados Unidos. La proclamación de José Antonio Kast en Chile, heredero político de la dictadura de Pinochet, y la presidencia de Javier Milei en Argentina, son ejemplos claves. A ellos se suma el suicidio político del MAS en Bolivia, el autoritarismo lacayo de Noboa en Ecuador y de Bukele en El Salvador, y la inestabilidad plutocrática en Perú. Ese eje reaccionario y oligárquico configura el flanco político favorable a una intervención en Venezuela.

 

Frente a eso, las fuerzas progresistas y de izquierda aparecen desarticuladas, sin una coordinación continental efectiva, con una vocación de poder debilitada, demasiado «bien portadas» y respetuosas del orden capitalista y, en muchos casos, más enfocadas en aprender a ceder que en construir y disputar hegemonía. Brasil, Colombia, México y Uruguay están llamados a tener un papel mucho más activo y beligerante, con independencia de sus opiniones sobre el gobierno venezolano.

 

Durante años, mediante un cerco mediático global y cierta complicidad interna, se ha construido a Venezuela como la víctima propiciatoria, el «Estado fallido» cuya desestabilización justifica cualquier medida.

 

Se ha alimentado la ilusión de que «entregando» a Venezuela se calmará la voracidad del imperialismo. Es una trampa mortal.

 

El imperialismo no se sacia; es la bestia antropofágica por excelencia, cuya hambre solo crece con cada nuevo bocado. Creer que las concesiones aplacarán su apetito es un suicidio histórico.

 

Ante tal escenario, ¿qué forma concreta adoptaría la agresión? La historia reciente de intervenciones norteamericanas sugiere que han aprendido la lección del empantanamiento que sufrieron en Irak y Afganistán. Una invasión terrestre masiva y una ocupación prolongada de Venezuela pueden tener un alto costo humano, económico y político. Por ello, el bloqueo y la zona de exclusión funcionan como instrumentos multidimensionales. Más allá del aislamiento logístico, son una gigantesca operación psicológica y de inteligencia.

 

El objetivo último podría no ser el desembarco de marines, sino forzar la defección de las Fuerzas Armadas venezolanas mediante sobornos, amenazas y promesas de inmunidad, o la aceptación de salidas negociadas, onerosas y subyugantes. Apuestan a un quiebre interno.

 

Si esa vía falla, la opción alternativa es el «modelo israelí», ensayado en Gaza, utilizado contra Hezbollah y aplicado a Irán: un ataque quirúrgico con drones o misiles de precisión contra el liderazgo político y militar en Miraflores o instalaciones claves. Sería una acción rápida, de alto impacto visual y bajo costo aparente — en vidas estadounidenses — , destinada a decapitar a la conducción política de las fuerzas bolivarianas y generar un caos controlado que facilite un cambio de gobierno. Buscan el máximo efecto desestabilizador con el menor despliegue convencional.

Frente esa amenaza existencial, los pueblos de América Latina y el Caribe no pueden refugiarse en la complacencia ni el análisis estéril. El imperialismo solo comprende el lenguaje de la fuerza y la resistencia organizada.

 

La única filosofía posible es la de la solidaridad militante y activa.

 

Si Rusia y China son — como le atribuyen muchos movimientos del campo popular — los poderes globales emergentes, contrapeso de la decadente hegemonía noratlántica; si son, como pregonan en cada foro internacional ante el babeante aplauso de algunos compañeros, los parteros de un orden multipolar, ¿por qué contemplan impasibles el desenvolvimiento del asqueroso tablero de la geopolítica? ¿Es esa la promesa en la que no pocos cifran sus esperanzas de un nuevo orden mundial? ¿El «mundo basado en reglas» de Gaza? ¿La multipolaridad de los «patios traseros»? Nunca como hoy estuvo tan claro que la responsabilidad principal es nuestra, de los pueblos. Venezuela somos todos. El primer proyectil que estalle sobre su cielo será la declaración de guerra contra la soberanía de toda la Patria Grande.

 

Ninguna nación estará a salvo en un continente recolonizado, salvo la transnación burguesa sometida.

 

Debemos preparar una movilización continental capaz de converger en la defensa de la soberanía venezolana por todas las vías posibles. Un verdadero frente antimperialista. Lo que se decide en Venezuela no es la posibilidad o la existencia del camino socialista, el gobierno de «fulano» o la política económica: se decide el derecho que tiene un pueblo soberano a ser, a existir, a disponer de sus recursos y a la rebeldía contra el conquistador. Y eso atañe a todos los pueblos y a todas las personas sin alma de esclavo.

 

También, el destino de la izquierda hemisférica se decide allí. No puede calificarse sino de servil y autofágica la actitud de esas izquierdas timoratas y desdentadas que, para mendigarle una migaja de respeto a los «que nunca han respetado a los pueblos ni a las personas dóciles», han dado su espalda a Venezuela desde hace años, o dudan de ella pidiéndole fe de bautismo y pruebas de pureza doctrinal, o se suman a lo que contra ella se esgrime para doblegar su soberanía y su resistencia, o abiertamente conspiran con los enemigos de los pueblos para devolver a Venezuela al redil yanqui. Traidores. Nada han aprendido aún del tsunami de la ultraderecha continental, que pretende coronarse con la «solución final venezolana». Nada han entendido de lo que sería una Venezuela en manos del imperialismo norteamericano otra vez y de la derecha fascista venezolana: un nuevo cuartel general para la ultraderecha en el hemisferio, un fascismo alimentado con petrodólares, dispuesto a destruir todo lo que parezca izquierda más allá de sus fronteras. Ese apetito y disposición no lo han disimulado jamás los venezolanos de ultraderecha.

 

En cuanto a nosotros, un pueblo que ha conseguido y resuelto las cuestiones más importantes de su historia con la prédica de los fusiles, sabemos desde nuestros primeros años de vida el espíritu y el carácter del imperialismo. Muchos cubanos y cubanas dentro y fuera de Cuba, que dominamos los fundamentos mínimos para la guerra de todo el pueblo, estaremos dispuestos en el instante decisivo a defender a Venezuela por todas las vías posibles. Legarle a las futuras generaciones un hemisferio occidental libre de imperialismo es un compromiso irrenunciable.

 

Nos asiste una certeza fundamental: solo si los Estados Unidos entienden, en sus fríos cálculos, que el costo de invadir será insoportablemente alto por la respuesta unida de los pueblos, se podrá torcer este rumbo belicista. El verdadero peligro no es solo que Trump se atreva, sino que nosotros, los pueblos, no estemos a la altura de la historia si lo hace. Que nuestro compromiso sea, como convocara el Che, el de «correr la misma suerte», lejos de toda salida timorata.

 

En la defensa de Venezuela se juegan la dignidad y la libertad de todo un continente.

enero 03, 2026

Comunicado de prensa

Comunicado de prensa

Desde el Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba queremos manifestar nuestro más enérgico repudio y rechazo a la agresión militar en el día de la fecha, por parte de los Estados Unidos a Venezuela.

Se trata de un cobarde ataque nocturno con bombas provenientes de aviones y drones apoyados por helicópteros de bandera estadounidense, que no solo han provocado víctimas mortales y múltiples heridos, sino que también han consumado el secuestro del presidente democráticamente electo Nicolás Maduro y a su esposa y primera dama Cilia Flores, de quienes exigimos los presenten con vida y los restituyan a su país.

El principal objetivo de este cruel acontecimiento es apoderarse del petróleo venezolano y demás riquezas del país, además de provocar su tan deseado cambio de orientación política que no se alinea con los intereses de los Estados Unidos.

Se trata de un hecho de suma gravedad, fijando un peligroso precedente hacia los demás países progresistas de Nuestramérica, incluyendo a Cuba socialista que ya cumplió más de sesenta años de resistencia frente al imperio.

Nos solidarizamos plenamente con el pueblo y el gobierno de Venezuela.

Bariloche, 03 de enero de 2026

octubre 08, 2024

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 186 - “La Revolución Bolivariana y el progresismo claudicante”

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 186

“La Revolución Bolivariana y el progresismo claudicante”

Este texto escrito por Ángel García fue tomado con fecha 30 de agosto de 2024 de La Tizza, una revista digital que aspira a convertirse en plataforma de pensamiento para debatir el devenir del proyecto de la revolución cubana, su relación con las prácticas políticas del día, y sus futuros posibles.

Se refiere a la permanente agresión que sufre la Venezuela bolivariana no solo por su ejemplo de lucha en el camino de su propia emancipación y su autodeterminación, sino también por ser un territorio extremadamente rico en recursos estratégicos, especialmente petróleo y minerales.

Por otro lado los Estados Unidos no quieren admitir el surgimiento del mundo multipolar, donde Venezuela está solicitando su ingreso a los BRICS y si se concretara, controlarían el 70% de la producción de petróleo del mundo.

Es por esto que le aplican todo tipo de actos desestabilizadores desde los llamados golpes duros, blandos, lawfare, guerra psicológica y mediática, desestabilización, intervención militar directa, etc., con el fin de lograr desestabilizar su política de gobierno.

Y ahora, ante el resultado favorable al oficialismo en las recientes elecciones generales, no han encontrado mejor argumento de desestabilización que declarar fraude cuestionando de esta manera su legitimidad.

Lamentablemente a esto se suma Brasil y Colombia cuyos gobiernos se han unido al reclamo del Departamento de Estado y la OEA, quienes no son autoridades electorales en Venezuela, a que se presenten las actas electorales para reconocer los resultados como legítimos, y a Nicolás Maduro como presidente electo.

Por otro lado, para las estrategias de Washington y en función a los dictámenes de la Doctrina Monroe, Nuestramérica ha de ser el espacio vital de recomposición de la decadente hegemonía del imperialismo estadounidense, y es por esto que busca aliados estratégicos en la región como lo son Lula de Brasil y Petro de Colombia, para así poder consolidar el control sobre su “patio trasero”.

Ocurre que los progresismos de las burguesías locales se van tornando cada vez más conservadores, débiles y fáciles de manipular.

Sin embargo, ante el inevitable reordenamiento geopolítico global y la pérdida de la hegemonía imperialista, se irán creando nuevas oportunidades para la construcción de alternativas revolucionarias y socialistas, para lo cual no hacen falta nuevos ciclos progresistas, sino nuevos ciclos revolucionarios.

Durante el posterior debate, se comentó que la lectura de éste texto ha sido muy esclarecedora, ya que en general se observa que frente a los procesos emancipadores de los pueblos siempre hay mucha información oculta.

Como se menciona en el escrito, el proceso eleccionario venezolano se ajustó totalmente a su legislación vigente, ya que se contaba con un tiempo establecido constitucionalmente de 30 días para dar a conocer el resultado definitivo de la votación llevada a cabo el 28 de julio de este año.

Esa misma noche y con el 80 % de los votos escrutados, el Consejo Nacional Electoral de Venezuela anunció una tendencia irreversible que le otorgaba la victoria a Nicolás Maduro con el 51,2 % de los votos quedando en segundo lugar la oposición, representada por Edmundo González, con el 44,2 % de los votos.

Y el miércoles siguiente, 31 de julio, el presidente Nicolás Maduro presentó un recurso de amparo ante la Sala Electoral del Tribunal Superior de Justicia de Venezuela con el fin de dirimir el ataque contra el proceso electoral, y que el día 22 agosto certificó definitivamente el triunfo del presidente Nicolás Maduro y con el cien por ciento de las actas presentadas.

Todo esto dentro de los 30 días establecidos legal y constitucionalmente. Queda claro que tanto el Departamento de Estado como la OEA han promovido un clima de desestabilización política con el fin de no reconocer el nuevo triunfo del chavismo, y para ello buscó aliados políticos dentro del campo progresista de Nuestramérica, como fue el caso de Lula en Brasil y Petro de Colombia.

Se planteó también la duda acerca de la solidez del liderazgo de Maduro en Venezuela.

Se comentó la preparación política del pueblo y la permanente formación de cuadros dentro del proyecto del Socialismo Bolivariano, base fundamental para dar continuidad al proceso.

Se mencionó también el triunfo de Claudia Sheinbaum, sucesora de Andrés Manuel Obrador en las recientes  elecciones en México, dando de esta manera continuidad también al proyecto del Partido Morena que ellos representan.

De esta manera se destacó la importancia de poder contar con un programa y un proyecto político claro, y finalmente se trata de votar al proyecto y no a una persona.

Coincidimos de acuerdo a una frase del texto, «En el largo camino hacia un nuevo ordenamiento mundial se pueden crear mejores condiciones para la construcción de alternativas revolucionarias y socialistas y así lograr posicionarnos estratégicamente frente al emergente orden geopolítico mundial.

Para ello no hacen falta nuevos ciclos progresistas, sino nuevos ciclos revolucionarios».

Por último se decidió abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 02 de noviembre un texto, también tomado de la Revista Digital cubana “La Tizza”, escrito por el economista argentino, investigador del CONICET y profesor de la UBA Claudio Katz: “Auge y ocaso de la Doctrina Monroe”.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 05 de octubre de 2024.

octubre 02, 2024

Círculo de Lectura # 186 – Octubre de 2024

La Revolución Bolivariana y el progresismo claudicante

Por Ángel García

La Tizza Cuba – 30 de Agosto de 2024

Progresismo con mentalidad de colonia

Un viejo refrán reza que la cobardía siempre será causa de las injusticias.

Ante la ofensiva imperialista contra la Revolución Bolivariana, algunos gobiernos de la región ―como los de Cuba, Bolivia y Nicaragua― han resistido a las seducciones, chantajes y amenazas del imperialismo y han reconocido el triunfo chavista. Mientras otros, en cambio ―como Brasil y Colombia― se apresuran a claudicar y rendirse a los designios del imperialismo, sumándose al coro que cuestiona la legitimidad de las elecciones del pasado 28 de julio. Estos últimos han asumido posiciones funcionales a los planes estratégicos de un imperio en crisis, desesperado por recuperar su erosionada hegemonía.

Que el imperialismo norteamericano, sus aliados europeos, sus instituciones, sus think tanks y sus medios de comunicación griten «¡Fraude!» ante las elecciones venezolanas del pasado 28 de julio, no es sorpresa para alguien. Que estén en marcha conspiraciones golpistas desde la extrema derecha y con el total respaldo de los Estados Unidos ―y hasta con el apoyo de despreciables personajes como Elon Musk―, también era de esperarse. Es el guion que el imperio siempre ha aplicado y aplicará a países que no se subordinan a sus designios, especialmente si tienen petróleo, litio u oro. Golpes duros, golpes blandos, lawfare, guerra psicológica y mediática, desestabilización, intervención militar directa, etc., son los componentes de un largo menú de tácticas para lograr los tan anhelados cambios de régimen en naciones que desafían la hegemonía imperialista de Occidente.

Ahora bien, que algunos gobiernos latinoamericanos -supuestamente progresistas- se hayan sumado al coro de quienes, durante décadas, han conspirado contra la Revolución Bolivariana, más allá de ser un acto vergonzoso, raya con la traición. Brasil y Colombia se han unido, en sintonía con el Departamento de Estado y la OEA, al reclamo de que se presenten las actas electorales para reconocer los resultados como legítimos y a Nicolás Maduro como presidente de Venezuela.

México, que inicialmente se sumó al pedido de Colombia y Brasil de la presentación pública de las actas electorales, rápidamente se fue deslindando de las posturas injerencistas tanto de Petro y Lula como de la OEA, declarando que no se «dejará acarrear» por quienes cuestionan los resultados oficiales.

Este progresismo miope ignoró que señalar las elecciones como fraudulentas era el primer e imprescindible paso en la maniobra de golpe de Estado que estaban fraguando la contrarrevolución local junto con Washington. Eso es algo especialmente lamentable para Brasil, que ha sufrido dos golpes de Estado (1964 y 2016), ambos con la mano sucia del imperialismo. Lula en particular ha sufrido este tipo de maniobras cuando fue encarcelado por medio de una judicialización sustentada en mentiras como parte una operación clásica de lawfare.

Pero Lula y Petro han llegado a proponer «un gobierno de transición y nuevas elecciones», una oferta que ha sido avalada por Joe Biden. La sugerencia de Lula a Maduro en pos de que convoque a nuevas elecciones para «resolver la crisis del país» ignora por completo que dicha crisis es promovida, incentivada y financiada por agentes externos, principalmente los Estados Unidos.

Lula ha dicho que Nicolás Maduro le debe «una explicación a todo el mundo». En cambio, cuando en las elecciones de Brasil de 2022 Bolsonaro cuestionó los resultados electorales y lo acusó de fraude, el gobierno chavista no le dijo a Lula que «le debía una explicación al mundo». Nadie le exigió a Lula mostrar actas en 2022. Eso es porque en el sistema electoral brasileño, muy inferior al venezolano, tales actas no existen y las máquinas de votación solo muestran un comprobante del resultado, un sistema que muy fácilmente podría sufrir de un hackeo.

Por su parte, Gustavo Petro ha invocado la experiencia del Frente Nacional (1958-1974), el pacto de cogobierno entre las oligarquías de los partidos conservador y liberal, que devino una especie de dictadura de facto y dio origen a la lucha armada en Colombia. Dijo: «un acuerdo político interno en Venezuela es el mejor camino de paz».

Ahí está Petro, dando lecciones de paz en una Colombia donde el paramilitarismo se ha repotenciado en todo el país en los últimos dos años, donde las disidencias de las FARC no paran de asesinar a líderes y lideresas sociales, donde las negociaciones de paz con el ELN están congeladas hace meses, y donde los Estados Unidos, su ejército y sus agencias de inteligencia hacen lo que les da la gana.

En marcado contraste con las posturas y propuestas de Petro y Lula, el presidente de México, López Obrador, ha reprochado la idea de nuevas elecciones o de «gobierno de transición». Ha reiterado la postura de «no meter las narices» en la situación de Venezuela, e insistido en que ni la OEA ni los Estados Unidos son autoridades electorales de Venezuela.

¿Dónde está la indignación de Petro y Lula ante un Volodomir Zelensky cuyo gobierno formalmente terminó el 20 de mayo 2024, suspendió elecciones y se mantiene como presidente? Eso, sin mencionar que Zelensky ilegalizó a 11 partidos políticos en 2022. ¿O la indignación ante el gobierno de Dina Boluarte en Perú, que llegó al poder por medio de un golpe de Estado en contra de Pedro Castillo, quien lleva ya más tiempo en prisión que el ejercido como presidente?

Washington quiere evitar una resolución doméstica a la crisis política interna de Venezuela, crisis que ellos mismos ayudaron a generar. Brasil y Colombia le hacen la segunda, actuando en congruencia con los intereses imperiales.

Las posiciones de Brasil y Colombia frente a Venezuela son sintomáticas de la política ambivalente de los actuales gobiernos progresistas, los cuales han caído en un complejo dilema. Por un lado, tienden a aliarse con el emergente eje geopolítico euroasiático -China-Rusia-, al tiempo que mantienen relaciones de subordinación con el imperialismo estadounidense. Quieren estar bien con Dios y con el Diablo, algo que nunca sale bien.

Petro y Lula ilustran mejor esta tendencia ambivalente. Ambos son partidarios de la idea de que el ejército norteamericano brinde apoyo militar para «ayudar a cuidar la Amazonía». En el caso de Colombia, Petro no ha cuestionado la presencia de bases militares yanquis en su territorio nacional. Todo lo contrario, él plantea permitir que los Estados Unidos utilicen la isla Gorgona -un santuario ecológico- como una base para operaciones navales y, recientemente, aceptó que la Policía de Nueva York (NYPD, por sus siglas en inglés) instalase una oficina en Bogotá.

Los designios estratégicos de Washington

Nuestra América es el espacio vital de recomposición de la hegemonía del imperialismo estadounidense. Es su «retaguardia estratégica» desde que, en 1809, Thomas Jefferson declaró que su país «necesitaba un hemisferio» para estabilizarse, prosperar y asegurar su grandeza.

Ahora que el imperio siente los efectos de la pérdida de influencia y poder en otras partes del mundo -como Eurasia, Asia Occidental y África- y ve menguar su poderío mundial, busca consolidar su control y dominio sobre su «patio trasero», reforzando su Doctrina Monroe, en versión 5G. Por eso hay una «concentración de fuego» imperialista en contra de Nuestra América, que se experimenta con desestabilizaciones de espectro completo, como los golpes duros y blandos, lawfare, guerra mediática e intentos de cambio de régimen, como se está ensayando con la Revolución Bolivariana.

El caso de la actual ofensiva imperialista contra Venezuela, poco tiene que ver con un veredicto electoral y mucho más con el deseo del imperio de apropiarse de sus recursos estratégicos, principalmente petróleo y minerales.

Estratégicamente, los Estados Unidos hacen todo lo posible para resistir a la emergencia del nuevo mundo multipolar; y eso pasa por sabotear y frenar la consolidación de bloques y alianzas del Sur Global, como los BRICS, la CELAC, el ALBA y UNASUR, que desafían las imposiciones de Washington. El asedio de Venezuela debe ser entendido como un intento del imperio de fragmentar y fracturar las integraciones regionales del emergente ordenamiento geopolítico global. Venezuela está en la fila de países que quieren formar parte de los BRICS y, si su membrecía es aprobada, los BRICS controlarían el 77 % de la producción petrolera del mundo.

El imperio en decadencia padece de un modelo económico que no le permite una reactivación para poder competir con China o Rusia, ambas, economías en ascenso. Esto es porque desde finales de los años 1970 la pirámide económica de los Estados Unidos se ha invertido. Antes tenía una sólida base productiva-manufacturera y en la cima de esa pirámide se posicionaban las ganancias financieras derivadas de las inversiones en la base productiva. En la actualidad, la cima de productos financieros ―como bonos, acciones, derivados y títulos de deuda― es mucho mayor que la base, ya casi inexistente gracias a décadas de desindustrialización. Una reactivación económica en esas condiciones es muy difícil, por no decir imposible.

Por tanto, el imperialismo está en la búsqueda permanente de una base real de commodities para su economía, como las tierras negras de Ucrania, el uranio de Níger, el litio de Bolivia, el cobalto de la República Democrática del Congo y los 300 mil millones de barriles de petróleo de Venezuela. Y también vendrán por los 14 mil millones de barriles de petróleo del Presal, de Brasil.

Retomar derroteros estratégicos

La función histórica del progresismo ha sido la de contener la crisis del capitalismo y su democracia liberal, no de transformarla. Por ello se dedica a administrar el sistema existente, negociando y conciliando con todos: burguesía y pobres, imperialistas y neocolonias. No profundiza las reformas o desafía las injustas estructuras socioeconómicas de nuestros países, porque esa nunca ha sido su función.

Al ceder constantemente ante las exigencias y demandas de las burguesías locales y el imperialismo, los progresismos se han tornado cada vez más conservadores, débiles y pusilánimes, fáciles de manipular y chantajear, como ha hecho Washington con Colombia y Brasil.

Creen, ingenuamente, que si se portan bien con el imperialismo, el imperialismo se portará bien con ellos.

El progresismo sufre de una orfandad estratégica. Solo se dedica a sobrevivir la coyuntura, sin mirar más allá del siguiente período electoral. Pero también padece de ausencia de proyecto. No es capaz de percibir que la Revolución Bolivariana intenta crear una democracia popular y participativa, un socialismo comunal y comunitario, con aciertos y errores, pero ha tenido la audacia y la valentía de intentarlo. Todo lo contrario,

el progresismo se ha degenerado hasta el punto de llegar a ser un defensor casi fanático de la institucionalidad liberal burguesa.

El reordenamiento geopolítico global, donde se erosiona la hegemonía imperialista en la transición hacia la multipolaridad, crea nuevas oportunidades para romper con la subordinación neocolonial de nuestros países. Se abren ventanas de oportunidad para que las naciones del Sur Global se liberen de su condición histórica de subyugación al imperialismo. En el largo camino hacia un nuevo ordenamiento mundial se pueden crear mejores condiciones para la construcción de alternativas revolucionarias y socialistas y así lograr posicionarnos estratégicamente frente al emergente orden geopolítico mundial. Para ello no hacen falta nuevos ciclos progresistas, sino nuevos ciclos revolucionarios.

Esto solo se logrará de manera unida, en bloque, como naciones hermanas nuestroamericanas. Debemos retomar los derroteros estratégicos, superar el coyunturalismo y asimilar, de una vez por todas, que el imperialismo es el enemigo principal de todos los pueblos oprimidos del mundo, que contra él debemos cerrar filas como pueblos hermanos y hermanas.

Aliarse con Washington contra el hermano pueblo bolivariano, y en esta coyuntura global tan singular, es un desacierto estratégico que solo servirá para retrasar la emancipación de nuestros pueblos.

No son tiempos de grises o medias tintas.

¡Con Venezuela todo! ¡Sin Venezuela, nada!

 

septiembre 04, 2020

Taller de lectura N° 137 - Septiembre de 2020

 

Taller de Lectura # 137 - Septiembre de 2020

 

A raíz de la cuarentena ordenada por nuestro gobierno ante la pandemia causada por el nuevo coronavirus, por lo que no podremos juntarnos para realizar nuestro acostumbrado Taller de Lectura, hemos decidido hacerlo en forma virtual cada uno y cada una en nuestras casas junto a nuestra familia, para luego enviar por mail o por whatsapp nuestro comentario a modo de debate colectivo y una evaluación final acerca de la interpretación del texto leído. Para ello hemos elegido una publicación corta para facilitar su lectura tanto en el celular como en la compu.

 

 

“Más odio y maldad de Estados Unidos hacia Cuba”

 

Por Arthur González  - 21 agosto, 2020 – Tomado de Razones de Cuba

http://razonesdecuba.cu/mas-odio-y-maldad-de-estados-unidos-hacia-cuba/

 

En total violación de los derechos humanos de once millones de cubanos, Estados Unidos incrementa las sanciones contra la Isla, en demostración de su odio hacia el pueblo que decidió soberanamente, ser libres del yugo yanqui.

 

58 años llevan los cubanos resistiendo la despiadada y cruel guerra económica, comercial y financiera, que busca matar por hambre y enfermedades a quienes mantienen la frente en alto, situación que no perdonan esos que se auto califican como “paladines de la libertad y los derechos humanos”.

 

La actitud soberana de Cuba es observada con admiración, por ser una pequeña Isla que desafía los embates de la bestia imperial, aunque desgraciadamente muchos gobiernos chantajeados por Washington callan en complicidad.

 

Con su vieja y trasnochada ilusión de que los cubanos se lancen a las calles contra el gobierno, cada mes del año la Casa Blanca adopta una nueva penalidad, bien sean multas o sanciones a los que mantienen el comercio de mercancías con Cuba, a aquellos que reciben médicos para ayudarlos a salvar vidas, inversionistas extranjeros, transportistas de petróleo, bancos que realizan transferencias, incluidas las remesas familiares, o quienes aceptan transportar en vuelos privados a enfermos, algo totalmente irracional que pone de manifiesto hasta dónde son capaces de llegar los yanquis, con tal de destruir a la Revolución.

 

En ese sentido, Michael Kozak, Subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, acaba de decir:

 

“Los ciudadanos estadounidenses deben saber que Cuba sigue siendo un sitio poco recomendable y por tanto recomendamos no viajar a la Isla”.

 

Y con tono amenazador propio de los yanquis añadió:

 

“Las personas de otras naciones que estén considerando un viaje, deben saber que la industria turística cubana financia la opresión, la corrupción y la desesperación, por tanto, no vale la pena su viaje”.

 

Es la persecución a todas las entradas de divisas a Cuba, sin tapujos ni disfraces, para después decir descaradamente: “el culpable es el socialismo”.

 

En el viaje de Mike Pompeo a la República Dominicana, el 16 de agosto 2020, para participar en la toma de posesión del presidente, estrechó lazos bilaterales con Luis Abinader, al que expresó considerar como un “socio y aliado clave” en el Caribe, ofreciéndole cooperación en temas de seguridad, cooperación para el desarrollo y promoción de la democracia y los derechos humanos, pero seguramente a cambio de que apoye la política de Estados Unidos contra Cuba y Venezuela.

 

Es la primera vez en más de medio siglo que un jefe de la diplomacia yanqui participa en la toma de posesión de un presidente de ese país, por lo que habrá que observar la actitud que asumirá Abinader en política exterior y si se inclina o no, a favor de la injerencia yanqui en el Caribe.

 

La prioridad de la diplomacia yanqui en estos meses es reforzar el cerco a Venezuela y presionar al máximo, para que sus próximas elecciones para la Asamblea Nacional no sean reconocidas, y de ahí sus ofrecimientos al dominicano para que se sume al coro de sus lacayos como lo hacen la con su vieja y trasnochada ilusión de que los cubanos se lancen a las calles contra el gobierno. Cada mes del año la Casa Blanca adopta una nueva penalidad, bien sean multas o sanciones y el Grupo de Lima, algo inaudito para mantener a Juan Guaidó su débil y desprestigiada marioneta carente de respeto hasta del mismísimo Donald Trump, quien lo califica en privado de hombre débil y sin valor personal, según describe John Bolton en su reciente libro.

 

La campaña yanqui contra Venezuela es idéntica a la seguida contra Cuba, apretar la guerra económica y financiera para hacerle creer al mundo que ambas naciones “han hundido” la económica de sus países, como si las sanciones y multas impuestas no fuesen causantes de las penurias de los pueblos, situación que reconoce secretamente la CIA en sus informes y análisis.

 

El tenebroso plan de los yanquis es tratar de sumar a su grupo, el mayor número de naciones, declarar fraudulentas esas elecciones y apretar aún más el lazo económico, aspirando ver a Nicolás Maduro fuera del poder y con eso empujar a Cuba para que caiga por efecto dominó, situación que ya soñaron cuando el socialismo europeo se desplomó y la URSS se desintegró, como resultado de sus acciones subversivas desarrolladas en el famoso Programa Democracia, bajo el mandato del presidente Ronald Reagan, unido a los errores de los viejos dirigentes socialistas, unos provocados y otros reales.

 

Estados Unidos no reconoce el valor de un pueblo unido y luchador por un ideal verdadero. Ellos consideran que todo el mundo tiene un precio de venta y solo deben encontrarlo para que se plieguen a sus pies, pero los cubanos guiados por Fidel Castro y sus ideas, demuestran que la dignidad no tiene precio, de ahí su resistencia, la misma que demostraron los soviéticos ante los nazis y los vietnamitas durante la criminal guerra genocida de Estados Unidos.

 

A esa política inhumana del imperio yanqui se anexan países que perdieron su independencia y soberanía, por los créditos financieros y tratados comerciales que les brindan, situación que causa pena en aquellos que venden su alma, incluso contra la voluntad de la mayoría de sus ciudadanos.

 

Cuba no acepta chantajes ni coacciones, por eso es respetada en el mundo, hecho probado en el resultado de las votaciones de la Asamblea General de la ONU, cuando presenta su informe exigiendo el cese del Bloqueo económico, comercial y financiero impuesto desde hace 58 por Estados Unidos.

 

Venezuela también exhibe una dignidad y decisión de resistir a todo costo, propia de un pueblo hijo del libertador Simón Bolívar, por eso los planes yanquis no tienen resultados, a pesar de los miles de millones de dólares que reparten entre los opositores y otros asalariados.

 

Por estas razones José Martí afirmó:

 

“Ese esplendor, tan grato de ver ¡que solo la fuerza de la dignidad da al hombre!”


 

junio 12, 2011

Conclusiones del taller de lectura N° 26

Tanques llenos,  estómagos vacíos (Última Parte)

Desde nuestro Taller de Lectura hemos decidido abordar este tema tan actual y polémico, como es el de utilizar materias primas alimentarias para la producción de combustibles para los automóviles, por parte de los EEUU y sus aliados. Para ello hemos tomado las reflexiones de Fidel Castro del período marzo a mayo de 2007 mas dos reflexiones de enero del año 2011, donde trata precisamente este tema.

En esta reflexión que Fidel tituló “La reunión del G-8”, él se refiere a una reunión que este Grupo realiza en el mes de junio de 2007 en Alemania, donde se analiza la profunda crisis política y económica que amenaza al mundo. Por parte de la Unión Europea hay un acuerdo común para establecer una estrategia para enfrentar el cambio climático en defensa del medio ambiente, ya que el incremento de la temperatura que además de otras consecuencias genera sequía, ya amenaza a varios países de Europa. De todos modos, resultará muy difícil lograr con éxito una solución del el problema del calentamiento climático, ya que la oposición del gobierno de los Estados Unidos ha rechazado la propuesta alemana para conseguir que el Grupo de los Ocho acuerde restricciones para las emisiones de carbono, que son las que producen el calentamiento global. Por otro lado, Gran Bretaña incrementa el gasto en armas sofisticadas en 2 500 millones de dólares, con lo cual  no sólo se reduce la posibilidad de disponer de recursos para educación, salud y cultura, sino que se incrementan los peligros que amenazan la paz mundial. Con esta síntesis concluye la serie de reflexiones de Fidel del período marzo a mayo de 2007, que dieron origen a este Taller de Lectura. Sin embargo agregamos dos reflexiones más que tienen total relación con el tema, y que corresponden al mes de enero de 2011. La primera titulada “Es hora ya de hacer algo”, donde Fidel hace un análisis histórico de Cuba desde que los españoles nos “descubrieron” hacen cinco siglos, en que la población total en la isla era de unos 200 mil habitantes conviviendo en perfecto equilibrio con la naturaleza. Esta población autóctona, fue exterminada por los mismos españoles con el trabajo semiesclavo, y luego sustituida por africanos capturados y también esclavizados, lo cual perduró hasta la transferencia de la soberanía de Cuba a los Estados Unidos, transformándola en una verdadera colonia yanqui. Con el triunfo de la Revolución en enero de 1959, se sucedieron las reformas urbanas y agrarias que entre otros cambios no dieron un minuto de paz al pueblo cubano, ya que a partir de ese momento hubieron constantes agresiones y amenazas de todo tipo a la población cubana, incluidos a sus dirigentes máximos.  Menciona la invasión mercenaria por Playa Girón, escoltada por la marina yanqui y que fuera contundentemente rechazada por el incipiente ejército de Cuba, al tiempo que declaraba el carácter socialista de su revolución.  Durante todo ese tiempo pasaron diez presidentes de los Estados Unidos y ahora va el undécimo, y sin embargo la Revolución Cubana sigue en pie a sólo 90 millas de su territorio. En este momento la humanidad está pasando por serios problemas que tienen que ver justamente con la crisis de los alimentos generada por hechos económicos, y los ya aparentemente irreversibles cambios climáticos,  como consecuencia de la acción del hombre. A pesar de que ya hacen años que se viene hablando de este tema, Estados Unidos sigue siendo el principal emisor de gases contaminantes y es quien niega sistemáticamente la advertencia de la opinión mundial. Estos cambios climáticos están manifestándose a lo largo de todo el mundo con sequías por un lado, inundaciones por el otro, incendios, pérdidas de cosechas, etc. poniendo en seria crisis las necesidades alimentarias de los ya casi 7 mil millones de habitantes del planeta, donde más de mil millones sufren de hambre y desnutrición. La consecuencia más inmediata es el incremento de los precios de los productos agropecuarios lo que genera una amenaza inflacionista en las economías emergentes. Tal es así que el actual presidente del Banco Mundial manifestó que esta crisis es más profunda que la del 2008. Además el continuo cambio climático agravará la falta de alimentos. Nos dice Fidel que el primer asunto que deberá resolver la comunidad mundial es elegir entre los alimentos y los biocombustibles, ya que si los millones de toneladas de soya y maíz que se invertirán en producir biocombustibles se destinaran a la producción de alimentos, se pararía el inusitado incremento de sus precios, y los científicos del mundo podrán hacer una propuesta para detener y revertir esta situación. Nos finaliza diciendo: “se ha perdido demasiado tiempo, es hora de hacer algo”. En su última reflexión de este Taller que Fidel tituló “La grave crisis alimentaria” y haciendo mención a su última reflexión, él nos comenta acerca de las recientes declaraciones del prestigioso ecologista norteamericano Lester R. Brown, quien ha venido advirtiendo acerca del enorme daño que provoca el creciente volumen de dióxido de carbono que se lanza a la atmósfera generando el incremento del calentamiento global. Por otro lado, la población mundial se ha duplicado desde 1970, y crece a un ritmo de 80 millones de personas al año quienes requieren de los alimentos necesarios, lo que hará que en algún momento las capacidades de producción por parte de los agricultores se verá seriamente limitada como así también los recursos terrestres e hídricos. Millones de toneladas de granos son utilizadas en la producción de combustibles, duplicándose la demanda anual de crecimiento de granos, provocando el agotamiento de los acuíferos que son grandes reservas de agua dulce, y la erosión de los suelos con la consiguiente  formación de grandes masas de polvo.  Por otro lado, por el incremento de cada grado Celsius en la temperatura ambiente, se provoca un descenso del 10 % en el rendimiento de los granos. El derretimiento de los glaciares también representa una amenaza a la seguridad alimentaria, ya que estos son los que alimentan a los diferentes ríos para irrigar las plantaciones. También este derretimiento provoca la elevación de los niveles del mar y la consecuente inundación de superficies terrestres, muchas de ellas también destinadas a los cultivos de alimentos.  Esto también provocará el incremento de los precios de los alimentos a no ser que los gobiernos procedan a revisar y cambiar las políticas de gastos para usos militares, para mitigar el cambio climático. Pero si se siguen haciendo las cosas como hasta ahora, los precios de los alimentos seguirán subiendo. A todo esto, actualmente se deben resolver los estallidos sociales que se suceden en los diferentes países  del mundo, provocados en gran medida por el hambre y el desempleo. Finaliza diciendo Fidel: ¿Podrá Estados Unidos detener la ola revolucionaria que sacude al Tercer Mundo?

En el posterior debate, llama la atención la gran coherencia en el pensamiento de Fidel, quien ya desde el año 2007 viene denunciando estos temas y que siguen teniendo vigencia. Se plantea de qué manera la desertificación provocada por la sobre-explotación de los suelos y la desaparición de bosques, provoca las nubes de polvo que es la nutriente más importante para los cultivos. Por último se destaca la importancia de este Taller de Lectura, ya que hemos tratado un tema de actualidad y que requiere un permanente seguimiento por el peligro que encierra para la población mundial.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 4 de junio de 2011