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octubre 05, 2025

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 198

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 198

Socialismo: en busca del «eslabón perdido» entre utopía y realidad. Una visión desde Cuba

Se trata de un texto tomado de la revista digital cubana “La Tizza” con fecha 7 de agosto de 2025, escrito por Roberto Regalado Álvarez (politólogo y diplomático cubano, actualmente jefe de Sección en el Departamento de Relaciones Internacionales del Partido Comunista de Cuba). Se trata de un análisis crítico acerca de la situación actual de Cuba, donde se argumenta que no solo sufre una crisis económica debido al bloqueo como principal factor externo, sino una crisis interna de carácter ideológico, político, económico y social. En abril de 2021 se llevó a cabo el VIII Congreso del PCC, donde se hizo un balance de los logros y errores del proceso ideológico, político, económico y social iniciado el 1ro. de enero de 1959, con énfasis en los resultados de las reformas emprendidas en 2010 y 2011. Sin embargo, el socialismo cubano aún no ha encontrado el camino hacia lo que él llama “la tierra prometida”, elevando el nivel de vida material de su pueblo.

Después, en el transcurso del posterior debate se comentó acerca de que la realidad cubana tiene varias aristas, partiendo del cruel bloqueo que, por persistir y profundizarse cada vez más a lo largo de tantos años, ha generado un natural desgaste en la lucha por superar las consecuencias del mismo. Claramente se le deben sumar errores cometidos, como se cometen en cualquier obra humana, que probablemente como menciona el autor en su análisis, se deba también a que en lugar de transferirle el poder político a las nuevas líneas de conducción solo se les ha transferido los cargos en el estado. Habrá sido un error político o una desconfianza en la continuidad del ignoto camino de la construcción del socialismo por parte de las nuevas generaciones, aunque también menciona que no se han puesto totalmente en práctica todas las resoluciones de las reformas emprendidas en 2010 y que luego quedaron engavetadas, según el análisis de Raúl Castro. El resultado concreto es que la calidad de vida del pueblo no se ve mejorada a lo largo del tiempo, lo que se enfrenta en el pensamiento de Gramsci que dice que siempre debemos buscar de lograr un bienestar de reserva para enfrentar los momentos de crisis y no caer en un deterioro biológico que trae como consecuencia un deterioro sicológico. Posiblemente estos resultados adversos ayuden a generar el proceso de desideologización en el pueblo, agravado por las redes sociales que inundan y tratan de manipular las conciencias. Después se comentó el ejemplo del llamado “socialismo chino” que está demostrando su éxito en muchos aspectos. Pareciera que fuese como un escalón intermedio entre el capitalismo y el socialismo donde aún prevalece la economía del mercado, y que en esta etapa se debe convivir con él. Recordamos que el líder comunista chino Deng Xiaoping manifestó que el mercado es un pésimo amo, pero es un excelente esclavo. Pero para ello se debe contar con un estado y un gobierno muy poderoso dirigido por un fuerte partido comunista como en el caso de China, para poder transformar al amo mercado en su esclavo, y obtener de él todos los recursos económicos necesarios para, en primer lugar sacar de la pobreza a cerca de ochocientos mil habitantes como han logrado en unas pocas décadas, y luego generar un rápido proceso desarrollo de sus fuerzas productivas generando enormes avances en la innovación científica y el desarrollo de sus industrias.

Finalmente se propuso abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 01 de noviembre un texto tomado del boletín electrónico La Tizza, de Dailene Dovale de la Cruz: “FEU-MATCOM: Los estudiantes tienen la palabra”

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 04 de octubre de 2025.

septiembre 29, 2025

Círculo de Lectura # 198 - Octubre de 2025

 Círculo de Lectura # 198 - Octubre de 2025

Socialismo: en busca del «eslabón perdido» entre utopía y realidad. Una visión desde Cuba.

Por Roberto Regalado Álvarez  La Tizza  Boletín electrónico 

Causas y consecuencias de la crisis actual

El VIII Congreso del PCC, efectuado del 17 al 19 de abril de 2021, era el evento donde se podía y se debía hacer un balance de los logros y malogros del proceso ideológico, político, económico y social iniciado en Cuba el 1ro. de enero de 1959, con énfasis en los resultados de las reformas emprendidas en 2010 y 2011. Cuatro días antes de la inauguración del VIII Congreso, escribí el primero de una serie de nueve artículos titulada «El “Triángulo de las Bermudas” por el que navega Cuba: acumulación de problemas propios, doble filo del bloqueo y reflujo de la izquierda latinoamericana». Aquel primer texto, «Planteamiento de la hipótesis», decía:

El socialismo cubano no ha encontrado el camino hacia «la tierra prometida». Esa metáfora apunta a que, a partir de la proclamación de su carácter socialista, la Revolución Cubana asumió el compromiso y la tarea estratégica de motivar, educar, formar, organizar, movilizar y conducir al pueblo en la transición hacia una sociedad de productores libres, en la que se aboliría el Estado y cada cual recibiría los bienes materiales y espirituales acordes con sus necesidades. La edificación de la nueva sociedad sería un proceso largo, complejo y arduo. Habría que resistir y vencer brutales agresiones, y hacer enormes sacrificios, pero el socialismo no sería una eterna batalla cuesta arriba: vencer agresiones y hacer sacrificios no sería un fin en sí mismo. Al final del camino, el pueblo cubano arribaría a la sociedad comunista: el comunismo era la tierra prometida. Sin embargo, el proceso revolucionario llega al cierre de su primer gran período histórico con un lacerante déficit en el desarrollo económico y social originalmente concebido, y sin que los ejercicios de prueba y error realizados en estos terrenos hayan dado, ni estén dando, resultados positivos. Este es un problema mayúsculo. Con esa vara, tirios y troyanos medirán lo que haga la dirección de relevo, en especial, su capacidad de:

1.   garantizar la continuidad de las grandes obras heredadas, y sobre todo, resolver los grandes problemas que también hereda, en un plazo y con una efectividad razonables;

2.   hacer más llevadera la cotidianidad del largo peregrinaje de la sociedad cubana en pos de la tierra prometida, que no se acerca, sino se aleja, en el horizonte; y,

3.   convocar y facilitar el debate de las peregrinas y los peregrinos en busca de respuestas que revivan, reaviven, renueven y fortalezcan sus motivaciones para seguir adelante: ¿Qué es la tierra prometida? ¿Cómo se llega a ella? ¿Cuánto más tendrán que seguir peregrinando? ¿Qué recompensa les espera allí? Dicho en otros términos, convocar y facilitar un proceso mediante el cual nuestras peregrinas y nuestros peregrinos conciban y construyan una nueva utopía socialista que, con palabras de Galeano, les sirva para caminar.

La frase «su primer gran período histórico» se refería a los más de 62 años que, en el momento de la celebración del VIII Congreso del PCC, la generación fundadora de la Revolución había ejercido el poder, referencia hecha a partir de la suposición de que en ese evento el poder sería transferido a una generación de relevo. Sin embargo, lo que se produjo fue una transferencia de los máximos cargos partidistas — dado que ya se habían transferido los estatales — y no una transferencia del poder. En esencia, la generación que recibió esos cargos no fue empoderada como relevo, sino designada como continuidad.

La máxima gramsciana que el sistema conceptual e institucional cubano ignoró

Transcurridos cuatro años del VIII Congreso, y con nueve plenos de su Comité Central mediante, las y los «peregrinos», en vez de estar más cerca, están mucho más lejos de «la tierra prometida», porque el sistema conceptual e institucional cubano ignoró la advertencia realizada por Antonio Gramsci sobre «la máxima crisis a que se puede ver sometida una organización estatal y social».

Debería ser una máxima de gobierno — escribió Gramsci— el tratar de elevar el nivel de vida material del pueblo por encima de cierto nivel. En este sentido no hay que buscar un motivo especial «humanitario» y ni siquiera una tendencia «democrática»: incluso el gobierno más oligárquico y reaccionario debería reconocer la validez «objetiva» de esta máxima, o sea su valor esencialmente político (universal en la esfera de la política, en el arte de conservar y aumentar el poder del Estado). Ningún gobierno puede prescindir de la hipótesis de una crisis económica y especialmente no puede prescindir de la hipótesis de verse obligado a hacer una guerra, o sea tener que superar la máxima crisis a que se puede ver sometida una organización estatal y social. Y, como cada crisis provoca un descenso del nivel de vida popular, es evidente que se precisa la preexistencia de una zona de descenso suficiente para que la resistencia «biológica» y por tanto, sicológica, del pueblo no se quebrante al primer choque contra la nueva realidad. El grado de fuerza real de un Estado debe por lo tanto medirse también considerando este elemento, que además se coordina con los otros elementos de juicio sobre la solidez estructural de un país. Si las clases dominantes de una nación no han conseguido superar la fase económica corporativa que las lleva a explotar a las masas populares hasta el extremo permitido por las condiciones de fuerza, o sea reducidas a la sola vida biológica vegetativa, es evidente que no se puede hablar de fuerza del Estado, sino solo de apariencia de fuerza (Sic!).

En su intervención en la sesión final del VI Período Ordinario de la VII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el 18 de diciembre de 2010, el general de ejército Raúl Castro Ruz dijo:

Si queremos salvar la Revolución hay que cumplir lo que acordemos, y no permitir después del Congreso — como ha sido hasta ahora en muchos casos muy elocuentes— que los documentos vayan a dormir el sueño eterno de las gavetas, como se estuvo explicando en estos días de discusiones, fructíferas, democráticas y verdaderamente profundas. Así es como queremos que el pueblo continúe discutiendo esos lineamientos, cerca de 100 días hay para eso. O rectificamos o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos, y hundiremos, como dijimos con anterioridad, el esfuerzo de generaciones enteras, desde el indio Hatuey, que vino de lo que hoy es la República Dominicana y Haití — el primer internacionalista en nuestro país—, hasta Fidel, que nos ha conducido genialmente por estas situaciones tan complicadas desde el triunfo de la Revolución.

Es notoria la similitud entre la situación prevista por Gramsci y la situación que Raúl llamó a evitar en el citado discurso de diciembre de 2010. Notorio es también el «borrón y cuenta nueva» ocurrido en la narrativa y la política actual del partido y del gobierno con respecto a la de 2010. A quince años de la apremiante alerta y de la convocatoria a rectificar realizada por Raúl, hoy solo se habla de una «situación compleja», de una «situación tensa», de una «situación difícil» que se rebasará con «creatividad» y «fe inquebrantable en el futuro».

¿Cómo es posible semejante desconexión y contradicción entre los discursos oficiales, públicos, conocidos, de un pasado reciente y los discursos actuales? Unos y otros son accesibles en fuentes cubanas, no en turbios medios de enemigos u odiadores. ¿Cómo explicar que una situación actual de extrema gravedad, posiblemente terminal, sea menos preocupante y más sencilla de resolver que cuando esa gravedad extrema se podía evitar, pero no se evitó?

El «sueño eterno de las gavetas» no solo es cuestión de irresponsabilidad, desidia, o falta de control y de constancia de los órganos partidistas y estatales que deberían ser competentes, ni de incontables e interminables «perfeccionamientos» y «redoblamientos» de esfuerzos, sino el resultado de un conjunto de elementos, algunos ajenos y otros propios, abordados en el presente texto.

Un antecedente para analizar las causas de la crisis actual es aquel «ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio», de 2010, debido a que proyectó hacia la sociedad una esperanza, una certeza, de que: esta vez sí — ¡sin duda alguna sí!— se va a cumplir todo lo acordado y prometido. Esa certeza la avalaban: 1) la lucidez de este y de otros planteamientos hechos entonces por

Raúl; 2) la eliminación y/o flexibilización excelentemente recibida por la sociedad de políticas y prácticas restrictivas hasta ese momento vigentes; y, 3) sobre todo, lo bien concebidos que daban la impresión de estar los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución aprobados en 2011.

En términos gramscianos, la explicación, fundamentación o reconocimiento de lo ocurrido es que, debido a su total incompatibilidad con el sistema conceptual e institucional imperante en Cuba, los Lineamientos, la Conceptualización y el Plan Nacional de Desarrollo hasta 2030: 1) no cumplieron con la «máxima de gobierno [de] elevar el nivel de vida material del pueblo por encima de cierto nivel»; 2) desestimaron la alerta hecha por Raúl en diciembre de 2010 — ¡la alerta hecha nada menos que por el subsistema que opera por encima del sistema político!—, equivalente al llamado de Gramsci a crear la condiciones para «superar la máxima crisis a que se puede ver sometida una organización estatal y social»; 3) no establecieron «una zona de descenso suficiente para que la resistencia “biológica” y por tanto, psicológica, del pueblo no se [quebrantase] al primer choque contra la nueva realidad»; y, 4) permitieron que las condiciones de vida de la mayoría de la sociedad hayan sido «reducidas a la sola vida biológica vegetativa».

La segunda gran crisis ideológica, política, económica y social cubana posterior al derrumbe del llamado bloque socialista europeo es más grave que la primera porque:

1.   Se produce a tres décadas de la anterior, cuando se suponía que ya el país debería marchar por la senda del desarrollo económico y social conducente a la «tierra prometida».

2.   En el enfrentamiento a la gran crisis anterior se tuvo en cuenta que, por escasos que fueran los recursos del país, era imprescindible establecer un balance entre la inversión económica y la inversión social, balance que fue el puntal de la Batalla de Ideas, mientras una de las causas de la gran crisis actual fue el sacrificio de la inversión social en función de la inversión económica, con el criterio de que «la desigualdad es positiva».

3.   En esta ocasión no existen condiciones políticas, económicas, ni sociales que permitan compensar los efectos de la crisis con movilizaciones como las realizadas a favor del regreso del niño Elián o de la liberación de los Cinco Héroes.

4.   Los sistemas conceptual e institucional imperantes son los causantes de la crisis y, por consiguiente, resultan incompetentes para resolverla.

5.   El sacrificio de la sociedad está por debajo de la zona de «resistencia “biológica” y, por tanto, “psicológica”, del pueblo».

6.   No es que no se vea, sino que no hay «una luz al final del túnel», a menos que se produzca una refundación revolucionaria del socialismo cubano.

Aunque muchas veces se aseguró que esto jamás sucedería en Cuba, la Tarea ordenamiento, fallida unificación monetaria, iniciada el 1ro. de enero de 2021, con la cual se pretendía fortalecer el peso cubano, fue el núcleo de una terapia de shock que pulverizó el ya de por sí bajo poder adquisitivo de los salarios y, más aún, de las jubilaciones de las cubanas y los cubanos que dedicamos nuestras vidas a trabajar dentro de la Revolución, por la Revolución y para la Revolución, durante treinta, cuarenta, cincuenta, y hasta más años.

Al menos una parte de los ideólogos, los decisores y/o los ejecutores de la Tarea ordenamiento tenía, necesariamente, que saber cuáles serían sus devastadoras consecuencias para la inmensa mayoría de la sociedad, pero, en última instancia, ninguna otra causa posible los exime de la responsabilidad por el daño infligido al pueblo. Esa responsabilidad no solo se refiere a la Tarea ordenamiento, sino a la acumulación de causas de la crisis económica que llevó a recurrir a esa terapia de shock.

A pesar de la extrema gravedad de las condiciones materiales y espirituales de vida existentes, las autoridades afirman que no hay comparación entre la política cubana actual y los ajustes estructurales de signo neoliberal realizados en otros países a partir de los años ochenta y noventa del siglo pasado; debido a que en Cuba hay «líneas rojas» que no se han traspasado. Pero, en realidad, las «líneas rojas» sí se han traspasado. No hay duda de que la esencia y la fundamentación de la doctrina neoliberal es diferente a la esencia y la fundamentación del sistema conceptual e institucional cubano, aunque la noción de «la desigualdad es positiva», invocada como una de las premisas de la actualización del modelo económico y social, me recuerda a Hayek.

Al utilizar el argumento de las «líneas rojas» se debe considerar que el neoliberalismo sí dispone de un recurso, la focalización del gasto, para no golpear en demasía a sectores o grupos de la sociedad cuya organización, movilización, y lucha social y política, pudieran afectar la estabilidad del sistema capitalista. Focalizar el gasto es lo que el Estado cubano trató de hacer al estallar la crisis actual, pero la pulverización de los salarios y las jubilaciones causada por la Tarea ordenamiento, a la que se sumó la escalonada desaparición de facto de la llamada canasta básica normada, que era lo único accesible con esos salarios y con esas jubilaciones, no dejaron margen para focalización alguna.

La apuesta del «todo por el todo» al levantamiento del bloqueo: la normalización de relaciones con Obama

La dirección del partido y el gobierno cubanos cotidianamente repite que el bloqueo de los Estados Unidos es la causa única o la causa principal de la crisis económica que azota al país. En el presente texto se argumenta que Cuba no solo sufre una crisis económica, sino una crisis ideológica, política, económica y social. Sin duda alguna, el bloqueo es el principal factor externo de la dimensión económica de la crisis multifactorial que flagela a Cuba; además de ser «un pequeño país archipiélago con escasos recursos naturales, que arrastraba las secuelas del subdesarrollo resultante de su pasado colonial y neocolonial, azotado por huracanes y ciclones». No obstante, tanto la dimensión económica como la dimensión social de la crisis son también el resultado de factores internos, en primer término, de la crisis ideológica y de la crisis política que impiden el desarrollo de las fuerzas sociales.

En lo que respecta el bloqueo hay que partir de su esencia criminal, cínicamente plasmada por escrito por Lester Mallory, y de que, excepto durante los dos fugaces procesos de normalización de relaciones entre ambos países, ha sido sistemática y crecientemente ampliado y endurecido. Dicho esto, si el bloqueo hoy llega a ser aún más lesivo que en épocas anteriores, en gran parte esto se debe a la apuesta del «todo por el todo» a su levantamiento, que fue una de las premisas fundamentales de la reforma de la política económica y la política exterior iniciada entre 2010 y 2011. Si el bloqueo es hoy aún más dañino que antes, en ello hay una gran cuota de responsabilidad propia.

La única explicación plausible a la desproporcionada transferencia de recursos de otros renglones económicos y sociales hacia el turismo, sobre la base de que «no podemos esperar a que levanten el bloqueo para construir los hoteles», es que la dirección del partido y el Estado decidió hacer una apuesta del «todo por el todo»: 1) a que se normalizarían las relaciones con los Estados Unidos; 2) a que Estados Unidos levantaría el bloqueo a Cuba; y 3) a que la gran potencia agresora contra Cuba durante seis décadas se convertiría en su principal socio económico y comercial, en especial, como emisor de turismo, cuyo flujo compensaría la pérdida de las privilegiadas relaciones mantenidas con la Unión Soviética, entre 1972 y 1985, y con Venezuela, entre 2004 y 2015.

Si no era de los Estados Unidos: ¿De dónde se suponía que viniese la mayor parte de los ocho, nueve o más millones de turistas anuales, para los que se construyeron y se han seguido construyendo hoteles? ¿De dónde se suponía que viniese la mayor parte de los cientos de empresarios para los que construyeron y se han seguido construyendo inmobiliarias?.

mayo 07, 2023

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 169

“El colapso del «socialismo real» y su impacto en América Latina”

Escrito por Roberto Regalado, politólogo y Doctor en Ciencias Filosóficas,
profesor del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos de la
Universidad de La Habana, tomado de La Tizza, el 28 de marzo de 2023, una
revista digital y plataforma de pensamiento para debatir el proyecto de la
Revolución Cubana. En el mismo, el autor plantea y analiza el impacto negativo
que causó sobre Cuba y sus relaciones con América Latina el colapso del
llamado socialismo real, a partir de la caída del muro de Berlin y el posterior
derrumbe de la Unión Soviética y de los países socialistas de Europa del este
en los años 1989 – 1991. Ésta situación provocó una crisis de credibilidad del
pensamiento marxista leninista, generando una desideologización bajo
conceptos de “desaparición de las clases sociales” y la negación de partidos
políticos de izquierda. Todos estos acontecimientos exigieron enormes
esfuerzos por parte de la Revolución cubana para volverse a ganar la simpatía
y la confianza vulnerada, ya que diferentes partidos de izquierda se
distanciaron de la experiencia de la construcción socialista por parte de la
Unión Soviética, debido a los errores cometidos en la URSS. Por ejemplo, se
llamó a “democratizar” el socialismo, lo que en muchos casos derivó en la
búsqueda de alternativas al neoliberalismo. Esto condujo a la necesidad de
releer y repensar a Marx, y a los clásicos del marxismo. Un factor determinante
en la recomposición de los vínculos políticos con la izquierda latinoamericana
fue el hecho de que Cuba y la Revolución cubana se construyó con un carácter
autóctono, no dependiente de la experiencia soviética. Todo éste proceso de
recomposición se ideó bajo la supervisión de un equipo de análisis dirigido por
Fidel y conducido por Piñeiro*, en vistas de la recuperación de la solidaridad y
la confianza por la Revolución cubana, tarea que se realizó en primer lugar
teniendo en cuenta la nefasta injerencia ejercida por parte de los Estados
Unidos mediante sus organizaciones afines, y por otro lado contando con las
múltiples organizaciones progresistas y de izquierda de Nuestramérica en una
labor integrada y compartida, donde “todos aprendimos de todos” bajo el
concepto de las «correas de transmisión» planteadas por Lenin. Una
concepción circular entre el Partido Comunista y las organizaciones de masas.
De esta manera se pudo sacar a los países progresistas y de izquierda del
marasmo del derrumbe, y así surgieron organizaciones de debate, como por
ejemplo el Foro de Sao Paulo, y que finalmente derivaron en la creación de
organizaciones como el ALBA-TCP, el MERCOSUR, la UNASUR, el CARICOM
y la CELAC. De esta manera, entre los años 1989 y 1991 si bien se cerró la
etapa de luchas abiertas en América Latina y el Caribe en 1959 por el triunfo de
la Revolución cubana, en la década de 1990 se abrió otra, con el desafío de
abrir nuevos horizontes de transformación social revolucionaria.
*Manuel Piñeiro Losada fue un político y militar cubano, también conocido
como el comandante Barbarroja, conyugue de Marta Harnecker, intelectual
marxista de origen chileno.
Durante el posterior debate se compartió que la debacle que ocasionó la
desintegración de la Unión Soviética y de los países del Este, generó en su
momento una verdadera crisis ideológica con respecto a la credibilidad en el
socialismo. Por otro lado, la lectura de este texto nos enseñó la importancia de
la titánica tarea que hizo la Revolución cubana al emprender la recuperación de
la confianza en el socialismo en general, y del ejemplo cubano en particular. Lo
que nos pareció necesario es estar siempre alerta ante posibles situaciones de
este tipo, y para ello es de mucha utilidad poder contar con las advertencias
que nos puedan hacer quienes tengan la capacidad de adelantase a los
hechos. En ese sentido hemos recordado de la crítica constructiva que hiciera
el Ché en los años 1960 con respecto a los métodos capitalistas emprendidos
en la URSS, y de su posible reversión. Esto ocurrió casi treinta años antes de
su desintegración. Después también recordamos lo expresado por el
comandante Fidel Castro en su discurso del aniversario por el 26 de julio en el
año 1989, poco antes de la caída, cuando dijo…«porque si mañana o cualquier
día nos despertáramos con la noticia de que se ha creado una gran contienda
civil en la URSS, o, incluso, que nos despertáramos con la noticia de que la
URSS se desintegró, cosa que esperamos que no ocurra jamás, ¡aun en esas
circunstancias Cuba y la Revolución Cubana seguirían luchando y seguirían
resistiendo». De esta manera no solo el pueblo cubano se ha puesto a la
defensiva desde lo ideológico, sino también gran parte de los seguidores del
socialismo en el mundo. Es como que de esta manera se adquiere un poderoso
impulso inicial para emprender la lucha para resistir y para recuperar el
sendero. Y esa lucha se dio en Cuba en el marco de la creación del Área de
América como órgano auxiliar del Partido Comunista Cubano encabezado por
Fidel y conducido por Manuel Piñeiro Lozada, que fuera iniciada en la década
de 1990, y que después se consolidara finalmente en la creación del ALBATCP,
la UNASUR, el CARICOM y la CELAC.
Por último hemos acordado abordar para el próximo Círculo de Lectura, del
sábado 03 de junio, el discurso pronunciado por Miguel Díaz-Canel en la
Sesión Constitutiva de la X Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder
Popular el día 19 de Abril de 2023.
Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 06 de mayo de 2023.