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junio 30, 2022

Círculo de lectura N° 159 – Julio de 2022 - “Julio Antonio Mella, la chispa que encendió la revolución en Cuba”

 

Círculo de lectura # 159  –  Julio de 2022

“Julio Antonio Mella, la chispa que encendió la revolución en Cuba”

 Por: Acercándonos Ediciones

Publicado: 25/03/2022

Nació el 25 de marzo de 1903 y aparece inscrito en el Registro Civil como Nicanor Mac Pórtland, era nieto del general Ramón Matías Mella, prócer de la independencia del pueblo dominicano. Su padre, Nicanor Mella Breá, era el hijo del general "del ímpetu", y un próspero sastre que dictaba la moda en la capital habanera, su madre Cecilia Magdalena Mac Pórtland y Diez, joven inglesa procedente de Hampshire, Inglaterra, que llegó a amar profundamente la tierra de sus dos primeros hijos y nunca dejó de militar en las filas de quienes se oponían a la Enmienda Platt. De tales padres heredaría Julio Antonio, desde la cuna, su vocación cosmopolita. Desde su origen, como hijo de una unión extramatrimonial, debió enfrentarse con los injustos preceptos del derecho burgués que impedían la voluntad de don Nicanor de reconocerlo con todos los derechos legales, junto a su hermano menor Cecilio.

 

Hizo la primera enseñanza en varios colegios católicos en La Habana. En 1915 viaja a Nueva Orleans, Estados Unidos, junto a su hermano Cecilio y su madre, alistándose en el ejército, asegurando una edad superior a los 14 años que realmente tenía. Un amigo de su padre logró sacarlo del ejército y lo regresó a Cuba, donde ingresó en la en la Academia Newton siendo allí alumno del poeta mexicano Salvador Díaz Mirón quien le hizo descubrir el ideario del fundador del Partido Revolucionario Cubano (José Martí).

 

Su sueño de ser militar y pelear por la Patria americana se convierte en fuerte resolución. El anhelo de matricular en el Colegio Militar de San Jacinto lo lleva a emprender en 1920 el viaje a México, Desde ese país en revolución comprendió la doble moral imperialista que declaraba el "panamericanismo" y la "democracia", mientras mantenía sus tropas de ocupación en Nicaragua, Haití y República Dominicana.

En esta temprana visita a la patria de Juárez, Mella precisa definitivamente cuál es el enemigo principal, y se planteará la vía de la unidad latinoamericana para derrotarlo. En una de las crónicas en que narra su viaje por tierra mexicana definirá: "Los pueblos hermanos que un loco tenaz descubriera, cachorros de un caduco león son hoy presas de un águila estrellada. ¿Por qué razón? ¿Por qué justicia? Por ninguna (...) Ver unidas a las repúblicas hispanoamericanas para verlas fuertes, dominadoras y servidoras de la libertad, diosa. He aquí mi ideal".

Regresa de inmediato a Cuba y obtiene el título de Bachiller en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río (1921). Ese mismo año matricula Derecho, Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana.

Trayectoria revolucionaria

En la Universidad de La Habana se destacó como líder estudiantil y deportista, participando en la firma de un manifiesto mediante el cual los estudiantes de Derecho se oponían al nombramiento como Rector Honoris Causa de la Universidad al general norteamericano Enoch Herbert Crowder.

 

Al interés propiamente académico por la renovación universitaria se unía en Mella la preocupación política por la modernización de la sociedad, en busca de la ampliación de la democracia y la participación de los estudiantes en la vida nacional. Para lograr tal propósito se hacía indispensable la unidad de todo el estudiantado, primero universitario, después del país. Sobre la función social de la Universidad de La Habana las concretaba así: “… no debe ni puede ser el más alto centro de cultura una simple fábrica de títulos, no es una Universidad latina, una escuela de comercio a donde se va a buscar tan sólo el medio de ganarse la vida; la Universidad Moderna debe influir de manera directa en la vida social, debe señalar las rutas del progreso, debe ocasionar por medio de la acción ese Progreso entre los individuos, debe por medio de sus profesores arrancar los misterios de la ciencia y exponerlos al conocimiento de los humanos”.

 

Sus primeros trabajos periodísticos aparecieron en la revista universitaria Alma Mater (1922 – 1923), de la que fue administrador. En enero de 1923 es líder de la lucha estudiantil por la reforma universitaria. Funda la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU). En octubre de 1923 organiza y dirige el Primer Congreso Nacional de Estudiantes, y en noviembre inaugura la Universidad Popular “José Martí”, con el propósito de impartir instrucción política y académica a los trabajadores y de vincular la Universidad “con las necesidades de los oprimidos”. También se implantó la Declaración de Derechos y Deberes del estudiante, de su autoría, donde se establecía que su deber era divulgar los conocimientos en la sociedad y especialmente entre los obreros.

 

Fue director y redactor de Juventud (1923 – 1925), fundador de la Liga Anticlerical (1924) y de la sección cubana de la Liga Antiimperialista de Cuba junto a Carlos Baliño y con la presencia combativa de Rubén Martínez Villena. La Liga, inspirada por la Internacional Comunista, sería un instrumento fundamental para la aplicación creativa de las ideas leninistas en los países coloniales y dependientes. Julio Antonio llegaría a convertirse en el máximo orientador de la organización en toda Latinoamérica. En este mismo año ingresa en la Agrupación Comunista de La Habana y desde ella despliega un trabajo muy activo entre el proletariado.

 

En 1924 publicó un folleto titulado "Cuba, un pueblo que nunca ha sido libre", dividido en varias partes: El imperialismo yanqui ha sido siempre enemigo de la independencia de Cuba, La soberanía de Cuba ante el Derecho Político, la Enmienda Platt, y Otras manifestaciones del dominio yanqui en Cuba.

 

En su trabajo "La única salida", opina: “Hay que hacer la Revolución de los ciudadanos, de los pueblos contra el dólar. En todos, inclusive, o mejor, en los Estados Unidos de Norteamérica”.

 

Más adelante señala... "La hora es de lucha, de lucha ardorosa; quien no tome las armas y se lance al combate pretextando pequeños desprecios, puede calificarse de traidor o cobarde. Mañana se podrá discutir, hoy solo es honrado luchar”.

 

Funda el Instituto Politécnico "Ariel" junto con Alfonso Bernal del Riesgo en 1925 y se encuentra entre los primeros fundadores del primer partido marxista-leninista cubano en unión de Carlos Baliño siendo el primer secretario de organización que tiene del mismo.

 

En 1926 fue expulsado de la Universidad de la Habana por sus acciones revolucionarias y de rebeldía, siendo además detenido por las autoridades, en la cárcel se declara en huelga de hambre. El Comité Pro-libertad de Mella inicia una campaña para liberarlo, la presión nacional e internacional se hace sentir, y se le libera el 23 de diciembre del propio año, se embarca entonces rumbo a Honduras.

 Relación con Villena

 Mella, en los inicios de la década de 1920, apenas había tenido trato personal con Rubén Martínez Villena sin embargo a Rubén le impresionó el ímpetu revolucionario, las ideas audaces y el poder persuasivo de Mella. Al aparecerse de repente éste en el domicilio de Rubén en las vísperas de la apertura del curso universitario, en procura de su consejo sobre lo que pensaba hacerle al Secretario de Instrucción Pública si se atrevía a asistir al Aula Magna de la Universidad de La Habana, la conversación fue larga.

 

Rubén le expuso a Mella sus puntos de vista con patrióticos ardores cómo resolver los problemas planteados. Mella escuchó a Rubén con interés y respeto y no le escondió su carencia de fe en los máximos dirigentes de Veteranos y Patriotas, y sin ambages ni tapujos le dijo con su peculiar ceceo: "Mira, Rubén, la única forma resolverlos de veras es mediante la conquista de nuestras riquezas, independencia y soberanía, que hoy detentan los banqueros de Wall Street y los políticos de Washington. El pueblo cubano nunca ha sido libre. Ayer fuimos colonia del imperio español. Ahora somos semicolonia del imperialismo yanqui. Es cierto cuanto denuncias y necesario cuanto reclamas, pero la honestidad administrativa, el sufragio efectivo, la verdadera democracia, la igualdad racial, la educación del pueblo, el bienestar de los trabajadores, la justicia para todos, la soberanía nacional, son mitos, puros mitos, en nuestra sociedad actual."

 

El 20 de mayo de 1925, el general Gerardo Machado asumió la presidencia de la república neocolonial, ilegalizó el Partido Comunista y la Federación Estudiantil Universitaria, y expulsó a Julio Antonio Mella de la Universidad encarcelándolo sin pruebas, bajo la acusación de terrorista. Ante tal arbitrariedad, Villena junto al periodista Muñiz Vergara, conocido por su seudónimo de Capitán Nemo decide interceder por Mella ante el mismísimo presidente.

 

Muñiz Vergara había hablado primero. Se dirigió a Machado, le presentó a Rubén, le habló de las virtudes de Mella, y le pidió que autorizara su excarcelación bajo fianza. La respuesta del dictador no se hizo esperar: “Mella será un buen hijo, pero es un comunista... Es un comunista y me ha tirado un manifiesto, impreso en tinta roja, en donde lo menos que me dice es asesino... ¡Y eso no lo puedo permitir!”

 

Ya Rubén no pudo contenerse, preso de la ira y con tono desafiante le espetó: “¡Usted llama a Mella comunista como un insulto y usted no sabe lo que es ser comunista! ¡Usted no debe hablar de lo que no sabe!”

 

Machado, “se replegó como un tigre que iba a saltar”, y con esa furia le contestó: “Tiene usted razón, joven... Yo no sé lo que es comunismo, ni anarquismo, ni socialismo... Pero a mí no me ponen rabo, ni los estudiantes, ni los obreros, ni los veteranos, ni los patriotas... ni Mella. ¡Y lo mato, lo mato!...”

 

A renglón seguido, los acompañantes de Machado lo rodearon y arrastraron hacia el auto mientras Rubén, irritado, increpaba al dictador. De inmediato, aún en el patio de Barraqué, le expresó Rubén a Muñiz Vergara: ¡Yo no lo había visto nunca; yo no lo conocía; sólo había oído decir que era un bruto, un salvaje! ¡Y ahora veo que es verdad todo lo que se dice! ¡Pobre América Latina, pobre América Española, capitán, que está sometida a estos bárbaros! ¡Pero éste no es más que un bárbaro, un animal, un salvaje... una bestia!...

 

Minutos después, al relatar el encuentro a Fernando Ortiz y Pablo de la Torriente Brau en el bufete del primero, Martínez Villena calificaría genialmente al tirano: "Es un salvaje, un animal, una bestia..., un asno con garras".

 

Con ese mote trascendió Machado a la posteridad.

 

En el exilio

 

Se exilia en México y se vincula al movimiento revolucionario continental e internacional del que es nombrado secretario general posición rectora desde la que establece contacto con los revolucionarios y demócratas de toda la región e impulsa las actividades preparatorias para un evento internacional. Colabora en los periódicos "Cuba Libre", "El Libertador", "Tren Blindado", "El Machete" y "Boletín del Torcedor" (este último de La Habana). Pronuncia conferencias, pública críticas sobre el muralismo mexicano.

 

En febrero de 1927, Mella asiste al Congreso Mundial contra la opresión colonial y el imperialismo, celebrado en Bruselas, en él contacta con los revolucionarios y luchadores anticolonialistas de 37 países y 137 organizaciones progresistas del mundo, como anticipara en carta a Sarah Pascual:

“la experiencia que se adquirirá en este Congreso vale una vida”.

 

Bajo su conducción, los latinoamericanos hicieron en el Congreso un importante aporte al pensamiento revolucionario de la época. Se denuncian las dictaduras criminales que apuntalan los monopolios norteamericanos y desenmascara la Unión Panamericana como instrumento de la expansión estadounidense. Participa luego en la Liga Campesina Nacional de México. Realizó además, una constante labor de apoyo material y solidaria a la causa del pueblo nicaragüense que, comandado por Augusto César Sandino, resistía la invasión yanqui. También apoyó las labores conspirativas de los revolucionarios venezolanos que se preparaban para la lucha armada contra la dictadura proimperialista en su país.

 

"La lucha contra el imperialismo de todas las fuerzas y tendencias –afirmaba en su prédica latinoamericanista–, es la lucha más importante en el momento actual (...), tenemos el deber de plantear el problema ‘nacionalista’ para unos, el ‘social’ para otros pero antimperialista para todos".

 

Viaja a Moscú, donde participa en el Congreso de la Internacional Sindical Roja. Miembro del Comité Central del Partido Comunista de México, lucha por la reforma agraria, por la nacionalización del petróleo y en las huelgas de los mineros.

 

Funda varias organizaciones antiimperialistas, estudiantiles y campesinas. Con Leonardo Fernández Sánchez y Alejandro Barreiro organiza la Asociación de los Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos, (ANERC) en 1927, vehículo idóneo de realización en las condiciones de la lucha antimachadista. Esta organización fue dotada por su creador de un programa que abrió una nueva perspectiva para el desarrollo del pensamiento y la práctica revolucionaria en Cuba y América Latina.

 

Entre los trabajos que dejó inéditos se encuentra "Hacia dónde va Cuba". Utilizó los seudónimos Cuauhtémoc Zapata, Kim (El Machete), y Lord Mac Pórtland.

 

Relación con Tina

En 1928 conoció a la fotógrafa y luchadora revolucionaria italiana Tina Modotti, que estaba vinculada afectivamente al pintor mexicano Xavier Guerrero; ambos participaron en el comité en apoyo a los anarquistas italianos Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, así como en otras actividades como las del periódico comunista “El Machete” en el que escribía Julio. Entre ambos jóvenes surgió la atracción y la pasión amorosa. Pero ella puso como condición a Julio Antonio que necesitaba hablar con Xavier, quien se encontraba en la Unión Soviética y a quien escribió una desgarrada carta, en la que le planteaba sus sentimientos y la ruptura. Comenzó entonces la relación que unió a Tina y con Mella y que sólo duró 4 meses al ser él asesinado.

En una ocasión en que ambos se separaron Mella conmocionado por la separación momentánea escribió a Tina desde Veracruz:

Mía cara Tiníssima: "Puede ser que para ti fuera una imprudencia el telegrama, pues estas acostumbrada a llenarte de asombro por todo lo que hay entre nosotros. Como si fuera el crimen más grande el que cometemos al amarnos. Sin embargo, nada más justo, natural y necesario para nuestras vidas… Creo que voy a perder la razón. He pensado con demasiado dolor en estos días y hoy tengo todavía abiertas las heridas que me ha producido esta separación, la más dolorosa de mi vida"

 

La noche del asesinato, andaba Mella caminando del brazo de su compañera, Tina Modotti, cuando sus asesinos lo liquidaron a balazos. El joven lo había vaticinado antes de salir de Cuba: “No le tengo ni un ápice de miedo a la muerte, lo único que siento es que me van a asesinar por la espalda”.

 

Tina grita, pero no llora ante el cuerpo del caído sin embargo llora después, cuando llega a su casa, al amanecer, y ve los zapatos de Mella, vacíos, como esperándolo bajo la cama.

 

Una campaña de mentiras inundó la prensa mexicana: El gobierno cubano de Gerardo Machado, no tiene nada que ver con su muerte, afirmaban los diarios mexicanos de derecha, Mella ha sido víctima de un crimen pasional; Tina Modotti, es una mujer de dudosa decencia, que reaccionó con frialdad ante el trágico episodio y posteriormente, en sus declaraciones policiales, incurrió en contradicciones sospechosas. Por consiguiente Tina fue expulsada de México, acusada incluso de conspiraciones contra políticos mexicanos, principalmente la de complicidad en el intento de asesinato de Pascual Ortiz Rubio, presidente de México, por lo que se le deportó a Alemania.

 

Asesinato

 

Apenas iba a cumplir 26 años cuando murió asesinado el 10 de enero de 1929 en México, mientras caminaba junto a Tina Modotti, presumiblemente por órdenes del dictador de turno en la entonces neocolonia cubana Gerardo Machado. Se encontraba en aquella época en plena preparación de la expedición que lo llevaría desde México hacia Cuba para incorporarse a la lucha armada. Sus últimas palabras fueron: “Machado me mandó a matar… Muero por la Revolución… Tina me muero”.

 

Sus cenizas fueron trasladadas a Cuba el 29 de septiembre de 1933.

Tina Modotti, su compañera inseparable de los últimos meses dijo refiriéndose a Mella: “En la persona de Mella asesinaron no sólo al enemigo del dictador cubano, sino al enemigo de todas las dictaduras. Machado, una caricatura de Benito Mussolini, ha cometido un nuevo crimen, pero hay muertos que hacen temblar a sus asesinos y cuya muerte representa, para aquellos, el mismo peligro como su vida de combatientes […] esta noche, un mes después del cobarde asesinato, honramos la memoria de Mella prometiendo seguir su camino hasta lograr la victoria de todos los explotados de la tierra. De esta manera lo recordamos como él lo hubiera preferido: no llorando, sino luchando”.♦


mayo 09, 2022

Síntesis y conclusiones del Taller de Lectura Nº 157

 Síntesis y conclusiones del Taller de Lectura Nº 157

“Fidel y el marxismo de la Revolución cubana: rebelión contra los dogmas”

El texto escrito por Frank Josué Solar Cabrales (Jefe de Departamento de Historia y Patrimonio Universitario en Universidad de Oriente - Cuba), está dirigido a comprender cómo actuó el marxismo en el pensamiento de Fidel, fundamentalmente durante los inicios del proceso revolucionario en Cuba. Un marxismo entendido no como un dogma, sino como una guía para la acción revolucionaria, una doctrina dialéctica. Si bien en el alegato de Fidel en defensa por el asalto al cuartel Moncada “La historia me absolverá” no menciona la palabra socialismo, en su esencia llevaba incorporado el pensamiento marxista, ya que tenía una fuerte concepción clasista y un análisis marxista acerca de la situación reinante en Cuba en aquel momento. Y así se convirtió en el primer programa de la Revolución. Luego, “El Movimiento Revolucionario 26 de Julio” con principios martianos con una ideología radical y democrática basada en la libertad política, la independencia económica y la justicia social, condujo la lucha armada no desde una orientación política partidaria, sino desde un concepto abarcador e inclusivo y sin sectarismos, por lo que pudo ser acompañado por la mayoría de la población cubana. A esto se debe sumar el aspecto carismático de Fidel como líder y conductor, sabiendo sobreponerse a sus propios errores convirtiendo derrotas en victorias. Finalmente y a pesar de que la doctrina oficial de la Unión Soviética definía la imposibilidad del surgimiento de una insurrección hacia el socialismo, ya que suponía que eso solo se podía dar en aquellos países que hubieran completado todas las etapas del desarrollo capitalista, Cuba demostró lo contrario, que sí se podía logar. Y lo logó desde el pensamiento basado en el marxismo y con la convicción de que lo mejor será siempre luchar por lo imposible.

Luego, en el posterior debate se analizó la frase conceptual de marxismo elaborada por Fidel y anunciada en la presentación del primer Comité Central del Partido Comunista de Cuba el 3 de octubre de 1965: “Esta es una doctrina revolucionaria y dialéctica, no una doctrina filosófica; es una guía para la acción revolucionaria, y no un dogma”, agregando después: “Pretender enmarcar en especies de catecismos el marxismo, es antimarxista”. Se entiende la dialéctica como la relación entre las cosas, que están además en permanente movimiento. En Marx este término designa tanto el proceso con el que se desenvuelve la sociedad a lo largo de su propia historia, como el modo en que se debe pensar para captar adecuadamente dicho proceso. El hecho cierto es que en Cuba se ha desarrollado una cultura que integra dialécticamente la lucha y la resistencia, y que su artífice ha sido Fidel Castro. Se apreció la claridad con que Fidel supo analizar e interpretar, desde el marxismo, la realidad de

la situación social y política que se vivía en Cuba en aquel momento con Fulgencio Batista en el poder. Se entendió la analogía de los conceptos vertidos por Fidel durante el discurso pronunciado el 1 de Mayo del año 2000 dirigiéndose a los jóvenes, a los estudiantes y a los trabajadores en el Día Internacional de los Trabajadores en la Plaza Revolución de La Habana, cuando dijo que Revolución es sentido del momento histórico y cambiar todo lo que deba ser cambiado. Si bien la construcción del proyecto socialista, forjado por los cubanos en auténtica y heroica lucha, fue minuciosamente elaborada por Fidel junto a sus más inmediatos colaboradores como Raúl, Abel Santamaría y el Che, entre otros, cabe destacar el indiscutible liderazgo y la capacidad de conducción por parte de Fidel Casto, quien después se convirtiera en el comandante en jefe eterno de la Revolución cubana.

Finalmente hemos acordado abordar para el próximo Taller de Lectura del primer sábado de junio, la “Segunda Declaración de La Habana”.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 07 de mayo de 2022

Taller de Lectura

25 de Mayo 245

Cel: 294 4 622 747 – Bariloche

abril 03, 2022

Taller de Lectura n° 157 – Mayo de 2022

 Taller de Lectura n° 157 – Mayo de 2022

“Fidel y el marxismo de la Revolución cubana: rebelión contra los dogmas”

Por Frank Josué Solar Cabrales - Jefe de Departamento de Historia y Patrimonio Universitario en Universidad de Oriente. Cuba.

Esta es una doctrina revolucionaria y dialéctica, no una doctrina filosófica; es una guía para la acción revolucionaria, y no un dogma. Pretender enmarcar en especies de catecismos el marxismo, es antimarxista.

La diversidad de situaciones inevitablemente trazará infinidad de interpretaciones. Quienes hagan las interpretaciones correctas podrán llamarse revolucionarios; quienes hagan las interpretaciones verdaderas y las apliquen de manera consecuente, triunfarán; quienes se equivoquen o no sean consecuentes con el pensamiento revolucionario, fracasarán, serán derrotados e incluso suplantados, porque el marxismo no es una propiedad privada que se inscriba en un registro; es una doctrina de los revolucionarios, escrita por un revolucionario, desarrollada por otros revolucionarios, para revolucionarios. Fidel Castro, 3 de octubre de 1965.

Los caminos del marxismo revolucionario en la Cuba de la década de 1950 discurrían fuera de los cauces del Partido Comunista. La confluencia de una serie de factores contribuyó a que esa agrupación no fuera un instrumento eficaz de vanguardia para llevar adelante un proceso de transformaciones. Aunque generalmente se ha atribuido esta incapacidad al anticomunismo rampante propio de la época de la guerra fría y el macartismo, sus causales deben buscarse sobre todo en el rechazo a la degeneración burocrática que había sufrido la Unión Soviética luego de la llegada al poder de Stalin, y a los errores cometidos en su trayectoria política, que le habían enajenado el apoyo de amplios sectores populares.

Para la joven generación de revolucionarios de los años cincuenta el partido de los comunistas no solo era aquel que había pactado con Fulgencio Batista en 1940, sino también el que había mantenido a lo largo de esa década una política reformista, de adecuación a los límites de la democracia liberal, y el que frente al golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 planteaba un frente unido de los partidos opositores para la participación electoral y la movilización de masas, en dirección contraria a una salida insurreccional. Si el Partido Socialista Popular (PSP) había pasado a la ilegalidad bajo el batistato se debía en lo fundamental al clima reinante de guerra fría, no porque su praxis y sus objetivos constituyeran una amenaza revolucionaria a la dominación de la burguesía. El partido que detentaba la representación oficial del marxismo en Cuba contaba con una militancia de esforzados luchadores, cuya disciplina y entrega en el combate por demandas concretas de los trabajadores eran proverbiales, pero no se proponía una alternativa de ruptura violenta con la dictadura, y condenaba sistemáticamente, al menos hasta 1958, cualquier tentativa de insurgencia armada. Al decir del Che: «son capaces de crear cuadros que se dejen despedazar en la oscuridad de un calabozo, sin decir una palabra, pero no de formar cuadros que tomen por asalto un nido de ametralladora».

El partido que, en teoría, debía organizar a la clase obrera para tomar el poder y encabezar una revolución socialista se encontraba inhabilitado para esa tarea. Esta situación explica que la vanguardia política e intelectual de la nueva hornada de revolucionarios, movida por aspiraciones socialistas de transformación, al mismo tiempo rechazaba el marxismo de origen soviético y su representante nacional. Estos jóvenes, para llevar adelante sus ideales de redención y justicia social, buscaban sus principales referentes ideológicos y políticos en la tradición del socialismo cubano, que desde la década del veinte había existido en paralelo con la vinculada a las directrices comunistas salidas del Kremlin:

En el proceso histórico del socialismo como política revolucionaria en Cuba existieron dos líneas que están claramente definidas: la de un socialismo cubano, que encuentra su expresión mayor en las décadas de los años veinte y treinta del siglo XX en Julio Antonio Mella y Antonio Guiteras, y la de un socialismo inscrito en el movimiento comunista internacional. Mella y Guiteras encontraron el camino del socialismo cubano: antiimperialismo intransigente, ideal comunista, insurrección armada, frente revolucionario y ganar en la lucha el derecho a conducir la creación del socialismo.

Solo entendiendo las influencias y expresiones ideológicas del socialismo cubano en esta generación se puede comprender la madurez de un documento como ¿Por qué luchamos?, testamento político de los hermanos Luis y Sergio Saíz Montes de Oca, dos adolescentes de un pequeño pueblo de Pinar del Río, asesinados el 13 de agosto de 1957.

La pretensión de emprender una revolución socialista en Cuba mientras se condena tanto al capitalismo draconiano y explotador como al «falso paraíso del trabajador» de la Rusia Soviética no es un planteamiento extraño ni un «destello luminoso», sino el reflejo de la organicidad de una corriente de pensamiento extendida entre los jóvenes insurreccionales de los cincuenta. Sus críticas al socialismo de corte estalinista son de izquierda, no provienen de un anticomunismo ramplón. Ellas le señalan, por el contrario, no ser suficientemente revolucionario ni socialista.

En la misma cuerda se ubican los manifiestos programáticos de fuerzas insurgentes tales como el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) y el Directorio Revolucionario (DR), donde se encuentran referencias al socialismo como meta de sus luchas.

El cuadro descrito más arriba revela la complejidad del contexto en el cual se produjeron los acercamientos iniciales del joven Fidel Castro al marxismo. Su primera lectura de un texto marxista, cuando cursaba el segundo o tercer año de sus estudios universitarios, a finales de los cuarenta, fue El Manifiesto Comunista, que le causó una profunda impresión:

Tendría 20 años cuando entré en contacto con la literatura marxista; era una mentalidad virgen, no deformada y muy receptiva, una especie de esponja condicionada a lo largo de toda mi experiencia — desde que pasé hambre a los seis o siete años, desde que era muy niño — , de todas mis luchas (…) Le encontré una gran lógica, una gran fuerza, un modo de expresar los problemas sociales y políticos de una forma muy sencilla, elocuente.

Las obras marxistas que captaban su interés con mayor fuerza eran aquellas dedicadas a los análisis histórico-políticos y a la lucha de clases, entre ellas El 18 Brumario de Luis Bonaparte, y Las guerras civiles en Francia. Profundizó sobre todo en El Estado y la revolución, de Lenin, por sus consideraciones acerca del poder y su toma revolucionaria. Con esas lecturas Fidel no se asumió explícitamente marxista, pero asimiló varias de sus lecciones y enseñanzas, y las interpretó de manera creadora de acuerdo con las condiciones concretas de Cuba. Según sus propias palabras, del marxismo obtuvo el concepto de lo que es la sociedad humana y la historia de su desarrollo, y una brújula para orientarse con precisión en los acontecimientos históricos. Y aunque mantenía excelentes relaciones personales con los militantes comunistas, compartía la visión crítica de su generación hacia el estalinismo y la política exterior soviética, así como hacia la praxis y trayectoria política del PSP.

El espíritu rebelde de Fidel, forjado desde su infancia y adolescencia, se encontró en la Universidad de La Habana con las ideas más avanzadas y radicales de su tiempo, y allí inició un proceso de aprendizaje político y de desarrollo de su conciencia revolucionaria. Por eso afirmaba en relación con la Colina universitaria: «aquí me hice revolucionario, aquí me hice martiano, aquí me hice socialista».

Con todo, el componente esencial en su formación política e ideológica no provenía de los clásicos del marxismo sino de la historia nacional, de la tradición de rebeldías del pueblo cubano, del legado de sus luchas por la liberación nacional y la justicia social. Fidel se nutrió del acumulado de una cultura política radical preponderante en el pensamiento y la acción de los revolucionarios cubanos, que tuvo en Martí su principal maestro y exponente más destacado, y que proveyó al país de una revolución popular de independencia y de una larga sucesión de combates e ideas por la justicia y la libertad. Fidel da continuidad a ese radicalismo, del que aprendió que sus actos, sus ideas, sus propuestas y sus proyectos debían ser «muy subversivos respecto al orden establecido y sus fundamentos, y muy superiores a lo que parecía posible al sentido común y a las ideas compartidas en su tiempo, inclusive a las de otros revolucionarios».

Fidel llegó al marxismo por la senda que le había abierto José Martí, y por eso asumió en él una condición revolucionaria: yo venía siguiendo una tradición histórica cubana, una gran admiración por nuestros patriotas, por Martí, Céspedes, Gómez, Maceo. Antes de ser marxista fui martiano, sentí una enorme admiración por Martí; pasé por un proceso previo de educación martiana, que me inculqué yo mismo leyendo sus textos. Tenía gran interés por las obras de Martí, por la historia de Cuba, empecé por aquel camino.

La única forma que tenía el marxismo de ser revolucionario en la Cuba de los cincuenta era emprender un camino propio, nuevo, que tomara en cuenta los datos concretos de la realidad nacional para irse por encima de ellos y plantear un proyecto eficaz de subversión total de la sociedad.

Cuando ocurre el golpe militar de marzo de 1952 Fidel pertenece al ala izquierda del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), un movimiento de masas heterogéneo y policlasista que pretendía llevar hasta sus últimas consecuencias, sin trasponer sus límites, el reformismo democrático burgués de la segunda república. Heredera de los ideales de la revolución del 30, traicionados y frustrados por los gobiernos auténticos, la Ortodoxia había encarnado la esperanza de una vida mejor para las mayorías populares a través de la lucha contra la corrupción y el adecentamiento de la vida pública.

El golpe sepultó no solo esa esperanza, sino la legitimidad y el crédito de todo el orden político anterior, que garantizaba la reproducción de la hegemonía burguesa. Frente a la nueva situación Fidel comprende, a diferencia de la dirigencia ortodoxa, pasiva y confundida por los acontecimientos, que «el momento es revolucionario y no político». Entiende que necesariamente tendrá que ser muy creativo y rebelde para no seguir los caminos trillados de participación electoral, abstención anodina o compromisos sin principios con los corruptos de ayer, que conducen a callejones sin salida; y dar forma a nuevas vías y métodos para la liberación.

Por eso, a partir del análisis de las circunstancias propias y de la interpretación de las aspiraciones y necesidades populares, con las herramientas de la formación política que había acumulado y de las experiencias vividas, se dedicó a la articulación de un movimiento clandestino dispuesto a combatir para movilizar al pueblo y guiarlo a la conquista revolucionaria del poder.

De los sectores más humildes de la sociedad y de la misma Juventud Ortodoxa que en 1948 había proclamado como su aspiración ideológica fundamental «el establecimiento en Cuba de una democracia socialista» y definido que la lucha por la liberación nacional de Cuba era «la lucha contra el imperialismo estadounidense», salió el grueso de los asaltantes al cuartel Moncada. Las acciones del 26 de julio de 1953 sorprendieron a todos porque rompieron con todo lo que parecía posible. Los protagonistas no habían sido ninguno de los actores principales del drama político nacional. La oposición a la dictadura hasta ese momento había transcurrido por los canales pacíficos de las declaraciones de denuncia y condena, de la resistencia pasiva y legal, y los insurreccionalistas auténticos y ortodoxos, que contaban con abundantes medios bélicos y con la experiencia de antiguos combatientes revolucionarios y de los grupos de acción de los años treinta y cuarenta, no pasaban de la promesa de operaciones armadas que nunca se concretaban.

De los muros del Moncada surgió, de manera inesperada y prácticamente de la nada, sin fortunas ni grandes recursos, sin tribunas, espacios de poder ni militancia numerosa, contando solo con el esfuerzo de gente sencilla de pueblo y unas pocas armas de escaso calibre, una nueva vanguardia revolucionaria, inserta en un complejo entramado de relaciones donde pugnaban diversos factores políticos, cada uno con intereses y objetivos distintos. El 26 de julio de 1953 abrió el camino de la lucha armada contra la dictadura batistiana, pero esa fecha no significó solo un asalto contra las oligarquías, sino también contra los dogmas revolucionarios, como diría el Che. Entre ellos los que certificaban la imposibilidad de desarrollar en Cuba una insurrección victoriosa de carácter popular contra el ejército, menos a 90 millas del imperialismo norteamericano, y que el modo de derrocar a Batista era a través de transacciones políticas o de conjuras de pequeños grupos de civiles armados con conspiraciones militares.

Cuando en el juicio a los sobrevivientes del asalto se presentó como elemento acusatorio un libro de Lenin encontrado en el apartamento de Abel Santamaría en 25 y O, Fidel respondió que sí leían a Lenin, porque quien no lo hiciera era un ignorante, pero lo cierto es que no se limitaban a la lectura: los principales dirigentes del movimiento, Fidel, Abel y Jesús Montané, realizaban círculos de estudios de obras marxistas durante los meses previos a la acción. Si el marxismo estuvo presente en los análisis sociales y de situación de los líderes, la inspiración fundamental común a todos los asaltantes era la figura de José Martí, su ideología radical y democrática. Así lo declaraban en el Manifiesto a la Nación que sería leído por radio en caso de éxito: «La Revolución declara que reconoce y se orienta en los ideales de Martí, contenidos en sus discursos, en las Bases del Partido Revolucionario Cubano, y en el Manifiesto de Montecristi; y hace suyos los Programas Revolucionarios de la Joven Cuba, ABC Radical y el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos)». Resalta entre los programas asumidos como propios el de la Joven Cuba, que se proponía como objetivo «que el Estado cubano se estructure conforme a los postulados del Socialismo», y planteaba una línea insurreccional para lograrlo.

Uno de los aportes prácticos más significativos de la Revolución cubana a la teoría marxista es la importancia de la determinación personal para la creación de las llamadas condiciones subjetivas en una situación revolucionaria, y de la función pedagógica que para la movilización del pueblo tienen los hechos consumados, las promesas cumplidas, los ejemplos heroicos individuales y colectivos. Para cualquier empeño insurreccional una derrota militar como la sufrida en los asaltos a los cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo podía haber significado un golpe terminal e irreversible. Unos pocos meses antes, el 5 de abril de 1953, varios miembros del Movimiento Nacional Revolucionario fueron apresados cuando estaban a punto de emprender una operación de toma de la fortaleza de Columbia, en coordinación con militares complotados. El hecho representó el fracaso del proyecto insurreccional de esa organización y marcó el inicio de su declive. En cambio, Fidel y los sobrevivientes del asalto al Moncada mantuvieron la decisión de continuar peleando bajo cualquier circunstancia y convirtieron el juicio que se les siguió en la plataforma para hacer llegar su mensaje revolucionario al pueblo y obtener una extraordinaria victoria política.

En especial el alegato de autodefensa de Fidel, conocido como La historia me absolverá, distribuido clandestinamente de forma masiva en todo el país, fue el vehículo a través del cual no solo se denunciaron los crímenes de la tiranía contra los combatientes del 26 de julio de 1953, sino también se dieron a conocer la ideología que los animaba y los objetivos que perseguían. Se convirtió en el primer programa de la Revolución, además de por las medidas de beneficio popular que relacionaba, porque explicaba que ellas solo podrían realizarse mediante la conquista del poder por métodos revolucionarios y con la participación protagónica de las mayorías en esa lucha.

El documento contiene un brillante análisis marxista de la estructura de dominación de clases que existía en Cuba, y define como pueblo, en función de la lucha, a la masa trabajadora y humilde del país, que sufría bajo el yugo de la dictadura, pero que también padecía un sistema social de opresión y exclusión. De ese modo, se dirigía a las fuerzas populares que debían conformar el frente revolucionario, aquellas en las que se apoyaría y a cuyos intereses respondería un gobierno salido de la insurrección victoriosa, e identificaba en el campo enemigo, más allá de Batista y sus aparatos represivos, a las «manos extranjeras», los «poderosos intereses», los «poseedores de capital».

En La historia me absolverá se exponía de forma nítida que el objetivo de la Revolución era cumplir la promesa de soberanía nacional y justicia social largamente postergada desde la manigua y la propuesta martiana, y otra vez preterida y traicionada en la Revolución del 30. Ello significaba que la lucha no se agotaba con el derrocamiento de una dictadura sino que implicaba el inicio de cambios económicos, políticos y sociales de profundo calado que transformaran las estructuras de dominación e injusticia de la sociedad cubana. Para los jóvenes moncadistas el ideal revolucionario se sintetizaba en la siguiente tríada ideológica: libertad política, independencia económica, justicia social; extendida en el imaginario político cubano a partir de las jornadas de lucha contra Machado y la primera dictadura de Batista. Aunque en el texto no se mencionara la palabra socialismo, en las condiciones concretas de la Cuba de 1953, un país subdesarrollado y dependiente, sojuzgado por el imperialismo, las medidas que proyectaba solo podrían ser cumplidas y llevadas hasta sus últimas consecuencias con una revolución socialista. Las exigencias de libertad, independencia, igualdad y justicia social eran ya incompatibles con los límites que imponía el capitalismo. Así lo explica el propio Fidel:

Para nosotros, ya aquella era una lucha por una revolución profunda, pero todavía en todo aquel período no estaba planteada una revolución socialista. Ya se había publicado mi discurso de autodefensa en el Moncada. Cualquiera que lea en serio dicho material, y lo lea bien, ve que hay un programa, que ahí están todos los gérmenes de una revolución mucho más progresista, de una revolución socialista: hablo de utilizar los recursos en el desarrollo del país, de la ley urbana, de la propiedad de la vivienda, la reforma agraria, de las cooperativas; ya digo el máximo que se puede decir en tal período, el programa más ambicioso que se podía proclamar y que fue la base de todo lo que hizo la Revolución. Ya era el programa de un marxista-leninista, de alguien que comprendía bien la lucha de clases, que cuando habla de pueblo se refiere a los sectores humildes, los campesinos, los obreros, los desempleados; hay una concepción clasista planteada en La historia me absolverá, un programa que era el primer paso hacia el socialismo.

Al salir de prisión el 15 de mayo de 1955, gracias a la campaña popular por la amnistía, Fidel se concentró en una batalla política de denuncias contra la tiranía. Uno de los principales objetivos que se proponía era demostrar la inexistencia de garantías y de un clima favorable para desarrollar la lucha cívica. Desde el mismo momento de su excarcelación, incluso antes, había proclamado su adhesión a una solución democrática: «La única salida que le veo a la situación cubana es elecciones generales inmediatas». Este cambio de actitud, motivado por razones tácticas, generó desconcierto en algunos sectores insurreccionales. Sin embargo, en una de sus declaraciones públicas, una frase resultaba reveladora sobre los verdaderos objetivos de su giro táctico y el carácter radical que signaba toda su actuación: «si lo bueno posible no se alcanza, luchar por lo imposible es mejor».

En realidad Fidel no había abandonado la tesis insurreccional, pero no contaba con recursos, y priorizaba las labores de organización, proselitismo y propaganda por sobre los aprestos guerreros. Para su proyecto de insurrección armada popular, que rebasaba los límites de la «conspiración cuartelera» y el atentado, resultaba vital ganarse el respaldo de las masas, y ese fue el centro de su actividad política, entrevistas y artículos, en los días posteriores a la amnistía.

Aún se veía a sí mismo y a sus seguidores como parte de la Ortodoxia, y apreciaba en la defensa de la línea chibasista de independencia la posibilidad de conquistar el apoyo de su militancia, mayoritariamente partidaria de esa postura. Dentro del amplio y heterogéneo movimiento ortodoxo representaba la alternativa más consecuente y con mayores posibilidades de ganar adeptos: la que sin pactar con los auténticos, no se quedaba en declaraciones pasivas y se disponía seriamente a la lucha armada.

A la par de esta negativa a llegar a acuerdos o alianzas con otros partidos políticos, en especial con las tendencias auténticas, pretendía aprovechar las oportunidades mínimas dadas por Batista en su intención de mostrar una cara civilista y de paz, para desarrollar una lucha política abierta que le permitiera aunar en un bloque a las amplias bases ortodoxas, las de origen popular, y a los movimientos que llamaba «fuerzas morales» del país.

Aunque la prédica aglutinadora tuvo resultados parciales, la incorporación de jóvenes de diversas procedencias y de cuadros y militantes del MNR al grupo inicial de combatientes del Moncada, fue suficiente para que al integrarse oficialmente su primera Dirección Nacional el 12 de junio de 1955, el Movimiento Revolucionario 26 de Julio fuera un organismo con extensión por toda la geografía nacional y con las estructuras organizativas mínimas para emprender el reinicio del enfrentamiento armado contra la dictadura. Llevada al límite la «apertura democrática» de Batista, quien realmente nunca estuvo dispuesto a dar espacio a la lucha cívica, Fidel partió al exilio el 7 de julio de 1955 con un aumento de su autoridad revolucionaria en la opinión pública, ya notable a su salida de la prisión, y dejando en Cuba un aparato político-insurreccional propio. Cuando quedó demostrado que el uso de la violencia sería la única salida, decidió fiarlo todo a los esfuerzos de su organización y continuar un camino independiente, ahora de lucha armada.

Varios miembros de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio compartían una visión radical de los objetivos de la Revolución, como se puede apreciar en un editorial que publicaron en mayo de 1956: «Cuando se precise hasta las últimas consecuencias la idea democrática y socialista de la revolución nacional toda la acción está dirigida hacia ese rumbo». En ese sentido insistían en la necesidad de que la organización contara con un programa más amplio y extenso para presentar al pueblo. Incluso algunos de ellos iniciaron en 1956 en Cuba las labores de redacción de una síntesis programática que tuviera en cuenta las experiencias y realidades de la lucha desde 1953.

Sin embargo, Fidel se manifestaba contrario a la elaboración de un programa de ese tipo que limitara las posibilidades y el alcance de la lucha. La historia me absolverá sería durante toda la insurrección la base programática del Movimiento 26 de Julio, que en lo adelante se caracterizaría por la relativa indefinición de su proyecto político de transformaciones, esbozado en líneas gruesas en manifiestos y proclamas, pero no explicitado al detalle en documentos doctrinarios. Los suyos son principios generales que están en la base del pensamiento revolucionario cubano desde los años treinta, y que pudiéramos considerar universales dentro del magma ideológico de la década del cincuenta, asumidos por casi todos los movimientos antibatistianos. Expresión de aspiraciones populares, esos ideales de justicia, libertades democráticas y soberanía nacional aparecían recogidos en varios programas del espectro político cubano. Lo que distinguía al Movimiento 26 de Julio en el conjunto del campo opositor era la radicalidad de los objetivos que se proponía y de los medios que empleaba para alcanzarlos. Para sus militantes la Revolución, a través de la lucha armada y de la participación protagónica del pueblo, no podía limitarse al cese de la dictadura y a un funcionamiento adecuado y equilibrado de la institucionalidad republicana, sino producir profundas transformaciones de las estructuras sociales, políticas y económicas del país, que beneficiaran a sus capas más humildes.

Las razones que convirtieron al Movimiento 26 de Julio en la organización hegemónica de la oposición a la dictadura de Batista y la colocaron en condiciones de dirigir la revolución fueron variadas:

·        Haber producido el primer hecho armado de la insurrección, y obtener de él un saldo político favorable a pesar de haber constituido una derrota militar. Una conducta de firmeza y coherencia en sus promesas, que se cumplen aun a riesgo de la vida, y en la cual los hechos acompañan a las palabras. Esa capacidad de aportar el hecho revolucionario movilizador, con oportunidad, le va a atraer la simpatía y la confianza del pueblo, sobre todo de sectores juveniles que habían perdido la fe en los políticos tradicionales.

·        El discurso ideológico del Movimiento 26 de Julio, muy abarcador y atractivo, sin definiciones sectarias, logró expresar las aspiraciones de los sectores más humildes e identificarse con ellos, y le permitió contar con una gran resonancia política y social.

·        El liderazgo carismático, permanente y ascendente de Fidel, al interior y hacia fuera del M26, que se va profundizando y adquiriendo mayores significados durante todo el proceso, y que a partir de mayo de 1958 consigue centralizar en su persona la dirección política y militar de la Revolución.

·        La práctica de una política de principios, que se maneja con flexibilidad. Actitud intransigente ante posibilidades de junta militar e intervención extranjera.

·        Empleo hábil de la propaganda, a la que se otorga la máxima importancia.

·        Capacidad de sumar actores, partiendo de un status inicial de célula, de grupo cerrado, y de crecer rápidamente en espacio y número. Una política efectiva de alianzas con otras organizaciones sin comprometer su programa revolucionario, buscando siempre la supremacía del Movimiento.

·        La creación de organismos de frente, como el Frente Estudiantil Nacional, el Frente Obrero Nacional y la Resistencia Cívica, más allá de su militancia directa, que le permitió movilizar el apoyo de amplios y disímiles sectores sociales.

·        Saber reponerse y superar sus propios errores y fracasos. Se recuperó de ellos en muy poco tiempo. Convirtió derrotas en victorias, a una velocidad impactante.

En la década de los cincuenta la doctrina oficial «marxista-leninista» de la Unión Soviética establecía que en los países que habían sido colonizados no se podía siquiera plantear la posibilidad de la victoria de una insurrección conducente a una revolución socialista, porque debían primero completar una etapa de desarrollo capitalista, donde a los trabajadores y comunistas les correspondía apoyar a sus burguesías nacionales para que cumplieran sus tareas democráticas y progresistas. Tal postura teórica iba acompañada de una política de coexistencia pacífica entre el campo del «socialismo real» y el mundo capitalista, que abandonaba la perspectiva internacionalista de la lucha de clases y desalentaba el surgimiento de rebeliones contra la dominación del imperialismo y las burguesías autóctonas en el llamado Tercer Mundo.

La Revolución cubana fue la herejía que, encabezada por Fidel, no solo subvirtió por completo el orden social imperante en Cuba, sino transgredió los roles que ese esquema teórico asignaba a las realidades y a las rebeldías de los pueblos, y destrozó todos los cálculos y pronósticos de lo posible en el equilibrio geopolítico entre las grandes potencias. Demostró que era factible, partiendo de las condiciones concretas de un país con una estructura de dominación neocolonial como Cuba, y apelando a la fuerza, organización y movilización de los más humildes, desplegar una insurrección popular victoriosa que se planteara objetivos trascendentes de liberación nacional y justicia social. El líder rebelde que en junio de 1958, en plena Sierra Maestra, resistiendo una ofensiva militar de la dictadura, advirtió que su destino verdadero sería luchar contra el imperialismo norteamericano, enseñó y aprendió, junto con su pueblo, que solo con el socialismo podíamos librarnos del dominio extranjero y construir una sociedad de igualdad y libertad plenas. Y nos dejó, como lección eterna de incalculable valor que para una revolución lo más sensato y recomendable, es decir, lo mejor, será siempre luchar por lo imposible.

GRUPO BARILOCHE DE SOLIDARIDAD CON CUBA
Taller de Lectura
25 de Mayo 245
Cel: 294 4 622 747
Bariloche

diciembre 06, 2021

Síntesis, conclusiones y devoluciones del Taller de Lectura Nº 152

 Síntesis, conclusiones y devoluciones del Taller de Lectura Nº 152

 “Manifiesto de Montecristi”

El 25 de marzo de 1895, el Delegado del Partido Revolucionario Cubano, José Martí, y el General en Jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez, firmaron en la localidad de Montecristi, República Dominicana, el documento titulado “El Partido Revolucionario Cubano a Cuba”, conocido como “Manifiesto de Montecristi”. Redactado por Martí, el escrito exponía ante el pueblo cubano y el mundo las causas por las cuales un mes antes los cubanos se habían levantado en armas.

El texto programático reiteraba la concepción martiana de “guerra de pensamiento”, entendida no como tentativa caprichosa de grupos, camarillas o personalidades. La experiencia de las contiendas libertadoras pasadas y de la historia del movimiento independentista en “nuestra América”, le llevó a la convicción de la necesidad de alejarse del espíritu nefasto de quienes procuraran fundar una república como las “feudales o teóricas” de América Latina que habían cometido el “error de ajustar sus realidades a los moldes extranjeros ajenos”.

El ideólogo de la Revolución ratificaba que se trataba de una nueva etapa de lucha que superara “la época de acomodo, ya vencida, entre los componentes heterogéneos de la nación cubana”. Entre las declaraciones de principio se encontraba la noción de “guerra sin odios”. La contienda armada no era contra el español, sino contra el colonialismo peninsular: “los cubanos empezamos la guerra, y los cubanos y los españoles la terminaremos”. Tampoco era una “guerra de razas” como la mostraba la propaganda pro española: “solo los que odian al negro ven en el negro odio”.

El Manifiesto concluía con una declaratoria de evidente signo latinoamericanista y antiimperialista, al precisar los objetivos internacionales de la guerra necesaria: “La guerra de independencia de Cuba, nudo del haz de islas donde se ha de cruzar, en el plazo de pocos años, el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas y al equilibrio aún vacilante del mundo”.

Tres días después de redactado el Manifiesto, Martí envió a Nueva York instrucciones precisas relacionadas con su distribución. El Manifiesto, impreso en diez mil ejemplares o más, debía ser enviado a la prensa y a los gobiernos latinoamericanos. Y en cuanto a su distribución en Cuba, se requería que llegara principalmente a manos de los españoles. Toda una obra de pensamiento signada por la unidad, la ética y la defensa de los principios revolucionarios.

En el transcurso del posterior debate, se destacó la actual vigencia del contenido de éste texto, en lo que respecta a la necesaria soberanía e independencia que nuestros países deben lograr para dejar de estar sometidos al neoliberalismo y económicamente amarrados al fondo monetario internacional y políticamente al imperialismo de la dictadura del capital. También se reconoció, que todo proceso revolucionario, para poder ser llevado con éxito al triunfo, necesita de un programa claro y estratégicamente bien elaborado. Se debatió acerca de la analogía en términos políticos de éste Manifiesto con el alegato de Fidel Castro durante el juicio por el asalto del Cuartel Moncada conocido como “La historia me absolverá”, que contenía el programa de gobierno a llevarse a cabo al triunfo de la Revolución. Lo que definitivamente se logró y con creces en los primeros años de gobierno en Cuba después del 1° de enero de 1959. También se reconoció como acertada la propuesta de José Martí en la creación del Partido Revolucionario Cubano como único espacio de concentración de pensamientos y debates para poder garantizar que lo que él llamó la “Guerra Necesaria”, se llevara a cabo en el menor tiempo posible, con el menor derramamiento de sangre y con la máxima eficacia. Una guerra sin odios de raza, sin odios al negro y sin odios el español. Se trataba de lograr la independencia de la corona española en un proceso que Martí llamo “Revolucionario” ya que al triunfo de la guerra se construirá una República en Cuba, como él decía “con todos y para el bien de todos”. También se valoró su claridad estadística al recordar la carta que le escribió a su amigo Manuel Mercado donde le decía que ésta guerra es para "...impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América".

Finalmente se acordó hacer nuestro próximo Taller de Lectura el día sábado 8 de enero de 2022, ya que el primer sábado justo cae el 1° de enero, día festivo y conmemorativo del 63 aniversario del triunfo de la Revolución victoriosa. También se acordó abordar el texto “La vacuna cubana podría terminar salvando millones de vidas” por el escritor y periodista Branko Marcetic.

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 04 de diciembre de 2021

mayo 09, 2021

Síntesis, conclusiones y devoluciones del Taller de Lectura Nº 145

 Síntesis, conclusiones y devoluciones del Taller de Lectura Nº 145

 

 

A raíz de la cuarentena por la pandemia causada por el nuevo coronavirus, a partir del mes de abril de 2020 hemos decidido hacerlo en forma virtual.

 

Haremos nuestra devolución escrita, por mail o por whatsapp, como una  reflexión o una evaluación acerca de la interpretación del texto leído.

 

Para ello hemos elegido una publicación corta para facilitar su lectura tanto en el celular como en la compu.

 

 

“Resolución sobre el Informe Central al 8vo. Congreso del Partido Comunista de Cuba”

 

El texto tomado de Granma con fecha 18 de abril de 2021, resume los principales temas abordados durante el 8vo. Congreso del Partido Comunista cubano, y que fuera presentado por su Primer Secretario, General de Ejército Raúl Castro Ruz. Como cada cinco años, nuevamente se hizo un análisis objetivo y crítico del desarrollo de las políticas implementadas desde su anterior congreso en el año 2016. Abarca cuestiones como la profundización de los contenidos ideológicos del pueblo cubano, la lucha por la paz, principios y valores del socialismo identificando factores subjetivos a mejorar, entre otros. Hace advertencias acerca del cuidado que debe tener la población en lo que respecta la continuidad y profundización del socialismo, buscando la permanente vinculación entre ellos y el partido, en un intercambio siempre profundo y sincero. Por último manifiesta que en la nueva etapa del partido se lleva a cabo una transferencia de las principales responsabilidades por la Generación Histórica a las nuevas generaciones.

 

Vamos a compartir ahora las devoluciones con las reflexiones, los análisis y comentarios que nos han enviado nuestras lectoras y lectores.

 

 

Devolución Sebastián

 

Hoy, sábado 1° de Mayo, en el marco del Taller de Lectura # 145, con la Resolución sobre el Informe Central del 8vo Congreso del Partido Comunista cubano se reflexiona sobre el legado de la Generación Histórica y el futuro de la organización partidista.

El informe delibera sobre el desarrollo político cubano, siendo autocrítico de su situación, advierte sobre la necesidad constante de ajustar las irregularidades del control y quehaceres nacionales para alcanzar el objetivo de la paz del pueblo. También sus acertadas acciones y logros que han tenido durante este último tiempo, recordando así el camino a seguir.

Pero también advierte sobre la existencia de agentes negativos que buscan debilitar la unión de la cuba revolucionaria. No solo con objetivos de generar luchas partidarias, sino que además quieren derrumbar la idea socialista.

Es necesaria la cautela para consagrar a los futuros dirigentes cubanos, se debe tener control y capacidad de firmeza en la unión partidaria. Pero sobre todo, nunca olvidar los lineamientos y luchas socialistas que le dan carácter al pueblo para seguir en la lucha ideológica por una nación socialista.

 

Sebas.

 

 

Devolución Marcelo – Alejandra

 

Devolución de taller de lectura # 145

Como vimos en el taller de lectura anterior (#144) referido al 8vo Congreso del partido comunista de Cuba, este estuvo basado en "la continuidad histórica de la Revolución Cubana".

Analizando los contenidos y las conclusiones del mismo, notamos que todos los temas centrales allí tratados se encuadran en el traspaso generacional que les permitirá la continuidad del espíritu socialista, cimiento fundamental de la Revolución.

Así se reafirma que el crecimiento de la economía, la lucha por la paz y la firmeza ideológica, son las principales tareas a defender entre históricos y jóvenes dirigentes.

Mantener y perfeccionar el sistema de cuadros será eje fundamental del funcionamiento en todas las actividades centrales a encarar por el gobierno, partido y pueblo cubano.

Destacamos por último un concepto que se remarca en estas conclusiones y que muestra a las claras los ideales que sostienen la dignidad histórica cubana, afirmando que ninguna decisión que se tome en el avance de la economía podrá generar en el pueblo injusticia, desigualdad o desamparo.

 

Un abrazo a todos

 

Ale y Marcelo

 

 

Devolución Víctor

 

Conclusiones de Víctor C. Rocchi al taller de lectura 145. “Resolución sobre el Informe Central al 8vo. Congreso del Partido Comunista de Cuba”

Este informe nos demuestra, una vez más la firmeza de la Revolución frente a todos los problemas que se sucedieron desde sus comienzos y continúan actualmente con el recrudecimiento del inhumano y criminal bloqueo, que perjudica a la vida de todos los cubanos.

Esta firmeza también se hace presente en las actividades del Partido.

Frente a todas las agresiones que está soportando la nación, junto al Partido se continuaron produciendo grandes reformas económicas, políticas y sociales, siempre del sistema socialista, que no ha sido ni será negociado jamás.

Los cuadros más jóvenes tienen de ahora en más la misión de dirigir los destinos de la Revolución y hacer cumplir la Constitución, bajo la guía de la llamada “Generación Histórica” y los postulados del líder y fundador de la Revolución, el “Comandante Eterno” Fidel Castro Ruz y su continuador Raúl Castro Ruz.

 

Víctor

 

 

Devolución Alicia y Maxi

 

De acuerdo a la resolución sobre el Informe Central al 8vo. Congreso del Partido Comunista de Cuba, podemos señalar que se trata de una evaluación crítica y objetiva, que claramente caracteriza el accionar de un Partido Comunista. No se puede planificar el futuro si no se hace un balance de lo actuado desde la última evaluación, y esto en el caso de Cuba ocurre cada cinco años. Es decir, planificación y autocrítica. Fidel nos enseñó que Revolución es sentido del momento histórico y cambiar todo lo que deba ser cambiado. Los momentos históricos se van modificando cada vez con mayor rapidez, fuertemente vinculados a las geopolíticas internacionales y la propia pandemia que ya ha generado una recesión mundial. Son todos aspectos a tener en cuenta para la nueva planificación quinquenal. Entre otros aspectos, se insiste mucho en conservar la firmeza ideológica y la articulación permanente entre el Partido y el pueblo, para garantizar uno de los aspectos más importantes del socialismo, que es la democracia participativa. También advierte que en base a la difícil situación económica por el permanente recrudecimiento del Bloqueo por parte de los Estados Unidos, deben ser austeros y vivir con lo que se tiene, sin gastar más allá de los ingresos que se puedan generar. Por otro lado alertan que las licencias para actividades cuentapropistas no conduzcan a un paulatino proceso de privatizaciones, aunque de todos modos el Partido y la Constitución Cubana garantizan que los medios fundamentales de producción deben estar en manos del Estado basado en la propiedad de todo el pueblo, otra característica fundamental del socialismo.

 

Alicia y maxi.

 

 

Grupo Bariloche de Solidaridad con Cuba, 01 de mayo de 2021