junio 06, 2026

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 206

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 206 

«Nuestra responsabilidad es construir un parlamento en una trinchera»

Texto tomado del periódico digital cubano La Tizza, con fecha 27 de diciembre del 2025, trata de una entrevista que le hiciera Jon Hidalgo Gereñu al historiador y profesor universitario cubano Frank Josué Solar Cabrales, ante la actualidad cubana que se encuentra en una situación muy compleja: bloqueo endurecido, economía muy débil y altas tasas migratorias. Esta situación se vio fuertemente recrudecida durante el primer mandato de Donald Trump, retomando la política de máxima presión con la aplicación de 245 nuevas medidas contra Cuba, afectando el ingreso de divisas por turismo, la importación de petróleo, obstaculizando además el suministro de servicios básicos a la población como el agua y la electricidad. Esto favoreció la migración de muchos jóvenes, que fue manipulada políticamente desde los Estados Unidos recibiendo un tratamiento especial como permiso inmediato de residencia y trabajo. La creación de micros y medianas empresas a partir del año 2001 para favorecer el desarrollo económico sustituyendo en parte a las importaciones, trajo como consecuencia desequilibrios sociales. Ahora hay un grupo de gente que está acumulando mucho dinero mientras otros están viviendo en las calles. La Revolución se perjudica debido también a una falta de opiniones críticas, aunque hay muchos jóvenes cubanos que están comprometidos con la Revolución y saben que el enemigo principal son los Estados Unidos y el imperialismo, y que se debe construir entre todos la obra colectiva del socialismo. Decía un importante intelectual cubano que «nuestra responsabilidad es construir un parlamento en una trinchera» evitando lo que sucedió en la Unión Soviética cuando se desintegró sin resistencia desde las bases. 

Al finalizar la lectura compartida, en el posterior debate se acordó que es primordial poder defender a Cuba desde todos los modos posibles para preservar los logros de su Revolución a favor de su pueblo. Hay algunas tareas concretas que debemos hacer, además de seguir preservando la integridad de nuestro Grupo, es continuar con las actividades que estamos haciendo, acompañar a otras organizaciones de Solidaridad con Cuba de la región como lo hemos hecho con las Casa de Amistad de Neuquen y de El Bolsón, colaborar con los aportes económicos que se hacen a través de la Casa de Amistad Argentina Cubana de la calle Alsina de Buenos Aires al Alias: pico.dama.clima para la adquisición de paneles solares para ser enviados a la isla, además de participar activamente en las organizaciones a nivel nacional e internacional como son el MasCuba y la Red Latinoamericana y Caribeña de Solidaridad con Cuba y las Causas Justas. Se analizó también las razones de la migración, por lo general de jóvenes cubanos, que lo hacen mayoritariamente por razones económicas y no siempre políticas ante la asfixia que genera el inhumano bloqueo económico, comercial, financiero y energético por parte del gobierno de los Estados Unidos al pueblo cubano. También se acordó participar personalmente el domingo 14 de junio, día del 98 aniversario del natalicio del Che, a las 15 horas a la localidad de El Bolsón donde se hará un acto de reinauguración de la Plazoleta que lleva el nombre del guerrillero heroico, “Che Guevara”. 

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 05 de julio, un texto tomado de «La Tizza» escrito por Luis Emilio Aybar Toledo,

 Sobre la «toma de medidas» 

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 06 de junio de 2026.

junio 04, 2026

Círculo de Lectura # 206 – Junio de 2026

 Círculo de Lectura # 206 – Junio de 2026

«Nuestra responsabilidad es construir un parlamento en una trinchera»

Entrevista al historiador cubano Frank Josué Solar Cabrales

Por Jon Hidalgo Gereñu

https://medium.com/la-tiza/nuestra-responsabilidad-es-construir-un-parlamento-en-una-trinchera-271327666d4d

La Tizza agradece a Jon Hidalgo por habernos facilitado y traducido la versión ampliada y en español de la entrevista que originalmente publicó Argia en euskera el 27 de diciembre del 2025.

Cuba se encuentra en una situación compleja. Bloqueo endurecido, economía muy débil y altas tasas migratorias. Sin embargo, muchos siguen buscando soluciones colectivas, porque Cuba tendría un destino peor en el capitalismo. Uno de ellos es Frank Josué Solar Cabrales, historiador y profesor universitario.

En la Universidad de Oriente, Frank imparte Historia de Cuba e Historia de la Revolución cubana. Además, es presidente de la Cátedra Fidel Castro. Ha hecho varias investigaciones sobre la revolución; en especial sobre la época insurreccional. Este verano de 2025 hemos estado charlando en su casa de Santiago de Cuba para intentar entender la actualidad de la revolución.

¿Cómo describirías la situación actual? Mucha gente habla de la Covid como punto de inflexión para lo malo.

Han sido muchas las razones que han llevado a ese punto de inflexión en los últimos años. Podría ser la Covid, pero tiene mucha importancia el primer mandato de Donald Trump; ahí se dio un cambio de táctica con respecto a Cuba. Obama tenía el mismo objetivo, destruir la Revolución cubana, pero cambió la forma, a través del comercio, con las relaciones comerciales. Trump vino y cortó; retomó la política de máxima presión y la llevó más allá. Activó los puntos más duros de la legislación del bloqueo, no aplicados hasta entonces. Las empresas internacionales que hacen negocios con Cuba comenzaron a ser juzgadas e incluso se endurecieron otras 245 medidas contra Cuba. Medidas quirúrgicas, además, específicamente generadas para afectar a los principales ingresos, el turismo, el suministro de petróleo y la colaboración médica. Joe Biden mantuvo la misma política que Trump, y eso se unió a la Covid. Mira, en medio de la pandemia se nos rompió la fábrica de producción de oxígeno para la medicina, que era cuestión de vida o muerte. Entonces le pedimos a los Estados Unidos que flexibilizaran ese ámbito del bloqueo para poder acceder a oxígeno y repuestos. Nos dijeron que no. El objetivo es ahogar por completo a Cuba.

¿Y qué consecuencias ha tenido eso en Cuba?

Tiene una gran influencia en la vida de los cubanos. Obstaculiza los servicios básicos, el agua, la electricidad, incluso la alimentación. Ha afectado a muchas de las principales conquistas de la revolución, la salud, la educación, la cultura, el deporte… todo está dañado. Sin embargo, en medio de la Covid-19 fuimos capaces de hacer cinco vacunas, demostramos que cuando hay voluntad política se pueden hacer las cosas, con pocos recursos, en beneficio de la mayoría. Pero sí, las carencias materiales influyen mucho en el día a día. Hemos tenido grandes apagones, en algunos días sólo hemos tenido luz durante tres horas; a veces han durado más de un día, eso sólo en casos extremos. Con los apagones, además de su impacto en las vidas de la gente, se detiene la economía del país.

Mucha gente se compara con Miami en lugar de con República Dominicana o Haití. ¿Por qué?

Ha habido mucha migración en los últimos años, sobre todo desde la Covid-19, y sobre todo de gente joven. Eso influye mucho, en la economía, claro, pero también en lo ideológico. Muchos jóvenes no ven posibilidades de mejorar su situación material a medio plazo y ven la migración como la única opción. Además, normalmente son de alto nivel de estudios. La mayoría se va a los Estados Unidos, pero no sólo por cercanía o porque tienen familia allí. La emigración a los Estados Unidos ha sido manipulada políticamente desde allí como medida de presión contra Cuba. Los migrantes cubanos reciben un tratamiento especial en los Estados Unidos, llegan y te dan directamente un permiso de residencia, un permiso de trabajo… solo a los cubanos. Siempre lo decimos, si tuvieran políticas similares con México o Centroamérica, esos países quedarían vacíos, mucha gente se iría. Pero la estrategia es esa, ahogar a Cuba, hacer la vida imposible, y después decir que es un desastre, que el comunismo no vale, que solo trae pobreza. Echan toda la culpa a las autoridades cubanas diciendo que el bloqueo no existe y que el capitalismo resolvería todos los problemas.

Desde la Revolución cubana ha habido muchos logros sociales, sobre todo si se compara con los países del Tercer Mundo. ¿Cómo están ahora?

Los hay, pero han empeorado materialmente. Se mantienen, pero con heridas. La gente todavía los ve como una conquista, como un logro a defender, pero la crisis los ha afectado mucho. Claro que el destino de Cuba en el capitalismo es ese, el de Haití, en permanente crisis de violencia y pobreza; o el de Puerto Rico, que aún no se ha recuperado de los daños causados por los huracanes, aunque forman parte de los Estados Unidos, sin bloqueo ni nada. Creo que la mayoría de la gente comprende aún la importancia de las conquistas de la revolución y cuáles son las verdaderas razones para estar en la situación en que nos encontramos.

Ante la falta de suministros y divisas, el Estado autorizó en 2021 la creación de micros, pequeñas y medianas empresas privadas, a las que se denomina Mipymes. Pasados los primeros años, ¿qué consecuencias ha tenido, tanto a nivel económico como ideológico?

Consecuencias duras. Para entender eso hay que retroceder al Periodo Especial, a los años tras la caída de la URSS. Decía entonces Fidel, en medio de la crisis, que para poder afrontarla tendríamos que tomar una serie de medidas económicas; no las que nos gustarían, pero que eran medidas de emergencia, inevitables. No obstante, advirtió de que acarrearían «desequilibrios sociales». Anunció que con la expansión del turismo, con la despenalización del dólar volverían algunas cosas erradicadas durante años, como la corrupción. Ahora, con estas últimas medidas se ha profundizado aún más en esas reformas, pero sin hacer pedagogía para tener cuidado. Seguimos aislados y bajo bloqueo, y se ha pensado que una mayor apertura de la economía de mercado permitirá recuperar la economía del país sin perder los logros sociales que hemos tenido hasta ahora. Se han permitido pequeñas empresas, ha aumentado la inversión extranjera, y claro, como en anteriores ocasiones, eso ha aumentado las brechas sociales, ha supuesto más desequilibrios.

¿Qué consecuencias esperaban tener?

Cuando entraban las Mipymes se pensaba que iban a hacer trabajos de producción, que iban a sustituir en parte a las importaciones, pero se ha visto que lo único que hacen la mayoría de las Mipymes es la compraventa, comprar fuera y vender allí. El bloqueo pone límites a las empresas del Estado, pero es flexible con el sector privado. Ellos pueden importar lo que sea. Y ha supuesto un desequilibrio, claro; vemos que hay un grupo de gente que está acumulando mucho dinero, comprando casas de lujo y carros. Y por el otro lado, ha reaparecido la gente que vive en la calle. En Cuba no lo ha habido durante décadas, pero ahora se ven mendigos en la calle. Además, los precios en las Mipymes no se corresponden con los salarios de aquí. Con el salario mínimo no se puede comprar allí, y en la práctica son ellos los que hoy están alimentando a la población.

En las tiendas del Estado no hay muchas cosas.

No, no están equipadas para nada. En la moneda local no hay oferta del Estado y el sector privado la está ofreciendo, ¡pero a qué precio! Ningún trabajador del Estado puede sobrevivir a los precios de las Mipymes. Un huevo cuesta 150 pesos, más caro que en el País Vasco seguro. Por otra parte, hay una gran necesidad de divisas internacionales en el país, que no están entrando para nada, y se han endurecido las vías de envío de dinero a Cuba. Por primera vez la mafia contrarrevolucionaria estadounidense tiene presencia directa en el gobierno de los Estados Unidos. Marcos Rubio, que actualmente es secretario de Estado, es el representante de la mafia anticubana y para él es una cuestión personal endurecer las políticas contra Cuba. Quiere destruir la revolución y le da igual que en el camino se dañen las vidas de los ciudadanos. Es de esperar que en este segundo mandato de Trump repitan las políticas contra nosotros.

Los miembros de La Tizza habéis sido críticos con el gobierno desde una perspectiva revolucionaria. ¿Cuál es vuestra lectura?

Yo creo que a la revolución la perjudica más la obediencia acrítica, la pasividad, el aceptar las cosas por inercia. Sería mucho mejor, y más útil para la revolución, tener una militancia activa, crítica, que conlleva propuestas. A partir de ese punto nos reunimos nosotros. En Cuba estamos muchos jóvenes comprometidos con el socialismo como ideal y alternativa, pero somos críticos con algunas direcciones adoptadas por el gobierno, con algunas políticas. Nuestra misión, la nuestra y la de todos, es concienciar de los riesgos que puede haber en ese camino para construir entre todos la obra colectiva del socialismo. No hay recetas escritas.

¿Cómo se puede ser crítico con el gobierno cubano sin ayudar a las posiciones contrarrevolucionarias?

Es preciso saber cuál es nuestra trinchera, y cuál es el enemigo principal: los Estados Unidos, el imperialismo. Decía un importante intelectual cubano que nuestra responsabilidad es construir un parlamento en una trinchera, lo que conlleva riesgos de uno u otro tipo: tener demasiados parlamentos o tener demasiadas trincheras. El reto es buscar ese equilibrio porque de lo contrario nos sucederá como en la Unión Soviética, que de arriba vendrá la restauración del capitalismo sin resistencia desde la base.

Desde esa perspectiva, ¿cuáles son los principales retos a los que se enfrenta Cuba? No será fácil estar en el lugar de Díaz-Canel.

En primer lugar, darse cuenta de que la labor del gobierno en este momento no es nada sencilla y que es muy fácil criticarla desde fuera. En esta situación tienen que llevar la economía día a día, cuánto dinero ha entrado hoy, cuánto puedo gastar, porque hay barcos en el puerto y no hay dinero para pagar. Esdifícil pensar en cuestiones estratégicas cuando sobrevives en condiciones difíciles, cuando casi la mitad del país está apagado. Pero, dicho esto, creo que el principal riesgo proviene de medidas que abren más posibilidades al mercado si no se afrontan las consecuencias que pueden tener. Esas políticas pueden ser necesarias a veces, quizá incluso inevitables, pero deben hacerse desde la movilización consciente. Es difícil pedir a la gente movilización en épocas de escasez, pero ese es el único antídoto. No pensar que la economía se va a resolver con soluciones individuales, sino buscar soluciones colectivas, con la participación de los trabajadores. Los riesgos están ahí, la profundización en las políticas de mercado conduce a la corrupción, a la falta de igualdad, y van degradando los valores del socialismo que hemos construido durante tantos años. Eso es lo que nosotros hemos criticado, como en su día criticó el Che a la Unión Soviética, haber pensado que se podían utilizar las reformas capitalistas de mercado y mantenerlas bajo control sin dañar los valores. Si produces de forma capitalista eso influye en la ideología, en las relaciones sociales y el dinero condiciona cada vez más la vida, en lugar de guiarse por méritos o valores sociales.

Cuba ha sido aceptada este año como socia de los BRICS. ¿Genera esperanza el mundo multipolar? ¿Qué lugar tendría Cuba ahí?

Sin duda, la mayor esperanza de Cuba son hoy los BRICS. También otras asociaciones económicas, como la Unión Económica de Eurasia. Sin embargo, los BRICS no son un grupo homogéneo ni son aliados ideológicos como en los tiempos de la URSS. Otra cosa es esto. Pero la hegemonía yanqui de un solo polo está en decadencia cada vez más y el mundo multipolar nos ofrece nuevas oportunidades económicas. El gobierno cubano ha comenzado, por ejemplo, a convertir la zona de Mariel en un centro de comercio internacional, un puente entre las economías de Eurasia y América Latina. Ha dado algunos avances en ello. Yo creo que la solución de Cuba viene de ahí, a ver qué relaciones económicas podemos desarrollar, sobre todo con Rusia y China, y aquí en la zona con Brasil. Sin embargo, eso sólo es una medida inmediata; realmente la mejor opción sería emprender procesos revolucionarios radicales en los otros países. No es tan inverosímil, en este mundo cambiante, teniendo en cuenta que la crisis del capitalismo se profundiza. Al fin y al cabo, tener relaciones económicas con los BRICS es puro comercio y con las economías capitalistas. Lo mejor sería romper el aislamiento de Cuba como país socialista.

¿Qué es para usted la Revolución cubana?

Nuestra generación es quizá la última que ha vivido la bonanza económica de la revolución, en los años ochenta. Y esa prosperidad era para todos, esa es la diferencia del socialismo. Cualquier empleado tenía a su disposición muchas cosas, podía irse de vacaciones a los hoteles más importantes de Cuba o viajar por toda la isla, y por poco dinero. Había grandes niveles de vida y garantías materiales muy importantes. A nosotros nos cogió a los diez años el inicio del Periodo Especial. Las generaciones que han venido después, nuestros niños y niñas, han vivido desde el nacimiento el periodo de crisis, las carencias materiales, y eso afecta mucho. Para nosotros fue diferente, Fidel vivo, además, y en generaciones anteriores aún más.

¿Cómo ha cambiado la revolución a la sociedad cubana?

En el caso de mis padres, por ejemplo, los dos eran de familias rurales, muy pobres. Había mucha miseria, especialmente en el campo. De familia numerosa, sin educación, sin sanidad, tenían que trabajar desde pequeños… Muchos familiares morían de niños porque no había atención médica. Esos muertos pertenecen al capitalismo, pero no aparecen en las listas como víctimas. Ellos vivieron de cerca lo que trajo la Revolución cubana, trajo justicia, mejoró vidas. Trajo la dignidad de las personas, después de todo. Y poder estudiar, mi madre pudo ir a la universidad porque la revolución se impuso. [«Mi madre se convirtió en médico gracias a la revolución», dice la abuela de 94 años que escucha la entrevista]. Todos esos logros han influido en nuestra generación y en las anteriores. La Revolución cubana forma parte de mi vida, no puedo separarla y estoy muy agradecido por todo lo que se ha hecho. No es sólo la historia del pasado, todavía la necesitamos para garantizar un futuro mejor, para nuestros hijos, para nuestros nietos. Esa es la revolución, mantener esa posibilidad, la posibilidad de tener un mundo mejor y más justo.

mayo 25, 2026

Comunicado festival solidario con Cuba en Neuquén

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba

Comunicado

El Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba quiere expresar su acompañamiento y solidaridad con la Casa hermana de la Amistad y Solidaridad con Cuba de Neuquen, en la organización de este Festival Solidario “Canción Urgente” para Cuba.

Son momentos en que toda acción de apoyo a la isla es absolutamente necesaria. Desde el imperio está siendo agredida como nunca antes, en un marco internacional donde los Estados Unidos se encuentran en franca decadencia y descomposición.

Pero como nos decía José Martí, el tigre muere echando llamas por los ojos y con las zarpas al aire, y así es tremendamente peligroso y debemos estar en alerta permanente.

Por eso decimos con fuerza: Cuba no está sola ya que la Solidaridad jamás será bloqueada !!!!

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba

Bariloche, 25 de mayo de 2026

mayo 12, 2026

Cine Cubano en el Sindicato de Trabajadores Judiciales

 Cine Cubano en el Sindicato de Trabajadores Judiciales 

COMUNICADO DE PRENSA

En el marco del ciclo de Cine Cubano y Videos Debate, el Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba invita a la proyección del film: 

 “Operación Fangio” 

La película está basada en hechos verídicos que vivió el quíntuple excampeón argentino de fórmula uno, Juan Manuel Fangio cuando estaba por disputarse la carrera del segundo gran premio de Cuba, cuando fue secuestrado por miembros del movimiento 26 de Julio en La Habana. 

                                                            Duración: 105 min.

Las y los esperamos este jueves 14 de mayo a las 20 hs. en el Sindicato de Trabajadores Judiciales, en calle Albarracín 1135 (casi esquina Ruiz Moreno).

Con entrada libre y gratuita. 

Invita SITRAJUR y el Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba.

mayo 05, 2026

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 205

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 205

“Fidel Castro: el asedio de la gloria”

En este texto escrito por el poeta, escritor, ensayista cubano y Doctor en Ciencias Filológicas Luis Toledo Sande, hace una descripción de Fidel Castro mencionando a su mentor y guía, el maestro José Martí. Sin que fuese su voluntad, fue asediado por la gloria, aunque él mismo expresara que «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», en alusión a una frase de José Martí quien la dijera a Antonio Maceo, el héroe de Baraguá: Yo no trabajo por mi fama, puesto que toda la del mundo cabe en un grano de maíz. La trascendencia histórica de Fidel es reconocida en todo el mundo por admiradores y por adversarios. Sus convicciones se plasman en frases como: «un pueblo como este merece un lugar en la historia, un lugar en la gloria. ¡Que un pueblo como este merece la victoria!» y «No luchamos por gloria ni honores; luchamos por ideas que consideramos justas». Y sin embargo terminó asediado por la gloria. Luis Toledo Sande concluye el texto diciendo: “Dar continuidad a su obra, como a la de Martí, requiere actuar con pureza, sin liga de pasiones menores, ejercitando a la vez el desprendimiento y la eficacia”.

Al finalizar la lectura compartida, en el posterior debate se comentó que Fidel tomó las enseñanzas del Apóstol José Martí como guía y ejemplo para llevar y conducir al proceso revolucionario cubano entre tantas dificultades históricas. Este año Cuba ha proclamado oficialmente al año como el "Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz" al conmemorarse el próximo 13 de agosto los cien años de su natalicio. Con cuanta convicción se tuvo en cuenta la necesidad de otorgar al pueblo cubano de una amplia cultura universal y en particular la historia nuestro americana. El método cubano de alfabetización “Yo sí puedo” ha sido empleado en múltiples naciones del mundo para declarar a sus pueblos libre de analfabetismo. El Maestro dejó muy en claro que el hombre debe actuar con absoluta responsabilidad mirando siempre de qué lado está el deber para lograr un porvenir superador. Llamó la atención la frase: «cuando en el mundo asoma la oreja peluda del pragmatismo, si es que no también sus garras feroces y su frío raciocinio», que se debe actuar siempre con suficiente raciocino frente a las amenazas ante decisiones livianas. Luego se analizaron las consecuencias de lo que actualmente trae la inteligencia artificial, quitando contenido al razonamiento humano. Debemos entender a la inteligencia artificial solo como una herramienta para ayudarnos a comprender las cosas, pero no debemos permitir que nos induzca a un proceso de alienación, reemplazando a nuestro propio pensamiento. No debemos permitir la deshumanización de nuestros actos y decisiones. Se comentó la reciente presencia en nuestro país de Peter Thiel, fundador de la empresa estadounidense de análisis de datos Palantir, que ha sido cuestionada por su uso en la agencia de inteligencia CIA. Se planteó también como se somete a la gente al consumismo, recordando que el capitalismo hace un objeto para cada sujeto y crea un sujeto para cada objeto, haciendo alusión a la producción de cosas innecesarias e inducir a la gente a su consumo. 

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 06 de junio, un texto tomado de La Tizza: «Nuestra responsabilidad es construir un parlamento en una trinchera» escrito por Jon Hidalgo Gereñu.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 02 de mayo de 2026.

abril 30, 2026

Círculo de Lectura # 205 – Mayo de 2026

 Círculo de Lectura # 205 – Mayo de 2026

“Fidel Castro: el asedio de la gloria”

Por Luis Toledo Sande

https://luistoledosande.wordpress.com/2013/08/12/fidel-castro-el-asedio-de-la-gloria/

Decir que alguien es asediado por la gloria no constituye exactamente un elogio, sino más bien el reconocimiento de que esa persona tiene un peso enorme sobre sus hombros. Si la carga es la misión de encaminar los destinos de un pueblo, implica una responsabilidad de signo mayor. Eso, de la segunda mitad del siglo XX para acá, a pocos seres humanos cabría aplicarlo con tanta propiedad como a Fidel Castro, quien desde sus años juveniles en la Universidad de La Habana emprendió cada vez más resueltamente un camino sin retorno en su voluntad de transformar a Cuba.

Para apreciar esa trayectoria bastaría mencionar fechas y acontecimientos como los del 26 de julio de 1953, la travesía y el desembarco del yate Granma, la lucha en la Sierra Maestra y las décadas de actividad como líder de la Revolución que revirtió una larga historia de frustraciones sufridas por quienes se habían esforzado heroicamente para alcanzar la independencia y abrirle el camino a la justicia social en suelo cubano. Tener una idea de lo que esa Revolución ha representado no exige, ni sería sensato hacerlo, suponerla perfecta: es suficiente contrastar, por un lado, su tenaz permanencia y el apoyo solidario que ha encontrado en los pueblos del mundo y, por otro, la sañuda, cruenta hostilidad que ha mantenido y mantiene contra ella la más poderosa y voraz nación imperialista, ante la cual tantos lacayos, poderosos incluso, doblan la cerviz como cómplices en sus crímenes. En esa hostilidad figuran numerosos intentos de asesinar al indomeñable guía revolucionario.

La trascendencia de ese guía es reconocida —de modos diferentes, pero rotundos— por amigos y adversarios. Una marcha como la suya no podría mantenerse sin la autoconciencia de quien sabe que realiza una misión extraordinaria pero no se complace con lo hecho. No es casual la forma como él mismo ha condensado, para hacerlo citable con la agilidad de lo aforístico y la eficacia de las máximas de índole moral, un concepto de José Martí, en quien reconoció al autor intelectual de la lucha iniciada en 1953. Se trata de una idea que Martí, quien la refrendó como norma de su vida, le expresó al general Antonio Maceo.

El 15 de diciembre de 1893, desde Cayo Hueso, el fundador del Partido Revolucionario Cubano, para entonces en la etapa decisiva, y por ello más compleja, de preparación de la guerra necesaria, le escribió al héroe de Baraguá y de tantos otros hechos grandiosos: “Yo no trabajo por mi fama, puesto que toda la del mundo cabe en un grano de maíz”. Cuesta resistirse a la tentación de extenderse en la cita del texto original, pero lo reproducido basta para conocer el origen de una convicción —profundamente martiana por su procedencia, y más aún por el espíritu y los valores concentrados en ella— que ha recorrido el planeta en palabras de Fidel: “Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.

Sería absurdo suponer menosprecio de la gloria digna por parte del dirigente político que, al valorar la heroica resistencia de sus compatriotas ante las dificultades y frente al enemigo que se ha encargado de agravarlas, sostuvo en su discurso del 1 de mayo de 1980 en la Plaza de la Revolución José Martí: “Sin demagogia, sin propósito de halagar, sino como expresión del más profundo, sincero y emocionado espíritu de justicia, me atrevo a decir que un pueblo como este merece un lugar en la historia, un lugar en la gloria. ¡Que un pueblo como este merece la victoria!”

En su condensación del juicio martiano citado, el concepto de gloria debe verse en la equivalencia que a veces se le atribuye con fama, vocablo utilizado por el Maestro para definir lo que cabe en un grano de maíz. Desde una perspectiva similar se debe apreciar también lo que el propio Fidel ha sostenido en distintas ocasiones, como el 24 de febrero del presente año, 2013, al intervenir en la sesión constitutiva de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular: “No luchamos por gloria ni honores; luchamos por ideas que consideramos justas”.

Esas ideas han sido medulares en la voluntad de trabajar por el bienestar colectivo. Tal ha sido su obra, y el líder no la ha hecho desde un gabinete o en una sala de laboratorio, sino al calor de su intensa actividad, asumida como el máximo dirigente de la acción: como un misionero, pudiera decirse. Ha sido el estadista afanado en asegurar el bienestar del pueblo, no precisamente un científico afanado en comprobar datos de la agricultura, de la ganadería, de la genética en una y en otra, digamos, sin menospreciar —sería torpe hacerlo— la vital importancia de las ciencias y el quehacer investigativo.

Con la misma actitud asumió lo expresado por Martí a Maceo, y no lo hizo con puntillismo textual o desde la memoria del erudito, aunque también lo es él: dio salida a una doctrina abrazada en lo más hondo, lo cual mueve a recordar que de corazón expresa en otros idiomas lo que en español significa de memoria. En esto viene al caso un pasaje de La historia me absolverá, su alegato dicho y escrito sin que se le permitiera el acceso a las obras de Martí: “traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos».

Las circunstancias en que se originó ese texto autorizan a recordar especialmente uno de los juicios sustentados por Martí en su discurso del 10 de octubre de 1890, enalteciendo, por contraste con los descreídos, a los cubanos que, a pesar de los reveses cargados hasta entonces, estaban prestos a levantarse resueltamente como soldados de la patria cuando llegara el momento de la insurrección: “Lo que ha de asombrar a los descreídos, si saben algo de las flaquezas humanas, y lo que han de tomar como anuncio y lección, es que, en esta época sin gloria y sin triunfo, nos queden tantos como nos quedan”.

La razón —dijo Martí cimentando la fértil utopía revolucionaria— estaba en que “el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber; y ese es el verdadero hombre, el único hombre práctico cuyo sueño de hoy será la ley de mañana, porque el que haya puesto los ojos en las entrañas universales, y visto hervir los pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos, sabe que el porvenir, sin una sola excepción, está del lado del deber. Y si falla, es que el deber no se entendió con toda pureza, sino con la liga de las pasiones menores, o no se ejercitó con desinterés y eficacia”.

Para abrazar como brújula esa convicción de Martí no hay que ignorar la importancia del sentido práctico, que en la vida, y especialmente en la política, es tan necesario como la capacidad de soñar. Tampoco es cuestión de avalar voluntarismos tozudos, aunque ¿habrá revolución verdadera que pueda acometerse sin un grado extraordinario de voluntad? Martí alecciona siempre, y más aún cuando en el mundo asoma la oreja peluda del pragmatismo, si es que no también sus garras feroces y su frío raciocinio. La herencia viva del autor intelectual de la Revolución ha latido en el centro de los actos y las ideas del líder llamado a darle continuidad al empeño de aquel a quien él mismo llamó “el más genial y el más universal de los políticos cubanos” y “guía eterno de nuestro pueblo”.

Erguido en la vocación de lealtad a las enseñanzas de Martí, Fidel hizo de su vida un acto de entrega a las realizaciones revolucionarias y, como parte de ellas, a sueños que son o merecen ser ley. En 2006, cuando sufrió un golpe de salud que pudo ser mortal, y que suscitó el dolor de millones de personas honradas en el mundo, y la euforia frustrada de una mafia innombrable, recibí de Cubarte la invitación a escribir un artículo acerca del líder. Ese fue el origen de “Fidel Castro, el escuchador”, que se publicó en este Portal el 1 de diciembre de dicho año y está basado en un recuerdo personal. Ahora, cuando se me hace con motivo del cumpleaños 87 del Comandante en Jefe una invitación similar, de nuevo acudo a la memoria para tratar sobre el indetenible forjador y defensor de ideales.

El domingo 17 de agosto de 2003 numerosos escritores y artistas fuimos convocados a recibir en la pista del Aeropuerto José Martí el avión a bordo del cual, tras haber participado en la toma de posesión presidencial de Nicanor Duarte Frutos, regresó de Asunción, Paraguay, el dirigente de Cuba, con un invitado de lujo: el más grande narrador de aquel país sudamericano, Augusto Roa Bastos. Desde la escalerilla, Fidel llamó al entonces presidente del Instituto Cubano del Libro, Iroel Sánchez, y puso en sus manos sendos ejemplares de dos libros del escritor visitante, tras lo cual indicó que ambos debían reimprimirse para presentarse, en edición cubana, el jueves siguiente. Así se hizo lo que en cualquier contexto, no solo en las condiciones del país, podía tomarse como una utopía.

En el salón de protocolo del Aeropuerto el estadista conversó con Roa Bastos y dio al editor acompañante de este ideas sobre cómo publicar su obra, y otros libros. Pensaba en la campaña de alfabetización que, con la experiencia cubana, se libraba en varios países, no solo de nuestra América, y para cuyos beneficiados sería necesario tener en cuenta incluso el puntaje de la tipografía empleada. Más que apasionarlo, el tema hacía soñar a Fidel, y era propicio para recordar las videoclases que a la sazón se estaban editando en Cuba como apoyo a la docencia, y en cuya circulación internacional se llegó a pensar. Según noticias, el líder habló sobre la alfabetización con el escritor paraguayo cada noche del ingreso de este en el Centro de Investigaciones Médico-Quirúrgicas, donde se le atendió integralmente, no solo el esguince de tobillo que sufrió en el vuelo a La Habana.

No recuerdo que hubiera alguien grabando el encuentro del salón de protocolo del Aeropuerto, pero su grabación sería todo un material de estudio sobre la tenacidad humana. Al final de la charla, el jefe de la Revolución no salió por el pasillo previsible: cruzó por donde estábamos varios colegas, con quienes se detuvo a conversar, hecho del cual recibí poco después una foto, como supongo que también los demás participantes. No olvido la convicción con que, iluminados sus ojos y con voz en la cual vibraba toda la convicción del mundo, habló sobre el valor de las videoclases.

Tengo impresas sus palabras, de principio a fin, en mi memoria, pero no intento citarlas textualmente: las parafraseo, porque no fueron dichas para ser divulgadas. El líder habló con cálida soltura confidencial, como en una charla entre amigos, premio para quienes lo escuchábamos. Dijo que nuestros enemigos se tendrían que resignar, porque no podrían detenernos. Ellos fabricaban (fabrican) automóviles suntuarios, añadió, y Cuba producía videoclases, útiles para la formación de quién sabe cuántas personas en el mundo.

Al tiempo que le interesaba la alfabetización, y en general el desarrollo cultural de Cuba y de la humanidad toda, se desvivía en la búsqueda de caminos para resolver los problemas económicos del país. Los pragmáticos hallarán razones y dirán que para 2003 el sistema de videocasetes que entonces usábamos estaba llamado a ceder su paso a los modos actuales, y que sería muy difícil colocar masivamente videoclases cubanas en otros países, que tienen sus propios planes docentes, a menudo en manos de instituciones privadas.

Voceros de la modernomanía dirán que lo necesario era estar a la caza de nuevos recursos tecnológicos, y, en efecto, la tecnología es una gran conquista de la humanidad. Pero no sabemos que pragmáticos y modernómanos hayan hecho, en alguna comarca de la tierra, una revolución como la que triunfó en Cuba en 1959 y hoy se empeña en perfeccionar su economía y construir un socialismo sustentable. Para ello se ha planteado alcanzar una eficiencia productiva que será plenamente válida, y eficiencia de veras, si sirve para salvar los logros y los principios justicieros puestos en práctica por la Revolución.

Fidel sigue activo, y acertará quien afirme que en el laboratorio donde hace poco el presidente uruguayo José Mujica testimonió haberse encontrado con él, tiene en mente no solo graves problemas de la humanidad, la patria mayor, sino el deber de asegurar para Cuba la permanencia de los valores revolucionarios, y también —buscando con ahínco el difícil logro de alimentar a los animales necesarios para ello— la comida del pueblo. Más allá de los datos concretos que, aparte de ser útiles, necesarios, embriagan a los pragmáticos, y que él ha empleado en función de grandes ideas, el líder sobresale entre quienes han “puesto los ojos en las entrañas universales, y visto hervir los pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos”, y “sabe que el porvenir, sin una sola excepción, está del lado del deber”.

Aunque él no lo quisiera, o no lo quiera, le ocurre lo que a pocos: es un ser humano asediado por la gloria. Dar continuidad a su obra, como a la de Martí, requiere actuar con pureza, sin liga de pasiones menores, ejercitando a la vez el desprendimiento y la eficacia.

abril 29, 2026

comunicado plaza del Che en El Bolsón

 Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba

Comunicado

El Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba expresa su más enérgico repudio a la derogación de la Ordenanza Municipal de la Ciudad de El Bosón N°109/2011 que le asignó el nombre de Plazoleta “Che Guevara” al espacio público ubicado en la intersección de las calles 25 de Mayo y Padre Gutiérrez, considerando que fue producto de intensas gestiones de los grupos de vecinos de los colectivos de FM Alas y Amigos de Cuba, poniendo en relieve la enorme gesta internacionalista del ciudadano argentino Ernesto Che Guevara.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba

29 de abril de 2026

abril 07, 2026

Cine Cubano en el Sindicato de Trabajadores Judiciales

Cine Cubano en el Sindicato de Trabajadores Judiciales

En el marco del ciclo de Cine Cubano y Videos Debate, el Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba invita a la proyección del film: 

“José Martí: el ojo del canario”

José Martí, entre los 9 y los 17: los únicos años en que conoció de cerca a su patria y en los que aprendió a amarla y entenderla, para hacer la magna obra que le tomó el resto de su vida. No es una biografía: es un itinerario espiritual inspirado en la infancia y adolescencia del héroe nacional cubano José Martí.

Dirección:  Fernando Pérez   Duración:  120 min.

Las y los esperamos este jueves 09 de abril a las 20 hs. en el Sindicato de Trabajadores Judiciales, en calle Albarracín 1135 (casi esquina Ruiz Moreno).

Con entrada libre y gratuita . 

Invita el Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba.

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 204

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 204 

«Ninguno de los que hizo concesiones para sobrevivir, sobrevivió»

Este texto fue tomado del periódico digital cubano La Tizza, con fecha 06 de marzo de 2026. Se trata de un análisis por parte del equipo editorial del periódico, acerca de los recientes actos de injerencia e intervenciones militares por parte de los Estados Unidos. El 3 de enero durante una intervención militar directa en la hermana república de Venezuela con el secuestro de su presidente constitucionalmente electo Nicolás Maduro y su esposa, donde perdieron la vida 32 cubanos que custodiaban al Presidente. El 25 de febrero se produce una incursión mediante una lancha rápida proveniente de las costas de los Estados Unidos con una tripulación de diez mercenarios, que fuera reducida por un grupo de cinco guardafronteras cubanos. A finales del mes de febrero, también de este año, se producen por parte de los Estados Unidos los primeros bombardeos sobre territorio iraní. Estos tres hechos se vinculan entre sí tan solo por el apetito imperial de apoderarse del petróleo tanto de Venezuela como en Irán, como tratar una vez más de derrocar el gobierno socialista de Cuba. El emperador Trump ha manifestado que en Cuba se trata de una «toma, una intervención amistosa», pero no entiende que desde los tiempos de Martí los cubanos saben que no son momentos de acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada bajo la consigna de que acá no se rinde nadie. Quedó claramente demostrado, tanto en Venezuela como en Irán cuando precisamente durante las negociaciones en que tanto Caracas como Teherán habían ofrecido concesiones, se produce la intervención armada por parte de los Estados Unidos precisamente porque el imperio no negocia, sino que conquista.

Después, en el transcurso del posterior debate se comentó que como el gobierno cubano surgió de una revolución armada, su pueblo es consciente que lo debe defender con las mismas armas, visualizando al imperio yanqui como su enemigo al cual se lo debe derrotar sin otorgarle concesiones. La cultura política genera conciencia política que actúa como una coraza frente a las provocaciones y los intentos de manipulación por parte del gobierno de los Estados Unidos que plantea una «transición o una toma amistosa» de Cuba. Se entiende que la falta de petróleo y el bloqueo en general producen el desabastecimiento de algunos productos, generando descontento en su población. Si bien las intervenciones en Venezuela y en Irán tienen por objetivo apoderarse de su petróleo, en el caso de Cuba se trata de evitar que su gobierno socialista sea un ejemplo de lucha y resistencia para otros pueblos que buscan su autodeterminación y soberanía. Se trata de una batalla ideológica. Como menciona Fidel que el imperialismo no negocia, sino que conquista, y lo hace desde su principio de poseer el destino manifiesto de apoderarse por la fuerza de los bienes de otros países en un acto de colonización permanente que incluye la colonización también de nuestras mentes. 

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 02 de mayo, un texto tomado de Luis Toledo Sande, titulado: “Fidel Castro: el asedio de la gloria”. 

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 04 de abril de 2026.

abril 02, 2026

Círculo de Lectura # 204 - Abril de 2026

 Círculo de Lectura # 204 - Abril de 2026

«Ninguno de los que hizo concesiones para sobrevivir, sobrevivió»

Editorial de La Tizza - 06 de marzo de 2026

Esta idea brotó de Fidel Castro, quien entendió como nadie que el imperialismo no negocia, conquista.

Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada

José Martí

Una reedición de las incursiones militares en pequeñas lanchas provenientes de los Estados Unidos -práctica nunca abandonada desde su estreno en los años sesenta- con el propósito de provocar un conato de rebelión en el país, volvió a fracasar estrepitosamente la mañana del 25 de febrero, cuando diez mercenarios armados hasta los dientes fueron derrotados por cinco guardafronteras cubanos, uno de ellos herido. El intento de medir la disposición combativa fracasó y solo queda la alharaca mediática en Miami. Nada nuevo bajo el sol.

Como habíamos advertido en anteriores momentos, el régimen de Washington, envalentonado por los resultados de su agresión contra Venezuela el pasado 3 de enero y el consiguiente cambio de régimen en Caracas, dirigiría sus acciones contra Cuba, cuya Revolución no ha sido nunca «la siguiente» en ninguna lista, sino la primera.

Los 32 cubanos caídos en desigual combate la madrugada del 3 de enero en Venezuela, sus compañeros que los sobrevivieron y los cinco guardafronteras del 25 de febrero demostraron lo que puede hacer un combatiente, aun aislado, frente a un enemigo superior en número y medios, cuando tiene fe en la justeza de su causa.

La palabra rendición no forma parte del lenguaje de nuestros soldados y, en última instancia, solo estaría asociada a la solución que los mambises propusieron para ella en el siglo XIX: guásima, cabuya y sebo. La valentía de los cubanos tiene una lectura por parte de los personeros de la junta militar- empresarial de Estados Unidos: con el pueblo cubano y su brazo armado no habrá un combate fácil que se decida en la víspera con el chantaje de una potencia atómica amenazando con borrarnos de la faz de la tierra.

En adición, herida e indignada, la fibra patriótica de nuestro pueblo se ha levantado en medio de las escaseces y privaciones materiales más inimaginables para protagonizar jornadas de homenaje a los mártires y al coraje de nuestros soldados, bajo aquella consigna que no pierde vigencia: «¡Aquí no se rinde nadie!».

Ante las amenazas de Donald Trump, así como de sus empleados de menor rango como Marco Rubio, se han movilizado el pueblo uniformado, las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior. Sucesivos Días Nacionales de la Defensa, con amplio despliegue de tropas y medios, dejaron poco margen a las dudas de lo que significaría para el imperialismo una aventura guerrerista en Cuba.

La nuestra es una revolución armada y, como tal, procurará alcanzar por medios pacíficos el respeto del enemigo, pero no dudará un segundo en defenderse con las armas en la mano ante cualquier amenaza: «son tiempos para acostarse con las armas de almohada», como diría José Martí.

Es en esas circunstancias y en medio de la cortina de humo que intentan levantar con presuntas conversaciones entre ambas partes, que ha aparecido la opción de la «toma amistosa de Cuba» por parte de EE. UU., de acuerdo con algunas declaraciones del jefe del régimen, Donald Trump, y otros funcionarios.

El timing de las declaraciones del encargado de la junta, unidas a las divagaciones de otros personeros menores, no es de poca importancia: se producen en medio de las amenazas, finalmente hechas realidad este 28 de febrero, de una agresión a Irán. En medio de esto, los extremistas de la emigración cubana huelen sangre y aprovechan la coyuntura para reactivar su viejo sueño de invasión.

Bajo el disfraz de una «intervención amistosa», buscan legitimar lo que no es más que la reedición de la violencia imperial. El ruido de la guerra les sirve de coartada para empujar sus obsesiones contra la Isla. Así, pretenden convertir la distracción internacional en plataforma para su cruzada reaccionaria. Es útil recordar, en esta coyuntura de guerra, un pasaje descrito por Bob Woodward en su libro Negar la evidencia, cuando uno de los anteriores jefes de la junta militar- empresarial de Washington, George W. Bush, también envalentonado por los resultados de un reciente cambio de régimen (el del Irak de Sadam Hussein), preguntó con entusiasmo al general de tres estrellas y procónsul yanqui en Irak, Jay Garner, si quería también «ocuparse» de Irán.

La respuesta de Garner fue que «los muchachos» y él mismo «se ofrecían» para Cuba, donde «las mujeres son más bonitas». Bush espetó: «Es tuyo, cuenta con Cuba». La historia, sin embargo, es bien conocida: Irak se volvió ingobernable, Garnier no tuvo a Irán, Bush pasó al basurero de la historia y Cuba resiste hasta hoy. Ni Garnier, ni Bush, ni Rumsfeld, ni Condoleezza Rice, ni Cheney, ni Colin Powel, ni la jauría miamense tuvieron a Cuba.

Más de veinte años después, pareciera que vuelven a rodarse las mismas imágenes. La historia no se repite, pero rima: envalentonado con los resultados de la invasión a Venezuela, el régimen de Trump-Vance-Rubio apuesta por una guerra contra Irán, cuyo desenlace no ha de ser ni el de Irak de 2003 ni el de Venezuela de 2026, y acentúa el bloqueo contra Cuba, como arma de aniquilación física.

Disminuida la adrenalina de enero pasado tras la agresión a Venezuela y rotos los augurios de una rápida e inminente caída de la Revolución cubana mediante alguna acción armada combinada con una explosión popular, Trump y sus secuaces han comenzado a hablar de una «toma amistosa» de Cuba.

El imperialismo y sus cipayos externos e internos no entienden otro lenguaje que no sea el de la fuerza y el de demostrarles que ni comemos miedo, ni defecamos susto. Cualquier muestra de debilidad es combustible para que avancen sobre nosotros sin piedad alguna. El imperialismo no quiere concesiones nuestras, quiere nuestra rendición en pleno y no tiene sentido presentarnos como conciliadores y «reformadores» en abstracto, como nueva forma de un deshonor que evite una guerra. La historia demuestra con demasiada elocuencia que, puestos a elegir ante un enemigo poderoso y cruel, entre el deshonor y la guerra, quien elija lo primero para evitar el conflicto, tendrá, en definitiva, deshonor y guerra.

Los más recientes casos de agresión imperialista (Venezuela e Irán) se han producido en medio de negociaciones en las cuales tanto Caracas como Teherán habían ofrecido concesiones. Su voluntad de negociar y de conceder no logró evitar la agresión, en definitiva. El rugido de los cañones con los cuales Irán responde ahora a la intervención norteamericana es su mejor carta de negociación: la otra opción es ceder la soberanía. El corolario es claro y ha estado siempre en el centro de nuestra doctrina militar: disuadir al enemigo de una guerra, haciéndole ver lo caro de una aventura militar. Como dijo el Che, «no se puede confiar en el imperialismo ni tantito así, nada».

Cuba no tiene nada que negociar con el régimen de Washington que no sea el levantamiento total e incondicional del bloqueo y la guerra económica, el cese de la hostilidad política y la renuncia a la política de cambio de régimen, la salida del ejército estadounidense del territorio ocupado ilegalmente en Guantánamo y el reconocimiento de que los destinos de Cuba se deciden en Cuba y no en Miami.

Quienes creen hablar por y en nombre del pueblo de Cuba — y aun estando en Cuba hay quienes piensan y actúan como en Miami y en nombre de los intereses del capitalismo miamense — y proponen la rendición a plazos, una especie de Zanjón a crédito que salve el pellejo de sus intereses de clase, deberían tomar nota de lo sucedido en Venezuela e Irán.

También debería servir de advertencia para quienes creen, desde una parte de la burocracia cubana — más atenta a veces a cuidar sus status quo que la soberanía nacional — que las élites imperialistas no preferirán antes administradores más eficientes y leales de lo que ellas han resultado ser.

Entretanto, el pueblo cubano ha sido forzado, por el bloqueo, por el subdesarrollo, por los incontables errores internos, a una lucha por la supervivencia. Quizás muchos, cansados de esa agotadora batalla diaria, crean que ya no vale la pena resistir, que el gobierno debería conceder a una coexistencia pacífica con el imperialismo yanqui. Pero quien lo haga no debe olvidar que dicha coexistencia estaría condicionada al abandono de la soberanía. Como ha dicho Marco Rubio, se conformarían con un cambio del modelo socioeconómico, es decir, con una transición al capitalismo a la antillana: con sistemas políticos corruptos y entreguistas, una sociedad altamente desigual, sin políticas sociales, con una economía deforme y con las mafias del narco como un Estado paralelo. No hay ganancias para el pueblo en esa transición, solo empeoramiento.

En las actuales y previsibles circunstancias conviene recordar el daño extraordinario que ha significado la agresión sostenida de EE. UU. contra nuestro pueblo. Nuevamente solos frente al imperialismo, el régimen de Washington cree que ha llegado «la hora final de la Revolución» y han desplegado su enorme diapasón de medidas de bloqueo selectivo y cada vez más clasista, que buscan alejar cada vez más al pueblo del Estado — heredero simbólico de la Revolución de 1959 — y con ello preparar una «toma amistosa» de Cuba. Juegan a la vieja estrategia de combinar el garrote y la zanahoria. Hay quienes se asustan con el garrote y hay quienes aspiran a comer de la zanahoria en un pastel que, por definición, deja fuera a buena parte del pueblo cubano: todos son, por igual, traidores y cómplices.

Un hombre o una mujer pueden ser comprados, vencidos por la superioridad del enemigo y derrotados por la falta de fe en su gente, pero nunca un pueblo entero. ¡No somos los primeros revolucionarios en pensar así! Y, como demostraron nuestros compañeros del 3 de enero, ¡no seremos los últimos!

 

marzo 12, 2026

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 203

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 203

“¡Levántense con Cuba, pueblos del mundo!”

Este texto fue tomado del periódico digital cubano La Tizza, con fecha 03 de febrero 2026. Se trata de un análisis por parte del equipo editorial del periódico, acerca del agresivo avance imperial hacia Cuba después de la invasión militar a Venezuela con el secuestro de su presidente democráticamente electo Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. El bloqueo naval para evitar la entrada de petróleo y combustible a la isla, es un tremendo golpe dentro de la guerra económica que castiga al pueblo cubano desde hace ya más de seis décadas, en su afán de hacer colapsar al país. Es un llamado de atención a aquellos gobiernos que se hacen los distraídos, manifestándose con tibias retóricas de protesta por lo que está ocurriendo. De un lado se sitúan quienes con un verdadero sentido patriótico deciden cerrar filas con el pueblo cubano, y por el otro están y se visibilizan con cada vez más claridad los oportunistas que buscan mendigar algunas migajas al imperio, y la derecha fascista cubanoamericana que sin escrúpulos le piden al emperador Trump alguna cuota de poder que no han logrado conquistar por sí mismos. El odio visceral del imperio hacia Cuba se debe a que no toleran que su pueblo haya conquistado su independencia, libertad y soberanía mediante su propia lucha y autodeterminación. Ante las solicitudes de negociación por parte del gobierno de los Estados Unidos, que solo significa regresar a su tutela colonial, no sería más que un suicidio como nación en una lucha que surgió hacen ya más de ciento cincuenta años. Dice el artículo que de las potencias externas nada pueden esperar, y que en momentos de extrema crisis como éste, Cuba solo cuenta con su propio pueblo. Hace un llamado a todos quienes tengan en su recuerdo los resultados de las diferentes agresiones imperiales en cualquier parte del mundo, donde sus guerras solo sirvieron para enriquecer aún más a los que ya eran ricos, incrementando la pobreza de la mayoría de la gente. Un llamado a las diferentes formas de movilización tanto a personalidades de la cultura, del arte y demás áreas de influencia, como a los congresistas norteamericanos que repetidamente han pedido una modificación de las relaciones con Cuba. Ante la certeza que la guerra imperialista nunca trae democracia ni libertad, te decimos: ¡Levántate con Cuba!

Después, en el transcurso del posterior debate se puso en valor la necesidad de ser solidarios con el pueblo y el gobierno cubanos, para lo cual se debe lograr una mayor concientización política de los pueblos. Recordamos la reflexión de Andrés Manuel López Obrador cuando, ante la negativa de los Estados Unidos de levantar el bloqueo a Cuba, manifestó que no solo se debía votar en la Asamblea anual de las Naciones Unidas en contra del bloqueo, sino que se debía actuar en consecuencia. México históricamente ha mantenido relaciones diplomáticas amistosas con Cuba, enviando además buques petroleros y también con ayuda humanitaria. Se comentó que fueron dos los buques petroleros rusos que han sido interceptados por los Estados Unidos en altamar para evitar la llegada del necesario combustible a la isla. Hoy ante los prolongados apagones de hasta veinte horas diarias, Cuba no puede contar con el ingreso de divisas provenientes del turismo, que también se ve reducido. Es de valorar el enorme sentido de resiliencia y de lucha del pueblo cubano que con un profundo sentido solidario afronta la difícil situación creada por el bloqueo petrolero que se suma al bloqueo que ya viene azotando a la isla por más de seis décadas. Por último, se manifestó que la real y verdadera ayuda al pueblo cubano sería poder lograr vencer al imperialismo yanqui, y en esa lucha debemos alinearnos todos los pueblos del mundo.

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 04 de abril, un texto tomado del boletín electrónico La Tizza, titulado: “Ninguno de los que hizo concesiones para sobrevivir, sobrevivió”.

https://medium.com/la-tiza/ninguno-de-los-que-hizo-concesiones-para-sobrevivir-sobrevivi%C3%B3-ed49e1a30976

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 07 de marzo de 2026

marzo 06, 2026

Círculo de Lectura # 203 – Marzo de 2026

 Círculo de Lectura # 203 – Marzo de 2026

“¡Levántense con Cuba, pueblos del mundo!”

La Tizza Boletín electrónico – 03 de febrero 2026

«Me hirieron. ¡Viva Cuba!»

Primer Coronel Lázaro Evangelio Rodríguez (Últimas palabras del Primer Coronel Lázaro Evangelio Rodríguez, caído en combate protegiendo al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros).

«El aire toma forma de tornado y en él van amarrados la muerte y el amor…»

Silvio Rodríguez Domínguez, «Preludio de Girón»

Después de que la invasión imperialista a Venezuela, el pasado 3 de enero, arrancara del seno de su pueblo al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, la jauría fascista de la política cubanoamericana ha vuelto a salivar por Cuba.

El fin de la Revolución se descorcha, otra vez, con la esperanza de que el brindis no quede solo en la resaca.

La caída de 32 héroes cubanos, en feroz y desigual combate contra los carniceros del despojo yanqui, no anticipa — como algunos piensan — la derrota de Cuba. Su sacrificio anuncia otra cosa: la activación de la fibra mambisa, que es la fibra madre de la patria: «quien intente apropiarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha». (Carta de Antonio Maceo al patriota cubano José Dolores Poyo, director del periódico independentista El Yara, de Cayo Hueso, dirigida el 13 de junio de 1884 desde San Pedro Sula, Honduras).

Llegado este punto en que los portaviones yanquis acechan las costas de Cuba, en que los rumores de incursiones aéreas del enemigo sobrevuelan el carácter y las conciencias, ¿qué falta por explicar?

Con el bloqueo naval a la entrada de combustible, coronando el meticuloso sistema de guerra económica orientado a hacer colapsar nuestro país, ¿qué dudas quedan por responder?

Ahora que el derecho internacional exhibe como nunca antes de quién es ese derecho y entre quiénes se disputa… Cuando casi todos los gobiernos «no alineados», o de retórica «progre» miran a otro lado; cuando los bloques de la supuesta integración, las alianzas, los foros, las comisiones mixtas y congresos eluden el compromiso práctico y material con Cuba y ofrecen, a lo sumo, declaraciones de su consternación e impotencia; ¿a quiénes acudir en primer lugar sino a los pueblos para enfrentar este cerco imperialista que más se arrecia cuanto más sola y abandonada a su suerte descubre a Cuba?

Los campos se deslindan. De una parte, simpatizando o no con el gobierno cubano, siendo o no comunistas, viviendo en Cuba o donde sea, creyendo en cualquier Dios o en ninguno, se han agrupado quienes entienden que está amenazada la Patria, y que con ella hay que cerrar filas. Nada valen en estos días las diferencias entre patriotas. Insistir hoy en ellas, con la bestia delante, es un crimen de lesa patria.

De otra parte, se han situado los oportunistas, sin posibilidad ni deseo de ocultarse o de disimular sus intenciones, respaldados como se sienten por el imperio que los organiza. Es preferible que así sea: nos ahorra desenmascararlos y nos permite pasar directo a la confrontación.

En las horas decisivas, donde toda bruma se disipa y la luz permite ver mejor, ha quedado más claro para quiénes la perspectiva de agresión contra Cuba no es motivo de angustia, indignación o rebeldía, sino una oportunidad para mendigar.

Los personeros de la derecha fascista cubanoamericana — con sus patéticas sucursales en Latinoamérica y Europa — mendigan al emperador Trump que les gane el poder que no han tenido la audacia ni el valor de conquistar por sí mismos, y que complete luego la revancha sobre el pueblo que hizo la Revolución, y que nunca los ha respetado.

No consiguen siquiera sentir vergüenza de que los vean celebrando una posible agresión militar o pidiendo que Cuba sea gobernada por un virrey gringo, por un renegado de sus orígenes filiales que se disfraza de cubano cuando el cabildeo del sur de la Florida se lo exige.

Ya nadie podrá escandalizarse cuando les llamemos «anticubanos» o «apátridas».

Pero en la acera del oportunismo no se pasean solo los MAGA-cubanos. El arco del oportunismo se mueve de los herederos de Batista a los albaceas morales de Carlos Prío. Esos que aprovechan este momento de peligro extremo para, lejos de cerrar filas con el frente de la patria, andar mendigándole — ellos creen que le exigen, pero en realidad le mendigan — al Estado cubano alguna prebendilla, algún favor económico, alguna concesioncilla, alguna cuotica de poder, como si el poder se pudiera mendigar — ¡o regalar! — . ¿Qué son esos? ¡También oportunistas! Porque hoy ninguna agendita particular o de grupo debería estar por encima de la supervivencia de la nación.

El problema de los imperialistas yanquis no es con el gobierno cubano; no es con tal o cual característica de la administración pública; no es con la desigualdad o la pobreza existentes. Su problema no es con «la situación del pueblo cubano», sino con que ni el país ni esa situación — a pesar de los costos de su tenaz y fracasado bloqueo — les pertenezcan. El problema de los imperialistas yanquis no es de nombres, es de contenidos. Por eso hubo en Cuba “República”: de ellos; “Libertad”: para obedecerles a ellos; “Democracia”: para que se turnaran en el festín del alquiler nacional los servidores de ellos. No les preocupa si hacemos el capitalismo o el socialismo — como lo demuestra su ofensiva en el momento de mayor entronización de la propiedad privada en Cuba — . Les preocupa que seamos nosotros quienes hagamos aquí las cosas y no ellos. Les irrita que nos atrevamos a ser y que hayamos descubierto los arcanos de nuestra identidad: para ser, tenemos que ser contra ellos, los imperialistas yanquis. No hay otra forma. Por eso nación y antimperialismo se presuponen. Por eso justicia social y libertad están cosidas juntas en la misma bandera.

Los activistas de redes sociales, díscolos e iconoclastas ante el agredido, pero siempre cautos y bien portados ante el agresor; ¿por qué le demandan voluntad negociadora a Cuba? ¿Qué debe y cómo puede negociar con un asesino quien vive siendo emboscado por su séquito de perseguidores?

Con la mira en la sien, «entiéndanse», «dialoguen», «negocien», son recomendaciones que en realidad se parecen mucho a un «ríndanse». En medio de la aguda lucha ideológica que acompaña esta batalla por la sobrevivencia de todo un pueblo, debemos impedir que el miedo se vista de sensatez. Esta última cabría aconsejarla, en todo caso, a los jefes espirituales de la cobardía para quienes la vida y la muerte son créditos de un videojuego que programan desde la seguridad y el confort de su cuarto de máquinas.

Los que se han apurado a pedirle reformas al gobierno cubano, con la ilusión vana de que nos perdonen la revolución que hicimos — aunque la dignidad no sobreviva al «favor» de dicho «perdón» — , sepan que la revolución tuvo que ser socialista para ser de liberación nacional. Fue esa la única forma histórica en que pudo realizarse la idea que obsedió durante más de cien años a los patriotas cubanos y que Diego, el personaje de «Fresa y chocolate» resumió de modo inmejorable: «tampoco quiero que vengan los americanos, ¡ni nadie!, a decirnos lo que tenemos que hacer».

La voluntad de alcanzar la soberanía para la persona esclavizada y la nación en ristre ha jalonado la historia de Cuba desde hace dos siglos. Una identidad que se ha abierto paso contra todo pronóstico, que ha pugnado por existir a contrapelo de poderosas fuerzas disolventes de ayer y hoy. Los gendarmes del «norte revuelto y brutal que nos desprecia» se afirman en tanto poseen, en tanto someten, en tanto destruyen, en tanto compran y venden, en tanto saquean. Los cubanos y cubanas, en cambio, nos afirmamos en tanto somos, no lo que han querido hacer de nosotros, sino lo que hemos querido ser por nosotros mismos.

La saña contra Cuba esconde el terror que les provoca nuestra promesa, tan asediada e incompleta como irrenunciable.

La derrota de esa promesa, la aceptación definitiva de la posición colonial y subordinada no sería otra cosa que el suicidio de la nación: la muerte de lo que Cuba ha sido, no desde 1959, sino desde hace más de ciento cincuenta años.

Con el imperialismo no hay arreglo posible. Su existencia y la nuestra son antagónicas y seguirán colisionando. La agresividad del imperialismo yanqui hacia Cuba — sus bloqueos, sus formas institucionales oscilantes entre el garrote y la zanahoria, sus chantajes al resto del mundo — solo tiene dos vías para desaparecer: la derrota en toda la línea de ese imperialismo o la rendición en toda la línea de Cuba. La relación bilateral entre los dos Estados no agota tamaña disyuntiva: está inserta en ella.

Frente a este escenario, los dirigentes del Estado cubano, para liderar la nación y cumplir sus deberes sagrados con ella, no pueden ser presa de vacilaciones ni debilidades. Conceder iniciativa al enemigo — externo o interno — no traería paz ni estabilidad, sino derrota.

La defensa de la soberanía exige decisión política, claridad estratégica y conducción firme: o dicho en otros términos que conocemos bien: «desafiar poderosas fuerzas dominantes… luchar con audacia, inteligencia y realismo».

El bloqueo naval vigente y los chantajes arancelarios a terceros, que impiden la llegada a Cuba de suministros de petróleo indispensables para sostener la vida cotidiana, profundizan un escenario de crisis impuesto y planificado, frente al cual nuestra capacidad para gestionar el estrecho margen de maniobra se convierte en un factor de seguridad nacional. De manera simultánea, se despliega una secuencia ininterrumpida de operaciones psicológicas encaminadas a producir miedo, angustia, desesperación e ilusión con un futuro nacional halagüeño bajo la tutela yanqui. Lo anterior combina rumores y amenazas difusas con prefiguraciones de la inteligencia artificial sobre cuán prósperas y hermosas lucirían nuestras ciudades si se acaba este «martirio» de 67 años.

Cuba no es «la siguiente» en la lista, siempre ha sido la primera. Desde Honduras en 2009 hasta Venezuela en 2026, pasando por Paraguay, Ecuador, Chile, Brasil, Argentina y Bolivia, se golpearon los eslabones más débiles de la cadena con un objetivo final, harto conocido, aislar y asfixiar a la Revolución cubana. La intervención imperialista en Venezuela no fue solo contra ese pueblo, sino contra toda América Latina y el Caribe, y muy especialmente contra Cuba. No se trató de un exceso ni de un desvío, sino del punto de condensación de una estrategia regional.

El contexto actual de la solidaridad efectiva de otros gobiernos con Cuba es vergonzoso, en contraste con la solidaridad que se manifiesta persona a persona y pueblo a pueblo. Queda México como único proveedor de petróleo y ya se ejercen fuertes presiones para que esa ayuda expire. No es un escenario descartable si se tiene en cuenta el estilo de Donald Trump, que entrelaza agresiones brutales, chantajes directos y presiones abiertas de distinta índole.

China y Rusia expresan acompañamiento y denuncia discursiva, pero ninguno de ellos ha mostrado disposición a correr la misma suerte del pueblo cubano ante una agresión directa. Apoyo simbólico, cálculo estratégico, y una isla empujada a enfrentar casi sola la escalada bélica cuidadosamente provocada. De potencias externas nada esperamos. Como expresó Antonio Maceo: «mejor subir o caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con vecinos tan poderosos». Ya habíamos aprendido desde hacía tiempo que en las horas decisivas, Cuba solo cuenta con su propio pueblo.

A la soledad se suma el silencio de los grandes dispositivos diplomáticos en la región y el mundo. Estructuras que existen en el papel, pero de las que no se reciben gestos de apoyo concretos, capaces de alterar el curso de los acontecimientos.

Todos aquellos que abandonan a Cuba a su suerte — por cálculo geopolítico, por pragmatismo diplomático o por simple y llano temor — deben saber que no son neutrales y que, por tanto, se convierten en colaboradores de facto. Su silencio o inacción no evitan la guerra, sino que despejan su camino a la distancia. Cada gesto que no llega y cada apoyo que se dilata contribuyen con el montaje del escenario de una invasión contra Cuba o de una conmoción social, resultado de la desesperación popular, que se lo lleve todo por delante.

A quienes hoy, por acción u omisión, se colocan al servicio de una agresión contra su propio país, debe quedarles claro que no habrá impunidad histórica ni política. Los pueblos tienen memoria, y las responsabilidades asumidas en horas cruciales no se borran ni con el tiempo ni con el exilio.

Abocados al enfrentamiento del plan para convertir a Cuba en la Gaza del Caribe, te hablamos primero a ti, pueblo de los Estados Unidos, en tu infinita diversidad. A cada ciudadana y ciudadano que no soporta ya el desvarío dictatorial que gobierna la Casa Blanca. A ti, que vives asediado, asediada por los incontables problemas de una sociedad que dista mucho de ser «grande de nuevo».

Te hablamos a ti, que recuerdas cada una de las guerras en las que los ricos se volvieron más ricos y los pobres, más pobres, y en las que lo único que regresó a tu casa — cuando algo regresó — fueron los cuerpos inermes de tus hijos. Guerras ajenas, decididas en despachos, hechas por jóvenes que, para ganarse la vida, se vieron obligados a segar otras.

Le hablamos, además, a la numerosa comunidad de cubanos y cubanas que reside en los Estados Unidos y que no es presa del odio del «exilio histórico». Muchos fueron educados en el humanismo y la fraternidad de nuestras escuelas y calles, y no están dispuestos a consentir en silencio una agresión contra su propio pueblo.

No dejes que tus hijos vayan a otra guerra. No los dejes despedirse para ir a morir enfrentados en Cuba a otro pueblo que no es tu enemigo.

Son muchas las formas de movilizarte. Convocamos a los múltiples grupos académicos que mantienen relaciones con Cuba, a los Pastores por la Paz, al Consejo Mundial de Iglesias, a personalidades de la cultura, actores y actrices que se han manifestado con fuerza contra el atropello a los derechos y la deriva fascista que Trump representa. A congresistas y senadores que durante mucho tiempo han exigido una modificación de las relaciones con Cuba, sin pretensiones de sometimiento ni afanes guerreristas.

A todos quienes se sientan interpelados por este llamado para evitar la muerte segura e inevitable en el asalto que se prepara a sus espaldas. Ayuden a detener la barbarie. Solidarícense con Cuba.

A los pueblos hermanos de Cuba, a las organizaciones solidarias, a quienes saben que la guerra imperialista nunca trae democracia ni libertad: es el momento de la movilización eficaz, sostenida y visible, por todas las vías posibles, contra la guerra y en defensa de la vida. Cada país y representación diplomática deben convertirse en escenarios de hermanamiento y compromiso. Cada embajada de los Estados Unidos debe sentir el peso de la solidaridad de masas.

Si alguna vez fuiste atendido en las misiones médicas cubanas; si alguna vez aprendiste a leer con el método «Yo sí puedo», o si estudiaste en esta tierra, te decimos: ¡Levántate con Cuba!

Pueblos del África que a su llamado contaron con nuestros soldados, combatientes, médicos y maestros: ¡llegó la hora crucial de la solidaridad con Cuba!

Pueblos de América con quienes quedó sellado nuestro destino en aquella mirada postrera del Che: ¡movilícense ahora!

Pueblos del mundo, Cuba les ofrece un lugar para pelear. 

febrero 17, 2026

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 202

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 202

 “Impedir a tiempo, con esa fuerza más”

 Este texto fue tomado del periódico digital de Cuba, La Tizza con fecha 22 de diciembre de 2025, doce días antes del brutal ataque militar perpetuado por fuerzas especiales del ejército de los Estados Unidos a la capital venezolana para consumar el secuestro de su presidente democráticamente electo, Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores. Se trata de un análisis por parte del equipo editorial del periódico con respecto a las amenazas a la cual está sometido el pueblo y el gobierno de Venezuela. El declive de la hegemonía imperial de los Estados Unidos, los lleva a este tipo de acciones con la finalidad, no solo de apoderarse del petróleo, sino también de presionar a otros gobiernos de la región que defienden su soberanía a someterlos bajo su dominio. Pretenden además, con estas agresiones militares, generar un ambiente de confusión en la opinión publica en general para tratar de ocultar la enorme crisis generada por sus propios problemas internos. Más allá de la circunstancial consolidación de algunos gobiernos de derecha, es un llamado a los demás países y pueblos a organizarse en un gran frente antimperialista en defensa de Venezuela y la soberanía de toda Nuestramérica. 

 

Después, en el transcurso del posterior debate se planteó que el contenido del texto abordado tiene un carácter de premonición política, comparable con una profecía, ya que en solo dos hojas plantea una posible situación que finalmente se viera consumada pocos días después. Nos llamó la atención que los Estados Unidos puedan contar con una ley, la Ley de Poderes de Guerra, mediante la cual se pueda ordenar una acción militar «limitada» por hasta sesenta días, sin autorización del Congreso. Nos preguntamos entonces de qué democracia estamos hablando, si permite semejante atrocidad. Esto es comparable a su poder a veto ante las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas, como es recurrente año a año con el pedido manifiesto de la enorme mayoría de las naciones del mundo frente al levantamiento del bloqueo a Cuba. Luego el debate giró hacia la actual situación de Cuba con el implacable y férreo bloqueo al suministro de combustibles a la isla. Se trata de la reimposición de la vieja Doctrina Monroe en su versión calificada como “Corolario Trump”. Entendimos y acordamos como válido el llamado a todos los pueblos de América Latina y el Caribe, es decir Nuestramérica, a crear un verdadero frente antimperialista militante y activo, para la defensa de la soberanía de Venezuela.  

 

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 07 de marzo un texto tomado del boletín electrónico La Tizza, titulado: “¡Levántense con Cuba, pueblos del mundo!”.

 

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 14 de febrero de 2026.

febrero 05, 2026

Círculo de lectura # 202 – Febrero de 2026

 Círculo de lectura # 202 – Febrero de 2026

 

“Impedir a tiempo, con esa fuerza más”

 

Por: Editorial de La Tizza – 22 de diciembre de 2025

 

Las recientes acciones del gobierno de Donald Trump — el anuncio de un bloqueo naval y la consolidación de una zona de exclusión aérea sobre Venezuela — no son movimientos aislados ni meras expresiones intempestivas; tampoco son los actos de un loco ni las improvisaciones de un outsider en la política estadounidense. Constituyen una escalada calculada dentro de un escenario regional e internacional que, peligrosamente, se ha ido alineando para hacer de la intervención militar una opción factible en los planes del poder imperial.

En el centro de la tormenta se encuentra la necesidad estratégica que tienen los Estados Unidos de reconfigurar su hegemonía en declive. El llamado «Corolario Trump» es la actualización impúdica de la vieja Doctrina Monroe: América Latina y el Caribe sigue considerándose espacio vital y campo de experimentación. Para un imperio que percibe el fin de su ciclo de dominio global incontestado, la Venezuela bolivariana — con todas sus contradicciones y a pesar de su asedio — representa el obstáculo simbólico y material más robusto. Su control significaría no solo apoderarse de las mayores reservas petroleras del planeta, sino también enviar un mensaje de disciplinamiento a cualquier proyecto de soberanía en Nuestra América.

Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América, noviembre de 2025

 

Toda política exterior es, en esencia, una proyección de la política interna.

 

Donald Trump se encuentra asediado: una base electoral fracturada, procesos judiciales que no terminan y revelaciones escandalosas, como los Expedientes Epstein, erosionan su gestión. En ese contexto, la creación de un enemigo externo espectacular se convierte en una tentación poderosa. El «efecto bandera» — esa oleada de apoyo patriótico que suele recibir un presidente en crisis durante un conflicto bélico — es un salvavidas histórico. La Ley de Poderes de Guerra le ofrece, además, la herramienta perfecta: la posibilidad de ordenar una acción militar «limitada» por hasta sesenta días sin autorización del Congreso. Una guerra corta, de alto impacto mediático y un «bajo» costo político podría ser el distractor perfecto para sus graves problemas internos.

 

El panorama geopolítico de América Latina parece favorecer a los Estados Unidos. La proclamación de José Antonio Kast en Chile, heredero político de la dictadura de Pinochet, y la presidencia de Javier Milei en Argentina, son ejemplos claves. A ellos se suma el suicidio político del MAS en Bolivia, el autoritarismo lacayo de Noboa en Ecuador y de Bukele en El Salvador, y la inestabilidad plutocrática en Perú. Ese eje reaccionario y oligárquico configura el flanco político favorable a una intervención en Venezuela.

 

Frente a eso, las fuerzas progresistas y de izquierda aparecen desarticuladas, sin una coordinación continental efectiva, con una vocación de poder debilitada, demasiado «bien portadas» y respetuosas del orden capitalista y, en muchos casos, más enfocadas en aprender a ceder que en construir y disputar hegemonía. Brasil, Colombia, México y Uruguay están llamados a tener un papel mucho más activo y beligerante, con independencia de sus opiniones sobre el gobierno venezolano.

 

Durante años, mediante un cerco mediático global y cierta complicidad interna, se ha construido a Venezuela como la víctima propiciatoria, el «Estado fallido» cuya desestabilización justifica cualquier medida.

 

Se ha alimentado la ilusión de que «entregando» a Venezuela se calmará la voracidad del imperialismo. Es una trampa mortal.

 

El imperialismo no se sacia; es la bestia antropofágica por excelencia, cuya hambre solo crece con cada nuevo bocado. Creer que las concesiones aplacarán su apetito es un suicidio histórico.

 

Ante tal escenario, ¿qué forma concreta adoptaría la agresión? La historia reciente de intervenciones norteamericanas sugiere que han aprendido la lección del empantanamiento que sufrieron en Irak y Afganistán. Una invasión terrestre masiva y una ocupación prolongada de Venezuela pueden tener un alto costo humano, económico y político. Por ello, el bloqueo y la zona de exclusión funcionan como instrumentos multidimensionales. Más allá del aislamiento logístico, son una gigantesca operación psicológica y de inteligencia.

 

El objetivo último podría no ser el desembarco de marines, sino forzar la defección de las Fuerzas Armadas venezolanas mediante sobornos, amenazas y promesas de inmunidad, o la aceptación de salidas negociadas, onerosas y subyugantes. Apuestan a un quiebre interno.

 

Si esa vía falla, la opción alternativa es el «modelo israelí», ensayado en Gaza, utilizado contra Hezbollah y aplicado a Irán: un ataque quirúrgico con drones o misiles de precisión contra el liderazgo político y militar en Miraflores o instalaciones claves. Sería una acción rápida, de alto impacto visual y bajo costo aparente — en vidas estadounidenses — , destinada a decapitar a la conducción política de las fuerzas bolivarianas y generar un caos controlado que facilite un cambio de gobierno. Buscan el máximo efecto desestabilizador con el menor despliegue convencional.

Frente esa amenaza existencial, los pueblos de América Latina y el Caribe no pueden refugiarse en la complacencia ni el análisis estéril. El imperialismo solo comprende el lenguaje de la fuerza y la resistencia organizada.

 

La única filosofía posible es la de la solidaridad militante y activa.

 

Si Rusia y China son — como le atribuyen muchos movimientos del campo popular — los poderes globales emergentes, contrapeso de la decadente hegemonía noratlántica; si son, como pregonan en cada foro internacional ante el babeante aplauso de algunos compañeros, los parteros de un orden multipolar, ¿por qué contemplan impasibles el desenvolvimiento del asqueroso tablero de la geopolítica? ¿Es esa la promesa en la que no pocos cifran sus esperanzas de un nuevo orden mundial? ¿El «mundo basado en reglas» de Gaza? ¿La multipolaridad de los «patios traseros»? Nunca como hoy estuvo tan claro que la responsabilidad principal es nuestra, de los pueblos. Venezuela somos todos. El primer proyectil que estalle sobre su cielo será la declaración de guerra contra la soberanía de toda la Patria Grande.

 

Ninguna nación estará a salvo en un continente recolonizado, salvo la transnación burguesa sometida.

 

Debemos preparar una movilización continental capaz de converger en la defensa de la soberanía venezolana por todas las vías posibles. Un verdadero frente antimperialista. Lo que se decide en Venezuela no es la posibilidad o la existencia del camino socialista, el gobierno de «fulano» o la política económica: se decide el derecho que tiene un pueblo soberano a ser, a existir, a disponer de sus recursos y a la rebeldía contra el conquistador. Y eso atañe a todos los pueblos y a todas las personas sin alma de esclavo.

 

También, el destino de la izquierda hemisférica se decide allí. No puede calificarse sino de servil y autofágica la actitud de esas izquierdas timoratas y desdentadas que, para mendigarle una migaja de respeto a los «que nunca han respetado a los pueblos ni a las personas dóciles», han dado su espalda a Venezuela desde hace años, o dudan de ella pidiéndole fe de bautismo y pruebas de pureza doctrinal, o se suman a lo que contra ella se esgrime para doblegar su soberanía y su resistencia, o abiertamente conspiran con los enemigos de los pueblos para devolver a Venezuela al redil yanqui. Traidores. Nada han aprendido aún del tsunami de la ultraderecha continental, que pretende coronarse con la «solución final venezolana». Nada han entendido de lo que sería una Venezuela en manos del imperialismo norteamericano otra vez y de la derecha fascista venezolana: un nuevo cuartel general para la ultraderecha en el hemisferio, un fascismo alimentado con petrodólares, dispuesto a destruir todo lo que parezca izquierda más allá de sus fronteras. Ese apetito y disposición no lo han disimulado jamás los venezolanos de ultraderecha.

 

En cuanto a nosotros, un pueblo que ha conseguido y resuelto las cuestiones más importantes de su historia con la prédica de los fusiles, sabemos desde nuestros primeros años de vida el espíritu y el carácter del imperialismo. Muchos cubanos y cubanas dentro y fuera de Cuba, que dominamos los fundamentos mínimos para la guerra de todo el pueblo, estaremos dispuestos en el instante decisivo a defender a Venezuela por todas las vías posibles. Legarle a las futuras generaciones un hemisferio occidental libre de imperialismo es un compromiso irrenunciable.

 

Nos asiste una certeza fundamental: solo si los Estados Unidos entienden, en sus fríos cálculos, que el costo de invadir será insoportablemente alto por la respuesta unida de los pueblos, se podrá torcer este rumbo belicista. El verdadero peligro no es solo que Trump se atreva, sino que nosotros, los pueblos, no estemos a la altura de la historia si lo hace. Que nuestro compromiso sea, como convocara el Che, el de «correr la misma suerte», lejos de toda salida timorata.

 

En la defensa de Venezuela se juegan la dignidad y la libertad de todo un continente.