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noviembre 03, 2024

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 187

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 187

“Auge y ocaso de la Doctrina Monroe”

El texto fue tomado de la Revista Digital cubana “La Tizza” y escrito por el economista argentino, investigador del CONICET y profesor de la UBA Claudio Katz. La Doctrina Monroe, que originalmente ha sido concebida como un instrumento de defensa del nuevo imperio de los Estados Unidos frente a las ambiciones colonialistas europeas, finalmente ha impuesto su dominio en todo el continente, desde su creación en año 1823, bajo la consigna “América para los americanos”, incorporando su dominio al resto del continente como si fuera su patio trasero.

Esta concepción nace de la consigna que traían los colonizadores Anglo Sajones del llamado “Destino Manifiesto”, que justificaba la expansión territorial de Estados Unidos por mandatos divinos. Y así fue como en el año 1845 se produjo primero la anexión de Texas y luego otros estados mexicanos a favor de los Estados Unidos, arrebatándoles finalmente la mitad de su territorio original.

Después en el año 1898 vino a la anexión de Puerto Rico.

Luego provocaron la escisión de lo que hoy es Panamá de la república de Colombia, transformándola en colonia y protectorado yanqui, para poder construir allí el canal interoceánico y así usufructuar las ganancias generadas y favorecer el comercio norteamericano desde ambas costas oceánicas Pacífico - Atlántico.

A lo largo de todo el siglo XX los Estados Unidos han perpetuado múltiples incursiones militares en el resto del continente y han propiciado golpes de Estado en diversos países, con el único objetivo de imponer su supremacía en lo que ellos consideran su “patio trasero”, reafirmando de esta manera su original proyecto expansivo de carácter imperialista como política de estado de la Casa Blanca, por supuesto compartida plenamente por Demócratas y Republicanos.

Ya entrando en el siglo XXI aparece un nuevo protagonista en la región con fuertes capacidades comerciales y políticas, ofreciendo otro tipo de relaciones con los países emergentes sin ejercer las acostumbradas presiones políticas a la que fueran sometidas bajo el yugo norteamericano.

Éste nuevo actor es China, la emergente potencia mundial, que viene a ofrecer inversiones e intercambios comerciales bajo la consigna de que ambos tienen el derecho de ganar y sin la imposición de condiciones políticas de carácter imperial.

 Lo curioso es que frente a éste nuevo rival, la Doctrina Monroe comienza a perder fuerzas frente a un desafío de este tipo. A pesar de todas las presiones ejercidas por el Departamento de Estado norteamericano, ningún país de la región ha renunciado al incremento de relaciones comerciales con el gigante asiático.

Por otro lado la Doctrina Monroe también comienza a perder terreno en el campo ideológico poniendo en duda la supuesta superioridad de los anglosajones del norte sobre los latinos del sur, teniendo en cuenta además la creciente crisis económica y financiera de ese capitalismo tan promovido por los Estados Unidos de Norteamérica.

Y finalmente, con el asalto al corazón de la democracia yanqui que fue la incursión violenta por parte de los seguidores de Trump en el Capitolio en el año 2021, deja serias dudas sobre la consistencia política del sistema democrático capitalista.

Durante el posterior debate, se concluyó que desde el mismo inicio de la expansión de carácter imperialista de los Estados Unidos, durante el siglo XIX, ya se puso claramente de manifiesto su intención expansionista hacia el resto del continente, ampliando el concepto de la llamada Doctrina Monroe de: “América para los Americanos” a “América para los Norte Americanos”.

Se recordó también cuando en 1961 durante la conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES) de la OEA, llamada Conferencia de Punta del Este, que se desarrolló en Uruguay donde también participó Cuba representada por Ernesto Che Guevara, se presentó el programa llamado “La Alianza para el Progreso” de ayuda económica, política y social de EE. UU. para América Latina, que incluía la posibilidad de efectuar pequeñas reformas agrarias sin afectar los verdaderos intereses de las grandes oligarquías terratenientes regionales, pero con el objetivo fundamental de evitar que otros países de la región no siguieran el ejemplo del triunfo victorioso de la Revolución cubana de 1959.

Cabe destacar que cuando el Che denunció estas espurias intenciones de los yanquis, Cuba fue expulsada de la Organización de Estados Americanos, el llamado ministerio de colonias de los Norteamericanos.

Un claro ejemplo de lo que desde la Doctrina Monroe siempre se impuso que es la política del “garrote y la zanahoria” para tratar de mantener al patio trasero bajo su órbita y sumisión.

Luego se analizó la situación social que nos fue llevando de lo colectivo a lo individual con ayuda de la revolución tecnológica y mercantilista.

Antes nosotros mirábamos una película en el cine con una pantalla enorme entre unos cien espectadores.

Luego pasamos a ver las películas en la pantalla de un televisor entre cuatro o cinco personas, luego desde una computadora entre no más de dos personas, y hoy cada uno ve su propia “película” en la pantallita de su Celular, fomentando de esa manera la cultura del individualismo de carácter narcisista.

De esa manera además el imperio puede tener a cada uno de nosotros individualmente vigilados mediante la sofisticada tecnología informática del Internet.

 Para poder salir de ese individualismo artificial debemos volver a integrar los tejidos sociales de carácter presencial (no virtual) marcando nuestra presencia física en los espacios de lucha colectiva con responsabilidad y compromiso político.

Es preciso que entre todos logremos visualizar a nuestro enemigo común, unificando todas las luchas, ya que nuestra única fortaleza está basada en la unidad.

Por último se decidió abordar para el próximo espacio de lectura del sábado 07 de

diciembre un texto tomado de la Revista Digital cubana “La Tizza” y publicado recientemente titulado: “Cuba: uno de los peores escenarios en medio de la crisis electroenergética”.

 

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 02 de noviembre de 2024.

diciembre 28, 2021

Memorias del Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba -2021

 Memorias del Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba

Año 2021 - Actividades Realizadas

Debido a la pandemia, en el transcurso de casi todo este año hemos realizado actividades virtuales, no presenciales.

Continuamos con el Programa de Radio “Cuba y Nosotros” en la emisora popular y comunitaria Gente de Radio, todos los martes de 19 a 20 hs. que se retransmitió los jueves por la mañana. Este programa se comenzó a emitir el 6 de julio de 2004, cumpliendose ya diez y siete años ininterrumpidos en el aire. Se hizo de manera virtual, enviando semanalmente audios tomados de Radio Rebelde y temas musicales por mail a la Radio, donde Patricio Macchi los editaba para poder incluirlos en los programas de los días martes y jueves, hasta el mes de agosto que se volvió a la presencialidad.

El Taller de Lectura, un espacio de formación política que comenzó en el mes de mayo de 2009 y que en total hasta ahora ya se han realizado 152 talleres con una frecuencia mensual. A partir del mes de noviembre se retomó de modo presencial.

Blog del Grupo. Desde su inauguración, el 30 de mayo de 2005 nuestro compañero Víctor Rocchi mantiene permanentemente actualizada la página web del Grupo, en el blog: http://baricuba.blogspot.com

En tres ocasiones a lo largo del año se promocionó la campaña: "Tu Solidaridad rompe el bloqueo - Jeringas para las vacunas cubanas" en los meses de abril, junio y septiembre, con el aporte voluntario de dinero a la cuenta de la Casa Argentina Cubana de Buenos Aires.

El 20 de octubre se recordó el día de la Cultura Cubana y el 28 Aniversario del Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, que fuera creado en el año 1993.

El 15 de noviembre en una entrevista radial en el 89.1 FM Radio Bariloche con el periodista Carlos Calvo, se dio a conocer la campaña agresiva contrarrevolucionaria contra Cuba, y la intención de provocar un nuevo “golpe blando” por parte del gobierno de los Estados Unidos y la gusanera de Miami.

El 25 de noviembre, al conmemorarse el quinto aniversario de la desaparición física de Fidel Castro, los compañeros y las compañeras del Grupo nos reunimos para compartir el documental “Fidel de cerca” seguido por un amplio debate. Fue nuestra segunda y última reunión presencial de este año.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, fines de diciembre de 2021.

diciembre 09, 2017

XIII° ENCUENTRO DE SOLIDARIDAD CON CUBA REGIONAL CAMILO CIENFUEGOS- Documento comisión N°4

Organización de Brigadas, programas solidarios y
consolidación de la Regional

En el marco del XIII Encuentro del Regional de Solidaridad con Cuba de la Patagonia “Camilo Cienfuegos”, que se llevó a cabo en la ciudad de San Carlos de Bariloche los días 8 y 9 de diciembre de 2017 conformamos esta comisión compañeros de Bolsón, Neuquén, Cutral Co, San Martín de los Andes, Bariloche y el Segundo Secretario de Solidaridad, Leogel Delgado Rodríguez..
Compartimos la importancia de promover la comisión de Brigadas en cada lugar donde nos organizamos como casa o grupo de Solidaridad.
Reconocemos los saberes de la experiencia en la organización de Brigadas, desde el grupo Bariloche, asumiendo el compromiso de elaborar un recorrido en los considerandos a tener en cuenta para facilitar el trabajo a realizar y proponer nuevos aportes organizativos.
Solicitamos al Consulado, exceptuar el pago por trámite de terceros a los brigadistas de las provincias que no pueden tramitar la VISA en forma personal y necesitan de la acción solidaria de los compañerxs de Buenos Aires para cumplimentarla.
Compañerxs de San Martín de los Andes asumen la responsabilidad de  coordinar Brigadas, con el acompañamiento de Bariloche hasta incluirse con autonomía total a la comisión nacional, como lo vienen haciendo desde el XII Regional realizado en Cutral Co, la casa de Neuquén y el grupo José Martí de Bolsón.
Nos proponemos llevar al MASCUBA 2018, una muestra de fotos de los brigadistas patagónicos, desde el 2005, ya que venimos provocando a su participación desde hace 12 años.
Evaluamos cómo y desde qué medios continuar difundiendo las Brigadas de Trabajo Voluntario. Sugerimos armar un folleto contando sobre la experiencia para “dejar en espacios públicos, como los Museos del Che”, donde podría haber interesadxs en participar o multiplicar la información. En el mismo estarían los datos, según la zona,  para comunicarse con los grupos o casas que organizan la tarea de formación de brigadistas.
Surge la inquietud de viajar como brigadistas de trabajo voluntario relacionado con otras temáticas, como Educación, Salud o  Prensa. Se comenta sobre “los paquetes que organiza Amistur”. Habría que realizar el contacto con la agencia para obtener mayor información.
En relación a las Misiones Cubanas, organizadas en los programas “Yo sí puedo” y “Operación Milagro”, solicitamos se nos envíe información sobre dónde y cómo se están realizando en el resto de las regiones de nuestro país. Intercambiamos sobre su puesta en marcha y evaluación, de nuestra región.
Se valoró la experiencia de las Brigadas de Salud que se realizaron en diferentes puntos del país en articulación con UMMEP. Se expresa con entusiasmo, como futura acción a realizar en zonas de nuestro Regional para poner en práctica aquí, una brigada solidaria.
En el plenario donde narramos lo conversado en la comisión, se propuso que los brigadistas “lleven elementos donados requeridos desde el CIJAM “para mejorar las condiciones materiales del campamento.

Bariloche, 9 de diciembre de 2017

noviembre 12, 2016

Taller de Lectura N° 92 - Diciembre de 2016



Taller de Lectura N° 92  -  Diciembre de 2016

"Táctica y estrategia de la Revolución Latinoamericana"

(Che Guevara, octubre–noviembre de 1962)

Ensayo publicado en la revista Verde Olivo, el 6 de octubre de 1968.

La táctica enseña el uso de las fuerzas armadas en los encuentros
y la estrategia, el uso de los encuentros para alcanzar el objetivo de la guerra.
- Karl von Clausewitz

Hemos encabezado estas notas con la cita de una frase de Clausewitz, el autor militar que guerreó contra Napoleón, que teorizó tan sabiamente sobre la guerra y a quien Lenin gustaba citar por la claridad de sus conceptos, a pesar, naturalmente, de ser un analista burgués.

Táctica y estrategia son los dos elementos sustanciales del arte de la guerra, pero guerra y política están íntimamente unidas a través del denominador común, que es el empeño en lograr un objetivo definitivo, ya sea el aniquilamiento del adversario en una lucha armada, ya la toma del poder político.

No se puede, sin embargo, reducir a una fórmula esquemática el análisis de los principios tácticos y estratégicos que rigen las luchas guerreras o políticas.

La riqueza de cada uno de estos conceptos solo puede medirse mediante la práctica combinada al análisis de las complejísimas actividades que encierran.

No hay objetivos tácticos y estratégicos inmutables. A veces, objetivos tácticos alcanzan importancia estratégica y, otras, objetivos estratégicos se convierten en meros elementos tácticos.

El estudio certero de la importancia relativa de cada elemento, es el que permite la plena utilización por las fuerzas revolucionarias de todos los hechos y circunstancias encaminadas al gran y definitivo objetivo estratégico, la toma del poder.

El poder es el objetivo estratégico sine qua non de las fuerzas revolucionarias y todo debe estar supeditado a esta gran consigna.

Para la toma del poder, en este mundo polarizado en dos fuerzas de extrema disparidad y absoluto choque de intereses, no puede limitarse al marco de una entidad geográfica o social. La toma del poder es un objetivo mundial de las fuerzas revolucionarias. Conquistar el porvenir es el elemento estratégico de la revolución, congelar el presente es la contrapartida estratégica que mueve las fuerzas de la reacción en el mundo actual, ya que están a la defensiva.

En esta lucha de características mundiales, la posición tiene mucha importancia. A veces es determinante. Cuba, por ejemplo, es una colina de avanzada, una colina que mira al amplísimo campo del mundo económicamente distorsionado de la América Latina que abre su antena, su ejemplo hecho luz a todos los pueblos de América Latina. La colina cubana es de alto valor estratégico para los grandes contendientes que en este momento disputan la hegemonía al mundo: el imperialismo y el socialismo.

Distinto sería su valor, colocada en otra situación geográfica o social. Distinto era su valor cuando solo constituía un elemento táctico del mundo imperialista, antes de la Revolución. No aumenta ahora solo por el hecho de ser una puerta abierta a América Latina. A la fuerza de su posición estratégica, militar y política, une el poder de su influencia moral, los “proyectiles morales” son un arma de tan demoledora eficacia que este elemento pasa a ser el más importante en la determinación del valor de Cuba.

Por eso, para analizar cada elemento en la guerra o la política, no se puede hacer extracción del conjunto en que está situado. Todos los antecedentes sirven para reafirmar una línea o una postura consecuente, con los grandes objetivos estratégicos.

Llevada la discusión al terreno de América Latina, cabe hacerse la pregunta de rigor: ¿Cuáles son los elementos tácticos que deben emplearse para lograr el gran objetivo de la toma del poder en esta parte del mundo? ¿Es posible o no en las condiciones actuales de nuestro Continente lograrlo (el poder socialista, se entiende) por vía pacífica?

Nosotros contestamos rotundamente: en la gran mayoría de los casos, no es posible. Lo más que se lograría sería la captura formal de la superestructura burguesa del poder, y el tránsito al socialismo de aquel gobierno que, en las condiciones de la legalidad burguesa establecida llega al poder formal, deberá hacerse también en medio de una lucha violentísima contra todos los que traten, de una manera u otra, de liquidar su avance hacia nuevas estructuras sociales.

Este es uno de los temas más debatidos, más importantes también, y donde quizás nuestra Revolución tenga más puntos divergentes con otros movimientos revolucionarios de América Latina. Nosotros debemos expresar con toda claridad nuestra posición y tratar de hacer un análisis del porqué.

América Latina es hoy un volcán; no está en erupción, pero está conmovida por inmensos ruidos subterráneos que anuncian su advenimiento. Se oyen por doquier esos anuncios. La Segunda Declaración de La Habana es la expresión y concreción de esos movimientos subterráneos; trata de lograr la conciencia de su objetivo, vale decir, la conciencia de la necesidad y, más aún, la certeza de la posibilidad del cambio revolucionario. Evidentemente, este volcán americano no está separado de todos los movimientos que bullen en el mundo contemporáneo en estos momentos de confrontación crucial de fuerzas entre dos poderosos conceptos de la historia.

Podríamos referirnos a nuestra patria con las siguientes palabras de la Declaración de La Habana:

¿Qué es la historia de Cuba sino la historia de América Latina? ¿Y qué es la historia de América Latina sino la historia de Asia, África y Oceanía? ¿Y qué es la historia de todos estos pueblos sino la historia de la explotación más despiadada y cruel del imperialismo en el mundo entero?

América Latina, tanto como África, Asia y Oceanía, son partes de un todo donde las fuerzas económicas han sido distorsionadas por la acción del imperialismo. Pero no todos los continentes presentan las mismas características; las formas de explotación económica imperialista, colonialista o neocolonialista usadas por las fuerzas burguesas de Europa han tenido que afrontar, no solamente la lucha por la liberación de los pueblos oprimidos de Asia, África u Oceanía, sino también la penetración del capital imperialista norteamericano. Esto ha creado distintas correlaciones de fuerzas en puntos determinados y ha permitido el tránsito pacífico hacia sistemas de burguesías nacionales independientes o neocolonialistas.

En América Latina, no. América Latina es la plaza de armas del imperialismo norteamericano, no hay fuerzas económicas en el mundo capaces de tutelar las luchas que las burguesías nacionales entablaron con el imperialismo norteamericano, y por lo tanto, estas fuerzas, relativamente mucho más débiles que en otras regiones, claudican y pactan con el imperialismo.

Frente al drama terrible para los burgueses timoratos: sumisión al capital extranjero o destrucción frente a las fuerzas populares internas, dilema que la Revolución Cubana ha profundizado con la polarización que significó su ejemplo, no queda otra solución que la entrega. Al realizarse ésta, al santificarse el pacto, se alían las fuerzas de la reacción interna con la reacción internacional más poderosa y se impide el desarrollo pacífico de las revoluciones sociales.

Caracterizando la situación actual, la Segunda Declaración de La Habana dice:

En muchos países de América Latina la revolución es hoy inevitable. Ese hecho no lo determina la voluntad de nadie. Está determinada por las espantosas condiciones de explotación en que vive el hombre americano, el desarrollo de la conciencia revolucionaria de las masas, la crisis mundial del imperialismo y el movimiento universal de lucha de los pueblos subyugados.
    La inquietud que hoy se registra es síntoma inequívoco de rebelión. Se agitan las entrañas de un continente que ha sido testigo de cuatro siglos de explotación esclava, semiesclava y feudal del hombre, desde sus moradores aborígenes y los esclavos traídos de África hasta los núcleos nacionales que surgieron después: blancos, negros, mulatos, mestizos e indios, que hoy hermanan el desprecio, la humillación y el yugo yanqui, como hermana la esperanza de un mañana mejor.

Podemos concluir, pues, que, frente a la decisión de alcanzar sistemas sociales más justos en América Latina, debe pensarse fundamentalmente en la lucha armada. Existe, sin embargo, alguna posibilidad de tránsito pacífico; está apuntada en los estudios de los clásicos del marxismo y sancionada en la Declaración de los 81 Partidos, pero en las condiciones actuales de América Latina, cada minuto que pasa se hace más difícil para el empeño pacifista y los últimos acontecimientos vistos en Cuba muestran un ejemplo de cohesión de los gobiernos burgueses con el agresor imperialista, en los aspectos fundamentales del conflicto.

Recuérdese nuestra insistencia: tránsito pacífico no es logro de un poder formal en elecciones o mediante movimientos de opinión pública sin combate directo, sino la instauración del poder socialista, con todos sus atributos, sin el uso de la lucha armada. Es lógico que todas las fuerzas progresistas no tengan que iniciar el camino de la revolución armada, sino utilizar hasta el último minuto la posibilidad de la lucha legal dentro de las condiciones burguesas. Lo importante, como lo señala la Declaración de los 81 Partidos.

En relación con la forma que han de adoptar los movimientos revolucionarios luego de tomar el poder, surgen cuestiones de interpretación muy interesantes. Caracterizando la época, la Declaración de los 81 Partidos dice:

Nuestra época, cuyo contenido fundamental lo constituye el paso del capitalismo al socialismo, iniciado por la Gran Revolución Socialista de Octubre, es la época de la lucha de dos sistemas sociales diametralmente opuestos; la época de las revoluciones socialistas y de las revoluciones de liberación nacional; la época del hundimiento del imperialismo, de la liquidación del sistema colonial, la época del paso de más y más pueblos al camino socialista; la época del triunfo del socialismo y del comunismo en escala universal.
      El principal rasgo de nuestra época consiste en que el sistema socialista mundial se va convirtiendo en el factor decisivo del desarrollo de la sociedad humana.

Se establece que, aun cuando es muy importante la lucha por la liberación de los pueblos, lo que caracteriza el momento actual es el tránsito del capitalismo al socialismo.

En todos los continentes explotados existen países en los cuales los regímenes sociales han alcanzado distinto grado de desarrollo, pero casi todos ellos presentan la característica de tener fuertes estratos sociales de carácter feudal y gran dependencia de capitales foráneos.

Lógico sería pensar que en la lucha por la liberación, siguiendo la escala natural del desarrollo, se llegara a gobiernos de democracia nacional con predominio más o menos acentuado de las burguesías y, de hecho, esto ha ocurrido en muchos casos. Sin embargo, aquellos pueblos que han debido recurrir a la fuerza para lograr su independencia han avanzado más en el camino de las reformas sociales y muchos de ellos han entrado al socialismo. Cuba y Argelia son los últimos ejemplos palpables de los efectos de la lucha armada en el desarrollo de las transformaciones sociales. Si llegamos a la conclusión de que en América Latina la vía pacífica está casi liquidada como posibilidad, podemos apuntar que es muy probable que el resultado de las revoluciones triunfantes en esta región del mundo dará por resultado regímenes de estructura socialista.

Para llegar a esto correrán ríos de sangre. Argelia, que aún no ha restañado sus heridas, el Vietnam que sigue sangrando, Angola, luchando brava y solitariamente por su independencia, Venezuela, cuyos patriotas hermanados con la causa cubana han demostrado en estos días la más alta y expresiva forma de solidaridad con nuestra Revolución, Guatemala, en lucha difícil, subterránea casi, son ejemplos palpables.

La sangre del pueblo es nuestro tesoro más sagrado, pero hay que derramarla para ahorrar más sangre en el futuro.

En otros continentes se ha logrado la liberación frente al colonialismo y el establecimiento de regímenes burgueses más o menos sólidos. Esto se ha hecho sin violencia o casi sin ella, pero debe suponerse, siguiendo la lógica de los acontecimientos hasta el momento actual, que esta burguesía nacional en desarrollo constante, en un momento dado entra en contradicciones con otras capas de la población; al cesar el yugo del país opresor, cesará como fuerza revolucionaria y se transformará a su vez en clase explotadora, reanudándose el ciclo de las luchas sociales. Podrá o no avanzarse en este camino por vía pacífica, lo cierto es que indefectiblemente estarán frente a frente los dos grandes factores en pugna: los explotados y los explotadores.

El dilema de nuestra época, en cuanto a la forma de tomar el poder, no ha escapado a la penetración de los imperialistas yanquis. Ellos también quieren “tránsito pacífico”. Están de acuerdo en liquidar las viejas estructuras feudales que todavía subsisten en América Latina, y en aliarse a la parte más avanzada de las burguesías nacionales, realizando algunas reformas fiscales, algún tipo de reforma en el régimen de tenencia de la tierra, una moderada industrialización, referida preferentemente a artículos de consumo, con tecnología y materias primas importadas de los Estados Unidos.

La fórmula perfeccionada consiste en que la burguesía nacional se alía con intereses extranjeros, crean juntos, en el país dado, industrias nuevas, obtienen para estas industrias ventajas arancelarias de tal tipo que permiten excluir totalmente la competencia de otros países imperialistas y las ganancias así obtenidas pueden sacarse del país al amparo de negligentes regulaciones de cambio.

Mediante este sistema de explotación, novísimo y más inteligente, el propio país «nacionalista» se encarga de proteger los intereses de los Estados Unidos promulgando tarifas arancelarias que permitan una ganancia extra (la que los mismos norteamericanos reexportarán a su país). Naturalmente, los precios de venta del artículo, sin competencia alguna, son fijados por los monopolios.

Todo esto está reflejado en los proyectos de la Alianza para el Progreso, que no es otra cosa que el intento imperialista de detener el desarrollo de las condiciones revolucionarias de los pueblos mediante el sistema de repartir una pequeña cantidad de sus ganancias con las clases explotadoras criollas y convertirlas en aliados firmes contra las clases más explotadas. Es decir, suprimir las contradicciones internas del régimen capitalista hasta el máximo posible.

Como ya dijimos, no hay en América Latina fuerzas capaces de intervenir en esta lucha económica, y por lo tanto, el juego del imperialismo es bastante simple. Queda como única posibilidad el desarrollo cada vez más impetuoso del mercado común europeo, bajo la dirección germana, que pudiera alcanzar la fuerza económica suficiente como para competir en estas latitudes con los capitales yanquis, pero el desarrollo de las contradicciones y su solución violenta en estos tiempos es tan rápida, tan eruptiva, que da la impresión de que América Latina será mucho antes campo de batalla entre explotados y explotadores, que escenario de la lucha económica entre dos imperialismos. Vale decir: las intenciones de la Alianza para el Progreso no cristalizarán porque la conciencia de las masas y las condiciones objetivas han madurado demasiado para permitir tan ingenua trampa.

Lo determinante en este momento es que el frente imperialismo-burguesía criolla es consistente. En las últimas votaciones de la OEA [Organización de Estados Americanos], no ha habido voces discordantes en los problemas fundamentales y solo algunos gobiernos han tapado púdicamente sus desnudeces con el taparrabos de fórmulas legalistas sin denunciar nunca la esencia agresora, contraria a todo derecho, de estas resoluciones.

El hecho de que Cuba tuviera cohetes atómicos, sirvió de pretexto para que todos se pusieran de parte de los Estados Unidos: Playa Girón no ha hecho el efecto contrario. Ellos saben bien que éstas son armas defensivas, saben también quién es el agresor. Sucede que, aunque no lo digan, todos también conocen el verdadero peligro de la Revolución Cubana. Los países más entregados y, por ende, más cínicos, hablan del peligro de la subversión cubana, y tienen razón. El peligro mayor que entraña la Revolución Cubana está en su ejemplo, en su divulgación revolucionaria, en que el Gobierno ha podido elevar el temple de este pueblo, dirigido por un líder de alcance mundial, a alturas pocas veces vistas en la historia.

Es el ejemplo escalofriante de un pueblo que está dispuesto a inmolarse atómicamente para que sus cenizas sirvan de cimiento a las sociedades nuevas y que, cuando se hace, sin consultarlo, un pacto por el cual se retiran los cohetes atómicos, no suspira de alivio, no da gracias por la tregua; salta a la palestra para dar su voz propia y única; su posición combatiente, propia y única, y más lejos, su decisión de lucha, aun cuando fuera solo, contra todos los peligros y contra la mismísima amenaza atómica del imperialismo yanqui.

Esto hace vibrar a los pueblos. Ellos sienten el llamado de la nueva voz que surge de Cuba, más fuerte que todos los miedos, que todas las mentiras, que los prejuicios, que el hambre secular, que todos los garfios con que se quiere anudarlos. Es más fuerte que el temor a toda represalia, al castigo más bárbaro, a la muerte más cruel, a la opresión más bestial de los explotadores. Una voz nueva de timbres claros y precisos ha sonado por todos los ámbitos de nuestra América Latina. Esa ha sido nuestra misión y la hemos cumplido y la seguiremos cumpliendo con toda la decisión de nuestra convicción revolucionaria.

Podría preguntarse: ¿Y éste es el único camino? ¿Y no se pueden aprovechar las contradicciones del campo imperialista, buscar el apoyo de sectores burgueses que han sido aherrojados, golpeados y humillados a veces por el imperialismo? ¿No se podría buscar una fórmula menos severa, menos autodestructiva que esta posición cubana? ¿ No se podría lograr, mediante la fuerza y la maniobra diplomática conjuntas, la supervivencia de Cuba? Nosotros decimos: frente a la fuerza bruta, la fuerza y la decisión; frente a quienes quieren destruirnos, no otra cosa que la voluntad de luchar hasta el último hombre por defendernos.

Y esta fórmula es válida para la América Latina entera; frente a quienes quieren de todas maneras detentar el poder contra la voluntad del pueblo, fuego y sangre hasta que el último explotador sea destruido.

¿Cómo realizar esta revolución en América Latina? Demos la palabra a la Segunda Declaración de La Habana:

En nuestros países se juntan las circunstancias de una industria subdesarrollada con un régimen agrario de carácter feudal. Es por eso que con todo lo duras que son las condiciones de vida de los obreros urbanos, la población rural vive aún en más horribles condiciones de opresión y explotación; pero es también, salvo excepciones, el sector absolutamente mayoritario en proporción que a veces sobrepasa el 70% de las poblaciones latinoamericanas.
      Descontando los terratenientes que muchas veces residen en las ciudades, el resto de esa gran masa libra su sustento trabajando como peones en las haciendas por salarios misérrimos, o labran la tierra en condiciones de explotación que nada tienen que envidiar a la Edad Media. Estas circunstancias son las que determinan que en América Latina la población pobre del campo constituya una tremenda fuerza revolucionaria potencial.
      Los ejércitos, estructurados y equipados para la guerra convencional, que son las fuerzas en que se sustenta el poder de las clases explotadoras, cuando tienen que enfrentarse a la lucha irregular de los campesinos en el escenario natural de estos, resultan absolutamente impotentes; pierden 10 hombres por cada combatiente revolucionario que cae, y la desmoralización cunde rápidamente en ellos al tener que enfrentarse a un enemigo invisible que no les ofrece ocasión de lucir sus tácticas de academia y sus fanfarrias de guerra, de las que tanto alarde hacen para reprimir a los obreros y a los estudiantes en ciudades.

La lucha inicial de reducidos núcleos combatientes se nutre incesantemente de nuevas fuerzas; el movimiento de masas comienza a desatarse, el viejo orden se resquebraja poco a poco en mil pedazos y es entonces el momento en que la clase obrera y las masas urbanas deciden la batalla.

¿Qué es lo que desde el comienzo mismo de la lucha de esos primeros núcleos los hace invencibles, independientemente del número, el poder y los recursos de sus enemigos? El apoyo del pueblo; y con ese apoyo de las masas contarán en grado cada vez mayor.

Pero el campesinado es una clase que, por el estado de incultura en que lo mantienen y el aislamiento en que vive, necesita la dirección revolucionaria y política de la clase obrera y de los intelectuales revolucionarios, sin lo cual no podría por sí sola lanzarse a la lucha y conquistar la victoria.

En las actuales condiciones históricas de América Latina, la burguesía nacional no puede encabezar la lucha antifeudal y antiimperialista. La experiencia demuestra que en nuestras naciones esa clase, aun cuando sus intereses son contradictorios con los del imperialismo yanqui, ha sido incapaz de enfrentarse a éste, paralizada por el miedo a la revolución social y asustada por el clamor de las masas explotadas.

Esto es lo que dice la Segunda Declaración de La Habana y es una especie de dictado de lo que ha de ser la revolución en América Latina. No pensar en alianzas que no estén dirigidas absolutamente por la clase obrera; no pensar en colaboraciones con burgueses timoratos y traidores que destruyen las fuerzas en que se apoyaron para llegar al poder; las armas en manos del pueblo, las vastas comarcas de nuestra América Latina como campo de acción, el campesinado luchando por su tierra, la emboscada, la muerte inmisericorde al opresor y, al darla, recibirla también y recibirla con honor de revolucionario, esto es lo que cuenta.

Tal es el panorama de América Latina, de un continente que se apresta a luchar, y que, cuanto más pronto empuñe las armas y cuanto más pronto esgrima los machetes sobre las cabezas de los terratenientes, de los industriales, de los banqueros, de los explotadores de todo tipo y de su cabeza visible, el ejército opresor, mejor será.

Sobre si la táctica debe ser siempre la acción guerrillera o es dable realizar otras acciones como eje central de la lucha, se puede discutir largamente.

Nosotros basamos nuestra oposición a usar otra táctica en América Latina en dos argumentos:

Primero: Aceptando como verdad que el enemigo luchará por mantenerse en el poder, hay que pensar en la destrucción del ejército opresor; para destruirlo hay que oponerle un ejército popular enfrente. Ese ejército no nace espontáneamente, tiene que armarse en el arsenal que brinda su enemigo, y esto condiciona una lucha dura y muy larga en la que las fuerzas populares y sus dirigentes estarían expuestos siempre al ataque de fuerzas superiores sin adecuadas condiciones de defensa y maniobrabilidad. En cambio, el núcleo guerrillero asentado en terreno favorable a la lucha, garantiza la seguridad y permanencia del mando revolucionario y las fuerzas urbanas, dirigidas desde el Estado Mayor del Ejército del Pueblo, pueden realizar acciones de incalculable importancia.
      La eventual destrucción de los grupos urbanos no haría morir el alma de la Revolución, su jefatura, que desde la fortaleza rural seguiría catalizando el espíritu revolucionario de las masas y organizando nuevas fuerzas para otras batallas.
      Segundo: El carácter continental de la lucha. ¿Podría concebirse esta nueva etapa de la emancipación de América Latina como el cotejo de dos fuerzas locales luchando por el poder en un territorio dado? Evidentemente no, la lucha será a muerte entre todas las fuerzas populares y todas las fuerzas represivas.
      Los yanquis intervendrán, por solidaridad de intereses y porque la lucha en América Latina es decisiva. Lo harán con todas sus fuerzas, además; castigarán a las fuerzas populares con todas las armas de destrucción a su alcance; no dejaran consolidarse al poder revolucionario y, si alguno llegara a hacerlo, volverán a atacar, no lo reconocerán, tratarán de dividir las fuerzas revolucionarias, introducirán saboteadores de todo tipo, intentarán ahogar económicamente al nuevo Estado, aniquilarlo, en una palabra.

Dado este panorama americano, consideramos difícil que la victoria se logre en un país aislado. A la unión de las fuerzas represivas debe contestarse con la unión de las fuerzas populares. En todos los países en que la opresión llega a niveles insostenibles, debe alzarse la bandera de la rebelión y esta bandera tendrá, por necesidad histórica, caracteres continentales. La Cordillera de los Andes está llamada a ser la Sierra Maestra de América Latina, como dijera Fidel, y todos los inmensos territorios que abarca este continente están llamados a ser escenarios de la lucha a muerte contra el poder imperialista.

No podemos decir cuándo alcanzará estas características continentales, ni cuánto tiempo durará la lucha, pero podemos predecir su advenimiento porque es hija de circunstancias históricas, económicas, políticas, y su rumbo no se puede torcer.

Frente a esta táctica y estrategia continentales, se lanzan algunas fórmulas limitadas: luchas electorales de menor cuantía, algún avance electoral, por aquí; dos diputados, un senador, cuatro alcaldías; una gran manifestación popular que es disuelta a tiros; una elección que se pierde por menos votos que la anterior; una huelga que se gana, diez que se pierden; un paso que se avanza, diez que se retroceden; una victoria sectorial por aquí, diez derrotas por allá. Y, en el momento preciso, se cambian las reglas del juego y hay que volver a empezar.

¿Por qué estos planteamientos? ¿Por qué esta dilapidación de las energías populares? Por una sola razón. En las fuerzas progresistas de algunos países de América Latina existe una confusión terrible entre objetivos tácticos y estratégicos; en pequeñas posiciones tácticas se ha querido ver grandes objetivos estratégicos. Hay que atribuir a la inteligencia de la reacción el que haya logrado hacer de estas mínimas posiciones defensivas el objetivo fundamental de su enemigo de clase.

En los lugares donde ocurren estas equivocaciones tan graves, el pueblo apronta sus legiones año tras año para conquistas que le cuestan inmensos sacrificios y que no tienen el más mínimo valor. Son pequeñas colinas dominadas por el fuego de la artillería enemiga. La colina parlamento, la colina legalidad, la colina huelga económica legal, la colina aumento de salarios, la colina constitución burguesa, la colina liberación de un héroe popular… Y lo peor de todo es que para ganar estas posiciones hay que intervenir en el juego político del estado burgués y para lograr el permiso de actuar en este peligroso juego, hay que demostrar que se puede estar dentro de la legalidad burguesa. Hay que demostrar que se es bueno, que no se es peligroso, que no se le ocurrirá a nadie asaltar cuarteles, ni trenes, ni destruir puentes, ni ajusticiar esbirros, ni torturadores, ni alzarse en las montañas, ni levantar con puño fuerte y definitivo la única y violenta afirmación de América Latina: la lucha final por su redención.

Contradictorio cuadro el de América Latina; dirigencias de fuerzas progresistas que no están a la altura de los dirigidos; pueblos que alcanzan alturas desconocidas; pueblos que hierven en deseos de hacer y dirigencias que frenan sus deseos. La hecatombe asomada a estos territorios de América Latina y el pueblo sin miedo, tratando de avanzar hacia la hecatombe, que significará, sin embargo, la redención definitiva. Los inteligentes, los sensatos, aplicando los frenos a su alcance al ímpetu de las masas, desviando su incontenible afán de lograr las grandes conquistas estratégicas: la toma del poder político, el aniquilamiento del ejército, del sistema de explotación del hombre por el hombre. Contradictorio, pero esperanzador, las masas saben que «el papel de Job no cuadra con el de un revolucionario» y se aprestan a la batalla.

¿Seguirá el imperialismo perdiendo una a una sus posiciones o lanzará, bestial, como lo amenazó hace poco, un ataque nuclear que incendie al mundo en una hoguera atómica? No lo podemos decir. Lo que afirmamos es que tenemos que caminar por el sendero de la liberación, aun cuando éste cueste millones de víctimas atómicas, porque en la lucha a muerte entre dos sistemas, no puede pensarse en otra cosa que la victoria definitiva del socialismo, o su retroceso bajo la victoria nuclear de la agresión imperialista.

Cuba está al borde de la invasión; está amenazada por las fuerzas más potentes del imperialismo mundial y por ende, por la muerte atómica. Desde su trinchera que no admite retroceso lanza a América Latina su definitivo llamado al combate; combate que no se decidirá en una hora o en unos minutos de batalla terrible, que podrá definirse en años de agotadores encuentros en todos los rincones del continente, en medio de atroces sufrimientos. El ataque de las fuerzas imperialistas y de las burguesías aliadas, pondrá una y otra vez a los movimientos populares al borde de la destrucción, pero surgirán siempre renovados por la fuerza del pueblo hasta el instante de la total liberación.

Desde aquí, desde su trinchera solitaria de vanguardia, nuestro pueblo hace oír su voz. No es el canto del cisne de una revolución en derrota, es un himno revolucionario destinado a eternizarse en los labios de los combatientes de América Latina. Tiene resonancias de historia.