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enero 04, 2024

Círculo de Lectura # 177 - Enero de 2024

 Círculo de Lectura # 177 - Enero de 2024

“El bloqueo económico, comercial y financiero de EEUU contra Cuba:Un caso de genocidio en cámara lenta"

Por: José R. Oro

Tomado de Cubadebate el 27 de octubre de 2023

http://www.cubadebate.cu/opinion/2023/10/27/el-bloaueo-economico-comercial-v-financiero-de-eeuu-contra-cuba-un-caso-de-aenocidio-en-camara-lenta-i/

Triunfa la Revolución Cubana, hito de la historia de la Patria Grande

Cuando triunfó la Revolución Cubana, el 1 de enero de 1959, la política exterior estadounidense, que ya había establecido su concepto de “enemigo” para conceptualizar al “campo socialista” y sus instituciones formadas desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en los países de Europa oriental y central (en la Unión Soviética después de la Revolución de Octubre de 1917). Este concepto fue incorporado al repertorio de la Guerra Fría y de la lucha contra “la expansión del Comunismo” por todo el mundo.

A pesar de que la Revolución Cubana no había definido aún su carácter socialista, la potencia imperial inició un proceso de ahogamiento económico, financiero, comercial y cultural contra ella, que a lo largo de más de 60 años no hizo más que agravarse. De forma general podemos llamar a este proceso el “Bloqueo”, que incluiría casi todas o todas las formas de acciones no militares contra la República de Cuba y su Revolución, insisto incluso antes de que esta tomara un carácter socialista.

El bloqueo de Estados Unidos contra el pueblo cubano: Forma especial y “disimulada” de Genocidio

Sí, sin duda alguna es una forma especial de Genocidio, es un acto de exterminio sostenido y encubierto. La Revolución Cubana fue considerada desde el primer momento por el gobierno de EEUU como una afrenta al poderío imperial. A unos pocos meses del triunfo de la Revolución Cubana, a pesar no había definido aún su carácter socialista, insistimos, el presidente Dwight Eisenhower, suspendió la compra de la cuota azucarera y poco más tarde, rompió relaciones diplomáticas con Cuba el 3 de enero de 1961.

La convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio establece que genocidio es un delito de derecho internacional que se define por su intencionalidad de “destruir total o parcialmente a un grupo nacional...”. Entre los actos característicos de genocidio señala: “Asesinato de miembros del grupo [nación], lesión física o mental de los miembros del grupo; sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial...”

Jamás en toda la historia de la humanidad un país completo se ha sometido a un bloqueo económico, comercial y financiero tan prolongado como el que 13 gobiernos de Estados Unidos han mantenido contra Cuba desde hace 60 años. De hecho una completa guerra económica, despiadada y cruel.

Oficialmente el bloqueo se inició el 7 de febrero de 1962, con la firma de una orden ejecutiva del presidente John F. Kennedy, mediante la cual se endurecían las sanciones económicas contra Cuba y se promovía su aislamiento internacional, con la intención evidente de propiciar la derrota de la revolución.

El objetivo principal del bloqueo es infligirle los mayores sufrimientos al pueblo cubano con la finalidad de distanciarlo de la revolución y de sus dirigentes, de tal manera que fuera la misma población la que acabara con la revolución.

El bloqueo o como lo llama incorrectamente el gobierno de Estados Unidos, embargo, se profundizó con la ley promovida por los senadores Robert Torricelli y Bob Graham en 1992, llamada Ley de la Democracia Cubana, que busca profundizar el aislamiento internacional de Cuba, sobre todo tomando en cuenta el grave daño que había significado la caída de la URSS. Esta ley era algo así como el golpe de gracia que se le pretendía propinar a Cuba en el momento más difícil y consistía, en la prohibición a negociar con las filiales de empresas estadounidenses en cualquier parte del mundo; el otro aspecto de importancia es la prohibición a embarcaciones marinas a entrar en aguas estadounidenses si antes han tocado algún puerto cubano en el lapso de 180 días.

Unos años después, en marzo de 1996 se aprobó una nueva ley contra Cuba, esta vez patrocinada por el senador Jesse Helms y el representante Dan Burton, titulada: Ley para la libertad y la solidaridad democrática cubanas. Esta ley hace énfasis en las sanciones internacionales contra Cuba, prohibiendo comerciar con filiales de empresas estadounidenses instaladas en terceros países, prohibición del financiamiento indirecto, exclusión del Gobierno de Cuba de la participación en todos los organismos del sistema de cooperación internacional, con amenazas a los organismos que acepten la participación de Cuba de reducir el aporte financiero a las mismas por parte del gobierno estadounidense, así como de descontar el monto de cooperación que le fuere aprobado a Cuba del financiamiento de la organización que lo hubiere realizado; insiste en que el bloqueo se eliminará cuando haya un hipotético gobierno de transición y gobierno democrático, que sería calificado de esa manera solamente por la “potestad y arbitrio” del gobierno de Estados Unidos, “prerrogativa” que está en contra de todo principio de la Ley Internacional.

Como se expresará en la segunda parte de este escrito, el bloqueo contra Cuba es un acto de Genocidio en cámara lenta, un acto cruel de intentar asfixiar, desintegrar a Cuba y a su pueblo, de crear el caos y llevar al país a una guerra civil de incalculables consecuencias.

El proyecto de resolución, titulado “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos de América contra Cuba”, será puesto a consideración de la Asamblea General de Naciones Unidas, el 1 y 2 de noviembre. En esta ocasión, dos de los poquísimos países que han apoyado a Estados Unidos en ese crimen que es el bloqueo, Israel y Ucrania, se ven envueltos en terribles y amenazadores conflictos, en gran parte como resultado de seguir las políticas agresivas de EE.UU. en su insensata apuesta por eternizar un imposible mundo “unipolar”.

Al presentar el documento a ser votado en la ONU durante una conferencia de prensa el 20 de octubre en La Habana, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, calificó de genocida a ese cerco maligno que sufre Cuba, y denunció las pérdidas que provoca a la isla, las cuales superan el billón de dólares. Asimismo, precisó que los perjuicios causados por la medida implican una afectación de más 405 millones mensuales y un millón de dólares cada dos horas. El producto interno bruto de Cuba pudo haber crecido durante el ejercicio del 2022 en alrededor de un 9%, de no ser por la política de sanciones estadounidense. Si calculamos los daños del perjuicio del bloqueo en estos 60 años, a partir del valor de oro, alcanzan un billón 337 mil millones de dólares, cifra inconmensurable para cualquier economía del mundo, dijo el canciller.

El bloqueo contra Cuba tiene un impacto letal con daños económicos directos e indirectos y busca privar al país de los ingresos financieros que resultan indispensables para adquirir alimentos, tecnologías, suministros, además provoca pérdidas al turismo, apuntó. En el contexto de esa política, el Gobierno estadounidense aplicó, entre enero del 2021 y febrero del 2023, 909 acciones discriminatorias de cancelación de contratos y servicios por bancos extranjeros. Durante el momento más crítico de la pandemia de la covid-19 en la isla, el gobierno estadounidense recrudeció el cerco económico, comercial y financiero, acción que el máximo representante de la diplomacia cubana calificó de acto cruel y genocida.

Los propósitos de esos ataques, sabotajes terroristas y del prolongado bloqueo que se aplica de manera extraterritorial contra la soberanía de terceros Estados, compañías y ciudadanos de otros países, son agudizar la escasez de alimentos y las carencias materiales, la interrupción de los servicios públicos para sembrar el desaliento, responsabilizar y denigrar a la Revolución culpándola de ineficiente en el manejo de los recursos y el modesto o no crecimiento de la economía, recrudecidos estos efectos por la exacerbación del bloqueo desde el inicio de la pandemia de covid-19.

Aunque en las redes sociales los enemigos de Cuba pretendan encubrir esta realidad, el bloqueo económico, comercial y financiero es el principal obstáculo al desarrollo de la economía cubana y para el pleno disfrute de los derechos humanos del pueblo de Cuba, donde nadie escapa de sus terribles efectos. Y es, de hecho, un acto consumado de genocidio.

Aspecto central del bloqueo es, sobre todo, la violación a los derechos humanos del pueblo cubano, derechos que son violados sistemáticamente desde hace más de seis décadas por el Gobierno de EE.UU., constituyéndose en un caso de genocidio permanente. La convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio establece que genocidio es un delito de derecho internacional que se define por su intencionalidad de “destruir total o parcialmente a un grupo nacional...”.

El bloqueo, sin embargo, va más allá, pues se ha convertido en un conjunto de leyes y decretos presidenciales de la nación estadounidense aplicados extraterritorialmente, es decir, leyes de un Estado que aplica a cualquiera de los Estados del mundo cuando lo considera conveniente, rompiendo el sistema de derecho internacional.

El bloqueo no solo afecta a otros gobiernos o empresas que negocien con Cuba, a organismos científicos o de cooperación, sino que afecta la aplicación de la misma Constitución de EE.UU. y los derechos de los ciudadanos estadounidenses, pues las leyes anteriores les prohíben viajar a Cuba por razones turísticas, tampoco pueden hacerlo fácilmente por razones científicas, de estudio o de colaboración con los científicos o con los artistas cubanos. En caso de que ese ciudadano o ciudadana quiera establecer algún negocio, tampoco puede hacerlo con Cuba, de tal manera que el bloqueo es una enorme violación de los derechos humanos de los estadounidenses.

Un aspecto esencial que hay que tomar en cuenta es el sufrimiento inmenso del pueblo cubano: mujeres, hombres, niños, adultos mayores, personas con alguna discapacidad, se han visto afectadas a lo largo de los últimos 61 años, en su acceso a bienes materiales que afectan la calidad y cantidad de la alimentación, el equipamiento médico, educativo, científico. Muchos cubanos han sido víctimas de las acciones terroristas financiadas y organizadas desde Estados Unidos a partir del mismo día del triunfo de la Revolución. Científicos y artistas calificados y reconocidos por su trayectoria se han visto empujados a abandonar Cuba para poder dar a conocer sus trabajos, aun contra su voluntad.

Los daños ocasionados por el bloqueo se han contabilizado en más de un billón 337 000 millones de dólares. Esta cifra no contabiliza, como no lo puede expresar ninguna cifra, los sufrimientos del pueblo cubano, las pérdidas familiares o personales de carácter físico y moral.

Solidaridad en EEUU para derrotar al bloqueo anticubano

La solidaridad internacional con la Revolución y la resistencia del heroico pueblo cubano lograrán finalmente derrotar al bloqueo, agudizado a extremos inimaginables por Donald Trump, y mantenido intacto por su sucesor, Joe Biden.

Uno de los puntos más importantes de esa lucha es el reconocimiento del carácter genocida del bloqueo anticubano.

En EE.UU. se observa el crecimiento de una fuerte oposición al bloqueo contra Cuba y una de las razones de que esto se produzca es la creciente convicción sobre su naturaleza genocida. Entre las muchas organizaciones que protestan contra el bloqueo y lo identifican como un acto de genocidio contra Cuba están prácticamente todas las que conforman el movimiento progresista y de izquierda de esa nación.

Países como Venezuela, Nicaragua, Bolivia, México, Rusia, la República Popular China, la República Popular Democrática de Corea, Irán, Siria y muchos otros se preparan para defender a Cuba a capa y espada, mientras que poquísimas delegaciones encabezadas por Estados Unidos tratan de sabotear la resolución, algo que ya intentaron cada año por más de tres décadas.

El clima de hostilidad en las relaciones bilaterales ha estado fuertemente marcado por el incremento de la retórica agresiva del Gobierno estadounidense contra Cuba. Como parte de esta escalada, EE.UU. intentará introducir “enmiendas” al proyecto de resolución contra el bloqueo presentado por Cuba a la Asamblea General de las Naciones Unidas. El objetivo de estas previsibles maniobras será modificar la naturaleza del texto y fabricar pretextos para la continuidad y el reforzamiento de su política genocida, recurriendo a falsas alegaciones en materia de derechos humanos y cualquier otro invento, a lo que ya nos tienen acostumbrados. A pesar de las fuertes presiones que van a ser ejercidas por EE.UU., la comunidad internacional rechazará sus propuestas, al tiempo que expresará una vez más su apoyo abrumador a la resolución de condena al bloqueo.

El debate de 2023 se va a producir en medio de agravadas tensiones a nivel planetario, las guerras en Ucrania y el Medio Oriente han dividido en buena medida al movimiento progresista y de izquierda en el mundo, pero a pesar de ello Cuba obtendrá otra atronadora victoria. Lo sabemos y allí estaremos como siempre para apoyar la causa de nuestra patria.

Una de las cosas que hace que el bloqueo cubano sea tan despreciable es su ataque intencional contra civiles, genuina e indisputable característica del genocidio. Busca estrangular a la nación cubana económica, política y socialmente, matando y amenazando la vida de millones de personas. El bloqueo prohíbe a las empresas estadounidenses y sus sucursales extranjeras hacer negocios directamente con Cuba. Sin embargo, este genocidio no se limitó al bloqueo propiamente dicho. Estados Unidos tiene una larga historia de ataques a Cuba mediante la utilización de mercenarios, paramilitares, ataques terroristas y guerra biológica, entre otras agresiones. Pero usamos el término “bloqueo” en una acepción amplia que incluye todas esas acciones hostiles

Cuba se prepara para producir todo lo necesario en su territorio, sustituir importaciones, crear nuevos rubros exportables, fortalecer el turismo internacional y lograr un futuro próspero y sostenible. Pero todo ello está profundamente dificultado por el bloqueo y sus diferentes ramificaciones, incluso psicológicas.

Particularmente salvaje e inhumano ha sido el recrudecimiento del bloqueo durante la pandemia de covid-19, e incluso negar (o calumniar) la ayuda médica de Cuba a muchos países, el desarrollo de las vacunas en Cuba y que hayan sido compartidas con otros países.

Esta ha sido una etapa de intensísima actividad para Cuba y su presidente. Primero, la extraordinaria Cumbre del G77 y China, que se efectuó con gran éxito en La Habana, y ahora el segmento de alto nivel en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas. Muchos jefes de Estado expresaron su demanda del fin del bloqueo anticubano y la salida de nuestro país de la Lista de Países que Patrocinan el Terrorismo, lista espuria a la que Cuba nunca debió pertenecer.

La actividad diplomática y política de Cuba ha sido este año tan fuerte y coordinada como siempre, quizás más. A finales de septiembre, se produjo la visita del presidente cubano a Nueva York, que fue excepcional de muchas formas. En primer lugar, se produjo a los pocos días de efectuarse en La Habana la imponente Cumbre del G-77 y China, hecho que, junto con anterior reunión del Brics en África del Sur, fueron el centro de la atención de política internacional este año (antes de la tragedia en el Medio Oriente) y la evidencia del desmoronamiento del mundo unipolar, que como fuera antes “el Tercer Reich milenario”, es solo una ilógica y desatinada fantasía.

A guisa de unas pocas conclusiones

Surgen muchas preguntas al calificar al bloqueo anticubano como un “genocidio a cámara lenta”, algunas de las cuales son:

¿Cuántos cubanos han muerto, principalmente niños y ancianos, o han visto reducida su vida a causa del bloqueo y las carencias relacionadas con el mismo?

No sabemos una cifra, ni creo pueda saberse con exactitud, pero son muchos más de lo que imaginamos. Sin incluir aquellas personas afectadas por ataques biológicos, dengue u otras afecciones originadas por acciones hostiles.

¿Cuántos compatriotas has emigrado, entre ellos muchas personas valiosas?

No poseo una cifra exacta, pero todos tenemos claro que son cantidades muy significativas, incluyendo profesionales en los cuales el país ha invertido muchos esfuerzos y recursos.

¿Cuántos han dejado de nacer, debido a las carencias relacionadas con el bloqueo, y que no son fáciles de cuantificar, por ejemplo, el déficit de viviendas?

Cuba ocupa el lugar 193, entre 221 países y territorios, con una cifra de entre 1.4 y 1.71 nacimientos (dependiendo de la fuente de datos) por cada mujer. Cualquiera sea la cifra, es sumamente baja. Por ejemplo, la hermana Angola tiene entre 5.1 y 5.3 nacimientos por mujer (que es muy alta, por cierto). El promedio mundial es de 2.3 nacimientos por mujer.

Como consecuencia del punto anterior, se ha producido un envejecimiento de la población cubana, por falta de nacimientos, alta expectativa de vida y el hecho de que muchos de los emigrantes son personas jóvenes, creando un considerable problema en que la población activa disminuye y no puede apoyar suficientemente a los planes de pensiones, atención médica a la tercera edad, etc. Si tomamos en cuenta todo lo anterior, el efecto demográfico y social del bloqueo es tan alto y perjudicial como los económicos.

El bloqueo ha limitado el desarrollo de regiones menos prósperas del país, forzando migraciones internas, el despoblamiento rural y otras distorsiones demográficas que a su vez limitan la producción agrícola, etc. Muchas zonas rurales cubanas han sufrido reducciones de población y, aún más, de potencial fuerza de trabajo.

Es decir, el bloqueo contribuye a un círculo vicioso de problemas, que afectan de manera directa al pueblo de Cuba, en particular a quienes tienen menos recursos.

Podemos responder de forma CLARA y afirmativa la pregunta titular:

Sí, el bloqueo anticubano es un genocidio. No solo eso: ¡es el acto genocida más prolongado de la historia!

No podemos olvidar la historia, como nos proponía hacer el ahora expresidente Barack Obama. Además, la historia no debe ser recordada “selectivamente”, crímenes como “la Reconcentración”, “la masacre de los Independientes de Color” y ahora el salvaje bloqueo no deben ni pueden ser “olvidados” jamás.

junio 04, 2023

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 170

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 170

“Discurso pronunciado por Miguel Díaz-Canel en la Sesión Constitutiva de la X Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular”

Se trata del discurso pronunciado por Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, en la Sesión Constitutiva de la X Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, el 19 de abril de 2023, “Año 65 de la Revolución”, donde él expresa su felicitación para las compañeras y los compañeros designados para ocupar la dirección de la Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba.

Este hecho democrático ocurre el mismo día en el que se conmemoran 62 años del triunfo de Cuba ante la invasión mercenaria por parte del imperialismo en las arenas de Playa Girón.

También se cumplen éste año los doscientos años desde que los Estados Unidos definieran “la teoría de la fruta madura” que decía que Cuba caería en manos de la Unión Norteamericana como una fruta madura al caer del árbol.

Y también doscientos años desde que se promulgó la “Doctrina Monroe” que sostiene que América será de los norteamericanos.

Cuba, está hoy bloqueada más que nunca con el recrudecimiento impuesto por el gobierno de Donald Trump en plena pandemia.

Ésta décima Legislatura deberá tener como meta primordial estar en permanente contacto con el pueblo y en la sinergia que generan los esfuerzos individuales y colectivos, desde los barrios y sus municipios, con las provincias y la nación.

Es preciso dar respuesta a todos los planteamientos hechos por el pueblo.

Pero también debemos superar los obstáculos que se generan debido al burocratismo y la corrupción.

Durante los últimos años, Cuba ha tenido que enfrentar duros desafíos frente la pandemia, el siniestro del Hotel Saratoga, el voraz incendio de los depósitos petroleros en la provincia de Matanzas, y el huracán Ian.

Todo esto fue superado contando con la proeza del pueblo cubano, capaz de resistir los más duros vendavales.

Hoy, frente a la incertidumbre por la inestabilidad económica mundial, se plantea la necesidad de buscar los medios para aumentar la producción de alimentos, buscar el incremento de los ingresos en divisas, entre otros, como principal objetivo en la batalla económica.

Hemos transcurrido últimamente por tres procesos electorales, donde el enemigo presagiaba un alto porcentaje de abstencionismo.

Pero la realidad ha demostrado un alto índice de participación electoral con un 75,8%, dando una vez más una muestra de patriotismo y de conciencia política por parte de nuestro pueblo, y en elecciones transparentes.

Miguel Díaz-Canel hace una muy especial dedicación a los jóvenes cubanos, que son quienes tienen la mayor responsabilidad en la participación y el sostenimiento de la Revolución, a pesar que ellos también sufren las consecuencias del bloqueo.

Pero la fuerza de la juventud hace que se logren superar los obstáculos, como también ocurrió durante el período especial que se inició en la década de los noventa.

Hoy, hay sectores juveniles que protagonizan la emigración.

Debemos buscar de convencerlos que sí les será posible realizarse en su patria, y que siempre los esperaremos a su regreso.

Finaliza diciendo que ¡La unidad y la victoria son la esperanza, la unidad y la victoria son el presente y el futuro de la patria y el socialismo!

Durante el posterior debate se manifestó un reconocimiento al contenido político de este discurso de Miguel Díaz-Canel, y se valoró el reconocimiento hacia el pueblo cubano que ha demostrado su compromiso y la activa participación en las luchas que han tenido que enfrentar ante diversos factores adversos ocurridos, como el siniestro en el Hotel Saratoga, los súper tanqueros de Matanzas, el huracán Ian, la pandemia por la Covid-19 con la creación genuina de cinco candidatos vacunales de producción cubana.

Todo esto gestado con la invalorable ayuda solidaria del pueblo de Cuba, más allá también de la solidaridad internacional que también estuvo presente.

El ejemplo del amplio debate poblacional que se dio oportunamente alrededor de la Ley del Código de Las Familias y luego el referéndum para su aprobación, deja en claro la participación de la mayoría de la población.

Esa es la característica propia del sistema socialista y participativo.

Un sistema que está en la permanente búsqueda de la más justa distribución de los ingresos y la igualdad de los beneficios sociales como son la cultura, el trabajo, la educación, la salud y la seguridad.

También se destacó, que además de ser justo, es muy curioso el hecho de que los diputados recién electos no cobran dinero por ejercer sus cargos.

Este hecho hace que sus funciones de cargo político no sean corruptibles por prebendas, y su único objetivo es defender los intereses de la mayoría de la población.

Se mencionó la importancia de su autocrítica con respecto a la lucha contra la burocratización, las ineficiencias y los casos de corrupción.

Díaz-Canel hace en su discurso una muy especial mención a la juventud cubana a la que reconoce y valora cómo su fuerza y espíritu sostienen a la Revolución.

Finalmente hemos tratado el tema de las nuevas tecnologías vinculadas al internet y sus redes sociales, que dañan mucho a las conciencias de los jóvenes y les reduce sus niveles de conciencia política.

Un tema preocupante por parte del gobierno ya en los últimos años, pero que está en permanente lucha por superarlo.

Por último hemos acordado abordar para el próximo Círculo de Lectura, del sábado 1° de julio, el discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en la clausura de la Conferencia Internacional “Por el Equilibrio del Mundo”, en homenaje al 150 aniversario del natalicio del Héroe Nacional José Martí, el 29 de enero del 2003.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 03 de junio de 2023.

junio 01, 2023

Círculo de Lectura # 170 – Junio de 2023

 Círculo de Lectura # 170  –  Junio de 2023

“Discurso pronunciado por Miguel Díaz-Canel en la  Sesión Constitutiva de la X Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular”

 Miguel Díaz-Canel Bermúdez  19 de Abril de 2023

Tomado de: Presidencia del Gobierno de Cuba

 Discurso pronunciado por Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, en la  Sesión Constitutiva de la X Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, el 19 de abril de 2023, “Año 65 de la Revolución”.

 (Versiones Taquigráficas - Presidencia de la República)

 Querido General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de la Revolución Cubana;

 Queridos compañeros de la Generación Histórica que nos acompañan;

 Nuevos miembros del Consejo de Estado;

 Miembros del Consejo de Ministros;

 Invitadas e invitados;

 Diputadas y diputados:

 Nuestras primeras palabras son para extender la felicitación a las compañeras y compañeros hoy elegidos o designados, respectivamente, para ocupar la dirección de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el Consejo de Estado y el Consejo de Ministros.

 ¡Felicidades a todos en el Día de la Victoria! El 19 de abril de 1961, en las arenas de Playa Girón, Cuba ganó el derecho a celebrar este día, al propinarle su primera gran derrota al imperialismo en América (Aplausos y exclamaciones de: “¡Viva Fidel!”).

 Se trata del triunfo de lo justo sobre lo injusto, del pequeño David frente al gigante Goliat, de una Revolución socialista frente a las narices de un imperio, tal como la definió Fidel en 23 y 12, en la despedida de duelo por las víctimas del bombardeo a los aeropuertos de Ciudad Libertad, Santiago de Cuba y San Antonio de los Baños, en el preludio de la invasión.

 Es tan épica esa victoria que 62 años después los derrotados no han podido perdonarnos.  Y es gracias a esa victoria que hoy instalamos, por décima vez, la Asamblea del Pueblo (Aplausos).

 Las 470 personas que recién juramos como diputadas y diputados no ganamos el curul por tener más dinero o el respaldo de partidos electorales, cuyo único fin es colocar en el lugar donde se deciden las leyes del país a un defensor de los intereses de determinados grupos de poder.

 Cada uno de nosotros está sentado aquí para defender los intereses de la mayoría y no vamos a cobrar más ni vamos a recibir prebendas por ejercer como diputada o diputado, como sí ocurre en tantos países que presumen de modelos democráticos multipartidistas.

 Cuba defiende el Partido único, garantía de la unidad desde que José Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano, porque está en la raíz de nuestra historia y porque no se disgregan ni se confrontan las fuerzas de una pequeña nación que hace 200 años fue oficialmente declarada como apéndice para anexar al poderoso vecino, cuando ya se gestaba un voraz imperio.

 En unos días, el 28 de abril, se cumplirán dos siglos de que el entonces secretario de Estado y más tarde presidente de la Unión, John Quincy Adams, dejara definida para Cuba su teoría de la “fruta madura”: “...hay leyes de gravitación política como las hay de gravitación física, y así como una fruta separada de su árbol por la fuerza del viento no puede, aunque quiera, dejar de caer en el suelo, así Cuba una vez separada de España y rota la conexión artificial que la liga con ella, es incapaz de sostenerse por sí sola, tiene que gravitar necesariamente hacia la Unión Norteamericana, y hacia ella exclusivamente, mientras que a la Unión misma, en virtud de la propia ley, le será imposible dejar de admitirla en su seno”.

 Desde aquel anuncio de abril hasta la promulgación de la Doctrina Monroe, en diciembre de 1823, transcurrieron meses.  Pero desde entonces hasta los días que corren, durante 200 años, la política del vecino poderoso ha sido una sola, aunque se alternen dos partidos en el poder.  Para Cuba, al menos, es muy difícil distinguirlos, mientras, por ejemplo, prácticamente todas las medidas aplicadas por el republicano Donald Trump para reforzar el bloqueo las mantenga su adversario político el demócrata Joe Biden.

 “Remember Girón”, advertían nuestros padres ante cada nueva amenaza de invasión que hubo después de 1961. La consigna permanece viva en el imaginario popular, porque la actitud mercenaria también lo está.  Sin Nicaragua y sin Somoza, ahora los invasores entrenan en los Everglades (Estado de Florida) y amenazan desde sus cuevas en las redes sociales.

 El poderoso vecino sigue siendo generoso con los “prestados” para destruir a la Revolución y cada año destina decenas de millones de dólares a quienes se ofrecen para subvertir el orden interno en Cuba, ya sea de modo presencial o vía Internet.

 Ni un solo día en estos años, hemos dejado de sentir los golpes de esa guerra no declarada contra la economía y la sociedad; contra la vida cotidiana y los sueños de progresos de toda una nación.

 Así como recordamos Girón, recordaremos siempre la crueldad del bloqueo reforzado en condiciones de pandemia; la infame inclusión de Cuba en una lista de supuestos patrocinadores del terrorismo para sitiar todas las vías financieras; el oxígeno que se negaron a darnos, mientras estimulaban rebeliones callejeras, de algún modo nos lo negaban ya al cerrar cada posibilidad de comercio o financiamiento.

 De todas esas batallas va saliendo vencedor el pueblo y no tengo ninguna duda de que, como en Girón, ¡seguiremos venciendo!  Cuba mantiene intacta su línea de principios y su disposición al diálogo, pero sin presiones ni condicionamientos.

 Pero, tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe.  Un día, más temprano que tarde, tendrá que cesar la política de la hegemonía; el multilateralismo ocupará su espacio y Cuba podrá probar hasta dónde puede llegar una nación de gente noble, creativa y talentosa unida en torno a objetivos claros, si se le libera de presiones y bloqueos.

 Ahora concentrémonos en lo que nos toca y podemos hacer, incluso atados de pies y manos. Para pensar y trabajar juntos, pasando por encima de esas condiciones que no podemos cambiar, se funda esta X Legislatura.

 Todos nosotros tendremos ahora menos tiempo para nuestras familias y profesiones, menos horas de descanso. Solo nos esperan mayores responsabilidades y un elevado deber: servir al pueblo de Cuba, conectados siempre con sus demandas y necesidades.

 Me detengo aquí para puntualizar lo que considero que deberá distinguir a la nueva legislatura: el contacto permanente con los barrios, con las comunidades, con los que nos eligieron, conscientes de que no podemos hacer milagros, pero sí podemos transformar la desafiante realidad de Cuba hoy si logramos crear la sinergia indispensable entre los esfuerzos individuales y colectivos; entre los barrios y los municipios; entre los municipios y la provincia, entre las provincias y la nación.

 Compatriotas:

 Desde los primeros tiempos del Poder Popular, la consigna fue elegir a los mejores.  Pero elegir buenos entre buenos, siempre será un ejercicio difícil e incompleto.

 Es por eso que invitamos a una representación de personas de extraordinarios valores, como ustedes, pero que no estuvieron en las candidaturas por una razón obvia: hay muchos más buenos cubanos que escaños en el Parlamento (Aplausos).

 Aquí están invitados rescatistas del hotel Saratoga y de la Base de Supertanqueros (Aplausos); creadores de vacunas y medicamentos que nos salvaron de la COVID-19 (Aplausos); innovadores e investigadores que han participado en la creación de ventiladores pulmonares, en la creación de prótesis de cadera, piezas para plantas eléctricas (Aplausos); estudiantes y profesores que pasaron sus vacaciones trabajando en Zona Roja y en la reconstrucción de escuelas y casas arrasadas por el huracán Ian (Aplausos). Está Alexis Leiva Machado, Kcho, con su mítica Brigada Martha Machado, que levantó una escuela nueva y varias casas en el lugar más devastado, por donde entró el ciclón y que continúa trabajando en esa comunidad en varios proyectos (Aplausos); juristas que nos acercaron a la comprensión del Código de las Familias (Aplausos); líderes de proyectos comunitarios, delegados de base que desarrollan un buen papel, como “Paquito de Cuba” (Aplausos), entre otros muchos que podían estar y que no caben en este recinto (Aplausos).  ¡Por eso, en esta Asamblea está el pueblo de Cuba! (Aplausos prolongados.)

 Difícilmente olvidaremos aquellos días inciertos en que apenas dormimos y al despertar la primera mirada iba directo a las cifras de la COVID-19.

 Estoy bastante seguro de que ninguna simulación de Inteligencia Artificial podría resumir la proeza del pueblo cubano en los últimos años. La resistencia creativa de la gente de este país, su resiliencia, supera los límites de cualquier simulación o predicción. No hay algoritmo capaz de reflejar todo lo que vivimos. Eso solo puede ser sentido (Aplausos).

 ¡Cuba es un sentimiento, y es una fuerza capaz de enfrentar y vencer los peores vendavales!

 La economía mundial, incierta e inestable en todas las latitudes, plantea el primer y mayor desafío para el nuevo Consejo de Ministros, que debe contar con el acompañamiento fundamental de todos para enfrentar obstáculos y resolver ineficiencias.

 En lo inmediato, la dirección principal debe centrarse en la producción de alimentos, el aprovechamiento de las capacidades productivas ociosas, el incremento de los ingresos en divisas, las transformaciones que requiere la empresa estatal socialista, la eficiencia del proceso inversionista, la complementariedad de los actores económicos y la participación de la inversión extranjera.  Todo ello en función de incrementar la oferta de bienes y servicios y controlar la inflación, lo que se constituye en la principal prioridad de trabajo en la batalla económica.  Hay que asumir ese gigantesco desafío sin desalientos.

 Con el recrudecimiento del bloqueo, la crisis mundial y nuestras incapacidades la situación económica y social del país se ha complejizado mucho, y los sueños, planes y proyectos a los que nunca renunciaremos se ralentizan. A veces parece que nunca serán posibles.  Pero si repasamos la dinámica de los últimos cinco años, comprobaremos que, bajo las peores circunstancias y las más criminales presiones, nos convertimos en uno de los pocos países que se salvó a sí mismo de la pandemia con sus propios esfuerzos y talento.

 Cuando me preguntan de dónde saco el optimismo para enfrentar tantos problemas, yo pienso en esas proezas.  En eso y en cientos de soluciones y propuestas de soluciones que encuentro cada vez que veo a personas que invierten inteligencia y energías en el afán de encontrar soluciones a los problemas de su entorno, en lugar de llenarse de lamentos y acusaciones.

 Respeto profundamente el derecho de cada cual a expresar sus quejas, pero no puedo dejar de contrastar actitudes: la de los que critican del modo más efectivo, luchando, haciendo, mostrando o creando soluciones, y la de aquellos que solo ven los errores y las culpas de otros.

 Diputadas y diputados:

 En los últimos seis meses se han realizado en el país tres procesos de votación popular, todos en un contexto de aguda crisis y bajo el ataque de una campaña mediática orientada a imponer las matrices de un Estado fallido debido a un gobierno incapaz y a diseminar el odio.

 El verdadero enemigo de la nación cubana apuesta al estallido para apoderarse del país y devolverlo a la era neocolonial que ya sufrimos y conocemos, ese enemigo vio en cada una de las votaciones recientes: el Referendo del Código de las Familias, las elecciones para delegados y luego para diputados, un momento clave para el ataque a la legitimidad del Gobierno y cifró sus esperanzas en la posibilidad de un alto abstencionismo.

 La prueba más fehaciente de que esa era la idea fueron los titulares del día siguiente. Todos, prácticamente sin excepción, hablaban de abstencionismo histórico, aunque tanto el nivel de participación como el voto válido y el voto unido, estaban por encima de la media de otros modelos de democracia en el mundo.

 Los que vaticinaban una alta abstención, conscientes de que el viejo diseño de Lester Mallory de emplear la guerra económica a fondo para generar dificultades que induzcan a la apatía política, volvieron a quedarse con las ganas.

 Ese 75,8 % de participación no hubiera sido posible sin la confianza del pueblo en la Revolución. Y esa confianza se expresa en participación. Fue una muestra de civismo, pero también de patriotismo y, sobre todo, de conciencia política. ¡Ahora esa confianza no la podemos defraudar! Nos tiene que comprometer más a todos. Nos obliga a trabajar por todo el país, en representación de toda Cuba.

 Si trabajamos sistemáticamente en cada uno de los municipios o distritos, si acompañamos a las autoridades locales sin suplantar funciones, si seguimos escuchando a la gente y llevamos a instancias superiores problemas que sobrepasan las posibilidades de los territorios, estoy seguro de que lograremos avances cotidianos en la solución de estos asuntos.

 La transparencia de nuestro proceso electoral han tratado de negarla también, pero no tienen ni una sola prueba que pueda poner en duda su limpieza.

 Desde las propuestas de los precandidatos en los plenos de las organizaciones sociales y estudiantiles comienza a expresarse la transparencia, que prosigue con el análisis y aprobación de las candidaturas en las asambleas municipales.

Se demostró que cuando se interactúa constantemente con las bases populares, de las cuales todos somos parte y a las cuales nos debemos, podemos ayudar a resolver los problemas antes de que se hagan más graves e irritantes.

 ¿Cuántas dificultades y deficiencias acumuladas no se resolvieron en los días de intercambio con los electores? Por eso insisto en que debemos mantener y perfeccionar ese sistema de trabajo y que sea una prioridad de la nueva Legislatura.

 Hay que dar respuesta a todos los planteamientos hechos por el pueblo en los encuentros de las semanas previas al 26 de marzo y a los que se originarán después.

 El avance del país en medio de las profundas dificultades que generan los obstáculos externos a nuestra economía, pero también el burocratismo, la indiferencia o la corrupción –inaceptable por principio–, depende en mucho de que cada diputada y diputado asuma con entrega y compromiso, el histórico desafío que nos hemos planteado: ¡vencer al bloqueo sin esperar que lo levanten! (Aplausos.)

 Compatriotas:

 Me complace mucho ver cuánto se ha rejuvenecido nuestro Parlamento, cuando una de las mayores preocupaciones de los últimos meses y años es el envejecimiento poblacional y la alta emigración que involucra a los segmentos más jóvenes de nuestra sociedad.

 Quiero dar gracias a los jóvenes cubanos por la inspiración y el estímulo, pero también por la consagración y el ejemplo, que fueron decisivos para hacer posible todo lo que hemos logrado, lo que hemos avanzado en medio del vendaval de muchas crisis: la que nos inducen cuando nos bloquean; la que nos llega porque sí, porque vivimos dentro de un mundo en crisis, y la que generamos nosotros mismos con nuestras insuficiencias.

 Los jóvenes cubanos están entre los que hacen este país, los que sostienen esta Revolución y el sueño de lo que hacemos y haremos en el futuro.  Como todo el pueblo cubano, sufren las necesidades económicas y sus terribles consecuencias.  Pero son jóvenes también los que saltan por encima del bloqueo, de las carencias, los que hacen su día a día, con ideas de futuro, dispuestos a hacer de Cuba un país mejor, desde dentro o desde afuera.

 La idea de que siempre será posible levantar un país mejor jamás puede abandonarse, menos en los tiempos difíciles o bajo el influjo de los mensajes desalentadores. Los cubanos hemos aprendido a no darnos por vencidos, porque no vemos en la dificultad un obstáculo, sino un desafío. Y lo enfrentamos. Ese temple es una característica de nuestra idiosincrasia.

 Como expresé hace un año  hablando con jóvenes, en mis años de dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas, en una ocasión Fidel nos advirtió que en una Revolución asediada y bloqueada como la nuestra algunos compañeros se cansan, se burocratizan, pierden el entusiasmo de los primeros tiempos y que nosotros teníamos que hacer el papel de resorte, de estimuladores, revolucionando la Revolución.

 Fue en los noventa, años muy duros, con los precios disparados al infinito para lo poco que se podía comprar; con apagones mucho más largos que los actuales, aunque con pocas colas en las gasolineras porque casi nunca había combustible para servir.

 Nos preparamos entonces para la Opción Cero, pero jamás renunciamos a construir un país mejor.  Como el heroico pueblo vietnamita que, en medio de una guerra terrible, se planteaba levantar un Vietnam diez veces más hermoso.

 “Son los sueños todavía, los que tiran de la gente, /como un imán que los une cada día”, cantaba por aquellos años Gerardo Alfonso en un verso que define bellamente el afán colectivo de levantar un país mejor. Por eso puedo afirmar que lo podemos hacer mejor hoy y que mañana los jóvenes lo harán mejor aún, ¡porque quien nació de esos sueños no permitirá que sea de otra manera! (Aplausos.)

 Son los jóvenes los mejores revolucionarios porque reconocen las dificultades diarias y se enfrentan a ellas y tratan de cambiarlas, y lo logran muchas veces.  Porque a pesar de la adversidad siguen sonriendo, amando y creyendo en la posibilidad de un país mejor, a pesar de que algunos los conviden a no participar, a destruir, a odiar.

 Entienden que para que un mundo mejor sea posible hay que aceptar las diferencias del otro, ser inclusivos, abolir las discriminaciones de cualquier clase y comprender que la equidad es un valor de realización que merece cultivarse en cualquier sociedad.

 Lo demostraron defendiendo el Código de las Familias como algo propio y apoyando todas las batallas justas contra la exclusión y el acoso, porque son feministas, ambientalistas y antirracistas. Y renovaron la pasión por el béisbol nacional cuando se armó el Team Asere, del Clásico, sin dejar de seguir a sus equipos de fútbol y siguen bailando y disfrutando la mejor música cubana.

 A cada uno de nosotros, por nuestra parte, nos toca estimular que ese espíritu juvenil se exprese y que demuestren lo que pueden dar y lo que pueden aportar, evitando las manifestaciones que muchas veces afectan esas potencialidades y están relacionadas con la falta de atención, la vanidad, los celos, los prejuicios y, lo que es peor, esquemas mentales vencidos por el tiempo.

 Hay que convencer, pero sobre todo probarles a nuestros jóvenes que sí les será posible realizarse en su patria. Que propongan ideas, proyectos y prueben en la práctica su eficacia en función de un país mejor.

 Las medidas que se aprueben no pueden morir  por demoras injustificadas en su aplicación. La vida de cada persona no es eterna y el tiempo y las necesidades de todos taladran el espíritu de la nación. Cada vez que una solución aparezca, debemos colocarle delante la dinámica de lo urgente.

 Por otro lado, no podemos ser parte de la politización de la emigración cubana, con la que trafica el enemigo. Debemos defender una relación con los emigrados cubanos que les deje claro que admiramos sus triunfos y que su patria los respeta, los mira orgullosa y los espera de regreso, aspirando simplemente a que respeten y defiendan el suelo que los vio nacer y los formó con amor (Aplausos).

 No estoy hablando, por supuesto, de los que le han vendido el alma al diablo, lucrando con el dolor del pueblo cubano en patéticos shows macartistas. Hablo de esos que, viviendo en cualquier lugar del mundo, conservan el amor hacia su país de origen y los deseos de que progrese, a pesar de las montañas de obstáculos que les representa relacionarse con Cuba por diversidad de razones y sinrazones.

 Los que aquí estamos resistiendo y construyendo contamos con esos cubanos que no se avergüenzan de sus orígenes para ayudar a sostener la nación.

 El socialismo es lo más cercano que hay a la juventud, porque no es una obra acabada, se va haciendo todos los días y la energía y la ambición natural de los jóvenes son fundamentales en esa obra.

 Pero ¿por qué la Revolución?  ¿Por qué el socialismo?  A veces lo vemos como el fin, la meta.  La Revolución es el medio, es la vía de conquistar para todos el mayor grado de justicia social posible y también de felicidad.

 Eso no es posible lograrlo en otros sistemas, donde el bienestar se asocia a la opulencia, donde unos tienen muy poco o no tienen prácticamente nada porque otros se apropian de la mayor parte de la riqueza creada por los que menos tienen.

 El proyecto de país que nos hemos propuesto pretende encontrar una mejor sinergia, diferente a la de otros modelos, que conduzca a mayores niveles de equidad y de realización, tanto a nivel individual como colectivo, que tenga el sello de los valores que compartimos como sociedad y que además incorpore sostenibilidad y prosperidad. En un contexto tan adverso como en el que nos ha tocado vivir, tal idea puede sonar muy ambiciosa.

 Pero siempre es arduo cuando se emprende algo novedoso, más cuando se trata de construir un paradigma diferente de sociedad. Escasean los referentes para comparar, o los que sirven se ajustan en algún sentido, pero en otros carecen de compatibilidad por cuestiones culturales o axiológicas (relativo a la naturaleza de los valores). Que sea difícil, no nos puede conducir a pensar que es renunciable.  De imposibles está llena nuestra historia. Es una tradición superar retos; mientras más y mayores sean, más ímpetu y ansiedad por superarlos. ¡Tenemos que saber que podemos y que debemos lograrlo! (Aplausos.)

 No fue un milagro lo que nos trajo hasta este momento de la historia. Fue una Revolución que comenzó en 1868, peleando casi sin armas contra el imperio más poderoso de su época, por obtener independencia, soberanía y el fin de la esclavitud.

 Fue la pelea de un hombre menudo, enfermo y pobre, pero iluminado de ideas universales humanistas, para unir a todas las generaciones que no habían logrado cumplir aquellos sueños.

 Fueron otros hombres y mujeres que sufrieron la frustración de aquellos anhelos y le dieron continuidad al combate, entonces contra la nueva dependencia y otro gran imperio.

 Y fue una generación heredera de todas las que le antecedieron que resumió el legado en un afán libertario que conquistó por fin la independencia y la soberanía con las armas. Y en posesión definitiva de esas conquistas, se propuso y logró levantar una nación libre, respetada y admirada en el resto del mundo por su dignidad, su voz propia, su solidaridad con todas las causas justas y la educación y el talento de sus hijos.

 Es, en síntesis, un pueblo heroico que jamás se cansó de luchar y de cuyo heroísmo brotaron líderes que casi dos siglos después lo siguen inspirando.  Herederos de todos y enlace entre todas las generaciones emergen Martí y Fidel como símbolos de esa extraordinaria riqueza nacional.

 A Raúl, líder de la Revolución Cubana, continuador de las tradiciones de lucha y guía de quienes asumimos las más altas responsabilidades en el país, ¡gracias por el apoyo y la confianza que no defraudaremos jamás! (Aplausos.)

 ¡A Cuba, al pueblo cubano, nuestro reconocimiento por su valor, por su dignidad, por su fidelidad como principal protagonista de otro abril de victorias! (Aplausos.)

 Querido pueblo al que me enorgullece pertenecer, recibe el respeto, admiración y el inmenso cariño de quien se siente deudor siempre. Hoy ratifico que te serviré con pasión, compromiso, sin desgano, hasta las últimas consecuencias (Aplausos).

 Compañeras y compañeros, ustedes lo han dicho: ¡La unidad y la victoria son la esperanza, la unidad y la victoria son el presente y el futuro de la patria y el socialismo!

 ¡Patria o Muerte!

 ¡Venceremos!

 (Ovación.)

febrero 15, 2023

Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 166

 Síntesis y conclusiones del Círculo de Lectura Nº 166

“Compromisos”

Es un texto tomado de la revista “Cuba Socialista” escrito por Enrique Ubieta Gómez, ensayista e investigador cubano y autor de varios libros, donde él hace un análisis de los hechos ocurridos en Cuba el 11 de julio de 2021 cuando se produjeron varios actos subversivos en diferentes ciudades de la isla. Ante ésta situación se trata de entender las causas actuales e históricas y aprender de los errores cometidos. En principio se trató de otro “golpe blando” como el denominado “Movimiento San Isidro” ocurrido en noviembre de 2020, una farsa contrarrevolucionaria apoyada por el Gobierno de los Estados Unidos para subvertir el orden constitucional en Cuba. Se debe entender que el enfrentamiento de base es con el capitalismo trasnacional, a partir del triunfo de la Revolución a solo 90 millas de las costas estadounidenses. Por otro lado, hay un descontento social ya que el bloqueo ha provocado un estrangulamiento económico y ha sido responsable de la muerte de ciudadanos cubanos. La pandemia de COVID-19 también ha afectado a la población debido a la falta de insumos médicos. Hacen ya décadas que el capitalismo trasnacional, cuya cabeza visible son los Estados Unidos, trata de romper con la unidad de la Revolución. A todo esto el pueblo cubano con el liderazgo de Fidel, ha implementado la “Batalla de ideas” con el protagonismo social de los jóvenes cubanos. El internacionalismo médico es un ejemplo de la práctica de solidaridad para lograr mayor justicia social. Así es que este nuevo siglo se encontró con un ataque frontal al comunismo para diluir la ideología de la Revolución, sobre todo, después de la desaparición física de Fidel. Desideologizar a la juventud cubana, revertir el impacto ideológico del internacionalismo médico, desvalorizar el deporte revolucionario, destruir una construcción ideológica unitaria, la negación de lo ideológico como un obstáculo o rémora del pasado, desdibujar el acto revolucionario vaciándolo de contenido para confundir a la juventud desmovilizada por el uso cada vez más intenso y coordinado de las nuevas tecnologías para la penetración cultural. Recordando que la ideología que parte del marxismo es radicalmente anticapitalista, los ataques se centran al Partido Comunista Cubano, objeto de una permanente demonización. Lo cierto es que en los últimos años se debilitó la capacidad movilizativa del país por la aplicación de algunas políticas que priorizan la iniciativa individual, a lo que la ideología liberal avanzó en algunos sectores de la sociedad. Es necesario construir y reconstruir consensos. Para impedir la pérdida del rumbo, se debe recurrir a la fuerza de la unidad colectiva del pueblo en su conjunto. Es necesario movilizar a las masas dándole protagonismo a los jóvenes revalorizando la ideología de la Revolución. Y finaliza diciendo: Estos hechos nos recuerdan hacia dónde hay que mirar, creo que hay conciencia de ello, y por eso, ahora, somos más fuertes.

Durante el posterior debate se acordó que este texto demuestra que es necesario saber reconocer los errores para poder aprender de ellos, y no volverlos a cometer, y que en el caso cubano la fuerza de la unidad es esencial para lograrlo. Se recordó que en el año 1960, un año antes de la invasión mercenaria por Playa Girón, ya el gobierno de Estados Unidos dejó sentado por escrito los fundamentos de su genocida política contra Cuba, cuando el seis de abril de 1960 Lester D. Mallory, Vice Secretario de Estado Asistente para los Asuntos Interamericanos, en un memorándum secreto del Departamento de Estado definía: “La mayoría de los cubanos apoyan a Castro… el único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales… hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba… una línea de acción que, siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”. También se recordó que antes de lo anterior, en el año 1953, Allen Dulles un oficial de alto rango de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), organismo antecesor de la Agencia Central de Inteligencia CIA, escribió un libro titulado “El Arte de la Inteligencia” donde afirma que …“pronto llegará el día en que tendremos que funcionar con conceptos directos de poder. Cuantas menos bobadas idealistas dificulten nuestra tarea, mejor nos irá…”…“nuestra principal apuesta será la juventud. La corromperemos, desmoralizaremos y pervertiremos”… ….“El objetivo final de la estrategia a escala planetaria, es derrotar en el terreno de la ideas las alternativas a nuestro dominio, mediante el deslumbramiento y la persuasión, la manipulación del inconsciente, la usurpación del imaginario colectivo y la recolonización de las utopías redentoras y libertarias, para lograr un producto paradójico e inquietante: que las víctimas lleguen a comprender y compartir la lógica de sus verdugos”. De allí la importancia de la permanente reideologización del pueblo cubano, especialmente de su juventud. Se recordó la frase de José Martí: “ser cultos para ser libres”.

Finalmente hemos acordado abordar en el próximo Círculo de Lectura el texto de un discurso de Fidel Castro en la clausura del Congreso de Pedagogía del 7 de febrero de 2003.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 04 de febrero de 2023

enero 28, 2023

Círculo de Lectura # 166 – Febrero de 2023

 Círculo de Lectura # 166 – Febrero de 2023

“Compromisos”

Por Enrique Ubieta Gómez - Ensayista e investigador cubano. Director desde 2016 de la cuarta época de la revista Cuba Socialista. Autor de varios libros.

Tomado de: Cuba Socialista

La guerra que se nos hace nos obliga a mirarnos mejor, y a auscultar nuestras debilidades e insuficiencias. Pero no será posible que comprendamos a cabalidad lo que pasa en nuestras ciudades, sin entender lo que sucede en el mundo, y la peculiar relación de nuestro país con los centros mundiales de poder.

Para entender el 11 de julio habrá que hablar primero de otras muchas cosas sin relación aparente. Habrá que mencionar una circunstancia histórica determinante: Cuba instauraba su República en Armas, machete en mano, y daba el impulso definitivo a la conformación de su nación, en el instante en que a 90 millas de sus costas, nacía y se desarrollaba el imperialismo. La radicalidad del pensamiento de Martí y la de Fidel responden, como explicaba el primero en su última carta, a ese hecho.

El obstáculo externo que enfrenta la independencia cubana no se reduce a la confrontación de intereses con uno o dos o muchos gobiernos norteamericanos; quiero decir, no se trata solo de un conflicto bilateral entre el Gobierno estadounidense y el Gobierno cubano, aun cuando el principal obstáculo para nuestro desarrollo sea el extraterritorial bloqueo comercial, económico y financiero de los Estados Unidos.

El enfrentamiento de base es con el capitalismo trasnacional —ese es el enemigo estructural—, porque el camino que elegimos es el de la soberanía nacional y la justicia social. No habrá paz. Es una guerra que no conoce normas éticas y en la cual no existen comportamientos o soluciones de convivencia que no se sustenten en la fuerza o la conveniencia.

Nunca antes el bloqueo ha sido, de una manera tan directa y palpable, responsable de la muerte de ciudadanos cubanos. Antes, parecían ser solo números, sumatorias de pérdidas ―abstractas‖ que unos presentaban y otros negaban con cinismo. La muerte, desde luego, se tragaba a incautos balseros en alta mar, o a niños y adultos en los hospitales, carentes de los medicamentos necesarios. Pero esos muertos parecían ser el resultado de decisiones personales o de enfermedades incurables.

La pandemia de COVID-19 al elevar el número de contagios y de muertes, extenderse en el tiempo y tocar con su impredecible dedo a cualquier vecino o familiar, incrementa el miedo y la frustración —que es acrecentado por los errores humanos, por el cansancio de hombres y mujeres que trabajan día y noche por salvar vidas en los hospitales y fuera de ellos o, ¿quién lo duda?, por el atolondramiento burocrático—, sobre todo ante la insuficiencia de respiradores artificiales, de balones de oxígeno, de camas o de antígenos.

El bloqueo se ha endurecido, y obstaculiza la adquisición de medios e insumos, de materias primas para la fabricación de medicamentos, de cada dólar que pueda contribuir a solventar las necesidades del pueblo, del petróleo necesario para la vida. La guerra es total. Los precarios recursos del país son redirigidos al sector de la salud (se fabrican respiradores, se crean y se producen vacunas y antígenos) y a la producción y compra de alimentos. Pero la prensa trasnacional y sus pequeños satélites culpan al gobierno de ser ineficiente. La disputa no es por la verdad, es por el poder.

La existencia de reclamos en el sector poblacional más afectado por el estrangulamiento económico (pandemia + recrudecido bloqueo), podría asumirse como natural, y aunque es un resultado planificado por los hostigadores, la irrupción de protestas no es la consecuencia lineal de esas condiciones. La pandemia y las crecientes y sostenidas dificultades materiales han generado también un espontáneo movimiento de solidaridad ciudadana, que se tradujo, por ejemplo, en el arribo a la ciudad de Matanzas, cuando esta era el epicentro de la enfermedad y parecía definitivamente colapsada, de cientos de voluntarios de todas las provincias: estudiantes, profesionales, artistas, cuentapropistas.

¿Podría un país pequeño y de recursos limitados en rebeldía (es decir, en guerra con la dominación trasnacional) acceder a una prosperidad material? Creo que sí, pero es imprescindible definir el concepto de prosperidad desde la cultura socialista. No puede olvidarse que la cultura hegemónica en el mundo es la capitalista, y que la que llamamos socialista es apenas una contracultura sin una inserción económica estable en el mercado global.

Alemania del Este estaba obligada a competir en bienes de consumo con el Oeste, y a pesar de que el nivel de vida de los alemanes orientales era muy alto —no solo con respecto a los países de economía más débil— , fracasó en el empeño; el consumismo (un término muy diferente al de consumo) resultado de una relación en esencia capitalista entre los seres humanos y los objetos, necesario tanto para el crecimiento económico de ese sistema como para la reproducción de sus valores, acabó imponiendo sus normas inalcanzables y contradictorias para el socialismo. La prosperidad en términos miamenses no solo es inalcanzable en el contexto de una guerra de intereses trasnacionales, también es indeseable para el proyecto nacional de Cuba.

Hace décadas que el capitalismo trasnacional —cuya cabeza visible son los Estados Unidos—, trabaja en el desmontaje de la unidad (consenso) de la Revolución. Se me dirá con razón que la propia realidad resultante del llamado Período Especial reabrió y estimuló las desigualdades latentes en la sociedad cubana y que la estrepitosa caída del llamado campo socialista desestructuró el discurso y desdibujó el horizonte.

Fidel era consciente de ello, y en la segunda mitad de los años noventa del siglo pasado lanzó dos cruzadas en apariencia ajenas una de la otra, pero enlazadas, que más allá de la teoría resituaban a la ideología de la Revolución en su verdadero centro: de los humildes, por los humildes, para los humildes. Me refiero a la Batalla de Ideas en lo interno (el rescate, protagonizado por los jóvenes, de los más desfavorecidos por circunstancias biográficas y sociales) y al internacionalismo médico cubano, una tradición de la Revolución que era retomada en las nuevas condiciones.

La Batalla de Ideas no rescataba a los jóvenes ofreciéndoles mejoras materiales, sino dotando sus vidas de sentido, haciéndolos saltar desde los márgenes de la sociedad al protagonismo social.

En cuanto al internacionalismo médico, me atrevo a decir que sus efectos estaban concebidos más hacia adentro que hacia afuera, aunque en última instancia la solidaridad revolucionaria, socialista, no concibe fronteras. Su sentido era más ideológico que económico. Las dos retomaban la práctica de la solidaridad, que es el corazón del socialismo en su largo y permanente proceso de conquista de la justicia total. Ambos programas buscaban reciclar desde el protagonismo juvenil, la vocación revolucionaria.

Entre los años 1999 y 2000, en pleno tránsito de siglos, conviví con los médicos y enfermeros cubanos del Programa Integral de Salud en Centroamérica. Los internacionalistas percibían apenas 50 dólares mensuales y eran ubicados en las zonas más apartadas de cada país, sin mayores comodidades. La misión era asumida con orgullo. En los últimos años, el Contingente Henry Reeve ha relanzado ese espíritu quijotesco, nunca desaparecido en las múltiples misiones dispersas en el mundo, pero no siempre asumido de la misma manera por todos sus integrantes. Desde la primera gran misión en Paquistán, pasando por el heroico combate al ébola en África occidental, pero sobre todo, por su magnitud y significado, en estos casi dos años de pandemia, el Contingente encarna el sentido revitalizador de la ideología revolucionaria concebido por Fidel.

El imperialismo necesitaba diluir la ideología de la Revolución —sobre todo, después de la desaparición física de Fidel—, que en el caso cubano es el nudo que sella la unidad. En la segunda mitad de los años noventa del siglo pasado intentó fracturar y desacreditar los nexos del marxismo con la tradición cubana de pensamiento, en especial con el legado martiano. Pero en el nuevo siglo se concentró en el ataque frontal al comunismo.

―Hay ideología allí, y solo allí —asumo la interpretación del filósofo cubano Rubén Zardoya—, donde se ponen en juego los ideales sociales, donde se producen, circulan y se consumen ideales sociales‖.

Cito los esfuerzos paradigmáticos de la estrategia imperialista: revertir el impacto ideológico del internacionalismo médico cubano convirtiéndolo mediáticamente en una mera transacción comercial, en la que el trabajador de la salud dejaba de ser héroe para ser ―esclavo‖. Es decir, anular su excepcionalidad de hombre-mujer nuevo, dispuesto a salvar vidas a riesgo de la propia sin un interés de lucro, para insertarlo en el mundo de la compra-venta e igualarlo, con pérdidas materiales, al resto de sus colegas del mundo.

No se trata solo de impedir nuestras posibles ganancias económicas, entiéndase: para el enemigo es más importante que parezca que todo se trata de pérdidas y ganancias; desvalorizar el deporte revolucionario y oponerlo al profesionalismo —en el que algunos de nuestros deportistas pueden hacerse millonarios—, convencernos de que este es superior y que fue un error habernos alejado de él y sobre todo, de que los triunfos deportivos cubanos, en la burbuja amateur, eran una ilusión propagandística del gobierno revolucionario. En ambos casos —más en el segundo que en el primero—, esas campañas enemigas encontraron defensores ingenuos o malignos en el seno de nuestra sociedad. Ha sido muy positiva en mi opinión la movilización de los brigadistas cubanos del Contingente Henry Reeve hacia el interior del país, porque rompe con el falso concepto de que existen dos solidaridades, la externa y la interna.

La intención de desideologizar a la juventud cubana, que como he dicho en otras ocasiones, no es más que una reideologización en sentido inverso, discurre en los circuitos intelectuales por tres caminos:

La reactivación de las líneas ideológicas que precedieron a la unidad de los revolucionarios cubanos, superadas o congeladas por la victoria de la unidad fidelista, tanto de las corrientes derrotadas (por ejemplo, el anticomunismo), como de aquellas que se integraron a la nueva visión, cualitativamente diferente a todas. En este sentido, se ensalza el período de intensa lucha ideológica que precedió a la conformación de esa unidad, como un momento de máxima creatividad. Léase como demostración de la falsedad de esa tesis, el aleccionador libro ―La historia en un sobre amarillo‖. El cine en Cuba (1948–1964) de Iván Giroud, publicado de forma reciente por el ICAIC.

La interpretación del diálogo o de la unidad como el lugar de convergencia de todas las ideologías, sin la preeminencia de ninguna. Se argumenta que la diversidad actual de la sociedad cubana exige la aceptación de todas las corrientes ideológicas, así como del multipartidismo. Recordemos que, de cuántas ideologías existen, solo la que parte del marxismo es radicalmente anticapitalista. En este punto los ataques se centran en el Partido Comunista —objeto de una permanente demonización— que constitucionalmente rige los destinos de la Patria. Es necesario comprender el contexto regional, donde los esfuerzos de construcción de caminos anticapitalistas se sustentan más en concertaciones políticas ideológicamente diversas, que en una construcción ideológica unitaria como la cubana. Ello debido fundamentalmente al hecho de que esas experiencias regionales surgen de elecciones burguesas, multipartidistas, y de que, a pesar de las medidas revolucionarias, siguen siendo democracias burguesas, al menos de manera formal. No puede desconocerse tampoco el hecho de que muchos teóricos y antiguos militantes perdieron la fe y han renunciado en los hechos a la superación del capitalismo, aunque su discurso siga apelando al anticapitalismo.

La negación de lo ideológico. La ideología como dogma a superar, como un obstáculo o rémora del pasado que impide la aceptación de soluciones pragmáticas. El pueblo no necesita ―discursos‖, sino comida, dicen, como si las formas de producción y distribución de alimentos, en cualquier país y momento histórico, no respondieran a determinados modelos de sociedad. Como si las ideas, los ideales (las metas, los horizontes) no se articularan en palabras; como si la ideología revolucionaria pudiese existir solo en palabras, de espaldas a la práctica.

La estrategia enemiga es clara: desdibujar el acto revolucionario vaciándolo de contenido, para confundir a la juventud desmovilizada. Puños en alto, huelgas de hambre (o simulacros de ellas), madres pagadas vestidas de blanco como las dignas Abuelas de la Plaza de Mayo, consignas recicladas. Traigo un ejemplo reciente: un grupo de mujeres enjoyadas, reunidas en una calle de Miami, porta carteles de apoyo a la candidata presidencial de la derecha peruana, y corea ―peruanos unidos, jamás serán vencidos‖. Comparan al inexistente Movimiento de San Isidro (cuyos representantes alaban al imperialismo), con el poderoso Black Lives Matter (antisistema), pero este, sabiamente, no cae en la trampa; y a los que ultrajan los símbolos nacionales en Cuba y piden la invasión de su Patria por el ejército de los Estados Unidos, con los que desacralizaban la bandera y el himno del imperialismo estadounidense para protestar contra la invasión a Vietnam o más reciente, contra el asesinato de afroamericanos por la policía.

La contraofensiva imperial acusa ahora a los líderes de la izquierda de fraude y corrupción —lo que de manera habitual sucede con los líderes de la derecha—, sometiéndolos a juicios donde la verdad y la mentira se solapan. Mienten a conciencia cuando hablan de desaparecidos en Cuba. Enrolan a incautos, a personas buenas e ignorantes, cuando piden que cese la represión en el país (¡no en Colombia, no en Chile, no en los Estados Unidos!).

La izquierda y la derecha son presentadas como lo mismo. Nos han dicho, con inusitado cinismo, que vivimos en la era de la posverdad. Un joven contrarrevolucionario, ante las evidencias incontestables de que su lidercillo simulaba la huelga de hambre (mientras la Unión Europea y los Estados Unidos clamaban por su vida), ripostó: ―no me importa que sea mentira, seguiré diciendo que es verdad‖. El 11 de julio, en Cárdenas, una muchacha que participaba en la manifestación contrarrevolucionaria respondía a un funcionario del Partido sobre si recibía o no dinero por ello: ―Sí, ¿y qué? A ti también te pagan‖.

Sobre el uso cada vez más intenso y coordinado de las nuevas tecnologías para la penetración cultural, la conformación de estados de opinión, de consensos contrarrevolucionarios, la invención de realidades y la propagación de mentiras elaboradas de forma consciente, la convocatoria y la conducción de los manifestantes por parte del imperialismo, se ha escrito bastante en estos días. El estudio de lo ocurrido antes, durante y después del 11 de julio, es revelador. Prefiero, no obstante, dejar a otros este importante tópico que apunta sobre todo a las formas empleadas en el combate, para insistir en sus contenidos.

¿Cuáles son los reclamos? ¿A qué se refieren con ese término? Escuché algunas consignas abstractas como ―libertad‖, o como ―Patria y vida‖ (que en realidad es solo la primera parte de la consigna ―Patria o muerte‖, si se atiende al hecho de que después de Patria no hay una ―y‖ sino una ―o‖), algunas ofensas groseras al Gobierno y a los gobernantes cubanos, pero no reclamos. Pude escuchar también y seguir los del grupo que se concentró frente al Ministerio de Cultura el pasado 27 de noviembre —no todos eran artistas—, cuyo liderazgo fue acaparado de forma rápida por figuras de reconocidos vínculos con entidades oficiales o paraoficiales del gobierno estadounidense.

En este caso, con un poco más de elaboración, emergía la añorada reideologización envuelta en reclamos de carácter liberal-burgués, uno de ellos en verdad inusitado (que jamás el capitalismo ha practicado contra sí): que se permita, sin interferencias, el derrocamiento del modelo socialista. Tanto fue así, que los que pidieron un diálogo, huyeron de él cuando fueron convocados. Insisto en esto, para los que subestiman la necesaria defensa de la ideología revolucionaria; en los últimos años se debilitó la capacidad movilizativa del país mientras se aplicaban políticas que priorizan la iniciativa individual, y la ideología liberal avanzó en algunos sectores de la sociedad.

Los llamados reclamos en estos grupos están marcados por esa ideología. Es ridículo hablar de empoderamiento popular, si en los verdaderamente afectados por la pobreza, el bloqueo y la pandemia, no se manifiesta una conciencia de clase. Aceptamos el diálogo en los marcos de la Constitución socialista (partido dirigente, ideología martiana, marxista, leninista y fidelista), que fue votada por una abrumadora mayoría de cubanos. A nadie se someterá para ello a exámenes ideológicos.

La ideología revolucionaria no puede entenderse como discurso, y jamás podría esconderse en la abstracción. Si la estrategia imperialista es vaciar de contenido las consignas y los símbolos revolucionarios, la nuestra es proteger y hacer crecer esos contenidos. Y aquí sí nos corresponde mirarnos por dentro, rescatar la mirada fidelista que construya un horizonte de prosperidad diferente al de los explotadores.

Ese horizonte tiene que ser ambicioso, mientras más pequeño, más viciada serán las aguas, y los remeros dejarán de cumplir con su función: nuestra meta es la justicia total, aunque sepamos que es una utopía solo en parte realizable. Si ese horizonte no se asume como sueño colectivo, cada uno trazará su propia ruta, se acomodará a sus propias expectativas, se ocupará de sí mismo.

Para ello es preciso construir y reconstruir consensos, una y otra vez, porque la realidad teje espontáneamente los suyos, y la maquinaria reproductora del imaginario burgués la envuelve en celofán. Los revolucionarios no administramos consensos hechos, construimos los nuestros. Rescatar y rescatar a los más desprotegidos, era la consigna de la Batalla de Ideas, y habrá que reintentarlo sin concesiones.

En una entrevista que me hicieran en 2017, a propósito de la crítica al centrismo, me preguntaron si los Lineamientos Económicos y Sociales del Partido, entonces recién aprobados, eran centristas. La pregunta recogía una de las confusiones más extendidas de los últimos veinte años. Respondí que la condición de cualquier programa político la determinaba su sentido: en este caso, la apertura de un camino de desarrollo para el socialismo anticapitalista en condiciones excepcionales —un solo país, pequeño y pobre, frente al imperialismo estadounidense y mundial—, y ese objetivo nos serviría de brújula para los ajustes necesarios.

La brújula no es la letra de un manual o de cualquier otro texto aprobado en un congreso; la brújula, como siempre dijo Fidel y ha repetido Raúl, es el pueblo.

Estrechamente vinculada con estos conceptos de alcance estratégico, verdaderamente estratégico para el presente y el futuro de la Patria —confirmaba Raúl en Santiago de Cuba, el primero de enero de 2014— , está la frase pronunciada por Fidel aquí, casi a esta misma hora, desde ese balcón exactamente, hace hoy 55 años, con la que, por su eterna vigencia deseo concluir mis palabras, cito: ―La Revolución llega al triunfo sin compromisos con nadie en absoluto, sino con el pueblo, que es al único que le debe sus victorias‖.

Cincuenta y cinco años después, en el propio lugar, podemos repetir con orgullo: ―¡La Revolución sigue igual, sin compromisos con nadie en absoluto, solo con el pueblo!‖. Desde luego, no se trata de hacer todo lo que la ―gente‖ dice o piensa (ya sabemos cómo se construyen en el mundo los estados de opinión, cómo repetimos opiniones prefabricadas como si fueran nuestras), que por lo general es lo que un grupito dice que ―la gente‖ dice. Estar con el pueblo es ser parte de él.

La esencia de un Gobierno revolucionario no se define en el arte de la gobernabilidad. Ello es un requisito, pero no el resultado de medidas de equilibrio que responden a coyunturas específicas. No hay que olvidar que bordeamos un precipicio, por un camino estrecho —en tanto no es posible atravesar la montaña—, y que todo ―colabora‖ para hacernos caer: el viento natural y un ejército pagado de sopladores de viento.

Nada garantiza que no nos despeñemos, solo la fuerza colectiva de nuestro pueblo y la plena identificación con los humildes puede impedirlo. Es el camino que debemos transitar. El crecimiento económico por sí mismo no define el triunfo final de ese recorrido.

Hay que movilizar a las masas, dar protagonismo a los jóvenes, redimir en actos la ideología de la Revolución. Lo sucedido el 11 de julio en Cuba no contiene un ―punto de giro‖ en la práctica política nacional, como desean los que no pueden ya distanciarse del concepto burgués-liberal de democracia, pero puede ser, más allá de su evidente planificación y monitoreo desde Washington, un golpe de brújula, que nos recuerda hacia dónde hay que mirar. Creo que hay conciencia de ello, y por eso, ahora, somos más fuertes.